Podcast Aviva Nuestros Corazones

Enfocadas en lo eterno

Annamarie Sauter: El fruto de un árbol aparece a medida que éste recibe nutrientes y crece. Se va formando de adentro hacia afuera. Algo parecido ocurre con nuestra vida espiritual. Por lo tanto, el intentar hacer buenas obras separado de una relación con Dios es semejante a tratar de pegarle una fruta a un árbol muerto.

Cuando descubres un nuevo consejo de belleza, ¿verdad que te gustaría compartirlo? Estás a punto de escuchar cómo cultivar la belleza que no se desvanece con los años al terminar el programa de hoy desearás enviarle a una de tus amigas esta transcripción de Aviva Nuestros Corazones. A continuación escuchemos a Nancy Leigh De Moss en la voz de Patricia de Saladín compartiendo la serie La mujer contra-cultural, basada en Proverbios 31.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Alguna vez te has preguntado cómo era la apariencia de la mujer virtuosa? ¿Te la puedes imaginar? Creo que si pensamos en ello, probablemente todas tenemos la imagen de que era una mujer físicamente bella. Quizás lo era, pero ¿sabes qué?, en realidad no tenemos la certeza.

De hecho, aquí no estamos hablando de una mujer en particular, sino de una mujer que personifica a esa mujer con un carácter cuya combinación de rasgos y cualidades son los de una mujer que camina con Dios.

Creo que por eso no encontramos nada en Proverbios 31 que nos diga cómo se veía esta mujer. No encontramos una descripción de sus características físicas. No sabemos si ella era alta o bajita, gruesa o delgada. En fin, no sabemos su aspecto. Sin embargo si conocemos su belleza interna, una belleza que el mundo no puede dar, aquella que no encontraremos en las portadas de las revistas.

Así que, en toda la porción del pasaje que hemos estado estudiando en el transcurso de estas últimas semanas, la apariencia física de la mujer virtuosa nunca se menciona. Su atractivo y su belleza surgen por completo de su corazón, forman parte de su carácter.

Hoy estaremos estudiando el versículo 30 que sí menciona el aspecto de la hermosura. Pero no se refiere a ésta de la manera que lo hace el mundo. Proverbios 31:30 dice: “Engañosa es la gracia y vana la belleza”.

Esta mañana busqué la palabra “engañosa” en uno de mis libros de referencia y algunos de sus sinónimos son: fraude; algo que no vale nada; algo que es falaz. Así que el encanto por sí solo, aislado de un carácter piadoso, es una farsa. Es simplemente una fachada.

Estos sinónimos me traen a la memoria ese versículo en Proverbios capítulo 11 versículo el 22 que dice: “Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción”. Ella es una imitación. Ella tiene un encanto físico, una belleza externa, pero es un fraude. No es lo auténtico.

Como tiene una belleza externa, es como si le colocaran una alhaja en el hocico a un cerdo. ¡Pero continúa siendo un cerdo! No importa lo que le hagas a una mujer aparentemente bella, si en su interior tiene un corazón de un cerdo, entonces no es realmente hermosa.

“Engañosa es la hermosura,” dice el pasaje, “y la belleza es pasajera” (refiriéndose a esa belleza externa). Lo que quiere decir, es que no perdura. Seguramente ya estás enterada de esto si pasas de los 40 años de edad.

Yo hago un esfuerzo por arreglarme en las mañanas, pero cuando llega la tarde me siento desaliñada. La belleza pasa. Aunque logres verte bella temprano en la mañana, no lograrás que dure todo el día. Lo que quiero decir es que pasará no importa cuánto maquillaje o cuánta laca te pongas. Y ni pensarlo con el paso de los años. Eso es lo que sucede con la belleza externa.

“Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada”. Esta segunda parte del versículo nos ofrece un gran contraste. ¿Te das cuenta? Refiriéndose al encanto, a lo externo, a la belleza externa… Dice que “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza (NVI)….” Y es aquí donde encontramos la contraposición. “Pero la mujer que teme al Señor…”

Eso me deja entender que puedes ser una mujer con una relación reverente hacia el Señor y no necesariamente tener una belleza externa. Así que si te dan a escoger, ¿cuál de las dos cosas sería más importante para ti? Es posible que digas: “Me gustaría tener las dos cosas.” Bueno eso es lo que el mundo nos dice. Pero debes saber que si te enfocas en obtener la belleza externa, estás invirtiendo en algo que no es duradero y que en sí mismo no es particularmente significativo.

