Podcast Aviva Nuestros Corazones

Enfócate en las promesas de Dios

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que puedes vivir por fe—siempre.

Nancy DeMoss de Wolgemuth:  Permíteme decirte, sea que tengas ochenta y cinco años, o setenta y cinco o noventa y cinco o cualquiera que sea tu edad, no es demasiado tarde para creerle al Señor.  No es demasiado tarde para ser usada por Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Estás viviendo una vida que valdría la pena recordar?—sin importar la edad que tengas o cómo haya sido tu pasado. Vivir por fe en Dios le dará significado a tu vida. Nancy nos explicará por qué al continuar con la tercera parte de una serie de enseñanzas sobre la vida de Josué, titulada, “Lecciones de la vida de Josué: Confiando en Dios por la Tierra Prometida.”

Nancy: Cuando miras hacia atrás en el transcurso de tu vida, ¿puedes  pensar en algún momento en particular, en algún incidente, donde estuviste frente a una encrucijada?  En ese momento, tenías que elegir, tenías que tomar una decisión; pero la decisión no parecía muy importante en aquel entonces; pero después, mirando hacia atrás, te das cuenta que esa decisión, era mucho más importante de lo que parecía.

Tal vez fue cuando elegiste con quien casarte.  Recibo correos de nuestras oyentes, que con frecuencia dicen: “Me casé fuera de la voluntad de Dios. Yo no esperé al hombre que Dios tenía para mí.  Nunca imaginé lo mucho que  esto afectaría mi vida.”

Tal vez tomaste una decisión moral, y para bien o para mal, analizando después lo que pasó; puedes ver cómo estas decisiones tuvieron implicaciones duraderas, que nunca hubiéramos imaginado cuando enfrentamos esa situación en el camino.

Y el relato que estamos viendo en la vida de Josué, es un punto crucial muy impactante en la historia de Israel. Determinó el destino de toda una generación, y de hecho; esta decisión resultó en la muerte prematura de 600,000 hombres y sus esposas y también determinó el curso de la vida de sus hijos por los siguientes  40 años—un punto crucial en la historia de Israel. Fue también un evento muy significativo en la vida de Josué.

Estamos estudiando esta serie, para ver cómo fue que Josué logró llegar exitosamente a los 110 años de edad.  Y bueno, les diré que este evento, determinó la vida futura de Josué, su llamado, su habilidad para servir.  Una reacción diferente al reto que tuvo que enfrentar en Cades-barnea hubiera sido fatal.  Si él hubiera tomado una decisión diferente, creo que no estaríamos estudiando la vida de Josué en el día de hoy.

Y eso nos demuestra que las decisiones que pensamos que son insignificantes pueden ser muy importantes—especialmente si tienen que ver con nuestra relación con El Señor.

Como vimos en la última sesión, hay más o menos unos 160 versículos en la Escritura, incluyendo una parte en dos de los capítulos del Nuevo Testamento; 160 versículos o más, que fueron dedicados a este incidente.  Así que son muchos versículos, sobre este único incidente, y por eso quiero que nos tomemos el tiempo, los próximos días vamos a empaparnos de este pasaje.

Y me refiero a Números capítulo 13.  Si no estás todavía ahí en tu Biblia,  quiero animarte a que busques tu Biblia y busques ese capítulo,  y vamos a empaparnos en este pasaje— vamos a analizarlo un versículo a la vez y vamos a preguntarle al Señor, cómo aplicarlo a nuestras vidas en el siglo XXI.

Números capítulo 13, versículo 1, retomando donde comenzamos en la última sesión:

Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Tú mismo envía hombres a fin de que reconozcan la tierra de Canaán, que voy a dar a los hijos de Israel; enviarás un hombre de cada una de las tribus de sus padres, cada uno de ellos jefe entre ellos.  (V.1—2).

Recuerden que Dios había rescatado a su pueblo de 400 años de esclavitud en Egipto. Dios los había llevado a través del Mar Rojo.  Dios los había llevado al monte Sinaí, donde ÉL les había dado Su ley, pero el objetivo que Dios tenía era el de llevar a su pueblo a casa. A Canaán, a la Tierra Prometida, a ese lugar de descanso. Así que los hombres que vimos en la última sesión, fueron los primeros que iniciaron este esfuerzo— “Enviemos espías que reconozcan la tierra.”

