Aviva Nuestros Corazones Podcast

Annamarie Sauter: Rick Lawson estaba sentado en la iglesia cuando escuchó al predicador dar esta definición de una conciencia limpia. 

Rick Lawson: Puedes decir que tienes una conciencia limpia si has vuelto a esas personas a quienes algunas vez has hecho daño, has mentido, has robado, o contra quienes hayas pecado, para enderezar las cosas, buscar su perdón y también el perdón de Dios. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 2 Crónicas, capítulos 15 al 18.

Una mujer que ha sido bendecida por medio de nuestro estudio actual, titulado, «En busca de Dios», nos escribió diciendo:

«Todos los miércoles a las 8:00 pm nos reunimos dos grupos de damas y un grupo de señoritas. También estamos motivando para formar parejas o grupos de 3 o 4 mujeres para reunirse a orar y rendir cuentas de su avance en su vida espiritual.

Para la gloria de Dios, cuarenta mujeres estamos estudiando En Busca de Dios… Tenemos un grupo de whatsapp y estamos en comunicación acerca de los avances en nuestra vida espiritual. Nos hemos comprometido a orar todos los días a la 1:30 pm, para que Dios nos ayude a disciplinarnos y perseverar en tener nuestro tiempo personal diario en busca de Dios, y en orar unas por otras también.

Hemos sido muy edificadas al complementar el estudio personal diario del libro con los audios diarios».

Es una bendición buscar al Señor juntas, y te animo a hacer uso de los recursos que tenemos a tu disposición para crecer en tu caminar de fe y experimentar el gozo de un avivamiento personal. Encuentra tanto el libro como los audios y transcripciones de estos programas en AvivaNuestrosCorazones.com.

Esta semana nos encontramos en la semana número ocho de nuestro estudio «En busca de Dios». Ayer Nancy habló acerca de lo que significa tener una conciencia limpia, y hoy queremos abordar la pregunta: «¿Tengo que limpiar mi conciencia hasta de los asuntos más pequeños?»

Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Hoy quiero que hablemos sobre algunas preguntas relacionadas con limpiar nuestra conciencia. Una de las primeras preguntas que surge es la siguiente: ¿Realmente tengo que limpiar mi conciencia de absolutamente todo, hasta de los sellos del correo? ¿Cosas pequeñas, asuntos pequeños?

¿Saben qué? Lo he experimentado, y tal vez ustedes también, que el enemigo puede tomar la más pequeña ofensa —me refiero a una ofensa real, no algo imaginario; sino una ofensa real, algo que hiciste que estuvo mal— y hacer que sientas que tu conciencia te está comiendo viva, hasta que trates con el asunto.

A veces no es el enemigo. A veces es Dios que te ama lo suficiente como para traer la convicción que necesitas para hacerle frente a esto. No quiero que haya nada entre mi alma y el Salvador. Así es como quiero vivir.

Hemos hablado sobre la conciencia, que es como la pantalla de radar del alma. Quiero tener una pantalla limpia, un clima despejado, saber que no hay nada, nada, no importa qué tan pequeño sea. Si Dios me lo trae a la memoria, si Dios lo trae a tu memoria, trata con ello. Limpia tu conciencia de eso.

Luego la siguiente pregunta es similar. ¿Y si fue hace mucho tiempo? Sucedió hace años. ¿Por qué traerlo a la luz ahora? He escuchado a tanta gente a través de los años testificar, sobre algo que hicieron hace 30 ó 40 ó 50 años, que nunca le dijeron a nadie, nunca limpiaron su conciencia con las personas involucradas. Una señora de edad que hace décadas se hizo un aborto… un niño que robó algo de un almacén…ofensas, pequeñas o grandes, y esa persona llega a la edad adulta y años después todavía piensa sobre eso.

No importa el tiempo que haya transcurrido, si todavía lo recuerdas es porque es lo suficientemente reciente como para tratar con ello. No estoy sugiriendo que trates de rebuscar en tu memoria todo lo que puedas recordar de tu pasado. Solo estoy diciendo que ores: «Señor, escudriña mi corazón. ¿Hay algo en él con lo que todavía no haya tratado, alguna ofensa hacia ti o hacia otras personas, que deba enderezar, aunque haya sido hace mucho tiempo?»

