Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Es el amor más que sentimientos?

Annamarie Sauter: Hoy, en Aviva Nuestros Corazones, trataremos un tema importante, oportuno y serio, pero no es apropiado para niños pequeños. Así que si tienes niños pequeños a tu alrededor, haz los ajustes de lugar para que no escuchen este programa.

Julie, la esposa de Dean había cometido adulterio. ¿Cómo podía Dean hacerle frente a esto?

Dean Petersen: Cuando ella comenzó a decir que todavía amaba a otro hombre, me sentí devastado, pero sabía que tenía que ordenar mi vida delante de Dios. Eso fue lo más importante. No podía ocuparme de lo que ella estaba haciendo en su vida.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ayer comenzamos a escuchar la primera parte de la historia de Dean y Julie. Si te la perdiste, escúchala en nuestro sitio web AvivaNuestrosCorazones.com.

Mientras nos enfocamos en la historia de Dean y Julie esta semana, encontrarás mucha esperanza y consuelo en el poder de Dios para ayudarte a amar aun si te encuentras en un matrimonio difícil. Ayer nos quedamos en que Dean había recién descubierto a su esposa y a su pastor juntos, y tuvo que tomar una decisión.

Dean: El momento en el que iba a quitarle la vida a este hombre fue el momento en el que no pude hacerlo. Ahora que miro hacia atrás, sé que hay un Dios, y sé que tiene ángeles a Su disposición, porque no pude hacerlo. Era como si alguien me lo estuviera impidiendo, así que me fui. Me fui por lo menos veinte minutos. Estaba manejando en la calle...

Nancy: ¿De camino al abogado? ¿De camino a mostrarle estas fotos a los ancianos de la iglesia?

Dean: Sí, y mientras estaba manejando (conozco este lugar específico), me detuve a un costado de la calle y empecé a llorar como un bebé. Dije, «¿sabes qué, Señor? Si hay un Señor, si eres real... arruiné mi vida. Mi vida es un desastre. No tengo una esposa que pensé que amaba y que ella me amaba a mí, y ahora está con otro hombre, de todas las personas, un pastor, y no sé qué hacer». Así que solo clamé, «¡si realmente hay un Dios, si eres real, muéstrame qué quieres que haga!»

En ese momento estaba recostado sobre el volante, tenía mis ojos cerrados en oración, y sentía que estaba cayendo en un pozo y que este pozo se estaba poniendo frío, húmedo y oscuro. Yo estaba en el fondo. Ahí me di cuenta que cuando llegas al fondo en tu vida no puedes hacer más que mirar hacia arriba. Ahí fue cuando me di cuenta. «Dios, si realmente eres real, muéstrame, ayúdame. ¡Te necesito! Soy un hombre quebrantado ahora. No tengo nada».

De repente miré hacia arriba y pude ver una «luz». Recuerdo estar saliendo del hueco en la tierra, por decirlo así, y se empezaba a poner más claro y cálido. Y por fin había salido. Di vuelta el carro y fui a casa.

Tenía esa cálida sensación en mí. Sabes, algunas personas no tienen esta experiencia y otras sí. Yo sé el día en que nací, octubre de 1989.

Nancy: Es que realmente tuviste un encuentro con el Señor, o mejor dicho, Él tuvo un encuentro contigo.

Dean: Absolutamente. No puedo explicarlo. No lo hubiese hecho por mi cuenta de esa manera, pero regresé a la casa totalmente compasivo. Totalmente compasivo. Solo sabiendo que sabía que Dios tenía que ser real porque regresé.

Julie: Tú solo dijiste, «¿qué van a hacer ustedes dos ahora? ¿Cuáles son sus planes?» Y dije, «nos vamos a casar».

Dean: Fue en ese momento cuando ella estaba muy entusiasmada. Ella pensaba que ahora todo iba a terminar, y él iba a acompañarla.

Julie: Pero por primera vez desde que había conocido al otro hombre, él estaba sin palabras. No había ni una palabra saliendo de su boca, y eso era muy extraño en él. Algo que me parece increíble es que durante muchos años, Dean había tenido la opinión de que todos los cristianos eran hipócritas, que los pastores no hacían nada excepto durante los domingos cuando tenían que predicar, pero durante el resto de la semana vivían su hipócrita vida. Y ahora encuentra a su esposa en la cama con un pastor, y esa es la situación que Dios usó para salvarlo. Creo que Dios puede hacer cualquier cosa con cualquier situación.

Pero Dean volvió a casa, y no me dijo nada de lo que había pasado. No me dijo que había tenido un encuentro con el Señor y que su vida había cambiado. Después de que el pastor se había ido, Dean me dijo, «si tú regresas a mí, no diré nada a nadie. Quemaré estas fotos sin decirle a nadie».