Y Dios dijo: “Está bien, ustedes quieren hacerlo de esa manera, entonces háganlo de esa manera.”  Y Dios le dijo a Moisés: “manda doce hombres, uno de cada una de las doce tribus para espiar la tierra de Canaán.”

Versículo 3: “Entonces Moisés los envió desde el desierto de Parán.”  Ahora, este desierto está en la parte más al sur de la frontera de Canaán, y está en un lugar que luego se conocerá como Cades-barnea.  A veces solo se le llama Cades.  Ellos están estacionados allí en la entrada sur hacia La Tierra Prometida. Esta justo al frente de ellos.  Solo tienen que ir, entrar y tomar la Tierra así como Dios les había dicho; y justo ahí en la parte sur, en la parte más al sur de la frontera, en Cades-barnea, ocurre este incidente increíble en su historia.

Entonces Moisés los envió desde el desierto de Parán, al mandato del Señor; todos aquellos hombres eran jefes de los hijos de Israel. V. 4 Y estos eran sus nombres (v. 3-4).

Ahora, de los versículos 4 hasta el 15, vemos la lista de los líderes de las 12 tribus de Israel, uno de cada tribu. Ahora, sin mirar, ¿cuantas de ustedes me podrían decir los nombres de por lo menos dos de los nombres de esa lista? Dos de los 12. Yo sé que la mayoría de ustedes saben, saben quiénes eran esos dos, Josué y Caleb.  Esos son los dos nombres que recordamos de la lista de doce espías.

En el versículo 6, vemos que Caleb representa a la tribu de Judá, y esta es la primera vez que se menciona en la Escritura el nombre de Caleb.  Quien resultó ser una figura importante en la historia de Israel.

Y luego en el versículo 8 vemos que Josué, de quien ya hemos hablado, fue escogido  para representar la tribu de Efraín.  Y vemos en este pasaje que Josué no solo  había ascendido como el asistente de Moisés (lo hemos visto en ese rol, en las últimas sesiones); sino ahora también como el líder de esa tribu.  Ahora él es escogido, junto con otros once líderes, para ir y explorar la tierra de Canaán.

Ahora, una pequeña nota aquí, hay doce hombres mencionados en esa lista. —Uno por cada tribu. ¿Podría alguna de ustedes, sin mirar, recordar los nombres de alguno de los otros 10 espías?  Yo he estado estudiando este pasaje una y otra vez en los últimos meses. Y he leído este pasaje muchas, muchas, muchas veces, así que ayúdenme — en este momento— no recuerdo ninguno de los otros nombres.

Ninguno de ellos son familiares para nosotras, ¿por qué? Bueno porque—así como veremos al continuar en este pasaje—estos dos hombres, Josué y Caleb, fueron los que ejercitaron la fe y creyeron en Dios. Ellos tomaron seriamente Su Palabra.

A mí siempre me ha gustado leer biografías de grandes personajes Cristianos del pasado. Y en este momento, estoy volviendo a leer la biografía de Amy Carmichael, una mujer que fue a la India, y vivió allí por muchas décadas y rescató jovencitas de la prostitución en los templos. Es una historia extraordinaria  y una vida extraordinaria.

Y lo que hace que estos hombres y mujeres del pasado sean recordados años después, es el hecho de que ellos le creyeron a Dios.  Hay muchas otras mujeres, muchas mujeres Cristianas, que vivieron en los días de Amy Carmichael, pero la mayoría de ellas han sido olvidadas hace mucho tiempo.

¿Por qué es que Amy Carmichael sobresale aun hoy en día y nos anima cuando leemos acerca de ella? ¿Por qué? Porque ella le creyó a Dios, y ella dejó que Dios la usara de maneras que otros ni siquiera hubieran considerado intentar.

Y cuando pienso en esto, y cuando pienso en Josué y en Caleb y en aquellos otros diez hombres, cuyos nombres no podemos recordar; yo quiero que me recuerden. No solo por ser recordada, sino porque quiero que me recuerden como una mujer que le creyó a Dios, una mujer que estuvo dispuesta a seguir adelante con Dios a pesar de que su razón le dijera: “No vayas.”  Quiero ser una mujer que la próxima generación y la que le sigue al mirar atrás, si leen algo de mí digan: “Ella le creyó a Dios.  Ella estuvo dispuesta a ejercitar su fe.”

