Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: No verás un cambio verdadero sin el poder del Espíritu Santo.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Si no creyese yo en el poder del Espíritu Santo para hacer todas las cosas nuevas, probablemente buscaría otro tipo de trabajo; porque las personas están tan mal, estamos todos tan mal, y nuestras vidas no tendrían esperanza. Están deshechas, son oscuras y están vacías aparte de lo que el Espíritu de Dios hace en nuestras vidas. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La porción de la Escritura para hoy es Salmos 1 al 8.

A lo largo de nuestra serie actual hemos cubierto temas tales como una conciencia tranquila, el perdón, la pureza sexual y más. Esta semana, la número once del estudio, «En busca de Dios», nos enfocaremos en el poder que hace posible que todas estas cosas se desarrollen en nuestras vidas. Aquí está Nancy.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes han estado en las Cataratas del Niágara? Es realmente espectacular, ¿no es cierto? Son las segundas cataratas más grandes del mundo. Hay un lado canadiense y un lado americano —de hecho hay dos vertientes diferentes. En el lado de Estados Unidos, caen 150,000 galones de agua por segundo, que caen desde una cascada de 176 pies. Del lado canadiense, las Cataratas de la Herradura (Horseshoe Falls), caen 600,000 galones por segundo.

Hasta bien entrados los 1800, las cataratas fueron solo una bella atracción turística, pero luego los científicos descubrieron que aquella agua era una fuente de poder, de energía. Eso fue solo el comienzo. Hoy el río Niágara es una de las fuentes de poder hidroeléctrico más importantes del mundo. Si combinas la energía de todas las plantas, estas generan alrededor de 4.5 millones de kilovatios de electricidad. Eso es suficiente para encender 44 millones de bombillas de 100 vatios cada una. ¡Eso es mucha energía!

La energía estaba ahí todo el tiempo, pero tuvo que ser canalizada y usada antes de que pudiera ser efectiva. Hoy quiero decirles —con todo y lo poderosas que son las Cataratas del Niágara— que hay otra fuente de energía que es mucho más poderosa. Es el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, así como ocurrió con las cataratas del Niagara hace más de cien años, el poder del Espíritu Santo en la mayoría de nuestras vidas hoy está intacto, sin explotar.

El ministerio del Espíritu Santo es una de las verdades más cruciales de toda la Palabra de Dios, y cada hijo de Dios necesita entender cuál es esta fuente de poder y como puede ser canalizada y usada en nuestras vidas.

Satanás tiene maneras —y lo hemos visto a lo largo de la historia de la iglesia— de hacer que el pueblo de Dios vaya a uno de dos extremos cuando se trata del Espíritu Santo.

  • Uno es descuidar el Espíritu Santo. Millones de cristianos hoy no están ni siquiera conscientes del ministerio del Espíritu Santo. Ignoran lo que el Espíritu Santo vino a hacer y lo que pretende y puede hacer en nuestras vidas como creyentes. De manera que dejan de lado el Espíritu Santo. A Satanás le encanta si ignoramos el Espíritu Santo, pretendiendo que no está ahí, porque así no se llega a liberar ese poder en nuestras vidas.
  • El otro extremo podríamos llamarlo ABUSO. Es usar el Espíritu Santo en maneras diferentes a las que Dios deseó. Cuando hacemos eso, puede ser hasta peligroso, tanto como podría ser abusar o mal usar la energía hidroeléctrica.

Al considerar el trabajo y el ministerio del Espíritu Santo, necesitamos recordar que el Espíritu Santo no es una cosa. El Espíritu Santo es una PERSONA real, viva. Es el tercer miembro de la Trinidad. Es igual a Dios. Él es Dios. El Espíritu Santo ha estado activo e involucrado en este mundo desde la creación. De hecho, me encanta el pasaje de Génesis 1, versículo 2, el segundo versículo de la Biblia que nos habla del papel del Espíritu Santo en la creación.

Escucha lo que este versículo dice: «La tierra estaba sin orden y vacía». Algunas de sus traducciones dicen que estaba sin forma y vacía. «Y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz» (Gén. 1:2-3).

