Podcast Aviva Nuestros Corazones

El poder de las palabras, día 1

Annamarie Sauter: Puedes iniciar una rutina de ejercicios, una dieta saludable, y aún así descuidar el miembro más poderoso de tu cuerpo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Creo que este pequeño miembro, la lengua, puede ser el más poderoso y potente del cuerpo.

De hecho, las Escrituras nos dicen que si podemos controlar nuestra lengua, podemos controlar todo lo demás de nuestro cuerpo.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth, dando inicio a la serie titulada, «El poder de las palabras».

Nancy: Nuestras palabras tienen el poder de herir o sanar. Proverbios 12:18 dice: «Hay quien habla sin tino como golpes de espada», palabras afiladas, cortantes, imprudentes, palabras hirientes. Algunas de nosotras simplemente arrojamos la espada sin pensar quien pudiera estar en el otro extremo o sin pensar en el daño que pudiera causar a los que reciben el golpe.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Quizás puedas recordar o haber leído una noticia hace unos años acerca de un incendio forestal ocurrido en el Bosque Nacional de las Montañas Negras en Dakota del Sur. Más de 80,000 hectáreas de valiosa madera fueron destruidas, y el daño se estimó en más de 40 millones de dólares. ¿Cómo empezó ese fuego?

Bueno, una mujer de 46 años llamada Janice Stevenson admitió que ella se detuvo en una carretera, encendió un cigarrillo, y luego tiró el fósforo encendido por la ventana del auto. En lugar de apagar el fuego que comenzó en un arbusto pequeño, porque ella llegó a ver el pequeño arbusto comenzar a arder, ella encendió su auto y continuó adelante hacia su destino, dejando el fuego arder fuera de control.

Al leer esto me vino a la memoria Santiago capítulo 3 que nos dice que la lengua es un fuego, y que puede ser un fuego salvaje. Es causado por ese pequeño miembro de nuestro cuerpo que se llama la lengua. Santiago dice: «Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!» (v. 5).

Mientras he estado orando y estudiando y buscando al Señor sobre este tema de la lengua, te aseguro que mi corazón está temblando. Este es uno de esos temas de los que me siento tan altamente responsable de lo que Dios me ha venido mostrando, y estoy tan deseosa de que las palabras que yo hable sean puras y sean de Su agrado.

Pero también me estremezco al pensar cuántas veces mis palabras, las palabras que han salido de mi boca, han sido como el fósforo de esa mujer, donde he hablado sin pensar, sin tener idea del fuego salvaje que iba a comenzar como consecuencia de lo que decía, y luego simplemente me alejé dejando atrás un enorme daño.

Creo que este pequeño miembro, la lengua, puede ser el más poderoso, el miembro más potente de nuestro cuerpo. De hecho, la Escritura dice que si podemos controlar la lengua, podemos controlar todo lo demás en nuestro cuerpo.

He pasado mucho tiempo recientemente en el libro de Proverbios, leyendo todo lo que puedo leer en este libro sobre la lengua, la boca, los labios, sobre todo nuestro hablar. He encontrado más de ciento diez referencias a la lengua en el libro de Proverbios, y eso no incluye los versículos que no mencionan específicamente la lengua, como aquellos acerca de cosas como peleas y chismes y cosas que tienen una relación directa con la lengua.

Hoy queremos centrarnos solo en este asunto general del poder y el impacto de nuestras palabras. De hecho, dice la Escritura que nuestras palabras tienen el poder de matar o de dar vida. Ese es un poder bastante increíble. Las palabras que hablamos, y no tienen que ser muchas, incluso a veces lo que decimos que ni siquiera lo pensamos; quizás no teníamos ninguna intención de hacer daño, pero esas palabras realmente pueden, de hecho, hasta quitar la vida; ellas pueden destruir la vida.

Y también, por el contrario, esas palabras pueden dar vida. Proverbios 18:21 es un versículo que espero que memorices y quizás lo escribas (al menos la primera parte del mismo), en varios lugares diferentes en tu casa. Escríbelo en notas, en tu coche, al lado de tu teléfono, ese un lugar donde tenemos que tener muy presente este versículo.

Proverbios 18:21 dice: «Muerte y vida están en poder de la lengua». Muerte y vida están poder de la lengua. «Y los que la aman comerán su fruto», esto es aquellos que aman la lengua, aquellos que aman hablar, «comerán su fruto».