Y así llegamos hasta el versículo 16 que dice: “Así se llamaban los hombres a quienes Moisés envió  a reconocer la tierra; pero a Oseas, hijo de Nun, Moisés lo llamó Josué.”

Ahora hasta este punto, Josué se había llamado Oseas. Y esta palabra significa salvación—no era un mal nombre—pero a partir de este momento, por alguna razón que no conocemos, Moisés cambia el nombre de su asistente por Josué.  Y es solo un pequeño cambio al nombre, pero ¿qué significa Josué? “El Señor es salvación.”  “Dios es mi Salvación.” Ya habíamos mencionado anteriormente en esta serie que la forma Griega de ese nombre Josué es Jesús, Dios es mi Salvación.

¿Así que Cual es la importancia de este cambio de nombre? Bueno, pienso que era para recordarles a Josué y a la nación de donde era que venía su fortaleza—que la fortaleza y la salvación no iban a venir ni de Moisés ni de Josué ni de ningún otro líder humano, ellos no dependían de Josué para entrar a la Tierra Prometida—pero ¿cuál era la fuente de esa fortaleza y salvación?

Es Jehová—el Señor es salvación—y a la larga, la vida de Josué, y aun su nombre, nos apuntan a Jesús, quien es el capitán de nuestra salvación. El Señor es salvación, y nos recuerda que Cristo es nuestra esperanza. ÉL es nuestra fortaleza. ÉL es nuestra fuente de vida.  No tenemos esperanza de entrar en el descanso prometido de Dios, separadas de nuestro Josué, del Señor Jesús.

Así que aquí tenemos a Moisés dando las instrucciones a los espías de explorar la tierra, y de traer un reporte detallado, para saber a qué atenerse, cuando toda la nación entrará a tomar posesión de la tierra que Dios había prometido ya darles.

Y leemos en el versículo 17 de Números capítulo 13: “Cuando Moisés los envío a reconocer la tierra de Canaán, les dijo: Subid de allá, al Neguev.”  Ahora el Neguev es la parte sur de Canaán. Y es una zona desértica.  Así que ellos tenían que ir desde Cades, que está mucho más al sur, justo al sur de Canaán.  Ellos tenían que ir hacia el norte a  la parte sur de Canaán, que se llama Neguev y Moisés le dijo—“Y subid al monte”— que es la parte norte de Canaán.  Así que lo que él les dice es: “Vayan de sur a norte a través de  toda la región.”

Ved cómo es la tierra, y si la gente que habita en ella es fuerte o débil, si son pocos o muchos; y cómo es la tierra que viven, si es buena o mala; y cómo son las ciudades en que habitan, si son como campamentos abiertos o con fortificaciones; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, ¿hay allí árboles o no?  (V18-20).

Básicamente les dijo: “Exploren la tierra. Regresen y dígannos que debemos anticipar”.

Y luego les dice al final del versículo 20 como dice la versión Reina Valera: “Esforzaos”. Alentaos. Con esta palabra los envió—esforzaos.  Si ellos tan solo hubieran recordado esta palabra—“esforzaos, y tomad del fruto de la tierra, tomad del fruto del país.”

Y así como les fue instruido, los espías viajaron a lo largo y ancho de la tierra, de sur a norte y regresaron de nuevo. Fueron alrededor de unos 402 kms. En cada dirección. El viaje tomó cuarenta días.  Entrando a Canaán por el sur, pronto se encuentran con el primer obstáculo grande.

Versículo 22: “Y subieron por el Neguev, [como les fue instruido] y llegaron hasta Hebrón.” Hebrón fue la primera ciudad grande a la que ellos se acercaron.  Ahora la ciudad de Hebrón es un lugar importante en la historia Judía.  Es el  lugar donde fueron sepultados Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacob y Lea—todos estos patriarcas y sus esposas fueron sepultados en Hebrón.  Y 600 años atrás aproximadamente, aproximadamente 600 años antes de este evento, precisamente en Hebrón fue donde ocurrió un evento importante en la historia redentora de Israel.