Al leer ese versículo, a menudo pienso en lo mucho que esto ilustra la condición de nuestras vidas antes de que Dios entre y comience a crear vida. Nuestras vidas están sin orden y vacías, en tinieblas separadas de Cristo. Si eres una hija de Dios, es porque en algún punto el Espíritu de Dios comenzó a acercarte a Cristo. El Espíritu de Dios se movía sobre esa condición de tinieblas, sin orden y vacío de tu vida.

En esas tinieblas Dios habló y dijo: «Sea la luz». Dios encendió la luz en tu corazón. Te mostró a Cristo. Te mostró tu pecado. Te mostró Su solución a tu pecado. Te dio fe. Te dio arrepentimiento.

Es parte del ministerio del Espíritu tomar ese mundo oscuro, sin forma y vacío, y crear vida allí, llenando los espacios vacíos, y encendiendo la luz en la oscuridad. Eso es lo que el Santo Espíritu de Dios hace —no solo en nuestras vidas sino en nuestros hogares e iglesias.

Si no creyese en el poder del Espíritu Santo de hacer nuevas todas las cosas, probablemente buscaría otro tipo de trabajo, porque las personas están tan dañadas, estamos tan dañados. Nuestras vidas no tienen esperanza. No tienen forma; son oscuras y vacías cuando las vemos apartadas de lo que el Espíritu de Dios puede hacer en nuestras vidas.

  • El Espíritu Santo se especializa en tomar los desastres y los transforma
  • Trae orden en medio del caos
  • Trae abundancia donde antes había vacío 
  • Trae luz en la oscuridad
  • Él está morando
  • Él está activo
  • Él está vivo
  • Él está trabajando
  • No puedes verlo

No sabes lo que Él está haciendo, pero el Espíritu de Dios está activo y vivo y mora sobre las profundidades de tu vida —-sobre tu matrimonio, tu esposo, tus hijos, tu iglesia. En Su forma y en Su tiempo, Él es capaz de transformar la situación más desalentadora y desesperada.

Este concepto está en todas las Escrituras. Hay un pasaje en Isaías 32, por ejemplo, que habla acerca de un tiempo oscuro, sin forma y vacío en medio del pueblo de Dios. Dice: «Porque el palacio ha sido abandonado, hecha un desierto la populosa ciudad»
(v. 14). Esto nos habla de desaliento, de vacío. «Hasta que se derrame sobre nosotros el Espíritu desde lo alto, el desierto se convierta en campo fértil». El Espíritu Santo puede transformar el desierto en un campo fértil. Puede transformar una vida, un hogar o una iglesia o comunidad o país que ha sido abandonado o está desierto. Él puede transformarlos en algo bello y valioso cuando es derramado desde lo Alto.

El Espíritu Santo toma algo natural y lo convierte en algo sobrenatural. Ninguno de los programas y planes y esfuerzos en el mundo, al margen del Espíritu Santo, pueden hacer lo que el Espíritu Santo puede lograr en un momento determinado.

Dependes del Espíritu Santo para la transformación de tu vida; para la transformación de las vidas de las personas que amas. Consciente o inconscientemente tú y yo, como hijas de Dios, somos absolutamente dependientes del Espíritu Santo de Dios para cada uno de los aspectos de nuestras vidas cristianas. Te des cuenta o no.

Consciente o inconscientemente, si eres una hija de Dios —escucha bien esto— si eres una hija de Dios, tienes dentro de ti la mayor fuerza de poder en todo el universo: el Espíritu Santo. Poder ilimitado. Lo que Él puede hacer en y a través de ti es lo que queremos explorar en los siguientes programas en esta semana.

Sentimos una carga, no solo anhelamos conocer más de Dios, sino que también sentimos carga para que Dios envíe un avivamiento a nuestras iglesias, a nuestra nación, a nuestro mundo y a nuestros hogares. Recordemos que dependemos del mover del Espíritu Santo de Dios. Él puede. Él es capaz. Al orar por avivamiento, estamos orando para que el Espíritu Santo sea derramado desde lo alto sobre nosotros.

