Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth te hace una pregunta.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Has llegado a un punto en tu vida en el que te preocupa más que Dios sea exaltado a través de tus problemas que el hecho de obtener alivio de esos problemas? ¿Qué significa más para ti, en realidad?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 6 de agosto de 2026.
¿Qué está haciendo que tu corazón se sienta cargado el día de hoy? ¿Sabías que eso mismo puede convertirse en una oportunidad para darle gloria a Dios? Nancy está a punto de mostrarte cómo, mientras continúa con la serie titulada «Refugio en la tormenta», basada en el Salmo 57. Nancy iniciará el episodio de hoy leyendo el salmo completo. Escuchemos.
Nancy: …
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth te hace una pregunta.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Has llegado a un punto en tu vida en el que te preocupa más que Dios sea exaltado a través de tus problemas que el hecho de obtener alivio de esos problemas? ¿Qué significa más para ti, en realidad?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 6 de agosto de 2026.
¿Qué está haciendo que tu corazón se sienta cargado el día de hoy? ¿Sabías que eso mismo puede convertirse en una oportunidad para darle gloria a Dios? Nancy está a punto de mostrarte cómo, mientras continúa con la serie titulada «Refugio en la tormenta», basada en el Salmo 57. Nancy iniciará el episodio de hoy leyendo el salmo completo. Escuchemos.
Nancy: David dice:
«Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí,
Porque en Ti se refugia mi alma;
En la sombra de Tus alas me ampararé
Hasta que la destrucción pase».
Hace unos días vimos que David decidió conscientemente refugiarse en Dios. Luego, en el versículo 2, dice:
«Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que todo lo hace para mí.
Él enviará desde los cielos y me salvará;
Él reprocha al que me pisotea.
Dios enviará Su misericordia y Su verdad.
Mi alma está entre leones;
Tengo que acostarme entre los que vomitan fuego;
Entre los hijos de los hombres, cuyos dientes son lanzas y saetas,
Y cuya lengua es espada afilada».
Y a veces, las lenguas, las palabras de otras personas, pueden herir más profundamente que las espadas físicas. David está diciendo: «Sé lo que es eso». Luego ora en el versículo 5. (Esta es la primera vez que vemos este estribillo):
«Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sea Tu gloria sobre toda la tierra.
[Ahora vuelve a hablar de la tormenta:]
Han tendido una red para mis pasos;
Mi alma está abatida;
Han cavado una fosa delante de mí,
Pero ellos mismos han caído en medio de ella».
Y él después describe la condición de su corazón mientras encuentra refugio en el ojo de la tormenta:
«Firme está mi corazón, oh Dios, mi corazón está firme;
¡Cantaré y entonaré salmos!
¡Despierta, gloria mía!
¡Despierten, arpa y lira!
¡A la aurora despertaré!».
Cuando pienso en este pasaje, recuerdo a Pablo y Silas, en medio de la noche, en la cárcel de Filipos, perseguidos por su fe, heridos físicamente, separados de aquellos a quienes amaban. ¿Y qué estaban haciendo a medianoche? ¡Cantando himnos a Dios! Y esa es una imagen tan poderosa: en medio del dolor, cantando al Señor. David dice:
«¡A la aurora despertare!
Te alabaré entre los pueblos, Señor;
Te cantaré alabanzas entre las naciones.
Porque grande, hasta los cielos, es Tu misericordia,
Y hasta el firmamento Tu verdad.
[Luego repite el estribillo una vez más:]
Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra sea Tu gloria».
Voy a volver a leer ese versículo de nuevo, porque creo que aquí encontramos la clave de cómo David sobrevivió a las tormentas de la vida, y la clave de cómo tú y yo podemos hacerlo también: «Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea Tu gloria». Lo que David está diciendo: «Pase lo que pase conmigo, ya sea que salga con vida de esta tormenta o no, que llegue al trono o no, que el rey Saúl viva más que yo o yo más que él, lo que sea que me suceda, hay un motivo supremo que impulsa mi vida y es que Dios sea exaltado».
Como puedes ver, David entendió que, en última instancia, no se trata de nosotros. No se trata de mí. No se trata de mis circunstancias. No se trata de si sobrevivo o no. En última instancia, todo se trata de Dios. Se trata de la gloria de Dios y de que Sus propósitos se cumplan en este mundo.