Recuerdo que años después de haber salido de la universidad estaba sentada en un culto en la iglesia, y Dios empezó a traer a mi memoria y a traer convicción de pecado a mi corazón sobre un examen en el cual había hecho trampa en la universidad, y una serie de informes que teníamos que entregar sobre el número de horas que habíamos practicado. Yo me estaba especializando en música, y había mentido en algunos de esos informes.

Años más tarde, Dios lo puso en mi corazón y trajo convicción de pecado. No debió tomarme años. Eso significa que no tenía una conciencia tan sensible como debí haberla tenido en ese tiempo. Pero años más tarde tuve que regresar a esa escuela, a la gente que estuvo involucrada, y decir: «Pequé», ¿me podrían perdonar?»

Fue tan difícil. Ahora siento mi corazón palpitar cuando pienso sobre eso. Pero la libertad y el gozo, y la liberación de saber que tu conciencia está limpia –no hay gozo que se compare con eso.

Pienso que algo que nos preguntamos con frecuencia es: ¿Y si la otra persona estaba más equivocada que yo? Antes que nada, déjame decirte que probablemente la otra persona está pensando que estabas más equivocada que ella, siendo la naturaleza humana lo que es. Tenemos la tendencia de proyectar más responsabilidad en los demás que en nosotros mismos.

Pero digamos que esa persona estaba equivocada. Esto sucede con frecuencia en el matrimonio, en una familia, en una relación cercana. Se pelean. Alguien dice algo grosero y el otro le contesta. ¿Quién empezó? Ustedes saben que eso no importa. Pero Dios no te está pidiendo que vayas a limpiar la conciencia de la otra persona. Dios te está pidiendo a ti que limpies tu conciencia. Deja que Dios sea el Espíritu Santo en la vida de esa persona.

No pienses: «Okay, si doy el primer paso y voy y le digo a mi esposo, “lo siento, me equivoqué, ¿me perdonas?”, él ciertamente se pondrá de rodillas y me rogaráque lo perdone ya que, de hecho, él fue quien empezó la discusión».

No, ese no es el corazón de la humildad. Ve a la cruz. Deja que Dios trate con tu esposo o tu suegra o quien quiera que sea esa persona, y limpia tu conciencia.

¿Y los pecados que son de naturaleza moral? ¿Debemos confesarlos también? ¿Buscamos reconciliación si ha habido una relación inmoral? Esta es un área sobre la que podríamos hacer toda una serie de programas, y tal vez algún día lo hagamos. Pero quiero darles tan solo unas cuantas precauciones aquí.

Si pecaste moralmente solo en tus pensamientos y la otra persona no tiene conocimiento de ello, no vayas a esa persona y le digas: «He tenido pensamientos lujuriosos contigo». Esa persona no tenía conocimiento de eso. Tu pecado fue contra Dios. Llévalo ante Dios y pide Su perdón.

Si pecaste moralmente en comportamiento o acciones o actitudes contra alguien –quizás un espíritu de flirteo o el vestirte inmodestamente o de una forma que tú sabes produciría deseos impíos en alguien con quien estabas saliendo, o lo que sea— regresa a la persona involucrada. No entres en los detalles morales o inmorales, pero ve a la raíz del asunto.

«No me he comportado contigo de una forma apropiada para una mujer piadosa». Pídele a Dios que te ayude con palabras que lleguen al corazón del asunto, pero sin decir cosas inapropiadas.

Si hubo una relación inmoral –una aventura adúltera, una relación de citas inmorales en tu pasado– la meta aquí no es restablecer la relación. Es ir ante tu pareja –de ser necesario o apropiado– limpiar tu conciencia, y luego saber que esa persona jamás podrá regresar para decirte: «Pecaste contra mí, y no restituiste el daño». 

A propósito, si un esposo o una esposa ha cometido adulterio contra su pareja, esa es una ofensa que tiene que aclararse. Tienes que limpiar tu conciencia con tu pareja. Tal vez necesites que un tercero piadoso intervenga y los ayude a caminar por esas aguas turbulentas, para ayudar a guiarlos a través de esto –un pastor o un consejero bíblico. Pero es importante asegurarse de que en los asuntos morales tu corazón sea transparente.

