Aviva Nuestros Corazones Podcast

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El principio de la amargura

Annamarie Sauter: Yvonne Welch describe un tiempo de prueba en su vida.

Yvonne Welch: Siempre había sido una persona contenta, feliz. Pero me iba a la cama triste, y me despertaba triste. Teníamos cuatro hijos, dos bebés en pañales. Estábamos viviendo por fe. Yo estaba muy amargada.

Dios comenzó a mostrarme que la amargura en mi corazón era pecado. Comenzó a mostrarme que las personas, las circunstancias, las cosas en mi vida –esas cosas no eran las que me estaban enojando o entristeciendo o haciéndome mal. Esas cosas solamente estaban revelando lo que ya había profundamente en mi corazón.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es Hechos capítulos 18 y 19.

Hoy continuamos escuchando la conversación titulada, «Sanando de la amargura». Nos acompañan Nancy, Holly Elliff e Yvonne Welch. Holly es una buena amiga de Aviva Nuestros Corazones de quien has escuchado anteriormente, e Yvonne es maestra bíblica y conferencista, y tiene valiosa experiencia para compartir sobre la depresión, el estrés y la esperanza.

Aquí está Nancy con la continuación de la conversación.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Para aquellas que no pudieron estar con nosotras en la última sesión, compartiste acerca de un tiempo muy oscuro al comienzo de tu vida de casada. Tenías cuatro niños pequeños y llegaste a un punto de agotamiento total en el que tu esposo te llevó al doctor. Fue como una crisis. Estabas en necesidad de ayuda física y espiritual.

Y como resultado de ese tiempo Dios comenzó a hacer algunas cosas importantes, pero fue un proceso largo, lento y duro de recuperación. Solo dinos, Yvonne, en unas pocas palabras: ¿cómo era la vida en el hogar Welch en esos días? ¿Cómo supo tu esposo que había un problema que tenía que atender?

Yvonne: Porque cada noche yo iba donde Bob, y le decía, «Bob, necesito hablar contigo». Estoy tan agradecida de que Bob me escuchara. Él escuchaba y me animaba.

Nancy: Y cuando ustedes hablaban, ¿qué le decías?

Yvonne: Yo decía, «Bob, estoy sufriendo. No sé por qué estoy sufriendo, pero he perdido mi gozo totalmente».

Holly Elliff: Cuando dices, Yvonne, «estoy sufriendo», ¿estabas sufriendo físicamente? ¿Emocionalmente? ¿Espiritualmente? ¿Estaba eso afectando tu habilidad al hacer los quehaceres? ¿Estaban tus hijos conscientes de ello? ¿Cómo se veía eso en tu hogar?

Yvonne: Holly, era físico, mental, espiritual y emocional…

Nancy: Porque en realidad no se puede separar todo eso.

Yvonne: No, y en realidad estaba sufriendo. Era como tener un dolor de cabeza, lo único que lo tenía veinticuatro horas al día, todo el tiempo. En realidad no quería que mis hijos supieran. Así que trataba de actuar como que las cosas estaban bien enfrente de ellos.

Pero como a las dos de la mañana yo decía, «Bob, ¿estás despierto?»

Él contestaba, «ahora sí».

Y yo le decía, «necesito hablar contigo. No puedo dormir. Algo está mal». Fue un tiempo muy, muy difícil para mí.

Nancy: Yvonne compartiste con nosotras que comenzaste a recibir algo de ayuda y hubo algunos pasos muy simples y prácticos que pudiste dar, que durante un periodo de tiempo, dieron lugar a un proceso de restauración en tu vida, algo tan simple como salir y primero caminar y luego correr.

Pero quiero retroceder porque pienso que lo que tú describiste es común para muchas de nuestras oyentes, y son cosas que todas hemos experimentado en mayor o menor grado en ciertos puntos en nuestras vidas. Quiero hablar de lo que estaba debajo de la superficie.

