Podcast Aviva Nuestros Corazones

El poder de las palabras, día 7

María: (Televisor sonando). No debes ver ese programa de TV.

Annamarie: Esta es María.

María: (Una música sonando). No debes escuchar esa música.

Annamarie: Ella está recordando la forma en que le hablaba su esposo.

María: (Ruido de carretera). No debes conducir tan rápido. Bien, ahora puedes cambiar de carril.

Annamarie: ¿Te suena familiar?

María: Realmente debes hacer tu estudio bíblico. Es interminable.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En este punto de nuestra serie actual creo que ya sabes de qué te estamos hablando cuando mencionamos el «Reto de 30 días para esposas». Una mujer que lo hizo nos escribió,

«Terminé el reto de 30 días para esposas. No fui la mejor y me costó mucho trabajo especialmente la última semana. Entendí que el objetivo es animarlo con el amor que solo Dios pone en nosotras y dejar la crítica. Al iniciarlo creé un grupo de 15 mujeres amigas y familiares y las invité a unirse al reto… En ese chat no se enviaban saludos o comentarios, únicamente la información diaria del reto. Recibí mensajes a mi chat personal con testimonios de algunas y sé que Dios nos mostró a un esposo muy diferente al que creemos tener. Estoy muy contenta y doy gracias a Dios por el trabajo de ustedes».

Si no lo has hecho ya, descarga este y otros retos que tenemos para ti en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Y si ya descargaste el reto… ¡compártelo con otras mujeres!

Aquí está Nancy con la continuación de la serie titulada, «El poder de las palabras».

Nancy: Durante los últimos días, hemos estado viendo el libro de Proverbios. Hemos aprendido que algo tan pequeño como la lengua puede producir daños increíbles.

Hemos visto en Proverbios una gran cantidad de usos incorrectos de nuestra lengua, y solo quiero resaltar algunos de estos a manera de revisión y recordatorio.

Hemos hablado sobre el pecado del engaño, el pecado de la mentira, la calumnia, el chisme, la habladuría, el hablar constantemente, y la charla ociosa.

Hablamos de dar falso testimonio y Proverbios habla mucho acerca del pecado de burlarnos con nuestra lengua. Proverbios también habla de las duras palabras, palabras ásperas, y palabras  perversas, palabras que son corrompidas y malvadas, palabras profanas, palabras imprudentes.

Nosotras no hablaremos acerca de estos temas en la serie actual, pero otra cosa de la que Proverbios habla es de jactarnos con la lengua. Otra área que no tocamos fue la discusión, los pleitos, los argumentos, y las palabras contenciosas.

A manera de recordatorio, Proverbios también nos dice que un marido preferiría vivir en la esquina de un tejado o salir y vivir solo en el desierto que tener que vivir con una mujer que tiene un espíritu contencioso y una lengua contenciosa (Prov. 21: 9 y 19, parafraseados). Toda forma de queja puede no solo alejar a los hombres, sino que puede conducirlos a la locura; frecuentemente hacemos esto con nuestra lengua.

Proverbios habla de que una persona necia utiliza la lisonja en sus palabras; palabras ignorantes y tontas (Prov. 28:23, parafraseado). En la medida que hemos venido examinando el libro de Proverbios, hemos sentido la convicción y hemos confesado nuestros pecados. Hemos dicho: «Señor, esa soy yo. Perdóname. El espejo de Tu Palabra ha expuesto mi corazón y me ha mostrado la manera pecaminosa en que uso mi lengua».

Hemos visto que estas maneras pecaminosas de hablar están conectadas a nuestro corazón pecaminoso. Porque de la abundancia del corazón habla la boca (Luc. 6:45, parafraseado). Hemos llorado, oramos y compartimos lo que hemos aprendido. Le hemos pedido al Señor que limpie nuestros corazones y nuestras lenguas. Queremos asegurarnos de que no estamos solo evitando el uso incorrecto de la lengua, sino que también estamos utilizando la lengua de manera que sea justa, sana y buena.