Otra cosa que podrías estarte preguntando. ¿Y si me cuesta dinero limpiar mi conciencia? ¿Y si hice algo que incluyó robar o que conlleva un costo? Hay algunos pasajes en el Antiguo y el Nuevo Testamento que hablan sobre la importancia de hacer restitución.

Éxodo 22:1: «Si alguno roba un buey o una oveja, y lo mata o vende, pagará cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja».

Recuerden la historia de Zaqueo, en Lucas capítulo 19, versículo ocho. Cuando se arrepintió, dijo: «Señor, a quien le haya robado o le haya hecho trampa, le volveré a pagar lo que le robé» (parafraseado).

Recuerdo haber escuchado el testimonio de una mujer. Ella había literalmente quemado su casa rodante hasta convertirla en polvo para poder cobrar el dinero del seguro. Y tuvo que regresar a la compañía de seguros y confesar lo que había hecho, sabiendo que las consecuencias serían enormes. Pero dijo: «Tengo que tener una conciencia limpia».

Hace algunos años vino a mí una mujer que en ese entonces era la hija menor de esta mujer. Ahora ella es adulta y me dijo: «Yo era una niña, la hija de la mujer que quemó su casa rodante».

Siguió diciendo: «Yo crecí en ese hogar donde mi mamá, (su mamá era madre soltera) por desesperación quemó la casa». Ella dijo que vio a su mamá pagar esa deuda durante años.

Y ahora aquí estaba la hija de esa mujer, ya adulta, amando al Señor, buscando al Señor. Su mamá no tenía idea del impacto que esto dejaría en la vida de su hija, al ver a su mamá queriendo tener una conciencia limpia con Dios y con todos los demás.

Y eso nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Y si he violado la ley? Podría ir a la cárcel. Lo que hice es ilegal.

Recuerdo haber escuchado el testimonio de un hombre. Y vino un hombre que estaba en esa iglesia y que en ese momento era un fugitivo de la ley en Canadá. Estaba en Covington, Indiana, y Dios empezó a tratar con su conciencia y dijo: «Tengo que estar bien con Dios. Tengo que hacer lo correcto, no importa el costo».

Se entregó a las autoridades y fue a la cárcel, según recuerdo, por algunos años. El pecado tiene consecuencias. Y arrepentirse y limpiar la conciencia no significa que ya no vamos a sufrir esas consecuencias. Puede que experimentemos consecuencias.

Si cometes adulterio, vas a tener consecuencias en tu matrimonio. Y aunque es posible que las consecuencias no se vayan, aún puedes tener la conciencia limpia.

¿Y si no me perdonan? Esto a veces sucede en relaciones en que hay todo un historial de dificultades en la relación. Permítanme sugerirles algunas razones por las cuales la otra persona podría no estar dispuesta a perdonarles.

  • Primero, puede que no sienta que estás verdaderamente arrepentida. Puede que todavía esté percibiendo en ti un espíritu orgulloso o acusador o a la defensiva. Así que asegúrate de que tu corazón sea transparente.
  • Puede que esa persona necesite tiempo para procesar, dependiendo de la naturaleza de las ofensas. Probablemente a ti te tomó tiempo llegar al punto de enfrentar esto. Dale tiempo a Dios de obrar en el corazón de esa persona.
  • Puede que esa persona esté poniendo en la balanza si culparse a sí misma o culparte a ti. Aunque ambos estaban equivocados, esa persona pudiera aligerar su sentido de culpa al echarte la culpa a ti, pero cuando limpias tu conciencia, no puede culparte más y ahora se queda ella cargando con la culpa. De modo que Dios puede estar trabajando en su conciencia mientras pone en la balanza si culparse a sí misma o culparte a ti.

En última instancia, si te perdonan o no, no es tu responsabilidad. Déjalo en manos de Dios. Dios ha obrado en tu corazón para llevarte hasta este punto. Deja que Dios obre en el corazón de esa persona y recuerda que no mereces ser perdonada.