Dios creó la belleza. No hay nada pecaminoso en ser hermosa. Tampoco es pecaminoso que te vistas de forma que resulte atractiva para tu esposo. Pero ten en cuenta que si en eso es en lo que te mantienes enfocada, estás invirtiendo en algo que no permanece.

No importa el éxito que tengas en el asunto de la belleza exterior, si no te esfuerzas en lo interior— tu espíritu, tu carácter, tus actitudes— estás en el lado perdedor. Una mujer que teme al Señor— esa mujer tiene algo que perdura, algo que es verdadero, algo que tiene mucho valor. Tiene algo que no se desvanecerá.

Creo que la segunda parte de este versículo es la clave del capítulo completo. “La mujer que teme al Señor”.

A propósito, ¿recuerdas dónde empezó el libro de Proverbios? Nos encontramos ahora en el último capítulo, Proverbios 31. ¿Pero recuerdas lo que nos dice Proverbios 1:7? “El temor del Señor es el principio de la sabiduría” Este es el inicio, el punto de partida.

Proverbios es el libro que trata la sabiduría— cómo vivir tu vida sabiamente, cómo ver toda la vida desde la perspectiva de Dios, cómo resolver los aspectos prácticos de la vida de manera sabia. ¿Cuál es el punto de partida para lograrlo? Todo empieza con el temor del Señor.

¿Deseas saber cómo criar a tus hijos? ¿Deseas saber cómo amar a ese esposo tan difícil? ¿Deseas saber cómo ordenar tus prioridades? El libro de Proverbios abarca todos estos temas. ¿Cómo empezar? El punto de partida es el temor del Señor.

Si no eres una mujer que teme al Señor, entonces en última instancia tus esfuerzos por ser una mujer piadosa son como los de aquella persona que toma un palo, lo entierra y luego le pega frutas, por ejemplo melocotones, y dice: “Ahí está, ya tengo un árbol de melocotones.” Realmente no tienes un árbol de melocotón. Lo que tienes es un palo enterrado en la tierra con algunos melocotones pegados a él.

Como mujeres cristianas, algunas de nosotras somos semejante a ese palo enterrado en el suelo con tan solo unas cuantas conductas o comportamientos cristianos pegados a él. Si no cultivas una relación con Dios que sea realmente espiritual; si tus raíces no profundizan en tu relación con Dios; si no tienes el amor de Dios y la reverencia hacia Dios recorriendo por tus venas, entonces el fruto que surge no será un fruto espiritual.

Una vez que hayas desarrollado el temor del Señor en tu vida te darás cuenta que no es tan difícil llevar fruto. Llegará— no de manera natural, sino sobrenaturalmente. El fruto viene si estas ocupándote de las raíces de tu relación con Dios. En eso consiste ser una mujer con temor de Dios.

¿Significa esto que le tiene miedo a Dios? Bueno en cierto sentido deberíamos tenerle miedo a Dios. Algún día en Aviva Nuestros Corazones me encantaría hacer una serie sobre lo que significa temer al Señor. Sabemos que de acuerdo al libro de Proverbios, el temor del Señor se refiere a tener una confianza reverente en Dios, a no tomar Su Nombre en vano, a no tomarlo a la ligera, sino a tener este tipo de reverencia, este tipo de asombro ante Dios.

Juntamente con esa confianza reverente viene el aborrecimiento de la maldad. Amar a Dios es aborrecer todo lo que Dios aborrece. Así es que esto es lo que queremos decir cuando nos referimos a una mujer que tiene temor de Dios. Es una mujer que vive siempre consciente de la presencia de Dios. Vive cada momento y cada aspecto de su vida con la consciencia de que Dios está presente y que sus ojos están en todo lugar contemplando el bien y el mal.

Pienso cuántas cosas en mi vida serían diferentes si viviese todo el tiempo en el temor de Dios, consciente de Su presencia. Cuántas cosas dejaría de decir, a cuántos lugares dejaría de ir, cuántas cosas dejaría de hacer, cuántas cosas dejaría de comer, si estuviera viviendo y caminando con un conocimiento consciente de la presencia de Dios.

Si deseas convertirte en una mujer virtuosa y desarrollar ese sentido de temor de Dios es necesario pasar tiempo con Dios y en Su Palabra. La Palabra te ayudará a desarrollar esa reverencia, ese asombro, y esa confianza en Él, así como, ese aborrecimiento por la maldad. Luego todo lo que tenga que ver con tu vida estará ordenado alrededor de esa consciencia de la presencia de Dios.

