Podcast Aviva Nuestros Corazones

El poder de las palabras, día 2

Annamarie Sauter: Tu lengua refleja la condición de tu corazón.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Así que si tengo un corazón crítico, ¿qué tipo de palabras son las que saldrán de mí? Palabras críticas. Cuando hablo palabras airadas, qué te dice eso de mi corazón? Significa que tengo un corazón airado.

La lengua refleja la condición del corazón. Las palabras que yo hablo son el reflejo, son un espejo de mi corazón.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer dimos inicio a una serie titulada, «El poder de las palabras». Nancy nos animó a ser cuidadosas al momento de hablar, ya que nuestras palabras tienen poder. Puedes escuchar ese programa en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Una oyente que lo escuchó nos escribió,

«...Quiero decirles que sus programas están siendo de gran bendición para mi vida. Llegaron a mí en un momento en el que sentía que ya no podía más. Estoy casada por casi nueve años y tengo tres hermosas hijas, pero ha habido momentos en los que siento que no puedo más. He sido cristiana casi por toda mi vida, por eso mismo me siento mal cuando vienen las situaciones y mi comportamiento no es el adecuado. Doy gracias a Dios por haber encontrado su programa, están siendo de mucha bendición para mi vida. Dios les bendiga y sigan adelante».

Si te sientes como esta hermana, ¡ánimo! Tenemos un Dios fiel que en medio de las dificultades que enfrentamos, nos sostiene y nos instruye a través de Su Palabra.

Nancy está aquí con nosotras para continuar donde nos quedamos ayer.

Nancy: El versículo en el que hemos estado meditando y que les he animado a poner en diferentes partes de su hogar es Proverbios 18:21: «Muerte y vida están en poder de la lengua». Hemos visto que nuestras palabras tienen poder para herir y destrozar o para sanar y para edificar.

Ahora, si estuviéramos hablando todo el tiempo este tipo de palabras, sería fácil identificarlo. El problema es que de la misma boca sale el tipo palabras que sana y el tipo de palabras que destruye o hiere, y es por eso que necesitamos el Espíritu de Dios, para que llene nuestros corazones con Su Palabra y Sus caminos para que las palabras que hablemos no sean necias ni hirientes ni sean palabras destructivas.

Uno de los muchos temas que están en el libro de Proverbios, es la conexión de nuestras palabras con el corazón. De hecho, conté once versículos, y debe haber más, donde la palabra corazón se encuentra en el mismo versículo junto con la palabra labios o lengua o boca. La conexión se hace una y otra vez.

El contraste, por ejemplo, lo vemos en el capítulo 10, versículo 20: «La lengua del justo es plata escogida, pero el corazón de los impíos es poca cosa». La lengua está conectada al corazón.

Proverbios 15:7: «Los labios de los sabios esparcen conocimiento, pero no así el corazón de los necios. ¿Por qué no dice «la boca» de los necios? No lo dice. El contraste se hace entre los labios del sabio y el corazón del necio. ¿Por qué? Porque hay una conexión entre lo que decimos y lo que hay en nuestro corazón.

De hecho, al ir leyendo el libro de Proverbios, te animo a que empieces tu propio estudio; espero que abra tu apetito para hacer tu propio estudio en el libro de Proverbios y sus muchas referencias acerca de la lengua. Encontrarás muchos lugares donde leemos acerca de la boca o de las palabras de los malvados, o de la boca de los necios.

También hay otros lugares donde leemos acerca de la boca o la lengua o acerca de los labios del justo, o las palabras del puro o la lengua o los labios del sabio. ¿Cuál es la conexión aquí?  La lengua refleja la condición del corazón. Las palabras que yo hablo son el reflejo, el espejo de mi corazón.

Las palabras salen. Eso es lo que escuchamos; es lo evidente. Pero revelan lo que no es tan evidente, y que se hace evidente por medio de las palabras: y es la condición de nuestro corazón. Así que si soy una persona necia, voy a hablar palabras necias. Si tengo un corazón malvado, las palabras que saldrán de mi boca, serán palabras malvadas.