Estoy muy agradecida de que Cristo, cuando vino a esta tierra, vivió con ese mismo propósito en mente. Recuerda Juan 12:27, cuando Jesús estaba orando. Él estaba orando al Padre, anticipando que tendría que ir a la cruz para llevar nuestros pecados. Y Jesús dijo: «Y ¿qué diré: “Padre, sálvame de esta hora”?». ¿Y no es esa la oración más natural? «Oh Dios, no permitas que tenga que pasar por esto».
Ahora, no que esté mal decirle a Dios, como Jesús lo hizo en el huerto de Getsemaní: «Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa» (ver Lucas 22:42). Pero en Juan 12 Jesús continúa diciendo: «¿Por qué habría de orar: “Padre, sálvame de esta hora”, si precisamente para esto he llegado a esta hora?». Está diciendo: «Para esto nací. Para esto estoy aquí. No solo para vivir una buena vida, no solo para enseñar buenas cosas, sino para morir por los pecados de los hombres».
Jesús está declarando: «Los propósitos redentores de Dios me importan más que Mi propia vida, más que Mi salud, más que Mi seguridad, más que Mi comodidad. Lo que verdaderamente importa es que Dios sea glorificado». Y por eso él ora: «Padre, glorifica Tu nombre. Eso es lo único que importa, que tú estés complacido. Que tus propósitos se cumplan».
Y cuando oras esa oración, puedes estar segura de algo maravilloso: Dios no solo la oye, sino que la responderá, porque Su Palabra afirma que Él será exaltado.
Por eso leemos en el Salmo 46: «Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra». Suelta. Deja de esforzarte. Descansa y reconoce que Él es Dios. Y Él dice: «Seré exaltado entre las naciones». Llegará el día en que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor. Él será exaltado.
La pregunta es esta: ¿Tu impulso en la vida es ver a Dios glorificado o que tus circunstancias se vuelvan más llevaderas? ¿Has llegado al punto en tu vida en que te preocupa más que Dios sea magnificado a través de tus problemas que el hecho de obtener alivio de esos problemas? ¿Qué es lo que realmente importa más para ti?
Ahora, de manera natural, lo que más nos importa es obtener alivio, salir del problema, alivio del problema, resolverlo. Vivimos en una sociedad de soluciones rápidas. Tómate dos aspirinas o busca una solución rápida, como en la televisión, donde cada problema se resuelve en veintiocho o cincuenta y siete minutos. Pero la vida no funciona así.
Nuestro instinto natural es querer escapar del problema, arreglarlo rápidamente. Sin embargo, tenemos que llegar al punto en que nos importe aún más que Dios sea glorificado a través de nuestros problemas, a través de nuestras circunstancias.
Así que permíteme animarte, mientras piensas en la tormenta que estás atravesando ahora mismo, a que te hagas esta pregunta: «¿Cómo podrían mis desafíos actuales, cómo podrían mis circunstancias presentes, las que estoy viviendo hoy, convertirse en un medio para que Dios reciba mayor gloria? ¿Cómo puedo reflejar el corazón y los caminos de Dios en medio de esta situación?». ¿Debería decir: «Padre, líbrame de este problema», o debería decir: «Padre, glorifícate en este problema»?
John MacArthur ha dicho que una persona verdaderamente piadosa desea que la gloria de Dios sea manifestada más de lo que desea que sus propios problemas personales sean resueltos.
Los tres jóvenes hebreos le dijeron a aquel rey pagano: «Puedes arrojarnos al horno de fuego. Puedes hacernos lo que quieras. Pero no vamos a doblar nuestras rodillas, porque lo que importa es que adoremos y exaltemos y glorifiquemos al Dios viviente. Nuestro Dios puede librarnos de este peligro. Puede librarnos de tu horno. ¡Puede que no! Puede que muramos en esto. Pero aun así, está bien. Queremos que Dios sea glorificado» (ver Daniel 3).
El apóstol Pablo nos dice que «los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Ro. 8:18). Esos sufrimientos están produciendo para nosotros, dice Pablo, «un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Co. 4:17).
