Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Estás lista para la eternidad?

Recursos del Episodio

Serie, «Vive para la eternidad»

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: La vida es corta. Si tu vida en esta tierra terminara hoy, ¿estarías lista?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Quizás no tengas otra oportunidad de decirle a ese hermano, esposo o hijo: «Te amo. Le doy gracias a Dios por ti. Te perdono. Por favor, perdóname». Si estuvieras viviendo a la luz de la eternidad, a la luz de la brevedad de esta vida, ¿hay cosas que harías diferente?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

La vida es corta. No nos gusta pensar acerca de esto, pero la realidad es que este podría ser nuestro último día de vida. Y no debe asustarnos el reflexionar en esto. De hecho, Nancy dice que puede ser una de las mejores motivaciones para una vida de piedad.

Nancy: Esta semana me gustaría que le echemos un vistazo a uno de mis salmos favoritos. Si tienes tu Biblia, déjame animarte a abrirla en el Salmo 90. Ahora, cuando pensamos en los salmos, ¿en quién pensamos a menudo como el autor de la mayoría de ellos? En David.

Bueno, este salmo no fue escrito por David. Hay muchos que lo fueron, y hay algunos que no nos dicen quién fue el autor. Pero en este caso se nos dice quién es su autor. El título nos dice que fue escrito por Moisés, el hombre de Dios.

Hoy queremos ver los versículos 1 y 2, donde aprendemos algo sobre el carácter de Dios. Déjame leer esos dos versículos y luego los ampliaremos. Moisés dice:

«Señor, tú has sido un refugio para nosotros de generación en generación. Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios».

Esta es una oración muy íntima. Moisés era un hombre que conocía a Dios íntimamente. De hecho, las Escrituras dicen que Dios habló con él cara a cara como un hombre habla con su amigo. Cuando tú y yo vamos a orar, vamos a un Dios que nos conoce íntimamente, y a un Dios que nos invita a venir a conocerlo personalmente. Así que vamos a ver un intercambio tierno y honesto en esta oración entre Moisés y su Dios.

Él dice: «Señor, tú has sido un refugio para nosotros de generación en generación». Dios, Tú eres mi refugio. Tú eres mi albergue, mi morada. Tú eres mi hogar. Tú eres mi estabilidad, mi lugar de descanso. Y no solo tu pueblo aquí y ahora, tu pueblo vagando en el desierto, sino que al mirar hacia atrás en la historia de tu pueblo, de generación a generación, podemos decir que siempre has sido un lugar de descanso, un hogar, un refugio para tu pueblo, de generación en generación».

Ahora, piensa en algunos de los creyentes que habían precedido a Moisés. Abraham, por ejemplo, fue un hombre que había vivido en tiendas, viajando a un lugar que Dios aún no le había dado a conocer. Durante cien años vivió en tiendas, siguiendo la guía del Espíritu de Dios. Eso es mucho tiempo para estar sin un hogar permanente. Pero Abraham había descubierto que Dios era su hogar, incluso cuando vivía acampando y viajando.

El hijo de Abraham, Isaac, y el hijo de Isaac, Jacob, y el hijo de Jacob, José, llegaron a comprender que Dios era su hogar. Dios era su refugio. Ahí fue donde encontraron seguridad. Moisés descubrió que aunque los hijos de Israel vivían en tiendas de campaña en el desierto, tenían un hogar en Dios.

Sabes, como mujeres, tenemos un instinto de hacer «nidos», de hacer del lugar donde vivimos, un hogar. Nos gusta sentir que tenemos un lugar donde podemos echar raíces. Nos gusta sentirnos establecidas. Pero el hecho es que mientras estemos aquí en esta tierra, nada es permanente. No tenemos refugio permanente o lugar de descanso separadas de Dios.

Moisés descubrió que eso es verdad, y todos los creyentes desde el tiempo de Moisés, han encontrado, de generación en generación, que Dios es un refugio seguro, y que no hay otro refugio seguro o estable; no tenemos un hogar permanente aquí en esta tierra.

