Podcast Aviva Nuestros Corazones

El peso de tus palabras en tiempos de preocupación

Annamarie Sauter: En medio de la lucha, ¿te has preguntado si…?

Nancy DeMoss de Wolgemuth:¿Vale la pena? Es decir, sé que vale la pena, pero...¿No te preguntas algunas veces, a un nivel emocional ¿Vale la pena luchar contra la tentación, contra tu carne, contra el molde con que esta cultura nos presiona?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer Nancy nos habló acerca de cómo lucen las personas que viven para este siglo presente. Si te perdiste ese programa, encuéntra tanto el audio como la transcripción en AvivaNuestrosCorazones.com. Hoy Nancy nos ayudará a ver cómo lucen las personas que viven para la eternidad, al continuar con la serie, «Vive para la eternidad».

Nancy: Si donde estás puedes abrir tu Biblia, permíteme animarte a hacerlo, o ábrela en tu teléfono. (Si estás manejando, tal vez no quieras navegar por tu teléfono mientras conduces), pero si puedes, quisiera animarte a seguir hoy la lectura. La abriremos en el libro de Tito, un libro pequeño, cerca del final del Nuevo Testamento.

Durante los últimos días, hemos estado hablando acerca de tres marcas del tiempo que encontramos en el libro de Tito. Hemos visto que él habla acerca de un periodo en la eternidad pasada antes de que iniciara esta era; y luego habla de la era actual o presente, el tiempo en el cual vivimos nosotras; y posteriormente habla acerca del siglo venidero, el tiempo antes de que los siglos comenzaran, el tiempo presente y el siglo venidero.

Ayer leí una cita de Randy Alcorn, quien es un amigo y escritor. Él habla acerca de la línea que conecta la eternidad pasada y la eternidad futura, y luego el punto, que es este tiempo presente. Él dice que nuestra vida presente, es el punto en la línea, comienza y termina. Es breve.

Pero entonces, dice él, desde el punto hay una línea que se extiende por siempre. Esa línea es la eternidad que los cristianos pasarán en el cielo. Él dice que ahora mismo estamos viviendo en el punto, pero la pregunta es: ¿para qué estamos viviendo? La persona corta de vista vive para el punto, para este tiempo presente, pero la persona con una perspectiva correcta vive para la línea, para el siglo venidero.

Así que antes de que los tiempos comenzarán, Dios tenía un plan, un plan de redención para enviar Su gracia y Su salvación a este mundo caído. Y piensa acerca del hecho de que Él diseñó el plan incluso antes de la caída. Antes de que hubiese la necesidad de tenerlo, Dios proveyó para que el ser humano pecador fuese redimido.

De modo que nosotras vivimos en este tiempo presente, en el punto. La pregunta que debemos hacernos a nosotras mismas durante esta pequeña serie es: «¿Estamos viviendo para el tiempo presente, o para para el siglo venidero?» ¿Estamos viviendo para el «punto», o estamos viviendo para la «línea»?

Ahora, para ayudarnos a ver con más detalle lo que tenemos aquí, quisiera leer los primeros diez versículos de Tito capítulo 2. Pablo le dice al pastor Tito, quien está pastoreando estas iglesias en un ambiente (como hablamos ayer) que es trivial, perverso y hostil –¡y esa es una descripción de nuestro tiempo presente también!

Pablo le dice al pastor Tito, «¿qué se supone que debes hacer? ¿Cómo se supone que debemos vivir en este mundo trivial, perverso y hostil en el que nos encontramos? ¿Qué debemos hacer mientras vivimos en este punto, en este tiempo presente, pero deseando vivir para el siglo venidero?»

Ahora, la parte que no estoy leyendo está en el capítulo 1 donde Pablo habla acerca de la necesidad de líderes espirituales calificados para las iglesias, ¡y ese capítulo es muy importante! Pero lo voy a saltar, no porque no sea importante sino porque nuestro tiempo es limitado. Quisiera enfocarme por unos momentos en este pasaje en el capítulo 2 de Tito, comenzando en el versículo 1.

Pablo le dice a Tito: «Pero en cuanto a ti...» ¿A quién se está refiriendo? Le está hablando a Tito. En cuanto a ti, Tito. Tú estás viviendo como un pastor, como un cristiano en este mundo caído y fuera de control. «En cuanto a ti (¿qué se supone que debes hacer?), enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina».

