Podcast Aviva Nuestros Corazones

Retrato de una sierva efectiva, día 3

Annamarie Sauter: Es posible estar sirviendo a Dios en la iglesia y aun así tener formas equivocadas de pensar. Esto es algo que Leslie Bennett aprendió.

Leslie Bennett: Aun cuando amaba verdaderamente al Señor y deseaba caminar en Sus pasos, era tan ignorante. Había permitido que la forma de pensar del mundo sobre la feminidad se infiltrara en mis actitudes y mis acciones.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, autora del libro «Adornadas», en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Durante los últimos días hemos escuchado un mensaje que di a líderes del ministerio de mujeres, en una de nuestras conferencias acerca de servir por las razones correctas. Es tan fácil pensar que el ministerio se trata de mí. Tengo que volver continuamente a la Palabra de Dios y recordar que todo se trata de Él.

Hoy escucharemos la historia de una mujer que estaba en el ministerio de mujeres tratando de hacer mucho para el Señor. Pero ella se dio cuenta de que no estaba haciendo el trabajo del Señor a la manera del Señor. Sus intentos en el ministerio de mujeres en realidad no apoyaban a los hombres en el liderazgo en la iglesia ni a la iglesia en general.

Ahora, todas nosotras estamos en el ministerio de una u otra manera. Así que el mensaje de hoy es para cada mujer. Dios te ha llamado a un rol ya sea en un ministerio formal o no, en el hogar o fuera del hogar. Pero espero que escuches y te preguntes: «¿Estoy haciendo lo que Dios me ha llamado a hacer con un corazón para servirlo?»

Leslie Bennett sirvió como líder del ministerio de mujeres en la iglesia en Carolina del Sur. Ella ahora es parte del staff de Aviva Nuestros Corazones, ayudando a desarrollar líderes en las iglesias que ayudarán a sus mujeres a crecer en Cristo. Aquí está Leslie dirigiéndose a un grupo de líderes de ministerio de mujeres en una de nuestras conferencias.

Leslie Bennett: Bueno, es el nombre inigualable de Jesús el que quiero exaltar mientras comparto un poco de mi vida contigo. Una historia de quebrantamiento y bendición. Llegué a conocer a Cristo en una relación salvadora a mediados de mis treinta, a través de un estudio profundo de la Biblia. Toda mi vida, hasta ese momento, había estado jugando a la iglesia, totalmente cegada a la realidad de que no era una verdadera creyente.

Como una nueva seguidora de Cristo, desarrollé un hambre insaciable por la Palabra. Eso es bueno. Pero en el fondo estaba orgullosa de mis hábitos de estudio de la Biblia fervientes y de mi vida de oración. Me esforzaba por ser la mejor cristiana que pudiera ser y me acerqué a mi recién descubierta fe como a todo lo demás que había hecho en mi vida, para ser mejor que el resto.

Cuando por primera vez se me pidió que dirigiera un grupo pequeño de estudio bíblico, me moría de miedo. Pero, sin embargo, al mismo tiempo, estaba emocionada por la oportunidad. Mis pensamientos iniciales fueron: Señor, solo espera a ver lo que voy a hacer por ti. Y me propuse demostrarle al mundo qué gran cristiana era y qué valiosa sería para el reino.

Me gustaría mover el calendario al año 2008. A principios de ese verano, durante un tiempo de oración personal buscando al Señor, el Espíritu me llevó a reflexionar sobre el evento de primavera que tendríamos con las mujeres de mi iglesia. Por apariencias externas, fue un gran éxito. Fue el evento más grande que nuestro ministerio de mujeres había orquestado, y las mujeres respondieron visiblemente al final al llamado y al reto que hicimos.

Como directora del ministerio de mujeres, estaba eufórica. Y así, en mi tiempo con el Señor, comencé a revisar la lista de oraciones para este evento en particular. Estaba repasando cómo Dios había respondido abundantemente. Y entonces mis ojos se posaron en esta petición de oración: «Traer avivamiento a las mujeres».

