Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

El proceso de refinamiento

Annamarie Sauter: Con nosotras Ivonne Welch.

Ivonne Welch: Dios sabe cómo llamar nuestra atención. Él sabe exactamente qué hacer para quebrantar la voluntad dentro de nosotras, y Dios me estaba permitiendo atravesar por un tiempo donde me estaba purificando, donde me estaba quebrantado y donde estaba realmente refinándome. Como se nos ha dicho, como cristianas seremos refinadas como el oro.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es Hechos capítulos 16 y 17.

Si te preguntara, «¿cómo estás?» ¿Responderías que estás agotada? Hay varias razones por las que podemos estar agotadas, y hay una de ellas que es muy peligrosa. Hoy escucharás más acerca de esto en la primera parte de una conversación entre Nancy, Holly Elliff e Ivonne Welch.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Me alegra que nos acompañen en el programa de hoy de Aviva Nuestros Corazones. Es realmente un privilegio esta semana tener a dos amigas, una nueva y bueno… Holly, no quiero decir que eres una amiga vieja, porque no tienes edad para serlo, pero has estado presente en mi vida por mucho tiempo.

Holly Elliff: Bueno, una vieja amiga.

Nancy: Una vieja amiga. Esa es la forma correcta de decirlo. Holly estará acompañándonos en nuestra conversación con Yvonne Welch. Yvonne es una maestra bíblica y conferencista. Y estamos tan agradecidas de que hayas sacado el tiempo libre para reunirte con nosotras y compartir con nuestras oyentes.

Yvonne: Nancy, es una bendición para mí estar aquí. Es realmente un honor y un privilegio, así que muchas gracias.

Nancy: Aquí estamos a tu orden Yvonne. Eres autora de un estudio para mujeres titulado, Descanso espiritual en la vida de una mujer. Y este estudio surgió del ministerio que Dios te ha dado como esposa de pastor, para compartirlo con madres, mujeres adultas y jóvenes.

Hubo una época en la que tenías cuatro hijos pequeños. Puedes relacionarte con esa etapa como una de estrés, locura y mucho trabajo, ¿cómo fue para ti esa etapa?

Yvonne: Puedo recordar que al final del día terminaba tan cansada. Tan agotada, que una noche Bob me llevó de emergencia al hospital porque le dije: «Bob no sé qué está pasando, pero creo que me estoy muriendo».

Así que Bob me llevó al hospital y el doctor me examinó y dijo, «su esposa presenta agotamiento crónico». Y yo respondí: «Sí, lo estoy». Nunca antes había escuchado esa palabra y pensaba que era solo algo físico.

Luego Dios me fue mostrando que era, en gran parte, espiritual. Una de las razones por las cuales Dios me ha dado un corazón para animar a las mujeres y enseñarles es porque yo he estado en esa misma situación que ellas. Puedo recordar cómo era. Recuerdo cuando pensaba que no sabía si llegaría a la hora del mediodía.

Fue tan intenso que realmente perdí mi salud. Estoy tan agradecida de que el Señor me permitió ir a un doctor muy piadoso. El doctor me miró y me dijo: «Puedo darte todos estos antidepresivos o te puedo poner en el programa de ejercicio más vigoroso que hayas conocido».

Mi esposo respondió: «Tomaremos el ejercicio». En mi corazón pensé, yo no sé lo que quiero.

Nancy: Probablemente no te sentías con el ánimo de poder hacer ejercicio porque estabas exhausta.

Yvonne: Así es.

Nancy: Quiero decir…que eso debió haber parecido como escalar...

Yvonne: … el Monte Everest. Así fue. Apenas podía correr una cuadra. Luego el próximo día, corrí dos cuadras. Muy pronto el Señor me ayudó, y estaba corriendo una milla dos veces al día.

Recuerdo llevarme mis niños, Mark y Lucy, estaban muy pequeños en ese entonces. Yo me los llevaba y los ponía en el área de juegos de la escuela de Birmingham, y corría mientras los veía jugar en la arena. Si llovía, lentamente pude ir incrementando hasta saltar la cuerda por 15 minutos tres veces al día.

Nancy, estoy tan agradecida por eso. Eso fue hace treinta años, y aún lo estoy haciendo, porque siento que no quiero regresar nuevamente a donde estaba.

Nancy: Y asumo que todo empezó como una ayuda para hacerte sentir mejor.

Yvonne: Oh, fue maravilloso. De hecho, mi doctor dijo que si me ejercitaba todos los días, mi cuerpo produciría endorfinas y eso me ayudaría a sentirme mejor. Y él tenía razón.

