Podcast Aviva Nuestros Corazones

Esperanza para el futuro

Carmen Espaillat: Era una costumbre decirle a la mujer esperando un bebé ¡Felicidades! Dice Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Cada vez más y más mujeres que están esperando escuchan cosas como esta, “¿Nadie te dijo cómo no quedar embarazada?” Ese es el tipo de cosas que oyes decir a las personas al día de hoy: “¡Oh, cuánto lo lamento por ti!”. Ahora, solamente espero que tú nunca le hables de esa manera a una mujer embarazada. ¿Puedes imaginar lo deprimente que es eso?

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Las jóvenes miran hacia el futuro con tantas incertidumbres y tantas decisiones que tomar. Nancy Leigh DeMoss habló con un grupo de mujeres que están en esa etapa de sus vidas, universitarias que necesitan oír una mujer madura proyectarles una visión de lo que su futuro pudiera ser. Y realmente, todas tenemos que crecer en madurez y asegurarnos que nuestro proceso de pensamiento sea bíblico. Nancy comenzó hablando de su propia jornada como joven.

Nancy: Permíteme compartir un poco acerca de mi propia visión de la feminidad y cómo a través de los años ha cambiado. Cuando tenía 20 años, debo decirles que me sentía un poco apabullada al pensar en el hecho de ser mujer. Si alguien me hubiera preguntado cuando tenía veinte años, en una escala del uno al cinco, cuanto me gustaba ser mujer, no hubiera elegido el cinco. Ahora, no creo hubiera sido el uno, pero esto me irritaba.

En parte, tenía un verdadero deseo de servir al Señor. Amaba al Señor. Quería estar en el ministerio. Y tenía la mentalidad de que de haber sido hombre, hubiera podido servir más al Señor, y habría tenido más opciones de ministerio. La otra parte del problema era que veía a las mujeres a mí alrededor y no quería ser como ninguna de las que conocía.

No lo digo a manera de insulto. Sólo pensaba, “Ellas no son muy interesantes y hablan de temas que a mí no me interesan”, simplemente no veía como yo encajaba. No sé si pensaba que había algo raro en mí o qué, pero no estaba disfrutando el ser mujer. No podía haber dicho honestamente en esos momentos “Gracias Señor, por hacerme mujer”.

A medida que pasaron los veintes y llegaron los treinta, en la medida que empecé a ministrar a mujeres, fui creciendo, profundizando en la Palabra de Dios y haciendo algunas preguntas bien sólidas, empecé a descubrir en las Escrituras que Dios tenía un motivo en hacerme una mujer y que Dios tenía un propósito específico para mi vida como mujer.

Empecé a ver la maravilla y la belleza de lo que significaba ser mujer y que mi misión, propósito y llamado en la vida tenía una característica diferente en muchas maneras, a la misión que Dios tenía para los hombres piadosos. Empecé a abrazar ese hecho, en lugar de resentirlo y de resistir mi llamado como mujer. He encontrado en los últimos diez o quince años de mi vida mucho gozo al descubrir y abrazar el propósito de Dios en mí como mujer.

Ahora bien, regresemos al Génesis donde Dios hizo al hombre y a la mujer, dice “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (1:27). Así es que aprendemos de Génesis 1 y 2 que Dios creó al hombre y a la mujer a la imagen de Dios. Uno no es superior al otro. Uno no es inferior al otro. Dios nos hizo, como mujeres, con igual valor y dignidad a Sus ojos.

Pero tú me dirás, “¿Y quién no sabe eso?” Pues, te diré que muchas generaciones no lo han entendido. De hecho, cuando Jesús vivió en la tierra, aun en buenas familias judías, las mujeres eran consideradas inferiores a los hombres. Una de las cosas que Jesús hizo en la historia de la humanidad fue elevar el estatus de las mujeres y mostrar que a Sus ojos tenemos gran valor y estima.

