Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cómo la amargura puede conducir a la impureza

Annamarie Sauter: Julie renunció y se apartó de una relación de adulterio, pero estaba reacia a confesarle esto a su esposo. Ella finalmente se dio cuenta de que…

Julie Petersen: El esposo y la esposa se supone que son una sola carne. ¿Cómo puedes vivir una intimidad con un hombre que no sabe quién eres? Que no sabe con lo que estás luchando... Tienes que decirle estas cosas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

El programa de hoy puede no ser apropiado para niños pequeños. Esta semana hemos estado hablando acerca de cómo podemos ser libres de la lujuria. Aquí están Dean y Julie junto con Nancy para continuar con una historia de tentación, perdón, esperanza y sanidad.

Dean Petersen: Cuando ella comenzó a decir que todavía amaba al otro hombre, me sentí devastado, pero sabía que tenía que ordenar mi vida con Dios. Eso fue lo más importante. No podía ocuparme de lo que ella estaba haciendo en su vida. Tenía que trabajar en mi propia relación con Jesucristo, y eso es lo que hice. Así pude aguantar ese primer año. Puse mi vida en orden con Cristo. De repente todas esas palabras en la Biblia saltaron hacia mí. Estaban vivas, eran activas….

Julie: Un día, estaba por salir al supermercado. Durante diecisiete años, ya me había acostumbrado a decirle a Dean, «adiós, te amo», y ese día se lo dije antes de salir. Y después de decírselo, pensé, «¿qué acabo de decir?» No sentí que era la verdad, no sentí nada, pero lo dije con la fe de que Dios lo iba a convertir en algo cierto. «Esto es lo que Él quiere. Él quiere que estemos juntos. Quiere que vivamos para Él. Parece que ahora es posible, entonces, puedo decirle, “sí, te amo”».

Era mi oración todo el tiempo: «Dios, hazme una buena esposa. Muéstrame cómo puedo ser una buena esposa para Dean», porque no lo amaba. Estaba orando todos esos años, «Dios, enséñame cómo amarlo. Dame los sentimientos que se supone debo tener para este hombre».

Pasaron unos trece años que vivimos juntos viéndonos bien. La gente creía que teníamos un matrimonio maravilloso y feliz. Él creía que teníamos un matrimonio maravilloso y feliz, y así lo era, excepto que en mis pensamientos y en mi corazón era una mentira.

Recibí un abrazo de un hombre, un abrazo que duró dos segundos, un abrazo inocente. Pero explotó dentro de mí. Era como si un dragón se hubiera escapado de una jaula… Pensé, «este hombre debe saber y necesito pedirle perdón». Ese fue un gran error porque él no sabía cómo me sentía.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Podrías repetir lo que acabas de decir?

Julie: Fue un gran error, ENORME, admitirle a este hombre que había tenido estos sentimientos hacia él.

Nancy: Julie, la primera vez que recibí un correo electrónico tuyo (lo cual sucedió un poco más adelante en la historia), era de una dirección de correo electrónico que decía algo como, «Julie XOXO» («besos y abrazos»), si no recuerdo mal. ¿Era esa una dirección de correo electrónico especial?

Julie: Sí, lo era. Había creado una dirección especial en ese momento, para contactar a este hombre, porque en ese punto ya se había convertido en una relación física.

Nancy: Así que, el secreto, la inversión en la relación, la apertura de tu corazón... Estoy segura de que puedes mirar hacia atrás, en Proverbios 7, y ver todo el avance que la mujer hace por este camino que lleva a la destrucción.

Julie: Sí, y fue, creo, después de la serie sobre la mujer de Proverbios 7, «Convirtiéndote en una mujer discreta», que decidí escribirte por correo electrónico porque no podía manejar lo que sentía por este hombre. Así que envié un correo electrónico a tu ministerio, y dije, «¿podrían por favor orar por mí? Estoy casada con un hombre cristiano maravilloso que me trata bien, y no entiendo los sentimientos que estoy teniendo por este otro hombre. Por favor oren por mí».

No recibí ninguna respuesta, no escuché nada de nadie. No sentía que el Señor me estuviera respondiendo en absoluto. Estaba desesperada; mi vida no había cambiado. Era esta mujer adúltera en mi interior y siempre sería así. Prácticamente había perdido la esperanza.

Nancy: Fue por esa época que tenía un número de amigos que estaban pasando por situaciones relacionadas a la infidelidad conyugal. Vi el desastre que estaba causando en los matrimonios y en sus hijos, y estaba rompiendo mi corazón. Ese correo electrónico que leí, el tuyo, era uno más. No te conocía, pero podía imaginarte.