Si tú y yo reconocemos a Dios como nuestro refugio, ¿cómo eso afectará nuestra perspectiva acerca del entorno físico y de nuestras relaciones terrenales? Como dice Moisés en Deuteronomio capítulo 33, «El eterno Dios es tu refugio y debajo están los brazos eternos» (v. 27). No importa lo que esté ocurriendo a nuestro alrededor, no importa cuán inestables puedan estar las cosas que nos rodean, el descanso de nuestro corazón está en Él.

Ahora, Moisés dice que no solo Dios es un refugio para nosotras, sino que Él es eterno. «Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios».

¿Qué está diciendo Moisés? «Oh, Dios, desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura y todo lo que está en medio, Tú eres la única realidad inmutable, permanente por toda la eternidad». ¿Cuánto dura la eternidad?

Recuerdo cuando era niña escuchar a mi padre contar una historia dicha por un historiador holandés hace años. Él dijo: «Imagina una roca de 100 millas de ancho, 100 millas de alto y 100 millas de profundidad. Imagina que cada 1000 años un pajarito se acerca a esa roca y afila su pico en la roca. Cuando esa roca se haya desgastado por ese pájaro afilando su pico una vez cada 1000 años, y no quede nada más que polvo en el suelo, entonces la eternidad apenas habrá comenzado».

Eso es un largo tiempo. De hecho, no hay tiempo. Eso es la eternidad. Y Moisés dice: «Antes que hubiese tiempo, había Dios. Y después que hubo tiempo, todavía hay y habrá Dios. Él siempre fue. Siempre será. No tiene principio. No tiene fin. Él es Dios».

Y no solo fue Dios, no solo será Dios en el futuro, sino que Moisés lo dice en tiempo presente. Tú eres Dios. Estás aquí. Ahora estás. Estás presente y Tú serás mi Dios en lo que sea que enfrente hoy, lo que sea que enfrente mañana, lo que sea que enfrente al día siguiente, siempre estarás presente.

Fíjate que el punto de partida de la oración de Moisés es Dios. (Él sigue en los próximos versículos, y los veremos en los próximos días, él va a abordar algunos problemas difíciles que debemos enfrentar como seres humanos en este planeta. Pero el punto de partida es Dios).

Cuando enfrentas lo inesperado, cuando enfrentas la decepción, cuando enfrentas pérdidas, cuando enfrentas tu propio pecado y te preguntas: «¿Por qué soy así? ¿Cómo trato con estos problemas en mi vida?» El punto de partida para tratar con todo lo que te importa a ti y a mí, es Dios.

Señor, Tú has sido nuestro refugio en todas las generaciones. Y Tú eres el único hogar verdadero de mi corazón. Y antes de que los montes fueran engendrados, esos montes que parecen haber estado allí por siempre –pero no lo han estado– antes de que crearas la tierra y el mundo, desde la eternidad hasta la eternidad, Tú eres Dios. Así que puedo confiar en ti. Sé que harás lo correcto.

Hace casi 300 años, mientras Isaac Watts meditaba en el Salmo 90, escribió estas palabras que se han vuelto familiares y que muchas de nosotras hemos cantado:

Nuestra esperanza y protección, y nuestro eterno hogar

Has sido, eres y serás, tan solo Tú Señor

Aún no habías la creación formado con bondad

Mas desde la eternidad y hasta la eternidad Tú eres solo Dios

Delante de Tus ojos son mil años al pasar tan solo un día

Que fugaz fenece con el sol, el tiempo corre arrollador como impetuoso mar

Y así cual sueño ves pasar cada generación.

Nuestra esperanza y protección y nuestro eterno hogar

En la tormenta o en la paz, sé siempre Tú, Señor.

Me vienen a la mente los castillos de arena que a los niños les gusta construir cuando van a la playa. No sé si has visto uno. ¿Alguna vez has caminado por la orilla del mar y has visto uno de esos castillos de arena que los niños construyen? ¡Algunos son simplemente increíbles! Ellos pasan todo ese tiempo construyendo esos castillos increíbles y complicados. Es tan impresionante verlos, hasta que regresas a la mañana siguiente.

¿Qué pasó con ese castillo de arena? Ellos pasaron todo ese trabajo y esfuerzo en construir ese castillo de arena, ¿y qué pasó con él? La marea entra y se deshacen. A veces alcanzas a ver esa pequeña montaña de arena a la orilla del mar. Todo se ha ido en cuestión de horas.