Por eso Pablo nos recuerda que estas aflicciones son «leves y pasajeras». Tal vez digas: «No me parecen ni pasajeras ni leves». Y es verdad, no lo parecen ahora.
Pero a la luz de la eternidad veremos que Dios estaba usando esas aflicciones para traer gran gloria a Sí mismo y para moldearnos a la imagen de Cristo.
Y por eso Pablo pudo decir en el libro de los Hechos, capítulo 20, que al ir de ciudad en ciudad predicando el evangelio, solo sabía una cosa con certeza: que enfrentaría persecución. No sabía si habría nuevos convertidos. No sabía si vería grandes resultados. Pero sí sabía, porque el Espíritu Santo se lo había advertido, que en cada ciudad le esperaban prisiones y aflicciones (ver Hechos 20:22–23).
¿Te imaginas tener ese llamado? Pero Pablo continúa diciendo: «Nada de esto me mueve. Mi corazón está firme, porque no considero mi vida como algo precioso para mí mismo. Lo único que importa es terminar mi carrera con gozo y cumplir la tarea que el Señor Jesús me encomendó» (Hch. 20:24). Llevar el evangelio a las diferentes ciudades.
Lo único que importa es que el evangelio avance. Lo único que importa es que Dios sea glorificado. Y si muero haciéndolo, está bien. Lo que importa es que Dios sea exaltado.
Así que, mientras piensas en tus circunstancias, tu hogar, tu trabajo, tus problemas, tus presiones, lo que te espera cuando salgas de este lugar y regreses a tu mundo hoy, ¿clamarias con David el estribillo de este salmo?
«Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea Tu gloria».Oh Dios, no se trata de mí. No se trata de mi comodidad. No se trata de mi felicidad. No se trata de mi conveniencia. Todo se trata de Ti. ¿Cómo puedes ser glorificado a través de esta circunstancia? Con ese propósito, me rindo a Ti.
John Piper nos recuerda que Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechas en Él. Sin importar la circunstancia en la que te encuentres en este momento, ¿estás satisfecha en Cristo? ¿Le has dicho de todo corazón: «Dios, Tú eres suficiente. Aunque nunca salga de este foso de leones, seguiré encontrando mi plenitud en Ti»? Cuando estás satisfecha en Él, entonces Dios es glorificado en tu vida y Sus propósitos se cumplen.
Débora: Esa fue Nancy DeMoss Wolgemuth recordándonos que Dios tiene un propósito en todo lo que estás atravesando hoy.
Nancy grabó este programa frente a una audiencia de mujeres. Y una de ellas, Kathy Helvey, acababa de pasar por un año lleno de tormentas. Ella y su esposo, Bob, servían en FamilyLife, un ministerio que colaboró con Aviva Nuestros Corazones en los primeros años de este programa. Después de escuchar a Nancy compartir este mensaje, Kathy nos contó la siguiente historia.
Kathy Helvey: Tuvimos una conferencia de FamilyLife en Minneapolis. Yo soy de allá, así que cada año esperamos con entusiasmo poder ir con nuestros hijos, jugar en la nieve y pasar tiempo con mis padres. Habíamos tenido una semana maravillosa con ellos durante las vacaciones de primavera mientras participábamos en la conferencia.
Regresamos a casa y apenas habíamos entrado cuando recibí una llamada, o un mensaje, que decía: «Kathy, tus padres tuvieron un accidente. Llama a este número del hospital».
Lo que había sucedido fue que mi mamá estaba conduciendo, no vio una luz roja, giró y tuvo un accidente terrible. Mi papá partió inmediatamente a estar con el Señor. Mi mamá estuvo en cuidados intensivos durante unas tres semanas. Yo ni siquiera había desempacado mis maletas ni las había bajado del carro. Así que entré algunas cosas más y tomé un vuelo de regreso.
A comienzos de ese año había hecho un estudio bíblico sobre confiar en Dios aun cuando la vida duele. Y hasta ese momento la vida no había dolido tanto, pero Dios tiene una manera de prepararnos. Recuerdo que, mientras estaba en el avión, pensaba en eso de confiar en Dios aun cuando la vida duele… y en ese momento realmente estaba doliendo.