Cientos de años atrás, Francis De Sales dijo esto: «Nuestras palabras son un fiel índice del estado de nuestras almas». Así que, ¿quieres saber que hay en tu corazón? Jesús dijo, «de la abundancia (o del desbordamiento) del corazón habla la boca».

Así que si tengo un corazón que critica, ¿qué tipo de palabras saldrán de mi boca? Palabras de crítica. Si tengo un corazón mezquino, ¿qué tipo de palabras van a salir de mi boca? Palabras malvadas, crueles.

Si tengo un corazón orgulloso, voy a hablar palabras orgullosas. Si tengo un corazón sin amor, voy a hablar palabras duras. Un corazón egocéntrico va a hablar palabras egoístas. Y cuando uso palabras airadas, ¿qué es lo que te dice acerca de mi corazón? Significa que tengo un corazón lleno de ira.

Si hablo palabras profanas, ¿qué es lo que te dice de mi corazón? Que es profano. Palabras impacientes salen de un corazón impaciente. Palabras quejumbrosas salen de un corazón descontento. Un corazón que es egoísta ¿de que va a hablar? De sí mismo.

Recuerdo a mi padre diciéndonos cuando estábamos creciendo que una de las cosas más importantes al conversar es no hablar de uno mismo. Él decía, «las personas quieren hablar de sí mismas, así que haz preguntas para ayudarles a expresarse».

Al ir pensando en gente que conoces que tiene muchos amigos, gente alrededor de la cual uno quiere estar, una de las cosas que te darás cuenta es que hablan de otros. Hacen preguntas acerca de otros. No están siempre hablando de ellas mismas.

Estoy pensando en un líder cristiano que conozco; lo vi justo hace poco … he hablado con él varias veces a través de los años, y algo que aprecio de este hombre que es cabeza de un ministerio, es que cada vez que lo ves, no te está diciendo cómo le va o cómo está su ministerio.

Te pregunta más bien cómo estás. Pregunta de tu vida, de tus amigos, y tus antecedentes. Este es un hombre cuyas palabras reflejan que tiene un corazón desinteresado. Como resultado, es un alentador. Quieres estar cerca de él porque de su corazón se desborda bendición.

Ahora, vemos que un corazón malvado, producirá palabras malvadas. Por el contrario, si tenemos un corazón puro, un corazón recto, el desbordamiento consistirá en palabras que son puras y justas.

Así que si tengo un corazón amoroso, ¿qué clase de palabras voy a hablar? Palabras de amor. Si tengo un corazón amable, hablaré palabras de amabilidad. Si mi corazón es sin egoísmo, como vi en ese líder cristiano, voy a hablar palabras que se enfoquen en los demás.

Si tengo un corazón humilde, no voy a decir cosas arrogantes; voy a decir cosas humildes. No diré cosas que llamen la atención sobre mí misma o a mis logros o lo que he hecho. Si tengo un corazón humilde, voy a edificar a otros. Tendré la actitud de Juan el Bautista que dijo de Jesús, «Él debe crecer y yo menguar».

¿De dónde provienen esas palabras? De un corazón humilde. Si tengo un corazón puro, hablaré palabras puras. Si hablo palabras sensuales o corruptas o palabras impías, estoy mostrando que hay una condición de mi corazón, que tengo un problema en mi corazón; un corazón que está corrompido, y es por eso que hablo esas palabras corruptas.

Proverbios habla de una mujer agraciada. Si tengo un corazón lleno de gracia, hablaré palabras de gracia. Pienso en algunas mujeres que conozco que son mujeres agraciadas. Cuando abren sus bocas para hablar, son alentadoras. Algunas de ustedes que escuchan este programa en el día de hoy, son así. Las escucho hablar y pienso, «quiero ser así».

Pero no lo soy. Sé que han de pensar que yo soy una persona muy extrovertida, pero entablar una conversación con la gente, especialmente si no la conozco, es difícil para mí. Prefiero solo sentarme detrás del telón o en una esquina y dejar que otros lleven la conversación. Requiere esfuerzo de mi parte, salirme de mi misma para hablar palabras de aliento y que transmitan gracia.