Pero regresemos de nuevo a las Escrituras, encontramos que Dios nos estima a ambos de igual manera. También encontramos que Dios nos hizo diferentes –hombres y mujeres diferencias obvias fisiológicas, pero también diferencias en nuestro propósito de creación, diferentes en nuestra función. Lo que he aprendido sobre la vida es que las cosas funcionan bien cuando funcionan de acuerdo a su diseño. Las cosas funcionan precariamente o no funcionan para nada cuando tratas de usarlas en contra de la forma en que fueron diseñadas. Funcionamos bien, cuando funcionamos de acuerdo al propósito para el cual Dios nos hizo, pero lo hacemos precariamente o no funcionamos para nada cuando tratamos de encajar en cualquier otro propósito que no fue el diseñado por Dios al crearnos.

Durante los últimos 50 años, ha habido una revolución en la forma en las mujeres evalúan todo, en la manera en que se ven a sí mismas, en la manera en que ven a los hombres, el matrimonio, el sexo y la familia. Esta revolución ha alterado radicalmente todo el engranaje de nuestra sociedad. Ha alterado radicalmente toda nuestra cultura. No solamente ha alterado la forma en que las mujeres piensan y actúan; sino que también ha sido alterada la manera en que los hombres piensan y actúan con respecto a las mujeres.

Cuando les pregunto, “¿qué les gustaría decirle a los hombres?” Algunas de ustedes me han respondido (porque ya lo he oído anteriormente) “¡Pónganse en esto! ¡Actúen como hombres! ¡Invítennos a salir!” ¿Sabían ustedes que el hecho que muchos hombres estén intimidados y pasivos y no quieren actuar varonilmente, ¿sabes que este es el producto de la revolución femenina, una forma totalmente nueva de pensar acerca de los hombres y las mujeres?

Nos ha afectado a todos. Al día de hoy, las mujeres universitarias nunca han conocido ninguna otra manera de pensar. Es el aire que diariamente respiramos. Aun si creciste dentro de la iglesia, aun si creciste en el mundo evangélico, has sido afectada por esta revolución en la manera en que visualizamos la femineidad.

Dije que ha sucedido desde hace 50 años más o menos, pero esta revolución no es nada nuevo, no hay nada nuevo debajo del sol, tal como leemos en Eclesiastés. Esta revolución esta en el libro del Génesis, empezó en el Jardín del Edén.

Ahora, sé que tú conoces esta historia, pero encuentro que nos ayuda de vez en cuando ir y revisarla ¿Cómo fue que Dios creó las cosas? ¿Cómo fue que Él hizo el diseño para que ellos funcionaran? y ¿Qué fue lo que sucedió para que se estropeara? ¿Cómo llegamos de ahí hasta donde estamos actualmente?

Si estás familiarizada con el relato del libro de Génesis, lo cual es muy probable en la mayoría de ustedes, recuerda que Génesis 1 y 2 son dos capítulos realmente cruciales. Son los únicos dos capítulos que tenemos en toda la Biblia –hay 1.189 capítulos en la Biblia y solo dos de ellos nos dicen como fue la creación antes de que el pecado entrara al mundo. Ahora, tenemos algunos pasajes que nos describen cómo será cuando Dios termine de redimir este mundo del pecado, pero solamente esos dos primeros capítulos nos hablan de cómo Dios quiso que fueran las cosas en este planeta.

Leemos que Dios creó el mundo, y como parte de él, Él creó las plantas y los animales, y luego hizo al hombre, y entones Dios hizo a la mujer, similar al hombre en muchos aspectos. Ella fue como el hombre, creada a imagen y semejanza de Dios, pero en muchas otras formas diferente al hombre y hecha con un propósito muy diferente al del hombre.

Entonces Dios, habiendo hecho al hombre y a la mujer, los junto y les dio o estableció el orden de cómo era que las cosas iban a funcionar, como el hombre y la mujer debían funcionar juntos, como se iban a relacionar con los animales, y como debían relacionarse con la tierra. Dios les dio un manual de instrucciones.

Dios le dijo a Adam, “Así es que las cosas deben ser”. A medida de que lees esos dos capítulos de Génesis vas a encontrar palabras como “Dios les bendijo. Dios les dijo que era bueno”. La manera en que Dios creó las cosas, no daba lugar para la batalla entre los sexos. Las cosas eran buenas. Ellos estaban siendo bendecidos. Ellos funcionaban. Y funcionaban bien porque lo hacían de acuerdo al diseño de Dios.