Ahora, para ser sincera, no tenía idea de lo que significaba «avivamiento». Pero yo sabía esto, que parecía algo bueno, sonaba como algo que necesitábamos. Imaginé que el avivamiento sería como un espectáculo de fuegos artificiales, mujeres entusiasmadas con Cristo.

Entonces en mi tiempo de oración con el Señor, le digo : «Seguro que esto es todo, Señor. Oramos para traer avivamiento a las mujeres. Seguramente esto es todo, Señor. Las mujeres fueron avivadas, ¿no es así?»

Estas palabras vibraron en mis oídos: «No habrá avivamiento entre esas mujeres, Leslie, hasta que haya un avivamiento en tu propio corazón». Entonces, el Señor claramente estaba plasmando en mi corazón que no era alguien más quien necesitaba un avivamiento, sino que en realidad era yo quien lo necesitaba.

Tenía que tomar una decisión, elegir entre escuchar la verdad de lo que Dios estaba hablando o hacerme la sorda. ¿Alguna vez has hecho eso antes, intentar desechar lo que escuchas? «No estoy oyendo... déjame ocuparme de otra cosa». Haz que ese pensamiento se vaya.

Y, sin embargo, en ese momento crucial que alteró mi vida, incliné mi cabeza, y llena de lágrimas solo susurré: «Señor, ni siquiera sé cómo se vería eso. ¿Me mostrarías qué hacer?»

Y justo en ese momento, el Espíritu simplemente me llevó a ir a la estantería de libros. Inmediatamente me atrajo un estudio que había comprado dos años atrás. Era el libro, «En busca de Dios: El gozo de un avivamiento en la relación personal con Dios».

Bueno, puede que no sea muy inteligente, pero reconozco cuando un momento es orquestado así por Dios, y esa fue una palabra inconfundible del Señor. Apenas unos días después de comenzar el estudio, en el capítulo dos sobre la humildad, el Señor me envió un golpe demoledor. Él abrió mis ojos para ver Su santidad majestuosa y consumidora en Isaías 6. ¿Y cuál es la única respuesta a la revelación de la santidad de Dios? «¡Ay de mí!»

Y como el profeta Isaías, exclamé: «¡Ay de mí!» Y había leído Isaías 6 innumerables veces. Pero nunca antes las palabras me habían sacudido hasta el corazón. Temblé con lágrimas en mi rostro por el espantoso contraste entre la gloria de Dios ante Su trono y mi pecado tal como si fuera proyectado ante mí en 3-D.

¿Y sabes qué? Por primera vez en mi vida, comprendí claramente el impacto completo de mi pecado que envió a Jesús a la cruz. Y a la luz de Su pureza radiante y penetrante, mi orgullo oculto fue forzado a salir de su escondite, y su
exposición, francamente, fue repugnante.

Y sin embargo, las manos del Señor que me aplastaron en ese momento, no fueron duras. No estaban burlándose. Oh, estaba destrozada, claro. Pero las manos del Señor eran tiernas y misericordiosas. Eran amorosas y fueron perdonadoras.

Verás, había sido quebrantada para ser sanada. Había sido aplastada para ser moldeada por el Maestro alfarero. Gemí disgustada por mi independencia y mi autosuficiencia. Y de ese quebrantamiento, surgió una nueva desesperación por depender de Dios.

Ese día, en el año 2008, mi cristianismo fue redefinido, fui una hija de Dios liberada. E instantáneamente experimenté el gozo del Señor y Su amor como nunca antes. Después de doce años siendo creyente, Dios en Su misericordia me quebrantó para bendecirme con el poder del Cristo resucitado y Su presencia y el amor de nuestro Señor.

Conoces bien este versículo, Proverbios 16:18. Dice: «Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu». Y ese versículo me hace preguntarme qué caída pública horrible pude haber experimentado si Dios no me hubiera rescatado al tambalear al borde del precipicio llamado «orgullo».