¡Guau! ¡Solo guau! ¿Quién hubiera podido pensar en esta estrategia? Cuando estás viviendo en un mundo loco, fuera de control, ¿a quién se le hubiera ocurrido un plan como ese?

«Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina». Solo tengo un comentario que hacer, creo que para los oídos modernos eso no suena nada inspirador, no suena nada impactante.

«¿Esta es tu solución, Pablo? ¿Enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina?»

Y Pablo dice, «¡Sí! Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina»

¿Sabes?, algunas veces cuando veo alrededor (y estoy segura de que has tenido la misma experiencia) y veo lo que está sucediendo en este tiempo presente, cuando veo los problemas de las mujeres, problemas de género fluido, un descarado desprecio de los estándares morales bíblicos, es fácil sentirse agobiada y sentir que somos dinosaurios, que nuestro mensaje es irrelevante.

Y he tenido que aconsejar a mi corazón repetidas veces y recordarme a mí misma que la solución de Dios para tiempos como estos es que su pueblo se mantenga firme y enseñe lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Y eso es lo que tratamos de hacer día tras día en Aviva Nuestros Corazones.

Ahora, debes estarte preguntando, ¿qué diferencia puede hacer eso? Bueno, Pablo dice que las implicaciones de la sana doctrina son monumentales porque las personas actúan según lo que creen. La razón por la que gente hace lo que hace en nuestro mundo es porque creen cosas que son contrarias a la sana doctrina.

De modo que si queremos ver este mundo redimido por la gracia de Dios, necesitamos aprender, enseñar, vivir y ser ejemplo de la sana doctrina. La palabra en griego de la que se traduce «sana doctrina» es la misma de la que proviene la palabra «higiene». Es una doctrina que es limpia, es buena, es sana. Es buena para ti. Es sana doctrina.

Ahora, luego Pablo habla de cómo esta sana doctrina, esta enseñanza de la sana doctrina –y detalla cada grupo de personas dentro de la iglesia local– cómo esta sana doctrina se ve en el diario vivir en esta era presente mientras vivimos para el siglo venidero. Y la aplicación que él hace sobre los siguientes versículos nos lleva a hacer ajustes, nos fortalece; ¡es poderosa!

A simple vista, no parece ser emocionante, pero cuando la vives y la ves obrando, ¡es maravillosa! Entonces, Pablo dice en el versículo 2, y hace referencia al primer grupo de personas:

«Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia».

Ahora, lo que vamos a ver en este pasaje es el polo opuesto de todas aquellas frases que vimos ayer describiendo a las personas que viven para este tiempo presente, que dijimos que son triviales, perversas y hostiles. Lo que Pablo está describiendo aquí es un tipo de persona totalmente diferente, gente que vive no para esta era sino para el siglo venidero. Y Pablo dice, «así es como ellos se ven».

«Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (v. 3).

Ahora, acerca de estos tres versículos que acabo de leer, algunas de ustedes saben que profundicé con mucho mayor detalle de lo que lo podremos hacerlo hoy, en un libro que he escrito titulado, Adornadas: Viviendo juntas la belleza del evangelio.

Si no lo conoces, espero que te animes y obtengas una copia y encuentres alguna mujer mayor o más jóven con la que puedas adentrarte y profundizar en ese pasaje. ¡Realmente vale mucho la pena hacerlo! Pero déjame avanzar al versículo 6 de Tito, capítulo 2.

 «Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes; muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros» (vv. 6-8).

En el versículo 9 él habla a los siervos. Los siervos eran el peldaño más bajo en la escala socioeconómica de esos días. Había millones y millones de ellos a lo largo del Imperio Romano. Y Pablo dice que ellos también deben vivir la hermosura del evangelio, quiere que vivan de acuerdo con la sana doctrina. ¿Cómo se ve eso?

«Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo, no defraudando, sino mostrando toda buena fe...» Ahora, déjame hacer una pausa, abro un paréntesis aquí. Pablo no está respaldando la esclavitud, pero está hablando acerca de creyentes de todos los estratos socioeconómicos, a cada género, de todas las edades, viviendo en este tiempo presente para el siglo venidero, de una forma que finalmente anulara la maldad, el daño, la trivialidad, la hostilidad de la vida en ese tiempo presente. ¡Esto es poderoso! Eso puede alterar y modificar sistemas socioeconómicos enteros. Las injusticias, la corrupción y las perversiones pueden ser tratadas mientras el pueblo de Dios viva como pueblo de Dios, viviendo en este tiempo presente para el siglo venidero.