El encanto y la belleza física— esas cosas son una ilusión. Son fugaces. Son momentáneas. Pueden atraer pero no duran. Aquello que si perdura es una relación con Dios. Ese tiene que ser el enfoque y la prioridad número uno de tu vida y del a mía si queremos llegar a ser las mujeres que Dios quiere que seamos.

Annamarie: La belleza externa siempre se desvanece; no importa lo que digan los comerciales. Pero cuando desarrollamos una belleza interna, siempre ésta permanece. Esto es lo que nos ha estado explicando Nancy Leigh DeMoss al compartir Proverbios 31. Pronto volverá con nosotros con más de esta enseñanza.

Suponte que llegas a un mostrador de belleza en un centro comercial. Probablemente esperas recibir algunos consejos de maquillaje para luego comprar varios productos nuevos. Imagínate que después de los consejos la representante te los ofrece gratis, sin cargo alguno.

Esta situación es algo parecida al programa de hoy. Has recibido un buen consejo en cuanto a desarrollar la verdadera belleza. Ahora deseamos recomendarte un libro que te ayudara a crecer profundamente en el tema.

El título del libro es “Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios” . Nancy escribió el libro conjuntamente con algunas de sus amigas como Mary Kassian y Dorothy Patterson. Carolyn Mahaney escribió un capítulo muy útil que trata acerca de desarrollar la verdadera hermosura. El siguiente paso para aplicar lo que has escuchado hoy es leer este libro. Si visitas AvivaNuestrosCorazones.com allí encontrarás como obtenerlo.

Nancy Leigh DeMoss: “Engañoso es el encanto y pasajera (o sea que no dura) la belleza (belleza física eterna); la mujer que teme al Señor (la mujer piadosa) es digna de alabanza”.

La Escritura está diciendo aquí que la verdadera belleza de una mujer radica en ser piadosa. Esto es lo que le aporta valor a su vida y lo que la hace atractiva para Dios y para el tipo correcto de persona. Por lo tanto el punto aquí es que la virtud debe ser tu primer objetivo, no la belleza física.

Esto retoma el tema sobre el cual ya hemos hablando de 1ra de Pedro capítulo 3 versículo 3 donde Pedro dice: “Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no estáis amedrentadas por ningún temor. (1 Pedro 3:3-6)

Pedro dice que estas mujeres confiaban en Dios y aceptaban la autoridad de sus maridos. En la cultura de hoy, estos versículos como que se nos atoran en la garganta. Si deseamos experimentar el gozo, la plenitud, la paz y la recompensa que Dios tiene disponible para nosotras las mujeres, solo la encontraremos caminando por la vida como mujeres de Dios, mujeres que tienen la belleza descrita en las Escrituras, mujeres con esa belleza verdadera con una belleza espiritual.

¿Y en qué consiste esta belleza? En este pasaje la define como una mujer de espíritu apacible y suave, una mujer que es santa, una mujer que confía en Dios, una mujer que acepta la autoridad de su esposo.

Podrías decir: Pero “¡Vivir así sería miserable!” Pero te diré quién es realmente miserable. Aquellas mujeres que día tras día, por años lo han hecho a la manera del mundo. Lo han hecho a su manera. Se han resistido a la autoridad de Dios. Se han resistido a la autoridad de sus maridos. Y ahora quizás se han divorciado varias veces.

Algunas de las que escuchan hoy este programa han pasado por este arduo camino. Ciertamente ellas podrían decir que: “no vale la pena hacerlo a la manera del mundo”. Han aprendido a través de lecciones muy duras, extremadamente duras. Desearían que algunas de las más jóvenes pudieran aprenderlas sin tener que recorrer el camino por el cual ellas han tenido que pasar.

Ellas podrían decirle a las más jóvenes: “Teme al Señor. Hazlo a Su manera. Es verdad que es difícil, pero las recompensas son estupendas”.

Y hay un pasaje en el Antiguo Testamento en Isaías capítulo 3 que describe, un tipo de mujer diferente. Es la imagen de una mujer que se enfoca en la belleza externa en vez de en el temor de Dios. Y solo quiero leer el pasaje para que podamos apreciarlo. Ya hemos visto la imagen de la mujer que teme al Señor y como ella es realmente bella.

Pero en Isaías capítulo 3 en el versículo 16, el Señor dice: “Puesto que las hijas de Sión son orgullosas”. Es decir que son altaneras y arrogantes, refiriéndose a la actitud de sus corazones. Recuerden que lo que está en el corazón de una persona siempre se va a reflejar en su conducta y en su apariencia externa. Nos relacionamos con la parte externa de las personas. Nuestra apariencia externa va a reflejar lo que tenemos en el corazón.