¿Qué es lo que está diciendo exactamente? El escritor está diciendo que nuestras palabras tienen el poder de hacer un bien enorme, o que pueden hacer un daño enorme y causar mucho mal. Nuestras palabras pueden dar vida o pueden destruir la vida. Él está diciendo aquí que las palabras que hablamos, incluso las palabras irreflexivas y descuidadas que lanzamos cuando estamos en una conversación sin pensar, esas palabras tienen consecuencias.

Cuando Janice Stevenson lanzó ese cigarrillo descuidadamente en la maleza seca de ese bosque nacional, tuvo que vivir con las consecuencias de sus actos. Eso fue un crimen federal, porque era tierra federal. Cuando lo lanzó, ella no estaba pensando en el hecho de que su decisión descuidada tendría graves consecuencias.

Así mismo nosotras muy a menudo no pensamos en el hecho de que las palabras que decimos sin pensar, tienen consecuencias. Cuando expresamos palabras que no dan vida, palabras que son destructivas, vamos a vivir con la cosecha y las consecuencias que producen.

Los amantes de la lengua, los que aman hablar, cosecharán las consecuencias, van a comer el fruto de las elecciones que han hecho y las palabras que han hablado.

Proverbios 10:11 nos dice: «Fuente de vida es la boca de los justos», o como dicen algunas traducciones, «manantial de vida».

Verás, las palabras que decimos pueden dar vida; pueden ser como una fuente que da vida a los demás. Pueden ser como un manantial para un viajero cansado en el desierto, para una persona que tiene sed.

A través del Salmo 36 aprendemos que Dios es la fuente de vida. Si queremos hablar palabras que ministren vida a los demás, necesitamos ser llenas del Espíritu de Dios, para que sea Él quien nos motive y nos capacite para hablar palabras de vida.

Nuestras palabras tienen el poder de herir o de sanar. Proverbios 12:18 dice: «Hay quien habla sin tino como golpes de espada», palabras afiladas, cortantes, imprudentes, palabras hirientes. Algunas de nosotras simplemente arrojamos la espada sin pensar quien pudiera estar en el otro extremo o sin pensar en el daño que pudiera causar a los que reciben el golpe.

«Pero», dice, en contraposición, que «la lengua de los sabios es medicina». Ves, esas palabras penetrantes, esas palabras que son como espadas, son palabras que no se piensan. Son cosas que dejamos escapar, tal vez bajo la presión del momento. Es posible que no tengamos la intención de hacer daño, pero cuando hablamos descuidadamente, podemos causar un gran daño.

Por otra parte, el versículo dice que si somos sabias, las palabras que hablamos promueven la salud. Nuestras palabras pueden ministrar gracia y ayuda y salud.

Yo le agradezco a Dios por mis padres y otras personas, por llamadas telefónicas que recibo, personas que hablan palabras de aliento en mi vida. Estoy muy agradecida por las personas que en un momento en que he estado desanimada, supieron cómo levantar mi corazón con una palabra de aliento.

De hecho, Proverbios 12:25 nos dice que las buenas palabras pueden ayudar a curar la depresión. Tú dirás: «No, no lo creo». Pues míralo por ti misma. Proverbios 12:25 dice, «La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, mas la buena palabra lo alegra».

Seguro sabes lo que es, igual que yo, estar en un momento bajo de tu vida y que alguien te llame, o que te encuentres con alguien en la iglesia, o que alguien en tu familia te hable una palabra de gracia, una palabra de ánimo. «Sé que este es un momento difícil, pero yo he estado orando por ti, y sé que vas a estar bien».

Palabras como esas traen salud y la integridad de nuestro espíritu. Pueden levantar el ánimo. Las palabras de bondad, de verdad, de bendición pueden ser sanadoras.

Proverbios 15:4 dice: «La lengua apacible es árbol de vida, mas la perversidad en ella quebranta el espíritu». Así que hay algunas palabras que pueden herir o aplastar nuestro espíritu, pueden destruir la moral.

Mientras estoy hablando, tal vez tú estás pensando en las palabras que te han hablado, tal vez palabras que te dijeron cuando eras una niña, pero que nunca has olvidado. Ellas todavía resuenan en tus oídos y te persiguen. Alguien te dijo que eras gorda, que eras fea, o que eras tonta o que desearía que no hubieras nacido.