Sabía que estabas en una «casa en llamas» y mi corazón estaba tan devastado debido a la frecuencia con que esto estaba sucediendo... Parecía como una epidemia en tantas mujeres cristianas. Así que tomé un fragmento de tu correo electrónico y sin un nombre, por supuesto, ni ningún dato que te identificara, lo usé con otras ilustraciones en una carta que enviamos a las colaboradoras del ministerio cada mes.

Tenemos permiso para utilizar estos mensajes de correo electrónico, y nosotros no lo haríamos de una manera que viole la confidencialidad de la persona involucrada, pero por lo que recuerdo la parte de tu correo electrónico fue la primera en esa carta.

Julie: El primer párrafo. . .

Nancy: … y nunca pensando, «Julie va a recibir esta carta...»

Julie: Estaba en casa abriendo el correo y vi mi correo electrónico en el primer párrafo de esta carta del ministerio, y simplemente me despertó. Era como: «¡Esto debe ser importante! ¡Nancy lo tiene en el primer párrafo de su carta ministerial! Julie, ¡mira lo que estás haciendo!»

Y Dios usó eso para abrir mis ojos. Me detuve y pensé: «¡Esto tiene que parar!» Cuando me fui a trabajar a la mañana siguiente, lo primero que hice fue entrar a mi cuenta y te escribí diciendo: «Soy la mujer del primer párrafo».

Nancy: Tengo ese correo aquí.

Julie: ¿Lo tienes?

Nancy: De hecho, tengo toda una serie de correos electrónicos tuyos, Julie. Permíteme leer un poco de esto, porque es tan increíble pensar dónde estabas el 8 de julio de 2004, y dónde Dios los ha traído a ti a y Dean hoy. La gracia de Dios es tan increíble.

Julie: Sí.

Nancy: Tú escribiste,

«Bueno, Nancy, soy yo, la autora del primer correo electrónico en la carta de este mes. Al leerlo allí junto con tu respuesta angustiada quizás me ha despertado. Me siento paralizada esta mañana, tratando de hacer mi trabajo (aquí hablas sobre una posición en un ministerio), y leyendo los mensajes de correo electrónico de esta mañana del otro hombre, tratando de encontrar la manera de huir de esta situación. . . cómo obtener el valor para tratar con eso».

Tú dijiste: «Porque ahora, por supuesto, estamos “enamorados" (pusiste eso entre comillas; creo que sabías que no era amor real)».

Julie: Así era, no era amor real . . .

Nancy: «...aunque sé que estoy destruyendo todo. Me siento tan desesperada. Quiero salir de esta vida antes de que todo explote y otros sepan quién realmente soy. Verás, he tenido un papel importante en la obra cristiana en esta comunidad. Muchos saben quién soy; he aconsejado a otras mujeres en esta situación. He perdido mi fe en que Dios me ayudará. En verdad, no sé qué hacer».

Y hubo algunas otras cosas que dijiste.

. . . Recuerdo que estaba sentada en Little Rock en mi estudio. Era un un fin de semana, por lo que recuerdo. Cuando vi ese correo electrónico, el cual pudo haber tomado un día o dos para llegar a mí, yo no estoy segura. . .

Julie: Fue un miércoles. . .

Nancy: En el momento en que lo vi, estaba buscando tu número de teléfono. Recuerdo que no lo pude encontrar de inmediato, porque cuando lo vi por primera vez, fue un fin de semana. Recuerdo que pensé: «Tengo que hablar con esta mujer. Esto es serio». Yo misma estaba tan alarmada… en la providencia del Señor, probablemente recordarás los detalles mejor que yo, pudimos organizar una conversación telefónica.

Julie: Una de las consejeras, Sarah, que ayuda con tu correspondencia, había respondido mi correo justo cuando envié este último correo electrónico. Ella dijo: «A Nancy le gustaría hablar contigo», y me preguntó si yo estaba abierta a eso. Pensé: «Estás bromeando. ¿La famosa Nancy quiere tomar un tiempo para hablar conmigo?»

No podía entender eso en absoluto, pero sí me llamaste un par de días más tarde y me escuchaste, aunque no sé cómo pudiste entender lo que estaba diciendo, porque probablemente estaba llorando muy fuerte.

Nancy: Estabas llorando, sollozando, y no era fácil de entender, aunque sabía por el correo que me habías mandado que se trataba de una situación muy grave. Una de las cosas que recuerdo claramente es que a medida que revelabas cosas de tu pasado, cómo había sido la inmoralidad en años anteriores, habitual, la inmoralidad repetida. . . pero después, esos años de fidelidad. . . y luego volver a caer en esto de nuevo.

