Podcast Aviva Nuestros Corazones

El propósito del sufrimiento

Carmen Espaillat: ¿Te has dado cuenta que las comidas rápidas no son tan buenas como las originales? Ese arroz que se hace en un minuto no es tan bueno como el tradicional; la avena instantánea no es tan rica como esa que cocinas en la estufa, y el café instantáneo –bueno, ¿tengo que ir más lejos? Algunas veces, más tiempo y más esfuerzo trae consigo mejores resultados.

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

La semana pasada, Nancy inició una serie titulada, "Persevera en las dificultades de la vida". Si te la perdiste, puedes escucharla en AvivaNuestrosCorazones.com. Ella está de vuelta con la segunda entrega de esta serie:

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Todas hemos sido alguna vez impresionadas por los ejemplos de aquellos que han soportado adversidades increíbles—atletas, exploradores. Y una de mis ilustraciones favoritas viene del reino animal. Quizás has visto La marcha de los pingüinos. Es un documental de la National Geographic sobre los pingüinos emperador de la Antártica. Si no lo has visto, déjame reseñar algunas cosas para ti. Porque es una historia sorprendente.

Cada invierno miles de esas aves dejan su hogar seguro en el océano. Escalan en el hielo y empiezan una jornada de más de setenta millas a lo largo del hielo y de la nieve. Es todo un desierto helado, y ellos van al lugar tradicional de apareamiento. Van al mismo lugar cada año y marchan, por así decirlo. Realmente es algo lento, simplemente sorprendente el mirarlo.

En una sola fila, estos pingüinos, miles de ellos, van por todas estas millas, atravesando esta gran lucha para sobrevivir a los depredadores, las ventriscas cegadoras, los vientos feroces, las condiciones climáticas más extremas y severas sobre la faz de la tierra, pero ellos están empeñados. Tienen una meta en mente.

Tienen un propósito, y cuando llegan al lugar específico se aparean. Las hembras ponen solo un huevo y luego, esas hembras, regresan a través del mismo desierto que acaban de cruzar, de ese campo de hielo. Regresan al mar donde empezaron, para traer comida para los polluelos que están, mientras tanto, siendo vigilados en sus huevos por los machos.

Las hembras hacen este peligroso viaje. Están exhaustas. Han pasado semanas sin alimento. Han sido amenazadas por esas mortales focas leopardo, y mientras las hembras regresan a buscar comida, los machos se quedan atrás cuidando los huevos. Los mantienen en sus patas, o como sea que se les llamen.

Si has visto esto, es simplemente increíble como sostienen el huevo bajo una pequeña solapa, así lo guardan. No quieren romperlo. Se balancea en sus patas por dos meses en temperaturas bajo cero y no comen nada en todo ese tiempo. Imagínate hombres y mujeres sin comer por dos meses por esa causa.

Finalmente, la cría sale del cascarón. Y para este tiempo, las madres han regresado del océano con la comida. Si no lo hacen a tiempo, esa cría realmente morirán de hambre, así que las madres tienen que regresar con comida para sus hijos. Entonces se cambian los papeles y las madres se quedan con la cría mientras sus parejas, los machos, agotados y hambrientos, se dirigen al mar para encontrar más comida. Es una historia increíble. Me quedé con la boca abierta, asombrada, viendo todo esto.

Y ¿No nos conmueve un ejemplo como ese, la historia de su resistencia, su voluntad se sufrir privaciones y aflicciones, y no solo una vez, sino año tras año, una y otra vez con una meta? Tienen un propósito, y Dios los ha equipado y les ha dado la valentía, el coraje, la fortaleza y cualquier cosa que se necesita para cumplir el propósito por el cual fueron creados; lo cual involucra sufrimiento y dificultades, así como Él lo hace con nosotros.

Estamos viendo durante esta semana y la próxima esta serie en la Segunda Carta a Timoteo, estamos reuniendo ideas sobre este tema de la resistencia, de la perseverancia y el apóstol Pablo, como vimos en la sesión pasada, está encarcelado. Y esa es una palabra que suena bonita. Porque él está encerrado en un hueco bajo tierra, probablemente en la prisión Mamertina en Roma, esperando su ejecución en esa prisión miserable, estrecha, apretada. Y él está escribiendo para animar a su joven amigo Timoteo, quien era pastor en Éfeso y que a menudo se sentía temeroso y se desanimaba.

Pablo le dice a Timoteo, “Espera dificultades”, y ahí fue donde empezamos ayer. Espera dificultades. No creas que porque eres pastor, no creas que porque eres piadoso, no creas que porque amas a Dios, no creas que porque has vivido una vida fiel, que serás inmune a las dificultades y al sufrimiento. Es parte de la vida en este mundo caído. Es parte de la vida como un hijo de Dios. Espera dificultades y sufrimiento.