El perdón no es un derecho. Tú mereces el juicio y la ira de Dios. Cuando le pides perdón a alguien, no estás diciendo: «Me debes el perdón», sino: «¿Podrías tener misericordia de mí así como Dios ha tenido misericordia de mí?»

En los próximos programas, estaremos escuchando la historia de un hombre que puso en práctica el principio de una conciencia limpia y al final la nación completa leyó su historia en la segunda página del periódico USA Today. Ustedes van a querer escuchar esa historia.

Pero mientras tanto, no dejen que esto las asuste, cuando ustedes limpien su conciencia muy probablemente no terminen en la segunda página de USA Today. Cuando se comprometan a limpiar su conciencia, encontrarán que esa pantalla de radar que es su corazón, estará limpia con Dios y con todos los demás.

Quiero retarlas a que si todavía no lo han hecho, hagan una lista, y pongan en ella a quien quiera que Dios ponga en sus corazones con quien no estén bien, alguien del pasado o de una relación actual.

  • Haz una lista.
  • Luego haz el compromiso de limpiar tu conciencia.
  • Abórdalos uno por uno.
  • Busca el perdón.

Luego, una vez hayas obtenido una conciencia limpia y tu obediencia esté al día, empieza la práctica de por vida de mantener una conciencia limpia. Afortunadamente nunca deberías llegar otra vez al punto, por el resto de tu vida cristiana, donde tengas una larga lista de personas a quienes tengas que ir a pedir perdón.

Cuando pecas contra alguien, si tu corazón está tierno y sensible ante Dios, Dios te traerá la convicción de regresar y arreglar las cosas. Si es con tu pareja, no permitas que el sol se acueste sobre tu enojo. Haz lo debido. Humíllate. Busca el perdón. Con tu hijo, tu hija, tus padres, tu jefe, quien sea. Mantén tu conciencia limpia. No hay mayor gozo.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado enseñando cómo podemos tener una conciencia limpia. Un hombre llamado Rick Lawson ha experimentado el gozo de limpiar su conciencia, y él nos acompañará en la siguiente sección del programa para contarnos su historia. 

Nancy: Rick, muchas gracias por estar con nosotros desde la ciudad de Kansas. Gracias por estar con nosotros aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Rick Lawson: El placer es mío, Nancy.

Nancy: Rick, eres ingeniero eléctrico y primero nos conectamos a través del ministerio de Life Action Ministries, que es el ministerio con el cual he servido. Fue en el contexto de una cumbre de Life Action en el área de Dallas, Fort Worth, en la Iglesia Bautista de Birchman. Cuéntanos un poco, desde tu perspectiva, sobre estar en esa iglesia durante ese tiempo cuando fui con el equipo de Life Action Ministries, lo que Dios hizo en aquellos días y cómo empezó una obra fresca en tu corazón en ese tiempo.

Rick: Cuando Life Actionvino a nuestra iglesia en el otoño de 1988, yo realmente no estaba previendo que Dios hiciera nada en mi vida. Mi vida ciertamente estaba enfocada en desarrollar mi carrera, y quería tener posibilidades de ascender, entre otras cosas. De modo que cuando Life Action vino, en realidad estábamos en el proceso de prepararnos para mudarnos de Fort Worth, Texas, a St. Louis donde había recibido una promoción. En ese entonces trabajaba para un contratista de seguridad.

Cuando Life Action vino, normalmente eran dos semanas o más. Pero tomó todo ese tiempo para que Dios realmente pudiera agarrarme. Pasó la primera semana completa y pude darme cuenta de que Dios estaba empezando a obrar. Ahora miro hacia atrás y me doy cuenta de que el Espíritu Santo estaba empezando a obrar dentro de mi corazón, preparándome para lo que me iba a pedir.

De hecho fue en la mañana del segundo domingo. El mensaje que se predicó ese día trataba de Naamán y cómo él quería ser sanado de su lepra, y vino y le preguntó a Eliseo qué debía hacer. Eliseo le dijo que se zambullera siete veces en el río Jordán. Fue una lucha para él a causa de su orgullo. Era algo muy simple que se le estaba pidiendo, pero era muy difícil para él a causa de su propio corazón.