Durante esta serie una de las mujeres dijo en medio de una de las sesiones: «He estado pensando en tomar una semana de ayuno de hablar. Un ayuno con mi lengua». Esa podría no ser una mala idea. Yo compartí con ustedes la forma en que ayuné de hablar por aproximadamente cuarenta horas, excepto cuando me hablaba a mí misma en voz alta, allí perdía el control.

Sin embargo, no puedes estar siempre callada. Dios no quiere que nos mantengamos en silencio para siempre. Dios quiere que usemos nuestras lenguas de modo que den vida, que construyan, edifiquen, y animen.

Proverbios nos ha dado un montón de información sobre los medios adecuados para usar nuestra lengua. Las Escrituras nos enseñan a hablar palabras que ayuden, animen y expresen sabiduría. Se nos ha desafiado a hablar pocas palabras, pero apropiadas. Debemos hablar palabras oportunas, apropiadas, amables y verdaderas.

Un área que todavía no hemos tocado, y que es mencionada en el libro de Proverbios, es la de hablar reprendiendo sabiamente. Ahora, esta es una espada de doble filo, porque cuando estamos dando una reprimenda, estamos seguras de que esto es sabio, pero la persona que recibe la amonestación quizás no esté convencida de que así sea.

Si amonestamos a nuestros hijos, a miembros de la iglesia, o a alguien en el trabajo, tenemos que asegurarnos de que nos hemos ocupado de los asuntos de nuestro propio corazón de los cuales quizás hemos estado ciegas.

Somos capaces de ver claramente la vida de otra persona, pero no somos capaces de ver lo obvio en nuestras propias vidas. Cuando reprendemos, tenemos que hacerlo con un espíritu de humildad y mansedumbre, porque hay lugar para la reprensión amorosa, sabia y amable.

Proverbios habla acerca de la belleza de las palabras del que reprende con sabiduría, al que tiene oído dócil (Prov. 25:12, parafraseado). Dios usó este versículo en mi vida no hace mucho tiempo para enseñarme que yo debía tener un oído que respondiera positivamente a la reprensión sabia.

No se puede hablar de la lengua sin hablar del oído. Si vamos a estar reprendiendo sabiamente, tenemos que asegurarnos de que estamos escuchando la sabia reprensión que Dios nos hace en el camino.

Proverbios nos habla de defender la causa de los afligidos con nuestra lengua, lo que significa que debemos usar palabras cuidadosamente escogidas (Prov. 31:9, parafraseado).

Tengo que decir que uno de mis mayores temores, al estar en el ministerio y en la enseñanza de la Palabra de Dios, es que corro el gran peligro de pecar con mi lengua mientras me dirijo a los demás y mientras estoy enseñando la Palabra de Dios.

Proverbios nos dice que donde hay muchas palabras, el pecado es inevitable (Prov. 10:19, parafraseado). Sé que cuanto más hablo, mayor es la probabilidad que tengo de pecar con mi lengua.

Es por eso que trato de tomar tiempo para preparar y escribir un montón de notas. Sé que cuando me pongo a hablar fruto de la casualidad o sin pensar, voy a ser más propensa a decir algo que no es sabio, prudente o apropiado.

Hemos visto los usos correctos y los usos desatinados de la lengua en el libro de Proverbios. Permíteme hacer algunas sugerencias finales de la Palabra de Dios acerca de cómo aplicar lo que hemos aprendido, lo que hemos visto.

Primero, cuando Dios nos revela un problema en nuestro corazón, el primer paso es el arrepentimiento, confesar las formas en que hemos pecado con nuestra boca. No hay que centrarse en la forma en que otros han pecado contra nosotras con su lengua, sino en lo que Dios nos ha mostrado a nosotras.