No había dolor.

No había tristeza.

No había muerte.

No había maldad.

No había abuso.

No había divorcio.

No había relaciones rotas.

No había conflictos.

No había conflictos generacionales.

No había violaciones.

No había incesto.

Ninguna de estas cosas existía aún, en el mundo de ese día.

Ahora, ¿Qué fue lo que paso entre Génesis capítulos 1 y 2 para llevarnos a donde estamos hoy en el mundo? Bueno, la respuesta es Génesis capítulo 3. ¿Qué sucedió en Génesis capítulo 3?

El enemigo de Dios cuyo nombre es Satanás entra en escena. Él tenía su agenda. El Engañador sabía, Satanás sabía que si él podía atacar al hombre y a la mujer, entonces él podía atacar a Dios. Entonces ¿qué fue lo que Satanás hizo? Él vino primero y es tan importante darnos cuenta de este hecho él vino primero a la mujer.

Haciendo esto, ya de por sí estaba violando el orden que Dios había establecido, porque cuando Dios impartió las órdenes, se las dio al hombre con el entendimiento de que este a su vez se las comunicaría a su mujer. La mujer estaba bajo el cuidado, la protección y el liderazgo, el amante liderazgo del hombre, y esto era bueno. Era una bendición.

La mujer estaba cuidada. Ella estaba protegida. Sus necesidades estaban satisfechas. No era que ella no fuera igual al hombre, sino que estaba a salvo y protegida en ese orden creado.

Satanás va por detrás, alterando el orden de creación. Él va donde la mujer, y es interesante notar, que las Escrituras dicen que el hombre estaba ahí, pero un tanto despreocupado. Él no estaba mentalmente involucrado en la conversación. Toda la conversación transcurre delante de él, como si él no hubiera estado presente, pero Génesis 3 nos dice claramente que cuando la mujer le dio la fruta al hombre, ella se la dio al hombre “quien estaba con ella” (verso 6).

¿Dónde estaba el hombre durante toda esta conversación? Estaba callado. No dijo nada. ¿Quién habló todo el tiempo? La mujer y la serpiente. Ellas estaban sosteniendo la conversación.

En ningún momento vemos a la mujer voltearse al hombre y decirle “¿Qué fue lo que nos dijo Dios? ¿Qué quiere Dios que hagamos en esta situación?” Puedes verla firmando su declaración de independencia cuando dice, “Yo resuelvo esto sola. No necesito al hombre”, ahí vemos el orden de los roles invertidos.

Desde ese punto hasta aquí, tenemos las consecuencias de eso, y la bondad de Dios. “¿Con qué Dios te dijo, que no podías comer de todos los árboles de este huerto? (Génesis 3:1 parafraseado) Hay algunos árboles de los que no puedes comer.

Ahora bien, ¿Qué fue lo que Dios dijo? “Tú puedes comer de todos los arboles del huerto. Disfrútalos todos, menos uno” (ver Génesis 1:29) Pero ¿adonde fue que Satanás puso el énfasis? En lo que Dios dijo que no podían hacer en lugar de lo que Él dijo que sí podían hacer.

Él desafió la sabiduría de Dios diciendo: “Sí, esa es la opinión de Él, pero en realidad Dios no lo sabe todo. De hecho, si comes del fruto de ese árbol, podrás ser tan sabia como Dios. De hecho… puedes ser tu propio Dios. Puedes manejar tu vida a tu manera” (ver Génesis 3:5)

Él desafió el derecho de Dios de estar en control.

Él desafió el orden de Dios en la creación.

Él convenció a la mujer que la Palabra de Dios era sólo la opinión de Dios, y que era la opinión de una persona, pero tú tienes el derecho a tu propia opinión, Madame Eva.

Él la convenció de que la Palabra de Dios no era absoluta, y que la verdad era relativa.

¿Te suena esto a algo que oyes en la universidad? Él la convenció de que el camino de Dios no era el mejor para ella y que sería más feliz, mejor, más libre si se deshacía de las cadenas de las leyes represivas que Dios les había colocado.