Ahí fue cuando Dios de verdad empezó a tratar conmigo trayendo convicción de pecado a mi corazón por el orgullo que había en mi vida. Dejé mi lugar en la congregación y fui hasta un lugar que había sido apartado para oración, y pasé varios minutos solo llorándole al Señor y confesando el orgullo que tenía en mi vida, por vivir independientemente de Él y de manera autosuficiente. Después de esto, tenía un gozo fresco en mi corazón. Eso sucedió en un servicio de domingo en la mañana; recuerdo haberme ido ese domingo en la mañana, y no poder esperar hasta que fuera la hora de regresar de nuevo a la iglesia en la noche.

Nancy: Esa es una señal de avivamiento, ¿no?

Rick: Es correcto. No quería regresar a mi casa. No podía esperar para regresar.

Nancy: Wao.

Rick: Entonces regresamos y una de las damas a cargo de la guardería estaba buscando voluntarios. Necesitaban ayuda en la guardería, y yo estaba tratando de evadirla. En ese momento teníamos tres niñas. La mayor tenía cinco años. Así que teníamos algunas en la guardería. Éramos ayudantes, y estaba tratando de esconderme.

Terminaron seleccionando a mi esposa Vickie para que fuera, así que pude quedarme en el servicio y estaba muy emocionado por eso.

Pero cuando el servicio empezó, el predicador comenzó el mensaje con estas palabras: «Antes de empezar, pongámonos de pie y oremos, y digamos, “Dios, si quisieras hablarme esta noche, lo que digas haré”».

Recuerdo haber hecho esa oración con todo mi corazón. El gozo de esa mañana todavía fluía en mi alma y estaba emocionado de hacer esa oración y luego empecé a escuchar ansiosamente para saber cuál era esa nueva verdad que iba a aprender.

El mensaje apenas tenía unos cinco minutos, y resultó que se trataba de tener una conciencia limpia con Dios y con los hombres. La definición que dieron fue: Puedes decir que tienes la conciencia limpia si no hay nadie a quien alguna vez le hayas hecho daño, le hayas mentido, le hayas robado, si no hay alguien contra quien hayas pecado de tal manera que hayas tenido que regresar a esa persona para enderezar las cosas y también buscar el perdón de Dios.

Pidió que levantaran las manos los que pudieran decir eso. Con la cabeza inclinada, sabía que no podía levantar la mano. De hecho, casi físicamente sentí que alguien me había dado un puñetazo en el estómago porque el Señor trajo dos cosas a mi mente mientras nos hacía la pregunta, y yo pensaba, «¿podría decir eso?» Dos cosas vinieron inmediatamente a mi mente:

  1. Parte de la acreditación de seguridad que tenía como parte de mi trabajo.
  2. Haber robado a varios negocios locales cuando estaba en la universidad, en el área universitaria.

Lo que vino específicamente a mi mente era mi acreditación de seguridad. En el cuestionario había que completar mucha información personal. Una de las cosas que preguntaban era: «¿Alguna vez has participado en alguna forma en el uso de drogas ilícitas?» Lo hice mientras estuve en la universidad.

Pero yo sabía cuál debía ser la respuesta correcta. Temía que si decía la verdad no recibiera mi acreditación; por lo tanto, iba a perder mi trabajo. De modo que lo justifiqué. «Bueno, ya yo no hago eso. No va a ser parte de mi vida, así que diré lo que ellos quieren escuchar».

Lo que Dios trabajó conmigo con relación a este asunto es que yo tenía una acreditación. También tenía una autorización de acceso especial con la marina para trabajar en el proyecto en que estaban trabajando. Cada día que iba a trabajar, era como mentir de nuevo. No estaba cualificado para estar ahí. No había dicho la verdad.

Nancy: ¿Y hacía cuánto tiempo que habías llenado esa solicitud?

Rick: Sería como cinco años atrás.

Nancy: Así que no habías pensado mucho en esto en los últimos cinco años…

Rick: Para nada.

Nancy: Hasta que el Señor puso Su dedo en tu corazón.

Rick: Así, es. Ya no podía dejar de pensar en eso.

Nancy: ¿A eso se le llama la convicción del Espíritu Santo?

