Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 23

Temporada:  El Padre Nuestro

Annamarie Sauter: Cuando Holly Elliff estaba embarazada de su cuarto hijo, se preguntó si Dios proveería todo lo que necesitarían. ¿Debería su familia renunciar a algo para alimentar a cuatro hijos?

Holly Elliff: Dios, si nos das más hijos…¿cómo vamos a hacer? ¿Los voy a amar? ¿Tú vas a proveer? Me di cuenta de que a veces tenemos que ponernos en sintonía con Dios acerca de lo que es realmente una bendición y lo que no lo es, porque en mi vocabulario, esa no era necesariamente una bendición. Pero Dios sabía que sí lo era.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Realmente crees que Dios proveerá todo lo que necesitas? Ayer Nancy nos habló acerca de una petición poderosa que encontramos en el Padre Nuestro, dice: «Danos hoy el pan nuestro de cada día».

Hoy haremos una pausa en las enseñanzas que hemos venido escuchando. Algunas amigas de Nancy que escucharon esta serie, están hoy con nosotras para conversar acerca de maneras prácticas en las que podemos responder a lo que hemos escuchado. Escucharás de Nancy, María Johnson, Kim Wagner, y la fallecida Kathy Helvey, entre otras. Iniciaremos escuchando de Holly Elliff.

Holly: Comencé a pensar sobre el hecho de que las Escrituras hablan más sobre lo que llamamos finanzas, nuestras posesiones, que lo que dice sobre el cielo y el infierno. Así que obviamente, Jesús fue muy intencional cuando incluyó esa frase en su oración porque Él sabía cuánto nuestra vida iba a ser consumida con la adquisición de esas necesidades, de las cosas.

Pensaba sobre el hecho de que es la causa número uno de divorcio. La razón principal enumerada para los divorcios es la presión financiera. Aún entre cristianos, las estadísticas son las mismas.

En consejería matrimonial esa es la razón de mayor presión. La gente lucha con todo este asunto de no tener su pan diario, aun como creyentes.

Nancy: Sé que ustedes han visto a Dios proveer. Hablamos sobre Elías y los cuervos, y esa es una historia del Antiguo Testamento.

La gente no ve esa historia como contemporánea o actual, pero al estar entre ustedes, sé que han tenido sus propios encuentros con la habilidad de Dios de proveer de formas sobrenaturales. Lo han visto darles su pan de cada día cuando lo han necesitado.

Kimberly Wagner: Cuando mencionaste eso, tantos recuerdos inundaron mi mente que yo sé que no podría sentarme a contarles todas las veces que Dios ha provisto.

Recuerdo que una vez estábamos en un período de tres semanas en el seminario bíblico, y no teníamos dinero para comprar carne, ni dinero para nada. Estábamos viviendo con vegetales enlatados que mi esposo había recibido como ofrenda de una iglesia en el campo en la que él había liderado un avivamiento.

Por tres semanas nos mantuvimos esperando y esperando hasta tener suficiente dinero para comprar carne. Recuerdo que nos invitaron a la casa de un pastor. Ellos tenían emparedados de carne a la barbacoa, y ellos no me conocían bien.

¡Estoy segura de que pensaron que yo era la mujer más glotona del mundo!, cuando yo vi esa carne, me comí tres emparedados de esa carne a la barbacoa, uno tras otro.

Pero en ese semestre, mientras seguíamos clamando y pidiéndole a Dios que proveyera, recuerdo un momento donde recibimos un ingreso adicional, Dios fue muy claro en mostrarnos que debíamos pasarle ese dinero a otra pareja que también estaba atravesando un tiempo difícil.

Recuerdo una pequeña lucha, en mi corazón, al menos. Para mi esposo no parecía ser un problema para nada. Yo le decía: «¿Estás seguro de que estás oyendo la voz del Señor? Sabes que hemos estado pidiendo este dinero, y Él nos lo ha dado».

«No, sé que debemos darlo». Era un billete de cien dólares. Él lo tomó junto con un saco de papas y lo llevó a su casa para dárselos. En el transcurso de una semana fuimos a nuestro buzón de cartas y había dos cheques de mil dólares que nos enviaron desde otro estado.