Y ¿cuál fue ese evento? Voy a leerles desde Génesis Capítulo 13, empezando en el versículo 14.

Y el Señor dijo a Abram [ese era el nombre de Abraham antes], después que Lot se había apartó de él: Alza ahora los ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y el oriente y el occidente, pues toda la tierra que ves, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. . . v.17 Dios le dice a Abram, .Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho de ella, porque a ti te la daré.”  (V14–15,17).

Dios le hizo esa promesa a Abram.  Ahora Dios le prometió a Abram más que esa tierra.  Dios le prometió una simiente.  Y en última instancia, de esa simiente vendría a Cristo El Mesías. Y Dios prometió que a través de la nación de Israel, a través del pueblo Judío, todo el mundo sería bendecido.

Así que Dios le prometió una tierra, una simiente, y una bendición.  Pero Dios le dijo a Abram al principio aquí en Génesis 13: “Mira toda esta tierra que ves, te la estoy dando a ti.”  Y el versículo 18 ahí en Génesis 13 dice:

“Entonces Abram mudó su tienda, vino y habitó en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, [ahí fue donde Abram se estableció]  y edificó allí un altar al Señor.”

Hebrón fue el lugar donde Abram primero construyó un altar en la Tierra Prometida.  Cuando él construyó ese altar, fue una expresión de fe.  Él estaba diciendo: “SEÑOR yo creo que lo que Tú has dicho es cierto.  Y he venido a darte gracias. He venido a adorarte.  Tú nos has prometido esta tierra, y yo creo que, a Tu manera, y en Tu tiempo nos la darás.”

Ahora pasaron cientos de años antes de que se cumpliera la promesa. Abram no vivió para ver las promesas cumplidas, pero él le creyó a Dios, y le fue contado por justicia.  Él le creyó a Dios, él expresó fe en el pacto de Dios, en las promesas del pacto de Dios.

Y ahora, 600 años más tarde, aquí están estos doce espías, el equipo de exploradores de los Israelitas, yendo a espiar la tierra.  Y ellos llegaron a esta ciudad de Hebrón donde Dios les había dado estas increíbles promesas a Abraham.  Y ¿Qué hicieron estos espías? Seguramente ellos conocían estas promesas—ahora, ellos no podían leerlas así como podemos tú y yo leerlas, pero esta historia, fue trasmitida de boca a boca de una generación a otra.  Les garantizo que durante aquellos años de cautividad y de esclavitud en Egipto, estos padres les habían enseñado a sus hijos; y estos a sus hijos; y así sucesivamente.  “Esto fue lo que Dios le dijo a Abraham.”

Los espías conocían estas promesas.  Se les habían enseñado los caminos de Dios, pero ¿qué hicieron ellos cuando llegaron a Hebrón? ¿Se enfocaron en las promesas de Dios? ¿Dijeron ellos: “Hebrón—este es el sitio donde Dios le habló a Abraham nuestro padre, y donde le prometió darle esta tierra, y aquí estamos hoy viviendo el cumplimiento de esta promesa, Dios, creemos en Ti así como nuestros antepasados lo hicieron?”

¿Fue eso lo que ellos dijeron?  ¿Le prestaron atención a Abraham, Isaac, y Jacob y cómo estas promesas habían sido transmitidas de un patriarca a otro? ¿Dijeron ellos: “Señor, esos patriarcas, nuestros antepasados, fueron sepultados aquí—Abraham, Isaac, y Jacob—y te agradecemos ahora que Tú nos permites venir y vivir en este lugar,  en donde ellos murieron sin llegar a ver Tus promesas cumplidas?”  No, ellos no le prestaron atención a las promesas de Dios.

¿Qué hicieron ellos? En lugar de eso,  Ellos se enfocaron en los retos.  En vez de enfocarse en las promesas, ellos se enfocaron en los retos, en los desafíos.

Y vamos a ver de nuevo lo que dice Números capítulo 13, en el versículo 22: “Y subieron por el Neguev, y llegaron hasta Hebrón, donde estaban Aimán, y Sesai, y Talmai, los descendientes de Anac.”  Hay dos referencias más sobre los descendientes de Anac en este pasaje.  Si vas al versículo 28, cuando los espías regresaron y les dieron el reporte a los hijos de Israel, Ellos dijeron: “es fuerte el pueblo que habita en la tierra. . . .Y además vimos allí a los descendientes de Anac.”