Entonces pensé, «no hay duda. Amo al otro hombre; él me dijo que quiere casarse conmigo y hacer una vida conmigo. Él sabe la miseria que he sufrido en este matrimonio. Claro que vamos a terminar juntos», pero creía que debía comentarle lo que Dean me había dicho, y así lo hice.

Así que me reuní con él y le dije, «Dean me dijo que si vuelvo a él, no le dirá nada a nadie». Y este hombre me dijo, «pues, creo que eso es lo que debes hacer». Y simplemente me sentí devastada, porque en mi mente esta era la persona que se preocupaba por mí. Ese era el hombre que me amaba sin condición. Él me conocía completamente y quería hacer una vida conmigo. Y ahora, para salvarse a sí mismo, me estaba enviando de vuelta a un matrimonio que era una miseria, un hecho que él sabía muy bien.

Bueno, durante los próximos meses este hombre regresó a mí en cuatro ocasiones distintas; en aquellas cuatro ocasiones me decía que me amaba y que no podía vivir sin mí. Y cada una de las cuatro veces regresé con él. Quería hacer mi vida con él. Finalmente, Dean se hartó y decidió llamar a la esposa de este hombre y le dejó escuchar las grabaciones de cuando ambos hablábamos por teléfono. En ese momento fue cuando nunca más escuché de él, una vez que su esposa se enteró.

Entonces me pregunté, «bueno, ¿qué hago? Ya no tengo el “plan A” de casarme con este pastor. Definitivamente no quiero permanecer en este matrimonio; no me gusta este matrimonio». Pero, ¿sabes qué? Había comenzado a notar una diferencia en Dean. No sabía por qué, pero él estaba actuando de una manera muy diferente. Y se estaba convirtiendo en un buen esposo. Todavía tomaba alcohol, sí, y todavía fumaba, pero lo que me impresionó fue que me estaba tratando de una manera muy distinta.

Estaba siendo muy servicial conmigo y me dijo, finalmente, que había tenido un encuentro con el Señor. Empecé a verlo leyendo las Escrituras, y pensé, «a lo mejor esto es real. Él ha conocido al Señor».

Durante este período cuando estaba con este otro hombre, una vez por fin encontré las fuerzas de admitirle a Dean que no lo amaba. Una noche, él me preguntó, «¿me amas?» Y le dije, «no, no te amo. Ni un poco. Ni siquiera me caes bien». Nunca había tenido la valentía de decirle eso.

Nancy: Cuando te dijo eso, Dean, ¿te sorprendió?

Dean: Sí. Fue un choque muy devastador para mí. Me di cuenta que rectificar mi vida ante Dios era lo más importante para mí. No podía preocuparme por las decisiones que ella había tomado para su vida en ese momento. Cuando me dijo que todavía amaba al otro hombre, me sentí fatal. Pero sabía que tenía que trabajar mucho en mi relación con Dios. Lo más importante era hacer eso. Lo que ella estaba haciendo en su vida era de menor importancia para mí porque mi vida tenía que estar bien con Dios.

Tenía que trabajar en mi propia relación con Jesucristo, y eso fue lo que hice. Así pude aguantar ese primer año. Puse mi vida en orden con Cristo. De repente todas esas palabras en la Biblia saltaron hacia mí. Estaban vivas, eran activas, y tenían sentido. Y allí supe que cuando una persona no está llena del Espíritu Santo, esas palabras no significan nada. Son palabras ridículas para ti. Por ejemplo, «Jonás estuvo dentro de la ballena». Gran cosa. Son solo historias.

Pero cuando lees la Palabra de Dios con una luz diferente, cuando el Espíritu Santo habita en ti, de repente todas aquellas palabras tienen vida y son activas, tienen sentido. Entonces, ahí fue cuando puse mi vida en orden con Cristo. Empecé a asistir a una iglesia, y empecé a crecer muchísimo espiritualmente. Mi vida nunca fue igual después de eso. Allí fue cuando tú notaste que había algo diferente. Yo estaba bien. Si ella no me amaba, me entristecía, pero sabía que quería vivir mi vida con Dios, con Jesucristo. Mi matrimonio sí importaba, pero no podía controlarla. Tenía que cuidarme a mí mismo y allí fue cuando puse mi vida en orden con Cristo. Y eso era lo más importante.

Nancy: Entonces, Julie, tú te comprometiste a permanece en el matrimonio. Viste los cambios...