C.S. Lewis lo define magistralmente:

El vicio esencial, el mayor mal es el orgullo. La falta de castidad, la codicia y la embriaguez son meras picaduras de pulgas en comparación. Fue a través del orgullo que el diablo se convirtió en el diablo. El orgullo lleva a todos los demás vicios. Es el completo estado mental contra Dios.

¿Entendiste eso? «Es el completo estado mental contra Dios».

Bueno, no es sorprendente que el profeta Isaías fuera inspirado para escribir estas palabras:

«Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos».

El quebrantamiento es la muerte del ego, del «yo», que desata la vida de Cristo. El quebrantamiento da a luz bendición. Amén.

Bueno, durante ese mismo tiempo, en el 2008, una amiga en el ministerio mencionó casualmente una conferencia nacional llamada True Woman (que significa, Mujer Verdadera). Algunas de ustedes pueden estar aquí hoy escuchando porque una amiga les mencionó algo de lo que nunca antes habían oído hablar. Estoy agradecida de que ella no haya dicho, «Leslie, aquí hay una conferencia a la que debes ir».

Pero pensé, mmm. Déjame pensar acerca de esto. Nancy Leigh DeMoss... (en ese tiempo soltera). Escuché que ella es una buena maestra. Realmente no conocía a Nancy muy bien. Conferencia con muchas mujeres. Chicago. Mi iglesia está pagando por esto. Estoy dentro. Inscríbanme ahora mismo.

Así que con no mucho más que un capricho, asistí a True Woman 2008. Y, sentada en la última fila de la sala de convenciones de seis mil mujeres, no tenía ni idea qué esperar. En ese momento no podría haber imaginado el impacto que esos tres días tendrían en mi vida, y sin embargo, Dios me estaba preparando para un momento como este.

Estoy segura de que mi mandíbula cayó al suelo cuando aprendí por primera vez, a los cincuenta años, que los hombres y las mujeres fueron creados y diseñados por Dios para mostrar Su gloria de maneras complementarias. Me cautivó el hecho de que mujeres fuertes como Nancy y Mary Kassian enseñaran la verdad que disipaba todas las ideas erróneas que tenía sobre el diseño de género. Y nació en mí hambre de entender lo que Dios dice sobre la feminidad.

Pero para poder lanzarme a este nuevo ministerio, era necesario estar de acuerdo con el Señor en que mi vida no se alineaba con la autoridad de las Escrituras. Verás, yo era una mujer intensa, cristiana, pero era del tipo, «quítate de mi camino».

Un miembro del personal con que trabajé una vez me dijo que nunca había conocido a nadie. . . Ahora él no dijo «mujer». Él solo dijo: «Nunca he conocido a alguien tan intenso como tú». Él no quiso decir eso como un cumplido, estoy bastante segura.

Una vez, mi pastor me comentó casualmente que los demás hombres del personal estaban buscando no aprobar mi participación. Otro amigo me dijo que cuando me uní al personal por primera vez, yo era una pistola. ¿Alguna vez te han llamado pistola?

Y luego incluso una señora muy dulce en mi iglesia admitió –ahora, esto fue después de que renuncié diciendo, «me voy. Tengo un nuevo llamado». Ella dijo: «Sabes, desde el principio no me caíste bien». Pero las damas te quieren, te lo prometo.

¿Ves la imagen de una mujer determinada, de alto rendimiento? Bueno, si yo tuviera que resumir estos comentarios, diría que los primeros siete años de ministerio fueron más en mi carne, para la gloria de Leslie, y no para la gloria de Dios. Lamentablemente. Me encantaba el éxito más de lo que amaba a la gente. Me preocupaba por orquestar programas más que por participar de los líos en las vidas de las personas.

Es humillante pararse aquí y admitir eso. Pero es verdad. Dios me movió a ser honesta con ustedes hoy. Aunque realmente amaba al Señor y deseaba caminar en Sus caminos, era tan ignorante. Había permitido que la manera del mundo de pensar sobre la feminidad se infiltrara en mis actitudes y en mis acciones.