Rick: Sí, así es. De hecho, ni siquiera sé cómo estaba haciendo mi trabajo, ya que no podía sacármelo de la mente.

Seguía tratando de justificarlo. Por supuesto, después de que terminó el servicio, recuerdo que mi esposa Vickie había ido a servir en la guardería y se había perdido el mensaje sobre la conciencia limpia. Así que en casa tuve que contarle punto por punto porque no quería llevar esta carga solo.

Nancy: ¿Le contaste sobre la convicción que Dios estaba trayendo a tu corazón?

Rick: Sí, lo hice. Al escuchar la definición, recuerdo que ella dijo algo como, «oh, wao», increíble hasta dónde puede llegar el estándar de Dios.

Luego empecé a compartir con ella lo que el Señor había puesto en mi corazón. Como puedes imaginar, estaba un poco ansiosa, si no, temerosa. Le dije, «sigo pensando sobre mi acreditación de seguridad».

Nancy: Entonces ella estaba temerosa de lo que podía conllevar o significar que hicieras la aclaración.

Rick: Es correcto. Porque en el formulario de acreditación –es un formulario del gobierno– al final dice: «Toda declaración falsa intencional es sancionable por no menos de diez años de prisión y una multa no menor de de $10,000 dólares».

Nancy: Así que ahí había mucho en juego.

Rick: Lo había. En realidad ella pasó por un proceso. Mientras yo luchaba, ella a su vez luchaba, y si pudiera decirlo así, me presionaba para que no lo hiciera o algo así.

De hecho se reunió con su maestra de escuela dominical de quien se había hecho muy amiga y le dijo lo que estaba pasando y con lo que estábamos luchando. Tenían una buena relación y sabían cosas la una de la otra. Después de escuchar lo que estaba sucediendo, ella dijo: «Vickie, Dios está listo para contestar esa oración si tú te apartas y solo lo dejas a Él tratar con tu esposo».

Nancy: Lo que conllevó mucha confianza de parte de Vickie, confianza en que Dios sabía lo que estaba haciendo.

Rick: Sí. Durante la cruzada, la gente testificaba de cómo había limpiado su conciencia de una u otra forma, arreglaban relaciones y actitudes entre unos y otros, hasta el punto de tener que pagar dinero, en fin, ese tipo de cosas. Pero nadie, por lo menos en ese punto había sufrido una consecuencia como ir a prisión. Si yo iba a prisión, no habría forma de proveerle más a mi familia.

Pero la Escritura que Dios seguía usando, que seguía trayendo a mi mente era Marcos capítulo 10, versículos 17-22, con el joven rico que vino y le preguntó a Jesús qué tenía que hacer para ser salvo. Estudiando teóricamente en un contexto de escuela dominical, uno ve este texto y dice, «oye, este tipo le está hablando a Jesús, le pregunta qué debe hacer para ser salvo, y Jesús le da una cosa que hacer: “Ve y vende todo lo que tienes y luego ven y sígueme”». 

En realidad, cuando Jesús dijo eso, las Escrituras dicen que él lo miró y lo amó y luego le dijo eso. Pero el joven rico se fue triste porque tenía una gran riqueza. La Biblia nunca dice si tuvo otra oportunidad para seguir a Jesús otra vez.

En eso pensaba en la noche cuando me iba a dormir. Sentía como si Dios me estuviera pidiendo que entregara todo aquello por lo cual había trabajado y que perdería si iba a ser obediente.

Annamarie: Mañana escucharemos el resto de la historia de Rick. Él ha estado hablando con Nancy DeMoss Wolgemuth sobre el proceso, a veces atemorizante y difícil, de tener una conciencia limpia, pero que resulta en gozo incalculable. 

La conversación que hemos escuchado hoy es parte de nuestra serie actual titulada, «En busca de Dios». Cada semana hemos estado viendo un tema específico relacionado al avivamiento personal. Esta serie se basa en el libro de estudio de doce semanas escrito por Nancy y por Tim Grissom, también titulado, «En busca de Dios». Encuéntralo en nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com

En nuestro próximo programa escucha qué sucedió cuando Rick admitió su mentira antes las autoridades. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a decir: «Sí, Señor», Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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