Aviva Nuestros Corazones Podcast

Él te da paz

Annamarie Sauter: Aquí en Aviva Nuestros Corazones, estamos muy agradecidas por la oportunidad y el gozo de compartir la Palabra de Dios a lo largo de este año 2018. Y estamos a la expectativa de un nuevo año de ministerio. Hemos recibido muchos testimonios a lo largo de los meses, Nancy DeMoss de Wolgemuth nos lee lo que nos escribió una mujer que ha recibido verdadera esperanza, y está llevando esa esperanza a otras mujeres.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: «Hola, Dios ha trabajado en mi corazón para mentorear a mi hermana menor, y recientemente estoy ayudando a una de mis amigas que se casa. Y le hice las preguntas que Nancy hizo al comienzo de un programa. ¿Dónde estás tomando tus ideas sobre la feminidad? ¿Quién le dio forma a tu estándar? ¿Le dio forma el mundo o la Palabra de Dios?

Y ella me respondió, «no entiendo mucho esto». Mi corazón saltó de asombro ya que mi amiga es cristiana y me decidí encaminarla en este nuevo viaje de descubrir el significado de lo que es ser una mujer conforme a la Biblia. Nuestra conversación se extendió y Dios se glorificó. Vi cómo su rostro cambió, al ella ver desde un punto de vista bíblico, lo que es ser mujer.

Esta será la primera de muchas reuniones con ella y estoy súper contenta. Esa serie sobre la feminidad bíblica ha venido a ser un respiro de alivio para mí, y de paz en mi alma ya que puedo nutrirme para poder encaminar a mi amiga en este gran paso que es el matrimonio.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Desde los inicios de Aviva Nuestros Corazones sabíamos que era crucial que este ministerio estuviera apoyado por la oración. Sabíamos que no podríamos ser efectivos sin las oraciones del pueblo de Dios orando por nosotros y con nosotros. Por eso es que estoy muy agradecida; por las muchas mujeres que Dios ha levantado y que son nuestras colaboradoras y que oran por nosotros. Son mujeres, hombres y parejas que creen tanto en este ministerio, que se han comprometido a orar por nosotros. En adición a sus oraciones, se han comprometido a compartir el mensaje de este ministerio con otras, e invertir en el reino. Quizás tú ya hayas escuchado este programa por algún tiempo y has sido bendecida por sus mensajes. Te animamos a apoyarnos en oración, y financieramente si Dios así te dirige a hacerlo.

Annamarie: Gracias Nancy.

Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí puedes hacer tu donación si así Dios lo pone en tu corazón, de modo que podamos continuar trayendo verdadera esperanza a miles de mujeres de habla hispana. Allí en nuestro sitio web, también puedes tanto leer, como descargar y compartir fácilmente estos programas con otras mujeres.

«El Señor te bendiga y te guarde». Durante los últimos programas hemos estado hablando acerca de esta bendición que encontramos en la Escritura. Una porción dice, «el Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz». Pero, cuando vemos lo que sucede alrededor del mundo pensamos, ¿alguna vez habrá paz en esta tierra? Y bueno, los conflictos no solo se ven en las naciones, los vemos en nuestros hogares y en nuestros corazones. Hoy Nancy nos mostrará la única fuente de paz verdadera.

Nancy: Creo que una de las cualidades y los dones más buscados hoy en día en este mundo es la paz. Cuando hablo con diferentes mujeres pienso que esa es una de las cualidades, en particular, que más mujeres buscan. Quieren paz en sus corazones. Quieren paz en sus hogares. Quieren paz en sus relaciones. Quieren que sus mundos sean sosegados, en lugar de estresados.

¿No les parece sorprendente a cuántos lugares acudimos para encontrar paz, sin embargo la paz parece eludir a la mayoría de las personas? Si vemos a la mayoría de la gente a nuestro alrededor, a la mayoría de nosotras –y muchas veces tengo que incluirme yo misma en esa categoría– no son muchas las personas que podemos decir que son pacíficas, especialmente en este mundo en que vivimos, tan caótico, apresurado, estresado y con relaciones rotas.