Has mencionado las palabras depresión, agotamiento, este sentido de inhabilidad de enfrentar o de tratar con la vida, este tiempo oscuro. Al mirar atrás, ¿qué ves en la raíz o en el corazón del problema que estabas experimentando en ese tiempo?

Yvonne: Nancy, veo amargura.

Nancy: Esa palabra es enorme.

Yvonne: Sí es una palabra enorme. Sí, y eso es lo que veo.

Nancy: Lo que tú describiste acerca de lo que estabas experimentando durante esa temporada de la vida es tan típico. Pienso en lo que la amargura puede ser, ese enemigo invisible y sutil de la amargura en nuestras vidas. Acabas de ilustrar que en realidad tiene grandes consecuencias.

De hecho, Hebreos 12:15 dice: «Ten cuidado de no permitir que una raíz de amargura brote en tu vida porque si lo permites te causará dificultades y muchos serán contaminados» (parafraseado). La amargura tiene grandes y enormes consecuencias.

Así que, hablemos de cómo llegas a ese lugar, ¿cómo llegaste a ese lugar donde la amargura es un asunto tan problemático que casi te dejó incapacitada? ¿Comenzaste así tu matrimonio?

Yvonne: No. Nancy, yo crecí en un hogar cristiano maravilloso. Acepté a Cristo a la edad de nueve años. Realmente tenía un deseo real de vivir para Cristo durante toda la secundaria, y luego fui a la Universidad de Luisiana.

Dios fue muy, muy misericordioso conmigo. Él me dio una vida maravillosa y emocionante. De hecho, puedo recordar pensar, «esto debe ser de lo que se trata la vida cristiana –solo diversión sin problemas».

Realmente nunca soñé con los valles oscuros que atravesaría más tarde en mi vida. Entre toda esa emoción, sin embargo, había un profundo deseo en mi corazón. Ese deseo era conocer, enamorarme y esperar que un joven me amara y que amara a Dios con todo su corazón, un joven que sería el líder espiritual en nuestra relación.

Puedo recordar Mateo 6:33 mientras caminaba a clase en la universidad: «Pero buscad primero su reino, y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».

Y dije, «Señor, ayúdame. Enséñame qué significa eso. Ayúdame a buscarte primero».

Nancy: ¿Y pensaste que una de esas cosas que Él agregaría sería este hombre piadoso?

Yvonne: Realmente esperaba que eso sucediera. Estaba orando que pasara. Esa última semana de mi tercer año, pasó. Entré a la Unión Estudiantil Bautista y allí estaba él.

Nancy: Bob Welch.

Yvonne: Sí. Me enamoré instantáneamente de Bob Welch. Él era un joven muy piadoso. Era un estudiante graduado de Mississippi. Cuando entré y fui presentada, él tenía la Biblia. Estaba enseñando a unos estudiantes.

Puedo recordar que corrí a mi casa y llamé a mi mamá. Le dije, «mamá, ¿qué crees? Creo que conocí al hombre con el que me voy a casar».

Ella dijo, «maravilloso, ¿cómo se llama?

Y le dije, «no estoy muy segura, pero te llamo después».

Ese verano Bob y yo estuvimos juntos allí trabajando en la Unión Estudiantil Bautista. Él me invitó a salir, y comenzamos a citarnos. Sentí que Dios realmente me había dado el deseo de mi corazón.

Solo había un problema. Aunque estoy segura que había muchos problemas. Realmente no sabía lo que era el verdadero amor. Mi idea del amor venía de Hollywood. Ese amor era un mundo de sueños románticos sin problemas, sin angustias.

Nancy: Y todos vivieron felices para siempre.

Yvonne:Sí, con una pequeña cabaña y rosas. Y me iba a sacar a comer todas las noches.

Nancy: Sí, seguro. Mientras fueran novios.

Yvonne: Sí. Él era un joven muy piadoso. Pero nunca se me olvidará la pregunta que Bob me hizo al mismo tiempo que me pidió que me casara con él.

Nancy: ¿Qué te preguntó?