A pesar de que eres lo suficientemente grande para saber que esas no fueron palabras verdaderas y que la persona que las habló es quien realmente tenía problemas, hay mujeres que viven toda su vida adulta esclavizadas a estas palabras penetrantes, feas, poco bondadosas que fueron pronunciadas cuando ellas eran niñas.

Ahora, es muy fácil pensar en aquellas palabras que nos hicieron daño cuando éramos niñas, pero tú sabes que no hay nada que hacer en cuanto a eso. No podemos hacer nada en cuanto a esas palabras que nos hablaron.

En lo que tenemos que enfocarnos es en, «¿cuándo he hablado yo esas palabras a otra persona, a un niño, a un amigo, a un padre?» ¿Acaso no es cierto que el lugar dónde hablamos nuestras peores palabras es cuando nos dirigimos a las personas que mejor conocemos?

Proverbios 16:24 nos dice que, «Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos». Quiero que notes la relación aquí entre el cuerpo y el alma, entre nuestra condición física y nuestra condición espiritual interna. Realmente no se pueden separar las dos. Por eso se dice que las palabras, las palabras dulces, pueden ministrar bendición y salud física y espiritual a los demás.

Varios versículos en los Proverbios hablan de cómo las palabras que hablamos pueden traer destrucción y ser una trampa. Encontrarás varios versículos a través de Proverbios sobre este tema.

En primer lugar, podemos destruir a los demás con nuestras lenguas. Y también podemos destruirnos a nosotras mismas. Veamos algunos versículos que hablan acerca de cada una de estas posibilidades.

Primero, la forma en que destruimos los demás. Proverbios 11:11: «Por la bendición de los rectos se enaltece la ciudad, pero por la boca de los impíos es derribada». Aquí vemos dos diferentes tipos de personas: personas rectas y personas malvadas.

Las personas íntegras o rectas hablan palabras que bendicen a otros. Las personas piadosas son bendecidas por Dios, y esa bendición se desborda en su comunidad. Una comunidad será bendecida económica, política, moral y socialmente por personas piadosas, porque la gente piadosa habla de la abundancia de su corazón, y todo el mundo a su alrededor cosecha el beneficio.

Pero una comunidad, y esa comunidad puede ser tu ciudad, tu pueblo, puede ser una nación, esa comunidad puede ser tu familia; una comunidad es derrocada por la boca de los impíos. Las palabras y el comportamiento de los malvados son palabras de engaño, de violencia, de calumnia, y en última instancia, esas palabras resultan en la caída de una comunidad, de un grupo de personas.

Proverbios 26:28 nos dice que, «La lengua mentirosa odia a los que oprime, y la boca lisonjera causa ruina».

He estado en algunos de esos lugares en otras partes del mundo donde hay ciudades antiguas que se encuentran en ruinas. Esas ciudades no son de mucha utilidad. Y piensas, «bueno, puedo ver cómo los ejércitos podrían causar la ruina». Pero ¿puedes imaginar que esta pequeña lengua en mi boca puede causar el mismo tipo de estragos, que en realidad puede causar la destrucción y la ruina?

Puede aplastar a las personas. «La lengua mentirosa odia a los que están aplastados por ella». Ves, las personas que calumnian y dicen mentiras son personas llenas de odio, y ellas destruyen y derriban las vidas y la reputación de los demás. También adulan a otros. «La boca lisonjera produce ruina». Lo hacen con el fin de manipular o de obtener ventaja para sí mismos egoístamente. Pero lo que hacen es dejar ruinas y escombros, esparcidos a su paso.

Algunas de sus vidas han sido arruinadas por cosas que fueron dichas en la niñez, y solo la gracia redentora de Dios ha traído de vuelta a la vida aquellas partes que fueron heridas tan profundamente.

De nuevo, la pregunta no es, qué me han hecho a través de palabras que me ha causado daño, sino qué he hecho yo para arruinar a otros con las palabras descuidadas de mi boca. No solo arruinamos o destruimos a otros con nuestras lenguas, sino que en última instancia, si somos necias, si somos personas necias hablando palabras necias, nosotras vamos a destruirnos a nosotras mismas. Ese tema surge en Proverbios varias veces.