Cuando venimos a la bendición a la oración sacerdotal en Números capítulo 6, llegamos ahora a una oración, a una petición por la paz de Dios. Me alegro tanto de que este punto se incluyera porque es una de las cosas que más necesitamos. Es una de las cosas que más anhelamos. Como esta petición es parte de una oración al Señor por su bendición, vemos la fuente de la verdadera paz. Aquellas de nosotras que hemos estado buscando la paz en los lugares equivocados, sin éxito alguno, cuando venimos a esta oración, encontramos que el Dios de esta oración, el Dios de la bendición, es el Dios de toda paz.

Hemos estado viendo esta bendición, esta oración sacerdotal en Números capítulo 6. Leámosla para que veamos esta petición en su contexto. El versículo 24 de Números capítulo 6 dice: «El Señor te bendiga y te guarde». Es una oración por protección, por protección de la maldad, protección del maligno. Dios es nuestro guardador.

Luego vimos en la última sesión que también es una oración por la presencia de Dios. «El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti… el Señor alce sobre ti su rostro» (v.v 25-26a). Señor, queremos Tu sonrisa. Queremos Tu complacencia. Queremos Tu presencia en nuestras vidas.

Luego vimos la petición por el perdón de los pecados. «Señor, que Tu gracia sea sobre nosotros» (paráfrasis). «Necesitamos Tu gracia, cuando vemos todo lo que la luz de tu rostro expone en nuestras vidas, Señor danos tu perdón».

Y ahora venimos a la última frase del versículo 26: «(Que el Señor) te dé paz». Que el Señor te bendiga. Que el Señor te dé paz.

Esa es la palabra shalom en hebreo. Es una palabra que era usada como un saludo común. ¡Shalom! El Señor te bendiga. La paz sea contigo. Es una palabra que habla de bienestar, de contentamiento. Es una palabra que habla de salud y seguridad, de amistad, paz con Dios, paz con los hombres, paz aquí en la tierra y paz en el cielo. Es una palabra que habla de plenitud.

Es una palabra que tiene que ver con nuestra relación de pacto con Dios. Él hace posible que dos facciones en guerra, es decir nosotros y Dios, se unan y tengan paz. De nuevo, vemos que Cristo es el cumplimiento de esta oración. Cristo es la bendición. Él es nuestra paz. Él es el que vino del cielo a la tierra y dio su vida en la cruz para poder tender un puente sobre la brecha infinita entre el cielo y la tierra.

Nunca hubiéramos podido acercarnos a Dios. Nunca hubiéramos podido pasar la eternidad en Su presencia. Nacimos torcidas, en dirección contraria a Dios. Éramos sus enemigas. Pero Jesús vino y cerró la brecha en la cruz del Calvario y dijo: «A través de mí ustedes pueden tener paz con Dios».

Pero Él no solo nos da paz con Dios, sino que también nos promete que podemos tener la paz de Dios guardando nuestros corazones y nuestras mentes en un mundo perturbado, donde no hay mucha paz.

Y pienso en ese pasaje en el capítulo 14 del Evangelio de Juan cuando Jesús les hablaba a Sus discípulos mientras Él se preparaba para ir a la cruz y finalmente de regreso al cielo. Él había vivido con ellos por tres años de ministerio aquí en la tierra. Ellos habían desarrollado una amistad y una relación cercana e íntima, y ahora Él estaba tratando de ayudarlos a entender por qué se iba y que en este mundo tendrían aflicción.

Y comienza en Juan capítulo 14 versículo 1, en ese versículo tan familiar, donde Jesús les dice: «No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí».

Luego sigue en el versículo 27, y les da una bendición preciosa, un regalo precioso mientras Él se prepara para dejar esta tierra. Él les dice: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da». Creo que está diciendo que la paz que el mundo da es frágil. Hay acuerdos de paz y premios de paz, y hay gente luchando por la paz mundial, pero en el mejor de los casos es una paz frágil.