O sea que la pregunta no es, “¿Sufriré? ¿Tendré tiempos difíciles?” La verdadera pregunta es, “¿Cómo manejaré esto? ¿Cómo respondo? ¿Qué hago cuando estoy sufriendo, cuando estoy experimentando dificultades?” Como dijimos ayer, el sufrimiento viene en diferentes paquetes y en paquetes de diferentes tamaños. Lo que estás sufriendo hoy puede ser tan pequeño como un simple congestionamiento en el tráfico o puede ser tan grande como el descubrimiento de una enfermedad terminal y todo lo que encontramos en el medio.

Hay grados, pero, "Sufrimiento", como dijo Elisabeth Elliot “es tener algo que no quieres o desear algo que no tienes”. Y la vida está llena de eso, así que ¿Qué vas a hacer? ¿Qué es lo que Pablo le dice a Timoteo a través de esta carta?

En resumidas cuentas es —soporta. Soporta—aguanta, el sufrimiento es lo que él dice. Soporta las dificultades. No hay escape. No hay atajos. No hay desvíos alrededor. No hay reparaciones de emergencia. No hay fórmulas mágicas.

Las personas nos escriben a Aviva Nuestros Corazones—y estoy muy feliz de que lo hagan—y nos piden que oremos y comparten con nosotros como podemos orar. Y a menudo vienen por algún consejo cuando he estado hablando en conferencias y derraman sus corazones con problemas, grandes, grandes y luchas y retos que están enfrentando.

Y mi corazón se duele con ellas, pero algunas veces siento que lo que realmente quieren y lo que yo realmente he querido en esos momentos cuando mi corazón se duele junto a ellas, es alguien que pueda resolverlo—solo que me dé una pastilla. Que me dé una poción. Que me dé una Escritura. ¡Solo arréglelo! Ponle un parche. Mejóralo. Haz que desaparezca.

Algunas veces miro a esas mujeres y mi corazón se duele con ellas (claro que no de la misma forma en que a ellas les está sufriendo). Algunas veces siento que lo que necesito decir es “Sabes, no hay forma de evitar esto. Tienes que soportar. No hay solución rápida. No hay forma de salir de esto”.

Ahora, Dios puede escoger aliviar los puntos de presión. Él puede traer liberación en diferentes formas, pero todo lo que puedo prometerte es que Dios te dará la gracia para soportar. No puedo prometerte que Dios cambiará tus circunstancias. No puedo prometer que Dios arreglará tu matrimonio, pero puedo prometerte que Dios te dará la gracia para perseverar, para aguantar para soportar.

Y Pablo dice en el capítulo 2 de Segunda a Timoteo, versículo 3, “Sufre penalidades conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús”. Ese no es un parche. Esa no es una reparación fácil. Eso es solo, “Aquí está lo que vas a hacer”.

“Sufre penalidades, como buen soldado”. Pasa por ello. Él dice en el 2:10, “todo lo soporto por amor a los escogidos”.

Y esa palabra soporto es una palabra que significa “permanecer debajo”. ¿Permanecer debajo de qué? Permanecer debajo de cualquier cosa de la que tengamos que estar debajo, permanecer debajo de la aflicción, debajo de la presión—resistir valientemente debajo del sufrimiento, debajo de la aflicción.

Y después en el capítulo 2, empezando en el versículo 4, Pablo nos da tres ejemplos de la vida real de personas en diferentes carreras, en diferentes vocaciones, que soportan dificultades de varias formas. Cada una de estas personas se esfuerza, sirve y hace sacrificios, aun sufrimientos si fuera necesario, para cumplir su misión.

El primero es un soldado, versículo 4. Dice, “Ningún soldado en servicio activo se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado”. Y el soldado renuncia a una “vida normal” (entre comillas)— bienestares, comodidades de la casa. No se distrae con actividades civiles. Se enfoca en sus responsabilidades. Sufre.

Versículo 5, “Y también el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas”, así que un atleta acepta restricciones. Acepta disciplinas de entrenamiento. Guarda las reglas que han sido establecidas por su deporte—por ejemplo, no drogas (una alimentación específica, ciertas horas de sueño). Él no puede inventar sus propias reglas. Él acepta esas restricciones, esas dificultades.

Y luego en el versículo 6, habla del labrador que trabaja—primero el soldado, luego el atleta, ahora el labrador, “El labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos”. Esa palabra trabaja, en el lenguaje original significa, “trabajar hasta el punto del agotamiento”. Trabajador—trabajar hasta el punto del agotamiento.