Proverbios 10:14: «Los sabios atesoran conocimiento: pero la boca del necio es ruina cercana». Ves, los sabios se ven limitados en lo que dicen. No dejan escapar todo lo que les viene a su mente. Veremos ese tema de nuevo en el libro de Proverbios. Pero los necios hablan descuidadamente.

La Escritura dice que la boca del necio está cerca de la calamidad. Eventualmente, los necios llegan a arruinarse a causa de las cosas malas que han hablado. Por desgracia, a menudo no es sino hasta después de haber arruinado a un montón de personas en el proceso.

Proverbios 18:7: «La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su alma». Una vez más vemos a una persona que no controla sus palabras. Habla, y abiertamente se autodestruye. Sus palabras son su perdición. Todo su ser se ve afectado.

Ahora, cuando leemos versículos como estos, es fácil pensar en otra persona. Pero, en la medida en que he venido reflexionando sobre estos versículos, meditando en ellos, pidiéndole a Dios que me muestre mi necesidad, Dios continúa señalando con el dedo mi propio corazón, y me dice, «muchas veces tú eres esa persona necia».

Ahora, puedo no hacerlo tan abiertamente, y puede que tú no lo hagas tan abiertamente como alguien que conoces que sus palabras son fuertes, airadas, profanas y corruptas, pero a veces puede ser una simple declaración sarcástica que es como una espada en el corazón de otra persona; que penetra, hiere, destruye. Y en última instancia, nos encontramos atrapadas en esas palabras.

Nuestras palabras no son poca cosa. Bueno, en cierto sentido son pequeñas, pero en otro sentido el impacto que tienen es enorme. Permíteme decirte que esta es un área que la Escritura toca de manera repetida en lo que respecta a nosotras las mujeres.

Ahora, las mujeres no somos las únicas que tenemos problemas con la lengua, pero me han dicho que las mujeres hablan, ¿cuántas palabras más hablan en un día en comparación con los hombres? Las mujeres tendemos a ser un poco más verbales.

Eso no quiere decir que los hombres no pecan con la lengua, pero es interesante que las Escrituras hacen referencia repetidas veces a las palabras de la mujer, y creo que eso es porque proferimos muchas más palabras que los hombres. Tenemos una mayor probabilidad de realmente hacer daño con nuestras lenguas.

Nuestras lenguas, nuestras bocas, como mujeres, pueden ser una gran bendición. Como madre, puedes hablar palabras de aliento y bendición y gracia y bondad a la vida de tus hijos. Pero por la misma razón, las palabras que hablamos en el calor del momento sin detenernos a pensar, pueden hacer un daño enorme.

He sido testigo de esto, como de seguro tú también, en muchos entornos diversos. He visto hogares que han sido destrozados, matrimonios que han sido destrozados, niños que han sido devastados porque una esposa o una madre no sabía cómo controlar su lengua.

Seguro estás pensando, igual que yo, en tu propia familia. Estoy pensando en una de mis hermanas mientras crecíamos. Yo tocaba el piano, ella tocaba el piano. Había algo muy inseguro y competitivo en mí que siempre tenía que estar recordándole cómo ella no estaba haciendo las cosas bien; para levantar mi ego, me imagino, no lo sé. Ese pensamiento cruzó mi mente cuando se acercaba esta sesión.

Ella nunca ha sacado el tema y ella está bien, pero tengo esa pena ahora que pienso en ello, sobre las formas que podría haber ministrado gracia y estímulo y seguridad en la vida de mi hermana menor, pero preferí hablar palabras hirientes. Pues bien, no arruiné su vida, pero pude haberlo hecho.

Pienso en los matrimonios que han sido destrozados. Quizás no ocurrió por ningún asunto muy grave, simplemente una mujer que no podía controlar su lengua, no podía ni quería. Ahora, eso no significa que el hombre no pecó también. Pero como te he dicho, creo que las mujeres somos probablemente más propensas y vulnerables a pecar con la lengua.

En el lugar de trabajo, los chismes, los malos informes, el hablar, el criticar, ¿cuánto daño se ha hecho en los lugares donde tú y yo hemos trabajado, en el ministerio donde sirvo, por las palabras que he dicho o que tú has hablado que han dañado la reputación de alguien, han arruinado su imagen a los ojos de los demás?

¿Por qué tengo, cuando surge el nombre de alguien y yo sé algo malo sobre esta persona que nadie más sabe, por qué será que me veo empujada a señalarla, a decirlo? Es el orgullo que me hace querer verme mejor y querer minimizarla.

