Podcast Aviva Nuestros Corazones


Annamarie Sauter:
Proverbios 31 dice que el esposo de la mujer virtuosa se levantará y la llamará bienaventurada, que es más o menos lo que hace este hombre.

Hombre: Yo podría decir con tranquilidad de corazón que aunque yo sé que hay muchas mujeres virtuosas en el mundo, la mía, es la mujer virtuosa perfecta para mí.

Cuando uno se casa hace muchos votos y dice lo mejor de la persona que está ahí porque todavía no la conoce bien. Ahora, cuando después de 33 años tú puedes decir que tu esposa es un regalo de Dios, no solamente porque cumple en mucho, lo que Proverbios 31 expresa de una mujer que teme a Dios, sino porque yo tengo el privilegio de poder decir, que mi mujer es una mujer en la que Dios ha obrado de tal manera que mi corazón está tranquilo, en el sentido de su relación conmigo, su relación con los hijos y aun porque yo puedo decir que los demás pueden hablar bien en las puertas por causa de ella.

Pero cuando se habla de ayuda idónea, de esa mujer que es una colaboradora, de esa mujer que sostiene, esa mujer en la que tú tienes confianza, yo puedo decir que para mi Maggie cumple todos esos requisitos. Con sus defectos como todos los tenemos, con áreas que debe seguir trabajando durante toda su vida, pero yo no hubiera podido encontrar nadie que fuera mejor para mí que ella.

Lo estoy diciendo no comenzando el matrimonio, yo lo pensaba así, ahora simplemente lo estoy confirmando a través de todos estos años de vida. Yo he dicho más de una vez, aun en reunión con mis hijos, que después de mi conversión, Maggie es lo mejor que me ha pasado. Le tengo que dar gracias a Dios porque dice que esa mujer quien te la da es Dios.

Dios tuvo compasión de mí y me mandó una mitad que me complementa en aquellas cosas en que yo necesito ser complementado y ser ayudado. Con las dificultades de la vida pero con nuestro temor al Señor, Dios nos ha permitido tener un matrimonio que hoy yo puedo decir que es un pedazo del cielo, que es mejor que cuando comenzó y que si yo volviera a casarme de nuevo, yo volvería a casarme de nuevo con Maggie. Estoy muy agradecido de Dios por ese regalo que me ha dado en mi vida.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante las últimas semanas, Nancy te ha compartido consejos prácticos sobre Proverbios 31. Algunas de las sugerencias puede que parezcan muy sabias pero difíciles de poner en práctica. Pero si realizas estos difíciles cambios de estilo de vida, tendrás grandes recompensas. Nos explica Nancy:

Nancy Leigh DeMoss: A medida que hemos ido estudiando detenidamente Proverbios capítulo 31, puede que te hayas preguntado: “¿Cómo me beneficia esto a mí?” Porque esta mujer siempre da, sirve, piensa en los demás, y cuando lees todo el texto... Espero que hayas estado leyendo con nosotros. Cada día te he desafiado a leer Proverbios 31 durante 31 días de corrido.

Lo que más sobresale es que esta mujer se concentra totalmente en las necesidades de los demás. Es una persona dadivosa. Es una sierva. Es una mujer que ama. Pero hay momentos en que nos preguntamos en la parte más profunda de nuestros corazones: “¿Y qué hay para mí en todo esto? ¿Cuál es la recompensa? ¿Cuál es el beneficio?”

Si trabajaras fuera de casa, te pagarían todas las semanas o cada dos semanas o una vez al mes o como sea. Trabajas y luego ves la recompensa por tu trabajo y la ves bastante rápido. Quizás hasta la recibas antes de que llegue el sueldo porque tu jefe te podría decir: “Gracias, hiciste un buen trabajo”, o “Aprecio lo que has hecho”. Pero luego te vas a casa y trabajas y es posible que pase mucho tiempo sin recibir el sueldo, la recompensa o el beneficio.

Ahora, en un mundo perfecto, si fuéramos mujeres realmente virtuosas, no nos importaría el sueldo. ¿No es así? Solo serviríamos a los demás porque nos encanta servir. Amamos a Dios. Amamos a la gente. Ese es el tipo de corazón que deseamos tener. Pero me alegra mucho saber que las Escrituras nos dicen que vamos a recibir un pago por nuestra labor. Hay una recompensa. Hay un beneficio. Recibiremos bendición si nos comprometemos a vivir nuestras vidas a la manera de Dios.