Nancy: Así que a veces lidiamos con ansiedad, depresión y niveles de estrés. Y muchas veces la respuesta, o parte de ella, es algo muy físico.

Pienso en Elías, el profeta de Dios, luego de una gran batalla y victoria. Cuando él estaba desgastado, exhausto, Dios envió a Su ángel para prepararle comida y decirle que durmiera. Y eso a veces es lo más práctico y espiritual que una mujer puede hacer.

Yvonne: Oh, sí.

Holly: ¿En qué tiempo Yvonne, comenzaste a ver un poco de esperanza, desde que fuiste a la oficina del doctor y te sentías deprimida, fatigada, exhausta, hasta el momento en que te diste cuenta, «esto me está ayudando». ¿Fue un proceso largo?¿Fue casi de inmediato?

Yvonne: Holly, fue un proceso muy largo.

Nancy: Es que no hay soluciones rápidas.

Yvonne: No hay soluciones rápidas. Probablemente después de tres años empecé a tener un poco de esperanza. Pero estaba corriendo, caminando, tratando de ejercitarme fielmente. Pero acababa de llegar a la casa del hospital con Lucy, nuestra hija número cuatro.

Una señora mayor, muy piadosa, me llevó comida a la casa. Yo estaba muy contenta de ver esa comida. Pero ella me miró y me dijo, «estás sufriendo, esto es más que una depresión posparto».

Y ella tenía razón. Realmente estaba sufriendo. Estaba deprimida. Ella me miró y me dijo, «Yvonne, tú realmente no conoces a Dios».

Y recuerdo estar pensando en ese momento, «he sido cristiana desde los nueve años de edad. Pasé al frente en la Segunda Iglesia Bautista de Houston. No entiendo».

Ella me dijo, «no, tú realmente no conoces a Dios. Quiero proponerte un reto. Quiero compartir contigo un devocional personal que hago cada día, y quiero que comiences a hacerlo».

Nancy: ¿Ella te dijo eso?

Yvonne: Sí. Y empecé a hacerlo.

Me dijo, «quiero que tomes treinta minutos en la mañana».

Yo pensé, ¿cómo puedo tomar treinta minutos, teniendo que estar con mis hijos y estar en el ministerio? Pero estaba desesperada, muy desesperada.

Así que empecé a hacer lo que esta señora me había compartido, y eso cambió mi vida.

Nancy: Es como una unidad de cuidados intensivos espiritual.

Yvonne: Sí, así fue.

Ella me motivó a tomar una libreta y escribir en el encabezado de la página la palabra alabanza y poner allí cinco cosas por las cuales alabar a Dios. Luego la palabra confesión, cinco cosas para confesar y luego gratitud, y escribir cinco cosas por las cuales dar gracias a Dios. También me pidió que escribiera intercesión, y debajo cinco cosas para interceder por alguien más. Y luego súplica.

Así que me dijo, «lo que quiero que hagas es que leas los salmos y quiero que encuentres cinco atributos de Dios cada día. Quiero que escribas estos atributos en tu libreta. Leerás hasta que encuentres cinco atributos, y así cada día».

Nancy, he estado haciendo esto por treinta años porque he visto el carácter de Dios al escribir debajo de la palabra alabanza, que Él es nuestra roca, nuestra fortaleza, nuestro escudo. Es mi gloria y el que levanta mi cabeza.

Nancy: Es nuestra cordura.

Yvonne: ¡Él es todo!

Nancy: Piensas en la locura de este mundo y cómo nuestras vidas pueden estar o sentirse fuera de control. Y es Dios quien provee para esto. Por eso es la roca. Él es nuestro lugar seguro, nuestro refugio. Pienso que si no fuera por el Señor, todas estaríamos locas.

Yvonne: Lo estaríamos. Yo sé que lo estaría.

Holly: Así que mientras comenzaste a recibir ayuda para los problemas físicos que estaban sucediendo en tu vida, lo que realmente te sacó de ese foso fue adentrarte en la Palabra de Dios.

Yvonne: Así es Holly.

Holly: Y verlo por quien Él es.

Yvonne:Así es. De hecho, encontré que cuando memorizaba la Escritura, no me sentía tan triste. Así que empecé a leer la Escritura en fichas. Las ponía en mi baño, en mi cama, en el refrigerador. La Palabra de Dios empezó lentamente a sanar mi espíritu. Porque sí, estaba deprimida pero la raíz era espiritual.

Empecé a memorizar versículos como 1 Corintios 10:13:

«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla».