Y ¿por qué debemos vivir de esta manera? Versículo 10: «...para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador en todo respecto». Así que aquellos que viven para el siglo venidero —él lo describió— no son triviales. Tienen valores eternos. Viven para las cosas que realmente importan. No buscan acumular tesoros aquí, sino acumular tesoros en el cielo.

No viven vidas entregadas a la maldad, sino vidas santas, rectas, bondadosas y prudentes. No son hostiles. De hecho, son lo opuesto: Aman a sus parejas, aman a sus hijos, aman al pueblo de Dios. Lo que Pablo está diciendo es que debería haber una enorme y notable diferencia entre aquellos que son hijos de esta era actual y aquellos que viven en esta era actual, en este tiempo presente, pero están viviendo para el siglo venidero.

En el siglo diecinueve el filósofo alemán Heinrich Heine dijo: «Muéstrame tu vida redimida y podría estar dispuesto a creer en tu Redentor». Muéstrame....no solo me hables acerca de ella. ¡Muéstrame! Muéstrame tu vida redimida y podría estar dispuesto a creer en tu Redentor.

¿Qué significa mostrar nuestra vida redimida? Significa demostrar que ya no vivimos para este tiempo presente. Vivimos para el siglo venidero. Tengo que preguntarte esto: ¿Por qué no hay filas de personas a las puertas de nuestras iglesias o nuestras casas, deberían ser embajadas del reino de los cielos en esta «tierra extranjera»?

¿Por qué no están haciendo fila diciéndonos, «¡muéstrame! ¡Dime! ¿Cómo puedo conocer a tu Redentor?» Por supuesto, hay una guerra espiritual aquí. El dios de este mundo ha cegado los ojos de aquellos que se rehúsan a creer, pero creo que también es porque muy a menudo no ven evidencias en nosotras de una vida redimida.

Nos ven a nosotras, y parece que estamos viviendo como todos los demás que viven para este tiempo presente. ¡Somos triviales, perversas, hostiles! No ven en nosotras una perspectiva eterna que cambia la forma en la que vivimos. No ven justicia, santidad, vidas rectas y piadosas, impecablemente santas.

No ven amor genuino. Nos ven en la blogósfera o en las redes publicando el mismo tipo de comentarios que aquellos que viven para este siglo, actuando como si la política fuera nuestro dios, actuando como si nosotras fuéramos nuestro propio dios. Nos ven vociferando, criticando, siendo irrespetuosas. Ven a los cristianos, o a los que así se hacen llamar, actuando tal como lo hace el resto del mundo. Pero, ¿qué pasaría si nos observaran viviendo de la manera que Pablo describe en Tito capítulo 2? ¿Y en lo que continúa describiendo en el capítulo 3…?

Si tienes tu Biblia abierta y estás en Tito, vamos al capítulo 3, versículo 1, donde Pablo continúa este tema de cómo vivir para el siglo venidero. Él dice,

«Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra; que no injurien a nadie (¡este versículo sería una buena guía para todo lo que publicamos en las redes sociales!), que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres» (vv. 1–2).

¡Incluso a aquellos cuya visión del mundo es totalmente opuesta a la tuya! Incluso a la gente que actúa de forma odiosa, que seamos amables, no contenciosas, ¡y que mostremos toda consideración para con las personas!

¿Crees que esto no tendría un impacto? ¿Que nosotras viviéramos de esa forma cada día, cara a cara, en las redes sociales, en nuestros lugares de trabajo? Y continúa diciendo en el versículo 3 que también «nosotras mismas» en otro tiempo vivíamos en la trivialidad, la malicia y la hostilidad que caracteriza a la gente que vive para este siglo. Pero en el versículo 4 dice que todo eso cambió...¿cuándo?

«...cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia ... para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna (el siglo venidero)… y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras» (vv. 4–8).