Piensen por un momento en lo que está sucediendo en el Medio Oriente y los intentos de lograr que haya paz. Las personas firman un acuerdo y al día siguiente ya lo están rompiendo. Pero Jesús dice: «No os la doy como el mundo la da». Él dice: «No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo» (Juan 14:27).

Luego el apóstol Pablo sigue con ese mismo tema en el libro de Filipenses en el capítulo 4. Él les habla a personas que están pasando por verdaderas crisis en la vida. Él les dice: «Por nada estéis afanosos» (v. 6). No dejen que nada les robe su paz.

«Antes bien», sigue diciendo, «en todo mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios» (v. 6). ¿Y qué sucede cuando hacemos esto? ¿Cuál es el resultado? «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento...» (v.7). Esto es incomprensible.

¡Y cuántas veces no hemos experimentado nosotras mismas esa paz, al clamar al Señor y rendirle nuestras cargas, nuestro dolor, las cosas que nos atormentan, las cosas por las que estamos ansiosas! Clamamos a Él; le hacemos saber nuestras peticiones. Le damos las gracias, ¿y qué sucede? Recibimos una paz inexplicable.

Yo experimenté esa paz mientras estaba sentada en el funeral de mi papá, apenas algunos días después de que el partiera con el Señor. No significa que hubo paz sin lágrimas o sin un enorme sentido de pérdida. Pero con la pérdida, con el duelo, con las lágrimas hubo esa paz de Dios que no se puede explicar.

«Que sobrepasa todo entendimiento», dice él, y la paz de Dios «guardará vuestras mentes y corazones en Cristo Jesús» (v. 7). Es como una fortaleza. Es un lugar al que nadie más puede entrar. Nadie te puede atormentar o vencer en ese lugar. Es como el ojo de la tormenta. Es un fuerte alrededor de nuestras mentes y alrededor de nuestras emociones que de otro modo estarían atormentadas.

Y luego sigue en el versículo 8 diciendo: «Todo lo que es verdadero y honorable y justo y puro y amable, en esto piensen» (paráfrasis). Mediten en estas cosas. No mediten en sus circunstancias tormentosas. Mediten en las realidades eternas de la bondad de Dios, en Su fidelidad, en Su carácter, en Sus caminos. El Dios de paz, o como se le llama en el libro de Hebreos, el Dios de toda paz, estará contigo en medio de toda circunstancia, en medio de toda situación (ver Hebreos 13:20).

Ese tipo de paz, la paz de Dios, el Dios de paz que experimentamos es el fruto del Espíritu, ¿no es así? No es algo que podemos experimentar por nosotras mismas, es algo sobrenatural. Si fuéramos a experimentar lo que es natural, viviríamos en constante agitación. Pero podemos tener paz, paz con Dios, la paz de Dios y paz unos con otros en nuestras relaciones humanas, cuando estamos llenas del Espíritu Santo. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz (ver Gálatas 5:22).

Si quieres la paz de Dios, la quieres en tu corazón, en tus relaciones, en tu hogar, necesitas ser llena del Espíritu de Dios. Cuando eres llena de Su Espíritu, estás operando no en tus propias fuerzas, no en tus propios esfuerzos, no en tu propia energía, sino en el poder, en la fuerza, y en la vida que Él da, encontrarás que Dios puede volver esas aguas turbulentas en aguas tranquilas.

Imagínate por un momento a Jesús de pie en esa barca contigo en ese tormentoso mar. Cuando sea la hora, a Su manera y según a Él le plazca, Él hablará y dirá: «Aquiétate». Aun antes de que esas aguas se asienten, la tormenta a tu alrededor puede seguir con toda su furia. Puede que no le plazca detener las olas en ese preciso momento. Las Escrituras dicen que: «Él agita las olas y que Él las sosiega, que Él las aquieta», pero Él decide cuándo y qué hacer (paráfrasis de Jeremías 31:35). Pero aún cuando las olas se estén agitando, puede haber paz.