La mujer que teme al Señor refleja cierto tipo de conducta y de hermosura. Pero en estos versículos de Isaías se está hablando de un tipo de mujer distinta, de mujeres altivas. La Escritura continúa diciendo que ellas: “Andan con el cuello erguido y los ojos seductores, y caminan con paso menudo haciendo tintinear las ajorcas en sus pies, el Señor herirá con tiña el cráneo de las hijas de Sión, y el Señor desnudara su frente” (Versículos 16-17).

¿Qué nos está queriendo decir él? Este tipo de belleza, la belleza externa y mundana se desvanece. No permanece. El Señor la puede hacer desaparecer tan rápido como la obtuviste.

El versículo 18 dice: “Aquel día el Señor les quitara el adorno de las ajorcas, los tocados y las lunetas, los pendientes, los brazaletes y los velos, las redecillas, las cadenillas de los pies, las cintas, las cajitas de perfume y los amuletos, los anillos y aretes de nariz, las ropas de gala, las túnicas, los mantos y las bolsas, los espejos, la ropa interior, los turbantes y los velos”.

¿No te suena esto como algo moderno? No estoy diciendo que estas cosas en sí mismas sean malas, pero estos versículos se están refiriendo a aquellas mujeres cuyo corazón se preocupa por lo externo. La Escritura dice que de ser este tu enfoque, aquel que surge de un corazón altanero en vez de un corazón que teme a Dios, entonces fracasarás. Dios te lo va a arrebatar todo. No durará.

En el versículo 24 de Isaías capítulo 3 leemos: “Y sucederá que en vez de perfume aromático habrá podredumbre; en vez de cinturón, cuerda; en vez de peinado artificioso, calvicie; en vez de ropa fina, ceñidor de cilicio; cicatriz en vez de hermosura”.

No creo que esto se refiera tan solo a lo físico. Tampoco pienso que quiere decir que algún día todas las mujeres impías se quedarán calvas. Este no es el punto. El punto es que si solo te has concentrado en lo externo y lo externo está influenciado por tu corazón altanero y orgulloso, llegará un día en que todas las cosas que pensabas que eran tan hermosas, tan bellas y tan importantes te serán quitadas. Toda una vida de esfuerzo se convertirá en nada.

Dios se llevará todas esas cosas y a cambio serás una de esas mujeres que veo tan a menudo hoy en día, una mujer de apariencia dura. Mujeres que se ven tan desgastadas. Estoy pensando en mujeres que tienen mi edad, mujeres que a mediado de los 50 parece que tienen 60 o 70 años de edad.

No tiene nada de malo en verse sesentona u ochentona cuando tienes 60, 70 u 80 años de edad. Pero algunas mujeres hoy en día simplemente se ven agotadas, usadas y desgastadas. Las líneas de expresión, la dureza en sus ojos, la miseria en sus corazones— son testimonio de la realidad de este pasaje.

Sé que en el contexto inmediato Dios está hablando de la nación de Israel. De hecho continúa diciendo en el versículo 25: “Tus hombres caerán a espada y tus poderosos en batalla.” ¿No es esto justo lo que vemos hoy en día? Vemos hombres que no son hombres, hombres que no son aquellos guerreros, aquellos líderes que necesitamos que sean.

En el versículo 26 leemos: “Sus puertas se lamentarán y estarán de luto; y ella, desolada, se sentará en tierra”.

El contexto de este pasaje nos ofrece una imagen de lo que le sucederá a la nación de Israel. ¿No les resulta interesante que Dios eligió a las mujeres para que personifiquen la nación? Creo que las mujeres reflejan mucho más el espíritu y el corazón de una nación que los hombres.

Tantas mujeres se me acercan para expresar su preocupación, su frustración de que los hombres no asumen su rol de liderazgo; que los hombres no son espirituales; que los hombres no son hombres. No es mi intención decir que estas no son preocupaciones válidas. Pero lo que debemos hacer es hacer de este asunto un tema de oración en vez de un tema de crítica.

Pero lo que quiero enfatizar es que nuestras naciones reflejan más las actitudes y los valores de las mujeres que el de los hombres. Cuando una nación pierde mujeres con virtudes propias del hogar y con un corazón por las cosas eternas, por las cosas que realmente importan, los hombres y niños perderán también ese sentir.

Y pienso que esto es un reflejo de aquellas mujeres que no tienen temor de Dios.

No quiero poner toda la responsabilidad sobre las mujeres. Los hombres tienen que rendirle cuentas al Señor por sus propias elecciones y por sus propios valores. Pero es una realidad que nosotras las mujeres tenemos mucha responsabilidad y mucha cuenta que rendirle a Dios.