Julie: Bueno, estaba tratando de decidir lo que iba a hacer. No quería permanecer en este matrimonio, pero sí, estaba viendo cambios. Un día, estaba por salir al supermercado. Durante diecisiete años, ya me había acostumbrado a decirle a Dean, «Adiós, te amo», y ese día se lo dije antes de salir. Y después de decírselo, pensé, «¿Qué acabo de decir?» Y Dean me preguntó, «¿qué, me amas?»

Lo consideré rápidamente en mis pensamientos, y pensé, «bueno, se ha convertido en un cristiano, su vida es muy diferente, me está tratando de una forma distinta. Sí, las cosas van a estar bien». Entonces, le contesté, «sí, te amo». No sentí que era la verdad, no sentí nada, pero lo dije con la fe de que Dios lo iba a convertir en algo cierto. «Esto es lo que Él quiere. Él quiere que estemos juntos. Quiere que vivamos para Él. Parece que ahora es posible, entonces, puedo decirle, “sí, te amo”».

Cuando salí de la relación con el pastor, ese fue uno de los momentos más difíciles en toda mi vida porque pensé, «no tengo una relación con Dios; ni siquiera debo ser salva». Cada vez que abría la Biblia para leerla, y tenía hambre por leerla, quería volver a tener una relación con Dios. Pero cada vez que la abría, no podía ver otra cosa que la condena.

Me llevó meses. Por fin leí el Salmo 103, y ¡ah! esas palabras fueron tan preciosas. Esa parte que dice que Él perdona todos mis pecados… todavía lo veo allí, en las letras en negritas, sobresaliendo en letras negritas. Me aferré a esa promesa porque es Dios que me estaba diciendo que verdaderamente me amaba, que me había perdonado por todo, por la manera en que había vivido.

Le dije muchas veces cuánto lo sentía. Sí, quería hacer las paces con Dios, pero casi todo era, «lo siento, se acabó». Realmente había acabado.

Nancy: Entonces, estaban haciendo las cosas correctas, ambos estaban participando en el ministerio, viviendo una vida fiel y moral, pero se dieron cuenta que había una barrera en su matrimonio.

Julie: Sí, y no supe cómo superarla. Les había preguntado a algunas personas qué hacer, incluso a un consejero cristiano en nuestra área. Le conté sobre mi pasado y le pregunté, «¿voy a tener que vivir con esta consecuencia por el resto de mi vida, por la vida inmoral que tuve antes? ¿Ya no tendré el deseo de estar con mi esposo y nunca realmente querré estar con él? ¿Es ese mi castigo?»

Y él me dijo, «no, para nada, Dios no haría eso». Pero nunca nadie me ayudó a cómo enamorarme de este hombre de veras. Podía ser una buena esposa. Podía lavar la ropa y cocinar bien y decir las cosas que debía decir y hacer las cosas que debía hacer. Pero no había corazón detrás de esto. Era una obligación, algo que se suponía que debía hacer, nada más.

Nancy: Entonces estabas permaneciendo en tu matrimonio como un acto de la voluntad, como un acto de fe pero sin corazón.

Julie: Sí, incluso después de escuchar el consejo, «actúa con amor y los sentimientos amorosos vendrán luego»... Había oído todo eso.

Nancy: Seguías esperando que los sentimientos vinieran, pero nunca llegaban.

Julie: Continuaba pensando, «Dios, lo va a hacer», pero Él no lo hizo.

Nancy: ¿Por doce años o más, verdad?

Julie: Pasaron unos 13 años que vivimos juntos viéndonos bien. La gente creía que teníamos un matrimonio maravilloso y feliz. Él creía que teníamos un matrimonio maravilloso y feliz, y así lo era, excepto que en mis pensamientos y en mi corazón era una mentira.

Nancy: En ese entonces estabas trabajando en un ambiente de un ministerio cristiano y habías estado libre de relaciones inmorales por 13 años, y de repente algo pasó que encendió un fósforo dentro de ti.

Julie: Así es. Recibí un abrazo de un hombre, un abrazo que duró dos segundos, un abrazo inocente. Él no estaba tratando de comunicarme nada con el abrazo. Fue un pequeño abrazo de simple compasión. Pero explotó dentro de mí. Fue como si un dragón se hubiera escapado de una caja, y no pude volver a meter el dragón en la caja una vez que se había escapado.

Nancy: No te habías interesado en este hombre hasta ese momento, ¿verdad?

Julie: Bueno, había pequeños pensamientos que mi cerebro rechazaba. Le decía a Dios, «lo siento. No quiero pensar así. Dame pensamientos mejores, por favor». Él siempre me daba mejores cosas para pensar. Fielmente me quitaba los pensamientos pecaminosos, y entonces pensé que estaba manejando la situación en la manera correcta.