Si la mujer no hubiera creído eso ¿piensas que ella hubiera mordido esa fruta? Ella creyó que iba a estar mejor. Ella creyó que sería más feliz. Así es que, tomó una decisión basada en su propio sentido natural, basada en sus propios razonamientos.

¿Qué nos dice la Escritura en Génesis capítulo 3? “Ella vio que el árbol era agradable a los ojos. Era un árbol deseable, la iba a hacer más sabia” (verso 6, parafraseado). Se sentía atraída por él, y ¿puedo decirte algo aquí? La voluntad de Satanás siempre lo va a parecer cuando él está tratando de tentarte, lo va a poner muy atractivo y deseable, tal y como lo hizo con Eva y ese fruto.

“Puedes salirte con la tuya, y aquí está el resultado de todos los beneficios que vas a cosechar. Así de feliz vas a ser. Así de libre te vas a sentir”. Solo mira los anuncios a tu alrededor. Empieza a notar las cosas que lees y los anuncios que ves en la televisión, las películas y la música que escuchas. Empieza a oír este razonamiento que te dice que si haces las cosas a tu manera, te irá mejor.

Eva le creyó al Engañador. Ella le creyó a Satanás, pero una vez ella tomo la decisión de ir por su propio camino, bastante rápido se dio cuenta de que la fruta que había sido tan atractiva por fuera realmente estaba podrida por dentro. Llena de gusanos, podrida.

Ahora, ¿Crees que si la fruta hubiera aparentado estar podrida y llena de gusanos por fuera, ella la habría mordido? Tú dirás, “¡Asco, no! Ella no la hubiera mordido si la hubiera visto podrida”. Era atractiva, y eso es lo que necesitamos recordar cuando el enemigo coloca delante de nosotras su manera engañosa, tal y como lo ha hecho a toda nuestra cultura durante los últimos 50 años.

Se ve tan bien. Se ve tan bueno, pero te puedo señalar los resultados de cientos y probablemente miles de mujeres con las que he hablado en los últimos años que tomaron una mordida. Muchas de ustedes aquí, mordieron. Se ve tan bueno. Parece lo correcto, pero terminaron con la boca llena de gusanos.

Parece bien decir que eran sexualmente libres, y ahora están viviendo con vergüenza, culpa y pesar. Así que, con las mujeres firmando su declaración de independencia, tenemos la introducción al mundo del temor, la culpa y la vergüenza. Vemos todo esto en Génesis capítulo 3.

El hombre y la mujer antes de la caída estaban desnudos, no sentían vergüenza porque, bueno, era la intención de Dios que así fuera, totalmente abierto el uno con el otro. Ahora de repente se sienten culpables. Se sienten avergonzados. Están escondiéndose, no solo el uno del otro, sino también de Dios.

Al final terminamos aisladas, con nuestra relación rota con Dios, con nuestro compañero, con los niños a medida que llegan. Ahora tenemos la introducción a este mundo de muerte, dolor, violencia, pena y toda clase de cosas feas e indecibles que los seres humanos pueden hacerse el uno al otro.

Alguna de ustedes ha tenido personas que han hecho cosas en su contra, y todo empezó por una mujer que dijo “Yo creo que me voy a salir con la mía. Me parece bien. Se siente tan bien”. La caída afectó a toda la creación, al hombre y a la mujer y la visión que tenían de su rol, propósito y llamado.

Desde entonces, ha tenido lugar una colisión, una guerra entre dos cosmovisiones diametralmente opuestas –la manera de Dios y la manera del hombre, el camino de Dios y el camino del mundo. Estas dos formas son radicalmente opuestas. Se basan en premisas diferentes, en dos filosofías diferentes y con resultados completamente diferentes.

El problema es que muchas de nosotras en nuestra cultura hemos comprado del mundo la manera de pensar y de vivir. Nosotras ni siquiera conocemos la manera de Dios; o si la conocemos, la rechazamos; o la conocemos y la ignoramos. Esto es cierto en todas las áreas de nuestras vidas.