Deberíamos querer servir al Señor y deberíamos estar comprometidas a servirle aun, si nunca viéramos el beneficio de hacerlo . Si le servimos solo por el beneficio que podamos obtener de Él, solo amaríamos a Dios por paga. Yo no quiero ser así. Quiero amar a Dios solo porque Él es Dios. Solo porque Él se lo merece. Pero me siento agradecida de que Dios en su gracia nos permita recibir beneficios y bendiciones cuando nos rendimos a su manera de pensar.

Por fin llegamos al último párrafo de Proverbios 31, que es la sección donde se nos habla sobre la recompensa de ser una mujer virtuosa. Ahora, esta recompensa no llega toda al mismo tiempo, ni rápidamente. Tienes que ser paciente. Tienes que soportar. Tienes que llorar mucho, sufrir mucho dolor y trabajar duro para obtener la recompensa... Que también será grande. Aquellas de ustedes que son madres saben que no hay forma de traer un hijo al mundo sin pasar por la labor de parto.

Pero la recompensa de tener ese niño, esa vida, hace que valga la pena pasar por esa labor dura de parto y todo ese dolor. Quiero decir que en el tiempo de Dios, la recompensa de decidir, como mujer, vivir la vida a la manera de Dios, hará que valga la pena todo el dolor, todo el esfuerzo, las angustias y las dificultades.

Pero no puedes llegar a la recompensa sin haber pasado por el proceso de convertirte en ese tipo de mujer, al igual que no puedes tener un bebé o dar a luz sin pasar por el proceso de la labor de parto. No hay atajos.

El problema es que hoy la gente desecha el matrimonio. Abandonan a su familia porque no ven que haya recompensa alguna en preservarla. No esperan lo suficiente. Quieren la recompensa ahora. La quieren instantánea. Quieren tener a los tres años de matrimonio lo que no se logra hasta después de estar casados 30, 40 o 50 años.

Veo como algunos de mis amigos, personas mayores ya, ahora, después de 60 o más años de matrimonio han logrado desarrollar una relación más profunda, más dulce y preciosa que la que nunca tuvieron en sus años de juventud.

Así que quiero desafiarte a que no importa lo difícil que las cosas estén ahora, no importa cuán ardua sea la labor que tengas por delante, no te des por vencida, persevera. La recompensa vendrá. Vamos a concentrarnos en esa recompensa hoy y en las próximas secciones.

Miremos el versículo 28. Vemos como esta mujer trabaja, sirve y da. No se acuesta en la noche y se levanta temprano en la mañana y hace todas esas cosas en las que pensamos cuando hablamos de la mujer de Proverbios 31. Pero el versículo 28 nos dice: “Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada, también su marido, y la alaba diciendo: Muchas mujeres han obrado con nobleza, pero tú las superas a todas. Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada. Dadle el fruto de sus manos, y que sus obras la alaben en las puertas.”

Ahora, vamos a concentrarnos primero en sus hijos y luego veremos la alabanza de su esposo. Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada. Permítanme decir antes de continuar, que sé que hay algunas mujeres que anhelan tener hijos. Algunas no han podido tenerlos o no están casadas. Dios no ha traído un esposo a sus vidas.

Si eres una de ellas, permíteme decirte, como mujer soltera que soy, que Dios puede darte la recompensa y el gozo de la maternidad si tomas decisiones conforme a la voluntad de Dios en tu vida. Qué quiero decir con esto, una cosa es que digas: “No voy a ser madre. No quiero tener hijos. No estoy dispuesta a aceptar esas bendiciones del Señor”.

Pero si deseas ser madre, tener hijos y dar vida, Dios proveerá para ti, como lo ha hecho para mí, oportunidades y medios para que des vida y cultives relaciones maternales. Creo que podrás recibir la recompensa que viene de tener un corazón de madre.

Puede ser que acojas bajo tus alas a los hijos de otros, que ores por ellos y los alientes, tanto a ellos como a sus madres. Compartirás la recompensa de esas madres. Puede ser que Dios te dé otras mujeres jóvenes a quienes puedas ayudar a crecer en la fe. Compartirás las recompensas de una madre.

Pero ahora estamos hablando de las madres y los hijos. Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada. Se trata de una mujer que recibe una recompensa. Es amada. Es alabada. Si tenemos en cuenta la cultura del Medio Oriente en la que este pasaje se escribió originalmente, es realmente sorprendente lo que dice aquí porque en esa cultura no se alababa mucho a las mujeres. Las Escrituras y el Señor Jesucristo siempre han elevado el valor de la mujer en la cultura. Eso es lo que este pasaje hace por nosotras.