Pero me doy cuenta que cuando Dios obra en mi corazón, mi corazón se llena de Su Espíritu y de Su amor y de Su gracia, entonces no es tanto esfuerzo para mí el hablar palabras que reflejen ese corazón.

Si tengo un corazón agradecido, ¿qué tipo de palabras voy a hablar? Palabras de gratitud. Un corazón agradecido produce palabras de gratitud. Te repito, puedes pensar en alguien que conoces, pueden estar en medio de una situación penosa, pero están hablando de la bondad de Dios y Su fidelidad en medio de lo que están pasando. Están hablando palabras de gratitud porque tienen un corazón agradecido.

Muchas de ustedes han sido tan amables de expresar gratitud por lo que estas sesiones han significado para ustedes. Y se han tomado el tiempo para detenerse y decirme: «gracias, por tu enseñanza, gracias por tu ministerio en mi vida». Al oír sus expresiones de gratitud me doy cuenta de que esta gratitud está fluyendo de un corazón agradecido.

Si tienes un corazón sabio, vas a hablar palabras sabias. Ahora, el reto viene cuando quiero hablar palabras sabias, pero no quiero pagar el precio de tener un corazón sabio, porque toma tiempo y esfuerzo el llenar mi corazón con la Palabra de Dios, y así tener la sabiduría dentro de mí para que salgan palabras sabias de mi boca.

Siempre tengo esta imagen en mi mente de lo que significa ser una anciana sabia y piadosa, y quiero ser esa mujer. Quiero tener ese tipo de sabiduría, pero no siempre quiero pagar el precio para lograrlo; pagar el precio para tener ese tipo de corazón que dará ese tipo de sabiduría.

Si tengo un corazón honesto, hablaré palabras de verdad. Si estoy hablando palabras de engaño o no verdaderas, esto te habla algo acerca de mi corazón.

Si tengo un corazón para Dios, una mente espiritual, no será algo difícil para mí, en el transcurso de cada conversación cada día el hablar acerca de cosas espirituales, porque mi boca hablará de la abundancia de mi corazón.

Conozco algunas personas que han estado en la iglesia toda la vida, al menos eso parece, son activas en los trabajo de la iglesia y hacen todo tipo de ministerio, pero empiezas a hablar con ellas, y pueden hablar de todo excepto del Señor. Eso es realmente difícil.

No les escuchas hablar de lo que está haciendo Dios en sus vida o de lo que Dios les ha estado enseñado acerca de su corazón o de los caminos de Dios. Parece que lo tienen en una categoría que solo es para el tiempo en la iglesia, pero no les afecta en su hablar diario.

Estoy diciendo esto porque eso muestra algo acerca de tu corazón. Si no puedo hablar de Dios en mi conversación, significa que mi corazón no está enfocado en el Señor como debe estarlo; pero si tengo el corazón para las cosas de Dios, debo poder hablar de las cosas de Dios.

Así que, mientras analizamos nuestras palabras y nuestros corazones, reconocemos que las palabras que hablamos son realmente el termómetro de nuestro corazón. Esas palabras no determinan la temperatura. El termómetro no determina la temperatura, el termómetro solo registra la temperatura; y las palabras que hablo registran la temperatura, la condición de mi corazón.

Ahora, queremos pensar que eso es verdad la mayoría de las veces, pero no siempre. Tendemos a trivializar, muchas veces, las palabras que estamos expresando, diciendo algo como esto: «No hablaba en serio. No quise decir eso. No lo pude evitar. Se me salió». Eso no es verdad.

El hecho es que, si bien pude haberlo dicho de manera descuidada o sin pensar, eso también revela algo sobre mi corazón. Si mis palabras están fuera de control y si las suelto fácilmente, eso quiere decir que tengo un corazón indisciplinado, que no está bajo el control del Espíritu Santo. La realidad es que lo que digo revela lo que quiero decir.