Permíteme contrastar por unos momentos lo que quiero decir por la diferencia entre la manera de Dios y la manera de vivir del mundo. Por ejemplo, la manera de Dios es una cultura de vida. Dios valora la vida. Es por eso que una vida en gestación es preciosa para Dios, porque Dios valora la vida. Pero la manera del mundo es una cultura de muerte. Hay una fijación con la muerte. La muerte es el resultado del pecado, y es una cultura que eleva la muerte y no la vida.

La manera de Dios, en el caso del matrimonio, por ejemplo, es que es algo bueno. El matrimonio es la regla. El matrimonio es la norma. Eso fue lo que Dios planificó. Creces; te casas, y permanecer soltera solo tenía la intención de ser la excepción de la regla. Yo creo que Dios ha llamado a unas pocas personas a ser solteras, a manera de excepción, con el propósito de servirle a Él para toda la vida como soltera en un ministerio. Pero aparte de esto, yo creo que el plan de Dios es que todo el resto crezca y se case en su etapa adulta.

¿Qué ha hecho el mundo con esto? El mundo ha dicho “Bueno, no sé. El matrimonio es opcional. El matrimonio es para uno y no para otros, o eso esperamos”.

Acabo de leer hoy una estadística que dice que en 1970, el 36 por ciento de las mujeres en los grupos entre 20 y 24 años nunca se casaron. Hoy, 35 años más tarde, el número es 75 por ciento de las mujeres de 20 a 24 años que nunca se han casado, y yo pienso que es aun mayor un 86 por ciento en los hombres dentro del grupo de esa edad.

¿Porqué casarse? Va a fallar. En algunas de las mujeres jóvenes existe un temor sobre el matrimonio y en otras solamente un deseo de ser independientes. De parte de algunos hombres, hay un temor al compromiso. Por muchas razones, no estamos viendo hoy en día el matrimonio como lo normal y sino como algo opcional o quizás como algo malo. Esa es la visión del mundo.

La manera de Dios es que una vez que te hayas casado, entras en un pacto que es permanente. “Hasta que la muerte nos separe” lo cual, a propósito, si abrazas esa forma de pensar, eso significa que es realmente importante con quien te casas y que te cases en la voluntad de Dios. La manera de Dios es que una vez que te casas, es un pacto para toda la vida.

Dios usa esa pareja para ayudarte en el proceso de santificación, para moldearte a la imagen de Cristo. Dios te usa como mujer para ayudar a ese hombre a ser todo lo que Dios tiene la intención de que él sea. Es un acuerdo permanente y uno del que no te sales cuando las cosas no van como quieres.

¿Cuál es la manera del mundo ver el matrimonio? “Hasta que el divorcio nos separe”, y algunas de ustedes son el producto de divorcio y segundas nupcias. Lo has visto una y otra vez, y quizás tú no conozcas ninguna otra manera de pensar sobre el matrimonio porque es la manera en que el mundo piensa.

¿Van ellos al altar? Por lo menos el 50 por ciento de las personas que van al altar hoy y se dicen esos votos un día caminarán por el pasillo de la corte de divorcios por lo menos el 50 por ciento de ellos. Está considerado como algo que no es permanente.

¿Y qué de la maternidad, la manera de Dios versus la manera del mundo? La manera de Dios es que Él hizo a las mujeres para ser madres. ¿Sabías tú que los hombres no pueden tener niños? De paso, eso es algo distintivo en nosotras.

Cuando Adán nombró a su esposa Eva, ¿sabes lo que Eva significa? La palabra Eva suena así como, “viva, dadora de vida, portadora de vida”. Adán la nombró Eva porque su nombre suena como una mujer que da vida. Él sabía que ella estaba diseñada para ser portadora y sustentadora de vida.

Tú dices, “Bueno, pero tú eres soltera, entonces ¿de qué sirve? ¡Tú no puedes ser madre!” Sabes, yo le creo a Dios todas nosotras, aun si Él nunca te da un compañero Dios nos hizo a todas, de una manera u otra, para sustentar y ser portadoras de vida, para ser madres.