Yvonne: Me miró y me dijo, «¿estás segura que vas a estar dispuesta a vivir una vida sacrificial si Dios me llama al ministerio, si Dios me llama a ser un misionero o a trabajar en la obra tiempo completo?»

Yo dije, «oh Bob, me encantaría vivir una vida sacrificial. Te seguiré hasta el fin del mundo».

Nancy, no tenía ni idea de lo que un estilo de vida sacrificial era. Yo solo quería casarme con él. Así que dije, «sí».

Nos casamos el verano después que yo me gradué. Llevábamos cinco días de casados solamente cuando el primer desastre llegó.

Llevábamos cinco días de casados. Nos mudamos a la ciudad natal de Bob, Laurel, Mississippi, donde estaban sus padres y donde estaba el negocio de la familia. No teníamos una lavadora, así que llevé toda nuestra ropa a la lavandería. Pensé, «la voy a dejar aquí y me voy de compras. Cuando regrese seguramente alguien la habrá sacado, metido a la secadora y la habrá doblado».

Cuando regresé a la lavandería, no estaba nuestra ropa. Alguien se había robado toda nuestra ropa. Pero en realidad no me molestó mucho.

Corrí al apartamento y le dije, «¿adivina qué? ¡Alguien se robó toda nuestra ropa!»

Sabes, este joven piadoso –solo habíamos estado casados cinco días– ¡se enojó conmigo! Yo le dije, «bueno, pero no te molestes tanto. Podemos ir al centro de Laurel mañana. Podemos llevarnos esta tarjetita de crédito, y podemos comprar ropa nueva por toda la ciudad».

Me miró y me dijo, «hay algunas cosas que olvidé decirte antes de casarnos». Había muchas cosas Nancy, que yo no sabía que olvidamos platicar.

Pero él dijo, «yo no creo en ningún tipo de crédito, para nada». Casi me da un ataque al corazón.

Y entonces me dijo, «yo creo que tú oras por el artículo y le pides a Dios que provea si es que no está en el presupuesto, o buscas alguna oferta increíble».

En mi corazón pensé, ¿y yo oré por este tipo de hombre?

Mira, yo quería un hombre piadoso que fuera un líder espiritual que hiciera todo lo que yo le dijera, todo lo que yo quisiera que él hiciera. No pasó mucho tiempo antes de que Bob y yo comenzáramos a tener algunos conflictos.

Nancy: Como unos cinco días.

Yvonne: Sí. Él era el director interino de música en la Primera Iglesia Bautista. Yo era la directora de los jóvenes. Recuerdo que un día me apresuró muchísimo, y llegamos a la iglesia y no había nadie allí.

Holly: Espera un momento Yvonne, ¿ya tenían ropa para esa fecha?

Yvonne: Oh, sí. Ya estaba vestida.

Pero me apresuró tanto que realmente me molesté y llegamos a la iglesia y no había nadie allí. Fue un día que se tenía que cambiar la hora, y se nos olvidó ajustar nuestros relojes. Nancy, tengo que decir que realmente me enojé. Pero no podía quedarme enojada por mucho tiempo porque comenzó a llegar la gente a la iglesia, y yo no quería que supieran.

Nancy: Y tú eras parte del personal.

Yvonne: Sí, así que solo me bajé del carro y puse una sonrisa en mi rostro. Pero algo comenzó a pasarme.

Se nos dice en Efesios 4:26: «Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo». Y Nancy…

Nancy: Eso fue lo que pasó.

Yvonne: Sí, eso fue lo que pasó.

No pasó mucho tiempo antes de que Satanás pudiera introducirse en mi corazón. Fue amargura. Comencé a resentir al mismo hombre por el cual yo había orado, al mismo hombre que tanto amaba.

Nancy: Parece que los problemas no eran en sí mismos, en ese punto, asuntos grandes o mayores. Pero es asombroso cómo esas cosas pequeñas pueden volverse tan destructivas. Son esas pequeñas zorras, si permites que caven dentro y destruyan las viñas de tu amor.