Hasta el día de hoy no sabemos de parte de quién vino ese dinero. No sabemos de dónde vino, pero sabíamos que venía de la mano proveedora de Dios. Pudiera contarte historia tras historia de cómo Él ha provisto para nosotros de esa manera.

Holly Elliff: Frecuentemente hemos visto a Dios proveer de forma milagrosa. Probablemente lo más reciente que nos pasó tiene que ver con nuestra segunda hija, quien se va a casar en un par de meses.

Estábamos buscando un vestido de boda. No teníamos presupuesto para un vestido de novia, pero había hablado en un retiro de mujeres y había recibido una ofrenda, así que tenía un poco de dinero.

Dije, «bien, destinaremos esto para el vestido». Alguien nos había hablado sobre un lugar de vestidos de novia y fuimos. Nos dieron un formulario cuando entramos que tenía estos montos, comenzando con seis mil a nueve mil dólares, y tú elegías el cuadrito que querías, indicando el rango de precio en el que querías tu vestido.

Nancy: ¿Realmente alguien paga entre seis mil y nueve mil dólares por un vestido?

Holly: Pues te diré que de hecho, ¡hay todo un piso lleno de vestidos para personas que marcan de seis mil a nueve mil dólares!

Nuestro presupuesto no estaba contemplado en este formulario, así que marcamos el monto más pequeño. Creo que te designan el vendedor dependiendo de la cajita que marques.

Así que nos asignaron nuestra vendedora, le dije, «probablemente necesitaremos ver el lugar de los especiales o algo así». Ella no respondió a eso y nos llevó a donde estaban los menos costosos en el primer piso.

Cuando la vendedora presintió que nos preparábamos para irnos, ella dijo: «¿No van a comprar ninguno de estos?»

Yo dije, «bueno, a menos que haya un área de especiales que hayas olvidado enseñarnos o algo que no hayamos visto, probablemente no».

Ella dijo, «bueno, esperen un minuto». Procedió a llevarnos por unas escaleras al ático, y el ático estaba lleno de vestidos del tamaño de Becca, vestidos de novias regulares pero el precio era la mitad de la mitad.

Kimberly: Seguro eran de la temporada pasada.

Holly: Para hacer la historia corta, Becca encontró un vestido precioso por poco menos de nuestro presupuesto. El Señor proveyó un lindo vestido para ella que le quedaba perfecto, fue como si el Señor dijera, «Yo voy a encargarme de lo que necesitas, incluso para esta boda».

A Becca, que se va a casar con un estudiante del seminario, le dijo: «Yo voy a proveer lo que necesitas; aunque vayas a casarte sin mucho apoyo financiero. Yo voy a estar ahí para darte lo que necesitas, para suplirte y ser el proveedor para cada necesidad».

Maria Johnson: Yo tengo una historia de un jamón y un pavo. ¡Les voy a decir la del jamón!

Tengo un hermanastro al que se le murió un pariente en otro estado, y ellos tendrían el funeral en la ciudad en la que vivimos. Nadie conocía a estas personas en esta ciudad.

Yo tampoco los conocía, pero mi hermano vino donde mí y me dijo: ¿Podemos usar tu casa después del funeral para que se reúna la familia? Mi casa estaba bastante céntrica.

Estaba en un tiempo de pérdida financiera, un tiempo difícil para nosotros, y yo no sabía qué iba a hacer. Comencé a orar, «oh Señor, esta es tu casa. Quiero recibir esta gente como si Tú vinieras, pero no tengo comida para alimentar esta multitud».

Pensé, «bueno, tengo papas, puedo hacer una ensalada de papas». Tenía azúcar, harina y huevos, así que podía hacer algún postre. Pero entonces, mi hermano llamó en la mañana del funeral y dijo, «alguien de mi trabajo me trajo un jamón gigante, ¿puedes usarlo para después del funeral?».

Yo pensé, «¡oh Señor!». Terminamos comiendo una comida simple, pero fue suficiente. Más importante, las personas de la otra ciudad se sintieron bienvenidas y cómodas.