Fue como si Dios me dijese, «resiste Yvonne. No te daré más de lo que puedas soportar. Te voy a dar una vía de escape. Te daré una forma de fortalecerte para que puedas cuidar a tus cuatro hijos, y puedas ministrar a tu esposo».

Mientras hacía mi devocional personal y escribía en mi libreta todas estas cosas, me arrodillaba y empezaba a alabar a Dios. Se nos dice que Dios habita en las alabanzas de Su pueblo, y se nos dice en Isaías que debemos ponernos la alabanza como una prenda de vestir.

Empecé a alabar a Dios, mientras confesaba para ser limpiada, mientras agradecía mi depresión; (1 Tesalonicenses 5:18: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús…»

Era como si pudiera decir: «Señor, solo quiero agradecerte por la pila de ropa sucia. No tengo la fuerza para lavarla, preparar la comida, poner la mesa, pero Señor, quiero agradecerte por esto».

No que el problema desapareciera, pero parecía que recobraba mis fuerzas. Y podía terminar las tareas. Fue en mis días más oscuros de depresión que una amiga querida me envió un poema, que no sabía que era una canción.

Pero puedo recordar cuando estaba despierta con Lucy a las dos de la madrugada para alimentarla, pensando, «Señor, no voy a lograrlo, estoy física, mental, espiritual y emocionalmente exhausta. De hecho, no creo que pueda continuar mi labor como madre».

Pero el poema escrito por Annie Flint Johnson decía así:

Él da mayor gracia cuando las cargas crecen más

Él envía más fuerza cuando los trabajos incrementan

Cuando has llegado al final de tus recursos acumulados

La entrega completa de nuestro Padre solo ha comenzado.

Y pensé, esa soy yo. He llegado al final de mis recursos. He tocado fondo. No queda nada más. Es como si pudiera escuchar a Jesús diciéndome, «alaba a Dios, y me haré cargo».

Cuando tocas fondo y has llegado al final de tus recursos, la provisión de todo lo que nuestro Padre nos tiene solo comienza.

Desde ese momento, me encantaba esa canción. Tanto que mi hija Lucy hizo una caligrafía para mí con esa canción y la tengo colgada en la pared. Van a existir momentos en nuestras vidas donde pensamos que hemos tocado fondo, y ya no tenemos fuerzas. Solo podemos decir, «Dios se hará cargo, Él tomará el control».

Nancy: Así es Yvonne. Y realmente ese es el lugar donde tenemos que llegar de manera que podamos experimentar completamente la gracia y la fortaleza de Dios. Mientras pensemos que podemos manejarlo, que podemos hacernos cargo, actuamos como quien no necesita a Dios. Y siempre necesitamos a Dios.

Y es cuando tocamos fondo y llegamos al final de nuestros recursos que hemos llegado al quebrantamiento. Y es allí que la fuerza y gracia de Dios toman control. Y así es como Dios es glorificado.

Yvonne: Lo sé. Fue en el segundo año de mi depresión que escuché a un maestro bíblico hablando sobre tres tipos de enfermedades. Hay una enfermedad que es mortal. Bueno, yo sabía que no iba a morir, porque los médicos me hacían correr dos o tres millas diarias.

Hay una enfermedad que glorifica a Dios. Y pensé, esta no es mi enfermedad, ya que apenas puedo realizar mis labores como madre, y eso no glorifica a Dios.

Y luego mencionó la tercera enfermedad que atravesó mi corazón. Él dijo, «hay una enfermedad para corrección, castigo». Y sabía que ese era mi caso. Yo sabía que eso era exactamente lo que Dios estaba haciendo.

En Isaías 48:10 se nos dice: «He aquí, te he purificado, pero no como a plata; te he probado en el crisol de la aflicción».

Nancy, empecé a pasar por el horno de la aflicción. Llegué a casa después de escuchar la charla del maestro bíblico y me puse de rodillas y le dije, «Señor, muéstrame el pecado que hay en mi vida».

Dios sabe cómo llamar nuestra atención y Él sabe exactamente qué hacer para quebrantar esa voluntad que hay dentro de nosotras. Dios me permitió atravesar ese tiempo donde me estaba purificando, donde me estaba quebrantando, y donde realmente me estaba refinando.

Se nos dice, como cristianas, que seremos refinadas como el oro.

Nancy: Yvonne, mientras estamos conversando y compartiendo, he pensado en un par de pasajes de la Escritura. Uno de ellos es muy familiar y está en el Antiguo Testamento, y es el Salmo 32, donde David describe lo que le pasó cuando tenía en su vida pecados que no estaba dispuesto a confesar, que no traía a la luz, y él decía:

«Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano» (v. 3-4).