Y luego en el versículo 33, ellos mencionan de nuevo: “Vimos allí también a los gigantes.”  Y en algunas Biblias dice “Nefilim”. Es una palabra similar,  “(Los hijos de Anac son parte de esta raza de los gigantes).

Ahora  ¿quiénes eran los descendientes de Anac y por qué causaron tanto temor y consternación en los corazones de estos espías? La palabra, o el nombre,  Anac significa gigante, o cuello-largo.  Esta era una raza de gigantes.  Los anaceos eran conocidos por su gran estatura.  De hecho, Goliat y los gigantes filisteos en los días de David, eran probablemente descendientes de los anaceos.

El diccionario Bíblico Easton nos dice que los anaceos tenían una “apariencia formidable de guerrero.”1 Ellos eran grandes, altos, fuertes, eran guerreros, y ellos daban miedo y esto fue lo que los espías vieron cuando llegaron a Hebrón.

Cuando pienso en los anaceos los descendientes de Anac, y cómo los espías decidieron enfocarse en el obstáculo en vez de en las promesas tan ricas que Dios les había dado en Hebrón, una pregunta llega a mi mente: “¿Estoy yo enfocándome hoy en mi vida en los obstáculos o en las promesas?”

¿Y tú? Cuando piensas en tu vida y en lo que tú estás enfrentando en este momento; cualquiera que sea la etapa de tu vida, ¿te estás enfocando en los obstáculos, los impedimentos, los gigantes, o te estás enfocando en las promesas de Dios? Si tú te enfocas en los gigantes, los obstáculos, los impedimentos, tendrás temor en tu corazón.  Nosotras veremos en las próximas sesiones que esto fue exactamente lo que les sucedió a los hijos de Israel. Pero si te enfocas en las promesas de Dios, tu corazón se va a llenar de fe. ¿En qué te estás enfocando?

Y esta no es la última vez que oímos de los anaceos en la historia de los hijos de Israel.  Cuarenta y cinco años más tarde, leemos sobre los anaceos otra vez.  Y voy a pedirles que busquen en sus Biblias en el Libro de Josué, el capítulo 14, y quiero que veamos cuando es que ellos vuelven a  aparecer otra vez en la historia de Israel.   Y me encanta la frase de Paul Harvey que dice: “Y ahora ustedes saben el resto de la historia.”   Bueno, aquí está el resto de la historia de los anaceos.

Josué capítulo 14, versículo 6: “Entonces los hijos de Judá. . . “ ahora, recuerda que esto es cuarenta y cinco años más tarde.  El pueblo de Israel ya había entrado en la Tierra Prometida—más vale tarde que nunca, ¿no es así?  La próxima generación había entrado.  “Entonces los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: “Tú sabes lo que el SEÑOR dijo a Moisés, hombre de Dios, acerca de ti y de mí en Cades-barnea. Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del SEÑOR, me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra.”  Él estaba reflexionando en el incidente que acabamos de leer.  “Y le informé como yo lo sentía en mi corazón.” (v.7).

V.9 Y aquel día Moisés juró, diciendo: Ciertamente la tierra que ha pisado tu pie será para ti herencia tuya y de tus hijos para siempre, porque has seguido plenamente al SEÑOR mi Dios. (v.9).

Caleb fue uno de los dos—Josué siendo el otro—quienes habían escogido enfocarse en las promesas en vez de en los gigantes, y Caleb reflexionando le recuerda: “Hace cuarenta y cinco años, Moisés me dijo que por cuanto yo había seguido al Señor, yo iba a heredar esta tierra.”

Y ahora, he aquí, el SEÑOR me ha permitido vivir, tal como prometió, estos cuarenta y cinco años, desde el día en que  el SEÑOR habló estas palabras a Moisés, cuando Israel caminaba en el desierto; y he aquí, ahora tengo ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió (v.10—11).