Por mis experiencias y la vida que había llevado, la vida que había vivido, pensé, «bueno, Satanás me va a tentar de vez en cuando, y puedo pedirle a Dios fielmente que me dé algo diferente para ocupar mis pensamientos para no actuar según las tentaciones». Me rehusaba a entretenerme con cualquier fantasía sobre este hombre. Simplemente no iba a suceder nunca.

Nancy: Pero entonces te abrazó.

Julie: El dragón explotó por completo, e hice todo lo que había aprendido como una mujer cristiana en aquel tiempo. Leí todas las Escrituras apropiadas. Tú, Nancy, grabaste un programa excelente sobre la mujer adúltera que simplemente me estaba haciendo estremecer. Cuando escuchaba esas palabras, pensaba, «está hablando sobre mí. Eso es lo que estoy queriendo dentro de mí otra vez», y lo odiaba.

Nancy: ¿Era la serie sobre el libro de Proverbios capítulo 7, Convirtiéndote en una mujer discreta?

Julie: ¡Sí!

Nancy: ¿Lo estabas escuchando en Aviva Nuestros Corazones?

Julie: ¡Sí! Y estaba rompiendo mi corazón. De hecho, fue alrededor de un año después de recibir ese abrazo inicial. Sí, me reconocí en aquel programa.

Nancy: ¿Qué hiciste? Este hombre te dio el abrazo, y tus emociones estaban fuera de control. ¿Actuaste en consecuencia?

Julie: ¡No! No lo hice. Le pedí a Dios que se ocupara de ellos. Leí las Escrituras apropiadas. Le dije a una de mis amigas sobre la lucha que estaba teniendo hacia este hombre.

Nancy: ¿No le dijiste nada a Dean?

Julie: No, no en ese momento. Empecé a ver a un consejero, y eso duró unos cuatro meses. El consejero me dijo en su análisis final, «bueno, creo que vas a estar bien ahora. Creo que hemos hecho todo lo posible, y vas a estar bien».

Nancy: ¿Todavía seguías en el mismo ministerio?

Julie: No. Había salido de allí. Nada de esto pasó hasta que me fui de ese ministerio.

Nancy: ¿Tenías contacto constante con él?

Julie: No, no en ese momento. Simplemente esta batalla estaba ocurriendo dentro de mí. Era constante. No podía liberarme de ello. El consejero me dio el alta y me dijo que yo estaba bien. Dentro de mi mente estaba gritando, «no, ¡no estoy bien!». Pero él me estaba diciendo, «ya no puedo hacer nada más por ti». Así que pensé, «otra esperanza que se fue». Y mis amigas cristianas que se habían enterado de la situación, y admito que no les dije toda la verdad, solo pequeños pedazos de la horrible batalla que ocurría en mi corazón, pensaban, «esta es Julie, ella está bien. Es una mujer espiritual y cristiana. No sucederá nada».

Nancy: ¿Cómo pasó de ser una batalla solamente en tus pensamientos a convertirse en una relación adúltera?

Julie: Bueno, pensaba que este hombre probablemente entendía cómo me sentía por él por la manera en que le hablaba, la manera en que lo miraba. Creía que él tenía que saber.

Nancy:Entonces, ¿tenías comunicación habitual con él o no?

Julie: No constantemente. Solo de vez en cuando nos encontrábamos cuando él estaba en la comunidad o en algunos lugares.

Nancy: ¿Estabas enviándole señales?

Julie: Sí, lo estaba, y me odiaba a mí misma por hacerlo. Me odiaba después de hacerlo. Sabía que era malo. Lloraba después de hacerlo y oraba, «¡Dios mío! ¿Qué estoy haciendo? ¡Odio esto! No quiero pensar así». Finalmente pensé, «este hombre debe saber y necesito pedirle perdón». Ese fue un gran error porque él no sabía cómo me sentía.

Nancy: ¿Podrías repetir lo que acabas de decir?

Julie: Fue un gran error, ENORME, admitirle a este hombre que había tenido estos sentimientos hacia él porque eso entonces abrió las puertas. Realmente fue un error y abrió las puertas porque nos facilitó la comunicación, ahora era más fácil para mí poder hablarle. Pero mientras tanto le decía , «oye, lo siento. No voy a actuar en consecuencia. Creo que estoy sintiéndome de esta forma hacia ti por mi relación con Dean». Y empecé a abrirle mi corazón. Aún creo que él era muy inocente en esta comunicación. El noventa y nueve y medio por ciento era yo persiguiéndolo a él.