Mi hermano nunca supo que me puso contra la pared, pero Dios sí lo sabía. Yo solo se lo entregué a Él, y me encanta la forma en la que Dios proveyó; no solo un poco sino este jamón gigante. ¡Y también quedó comida para la casa! Él se preocupa por las pequeñas cosas también.

Kimberly: Así es. Le agrada hacer eso.

Maria: Una cosa que vino a mi mente cuando Nancy enseñaba sobre pedir, y la importancia de pedir por las cosas correctas y ser específicas. Cuando pedimos —ya sea a Dios, a un niño o a un amigo— que haga algo, debemos dejar la opción abierta a que la respuesta sea no.

Algunas veces pienso que creemos que solo porque hemos pedido algo, entonces Dios está obligado. Así que, ¿qué hacemos cuando pedimos, y es algo bueno, y Dios no dice nada todavía o la respuesta es no? ¿Qué hacemos con eso?

Kathy: Confiamos en su amor que no falla. Nuestros corazones se regocijarán en Su salvación, y cantaremos porque Él ha sido bueno con nosotros.

Kimberly: Confiamos en Su carácter, no en Su respuesta. Es el carácter de quien Él es.

Kathy:Y eso viene de una historia de un caminar con Él, ¿no crees? De confiar en Él. Mientras más confiamos, más lo amamos, más lo conocemos. Es un ciclo maravilloso.

Maria: Así que, ¿nadie se queja y hace rabietas cuando la respuesta es no?

Nancy: Ah no, ¡ninguna de nosotras! (risas)

Holly: Todas nosotras, si somos honestas, tenemos que decir que todas nosotras, en algún punto, hemos caminado por ahí. Creo que es parte del proceso en el que estamos como creyentes, recordar que el asunto es la perspectiva, de lo que es la voluntad de Dios.

Comencé a pensar acerca de todo el tema de la gratitud versus un corazón desagradecido, humildad versus orgullo, dependencia versus independencia, mientras luchamos con lo que Dios ha provisto para nosotras. Creo que tantas veces es ahí que nos encontramos como creyentes.

Tendemos a luchar para saber quién va a ganar. ¿Será nuestra voluntad o la voluntad de Dios para nosotras? Así que sí, creo que sí luchamos con eso porque tenemos un corazón que dice, «quiero mi voluntad».

Kimberly: Recuerdo el año pasado cuando estaba luchando con un área de rendición en mi vida. Holly, recuerdo que te dije, «pero yo he rendido esto al Señor. ¡Lo he rendido! Pero sigo luchando».

Y tú me dijiste, «la rendición no es cuestión de una sola vez, es un proceso continuo».

Creo que en la medida en que crecemos en el Señor y llegamos a conocerle más y más, es un proceso de recordar cómo Él ha trabajado en nuestras vidas anteriormente. Ese factor de confianza crece cada vez más profundo mientras más caminamos con Él, mientras más nos entregamos en esas luchas a Él.

La rendición se hace mucho más sencilla la próxima vez. No sigo luchando con la misma área de rendición con la que luché el año pasado. Eso no quiere decir que no lucho con cosas, pero esa área, ese asunto, aunque eso no haya cambiado, es más fácil confiar, y ahora he rendido esa área.

Jane: Cuando comenzamos hoy con danos hoy nuestro pan de cada día», recordé cuando Dios me salvó. Es una perspectiva un poquito diferente a lo que escucho que todas dicen, porque las oigo compartir historias de cuando ya ustedes conocían al Señor y estaban en esa situación.

Yo comencé leyendo Mateo, así que debió ser el primer o segundo día cuando llegué a donde tenía que pedirle por mis necesidades diarias, y mi pregunta a Él fue, «¿por qué? ¿Por qué necesito pedirte mi comida?».

Nancy: ¿Tenías trabajo en ese momento?

Jane: Tenía trabajo. Estaba viviendo en una casa. ¿Por qué necesitaba hacer esto? Eso fue extraño para mí.

Pero decía que debía hacerlo, así que estaba bien, pensé en mi día. «Esto es lo que me gustaría comer en el desayuno; esto es lo que me gustaría comer de almuerzo». Yo era una azafata de una reconocida aerolínea en ese tiempo.