Ya el Espíritu Santo ha sido dado a la iglesia, pero hay un sentido en el avivamiento del pueblo de Dios, en el que Dios —de una forma fresca— derrama Su presencia manifiesta sobre los suyos.

Un teólogo, Wayne Grudem, lo dice de esta forma, «El trabajo del Espíritu Santo es manifestar la presencia activa de Dios en el mundo y especialmente en la iglesia». Eso es lo que hace el Espíritu Santo de Dios. Manifestar la presencia activa de Dios en el mundo y especialmente en la iglesia.

¿Estarías de acuerdo conmigo en que necesitamos un fresco derramamiento de la presencia de Dios en nuestro mundo hoy? ¿Estarías de acuerdo conmigo en que necesitamos eso en la iglesia? ¿En nuestros hogares? Quizás lo necesites en tu hogar. ¿Reconocerías, como lo hice yo, que todos necesitamos ese derramamiento continuo, fresco de la presencia de Dios en nuestras propias vidas?

¿Cómo sucede eso? Es el Espíritu Santo quien hace a Dios tan real para nosotros. Es el Espíritu Santo quien es la presencia activa de Dios en nuestro mundo y especialmente en la iglesia. De manera que es el Espíritu Santo quien renueva, restaura y aviva. En Isaías capítulo 44, versículo 3, Dios dice: «Porque derramaré agua sobre la tierra sedienta, y torrentes sobre la tierra seca; derramaré mi Espíritu, dice Dios, sobre tu posteridad, y mi bendición sobre tus descendientes».

Hay bendición donde el Espíritu Santo es derramado. Cuando el Espíritu Santo es derramado en tierra sedienta y seca, esa tierra es refrescada y renovada y se convierte de nuevo en tierra fértil.

Por eso Jesús dijo en Juan capítulo 7 —creo que es una de las más grandes promesas que hay en toda la Palabra de Dios: «El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”. Pero Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir» (vv. 38-39).

Cuando Jesús se preparaba para ir a la cruz y sabiendo que poco tiempo después dejaría a sus discípulos y volvería al cielo, sabía que estarían tristes por Su ausencia, y por cómo se las arreglarían sin Él. Ellos se habían vuelto dependientes de Él. Él se había convertido en todo para ellos.

Él consoló sus corazones diciéndoles, «cuando vaya al cielo, les enviaré del Padre uno tal como yo, otro Ayudador que estará con ustedes siempre» (Juan 14:16, parafraseado).

Esa palabra traducida como Ayudador, viene del griego y es la palabra parakletos. Algunas de sus traducciones la definen como un «consolador, un consejero, un ayudador o abogado». ¿Saben por qué tantas traducciones? Porque es una palabra difícil de traducir. Porque,

  • Es un ayudador que lo abarca todo
  • Él fortalece
  • Se refiere a alguien que es llamado a asistir a otro, permaneciendo a su lado
  • El Espíritu Santo, nuestro ayudador

Solo quisiera bien rápido repasar unas doce o catorce cosas que el Espíritu Santo hace en la vida del creyente porque quiero que se familiaricen con el ministerio del Espíritu Santo y que se gocen en lo que este hace en y por nosotros.

Primero, aun antes de que fuésemos cristianos, el Espíritu Santo estaba involucrado en nuestras vidas físicas. Él es quien da vida; no solo vida espiritual sino vida física. Job 33:4, dice: «El Espíritu de Dios me ha hecho,
 y el aliento del Todopoderoso me da vida». ¿Sabes que no podrías respirar si no fuera porque el Espíritu de Dios te da aliento?

En el proceso de conversión y regeneración, el Espíritu Santo se involucra activamente en darnos vida espiritual. Por ejemplo, vemos en Juan capítulo 16, que Él convence a aquellos que están sin Cristo, de sus pecados. Él los convence de que están perdidos y que necesitan un Salvador. Antes de que puedas venir a la fe en Cristo, el Espíritu Santo tuvo que convencerte de que necesitabas un Salvador.

Así que Jesús les dijo a sus discípulos: «Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio». Es el Espíritu Santo quien da el nuevo nacimiento. Jesús dice en Juan capítulo 3, versículo 5 a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios».