David realmente describe algunas de las características de la depresión, solo síntomas físicos. Era la mano castigadora de Dios en su vida, no para destruirlo, sino para restaurarlo. Eso es lo que leemos en Hebreos, en el capítulo 12, el pasaje clásico sobre la disciplina de Dios. Dice que si eres hija de Dios, debes esperar que Dios, como un padre celestial amoroso, te discipline. ¿Por qué? Hebreos 12:10 dice que Dios nos disciplina para nuestro bien:

  • para que podamos compartir Su santidad
  • para que Él pueda purificarnos
  • para que Él pueda refinarnos

Él no está intentando derribarnos. Él no intenta destruirnos. Él intenta restaurarnos.

Y el versículo 11 dice: «Al presente, ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza». Y eso, Yvonne, es lo que has estado describiendo –estas consecuencias dolorosas de tus propias decisiones infligidas por un Padre celestial sabio y amoroso.

Y tú podrías preguntarte, «¿por qué Dios traería disciplina dolorosa a las vidas de Sus hijos?» Y el versículo 11 nos dice, «sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia».

Así que la pregunta no es, ¿seremos disciplinadas?, sino, ¿recibiremos la disciplina que Dios trae a nuestras vidas?

Yvonne, y realmente comenzaste a través de todo este proceso a volver tu corazón al Señor y a decirle: «Señor, ¿qué es lo que quieres mostrarme? ¿Qué es lo que quieres enseñarme en esta situación?»

No tanto ¿por qué me está pasando esto a mí?, sino, ¿qué me quieres decir a través de todo esto?

Yvonne: Así es, eso es correcto Nancy.

Nancy: Yo creo, Yvonne que has pintado un retrato de tu vida en el que muchas de nuestras oyentes se encuentran hoy en día. Les has lanzado un salvavidas compartiendo cómo Dios te acompañó en todo este proceso.

Lo que quiero decir es que les has lanzado un salvavidas en la medida en que has compartido cómo Dios caminaba contigo durante todo este proceso.

Nos has dicho que no fue nada rápido ni fácil. No tomaste unas pastillas o vino alguien que te dio una fórmula mágica que hizo que todo desapareciera. Ha sido un proceso largo y doloroso.

Treinta años más tarde aún tienes que tomar decisiones que te ayuden a mantenerte con la cabeza en alto. Sin embargo Dios te ha liberado. Y las cosas que has compartido de manera práctica en el aspecto físico y toda el área de tu relación personal con Dios y Su Palabra, son exactamente las cosas que algunas de nuestras oyentes necesitan escuchar hoy en día.

Pienso que acabas de dar palabras que darán...

Holly: ... exactamente lo que necesitamos hoy.

Nancy: Eso es, es exactamente lo que necesito cada día. Y todas necesitamos. Estamos en una etapa diferente de la vida ahora. Tus dos hijos están grandecitos, incluso los tuyos, Yvonne, son grandes y están fuera de casa. Pero tú estás en otra etapa de la vida. Tú lo necesitas en tu etapa, yo en la mía y Holly en la suya, y no podemos lograr nada sin la gracia de Dios.

Esas decisiones físicas en términos de nuestro tiempo con el Señor, es lo que realmente hace toda la diferencia.

Pero si hoy tú nos estás escuchando, quiero decirte, si estás en ese túnel negro en este momento y apenas puedes levantarte del sofá para ponerte tus tenis, hay esperanza. Puede ser simplemente dar un paso, tener una amiga que te traiga la comida y te pregunte, «¿de verdad conoces a Dios? ¿Dónde están tus tenis?» Para eso está el cuerpo de Cristo.

Tengo personas así en mi vida, que han venido a darme una mano y me han levantado cuando yo misma era incapaz de hacerlo. Pero al final, me señalan a Cristo. Y me han llevado a Su Palabra.

Estoy pensando en ese versículo de los salmos que dice, «Él envió Su Palabra y los sanó». Hemos visto eso suceder una y otra vez en nuestras propias vidas.

Quiero alentarte a tomar un paso, solo uno a la vez. Estando consciente de que no saldrás de ese estado de la noche a la mañana. Porque no llegaste ahí de la noche a la mañana. Pero da un paso.

Annamarie: Has estado escuchando una conversación entre Nancy DeMoss Wolgemuth, Holly Eliff e Yvonne Welch, ellas regresarán para orar. Esta es la primera parte de la serie titulada, «Sanando de la amargura». No todo sufrimiento es producto de nuestro pecado, pero como hemos estado escuchando, nuestro buen Padre nos quebranta y refina para bien.