Debía irme al trabajo. Necesitaba un asiento en el avión para llegar al trabajo, y no, no nos daban los asientos. Tenía que haber uno disponible.

Vi como Él me proveía una y otra vez el último asiento disponible en el avión para llegar al trabajo, y al agradecerle por mis provisiones diarias y por la comida que Él me estaba dando, comencé a ver que era Su mano proveyendo.

No veía eso antes. Hizo crecer mi fe. Cuando veo eso ahora, el pedir por nuestras necesidades diarias, pienso en ese tiempo y cuánto mi fe creció al pedirle cosas que nunca antes me percaté que debía pedírselas.

Nancy: Ahora que has conocido al Señor por años, ¿todavía pides por tus necesidades diarias?

Jane:Sí, lo hago.

Nancy: ¿Y qué hace que sigas pidiendo por esas cosas y no das por sentado que van a estar ahí?

Jane: Creo que lo que me mantiene haciéndolo es que la Biblia lo dice.

Nancy: Eso es algo que me encanta de ti Jane, siempre has tomado la Palabra de Dios muy seriamente, desde que viniste a la fe en Cristo.

Jane: Bueno, tú sabes Nancy, yo no sabía cómo vivir. Solo conocía cómo vivía antes.

Holly: ¿En el otro reino?

Jane: Sí. No tenía la menor idea de cómo vivir como hija del Rey. No sabía cómo vivir con un Novio que realmente me amaba y no quería golpearme.

Así que fui a la Palabra de Dios para saber cómo vivir. Y todavía tengo que ir allí, porque todavía hoy, el mundo e incluso la iglesia me dirán y me tratarán diferente a lo que la Palabra de Dios dice sobre mí.

Holly: Cuando hablábamos antes de Dios como proveedor, acerca de pedirle a Dios que nos bendiga con las cosas correctas, el Señor me llevó a recordar un tiempo en mi vida donde Dios comenzó a convencernos de que Él quería bendecirnos con más hijos. En el momento en el que nos confrontó con eso, no era necesariamente algo bueno para mí.

Mi esposo es un hombre lleno de fe, así que cuando Dios le dijo, «quiero darte más hijos, y quiero que confíes en mí para eso», mi esposo dijo, «claro, ¡eso está excelente!, haremos exactamente eso».

Yo soy una solucionadora de problemas, así que me muevo de A a B a C, y yo no vi cómo Dios podía hacer eso. Vivíamos con el salario de un pastor. Estaba embarazada con nuestro cuarto hijo en ese momento, y ya estábamos luchando.

Yo pensé, «Dios, si nos das mas hijos, ¿cómo vamos a hacer? ¿Los voy a amar? ¿Tú vas a proveer?».

Me di cuenta de que a veces tenemos que ponernos en sintonía con Dios acerca de lo que es realmente una bendición y lo que no lo es, porque en mi vocabulario eso no era necesariamente una bendición. Pero Dios sabía que sí lo era.

Creo que tantas veces como creyentes, aún en lo relativo a nuestros hijos, si no somos cuidadosas, simplemente no queremos ponernos en sintonía con Dios sobre eso. Puede que nos perdamos de las mayores bendiciones que Dios pudiera darnos solo porque en nuestro esquema, eso no es realmente una bendición.

Kathy: Cuando atravesamos algo como eso, como dijo Nancy anteriormente, lo necesitamos a Él más que cualquier cosa que Él pudiera darnos. Así que, Jane, tu perspectiva fresca sobre ir a la Palabra de Dios y confiar en Él de esa forma siendo nueva creyente…creo que todas podemos volver a recordar cómo parecía que sin importar la oración que hicieras, cuando eres nuevo creyente, es respondida.

Él quiere que crezcamos en esa fe. Pero en la medida en la que envejecemos en el Señor, a veces, como dijo María, la respuesta es no. Bueno, esperamos, o simplemente confiamos. Él me atrae hacia Él mostrándome mis peticiones egoístas y centradas en mí misma.

Él dice oren por todo, así que uno lo hace. Pero la sorpresa es cuando vienes a Él, especialmente ahora que venimos a Él orando el Padre Nuestro, recibimos más de Él, y no importa tanto lo que Él ya tenía en sus manos para darnos, aunque probablemente terminamos recibiendo eso y más.