Ahora, piensa en los hijos de esa madre, que se levantan y la llaman bienaventurada. ¿Qué significa eso? Bueno, primero te diré lo que no significa. No significa necesariamente que tus hijos despierten todos los días y digan: “Madre querida, gracias por todo lo que haces por mí. ¡Qué madre más maravillosa eres!” Porque si recibiéramos esa recompensa, no necesitaríamos hacer esta serie completa. Disfrutaríamos la maternidad todo el tiempo, ¿no es así?

Se levantan y la llaman bienaventurada. Eso no significa necesariamente que cuando entres a un lugar, tus hijos se van a poner de pie para demostrar cuánto te respetan y te honran, aunque yo diría que no es mala idea.

Probablemente signifique, más bien, que tus hijos crecerán y tendrán una forma de vida que traerá bendición, honor y reconocimiento a su madre. Que la forma en que vivirán cuando lleguen a ser adultos pondrá de manifiesto la inversión que hiciste en sus vidas y la forma en que los criaste. Significa que tus hijos tendrán una mejor oportunidad que los demás de vivir vidas santas y de llenar el rol que Dios diseñó para ellos en sus hogares. El fruto de hijos que crecen y caminan con Dios en sus vidas es tu bendición. Se levantan y te llaman bienaventurada.

Ahora, esto no es una promesa de que todo niño que crezca en un hogar cristiano o piadoso cuando sea mayor temerá y honrará al Señor, porque él será el responsable de sus propias decisiones, de tomar una decisión personal de seguir a Cristo, de la misma forma que tú tuviste que hacerlo. Pero sí creo que dice que debería ser así. Oras para que por la gracia de Dios sea así, que cuando tus hijos crezcan reflejen con su piedad la inversión que has hecho en sus vidas.

Se me ocurre el ejemplo de una madre que me envió por correo electrónico un poema que le escribió su hija de edad universitaria. Madre e hija conversaban sobre asuntos de mujeres, de los roles de las mujeres y de por qué Dios hizo a la mujer. Después de esa conversación, la joven se fue a su habitación y escribió este poema para su madre. Se titula, Un llamado.

Dice así:

Conozco a una mujer que vivió conforme a la verdad que encontró en Proverbios 31 y lo proclamó con todo su ser a través de su vida. ¡Levántense mujeres! ¡Pueden ser bellas, como Dios las creó! 
¡Oh, mujeres, rindan sus vidas a esta tarea! ¡Estamos aquí para servirle a Él!
 Así que entrega tu cuerpo para reflejar Su gloria. 
Eso es lo que esta hija ha oído decir a su madre. 
Entrega tus manos para dar consuelo, prepara tu boca para enseñar y tus brazos para soportar 
el peso del dolor de tus hijos. Sé tú quien avive la llama en el corazón de tu esposo y ayúdalo a alumbrar al mundo con la luz de Cristo. Sé tú la que dobla tus rodillas -eres la esposa preciada de Dios.
 Así que ve al Padre para encontrar quien eres, y no a este mundo lleno de decepción.
 Rinde tu alma, ríndete a Él. Porque Dios desea hacerte bella. 
Aunque nuestro mundo destruye a su paso todo lo que nosotras las mujeres anhelamos ser, ella permanece firme en la verdad, la gracia y el plan de Dios.
Verdad sin excusas. ¿Qué es una mujer de Dios? ¿Qué es el llamado a la maternidad? ¿Qué significa ser una esposa piadosa que sirve a los demás? 
No sé realmente pero...¿Conoces a mi madre?

Esta madre me dijo que se deshizo en llanto cuando su hija le entregó el poema. Se deshizo en llanto. La hija firmó el poema con una posdata que decía (a su madre): “Eres mi inspiración para algún día llegar a ser abnegada y humilde. Una madre que sabe por qué es madre y lo es con gozo... ¡Gracias! Te amo”.

“Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada” y esa es la gran recompensa de una madre.

Pero el versículo 28 nos dice además que su esposo también lo hace. La alaba. Dice en el versículo 29: “Muchas mujeres han obrado con nobleza, pero tú las superas a todas”. Tú las superas a todas. Eres la mejor de todas. Eres la mejor.

Charles Spurgeon -muchas saben quién es- el gran predicador inglés del siglo XIX, escribió un tributo a su esposa Susana.

En efecto, lo que estaba diciendo era: “Mi esposa las supera a todas”. Ella se ganó ese respeto. Se ganó ese honor porque fue una mujer que no vivía para sí misma, sino para ser una bendición, para servir y para ser una ayuda -un apoyo- para su esposo y para sus hijos.