Algunas de ustedes que son madres saben lo que significa trabajar. El labrador tiene que hacer esto cuando hay buen clima y tiene que hacerlo cuando el clima es malo. ¿Qué es lo él hace? Él tiene dificultades. Soporta. Trabaja.

La pregunta es cómo soportar, y eso es lo que ha sido una bendición para mí en este estudio de Segunda de Timoteo, como he descubierto, y aun estoy descubriendo, muchas ideas útiles que Pablo le dio a Timoteo en esta carta acerca de cómo soportar el sufrimiento y las dificultades. Y quiero compartir algunos de esos principios, algunas de esas perspectivas e ideas.

Ahora, solo déjenme decirle que en el contexto inmediato de Segunda de Timoteo, Pablo le está hablando a Timoteo como un pastor. Así que muchas de sus aplicaciones tienen que ver con “En el ministerio, con esta es la clase de dificultades que puedes esperar que vas a tener que soportar, y así es cómo tú lo soportas como un pastor”.

Yo no soy un pastor o pastora. Ustedes no son pastoras, pero Dios ha aplicado a mi propio corazón muchos de estos principios de Segunda de Timoteo que pueden relacionarse a cualquier rol que tengas en la vida—si eres un labrador, un atleta, un soldado, una esposa, una madre, un ama de casa, o estás en tu lugar de trabajo. Cualquiera que sea tu temporada en la vida, estos son principios que pueden aplicarse para ayudarte a soportar a perseverar.

En mi iglesia tenemos un grupo de mujeres y de jóvenes que recientemente memorizaron Segunda a Timoteo y le dije a una de esas mujeres recientemente que si ese libro, Segunda de Timoteo, cuatro capítulos, era todo lo que un creyente tenía para ayudarle a enfrentar el dolor y el sufrimiento por venir, era suficiente para pasar por lo que fuera.

Y yo diría que sea lo que sea que enfrenten desde ahora hasta el final de la carrera, si dejas que Dios escriba en tu corazón los principios y las perspectivas de Segunda a Timoteo, tendrás todo lo que necesitas, no solo para sobrevivir, sino para hacer lo que Pablo hizo—más que sufrir, él floreció y fructificó.

La primera idea o perspectiva de Segunda a Timoteo— es no olvides por qué estás sufriendo. No pierdas de vista el propósito. No pierdas de vista la meta.

Vimos el soldado, el atleta, el labrador, quienes soportan dificultades. Y ¿Por qué? Porque cada uno de ellos tiene un objetivo por el que consideran que vale la pena el esfuerzo, que es digno del sacrificio.

¿Cuál es el objetivo del soldado? Pablo dice en el versículo 4, “a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado”. Su objetivo es ganar la batalla, ser victorioso, así que él voluntariamente hace sacrificios, soporta las dificultades.

Y ¿Cuál es el objetivo del atleta? Ganar, ser coronado, obtener la medalla o el título. Él desea ser un campeón, así que por esa meta por ese objetivo él soporta las dificultades voluntariamente.

Y ¿Cuál es el objetivo del labrador? Éste quiere ganarse la vida. Quiere tener algo para comer; quiere tener un cultivo, y para alcanzar su objetivo, voluntariamente soporta las dificultades.

Ahora, ¿cuál fue el objetivo y propósito en la vida de Pablo que le hizo voluntariamente soportar las dificultades y el sufrimiento? Pablo, ¿Por qué lo hiciste? Pablo dice, “Recuerdo por qué estoy sufriendo y aquí está el porqué”. Déjame darte tres razones por las que Pablo soportó voluntariamente el sufrimiento.

Primero que todo, él dijo, “Sufro por el Evangelio”. Sufro por el Evangelio y tú ves esto una y otra vez en Segunda a Timoteo. Pablo dice, “Mi propósito es proclamar el Evangelio de Jesucristo, y voluntariamente soporto las dificultades para cumplir ese propósito”.

Mira el capítulo 1, el versículo 10—al final del verso 10, verso 11 y parte del versículo 12. Él habla acerca “del Evangelio, para el cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro. Por lo cual también sufro estas cosas…” Es un privilegio para mí proclamar a Cristo. Es un llamado. Es la misión de mi vida, y voluntariamente sufro por ese propósito.

Capítulo 2, versículos 8 y 9, “Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos…  por el cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor…”. Capítulo 4, versículo 17, “…a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran…”

Lo que Pablo dice, “Vale la pena, con tal de proclamar el Evangelio—por amor del Evangelio”. Y recientemente he estado leyendo mejor dicho re-leyendo un mensaje de John Piper sobre Adoniram Judson, quien fue el primer misionero norteamericano en el extranjero. John Piper dice mientras él habla sobre este héroe de la fe—una de las conclusiones a las que llega, una de las conclusiones es esta, “El sufrimiento es una de las estrategias de Cristo para el éxito de Su misión”.