Recuerdo que decías a través de tus sollozos: «Simplemente no creo que pueda ser diferente». Había desesperanza, en esencia, «soy una adicta sexual, y voy a ser una mujer adúltera». No porque querías serlo sino que simplemente no sentías como que había alguna esperanza para que fueras diferente.

Eso activó algo en mi corazón, porque sé que cuando «el pecado abunda, la gracia sobreabunda», y te quería ver fuera de esa aventura. Quería ver tu matrimonio restaurado, pero aún más allá de todo eso, quería verte restaurada a la gracia de Dios al darte cuenta de que no tenías que pasar el resto de tu vida como esta mujer sexualmente pecadora. . . que podías ser pura, que podías ser restaurada. Algo en mí hizo clic a toda velocidad y dije: «Esta mujer tiene que creer la verdad acerca de la gracia de Dios».

Sabía que el enemigo te estaba mintiendo, y probablemente te decía que estabas siendo engañada, que te estaban mintiendo.

Julie: Pensé que me estaba viendo a mí misma de manera realista por primera vez. Así es como Satanás engaña a una persona. Creía que estaba siendo sincera conmigo misma cuando él me estaba mintiendo, diciendo que siempre sería así, y que no tenía otra opción.

Nancy: Mientras tanto, fuiste donde este otro hombre, aun después de haber visto la carta.

Julie: Oh, sí. Tan pronto como vi esa carta, se la mostré a él, y le dije: «No vamos a hacer esto más. Nunca más».

Nancy: Pero todavía tenías este pensamiento dentro de ti, esta voz diciéndote: «Tú eres una mujer inmoral, no puedes ser de otra manera».

Julie: Había tratado durante todos estos años de amar a mi marido, de ser la persona que se supone debía ser, y eso no había funcionado. Estaba cansada de pedirle a Dios que me ayudara a sentirme atraída por él, que me ayudara a querer estar con él sexualmente. No entendía por qué estaba llorando después de que estábamos juntos físicamente… ¿Por qué era tan difícil no pensar en otra persona cuando estaba con Dean?

Nancy: ¿Estabas simplemente cansada de la batalla?

Julie: Estaba muerta de cansancio de la batalla y me di por vencida. Pensé: «Es inútil, y simplemente voy a vivir así. Dios no me ha cambiado», realmente olvidando los trece o catorce años que en verdad Dios me había cambiado y me había dado maravillosos nuevos deseos de vivir para Él.

Era en esta área que no había obtenido la victoria todavía. No sabía cómo, y Dios me estaba mostrando, finalmente. Finalmente Él me estaba contestando mi oración de amar a mi esposo, pero seguro lo estaba haciendo de una manera que no me gustaba. Me di cuenta de que esto era lo que le estaba dando para que Él trabajara. Ahora Él iba a usar ese desastre que le había dado para ayudarme a enamorarme de mi marido.

Nancy: Una de las cosas sobre la cual hablamos en la llamada telefónica. . . Creo que hay tanta esclavitud en mantener un secreto. Te dije: «Tienes que confesar esto. Obviamente, tienes que ser honesta con el Señor, y tú estás siendo honesta conmigo en este punto, pero tienes que hablar con tu pastor, y también tienes que ser honesta con Dean». Una pared se levantó, y dijiste…

Julie: «De ninguna manera le puedo contar a mi esposo acerca de esto. El matrimonio estaría sin duda terminado entonces, y esto le va a doler muchísimo...» Nunca quise lastimar a Dean. Sabía que él era un buen hombre, y no quería que él supiera cómo me sentía realmente. Solo iba a pretender que no me sentía de esa manera. Así que fui a donde mi pastor, animada por ti. Me tomó algunos días darme cuenta de que eso era lo que tenía que hacer, pero fui con él porque pensé: «Ahora, pastor, necesitas ayudarme a recuperar mi vida espiritualmente… Sé que lo he arruinado durante unos meses, en este punto. Ayúdame a recuperarme espiritualmente, así puedo barrer todo esto bajo la alfombra de nuevo y levantarme por mis propios esfuerzos y seguir adelante con el Señor».

Él dijo: «No, tú necesitas confesárselo a tu marido». Pensé: «¿Por qué todo el mundo me dice que tengo que contarle esto a Dean?» No pensaba que eso era necesario, pero esa era la parte liberadora.