Yvonne: Exactamente. Dios fue tan misericordioso. Nos dio un hijo, Robert y luego otro hijo, Richard, llegó tres años después.

Bob comenzó a enseñar un estudio bíblico en nuestra iglesia en Laurel. Dios derramó Su Espíritu en ese estudio Bíblico. Ese pequeño grupo de diez creció a casi cuatrocientos estudiantes de secundaria que venían los martes por la noche.

Bob llegó un día y dijo, «me encanta ver a Dios cambiar vidas». Y él dijo, «Yvonne, creo que quiero entrar al ministerio».

Nancy: Ahora, él te había advertido que esto era una posibilidad cuando se comprometieron, ¿no es así?

Yvonne: Sí, él lo había hecho, pero yo me había olvidado de todo eso.

Nancy: Convenientemente.

Yvonne: Convenientemente. Y así lo hicimos. Vendimos nuestra casa recién decorada. Vendimos el negocio de la familia, y nos mudamos a Birmingham.

Nancy: ¿Y tuviste algún resentimiento acerca de eso en ese momento o solo seguiste como si nada?

Yvonne: No, en ese momento seguí como si nada. Llegamos a Briarwood y es una iglesia maravillosa. Llegaban muchos misioneros. Bob comenzó a conocer a estos misioneros, y a conocer misioneros que vivían por fe.

Un día llegó a la casa y me dijo, «eso es lo que quiero hacer. Realmente me gustaría vivir por fe».

Mientras más emocionado se ponía, menos emocionada me ponía yo y más amargura comenzó a crecer.

Holly: ¿Estaba consciente Bob de lo que estaba pasando en tu corazón en ese momento?

Yvonne: Él estaba consciente. Él sabía.

Nancy: ¿Y cómo salió eso a la superficie? ¿Estabas tú solamente cerrando tu corazón?

Yvonne: Oh, no. Yo le compartía lo que había en mi corazón. Recuerdo que una tarde fui al buzón y lo abrí y había un cheque de $1,000 dólares. Era nuestro cheque de reembolso de impuestos.

Pensé, oh, qué emocionante. Pensé, bueno, esto de vivir por fe, esto es bueno; no debe darme miedo, no es tan espantoso.

Entré a la cocina y Bob dijo, «pienso que debemos dar esos $1,000 dólares a un ministerio en nuestra iglesia».

Respondí con ira y amargura.

Bob –todavía lo puedo ver en la cocina. Me miró y me dijo, «así no debe ser un matrimonio piadoso. Voy a orar. Le voy a pedir a Dios que haga lo que tenga que hacer».

Cuando él dijo eso, me asusté demasiado porque yo sabía que Bob era una persona de oración, y yo sabía que Dios podía contestar las oraciones de Bob. Yo no quería que Dios contestara las oraciones de Bob. Yo quería que Bob cambiara, no yo.

Nancy: A través de los meses siguientes Dios comenzó a contestar las oraciones de Bob y probablemente de una manera que tú nunca hubieras escrito o querido.

Yvonne: Nancy, tienes mucha razón. Solo fueron unos cuantos meses después cuando Dios contestó las oraciones de Bob.

Para ese entonces habíamos sido bendecidos con un hijo, nuestro tercer hijo, Mark. Yo supe al minuto que me trajeron a Mark en el hospital que algo estaba mal. No quería creerlo, pero yo sabía. Las mamás saben cuando hay algo mal con sus bebés.

Los doctores nos llamaron cuando él tenía cinco meses de nacido y dijeron, «creemos que Mark tiene hidrocefalia, eso es agua en el cerebro». Así que querían operarlo el jueves.

Recuerdo que al día siguiente llevamos a Mark al hospital, y mi corazón se rompió. Comencé a llorar como nunca antes había llorado. Nunca había pasado por el valle, y no sabía qué hacer.