Y me encanta ese versículo—ochenta y cinco años. Y todavía estoy tan fuerte como cuando tenía 40,  el día que Moisés me envió.  Ésa es una declaración de fe.  Y a propósito, es este versículo el que me ha movido a través de los años a pedirle al Señor, que si a Él le place, me permita servirle con toda mi fuerza y con todo mi corazón hasta los ochenta y cinco años.  Mi anhelo es morir durante mi sueño, al final de los ochenta y cinco años.  Ahora, el Señor puede que tenga otros planes para mí; pero ése es el deseo de mi corazón.

[Y Caleb dijo:]  Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; como era entonces mi fuerza, así es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.  Ahora pues, dame, esta región montañosa de la cual el SEÑOR habló aquel día; porque tú oíste aquel día que allí había anaceos  [y aquí están otra vez, y ellos todavía estaban en la tierra de Israel cuando Caleb estaba diciendo esto.]  Con grandes ciudades fortificadas; tal vez el SEÑOR esté conmigo y los expulsaré, como el SEÑOR ha dicho.  V.13 Y Josué lo bendijo, y dio Hebrón por heredad a Caleb, hijo de Jefone. (V.11-13).

Y veamos el próximo capítulo, el capítulo 15 de Josué, en el versículo 14.  Y me encanta este versículo.  Porque aquí está el resto de la historia:

Y Caleb expulsó de allí a los tres hijos de Anac: Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac.

Los mismos que él había visto cuarenta y cinco años antes, que habían causado tal temor en los corazones de sus compañeros, que habían causado que los hijos de Israel no entraran y tomaran la tierra. Ahora cuarenta y cinco años después, Caleb conquista a estos mismos anaceos a la edad de ochenta y cinco.

Y ¿No es una gran historia?  Me encanta.  Dios no había terminado.  Dios no había terminado con Caleb.  Es como si Caleb estuviera diciendo: “Dios, tú tienes asuntos pendientes aquí en Hebrón, aquí en la Tierra Prometida, y yo quiero ejercer mi fe y cooperar contigo para ver que se lleven a cabo.”

Y a propósito, tenemos algunas oyentes mayores—algunas que tienen ochenta y cinco años y aún más.  Recibí un correo la semana pasada de una mujer, creo que dijo que estaba en sus setenta, que le encanta escuchar Aviva Nuestros Corazones por internet.  Y estoy muy agradecida por estos ejemplos de mujeres mayores de fe y de valentía.

Y permíteme decirte que, sea que tengas ochenta y cinco, o setenta y cinco o noventa y cinco o cualquier edad que sea, no es demasiado tarde para creerle a Dios.  No es demasiado tarde para ser usada por Dios.  No es demasiado tarde para estar en la batalla espiritual.  Todas estamos en la batalla espiritual.  Y hasta que pongamos nuestros pies en las costas del  cielo; seguiremos en la batalla espiritual.  No tires la toalla y digas: “Ah, ya es hora de que los jóvenes peleen la batalla.”

Dios tal vez tenga una batalla para ti a los ochenta-cinco años.  Tal vez no tienes que ir a otra tierra y conquistar al enemigo; pero tal vez tengas que pelear una batalla de rodillas, en oración, clamando al Señor por la próxima generación y entrando en la guerra contra Satanás y sus fuerzas.

Cualquiera que  sea el llamado de Dios para ti, acuérdate de las promesas de Dios.  Aférrate a Sus promesas.  Y ejercita la fe en vez de enfocarte en los gigantes o en los obstáculos en la tierra.

Annamarie: Las promesas de Dios son poderosas.  Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando por qué, y ella regresará en un momento para orar con nosotras.

Los gigantes que enfrentamos no solo están afuera en el mundo; enfrentamos gigantes en nuestros propios corazones cuando nos enfocamos en nuestras debilidades.  Nancy te enseñará cómo puedes hacer un cambio de enfoque, mañana.  Ahora aquí está ella para orar.

Nancy: Padre, gracias por el increíble ejemplo de Caleb y de Josué de cómo ellos te creyeron. Confieso Señor que con frecuencia me enfoco más en los gigantes, en los obstáculos, en los impedimentos.  Ayúdanos cuando estemos de frente a esos gigantes, a recordar las promesas y a confiar en TÍ y a seguir adelante, oh Señor te lo pido en el nombre de Jesús. Amen.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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