Así es como vivimos en este tiempo presente. No estamos solo esperando y reuniéndonos en nuestras pequeñas fortalezas cristianas, aferrándonos unos a otros hasta el rapto, sino que salimos y hacemos buenas obras por la buena obra de la gracia de Dios en nosotras.

«Estas cosas son buenas y útiles para los hombres» (v. 8). «Muestrame tu vida redimida, excelente, útil, y podría estar dispuesto a creer en tu Redentor». Así que, una vez más, ¿qué diferencia hay en vivir para el siglo venidero, en lugar de vivir para este tiempo presente, vivir, como dice Randy Alcorn, no para el «punto», sino para la «línea»?

Bueno, podríamos decir mucho con respecto a esto, pero déjame hacer solo algunas observaciones acerca de lo que esto significa para nosotras. Pienso, en primer lugar, que vivir así nos hace libres del temor. No tenemos que vivir en el temor de quién hace qué, quién es elegido como presidente, quién está en la Casa Blanca, quién en el congreso, quién en Hollywood, quién está en las noticias, qué está haciendo esta celebridad, los movimientos religiosos liberales que surgen. Estos son asuntos que nos conciernen y nos interesan, y debemos orar, pero no son cosas por las que debemos temer. Vivir para la línea en lugar de vivir para el punto nos hace libres del temor.

En segundo lugar, nos da ánimo para vivir como el pueblo de Dios, nadando contracorriente, en este tiempo presente. Nos da la valentía necesaria para tomar posturas que pueden ser difíciles o que no son populares, porque cualquier cosa que pase en este tiempo presente realmente no importa. Porque no vivimos para este tiempo, vivimos para el siglo venidero.

En tercer lugar, vivir para la línea en lugar de vivir para el punto afecta la forma en que gastamos el dinero. Nos preguntamos a nosotras mismas, ¿valdrá la pena esto? ¿Valdrá algo de aquí a cien años? ¿O a diez años? ¿O a diez semanas de ahora, importará? Vemos hacia el porvenir, no vivimos para el momento.

No solo no gratificamos nuestros impulsos carnales ni gastamos en lo que queremos, ni en obtener lo que deseamos, sino que nos preguntamos, ¿cuál será su valor de aquí a cien años? Muchas de nosotras recibimos correos electrónicos... mi esposo y yo estábamos hablando acerca de esto el otro día. Recibimos cartas y correos electrónicos de personas que recaudan dinero para viajes misioneros.

No estoy diciendo que debemos apoyar cada uno de estos viajes, pero ¿no deberíamos gozarnos cuando la gente da semanas o meses o años de su vida para ir y servir al Señor en diferentes partes del mundo?

¿No es un privilegio dar para la obra del Señor? No es «tengo que dar» sino, «¡recibí para dar!» Aquello que creo que necesito, esa nueva herramienta para la cocina o cincuenta dólares para ayudar a este joven a ir y servir al Señor en una ciudad en el interior o en otro país… afecta la forma en la que gastamos nuestro dinero.

También afecta la manera en la que gastamos nuestro tiempo. Nos preguntamos ¿esto importará de aquí a mil años? Dices, «bueno, si piensas de esa forma, nunca podrás hacer nada divertido. Nunca descansarás, ni tendrás tiempo para la recreación, nunca irás al gimnasio, porque, ciertamente, todo eso realmente no va a importar de aquí a mil años».

¿Sabes qué? Si estás caminando con Cristo, siguiendo a Su Espíritu, sirviéndole, adorándole, cualquier cosa que hagas será valiosa de aquí a mil años porque estás honrando a Cristo, lo estás exaltando, levantando su nombre en alto, ya sea que estés en el gimnasio o en tu trabajo o sentada en un servicio de la iglesia.

Pero pregúntate, «¿esto realmente importa? ¿Tiene valor eterno?» Si estás respondiéndole «sí» al Señor, entonces sí ¡importa!

Vivir para la línea en lugar de para el punto, para el siglo venidero en lugar de para este siglo, nos protege del pecado. Hacemos un alto y pensamos, «bueno, puedo gratificar mis impulsos carnales ahora mismo, en este momento, pero cuando vea a Jesús, ¿será eso algo de lo que pueda estar orgullosa de haber hecho?¿Será eso algo que me podrá ayudar a ser más como Jesús? ¿Es algo que aumentará mi deseo por Él? ¿Es algo que mejorará mi testimonio por Cristo? ¡Nos protegerá de pecar incluso cuando la tentación sea realmente fuerte!