Y la misión de Cristo es la proclamación del Evangelio, la proclamación de Cristo alrededor del mundo. Piper dice que es, “El sufrimiento es una de las estrategias de Cristo para el éxito de Su misión” para que el Evangelio se esparza por el mundo y esa fue la perspectiva de Pablo toda su vida.

En Hechos capítulo 20, en el versículo 23 Pablo dijo, “…el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones”. Así que la pregunta que puedes hacerte es, “Pablo, ¿por qué irías? ¿Si tú sabes con anticipación que vas a enfrentar problemas, por qué no sacas esa ciudad de tu itinerario?”

Pablo contesta en el versículo 24, “Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del Evangelio de la gracia de Dios”. Pablo dice, “Por amor del Evangelio, vale la pena soportar dificultades”.

Y hay otro propósito que Pablo tuvo en el sufrimiento, y fue el amor a los elegidos. Pablo dice—y mira en el capítulo 2, versículo 10, “Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna”. Lo que Pablo está diciendo es, “Voluntariamente soporto cualquier forma de sufrimiento, cualquier grado de dificultad, por amor de aquellos que creerán en Cristo como resultado de la predicación del Evangelio”.

Mientras tú y yo soportemos voluntariamente cualquier tristeza, dificultad y sufrimiento y nos encontremos pasando por ello, ya sean grandes o pequeños, nuestras vidas serán testigos, testimonios al mundo de toda la suficiencia, la gracia, la grandeza y el poder de Cristo. Nuestras vidas llegarán a ser testigos. El mundo no tiene la capacidad para soportar la dificultad con gozo, pero nosotros sí. Y déjame decirte, no solo impactamos a los incrédulos, sino que nuestras vidas, por la forma en que soportamos las dificultades, también impactan a todos los que nos rodean.

Madres, ustedes están entrenando y discipulando a sus hijos en la medida en que ellos ven cómo respondes al dolor, a la dificultad y al sufrimiento. Vi un poderoso ejemplo de esto en la vida y la familia de una amiga cuyo esposo había sido infiel y puso a la familia a atravesar por toda esa angustia y ese dolor increíble, justo cuando sus dos hijos estaban entrando en la adolescencia.

Y esta mamá soportó la dificultad. Ella mantuvo sus ojos en Cristo. Y ¡Fue duro! Fue espantoso. No fue un camino libre de dolor por el cual ellos pasaron, pero ella siguió los principios de Segunda de Timoteo, mantuvo sus ojos en Cristo, soportó y guió a sus niños a través del proceso manteniendo la perspectiva de Dios del sufrimiento.

Y mientras haciendo esto, no sabes cómo tus chiquitos están procesando todo eso y lo que ellos están pensando. Pero un día estábamos hablando por teléfono y ella me contó algunas de las cosas preciosas que sus hijos le habían dicho y que la habían hecho llorar al darse cuenta de lo que estaban pasando. Dios estaba trabajando en sus vidas como resultado de lo que habían visto y la forma en que ella había soportado. Le pedí, “¿Puedes escribir eso para mí? Porque quiero poder compartirlo con otras algún día”, y ella lo hizo.

Aquí está lo que ella escribió mientras lo recordaba. Su hijo de doce años le dijo,

Mamá, desde que todo esto pasó con papá, he estado temeroso de casarme algún día porque tengo miedo de herir a mi familia en la forma en que papá lo hizo con nosotros. Pero mamá, tú has sido el ejemplo más increíble para mí en estos meses.

Papá te ha herido una y otra vez y tú me has mostrado un gran ejemplo al no romper tus votos matrimoniales con él. Le has mostrado perdón y amor incondicional una y otra vez. Tu ejemplo para mí ha hecho que quiera casarme algún día y mostrarle esa clase de amor y compromiso a mi familia. Tu ejemplo me ha hecho desear ser un buen testimonio para otros niños y aun para otros adultos.

Y mi amiga dijo al final de este correo electrónico,

¡Espero que estas palabras animen a otras mujeres a continuar amando y a no darse por vencidas!

Ella ha soportado por amor de los elegidos, por amor a ese niño de doce años y a su futura familia, por amor a ti, por amor a mí.

Y leo eso y pienso, “Dios puede darle a ella gracia para soportar; Dios puede darme a mi gracia para soportar, soportar por amor al evangelio, por amor a los elegidos y para la Gloria de Dios”.