En True Woman 2008, Nancy hizo este llamado:

Ahora es el momento de que busquemos a Dios para tener un movimiento de reforma y avivamiento entre las mujeres cristianas, una revolución que exalte a Cristo, contracultural, impulsada por la Palabra, que retomará el terreno que se ha entregado a la manera de pensar del mundo por muchos años.

Ella no prometió que sería fácil. De hecho, se nos advirtió que involucraría dificultades, obstáculos y sufrimiento. Pero el Señor ya estaba moviendo mi corazón antes de salir a Chicago.

En primer lugar, este mensaje fue hecho para mí, que debía comenzar a aprender y aplicar, a través de la gracia de Dios, Su diseño distintivo para la feminidad.

En segundo lugar, debía ser una mensajera y llevar la verdad a mi iglesia y a cualquier otra mujer sobre la cual tuviera la oportunidad de ejercer influencia.

Y luego, en tercer lugar, debía ser una guerrera de oración, librando la batalla principalmente de rodillas.

El mensaje del movimiento Mujer Verdadera impulsó mi vida en una nueva órbita. Reformó el alcance, el propósito y el contexto del ministerio de mujeres que dirigía. Estaba prosperando, pero carecía de una apologética bíblica.

Nueva vida y vitalidad se infundieron cuando implementamos un ministerio de Tito 2 llamado: «Discipulado de la Mujer Verdadera». Organizamos una conferencia Mujer Verdadera en Columbia y comenzamos a conversar en la iglesia sobre el diseño de género.

Mis relaciones laborales con los hombres mejoraron, y descubrí muchas oportunidades para afirmarlos y alentarlos en su liderazgo. Me volví fiel en orar por ellos, y no solo por ellos, sino por sus esposas y sus familias. Crecí en respeto por sus contribuciones a la iglesia. Mi dureza se suavizó con apreciación, en lugar de resentimiento, por la autoridad y protección masculinas.

Como una mujer verdadera emergente, hubo implicaciones para mi matrimonio. Encabezando la lista estaba el pedir perdón a mi esposo por las maneras sutiles en las que resistí su liderazgo. Sutil, dije, pero no menos pecaminoso.

Había capas de mentiras y sistemas de creencias defectuosos que el Señor quitó cuando Su verdad se hizo más clara y más hermosa. Con el tiempo comencé a quitarme la armadura que usaba a diario para luchar por mis derechos y mi autoridad. Jamás me di cuenta del daño emocional y físico que necesitaba para mantener una posición de combate.

Abrazar mi rol y el propósito de Dios para mi vida como una mujer, se siente para mí como deslizarme en una bata de baño acogedora y cálida. Me queda perfecta. He bajado las armas. La pelea ha terminado. Qué gozo he descubierto al ser una ayuda y dadora de vida que voluntaria y alegremente se somete como Jesús.

No me malentiendan, porque tengo un largo camino por recorrer, es por eso que nos necesitamos las unas a las otras. Pero oh, qué grande y gloriosa historia de redención tenemos que contar, queridas.

El Señor me ha dicho: «Leslie, no es suficiente que solo tú seas una mujer verdadera. Hay otras mujeres que están desesperadamente encarceladas como tú, y ellas también necesitan escuchar la verdad.

Y entonces Dios me está pidiendo más, que preste mi voz a innumerables otras mujeres para impulsar el movimiento. Si no hacemos sonar la trompeta, ¿quién lo hará? Si no les decimos a nuestras hermanas, ¿quién lo hará? Debo amar a mi hermana lo suficiente como para contarle la historia de cómo el género muestra el evangelio y nos señala hacia la magnífica gloria de Dios.

La declaración que escucho con mayor frecuencia de las mujeres es: «¿Por qué, por qué nadie me había enseñado esto antes?»