Pero estoy destruyendo, estoy hiriendo, y en última instancia yo soy la que va a ser destruida. Voy a autodestruirme si me permito decir ese tipo de palabras.

Creo que las iglesias están muy influenciadas por las lenguas de las mujeres. De nuevo, no es que los hombres no puedan pecar con la lengua, pero hay disputas en las iglesias, divisiones y asuntos de la iglesia que nunca hubieran ocurrido si las mujeres hubieran controlado sus lenguas.

Nuestros espíritus críticos, nuestras bocas chismosas, nuestras quejas, nuestras murmuraciones, nuestras palabras airadas, nuestras palabras vanas, nuestras palabras descuidadas, son como ese fósforo que Janice Stevenson arrojó al bosque nacional y encendió ese incendio forestal que destruyó 80,000 hectáreas de madera y causó 40 millones dólares en daños. Ocurre en nuestras iglesias si no protegemos nuestras lenguas cuando hablamos palabras llenas de ira, palabras sarcásticas, palabras cortantes, palabras de menosprecio, calumnias, chismes.

Ahora, a través de esta serie acerca de la lengua, te voy a estar llamando a hacer lo que el Señor me ha pedido hacer en estos últimos días, y es: arrepentirte. Todas nosotras hemos dicho cosas que no deberíamos haber dicho. Santiago dice que todas pecamos con la lengua.

No estoy diciendo que no pecarás; digo que cuando pecamos, tenemos que ponernos de acuerdo con Dios acerca de esto, confesarlo y arrepentirnos de ello, para venir a Él y ser honestas y humildes y asumir la responsabilidad por nuestras palabras y el daño que hemos hecho con nuestra lengua.

No podemos echar para atrás esas palabras, pero podemos humillarnos e ir delante del Señor y, cuando sea necesario, ante los demás que han sido afectados por nuestras palabras y decir: «He estado tan equivocada. He pecado con mi lengua. La he utilizado como una espada. La he utilizado para herir en lugar de curar. Mis palabras no han ministrado gracia y bendición para ti. ¿Me perdonas por favor?»

A medida de Dios traiga estas cosas a tu corazón, hoy y en el resto de esta serie, tómalas en serio y permanece dispuesta a ir ante el Señor para decir: «Señor, límpiame».

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado animando a orar y a pedirle a Dios que te limpie y te dé una nueva lengua. Él es fiel y contestará nuestras oraciones. Constantemente escuchamos de mujeres que han experimentado un verdadero cambio, y este a menudo es obrado por Dios a través de Su cuerpo, Su iglesia.

Nancy: Así es, y para aquellas que nos sintonizan y desean profundizar más en lo que han estado escuchando, nuestro equipo ha desarrollado un recurso que lleva el mismo título de esta serie que iniciamos hoy, «El poder de las palabras».

Este es un devocional de cuatro semanas a través del cual descubrirás la conexión entre tu corazón y tus palabras. Serás retada a examinarte y a considerar las consecuencias de tus palabras. También obtendrás principios prácticos de la Palabra de Dios para aprender a controlar tu lengua.

Obtendrás un acceso para descargarlo por tu donación hoy. Es nuestra forma de decirte «gracias» por hacer este ministerio posible. Haz tu donación y descarga tu recurso en AvivaNuestrosCorazones.com.

Annamarie: Gracias Nancy. Y gracias a cada una de nuestras oyentes. Todas ustedes son parte de Aviva Nuestros Corazones, ya sea por medio de sus oraciones, de su trabajo voluntario, apoyo económico o que comparten los recursos sin costo que tenemos para todas ustedes en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

El médico te pide que saques la lengua y digas «aaaa. . . » Estés o no sentada en el consultorio, tu lengua dice mucho acerca de la verdadera condición de tu salud.

Nancy: Así que si tengo un corazón crítico, ¿qué tipo de palabras son las que saldrán de mí? Palabras críticas. Cuando hablo palabras airadas, qué te dice eso de mi corazón? Significa que tengo un corazón airado.

La lengua refleja la condición del corazón. Las palabras que yo hablo son el reflejo, un espejo de mi corazón.

Annamarie: Escucha más sobre esto, mañana, en la continuación de esta serie que iniciamos hoy, titulada, «El Poder de las palabras».

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.