Nancy: Permíteme volver un poco atrás, ya que algunas oyentes están escuchando y quizás preguntándose: «¿Por qué ella necesitaba decirle a su marido?» Al mirar hacia atrás, ¿por qué crees que era importante?

Julie: Una cosa que dijiste en esa llamada telefónica fue que el esposo y la esposa se supone que son una sola carne. ¿Cómo puedes vivir en la intimidad con un hombre que no sabe quién eres, que no sabe con lo que estás luchando? Tienes que contarle estas cosas.

Para mí, mantener cualquier cosa como esa en secreto hace que sea mucho más fácil actuar de nuevo porque no hay que rendir cuentas allí.

Nancy: Así que finalmente fuiste honesta con Dean. Él sabía que algo andaba mal.

Julie: Oh, él hizo que le contara. Él podía decir por la forma en la que estaba actuando que algo estaba terriblemente mal con su esposa. Pensó: «Tengo que averiguar de qué se trata».

Nancy: Y todo este tiempo, Dean, ¿no habías sospechado de esta otra relación?

Dean: Ella siempre fue crítica sobre algo, siempre haciéndome declaraciones críticas por algo. Lo mejor que te puedo decir es el verso que siempre me atrajo, ese es en el capítulo 3 de Colosenses, los versículos 12 al 14. Se me dijo que tenía que vestirme a mí mismo con compasión. Me falta compasión. Tenía que tener esa paciencia y amor, y tenía que tener ese perdón. Así que estaba dispuesto, cuando ella me contó esto, solo pensé en esa palabra que Dios le había dado a Pablo; te digo que cualquiera que realmente quiere controlar su vida solo debe mirar esas palabras.

En el capítulo 3, los versículos 12 a 14, dice: «Vístanse con la compasión y la paciencia y la comprensión, y perdonen como Dios nos perdonó, porque si nos llamamos cristianos y no estamos dispuestos a perdonar, lo hemos perdido» (paráfrasis).

Nancy: Y tú sabías lo mucho que Dios te había perdonado. . .

Dean: Sabía lo mucho que Dios me había perdonado, así que, cuando leí de nuevo esos dos versículos, pensé, «puedo hacer eso con la gracia de Dios». Así que no guardé nada en contra de Julie. Estaba tan herido cuando me di cuenta de cuánto la había herido yo a ella.

Julie: Y en ese momento todavía no se lo había contado. Me tomó alrededor de un mes para ir, confesarle y decirle: «Debido a que nunca pude elegir con quién quería casarme, porque me sentí obligada a ser tu esposa, esta es la ira y la amargura, el rencor que tengo que nunca he sido capaz de deshacerme de él. Todo eso ha estado aquí».

Esto es lo que finalmente vi como aquello que me estaba llevando a tomar las malas decisiones que tomé. Esta falta de perdón estaba profundamente dentro de mi corazón. Pensé, «esto está en el pasado, no puede ser cambiado. Dean es un hombre diferente ahora y no tenemos que regresar a eso que sucedió en el pasado».

Nancy: Pero en realidad nunca habías tratado con el corazón de esa amargura.

Julie: Nunca. Nunca.

Nancy: ¿No es increíble cómo la amargura conduce a la impureza moral? Una y otra vez veo eso.

Julie: Oh, sí. Finalmente eso tiene tanto sentido.

Nancy: Así que al final fuiste capaz de expresarle a él que se había producido una raíz de amargura en tu corazón, durante todos estos treinta y tantos años. . .

Julie: Cuando él se dio cuenta de lo que esa relación tan temprana me había hecho a mí, estaba destrozado. Lo vi empezar a llorar, y dijo, «lo siento mucho. No tenía ni idea».

Dean: Es que pensamos distinto. Los hombres tienen un proceso de pensamiento diferente en un montón de maneras que una mujer. No tenía ni idea de que lo que había hecho con ella le había hecho tanto daño, Nancy. ¡Ni idea! Nunca pensé en ello hasta que ella lo mencionó, y luego me di cuenta. «Lamento tanto haberte hecho ese daño. Si hubiera sabido que te ibas a sentir de esa manera, nunca lo habría hecho». Probablemente nunca habría siquiera salido con ella, si hubiera sabido cómo ella se sentía.

Julie: Pero ahora aquí estoy, la que ha vivido un estilo de vida tan inmoral, en ese punto, y él me está pidiendo disculpas a mí. Es increíble lo que Dios ha puesto en el corazón de Dean. Tengo un hombre maravilloso aquí.