Y entonces vemos que tan solo soltamos esas palabras acaloradas, estas palabras dañinas, y luego tratamos de echarnos para atrás diciendo: «realmente no quise decir eso». Bueno, podré sentirme mal por lo que dije, pero debo reconocer que no es algo trivial que yo lo haya dicho. A pesar de que fue imprudente o negligente, reveló una condición de mi corazón que es seria, a mi corazón le tomaron su temperatura, y registró algo que no es agradable al Señor.

Así que déjame preguntarte esto: ¿qué es lo que tus palabras revelan acerca de tu corazón? Y no solo te preguntes a ti misma ahora mientras estamos tocando el tema… Bueno, seguro estás ahí escuchando este programa y nadie está pecando con su lengua en este preciso instante. La única que puede pecar en este momento soy yo, porque soy la que está hablando.

Pero en tu hogar, en tu lugar de trabajo, al hablar por teléfono, al entablar conversaciones al término de este programa, ¡si alguien tiene la valentía de entablar una conversación después de haber hablado acerca de la lengua! Pregúntate, ¿qué es lo que mis palabras revelan acerca de la condición de mi corazón?

Después si queremos cambiar nuestras palabras, y todas nosotras tenemos ocasiones donde lamentamos lo que dijimos. Alguien estaba compartiendo conmigo el día de hoy como ella lamentaba, al ser una madre joven e iracunda, las cosas que le había dicho a su hija.

Ahora su hija ya es grande, y todavía está cosechando las consecuencias en esa relación, causadas por las cosas que dijo cuando era una madre joven. Ella lamenta esas cosas; desearía poder regresar y tomar esas palabras para atrás y rehacer esas conversaciones.

Pero no puedes. Pero lo que sí puedes hacer es dejar que Dios examine tu corazón. Si quieres que tus palabras cambien, no es suficiente el enfocarte en cambiar tu diálogo. Lo que necesitas realmente es un cambio de corazón.

Algunas de nosotras necesitamos una cirugía de corazón; decir, honestamente delante de Dios y quizás delante de otra persona, quizás delante de tu esposo quien puede ayudarte a responsabilizarte por esto, «reconozco que las palabras que yo hablo muestran que tengo ciertos asuntos en mi corazón que son muy serios. Estoy viendo que esas palabras irreflexivas, descuidadas, sin restricciones, esos chismes, revelan una condición de mi corazón de la cual debo arrepentirme».

Ahora, no quiero que al término de este programa te sientas abrumada y que digas, «jamás volveré a abrir la boca porque no puedo decir nada bien». Lo que quiero que hagas es arrepentirte, que te pongas de acuerdo con Dios, que te humilles, que reconozcas lo que Dios te está mostrando acerca de tu corazón. Yo misma también me he visto forzada a hacer lo mismo con mi propio corazón al estudiar esto.

Ve delante del Señor y dile, «Señor cambia mi corazón. Lléname de tu Espíritu, para que yo pueda, al estar bajo presión, cuando esté hablando con estos niños, cuando esté hablando con mi pareja, cuando hable con mis compañeros de trabajo, cuando esté en el teléfono en esa conversación, que lo que salga de mi corazón sea el desbordamiento de un corazón puro, un corazón que está controlado por el Espíritu de Dios».

Annamarie: ¿Qué revelan tus palabras acerca de tu corazón? Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha retado con esta pregunta el día de hoy. Ella regresará con nosotras. Este mensaje es parte de la serie titulada, «El poder de las palabras».

Por los próximos minutos escucharás de una mujer que ha experimentado un gran cambio en su corazón, y este cambio se ha reflejado en su lengua.

Carmen nos narra esta historia:

Carmen Espaillat: Debbie se casó con un hombre que hacía todo cuidadosa y deliberadamente.

Debbie: Él es un hombre muy trabajador. Es un perfeccionista, y como tal, quiere que todo se haga bien desde el primer intento. Es una persona que piensa muy cuidadosamente todas sus respuestas.

Carmen: El esposo de Debbie no solo es un hombre que trabaja lenta y deliberadamente, sino que también habla lenta y deliberadamente.

Debbie: Mi esposo es una persona muy cuidadosa en todas sus respuestas

Carmen: Ahora, Debbie era lo opuesto.