Jesús dijo en Juan 6:63: «El Espíritu es el que da vida». Creo que aquí está hablando de la vida espiritual, de la vida eterna. Cuando nos convertimos en cristianos, el Espíritu Santo es quien nos bautiza como parte del cuerpo de Cristo, nos hace parte del cuerpo de Cristo.

Entonces las Escrituras dicen que Él nos sella. Somos sellados con el Espíritu Santo. Pablo les dice a los Efesios que el sello es la garantía de que son propiedad de Dios. Significa que estamos marcados, que le pertenecemos a Dios. Es similar a un anillo de compromiso. El Espíritu Santo es esa evidencia, un depósito, una promesa de lo que está por venir. 

Entonces sabemos por el libro de Romanos, que el Espíritu Santo mora en cada hijo de Dios. Él vive en ti, si eres cristiana. ¿Sabes qué? Jamás te dejará. Si eres una hija de Dios, el Espíritu Santo vive permanentemente en ti.

Pablo dijo en Romanos 8:9: «Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él». Así que el Espíritu de Cristo está en ti, esa es una evidencia de que eres hija de Dios. Si eres hija de Dios, tienes el Espíritu de Cristo en ti.

Es el Espíritu Santo que nos da certeza de que somos hijas de Dios. ¿Dudas de tu salvación? Es el Espíritu Santo que te da certeza de que eres hija de Dios o te convence de que no lo eres. Ese es su rol. Romanos capítulo 8, versículo 16, dice: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios». Es Él quien nos da certeza.

Luego en 1 Corintios capítulo 12, aprendemos que el Espíritu Santo nos da los dones que nos permiten servirle a Dios. Dice que Él da uno o más dones a cada creyente según entiende apropiado. Estos dones son regalos sobrenaturales de Dios que nos capacitan para agradarlo y servirle. No son talentos o habilidades naturales. Son capacidades sobrenaturales que Dios nos da para servirle a Él.

¿Sabías que a través de toda la vida cristiana —no solo cuando te conviertes en cristiana, cuando eres llena, cuando Él viene a morar en ti, cuando eres bautizada en el cuerpo de Cristo, sellada, o cuando se te conceden dones espirituales… Todo esto sucede en el momento en que te conviertes, pero desde ese momento hasta que llegas al cielo, el Espíritu Santo está activamente involucrado en cada detalle de tu vida.

Permíteme compartir cómo luce ese involucramiento. Él nos guía. Él nos guía hacia la voluntad de Dios. Romanos capítulo 8, versículo 14: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios». ¿Recuerdas cómo Jesús luego de ser bautizado se fue al desierto? ¿Cómo llegó ahí? Se nos dice que el Espíritu Santo lo llevó al desierto para ser tentado.

Puedes decir, «no sé cómo llegué a este desierto. No sé cómo llegué a una situación tan difícil como esta en la que me encuentro». Puede ser que estuvieras caminando en la voluntad de Dios, y que el Espíritu Santo te llevara ahí porque Él tiene un propósito que debe cumplir en tu vida aun en el desierto.

Él nos guía. Él nos lleva. El apóstol Pablo continuamente esperaba que el Espíritu Santo le dirigiera en su ministerio; que le dijera dónde debía ir, dónde debía ministrar, dónde debía servir, y qué debía hacer.

Dependo del ministerio del Espíritu Santo para que me guíe en cuanto a qué debo enseñar en Aviva Nuestros Corazones. Él no me lo dice audiblemente. No recibo mensajes escritos del cielo o grandes revelaciones místicas. Pero confío en que si estoy en sintonía y soy sensible y escucho y me rindo al Espíritu de Dios en mi vida, Él dirige mis pensamientos. Él está poniendo cosas en mi corazón.

Es sorprendente cuán frecuentemente estoy estudiando algo y el Espíritu Santo lo confirma trayendo conversaciones o artículos de revistas o algo que cruza mi camino como confirmación de que estoy caminando bajo el liderazgo, siguiendo el liderazgo del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo también nos ayuda a orar. ¿Has sentido esa urgencia de orar por un hijo o por tu esposo o por la iglesia, y vas a clamarle a Dios y no sabes qué decir? Quizás es una situación que has estado atravesando por mucho tiempo; una relación quebrantada; y no sabes qué hacer o cómo manejarla.