Estaremos viendo el Salmo 90, una oración de Moisés. Moisés afirma la eternidad de Dios en los primeros dos versículos de este salmo, de esta oración.

Cuando llegamos al versículo 3 del Salmo 90, vemos un tema completamente diferente. A la luz de la eternidad de Dios (versículos 1 y 2), vemos entonces la fragilidad del hombre: cuán cortas son nuestras vidas en comparación con la eternidad de Dios. Moisés le dice a Dios en el versículo 3 del Salmo 90: «Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres» (RV60).

Ahora, esa palabra quebrantado que se usa aquí en este versículo, «Vuelves al hombre hasta ser quebrantado», es la única vez que se usa en la Biblia y es una palabra que significa «ser pulverizado en polvo; completamente aplastado». Es una palabra que es como la palabra polvo. Moisés está reflexionando sobre la maldición que siguió a la caída del hombre en Génesis capítulo 3, donde Dios le dijo a Adán: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás» (Gén. 3:19).

Moisés está repitiendo a Dios los efectos de la maldición. Está diciendo: «Tú, Dios, le dices al hombre: Vuelve a ser polvo (sé quebrantado)». Conviertes al hombre en polvo, y dices: «Volved, oh hijos de los hombres». El hombre vino del polvo y vuelve al polvo. Dios vive desde la eternidad hasta la eternidad, pero el hombre vive solo por un corto período de tiempo.

Moisés está reflexionando aquí sobre la realidad de la muerte. Y sin embargo, incluso mientras piensa en la muerte, recuerda que Dios todavía tiene el control. Nuestros tiempos están en las manos de Dios. Él dice: «Conviertes al hombre en polvo». Dios determina el final de los días para el hombre aquí en la tierra, según sus propósitos. Estamos a disposición de Dios. Dependemos de Él para cada suspiro que damos.

Ahora, en los siguientes versículos, Moisés usa cinco ilustraciones. Déjame leer el pasaje y luego veremos estas ilustraciones.

Versículo 4:

«Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche. Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño. Son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca (vv. 4–6).

Veamos cada una de esas imágenes y recordemos lo corta que es la vida, especialmente cuando la vemos en el contexto de la eternidad de Dios.

Versículo 4: «Porque mil años ante tus ojos, (oh Dios), son como el día de ayer que ya pasó». Como ayer. Ahora, mil años desde nuestro punto de vista parece un tiempo muy largo. Quiero decir, piensa en mil años atrás, a principios del segundo milenio después de Cristo. La mayoría de nosotras no sabemos mucho de lo que estaba pasando hace mil años. Eso es historia poco conocida para nosotras. Para nosotras eso hace mucho tiempo.

Pero Moisés quiere ver la vida desde el punto de vista de Dios. Entonces él dice: «Mil años ante tus ojos, (oh Dios)». ¿Y no es esa la perspectiva que necesitamos? Si vamos a vivir correcta y sabiamente, necesitamos ver nuestros años, nuestros días, nuestras horas y nuestros momentos desde el punto de vista de Dios: ante Tus ojos. Él dice que es como ayer en el contexto de la eternidad. ¿Mil años? Igual que ayer.

Piensa en el dia de ayer. Ahora, algunas de nosotras ya podemos tener dificultades para recordar lo que hicimos ayer, pero la mayoría de nosotras podemos recordar los detalles de ayer de una manera bastante vívida.

Pero, ¿recordarás lo que hiciste ayer de aquí a un mes, de aquí a un año, de aquí a diez años? Dentro de mil años, ¿crees que alguien recordará lo que hiciste ayer? Lo que él está diciendo es que el tiempo se ha ido tan rápido. Incluso mil años, lo que para nosotras parece un lapso de tiempo tan grande, se evapora rápidamente desde el punto de vista de Dios.

Si mil años son como un día para Dios, pongamos algunas cosas en perspectiva. Eso significa que el mundo fue creado hace unos seis días. Eso significa que Jesús nació hace unos dos días. Eso significa que la Revolución Americana tuvo lugar hace menos de seis horas. Eso significa que nací hace poco menos de media hora. Algunas de ustedes un poco más quizás. Eso significa que todas nosotras moriremos dentro de la próxima hora.