Debbie: Soy una persona que le gustan las respuestas rápidas. Prefiero hacerlo yo misma que esperar a que otra persona lo haga. Soy una mujer que resuelvo. Soy muy controladora, una personalidad tipo A. Lo quiero hecho ya. Hay que sacarlo, hay que abrirlo, ya hay que terminarlo, hay que resolverlo.

Carmen: Estas diferencias dieron lugar a muchos conflictos.

Debbie: Nuestro hogar se había convertido en un lugar de batalla. Por un lado yo soy una chillona. No tengo paciencia. Por el otro lado él es totalmente lo opuesto, una persona muy callada y nunca habla. Rara vez comparte sus emociones. Ahora me doy cuenta de que algunas de las cosas que en un principio me atrajeron a él, fueron precisamente las mismas cosas que empezaron a desesperarme y a alejarme de él.

Carmen: Cuando Debbie se comenzaba a impacientar por tener respuestas o comunicación, su esposo simplemente se retraía. Debido a que él resolvía las cosas despacio y cuidadosamente, Debbie tomaba control de las cosas.

Debbie: Empecé a encargarme de las cosas que se tenían que hacer. No le decía nada, lo hacía sin molestarlo. Como resultado, esto nos alejó cada vez más y más.

Llegamos a un punto donde dije, «haz tú lo que tú quieras, y mis hijos y yo haremos lo que necesitamos hacer». Así que empezamos a vivir vidas separadas.

Como él vio que yo podía encargarme de las cosas de la casa, él hacía cosas por otras personas. Empezó a ser muy bueno en ayudar a la gente excepto a aquellas personas con quienes vivía. A él lo necesitaban otras personas, y no se sintió necesitado por su familia en su propio hogar.

Habíamos estado casados por casi diecinueve años el día que le pedí que saliera de la casa.

Carmen: Después de que Debbie le pidió a su esposo que se fuera de la casa, ella continuaba orando para que él cambiara. En su mente el problema solo era él.

Debbie: Estaba orando, llevaba a los niños a la iglesia. Estaba haciendo las cosas que se suponía que debía estar haciendo. Estaba orando que Dios lo cambiara a él, que lo corrigiera, que Dios cambiara su corazón, su trabajo, y que cambiara esto y aquello… hasta que entendí que no era solo él. Yo necesitaba también mucha ayuda.

Carmen: Le tomó un año a Debbie convencerse de esto, y su oración comenzó a cambiar.

Debbie: «No es él quien tiene que cambiar, sino soy yo quien necesita un cambio. Y tengo que entender Señor que debo esperar en Tu tiempo. Y esto es algo que no es fácil para mi hacer en mis propias fuerzas».

Carmen:  Mientras la convicción aumentó en el corazón de Debbie, ella confesó su actitud a sus hijos.

Debbie: Les dije a mis hijos: «Yo cometí un error. Le pedí a su papá que se fuera de la casa, y estaba totalmente equivocada. Ahora oremos para que Dios arregle todo esto porque yo no puedo».

Carmen: Luego Debbie se encontró con su esposo en un restaurante.

Debbie: Y le dije, «Dios ha estado trabajando conmigo en estos días. Me ha revelado que he estado equivocada. He estado orando que Dios te cambie y te arregle, cuando en realidad Él tenía que cambiarme y arreglarme a mí. Te amamos. Te quiero en casa, y quiero que nuestro matrimonio funcione. Creo que Dios quiere que nuestro matrimonio funcione.

Carmen: Por veinte años, Debbie presionó a su esposo para tomar decisiones. Pero esta conversación terminó de manera diferente.

Debbie: Una de las cosas más difíciles para mi fue levantarme e irme del restaurante y dejarlo a él pensar las cosas sin darme una respuesta.

Carmen: Mientras tanto, una amiga en la iglesia le comentó a Debbie acerca del Reto de 30 días para las esposas. Nancy ha ofrecido este reto muchas veces, y es el mismo desafío que tú podrás experimentar cuando descargues tu copia al entrar a AvivaNuestrosCorazones.com.El reto es no decir nada negativo acerca de tu esposo, ni a él ni a otra persona, por un periodo de un mes. Y cada día durante ese tiempo, debes hacer algo para alentarlo.