Nancy: Saber que Dios en Su sabiduría y soberanía sabe qué cosas son bendiciones reales. Holly descubrió eso. No pensaste que más de cuatro hijos sería una bendición.

Pero Dios sabía que lo era. ¿Puedes imaginar si pudieras vivir sin el quinto, sexto, séptimo u octavo de tus hijos?

Algunas veces las cosas que pensamos que serán bendiciones, que tanto demandamos o insistimos e incluso hacemos rabietas para conseguirlas, Dios sabe en Su sabiduría que no serían una bendición para nosotras en el largo plazo o para Su reino o para la gloria de Su nombre. Así que al pedir tenemos que confiar en que Dios sabe lo que verdaderamente es mejor.

Holly: Al final lo que importa es el corazón, porque yo sé que Kim tomó la misma decisión que yo, permitir que Dios la bendijera con niños, y ella tuvo dos hijos; eso fue lo que Dios le dio. Pero el corazón de ella estaba diciendo, «Dios tú sabes lo que es mejor».

Creo que tantas veces eso es lo que nos falta porque no nos percatamos de que Dios es el que nos encuentra ese lugar en el avión, que Dios es el que está proveyendo la comida o el dinero o el pan o los hijos, lo que sea mejor para nuestras vidas.

Si no nos damos cuenta de que viene de parte de Él, nuestros corazones no estarán tiernos y vamos a obviar lo que Dios nos está mostrando.

Kathy: Como esos israelitas; mencionamos cuarenta años donde Dios les proveyó el maná cada día, y mira lo que les pasó.

Yo he pensado en ese pasaje del Salmo 106; todo lo que Dios había hecho por ellos y ellos se quejaron y murmuraron. Cuando estaban en el desierto y querían algo —no sé lo que era— ellos ponían a Dios a prueba.

Dice: «El les concedió lo que pedían, pero envió una plaga mortal sobre ellos» (v.15). ¿No te da miedo ese pensamiento?

Yo siempre he condenado a esos israelitas diciendo, «¡tontos!, miren todo lo que Él hizo por ustedes».

Holly: «¿Porque no podían ver el cuadro completo?»

Kathy: Sí, y aún así, mírame a mí y todo lo que Él ha hecho. Veo mi historial, estando en el equipo de Cruzada Estudiantil para Cristo por treinta años y cómo Él ha provisto. Recaudamos nuestro sostenimiento financiero. Ni una sola vez Él nos ha desamparado.

Tener un niño con autismo y atravesar todas las etapas y todo el dolor, y ahora se acerca la etapa de adultez temprana, y qué vamos a hacer con Stephanie mientras crece y mientras nosotros envejecemos, ¿quién va a cuidar de ella?

Tú sabes, el historial en esos dos puntos...como mencioné. Estoy en una posición en mi vida ahora mismo (tal vez eso pasa por tener más de cincuenta), realmente es un historial con Dios, ver cómo Él ha provisto una y otra vez.

No tengo que temer. Puede que ceda, pero no tengo que hacerlo, porque simplemente sé que Él va a ser fiel.

Holly: Y si te llenas de miedo, no te quedas ahí, porque sabes quién es Dios.

Kathy: Me encanta esa promesa en Deuteronomio 31:8 (parafraseado) donde dice: «Yo soy el Señor tu Dios. Yo voy delante de ti, y yo estaré contigo, y no voy a dejarte, ni fallarte ni desampararte. Por tanto, no te desalientes o tengas temor». Porque yo sé que Él es un Dios tan amoroso.

Él va delante de mí; Él regresa para buscarme. Él abre camino. Toma mi mano. A Él no le molesta que yo esté desanimada o atemorizada, de hecho, ¡Él sabe que yo voy a estarlo!

Es por eso que Él me dice que no lo esté, para que yo no me entristezca si me desanimo o me atemorizo. Pero puedo decidir no estarlo, porque yo conozco la verdad de Su Palabra, el Pan de vida.

Annamarie: Esta es nuestra amiga Kathy Helvey, quien se encuentra con el Señor. Mientras vivía en medio nuestro, ella modeló gozo dado por Dios en medio de una prolongada enfermedad que eventualmente terminó con su vida aquí en el mundo.