Nancy: Lamento disentir contigo acerca de eso, aunque me alegro de que estés asumiendo tu responsabilidad por tus acciones. Julie, ahora que estás mirando hacia atrás, estoy pensando en las mujeres que están escuchando este programa que están jugando con fuego en una relación ahora mismo. Están justificando sus sentimientos, contándoles pequeñas partes de la historia a sus amigas, pero no están siendo sinceras con esas amigas ni consigo mismas, ni con sus esposos. Prácticamente, ¿cuáles son algunas maneras en que alimentaste los sentimientos de lujuria en tu corazón hacia ese hombre? ¿Cómo pasó de ser una batalla en tus pensamientos a ser algo que al final se convirtió en una relación adúltera?

Prácticamente, estabas hablando con él. Estabas enviándole señales de atracción. Le dijiste cómo te sentías. Empezaste a compartir sobre tu vida.

Julie: Eso fue lo principal, el mayor error, haberle compartido cómo me sentía hacia él. Y después explicarle por qué me sentía así. Sí, establecí límites, Nancy, pero los límites se movían a cada rato. La primera barrera fue, «le escribiré un correo electrónico de vez en cuando».

Nancy:¿Sobre qué le escribías en los correos electrónicos?

Julie: Oh, solamente cosas insignificantes, como, «hola, vi tu foto aquí o allá». Cosas inocentes y pequeñas, muy inocentes.

Nancy: Mirando hacia atrás, ¿dirías que eran inocentes?

Julie: No. Porque sabía que mi corazón quería mucho más, pero el límite iba a ser «solamente un correo electrónico». Y entonces se movió a ser, «hablaremos un rato en el supermercado o en un lugar público». Entonces, se convirtió en, «nos sentaremos a hablar en el carro por un rato». Luego fue, «solo lo voy a abrazar. Si lo puedo abrazar, me sentiré satisfecha». Pero nunca fue suficiente. Pasó a ser, «si él me besara, sería suficiente. Ya estaría satisfecha con eso». Y, por supuesto, todavía no estaba satisfecha.

Nancy: Julie Petersen nos ha estado describiendo su caída en la lujuria y el adulterio. Ahora, como ayer, tendremos que cortar el programa en un momento de tensión en la historia. Pero por favor, quédate con nosotros durante el resto de la semana, porque Dean y Julie describirán el poder que puede sanar un matrimonio aun cuando parece que ya no hay esperanza.

Julie nos dijo hoy que intentó establecer límites en sus relaciones con los hombres, pero esos límites se movían a cada rato. Quiero sugerir que este asunto es importante para todas las personas. Todos necesitamos poner cercas en las relaciones. Ahora, pueden ser un poco diferentes dependiendo si eres soltera o estás casada. Pero necesitas pensar sobre esos límites, en oración, antes de encontrarte en un momento de tentación. Antes de ser tentada, comprométete a mantener los límites que pusiste, para que permanezcan.

Como trabajo en un ministerio, trabajo con muchos hombres casados. A lo largo de los años, el Señor me ha impulsado a establecer algunos límites, algunas cercas personales que tienen que ver con cómo me relaciono con hombres cuando estoy viajando, trabajando en la oficina, o escribiendo un correo electrónico. Son cosas que Dios ha puesto en mi corazón porque tengo el deseo de proteger los matrimonios de los hombres con quienes trabajo. No es una lista de «haz esto», «no hagas aquello». No es una lista de leyes que te harán más espiritual si las cumples. Siempre he estado indecisa de si poner esos límites por escrito, pero a lo largo de los años tanta gente me ha preguntado cuáles son algunas de mis cercas personales.

Así que, he descrito mis límites personales en un folleto titulado, «Cercas de seguridad personal». Ahora bien, es posible que el Señor no te impulse a establecer exactamente los mismos límites que yo, pero sí creo que este recurso te puede ser útil mientras consideras las cosas de las que hemos estado hablando. Encuentra el recurso, «Cercas de seguridad personal» en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Mientras Julie se encontraba en lo profundo de una relación inmoral, ella envió un correo electrónico a Aviva Nuestros Corazones. Recuerdo el fin de semana cuando su correo llegó a mi buzón. Le dije a mi equipo, «tenemos que ponernos en contacto enseguida con esta mujer. Ella necesita ayuda». Bueno, basta con decir que Julie estaba asombrada por el apoyo que recibió de nuestro equipo. Mañana en Aviva Nuestros Corazones escucharás más de esta historia.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Ten piedad de mí, La IBI & Sovereign Grace Music, La Salvación es del Señor, ℗ 2014 Sovereign Grace Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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