¿Alguna vez has notado que casi todas las epístolas del Nuevo Testamento empiezan con una bendición? Si piensas en los primeros versículos de la mayoría de las cartas del Nuevo Testamento, recordarás que empiezan con un saludo, que es una bendición. Casi siempre se usan las palabras gracia y paz.

Romanos capítulo 1 versículo 7: «A todos los amados de Dios que están en Roma, llamados a ser santos: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo».

Primera a los Corintios capítulo 1 versículo 3: «Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo».

Cuando Pablo hace estas oraciones y les da estas bendiciones a las iglesias a quienes les escribe estas cartas, en realidad él está invocando la bendición sacerdotal que hemos estado estudiando en Números capítulo 6.

Vamos a repasar la bendición. Dios le dice a Moisés: «Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: “Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: El Señor te bendiga y te guarde”» (vv. 23-24). Esa es una oración por la protección de Dios. «El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y alce sobre ti su rostro» (vv. 25-26, paráfrasis). Esa es una oración por la presencia de Dios.

Luego las otras dos peticiones: «El Señor tenga de ti misericordia», que es una oración por el perdón de Dios, y finalmente. «El Señor te dé paz» (vv. 25-26). Gracia y paz. Esto me recuerda que Dios nos hizo sus sacerdotes. Esta no es una bendición que le pedimos a otra persona que ore por nosotras. Dios nos hizo sacerdotes capaces de orar esta bendición por otras personas.

Pero antes de que podamos hacer esta oración por otros, tenemos que recibirla nosotras mismas. Tenemos un Sumo Sacerdote en el cielo, al Señor Jesús, quien ha orado y está orando esta bendición sobre nosotras. Él ha orado que el Señor nos bendiga y nos guarde y haga resplandecer su rostro sobre nosotras, que tenga de nosotras misericordia y nos dé paz. Gracia y paz. Vienen a nosotras de parte de Dios. Él es quien bendice. Vienen a nosotras a través de Jesucristo Su Hijo.

Si estamos esperando que nuestros padres, una pareja o un hijo o un trabajo o una amiga o una iglesia sea el medio supremo para obtener gracia y paz en nuestras vidas, nos estamos preparando para una gran decepción. La paz y la gracia vienen a nosotras de parte del Señor.

Cuando Dios haya derramado Su gracia y Su paz sobre tu vida, entonces tendrás una copa llena, un tanque lleno, que al desbordarse ministrará gracia y paz y bendición a todos aquellos a tu alrededor.

Ahora bien, la plenitud de esta bendición, como hemos estado viendo, se completa en el Señor Jesucristo. Él es el que vino a esta tierra a bendecirnos. Hechos capítulo 3 nos dice que Dios lo envió para bendecirnos, apartándonos de nuestros pecados. Él es quien nos guarda de caer (ver el versículo 26).

Él es, de acuerdo a Hebreos capítulo 1, «el resplandor de la gloria de Dios» (v. 3). Él es la imagen del rostro de Dios. Él es Dios hecho visible. Él es el rostro de Dios brillando sobre nosotras.

Él es el que vino y trajo gracia y verdad a nosotras aquí en la tierra cuando estábamos alejadas de Dios y éramos sus enemigas. Nos trajo gracia. Él es el Príncipe de paz. El Señor de paz. El Dios de toda paz.

Luego leemos en el versículo 27 del capítulo 6 de Números: «Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré». ¿De quién es ese nombre? Es el nombre de Jesús, el Nombre que es sobre todo nombre.

Jesús vino para poner el nombre de Dios sobre nosotras, para marcarnos como pertenencia de Dios. De hecho, esa frase: «Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel», nos da la idea de una marca de propiedad. Ese concepto se menciona de nuevo en otros dos lugares claves de las Escrituras.

El primero es una profecía en Isaías que habla sobre la restauración de Israel a la tierra. Dice que en ese día la gente: «…escribirá en su mano: “Del Señor soy” y se llamará con el nombre de Israel» (44:5). Israel se dará cuenta de que le pertenece a Dios, de que ha sido guardado por Dios y que Su Nombre está sobre ellos. Habla de un tiempo de bendición cuando Israel será restaurado de la cautividad.