En la grabación que escuchaste, ella y un grupo de oyentes de Aviva Nuestros Corazones hablaron acerca de la frase del Padre Nuestro que dice: «Danos hoy el pan nuestro de cada día».

A lo largo de las últimas semanas hemos escuchado a Nancy DeMoss de Wolgemuth enseñarnos sobre esa y otras frases, como parte de la serie, «El Padre Nuestro». Esta ha sido una serie de mucha bendición para muchas oyentes. Una mujer que escuchó esta enseñanza, Marie Elva, nos escribió:

«Es asombrosa esa lección. Es una de las características y nombre de Dios que me ha impactado mucho. Él es el fiel PROVEEDOR es increíble que Él provea para sus hijos el pan de cada dia. Wao, me quedé sin palabras. Dios bendiga grandemente este ministerio!»

Para dejarnos saber de ti, escríbenos a AvivaNuestrosCorazones.com. Puedes dejar tu comentario al final de la transcripción de este programa.

Hace poco escuchamos de una hermana que compartió su experiencia con relación al tema de la oración con nosotras. Creo que escucharla será de mucho aliento para cada madre que nos sintoniza. Escuchemos,

Minerva: He pensado en el temeroso Gedeón cuando Dios le dice: «Ve con esta tu fuerza hombre valiente y esforzado», así es nuestro Dios, estimulándome a orar más, porque lo cierto es que muchas veces me digo que oro poco.

Me convertí orando con verdadera necesidad. No me convertí en una prédica o mientras alguien me presentaba el evangelio. Ese día cuando le supliqué con lágrimas al Señor y le manifesté mis grandes temores, sabía que Él era real y que Él me iba a escuchar y que Él era el único que me podía ayudar. Lo sabía porque mi madre me lo había escrito muchas veces en cartas que me enviaba cuando estudiaba en la universidad. Y aunque parecía que sus palabras se fueron con el viento, lo cierto es que ese día se evidenció que Dios la sembró en mi corazón.

Realmente es mi madre quien debería estar dando su testimonio porque ella sí es una mujer que entendió, desde su conversión que Dios es personal. Ya es una anciana muy enferma y tiene su libreta donde escribe motivos de oración; muchos contestados, muchos aparentemente, no, pero ella continúa cada día presentando sus peticiones al Señor; de hecho, considera que es su trabajo, su diario deber. Así que anhelo imitarla y caminar todos los días de mi vida en una plática continua con el Señor.

Insisto, oro poco, pero cuando oro, lo que me encanta hacer temprano, antes de que todos en casa se levanten, tengo la plena certeza de que tengo libertad para entrar al lugar santísimo, así como soy, tan pecadora; porque estoy consciente de que mi salvador derramó Su sangre para hacer que esto sea posible. Sé también, que al presentarme delante de mi Padre que es tres veces santo, a Su lado está mi salvador ayudándome, intercediendo en mi favor.

Y sé también que mis imperfectas palabras y egoístas peticiones son corregidas por el Espíritu Santo. Por eso, a veces, aunque solo pueda doblar mis rodillas y decir balbuceos de debilidad, lo hago; porque estoy cierta que al hacerlo, el Espíritu gime con gemidos indecibles por lo que realmente necesita mi alma, o el alma de aquellos por quienes oro. Entender esto y no orar sería una locura. Así que otra vez le digo al Señor: Dame espíritu de oración, ayúdame Señor a orar.

Annamarie: Gracias Minerva por compartir esto con nosotras. Definitivamente no estamos solas en nuestras luchas, pero juntas, de la mano de Dios, podemos crecer en fe, y crecer en nuestra vida de oración.

El lunes sintonízanos para escuchar la continuación de nuestra serie actual sobre la oración, titulada, «El Padre Nuestro». ¡Te esperamos!

Que tengas un bendecido fin de semana y día del Señor junto a los hermanos de tu iglesia local.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Sólo a Él, Iglesia Cristiana Oasis, El Misterio de Tu Amor, ℗ 2015 Iglesia Cristiana Oasis.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.