Era miércoles por la tarde y nuestro pastor había venido a visitarnos. Cuando se despidió, él dijo, «me gustaría orar. Me gustaría pedirle a Dios que sane a Mark».

En mi corazón pensé, no puedo ni siquiera orar. Estoy sufriendo tanto ahora mismo.

Le dije, «¿podría orar usted? Yo no puedo».

Él oró, y le pidió a Dios que sanara a Mark. Esa tarde me acuerdo que Mark durmió por mucho tiempo. Cuando se despertó, parecía estar un poco más alerta.

Los doctores entraron y dijeron, «se ve tan bien que pensamos que cancelaremos la cirugía del cerebro para mañana. Pero queremos verlo una vez al mes porque queremos revisarlo».

Así que unos meses después de eso lo regresamos al hospital de niños y le hicieron un examen completo. Al final de esa semana un equipo de doctores no cristianos dijeron, «su hijo tenía hidrocefalia hasta esa fecha. Pero a partir de ahí se ha detenido, y no tenemos ninguna otra explicación que no sea que él fue sanado debido a un acto de Dios».

Nancy y Holly: Amén.

Nancy:¿Y cómo te afectó eso? Es decir, claro, como madre estabas emocionada. Pero en términos de tu propio caminar de fe y de algunos problemas que estabas tratando en ese tiempo.

Yvonne: Nancy, creo que en lo profundo de mi corazón fue difícil creerlo. Unos meses después fue cuando Bob me llevó al hospital.

Los doctores dijeron, «has perdido tu salud totalmente, y no sabemos cuánto tiempo va a tomar para que te alivies».

Recuerdo que cuando llegué a la casa dije, «esto es América. Seguramente estaré bien en dos semanas». Y luego fueron seis semanas, y luego un año. Me diagnosticaron depresión ansiosa.

Siempre había sido una persona contenta, feliz. Pero me iba a la cama triste, y me despertaba triste. Teníamos cuatro hijos, dos bebés en pañales. Estábamos viviendo por fe. Yo estaba muy amargada.

Dios comenzó a mostrarme que la amargura en mi corazón era pecado. Comenzó a mostrarme que las personas, las circunstancias, las cosas en mi vida –esas cosas no eran las que me estaban enojando o entristeciendo o haciéndome mal. Esas cosas solamente estaban revelando lo que ya había profundamente en mi corazón.

Bob fue el instrumento que Dios usó para revelar un espíritu en mí que no era agradable al Señor. Busqué todos los versículos acerca de la amargura que pudiera encontrar y los escribí en tarjetas y me los memoricé, como Efesios 4:31 y 32.

«Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad. En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (RVC).

Comencé a darme cuenta de que a Dios le importaba mi respuesta a lo que estaba pasando en mi vida. No era el estrés que me estaba enfermando o deprimiendo. Era mi propia respuesta a ello.

Nancy: Lo que estaba pasando era que esas circunstancias en tu vida te estaban exprimiendo. Lo que estaba saliendo era un indicador de lo que había en tu corazón. Así como cuando exprimes un limón, lo que vas a obtener es jugo de limón. Tu corazón estaba siendo exprimido y la ira que estaba saliendo era un indicador de lo que realmente estaba adentro.

Yvonne: Comencé a darme cuenta de eso. Así que al instante que comenzaba a sentir que venía esa amargura, yo decía, «Señor, te pido que me ayudes a vencer esta amargura».

Se nos dice en 1 Juan 1:9: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y limpiarnos de toda maldad».

Así que, Nancy, tuve que hacerlo montones de veces.

Nancy: No solo una vez.

Yvonne: No solo una vez. Sino, «Señor, te confieso que estoy lista para enojarme. Puedo sentir esa amargura. Señor, no quiero eso».

Nancy: Había un patrón en tu vida de responder al desencanto, al conflicto, al desacuerdo o la pérdida con enojo.

Holly: Yvonne, dices que podías sentir que venía la amargura. ¿Qué pasaba cada vez que comenzabas a enojarte o amargarte? ¿Qué estaba saliendo de ti que veían tus hijos, que veía tu esposo, de lo que tú estabas consciente que Dios quería quitarte?