Alguna de ustedes tienen hermanas más jóvenes. Algunas de ustedes tienen mujeres más jóvenes en su universidad o en su piso. Hay mujeres jóvenes que Dios trae a nuestras vidas, que son cronológicamente más jóvenes y espiritualmente más jóvenes. Dios quiere que las nutramos, las que las discipulemos, y que seamos portadoras y sustentadoras de vida espiritual y física. Por tanto la visión de la Escrituras sobre los niños y la maternidad es que la maternidad es algo bueno y que los niños son una bendición.

¿Qué ha hecho el mundo? ¿Qué ha hecho Satanás con esa manera de pensar? Nos ha convencido que los niños son una carga. Que ellos no son una bendición. Ellos son algo de lo que tú no quieres muchos, y parte de esto es que si hoy tú estás embarazada con tu tercer o cuarto hijo, aun en la iglesia, vas a tener personas que te miran como si fueras algo extraño.

“¿No te dijo alguien cómo no quedar embarazada?” Estas son alguna de las cosas que escuchas decir. “Oh, cuánto lo lamento por ti”. Ahora, solo quiero decirte, que yo espero que tú nunca le digas eso a una mujer que está esperando. ¿Sabes lo deprimente que es eso?

¿De dónde vinieron los anticonceptivos? Es una invención de una era que llegó para decidir que la mujer debía controlar su propio cuerpo y que el sexo era puramente para placer y no para procrear y que quería separar el acto sexual de la responsabilidad de la labor de ser padres.

¿Puedo decirte que esa manera de pensar es realmente contraria a la manera de pensar de Dios, y que para creerle a Dios vas a tener que nadar contra la corriente? Vas a tener que ir en contra de la cultura, aun dentro de la iglesia.

Carmen: Hemos estado escuchando a Nancy Leigh DeMoss hablándoles a mujeres en edad universitaria sobre la verdadera femineidad. Nancy retó a esas mujeres jóvenes en esa conferencia a pensar sobre algunos de los principios contra-cultura que son importantes. Mañana oirán más de su honesta, valerosa presentación.

Como Nancy nos dice a menudo, a ella por naturaleza no le gusta la confrontación. Decir cosas que Dios ha puesto en su corazón requiere gran coraje, pero está haciendo una diferencia en la vida de las mujeres. Por ejemplo, consideren este correo que recibimos desde el Canadá. Esta persona escribe:

Yo alabo a Dios por ti. Estás dispuesta a enseñar sobre cosas que la mayoría no toca. Gracias. Gracias. Gracias. Nosotras necesitamos la verdad de Dios. Por favor, mantén el buen trabajo, y yo voy a orar por ti, yo sé que muchas no quieren oír verdades bíblicas. Por favor quiero que sepas que eres amada y apreciada.

Bueno, Nancy, qué pasa por tu mente cuando recibes ese tipo de ánimo.

Nancy: Bueno, me lleva a humillarme escuchar ese tipo de palabras bondadosas, pero a la vez me hace estar profundamente agradecida cuando personas que nos escuchan dicen que van a orar por Aviva Nuestros Corazones. Nosotras necesitamos esas oraciones más de lo que te puedes imaginar.

Reconozco mis propias debilidades y el cansancio de manera que otras personas no siempre ven. Estoy muy consciente que no puedo hacer nada aparte del poder de Dios. Las oraciones de las personas que nos escuchan significan tanto.

Estoy agradecida por el apoyo financiero que nos han provisto a través de los años las personas que nos escuchan. Sin ese tipo de apoyo no pudiéramos estar en el aire hablando la persona que nos escucha en Canadá o en algún otro lugar. Yo solo tengo que apoyarme en el Señor para fuerza, energía y coraje, y también nos apoyamos en el Señor para que provea financieramente para afianzar este ministerio.

Y quiero invitarte a conectarte a nosotros esta semana. El jueves estaremos comenzando con las actividades de la Conferencia Mujer Verdadera. No te pierdas la bendición de ser parte de este evento. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para informarte acerca de cómo puedes conectarte con nosotros.

Y… ¡ayúdanos a orar por este tiempo! Ora que el Señor Jesucristo nos visite a través de Su Espíritu Santo y que este pueda ser un tiempo de bendición y de transformación que permanezca, de frutos de abundancia.

Carmen: Únete nuevamente a nosotras en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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