Que sea nuestra generación la que revierta el rumbo. Que sea nuestra generación la que esté dispuesta a nadar contra la corriente. Que sea nuestra generación la que humildemente defienda la verdad y recupere lo que el enemigo nos ha robado. Que seamos nosotras.

La tarea es monumental, ¿no es así? involucrará a miles y miles de mujeres que vivan en su vida cotidiana la belleza y la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Se necesitarán miles y miles para enviar las ondas de sonido que resonarán en los años por venir.

El momento de la verdad es ahora. ¿Y adivina qué? No es demasiado tarde. Reconocemos que Aviva Nuestros Corazones y Mujer Verdadera no pueden lograr esto por sí solos. Así que espero que juntas nos unamos a la misión.

Como líderes, ustedes son el catalizador. ¿Cómo se propagan las buenas noticias de forma natural entre las mujeres? De boca en boca. Elizabeth se lo contará a Ana. Ana le contará a Kathy. Y Kathy se lo contará a María. Ya sea que esto suceda a través de las redes sociales, o cara a cara, o en un viaje compartido, así es como se difunden las buenas noticias entre las mujeres.

Consideren el reto del cubo de agua helada. ¿Escucharon sobre esto? Tres millones de donantes recaudaron más de cien millones en donaciones. Y este fenómeno en las redes sociales creó un aumento del tres mil quinientos por ciento a las contribuciones durante el mismo período.

El presidente y director ejecutivo de la MDA, Steven Derks, es citado diciendo lo siguiente: «Hemos sido movidos más allá de las palabras por el poder de la capacidad de una familia para hacer una diferencia tan significativa en la lucha contra la enfermedad que ha cobrado demasiadas vidas».

Bueno, amigas, una mujer puede marcar la diferencia. Y no estamos hablando de recaudar dinero para causas valiosas o de organizar una campaña publicitaria en las redes sociales. Estamos hablando de cambiar la dirección de una vida, un matrimonio, una madre soltera, una viuda, una familia que potencialmente pueda cambiar su legado y glorificar a Dios y exaltar a Cristo en las generaciones venideras.

Y por eso estamos orando para que una multitud de mujeres se unan a esta misión, en sus países, protegiendo y viviendo la verdad en sus hogares, en sus iglesias, en sus vecindarios, en sus lugares de trabajo y en sus ciudades.

¿Y sabes qué?

Dios pudiera estar llamando a algunas de ustedes hoy. Pero un trabajo de esta magnitud exige un costo: fe, valor, perseverancia, humildad, compasión y convicción. Es una tarea del tamaño de Dios. Pero por la gloria de Dios y su gran Nombre, vale la pena.

Nancy:
Acabas de escuchar a mi buena amiga, Leslie Bennett. Ella nos ha estado contando su historia acerca de cómo ella como mujer abrazó el diseño de Dios. Y luego cómo ella dejó que ese diseño afectara la forma en la que ella llevó a cabo y desempeñó el ministerio de mujeres en su iglesia local.

Leslie dio esta charla en una de nuestras conferencias y ha sido un placer conocer a Leslie durante años y ver esta increíble obra del poder de Dios para transformar la forma en que una mujer piensa, vive y ministra. Leslie asistió por primera vez a True Woman 2008, donde fue profundamente redargüida y convicta de pecado, y el Señor hizo una obra profunda en su vida y en su corazón, y la acabamos de escuchar hablando en True Woman.

Si estás intrigada con la historia de Leslie y deseas obtener más información acerca de qué se trata el movimiento Mujer Verdadera, espero que explores los diversos recursos que tenemos en nuestro sitio web para ti. Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Alguna vez te has sentido impotente para ayudar a las mujeres necesitadas a tu alrededor? En nuestra próxima serie veremos a dónde debemos ir para obtener el poder que necesitamos, y por qué el involucrarte es tan importante.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Envíame, La IBI & Sovereign Grace Music, La Salvación es del Señor, ℗ 2014 Sovereign Grace Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.