Yvonne: Holly, realmente nunca quise que mis hijos vieran eso. Así que nunca respondí con ira frente a ellos. Pero pobre Bob. Me molestaba con él. Yo sabía que Dios estaba permitiendo esta depresión por el pecado de amargura que tenía en mi corazón.

El Dr. McMillan dice en su libro, Ninguna de estas enfermedades, que la amargura puede causar todo tipo de problemas físicos –desbalances hormonales, artritis– y también puede contristar al Espíritu Santo.

Eso era lo que estaba pasando. Estaba contristando al Espíritu Santo en mi vida. Realmente no estaba caminando en el Espíritu. Realmente no estaba muriendo a mí misma.

Nancy: Quiero señalar una vez más, que en este momento tú eras cristiana. Estabas en el ministerio. Tu esposo estaba en el ministerio. Tenías entrenamiento y trasfondo espiritual. No estamos hablando de alguien que no es cristiano, de alguien que no había recibido enseñanza.

Y es un buen recordatorio que esas raíces de amargura pueden colarse y desarrollarse en cualquier corazón si no tratamos con las heridas, las tristezas y las decepciones de la vida a la manera de Dios, que es correr hacia la gracia de Dios. Si no vamos a Dios y Su gracia en esas decepciones, así sea cinco días después de casada que te estás dando cuenta de cosas de tu esposo que no puedes creer que no te diste cuenta antes, o sea que es puntual y se molesta porque tú no lo eres, o sea algo serio como un hijo que tiene una enfermedad grave que amenaza su vida.

En cualquier circunstancia y situación de la vida, Dios tiene gracia disponible. Si fallamos en recibir esa gracia, la opción es que nos volvemos amargadas.

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth, a Holly Elliff y a Yvonne Welch. Ellas nos han estado trayendo esperanza y nos han estado hablando de la única vía de escape de la amargura: la Palabra de Dios. Y tú, ¿quieres ser sana de tu amargura?

Nancy ha profundizado en esto en su libro, «Escoja perdonar: Su camino a la libertad». En este ella te ayuda a ver la amargura como una de las causas de la falta de perdón y  te ayudará a dar algunos pasos para identificar a aquellos que te han hecho mal para perdonarlos y así caminar en libertad. Encuentra «Escoja perdonar» en nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com.

Recursos como este han sido de bendición para tantas mujeres. Una joven llamada Laura nos escribió diciendo:

«Soy Laura, tengo 24 años y vivo en Colombia. Quería agradecerles por el esfuerzo que han realizado para llevar el evangelio a las mujeres hispanas. Yo supe de Aviva Nuestros Corazones por una amiga muy querida quien continuamente enviaba los blogs a un grupo de chat, lo cual fue de gran bendición para mi vida. Estaba volviendo a retomar los caminos del Señor. Mis pasos en el mundo me dejaron creyendo una gran cantidad de mentiras, pero con el tiempo me volví una fiel oyente de los podcast y es mi rutina escucharlas en las mañanas. 

Gracias al Señor así como mi amiga lo hizo conmigo, ahora comparto los contenidos y los libros con más amigas menores en la iglesia y con compañeras no creyentes de la oficina. Es como una pequeña bola de nieve que cada día crece, y muchas veces no imaginamos cómo podemos impactar la vida de otros por simplemente compartir un blog en un chat. Oro por el ministerio para que muchas más mujeres sean alcanzadas por el evangelio».

Amén. ¡Gracias Laura por escribirnos!

Y es que el evangelio de Jesús afecta nuestras vidas completamente. Podemos experimentar verdadera libertad aún cuando hayamos sido ofendidas por otras personas. Y mañana hablaremos más acerca de esto, así que asegúrate de compartir esta serie de programas con más mujeres y acompáñanos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a reflejar la hermosura del evangelio al mundo que te rodea, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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