En segundo lugar, pide a Dios que purifique tu corazón. Pídele que lo limpie. Cuando tengas un corazón puro, hablarás palabras puras.

El tercer principio es llenar tu corazón con la Palabra de Dios.

Proverbios capítulo 30, versículo 5 nos dice que, «Toda palabra de Dios es probada». Si mi mente y mi corazón están llenos de la Palabra de Dios, cuando yo sea empujada o presionada por las circunstancias de la vida, ¿qué será lo que saldrá? Serán palabras puras porque será la Palabra de Dios.

Proverbios capítulo 2, versículo 6 nos dice: «El Señor da la sabiduría». ¿Quieres un corazón sabio y una lengua sabia? ¿Dónde podrás obtener esa sabiduría? El Señor es quien da la sabiduría. «De su boca viene el conocimiento y la comprensión».

Proverbios habla de que quien tiene el conocimiento en la boca: habla con sabiduría, y conocimiento. ¿De dónde obtienes la verdadera sabiduría y el conocimiento? Lo obtienes de parte del Señor.

Así que llena tu mente, llena tus pensamientos, llena tu corazón con la Palabra de Dios.

Si pasas el tiempo escuchando los programas de televisión del mundo, leyendo revistas del mundo y libros del mundo, llenando tu vida con información mundana, entonces hablarás como el mundo.

Por eso fue que esta mañana tuve que levantarme temprano, antes de que nos reuniéramos hoy, para entrar en la Palabra de Dios, para dejar que Ella saturara mi mente y mi corazón. Dejarla limpiarme, lavarme, y llenarme, para que por la gracia de Dios, las palabras que hable hoy sean palabras de sabiduría.

En cuarto lugar, tenemos que poner guarda a nuestras bocas, tenemos que establecer un vigilante, un guardaespaldas, un guardia de la lengua, o un bozal. Tenemos que pedirle a Dios que proteja nuestra lengua y que guarde nuestros corazones. Yo he rogado muchas veces durante años que Dios guarde mi corazón por el poder de Su Espíritu Santo.

Él puede mantener la vigilancia aún cuando yo me haya olvidado de vigilar. Pero también necesito proteger mi propia lengua. Dios no lo va a hacer sin mi cooperación.

Proverbios 13 nos dice: «El que guarda su boca, preserva su vida; el que mucho abre sus labios, termina en ruina» (v. 3). Guarda tu boca.

Proverbios 21, versículo 23 dice: «El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias».

Creo que podemos ayudarnos unas a otras con amor y gracia. Cuando estemos en una conversación de grupo y se esté hablando mucho, cosas fuera de los límites, tenemos que aprender con gracia y con amor a frenar nuestros labios; y aun estar dispuestas a traer a otros de nuevo a una posición segura.

Hay un versículo que no se encuentra en Proverbios, sino en los salmos, que te voy a desafiar a que memorices y hagas parte de tu vida.

El Salmo 141, versículo 3 es una oración que yo he hecho muchas veces, y me encontré orándola de nuevo, ya que me estaba preparando para esta serie.

El Salmo 141:3 dice: «SEÑOR, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios».

Si yo fuera tú, escribiría este versículo en varias tarjetas de 3x5, y pondría una al lado del teléfono. Ahora, tengo muchos teléfonos en mi casa, así que tengo un montón de ellas. A medida que atiendas el teléfono, ora: «Señor, «pon guarda, oh Señor, sobre mi boca; vigila la puerta de mis labios».

Pon una en tu cuarto de baño, donde te preparas en la mañana. Pon una en tu mesita de noche. Pon una en tu coche. Antes de ir a una reunión, una cita, o a almorzar con una amiga, haz esta oración: «Pon guarda, oh Señor, sobre mi boca; vigila la puerta de mis labios».

La Palabra dice que si guardas la boca e invocas la ayuda del Señor, guardarás tu alma de destrucción y problemas. Pídele a Dios que haga tus palabras sabias y amables.