Una mujer nos escribió compartiendo el testimonio de su propia vida. Ella llegó a los pies del Señor desesperada y confundida hace ya unos años. Está casada, tiene una hija, y para su familia ha sido difícil tener estabilidad en el país donde viven. También  ha sido difícil integrarse más en su iglesia local debido a la distancia. Ella ecribió:

«Quiero dar las gracias al ministerio Aviva Nuestros Corazones por todo el esfuerzo y el amor que le han puesto a cada uno de los recursos.

Un buen pastor de jóvenes de la iglesia donde nos congregábamos en Bolivia me dio este recurso de Aviva Nuestros Corazones para que no me sintiera sola y siguiera creciendo cada día en el Señor. Desde que tengo la aplicación y he conocido la página web, ha sido de gran bendición para mi vida personal, para mi matrimonio y para mi maternidad. 

No entendía bien cómo desenvolverme como esposa y como madre porque me crié entre solo mujeres. En un hogar de madres solteras, sin padre ni un ejemplo de lo que era un matrimonio y una familia estable, ustedes han sido la ayuda que necesitaba con el reto de leer la biblia 365 días y con los podcasts de Nancy. He aprendido mucho. Hasta ahora no me había tomado en serio el llamado de Dios ni mi crecimiento espiritual. No sabía lo que era el verdadero arrepentimiento ni la importancia de la gracia de Dios.

Hace poco leí sobre las emociones buscando respuestas a mi ansiedad. La lectura de la Biblia ha llenado mi corazón de esperanza y nunca me imaginé que el Antiguo Testamento estuviera lleno de tanta ayuda aún para nuestros tiempos. En verdad estoy agradecida con ustedes. Cada vez que puedo oro por su ministerio y comparto de ustedes con otras mujeres. Mi deseo es poder llegar a ser una mujer de influencia en mi entorno, en mi hogar y en mi iglesia así como ustedes los son para muchas mujeres del mundo. Dios las bendiga y las siga usando grandemente para llegar a todas las naciones del mundo y a muchos corazones».

Amén. Nos encanta escuchar cómo Dios ha estado obrando en las vidas de tantas mujeres. 

Bueno, mañana Yvonne Welch regresará con nosotras y nos describirá cuán fácil es para una mujer que siempre está sirviendo, amargarse. Ahora Nancy regresa con la conclusión de este programa.

Nancy: Ivonne, aprecio tu honestidad y sencillez, a pesar de la profundidad de la obra de Dios en tu vida y lo que Él te ha mostrado y ha hecho en tu vida. ¿Nos conducirías en oración por una o más de nuestras oyentes que puedan estar ahora mismo donde tú estabas con esos cuatro pequeños y simplemente orar para que Dios sea quien levante su cabeza? Uniremos nuestros corazones al tuyo mientras le pedimos a Dios, que traiga esperanza, ayuda y gracia para aquella que haya agotado sus recursos y que esté tocando fondo. Vamos a orar.

Yvonne: Padre celestial, solo queremos venir ahora y levantar a cualquier persona que esté sufriendo. Sé que hay mujeres que están pasando por lo que yo pasé hace treinta años.

Señor, yo solo pido que Tú les des esperanza. Te pido, Padre, que les de la capacidad de levantarse y dar el primer paso. Y, Señor, te pido que las animes y les muestres, en primer lugar:

  • ¿Hay algún pecado en mi vida que pueda ser la causa de esto?

En segundo lugar,

  • ¿Realmente conozco a Dios?
  • ¿Realmente confío en Él?
  • ¿Creo realmente que Él es mi roca, mi escudo y mi fortaleza?

Oh Padre, te pido que les des un corazón y un deseo de ir a buscar su Biblia, abrirla y empezar a buscar en los salmos Tus atributos.

Padre, no sé cómo darte gracias por las muchas veces en que has fortalecido mi corazón, me has alentado en los momentos en que no creía que podría levantar mi cabeza. Sin embargo, cuando fui a Tu Palabra, Tú lo hiciste.

Y así, Padre, oramos que si hay alguien que nos escucha hoy que esté sufriendo, que haya perdido totalmente su gozo, oramos que Tú les des esperanza. Señor, yo solo sé que en Ti hay esperanza. Oramos en el nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Llamándote a reflejar la hermosura del evangelio al mundo que te rodea, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Tenemos el privilegio de proporcionar transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor los ha usado para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos?

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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