Dices: «Señor, ni siquiera sé cómo orar acerca de esto. ¿Qué hay en Tu corazón? ¿Qué tratas de hacer con esta situación? ¿Qué te complacería? ¿Qué traería gloria a Tu nombre?»

El apóstol Pablo dice en Romanos capítulo 8, versículo 26, que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad: «Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles». Sigue diciéndonos, «y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios». Él toma nuestras peticiones, débiles como son, y se las traduce al Padre. Él intercede por nosotros.

También el Espíritu Santo nos enseña. Él toma esta Palabra y la ilumina para que la entendamos. ¿Sabes que este libro, la Biblia, precioso como es, es solo tinta sobre papel para la persona que no tiene el Espíritu de Dios? Las verdades espirituales no pueden ser entendidas por el hombre natural que no tiene el Espíritu.

Una vez te conviertes en hijo de Dios, tienes un maestro dentro de ti. Simplemente me maravilla saber cómo el Espíritu Santo, cuando abro este libro, lo toma y enciende una luz que me da entendimiento y aplicaciones para mi corazón. Él me dice, «esta eres tú».

El Espíritu Santo nos enseña. Eso es lo que Jesús nos dice en Juan 14. Él dice: «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho».

El Espíritu Santo hace la presencia de Cristo real para nosotros. Él nos hace a Jesús real. Jesús les dijo a sus discípulos cuando estaban en duelo por Su partida: «Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre… No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14:16, 18).

Jesús les dijo a sus discípulos: «He estado con ustedes estos tres años y medio. He sido su compañero. He sido su amigo. He sido su líder. Me marcho pero no los dejo como huérfanos. No estarán sin padre. No estarán sin pastor. Les enviaré a alguien que estará siempre con ustedes. Estará en ustedes». Es el Espíritu Santo que hace a Cristo y Su presencia real para nosotros.

Luego es el Espíritu Santo quien produce en nosotros la vida de Cristo, el fruto del Espíritu—Su amor, gozo, paz, paciencia. ¿Nace alguien con esas cosas? ¡Eso quisiéramos!, ¿verdad? ¿Cómo desarrollamos esas cualidades de la vida de Cristo? ¿Luchando, tratando, esforzándonos? No, es por el Espíritu Santo que mora en nosotros, que produce el fruto de la semejanza de Cristo en nosotros.

Es el Espíritu Santo quien nos transforma a la semejanza de Cristo. «Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu» (2 Cor. 3:18).

Esa labor de santificación no es algo que se nos deja a nosotros para hacer; luchar, esforzarnos y tratar de ser mejores cristianos. Es el Espíritu Santo dentro de nosotros quien nos purifica y santifica, y transforma a la imagen de Cristo.

Hay más cosas que podríamos agregar a esta lista de lo que el Espíritu Santo hace en nuestras vidas y por nosotros y a través de nosotros, pero basados en las que ya listamos, ¿estarías de acuerdo en que necesitamos conocer al Espíritu Santo? Él es realmente importante en la vida de cada creyente, ya sea que nos demos cuenta de ello o no. 

¿Estarías de acuerdo también en que debemos estar muy agradecidos de los dones del Espíritu? ¡Qué gran regalo es Él! En Él tenemos una Ayuda (¡con A mayúscula!), 24 horas al día, durante los 7 días de la semana. Cada día desde ahora hasta el momento en que veamos a Jesús. En cualquier condición en que te encuentres, en cualquier estado en que estés, cualquier circunstancia que estés, cualquier presión que tengas, en ti tienes al Espíritu Santo que vive para hacer y ser todo esto y mucho más allá en y a través de tu vida.

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth hablar acerca del Espíritu Santo—el Ayudador, el Consolador y mucho más. Esta enseñanza es parte de la serie titulada, «En busca de Dios». 

Sabes, tu personalidad no limita a Dios. Él puede obrar en ti y a través de ti de maneras mucho más grandes de lo que crees. Mañana hablaremos más acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones

Diciendo: «Sí, Señor» juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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