Uno de mis versículos favoritos en el libro de Proverbios está en el capítulo 31, versículo 26. Este es otro versículo que te animo a memorizar.

Este capítulo habla acerca de la mujer virtuosa, y dice: «Abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua». ¿Podría tu familia afirmar que este versículo te describe? ¿Dirían las personas en tu lugar de trabajo que este versículo describe la manera en que hablas?

¿Ellos dicen?: «¡Esa mujer! Cada vez que abre su boca, derrama palabras de sabiduría. Incluso si está guiando o instruyendo a sus hijos y estableciendo reglas, sus palabras siguen llenas de bondad. Ella es una mujer sabia y amable. Esa es la clase de mujer que yo quiero ser».

Te digo algo: esto no viene de manera natural, sino que viene sobrenaturalmente. Por el poder del Espíritu Santo controlándonos y llenándonos, llegaremos a ser mujeres con corazones sabios y amables, que hablen palabras sabias y amables.

¡Qué regalo podrías darle a tu familia! ¡Qué regalo le podrías dar a tu esposo, a tus hijos, a tu compañera de cuarto, o tus compañeros de trabajo; a los que van a la iglesia, vecinos y amigos, un corazón sabio y bondadoso, del cual fluyan palabras sabias y amables!

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando cómo ofrecerles palabras amables, palabras de gracia a los que nos rodean.

Una mujer que ha estado creciendo en esta área de su vida nos comparte su historia.

María: Hace apenas unas semanas, el Señor me desafió porque no se supone que yo deba ser la madre o la maestra de mi marido, pero debo ser su sierva y tengo que aprender de él. Me recordó que ya había dado a mi marido una madre y que ella es preciosa, una madre piadosa. También me recordó que Él también le había dado a mi marido un maestro, y que este es el Espíritu Santo. Para mí esto fue realmente una gran noticia. Después de haber estado casada 32 años, esto implicaría un gran cambio.

He compartido esto con Nancy. El día antes de que el Señor me trajera convicción sobre esto, mi marido se había comido un plato lleno de dulces viendo uno de los partidos de fin de temporada. Me preocupaba y me irritaba mucho con él, y le decía cosas maliciosas, como: «Deberías haberte echado la azucarera en la boca». «Se te van a podrir los dientes. Aún una madre no debería corregir a sus hijos de esa forma.

Cuando el Señor me trajo convicción, le dije: «Sabes, yo estaba muy equivocada, Al. ¿Me perdonas?» Se volvió hacia mí con la boca abierta (mirándome sorprendido). Entonces le dije: «Por favor, sé paciente conmigo. Me ha llevado 49 años llegar hasta aquí, y soy de lento aprendizaje».

Puse una pequeña tarjeta en mi cuarto de baño, donde se cita el versículo que dice: «Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, pues de Él viene mi esperanza» (Sal. 62:5). Junto con una nota: «María, por favor, deja de estrangular a Al y a tus hijos con tus expectativas».

Mi hija menor, que todavía está en casa a la edad de 21 años, ya ha dicho: «Mamá ¿has visto la diferencia en papá las últimas semanas?»

Ella sabía que yo estaba luchando con persistencia tratando de obedecer al Señor. Para animarme, me dijo: «Incluso las oraciones de papá han sido diferentes». Unos días más tarde, ella me dijo: «Mamá, ¿te fijaste cómo papá está sonriendo más?»

¡Dios es tan bueno, y todavía podemos aprender!

Nancy: María, ¿cuáles son algunas de las áreas prácticas en las que te sientes tentada a ser la maestra de tu marido?

María: Yo diría que en cosas como: «No debes ver ese programa de TV». «No debes escuchar esa música». «Debes parquearte allí». «No debes conducir tan rápido». «Debes cambiar de carril ahora». «Realmente deberías hacer tu estudio bíblico». Serían interminables. Ni siquiera han pasado seis semanas, y estoy asombrada.