¿Ves cómo mirar las cosas desde el punto de vista de Dios hace que la vida se vea diferente? Él dice que nuestras vidas son como ayer.

Luego la segunda imagen. Él dice: «Es como una vigilia en la noche». Ahora, una vigilia en la noche, como se usa en las Escrituras, es un marco de tiempo de cuatro horas. Anoche no dormí mucho, pero fue más de cuatro horas. Esa vigilia nocturna pasó mientras dormía (ese período de cuatro horas), y no tuve ni idea de lo que sucedió.

Simplemente vino y se fue, y no me di cuenta del hecho de que una vigilia, un período de tiempo, un período de cuatro horas, había pasado. Él dice que la vida es así, como una vigilia en la noche que pasa tan rápido, que ni siquiera te das cuenta de lo que pasó.

El versículo 5 nos da otra imagen. Él dice: «Tú los has barrido como un torrente». Moisés le está diciendo a Dios que así es la vida. Nos dejamos llevar. Nuestras vidas que creemos que son tan largas, realmente van tan rápido como la vida de una persona que se deja barrer, arrastrar como un torrente.

Caminamos por la playa y dejamos huellas. Se ven como si fueran a estar allí por un tiempo. Pero la marea entra, y las huellas se borran. Nadie sabe ni siquiera que hemos estado allí. Pasas horas más tarde, no queda nada. «La vida es así», dice Moisés.

La vida de Dios es eterna, pero nuestra vida es tan corta. Él dice en este salmo: «Son como un sueño», aún en el versículo 5. Creo que Moisés está diciendo aquí que muchas de nosotras estamos inconscientes de lo que sucede a nuestro alrededor en el reino eterno, en las cosas que realmente importan. Estamos embotadas. No somos conscientes de la brevedad de la vida. Es como si estuviéramos durmiendo a través de ella.

No nos damos cuenta de que tenemos un Dios a quien daremos cuenta un día. Moisés retomará ese tema en los versículos que siguen. No nos damos cuenta de que nuestra mayor responsabilidad es rendir cuentas ante Dios, o si lo sabemos en nuestras cabezas, no nos detenemos a reflexionar sobre ello. En cierto modo, somos como sonámbulas a lo largo de la vida, muchas de nosotras.

Luego usa la imagen de la hierba. Versículo 5: «Son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece y al atardecer se marchita y se seca».

¿Qué está diciendo Moisés? La vida aquí en la tierra –tu vida y la mía– es como una pila de hierba cortada, está aquí y luego desaparece. La vida aquí en esta tierra, apartada de Dios, realmente no es más que un montón de hierba cortada, solo aquí y allá.

Charles Spurgeon habló sobre este pasaje y dijo: «Aquí está la historia de la hierba. Nacida, crecida, soplada, cortada y desaparecida. Y la historia del hombre», dijo, «no es mucho más. La hierba es piedra en comparación con la carne. Y los vapores son rocas en comparación con la vida», dijo.

Entonces, ¿cuál es la conclusión de estas imágenes? La vida es corta, y la eternidad es larga. Jonathan Edwards dijo: «Estoy decidido a nunca hacer nada que sienta temor de hacer si fuera la última hora de mi vida». Este fue un hombre que vivió a la luz de la brevedad de la vida.

Edna St. Vincent Millay lo escribió de esta manera en un pequeño verso. Ella dijo,

Esto hago, estando loca; recojo chucherías cerca de mí,

Me siento en un círculo de juguetes, y todo el tiempo

La muerte tocando la puerta.

¿No nos describe esto? Jugamos con nuestros juguetes ajenas al paso del tiempo e ignorando el hecho de que la muerte golpea la puerta. Simplemente no estamos pensando en ello. No solo mi vida es corta, sino que las vidas de quienes nos rodean son cortas también. Tú tienes amigos, familiares y vecinos, así como yo, que no tienen ninguna relación con Jesucristo. La muerte está golpeando a su puerta y la mayoría de ellos no tiene ni idea.

¿Nos detenemos y pensamos en eso? Al verlos a los ojos, al conversar con ellos, ¿estamos pensando que tenemos frente a nosotras un alma eterna con un destino eterno? Pero aquí en la tierra su vida es corta y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la luz de la eternidad, se enfrentarán al Dios del universo.