Ese tributo está escrito en un lenguaje que es un poco difícil de entender porque se escribió hace aproximadamente 150 años, pero preguntamos a un grupo de hombres cristianos si estarían dispuestos a compartir con nosotros su tributo a sus esposas para expresar lo que ellas significan para ellos. Veamos lo que dijeron algunos:

Hombre 1: Mi esposa es la esposa perfecta. no porque sea perfecta y no tenga pecado y no falle nunca, sino porque creo que Dios la creó y la puso en el lugar exacto y perfecto para encontrarse conmigo y ha sido Su gracia y Su misericordia el que ella me haya complementado.

Durante todos estos años ella ha sido la persona vital para trabajar con mis problemas, con mis pecados, con mi carácter. Me ha guiado, me ha instruido, me ha enseñado con su testimonio, pero también con su entrega, con su entereza, con su desinterés. Ella se da por todos, por sus hijos, por su marido. No importa el riesgo ni tampoco las circunstancias. Lo hace con mucho amor y yo creo que esa es la gracia de Dios obrando en ella.

Ella es una persona sumamente inteligente para mí. Ahí yo voy ganando como hombre y eso me ayuda mucho a estar siempre alerta, a estar siempre aprendiendo, a estar siempre leyendo-, porque tengo una gran competencia en mi casa con respecto a la parte intelectual.

Pero el Señor ha sido muy bueno conmigo. Puedo decir que me ha dado la mujer que yo necesitaba, que buscaba. Sumamente tierna y cariñosa con sus hijos, sumamente dedicada a su casa. Yo estoy tranquilo cuando salgo a trabajar porque sé que cuando llego a mi casa todo está en orden, porque sé que mis hijos están bien criados y principalmente porque sé que su corazón es un corazón conforme al del Señor. Ella busca la gloria de Dios siempre, busca el que sus hijos conozcan el Evangelio, busca el que su marido se regocije y se goce en ella y busca agradarnos constantemente, o sea, que realmente yo doy inmensas gracias al Señor por el regalo que me ha dado a través de mi esposa, no la cambiaría por ninguna.

Hombre 2: Mildred y yo tenemos 21 años de casados. Es para mí un gran honor el poder compartir brevemente lo que ella ha significado para mi en estos 21 años de matrimonio.

En verdad es bueno decir que esa mujer virtuosa de Proverbios 31, Dios me permitió encontrarla. Fue bien difícil pero valió la pena el esfuerzo. Yo buscaba una mujer como ella para que fuera la madre de mis hijos y mi compañera de toda la vida. Desde nuestros inicios Dios me mostró que su valía sobrepasaba la de las piedras preciosas. Una de las cosas que impactaron nuestra relación fue el ver cómo ella decidió desde el principio vivir por la fe.

Como llegó el momento en nuestras vidas donde había que tomar una decisión trascendental… Esta decisión era, dejar de trabajar para atender a los niños en la casa. Yo estaba claro en cuál debía ser la decisión que ella iba a tomar pero yo quería escuchar, ver su respuesta. Cuando ella decidió el renunciar al trabajo y no a sus hijos, esto marcó el inicio de una senda caracterizada por vivir por la fe, vivir un día a la vez.

Eso me ayudó a asumir como hombre, el lugar que Dios tenía solo para mí. Me ayudó a ser un hombre esforzado, comprometido a ser fiel a mis votos matrimoniales de ser todo lo que Dios quería que fuera para ella. Las pruebas no se hicieron esperar e inmediatamente perdí mi trabajo, el mismo mes que nació nuestro último hijo.

Ella nunca dudó que Dios nos sustentaría y me estimulaba a seguir luchando y confiando. Fue muy alentador saber que contaba con sus oraciones y su apoyo. Dios en su fidelidad nos permitió salir de los problemas de formas maravillosas. En verdad mis hijos y yo hemos sido llevados a ser cada vez más varoniles por la decisión de ella ocupar su lugar en la casa y dejarme ocupar el mío.

Qué bueno esto ha sido para nosotros. Hasta cierto punto soy conocido en muchos lugares como el esposo de Mildred. Mis hijos agradecen que ella lo haya dejado todo por dedicarse a ellos, y Dios ha sido glorificado en nuestros familiares inconversos por su confianza en Dios en todo lo que hace.

En lo personal el tenerla como esposa me ha ayudado a ver de una forma muy especial lo que es el amor de Dios por nosotros. Soy el hombre más bienaventurado del planeta pues Dios me dio la mujer que le pedí y que me dio tanta brega conquistar.

Hombre 3: Ester se ha convertido en mi compañera por 10 años y ha sido mi mejor amiga, mi amante y mi soporte en cada etapa de mi vida, desde el trabajo hasta el ministerio. Ella se ha dedicado a traer alegría a mi casa, a traer la Palabra de Dios de formas muy prácticas y creativas. Ha traído honra a mi casa.