Nancy: ¿Te ha pasado que has dejado de fastidiarlo o de ser su madre o maestra y que él aún hace cosas que tú desearías que él no hiciera? ¿Cómo manejas eso?

María: Salgo fuera o me voy al cuarto de baño y oro. Pero toma solo un poco de tiempo para que el Señor me muestre que la diferencia en él es debida al cambio en mí. En segundo lugar, el Señor con frecuencia me ha mostrado que Él les habla a aquellos que están bajo autoridad antes de hablarles a aquellos en autoridad.

Lo que le estaba haciendo a mi marido no estaba permitiendo que Dios fuese su maestro. Él es el líder, y esta es una posición designada por Dios. Yo solo la estuve usurpando todo el tiempo y desinflando su confianza.

Me sentí doblemente convicta. Pero cuando empecé a mostrarle respeto al no interrumpirlo, al no añadir a su historia cuando habla, al no corregirlo frente a otras personas, comenzó a sentirse validado y aceptado como líder. Él ha estado actuando como el líder que siempre he querido que sea. Él siempre ha sido el líder, pero yo estaba usurpando su lugar.

Nancy: Hace un rato, reté a una mujer que tiene un matrimonio difícil. La desafié a un compromiso de 30 días. Le dije: «Quiero pedirte que hagas dos cosas en los próximos 30 días. Una de ellas es negativa, la otra es positiva».

«En primer lugar, por los próximos 30 días, tienes que comprometerte a no decir una sola cosa negativa acerca de tu marido, no a él, y ciertamente no a nadie más a su alrededor. No hables con tu madre, tus hijos, o con tus amigos ni una sola cosa negativa acerca de tu marido».

Deberías haber visto sus ojos. Había caído en el mal hábito, como muchas de ustedes lo hacen en sus hogares, de fastidiar a su esposo por las cosas que le molestaban de él.

No estoy diciendo que no hay cosas… es decir, probablemente habrá cosas que me molesten o te molesten. No estoy diciendo que no había problemas, pero ella había sido insistente en esas cosas. Había llegado al lugar donde solo podía ver a su marido a través del lente del fracaso. Él no podía hacer nada que la complaciera.

Yo sabía lo suficiente sobre esta situación para conocer que él tenía problemas, pero ella también los tenía. También había cualidades en los dos que eran dignas de admirar. Pero ella las había perdido de vista, y tal vez él también, no puedo hablar por él.

Le dije: «Por los próximos 30 días, no puedes decir nada negativo acerca de tu marido». Ella tragó en seco. Había llegado a un lugar donde ella realmente quería que Dios la cambiara. Si no hubiera llegado a ese lugar, no creo que hubiera recibido la sugerencia. Había llegado al lugar donde estaba dispuesta a deponer su propio plan o agenda por llegar a ver un cambio en su marido. Estaba desesperada.

Yo le dije: «Ahora, aquí está la otra parte del desafío de 30 días: Todos los días, durante los próximos 30 días, tienes que decir algo que aprecies sobre tu marido. Díselo a él, y díselo a alguien sobre él».

Fue incluso más que un desafío en algunos aspectos, ya que hacía bastante tiempo que ella no pensaba de esa manera. Le dije: «Todos los días, piensa en algo que aprecies de él. Si no puedes pensar en 30 cosas, piensa en una cosa y repítesela todos los días durante 30 días; verbalízasela. Dile lo que aprecias de él, y díselo también a otra persona».

Le dije a ella lo que te digo a ti: No puedo prometerte nada acerca de lo que le sucederá a él dentro de los próximos 30 días, pero, le dije a ella, te prometo que vas a ser diferente en 30 días.

¿Por qué? Debido a que vas a ver a ese hombre a través de los ojos del amor, la clase de amor que nunca falla.