Las vidas de los miembros de tu familia son cortas. No sabes cuánto tiempo los tendrás.

Sabes, la mañana del primero de septiembre de 1979, me despedí de mi papá cuando subí a un avión que se dirigía a Virginia. No sabía que para cuando llegara a Virginia, mi padre estaría en la eternidad.

Tuvo un ataque al corazón en esas horas intermedias, e instantáneamente estuvo en la presencia del Señor. Nunca más tuve una oportunidad para decirle las cosas que felizmente le había dicho antes. Nunca más tuve una oportunidad para decirle algo, de este lado del cielo. Es posible que nunca tengas otra oportunidad para decirle a tu esposo, a tus hermanos, padres, hijos: «Te amo. Le doy gracias a Dios por ti, o te perdono o por favor perdóname».

  • ¿Hay cosas que si vivieras a la luz de la eternidad, a la luz de la brevedad de la vida, harías diferente?
  • ¿Estás viviendo como si fueras a estar aquí en esta tierra para siempre?
  • ¿Has echado raíces demasiado profundas aquí?

Déjame decirte, todo es arena. Hay una marea entrando. Y esas huellas, esos castillos de arena, no estarán allí mañana. Esta tierra es solo la orilla del mar. Es un campamento. Somos peregrinos simplemente de paso por aquí, de camino a nuestro verdadero hogar.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la serie titulada, «Vive a la luz de la eternidad». Ella regresará para orar.

Alabanzas como esta nos recuerdan la brevedad de la vida y la realidad de la eternidad de Dios.

Y antes de concluir este programa en oración, queremos que escuches lo que algunas oyentes nos escribieron. Ellas han sido bendecidas por programas como este y los comparten con otras mujeres. Patricia de Saladín nos lee lo que dijeron.

Patricia de Saladín: «Doy infinitas gracias a DIOS por este programa… Yo estaba un poco desubicada y perdida en qué era lo que debía hacer para conocer más a DIOS; y definitivamente han sido de tanta bendición en mi vida estos mensajes, que solo quiero compartirlos con todas las mujeres que me rodean y dar a conocer la importancia tan grande de tener una relación constante con el Padre. A ustedes muchísimas gracias. Le pido a DIOS que las siga bendiciendo para seguir llevando su evangelio por todo el mundo. Desde Bogotá, Colombia les mando un fuerte abrazo y bendiciones».

Y otra oyente nos escribió,

«Primero deseo dar gracias a Dios porque he podido conocer un programa tan hermoso como el vuestro. Quiero decirles que son de gran edificacion para mi vida. Espero con ansias día a día poder escucharlos. Me regocijo con cada programa. Estoy mandando programas anteriores y actuales a mis hermanas en mi iglesia. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, y que el Señor siga derramando abundantemente muchas bendiciones y sabiduría en cada una de ustedes. DIOS LAS BENDIGA. Un abrazo de oso desde Barcelona, España».

De cuánto aliento es para nosotras escuchar testimonios como estos. Realmente nos animan a seguir día tras día haciendo la labor que Dios nos ha encomendado y ha puesto delante de nosotras. Gracias, muchas gracias.

Padre, gracias por el recordatorio de Tu grandeza, Tu eternidad, Tu presencia. Y gracias porque nuestros corazones tienen un hogar eterno en ti, un refugio. Señor, perdónanos por las veces que buscamos descanso en otras cosas, que nos entretenemos con tantas cosas a nuestro alrededor, con personas o lugares… y no buscamos en ti el verdadero descanso.

Tú has orquestado este universo de tal forma que cualquier cosa o persona que consideremos nuestro hogar nos decepcionará tarde o temprano. No durará. Gracias por hacer las cosas de esa manera, de forma que podamos acercarnos a Tu corazón. De forma que nos volvamos a ti como nuestro verdadero refugio, nuestro verdadero hogar. Ayúdanos a confiar en Ti que eres el sempiterno, eterno Dios. Oramos con acción de gracias en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: ¿Alguna vez has pensado en cuánto de la vida parece ser trabajo arduo e insignificante? En la continuación de esta serie, Nancy te dará una perspectiva bíblica para tiempos en los que te sientes así. Eso será mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Viviendo a la luz de la eternidad juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Canción del peregrino, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.

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