Nancy: ¿Algún día le has agradecido a tu esposo por haberte escogido sobre todas las mujeres? Esto es parte del primer día del reto.

Carmen: Después de leer eso, Debbie le mandó un mensaje de texto a su esposo.

Debbie: No sé si te lo he dicho, estoy segura de que no, pero quiero agradecerte por haberme escogido a mí hace tantos años».

Nancy: «Aunque las circunstancias en tu matrimonio no sean óptimas, déjale saber a tu esposo que te alegras de que Dios los haya unido».

Debbie:«Y espero que me escojas de nuevo. Te amo». Fue lo único que le dije.

Carmen: Esa noche, su esposo regresó a casa luego de haber sido echado de su casa por un año. Así que ese primer día del reto también fue el primer día de un nuevo comienzo en su matrimonio.

Debbie: Continué con los 30 días, y cada día fue una gran bendición. No solo lo alentaba a él, sino que me recordaba a mí de las cosas que me hicieron enamorarme de él en un principio.

Carmen: El seguir los consejos de este Reto de 30 días tuvo un gran efecto en Debbie, pero también lo tuvo en la vida de su esposo. Este hombre que no se comunicaba fácilmente, comenzó a abrirse.

Debbie: Lo hice sentir amado, respetado y necesitado, y él respondió a eso. Él no siente ahora que será atacado por cualquier cosa que salga de mi boca.

Carmen: Debbie se sorprendió de escuchar a su esposo hacer un comentario cuando fueron a consejería.

Debbie: Dijo que yo he sido muy alentadora desde que él regresó. Cuando una esposa alienta a su esposo, es más fácil para él responder de manera amorosa, amable y alentadora en respuesta a ella.

El Reto de 30 días se ha convertido en un hábito para mí. No puedo expresar lo que ha significado para nosotros dos.

Annamarie: Espero que, al igual que Debbie, experimentes el poder de alentar a otros, y aprendas a dejar que sea el Señor quien controle tu lengua. Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com y descarga el recurso, «Reto de 30 días para esposas», que nuestro equipo ha desarrollado para ti.

Podemos mentir de manera sutil. Identifica las formas en que tu corazón trata de engañar, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy regresa con un último pensamiento.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes serían honestas para reconocer que aún en estos momentos, el Espíritu de Dios ha señalado con Su dedo tu corazón, mostrándote que hay un problema, o quizás más de uno, en tu corazón, del cual necesitas arrepentirte, y que tus palabras solo son un reflejo, una expresión, de lo que hay en lo profundo de tu corazón?

Y ahora solo quieres pedirle al Señor que te perdone, que cambie tu corazón; quieres arrepentirte de lo que Él te ha mostrado en tu corazón. Quieres que Dios cambie tu corazón en esas áreas específicas, sabiendo que las palabras que después saldrán de tu corazón serán la expresión de un corazón puro.

Si esto es verdad en ti, en cuanto a algún tema específico de los que abordamos hoy en el programa, o quizás en algún otro que el Espíritu Santo te haya señalado, quiero orar por ti, orar por nosotras. Gracias por ser honestas.

Señor, tú ves nuestras manos, pero más importante que eso, Tú ves nuestros corazones. Levantamos nuestros corazones a ti y confesamos que queremos justificar y trivializar las cosas que decimos tantas veces.

Pero venimos ante Ti, quebrantadas y humilladas y te decimos, «el problema es nuestro corazón» y rogamos a Ti que nos concedas corazones arrepentidos, que nos limpies, nos purifiques, que llenes nuestros corazones contigo y con Tu Palabra para que lo que salga de nuestra boca sea el fruto de tu Santo Espíritu.

Cámbianos Señor. Cambia nuestros corazones, y cambia la forma como hablamos para que nuestras palabras traigan gloria a Ti. Oramos esto en el nombre de Jesús. Amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.