Ella se mantiene recordando y celebrando las obras de Dios continuamente en casa. Le enseña a mis niños el Evangelio de formas muy creativas, infantiles pero fieles a la Palabra.

De una forma increíble ella hace y ayuda a mis hijos a que me amen más, me honren más y tengan mayor sentido de gratitud. En lugar de intentar que mis hijos la amen más a ella que a mí, ella hace todo lo necesario para que la amen mucho y la recuerden mucho, pero al mismo tiempo busca que mis hijos me amen, me honren, me celebren. Cada vez que yo llego a casa ella los llama y les dice: "¡Vengan, corran que llegó papi!" y celebran que yo llego.

Ella ha sido muy especial, me ha ayudado a ser un mejor creyente, un mejor padre, un mejor hombre de Dios. Creo que después del Espíritu Santo, mi esposa ha sido la persona que más me ha ayudado a transformarme a la imagen de Cristo.

Nancy: Qué ilustraciones más maravillosas nos han dado estos hombres, de cómo el esposo de la mujer virtuosa la alaba. “Muchas mujeres han obrado con nobleza”, dice él, “pero tú las superas a todas”.

Ahora, cuando vemos un pasaje como éste que hemos estado estudiando en Proverbios capítulo 31, me siento tentada a hablar a los hombres solo por un momento y decirles: “Lo que este pasaje significa es que ustedes tienen que alabar a sus esposas”. Pero, ¿sabes qué? Dios no me llamó para hablarles a los hombres. Dios me llamó a hablarles a las mujeres, así que, ¿qué nos dice este pasaje a nosotras las mujeres? Nos dice que si nos ocupamos de caminar con Dios, llegará el momento en que recibiremos una recompensa.

Ahora bien, quizás pienses: “Mi esposo no me alaba. Estoy tratando de agradar a mi marido. Estoy tratando de agradar al Señor”. Quizás tu esposo no es creyente. Quizás tu esposo no está siguiendo al Señor. ¿Y si tu esposo no es creyente y si nunca te alaba como lo han hecho esos hombres que acabamos de oír?

Permíteme decir dos cosas para darte aliento. En primer lugar, no importa cuál sea la condición espiritual de tu marido, tú sí puedes andar con Dios. Puedes vivir conforme a los estándares de Dios de lo que significa ser una mujer virtuosa, una mujer de carácter noble.

En segundo lugar, recuerda que en última instancia, la alabanza no viene del hombre sino de Dios. La palabra de Dios nos promete que la mujer que teme a Dios, esa, será alabada. Ya ves que vale la pena temer al Señor, tenerle reverencia y andar con Él aunque nunca oigas a otro ser humano alabarte por ello.

Así nos dice Pablo en Colosenses capítulo 3:23-24, “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien servís.” Tarde o temprano si caminas con Dios, serás alabada. La mujer que teme al Señor, esa será alabada.

Annamarie: Si dedicas tu vida a servir a los demás como al Señor, habrá días pesados. Otros días, recibirás gran aliento y recompensa. Espero que te sientas alentada hoy al oír el tributo a esas mujeres que han servido fielmente durante tantos años.

El programa de hoy forma parte de un estudio de Nancy Leigh DeMoss sobre Proverbios 31. La serie se llama La mujer contra-cultura . Escuchar este material de Nancy por la radio te será de mucha ayuda para tu vida espiritual. Pero, ¿te atreverías a ir un poco más allá?

Un próximo paso podría ser leer Proverbios 31 todos los días por 31 días de corrido. Nancy nos ha desafiado a lograrlo. Otro paso sería estudiar los demás versículos de las Escrituras que hablan sobre cómo servir al Señor de una forma singularmente femenina. Nancy te ayudará a hacerlo con un folleto titulado "Un retrato bíblico de la mujer"

Este folleto podría ser perfecto para un estudio bíblico personal. En él, Nancy hace preguntas tales como: ¿Cuál debe ser el comportamiento de una mujer de Dios? Luego nos da versículos que hablan sobre cada uno de esos temas. Si tomaras una pregunta cada día y meditaras en los versículos, te convertirías cada día más en la mujer de la que leímos.

Podrías compartir este recurso, ayúdalas a pensar en lo que significa ser una mujer de Dios. Puedes obtener este recurso al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

Vuelve a escucharnos mañana. Tendremos consejos prácticos para ayudarte a desarrollar la belleza que nunca se desvanece. Te esperamos en la próxima edición de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Cita tomada del Comentario del Nuevo Testamento de John MacArthur, 1 Timoteo (Moody, 1995), 209-210.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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