Y la línea final de Segunda de Timoteo, justo antes de la posdata de cierre, las palabras finales de ese saludo personal —Pablo dice, “A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (4:18). Esa es la línea final. Ese es el propósito. Esa es la meta.

Oswald Chambers dijo, “Nuestras circunstancias son los medios para manifestar lo maravillosamente perfecto y extraordinariamente puro que es el Hijo de Dios. Lo que debe hacer nuestro corazón palpitar es poder manifestar de alguna forma al Hijo de Dios”.

Recuerda, que no se trata de ti. No se trata de mí. Se trata de Cristo. Es para la gloria de Dios. Es todo para Él. Es todo para Su gloria.

Si quieres soportar, número uno, no olvides por qué estás sufriendo. Recuerda que tu sufrimiento no es sin sentido. No es sin propósito. Tiene un propósito. Y es por amor al Evangelio, por amor a los elegidos y para la gloria de Dios.

Gracias Señor, que nuestro sufrimiento no es sin sentido, no es en el vacío, no es en vano. Gracias a que el apóstol Pablo estuvo dispuesto a sufrir voluntariamente, a soportar las dificultades en esa prisión Mamertina, hoy, 2000 años después, nuestros corazones están siendo fortalecidos y ayudados a soportar. Y Señor, me pregunto, a lo largo del camino, quién podrá ser fortalecido y ayudado a soportar en su carrera porque estamos soportando hoy voluntariamente.

Señor, nos encontramos una larga línea, en una larga lista de personas que han soportado, personas que han sido fieles, fieles todo el camino hasta la meta final por Tu amor, por amor al Evangelio, por amor a los elegidos, y por amor a tu gloria. Que Tú nos encuentres este día fieles y soportando. Oro en el Nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nancy ha estado mostrando porqué el sufrimiento no es en vano. Hay algunas razones importantes para soportar durante la prueba. Cuando me encuentro golpeada por alguna crisis, usualmente no pienso, “Bien, una oportunidad para glorificar a Dios”. Solo quiero que la crisis pase tan pronto como sea posible. Y probablemente a ti te pase lo mismo. El programa de hoy me anima a usar esas oportunidades.

Aprecio la forma en que la Palabra del Señor me moldea en áreas como esta. Y estoy tan agradecida por la forma en que el Señor usa Aviva Nuestros Corazones para conectarme con Su Palabra. Y también por la forma como Él usa el ministerio, ayudándonos a alcanzar metas como la que Nancy está a punto de compartir.

Nancy: No hace mucho que Aviva Nuestros Corazones paso un hito. Una amiga envió un correo electrónico al ministerio y dijo, “¿Sabía que la versión en inglés de este programa fue el número 3.000 de Aviva Nuestros Corazones?”

Bien, no creo que ninguna de nosotras se dio cuenta que era nuestro programa número 3.000. El programa salió al aire sin que pareciera la gran cosa. Pero estoy tan agradecida por todo este ministerio por los últimos doce años, y también porque el Señor ha sido fiel en proveer todo lo que hemos necesitado para esos 3.000 programas que han salido al aire.

El Señor ha sido bondadoso en hacer eso a través de las donaciones de amigos y escuchas como tú. Así que, mientras seguimos adelante, sin saber cuántos más programas el Señor nos permitirá tener, ¿considerarías apoyar Aviva Nuestros Corazones con una alguna donación especial para que si es la voluntad de Dios nosotros también lleguemos a nuestro programa 3.000?

Cuando el primer programa de Revive Our Hearts, hoy en día Aviva Nuestros Corazones, salió al aire el 3 de Septiembre del año 2001, no teníamos ni idea que un día las mujeres estarían escuchando Aviva Nuestros Corazones a través de sus teléfonos o compartiendo el programa a través de las redes sociales. Pero estos medios se han convertido en una forma importante y efectiva de esparcir el mensaje. Por eso es que necesitamos invertir en actualizar y renovar nuestras páginas para hacerlo más eficiente.

Y le doy gracias al Señor por personas que han apoyado a Aviva Nuestros Corazones, algunas de ellas muy generosamente, otras muy sacrificialmente. Y si Dios te guía a ofrendar, puedes hacerlo visitándonos en AvivaNuestrosCorazones.com, o llamando al 1-800-569-5959, desde EEUU y Canadá.

Carmen: Gracias, Nancy.

Cuando estás enfrentando una crisis, ¿encuentras difícil pensar claramente? Mañana, Nancy nos ayudará a pensar en el futuro para elaborar un plan que nos ayude a perseverar en la dificultad.  Por favor, regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.