Pero en el libro de Apocalipsis, vemos otra referencia al nombre de Dios sobre Su pueblo. Es cuando el pueblo de Dios sea reunido finalmente alrededor del trono de Dios. Leemos en Apocalipsis 22 que: «Ellos verán Su rostro, y (esta parte me encanta dice) Su nombre estará en sus frentes» (v. 4). Una marca de propiedad.

No sé cómo se verá eso en nuestros cuerpos celestiales y glorificados. No creo que ni siquiera podamos imaginarlo. Pero habrá una marca de propiedad, habrá un sello. Estos son los que le pertenecen al Señor. Recuerden que esto ocurrirá después de un tiempo cuando muchos en la tierra habrán tomado en sus frentes la marca o el número o el nombre del anticristo, de la bestia.

Pero Dios ahora dice: «A aquellos que han perseverado, aquellos que se han mantenido, que han sido bendecidos, que han experimentado mi gracia y mi paz, a ellos les pondré Mi Nombre, el Nombre que está sobre todo nombre en sus frentes. O sea que es tinta indeleble de la que estamos hablando. «Mío. ¡Mío!» dice Dios: «Eres mía. Pondré Mi Nombre sobre Mi pueblo».

Cuando vamos a ese último libro de la Biblia, el libro de Apocalipsis el capítulo 22, el último capítulo, alcanzamos a ver una pequeña muestra de ese estado final y bendecido del pueblo de Dios. La misma bendición que fue orada en Números capítulo 6: «El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia» (vv. 24-26).

Eso fue lo que el apóstol oró en el Nuevo Testamento: «Gracia y paz sean a ustedes», y lo que Jesús dijo: «Mi paz os doy». Solo hemos experimentado una pequeña medida de esa bendición de este lado del cielo. Pero vivimos con la promesa de que en la plenitud del tiempo de Dios vendrá la consumación, la terminación, el cumplimiento total de esa bendición.

Se predice en Apocalipsis capítulo 22 en un lenguaje que apunta hacia esta bendición sacerdotal. En Apocalipsis 22 versículo 3 se nos dice: «Y ya no habrá más maldición». No más maldición; si no hay maldición, ¿qué habrá? Bendición, bendición eterna, bendición infinita, bendición por siempre.

«El trono de Dios y del Cordero estará allí (en ese lugar en el cielo), y Sus siervos le servirán. Ellos verán Su rostro, y Su nombre estará en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos» (vv.3-5).

En esa promesa tenemos esperanza. Tenemos confianza. No importa lo que estés viviendo en este momento, no importa lo que esté pasando en tu casa, en tu lugar de trabajo, en tu mundo, en tu iglesia y en este mundo. No importa lo que esté pasando, tú tienes la promesa de la bendición de Dios, Su presencia, Su favor, Su rostro, Su atención, Su nombre, Su poder que te cuida, Su trato misericordioso con nosotras, y Su paz. Él es la fuente y el medio de toda, toda, toda suprema bendición.

Permíteme hacer esta oración por ti. «Que el Señor te bendiga y te guarde. Que el Señor haga resplandecer Su rostro sobre Ti y tenga de Ti misericordia. Que el Señor alce la luz de Su rostro sobre ti, y te dé paz».

Dios dice que cuando hacemos esa oración, Él promete «que pondrá Su nombre sobre su pueblo y lo bendecirá». Amén.

Annamarie: En 1773, al celebrar el año nuevo, John Newton le introdujo una canción a su iglesia. Esa canción se convirtió en un himno muy amado que se difundió por todo el mundo. Mañana, 1 de enero del año 2019, Nancy te ayudará a recapturar el asombro por lo que Jesús ha hecho por ti. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Deseándote un bendecido fin de año y principio de 2019.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de La Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Gracia y Paz, La IBI & Sovereign Grace Music, La Salvación es del Señor, ℗ 2014 Sovereign Grace Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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