En el capítulo que sigue en el libro de Isaías vemos la solución de Dios, Su plan y como Él quiere lidiar con la pecaminosidad de una nación y el pecado de sus mujeres. En Isaías capítulo 4 leemos acerca de cómo Dios purificó y limpió a las mujeres de Sión.

Versículo 4: “Cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sión”.

¿No te alegras por la misericordia? ¿No le agradeces a Dios por la gracia que es mediante la sangre de Jesucristo? En esa sangre hay purificación y perdón.

“Con espíritu de juicio y espíritu abrasador, el Señor lavará la inmundicia de las hijas de Sión y limpiará la sangre que haya en Jerusalén”. (NVI)

Escuchen amigas, el avivamiento tiene un alto precio. La purificación puede ser dolorosa. Conlleva el arrepentimiento de la altanería y del egoísmo y volver a tener un corazón humilde que teme al Señor.

Más adelante en el versículo 5 leemos: “Entonces el Señor creará sobre todo el lugar del monte Sión y sobre sus asambleas, una nube durante el día, o sea humo, y un resplandor de llamas de fuego por la noche”.

¿Qué representan el humo y el fuego? En el Antiguo Testamento representan la presencia de Dios. ¿Deseas la presencia de Dios sobre tu hogar? ¿Deseas la presencia de Dios sobre tu iglesia? Algunas de ustedes tienen una carga por sus hogares, sus iglesias y sus comunidades, tal y como debe de ser. Pero, ¿cómo se obtiene eso? Mediante el anhelo de las mujeres de ser limpiadas y purificadas.

“Por sobre toda la gloria habrá un toldo que servirá de cobertizo, para dar sombra contra el calor del día, y de refugio y protección contra la lluvia y la tormenta.” (Isaías 4:4-6 NVI)

Oh mujeres, en la medida que estemos dispuestas a caminar en el temor del Señor, en la medida que estemos dispuestas a ser limpiadas de nuestra culpa, de nuestra suciedad, por el fuego de la presencia de Dios, Él se encargará de enviar a nuestros hogares, a nuestras iglesias, a nuestras comunidades y a nuestra nación un nuevo sentido de Su presencia, de Su protección y de Su gloria.

Annamarie Sauter: Todo en la vida fluye de nuestra relación con Dios. En última instancia esto es lo que Proverbios 31 le enseña a las mujeres. Nancy Leigh DeMoss volverá con nosotros para orar.

Cuando escuchas una enseñanza tan útil como la de este capítulo de Nancy de Proverbios 31, es fácil decir: “Sí estoy lista para vivir mi vida para la gloria de Dios”. A la mañana siguiente te sientes cansada, estás muy ocupada y eres bombardeada por anuncios que te dicen totalmente lo opuesto a lo que has escuchado hoy.

Por eso espero que vuelvas a escuchar esta serie dentro de un tiempo. Esta serie se llama La mujer contra-cultura. Cuando te sientas tentada a olvidar la importancia de servir a los demás y enfocarte en Dios, el escuchar a Nancy te ayudará a recordarlo. Esta serie contiene un material muy enriquecedor. Cada vez que lo repases aprenderás algo nuevo.

Mañana estaremos escuchando acerca de algunas mujeres que han mostrado cualidades como las que vemos en Proverbios 31. Les daremos la oportunidad a nuestras radioescuchas de honrar a mujeres piadosas en sus vidas. Les aseguro que serán tocadas e inspiradas por estas historias. Ahora vamos a orar junto con Nancy.

Nancy Leigh DeMoss: Padre, confesamos que como mujeres hemos pecado contra Ti al no temerte y darte la reverencia que mereces. Es difícil para nosotras admitirlo, pero nuestros pecados, si nuestros pecados, nuestros corazones altaneros y nuestra falta de santidad han tenido una influencia dañina en nuestros hogares, en nuestras relaciones, en nuestros trabajos, en nuestras comunidades y en nuestras iglesias.

Así que clamamos a ti Señor y oramos para que limpies nuestra suciedad, para que laves nuestras manchas de sangre con la sangre de Jesucristo. Ten misericordia de nosotras y restaura el fuego y la nube de Tu presencia en nuestros corazones, en nuestros hogares y en nuestras relaciones. Que Tu gloria sea vista por todos a medida que nos convertimos en mujeres que temen al Señor. Oramos en el Nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh De Moss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

Música: Come Thou Fount (Instrumental), Irish Hymns ℗ 2009 Cumberland Records

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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