Me tomó bastante tiempo aún después de inicialmente haber hablado con él acerca de cómo me sentía realmente y lo que había hecho, de nuevo. Decidimos que probablemente solo viviríamos juntos. Sabíamos que el divorcio no estaba bien. Así que ahora él sabía exactamente cómo me sentía, y nosotros solo íbamos a permanecer en nuestra casa…

Nancy: ¿Todavía seguías pensando que las cosas no podrían ser diferentes?

Julie: Oh, no, no. Había perdido las esperanzas de amar a este hombre. No sabía que una de las claves principales era ser honesta con él acerca de mis sentimientos.

Nancy: Y lidiar con la amargura.

Julie: Y lidiar con eso, sí.

Annamarie: Julie y Dean han estado hablando con Nancy DeMoss de Wolgemuth sobre un patrón peligroso: el pecado de la falta de perdón llevándote hacia el pecado de adulterio. Quizás nos escuchas hoy y te encuentras en el lugar en el que Julie estaba. ¿Ha venido a tu mente algún área de resentimiento o amargura en tu vida? ¿Te afecta esto profundamente y no sabes cómo ser libre?

Nancy ha esbozado algunos pasos cruciales para ayudarte a ver si has perdonado, y cómo puedes ser libre de la falta de perdón. Escucha este resumen,

Nancy: Sí, tenemos que perdonar, pero ¿cómo podemos elegir perdonar?

  • Es importante, en primer lugar, identificar a las personas que nos han hecho mal.
  • Luego, debes asegurarte de que tu conciencia está tranquila hacia aquellas personas que están en tu lista.
  • A continuación, asume la responsabilidad de tus respuestas.

Darse cuenta de que Dios no te pedirá cuentas por cómo otros han pecado contra ti es es algo liberador. Dios nos pide cuenta y nos hace responsables por cómo hemos pecado contra otros.

Somos tan propensas a poner porcentajes a todo esto. La tendencia es, creo, y he oído a tantas esposas expresar algo más o menos así, «solo solo tengo el cinco por ciento de la responsabilidad de la ruptura de nuestro matrimonio. ¡Deberías escuchar lo que él hizo!» Y a menudo lo escucho.

El noventa y cinco por ciento es su responsabilidad, es lo que implica la respuesta. El problema es que si alguien hablara con ese hombre, lo más probable es que él podría estar dispuesto a reclamar el cinco por ciento de la responsabilidad, pero él tiene su lista de formas en las que su esposa pecó contra él, para que él se sintiera provocado a hacer lo que sea que haya hecho.

Así que él está diciendo: «Soy cinco por ciento responsable, ella es noventa y cinco por ciento responsable». Ella está diciendo, «tengo un poco de responsabilidad, pero él es el mayor responsable». Así que en realidad, tú tienes solamente el diez por ciento de la responsabilidad aceptada, el pequeño cinco por ciento de ella y el pequeño cinco por ciento de él.

¿Quién es responsable de todo el noventa por ciento en el medio? Ves, es el orgullo que nos hace pensar, en términos generales, que es la otra persona la que está más equivocada, la que tiene mayor responsabilidad.

Una vez que hayas identificado a estas personas que te han hecho daño, que hayas identificado la forma en que te han herido, y hayas hecho todo lo que Dios ha puesto en tu corazón para hacer, para limpiar tu conciencia hacia esas personas, entonces puedes dar este paso de elegir perdonar totalmente a cada persona que ha pecado contra ti.

Proponte en tu corazón extender el perdón a cada persona en tu lista, no porque te sientas como con ganas de perdonar, no porque ellos hayan venido y te hayan pedido que los perdones, sino como un acto de tu voluntad.

Annamarie: Acabas de escuchar un extracto de una enseñanza de Nancy DeMoss de Wolgemuth. No tenemos tiempo para transmitir una mayor porción de esa enseñanza, pero si el programa de hoy te ha ayudado a ver la amargura que hay en tu corazón, puedes buscar más recursos relacionados al tema en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también puedes acceder tanto al audio como a la transcripción de este programa y programas anteriores.

Nancy abunda más en el tema del perdón en su libro, «Escoge perdonar: Tu camino a la libertad». No dejes que la amargura te destruya. Obtén este recurso a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, o en tu librería cristiana favorita.

Después de oír acerca de las luchas, la amargura y la infidelidad en el matrimonio de nuestros invitados, ¿crees que la intimidad y los sentimientos de amor podrían ser restaurados? Escucharás acerca de esto, mañana, en la conclusión de esta serie titulada, «Esperanza para un matrimonio sin esperanza», aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Eternamente, Sovereign Grace Music, Sea la Gloria Sólo a Ti ℗ 2002 Sovereign Grace Music. Canción usada con permiso.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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