De acuerdo a la Palabra de Dios, tú puedes aprender a amar. Hay una fuente sobrenatural de amor que está dentro de ti si eres una hija de Dios y eso significa que hay esperanza; una esperanza tan grande y tan majestuosa como el amor de Dios.

El amor dice: «¿Qué puedo dejar que Dios haga en mí que satisfaga las necesidades y ministre a la persona que Dios me ha llamado a amar, sea que reciba algo de ella o no? ¿Cómo puedo ser una dadora en esa relación?»

«Yo no voy a señalar más con el dedo. No voy a sentarme aquí y esperar a que la otra persona cambie. Voy a dejar, Señor, que Tú me cambies. Voy a dejar que Tú ames a través de mí, estoy dispuesta a ser mal entendida, estoy dispuesta a ser perjudicada».

¿No es de eso de lo que se trata el Calvario? Mira 1 Pedro 2, el último párrafo. Jesús, el perfecto, sin pecado, el Hijo de Dios, no cometió pecado. Ni se halló engaño ni pecado en su boca. Cuando fue tratado injustamente, cuando fue atacado, cuando padecía, no amenazaba. Él no respondía con maldición; Él no tomó venganza. En cambio, Él solo tomó nuestro pecado, Él tomó la agresión, tomó la vergüenza, Él tomó las falsas acusaciones.

El poder en ese pasaje está en que «por sus heridas, que fueron inmerecidas, nosotros fuimos sanados» (vv. 22-24, parafraseado).

Hay hombres representados en este salón que nunca sanarán espiritualmente a menos que haya una mujer que esté dispuesta a amar como Jesús. Eso significa que ella debe tener la voluntad de absorber, tomar y llevar los pecados de los demás, eso es el amor.

Tú no tienes que amar de esa manera. Puedes permanecer egoísta, puedes permanecer orgullosa y miserable, o puedes dejar salir el amor de Cristo a través de ti. Déjate llenar de Su Espíritu. Déjalo que te dé un amor sobrenatural por tu esposo.

«Bien», preguntas, «¿cambiará él?» No puedo decirte eso, pero te voy a decir que «tú vas a cambiar».

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado ofreciendo un reto, el «Reto de 30 días para esposas». Hemos compartido este reto en otras ocasiones y constantemente oímos de mujeres que han visto resultados asombrosos. ¡Anímate tú también! Descárgalo a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, ¡y compártelo! Este recurso te proporcionará pasajes de las Escrituras cada día durante el desafío, te ayudará a recordar el no decir nada negativo, y te dará ideas sobre cómo puedes animar a tu esposo.

Escucha lo que otra mujer aprendió al hacer el reto,

Mujer: Se necesitaría más tiempo de lo que yo quiero tomar ahora para dar cientos de ejemplos de cómo mis regaños nunca funcionaron. Siempre los hice con el pretexto de «compartir la verdad en amor».

Pero Dios intervino a Su tiempo. Trabajó en el corazón del padre de mis hijos. Creo que eso es lo más importante. Cuando me hago a un lado y dejo que Dios obre en la vida de mi marido, y yo como su compañera le animo, lo dejo todo en manos de Dios. Si hay cualquier cambio que mi marido tenga que hacer, Dios lo hará. Dios cambiará mi corazón y me hará la mujer que mi marido necesita para que él pueda ser el líder de nuestra familia.

La oración y pasar tiempo constante en Su Palabra es la línea directa. Creo que eso fue lo que el reto me mostró, en última instancia.

Fue maravilloso hacer el reto. Se lo recomiendo a todas las mujeres, incluso si piensan que su matrimonio va de maravilla, refuércenlo aceptando este desafío.

Annamarie: Hay cosas que quisiéramos recordar que olvidamos, y hay cosas que quisiéramos olvidar pero las recordamos, como las palabras hirientes que se nos han dicho. Mañana, Nancy nos mostrará la libertad del dolor que Dios puede dar, así que no te pierdas la conclusión de esta serie, «El poder de las palabras», aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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