Cuando vivimos para la línea y no para el punto, para el siglo venidero y no para este siglo, tendremos compasión por las almas de las personas que aún no están listas para encontrarse con Cristo, que no están preparadas para el siglo venidero.

Y nos ayudará a preocuparnos por nuestros vecinos y por la gente en nuestros trabajos y por los miembros de nuestra familia y amigos que no conocen a Jesús. Ellos viven para este tiempo presente –es todo lo que tienen– ¡y en un momento todo esto se acabará! ¿Y qué tendrán?

¿Alguna vez les dijimos, alguna vez los amamos, les ofrecimos nuestra amistad, los saludamos, los invitamos a nuestros hogares? ¿Nos tomamos el tiempo para escuchar sus historias, escuchar el latido de su corazón, o sentir su dolor? ¿Nos preocupamos por ellos con el amor de Cristo? ¿Les compartimos el evangelio? Esto nos motiva a ocuparnos en buenas obras, como leímos en Tito capítulo 3.

Y cuando vivimos para la línea en lugar de para el punto, somos libres de la desesperación, porque somos personas con esperanza. Nos damos cuenta de que cada desilusión en este tiempo presente es temporal. Será erradicada en el siglo venidero.

Ahora, seré la primera en decir que algunas veces puede ser realmente agotador nadar contracorriente, vivir para el siglo venidero en este tiempo presente. Y algunas veces, la verdad sea dicha, me pregunto, ¿vale la pena? Es decir, sé que vale la pena, pero...¿no te preguntas algunas veces, a un nivel emocional, ¿vale la pena luchar contra la tentación, contra tu carne, contra el molde con que esta cultura nos presiona?

Hace una semana recibí un mensaje de texto durante la noche de una amiga muy dulce, quien está involucrada en un ministerio realmente difícil. Ella ha sido una dulce guerrera de oración en mi vida, y me alienta a menudo; y me dijo (no vi este correo hasta la mañana siguiente)

No sé si estás desvelada o contando ovejas, pero solo quiero decirte «gracias». Sé que Dios pudo haber usado a cualquier otra persona para comprometerse conmigo, con mi vida, pero Él te eligió a ti. Tu amor y pasión por la verdad y por Jesús se han derramado en mi vida—y en la de muchos otros—porque dijiste «sí» y buscaste honrarlo y glorificarlo. He observado mientras caminas con Él en diferentes etapas de tu vida. Tu vida provoca una sed en mí por conocerlo más. Sé que te cansas, algunas veces te agotas, pero ¡no te desanimes! Toma ánimo en Su fortaleza, Él siempre termina el trabajo. Te amo amiga...¡estoy orando por ti!

¡Ella no supo cuánto necesitaba esas dulces palabras! Y tal vez tú también necesitas esas palabras hoy. A veces es difícil, pero todo habrá valido la pena cuando veamos a Jesús. Entonces, si estás cansada, si estás agotada, desanimada tal vez, recuerda que no vivimos para el punto sino para la línea, ¡no para este siglo sino para el siglo venidero! Amén.

Annamarie: Has estado escuchando de Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella te ha recordado el valor de hacer todas las cosas a la luz de la eternidad. Cuando escuchamos mensajes como este, ¡de repente todo cambia! Las tareas que realizamos cobran un nuevo significado. Cada interacción es una oportunidad para invertir en la eternidad; cada momento es una oportunidad para glorificar a Dios. Escuchar la verdad tiene un gran impacto en la forma en que caminamos a lo largo del día y la forma en que abordamos lo que tenemos por delante.

Estamos muy agradecidos de poder producir programas como este, a través de los cuales damos a conocer la verdad de Dios a un mundo en necesidad. Y esto es posible gracias a oyentes que abrazan la visión de Aviva Nuestros Corazones y nos apoyan financieramente.

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Luego de reunirte con tu iglesia local para alabar a Dios este fin de semana, te esperamos el lunes para una próxima serie. Tendremos una invitada especial que estará compartiendo con nosotras algunas cosas importantes que ha aprendido sobre las relaciones. No te pierdas esta próxima serie, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Anticipando el regreso de nuestro Rey, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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