Sin embargo, las verdades sobre la soberanía de Dios que recorren toda Su Palabra me sostuvieron de una manera que jamás hubiera podido por mí misma. Porque cuando llegué, tuve que organizar el funeral, escoger cada detalle y encargarme de todo, ya que mi mamá estaba inconsciente en el hospital.
Y aun así, durante esas tres semanas, mientras iba y venía del hospital, conocí la paz de Dios como nunca antes en mi vida. Experimenté la certeza de Su presencia. Él estaba más cerca de mí de lo que jamás lo había estado antes. Y simplemente lo alabé por eso.
Así que fueron tres semanas yendo y viniendo del hospital con mi mamá, sabiendo que Dios es soberano; que Dios había escogido ese mismo día para llevarse a mi amado papá a Su presencia en el cielo; que nada podría haber evitado ese accidente; que no fue simplemente un accidente, sino parte de la soberanía de Dios y que había llegado el momento de mi papá de ir a estar con el Dios a quien amó toda su vida.
Así que superamos eso y supe que Dios era más real que nunca en mi vida. Pero al mes siguiente, mi esposo comenzó a sentir dolor en el pecho. Diez años antes, siendo todavía muy joven, le habían hecho una cirugía de bypass cuádruple debido a problemas hereditarios. Y ahora estaba ocurriendo otra vez.
Fuimos a hacerle estudios y yo pensé: «Por favor, ¡no otra cirugía a corazón abierto!». La primera vez fue muy difícil. Recuerdo que el cardiólogo dijo: «¿Ve esto y esto? Vamos a tener que operar de nuevo. Y Kathy, esta segunda vez, siendo sincero, es más riesgosa. Necesitas saberlo». Recuerdo haber pensado: «Está bien, Dios es soberano… si pierdo a mi esposo…». Desde aquella primera crisis cardíaca siempre había tenido ese pensamiento en el fondo de mi mente: «Voy a perder a Bob, algún día voy a perder a Bob por su corazón». Y ahora estábamos enfrentándolo otra vez.
Curiosamente, no tenía la misma paz que me rodeó durante el funeral de mi papá y todo ese proceso. Esta vez estaba nerviosa, tenía miedo, no pude dormir esa noche. Este es mi esposo; esta es mi vida. Y, sin embargo, fue como si el Señor me dijera: «Kathy, si decido llevármelo, sabes que estaré contigo. Estaré contigo como nunca antes lo he estado, y te sostendré».
Débora: Esa fue Kathy Helvey, en una grabación del año 2001. El Señor sostuvo a la familia Helvey y la cirugía salió bien. Pero vendrían más tormentas. Mañana escucharemos a Kathy compartir más de su historia.
En ese momento nadie lo sabía, pero Kathy estaba a punto de enfrentar otra gran tormenta. En el año 2010 partió a estar con el Señor después de una batalla de cuatro años contra la leucemia. Durante esos años animó a muchas personas y señaló constantemente a otros hacia el Señor. Y finalmente experimentó a Dios como su refugio definitivo en la tormenta al entrar en Su presencia.
Aquel día, en 2001, después de que Kathy compartiera parte de su historia, Nancy respondió con estas palabras.
Nancy: Mientras Kathy compartía, pensé en dos pasajes. Uno de ellos está en los Salmos, el Salmo 66. Es un salmo de alabanza, pero también es un salmo que reconoce la realidad de vivir en este mundo caído. Comienza alabando a Dios por Sus obras maravillosas. Y dice:
«Aclamen con júbilo a Dios, habitantesde toda la tierra;
Canten la gloria de Su nombre;
Hagan gloriosa Su alabanza.
Digan a Dios: “¡Cuán portentosas son Tus obras!
Por la grandeza de Tu poder, Tus enemigos fingirán que te obedecen.
Toda la tierra te adorará,
Y cantará alabanzas a Ti,
Cantará alabanzas a Tu nombre”». (vv. 1-4)
Esto suena como si lo estuviera diciendo alguien cuyo mundo está bastante en orden. Pero espera. En el versículo 5 dice:
«Vengan y vean las obras de Dios,
Admirable en Sus hechos a favor de los hijos de los hombres.
Convirtió el mar en tierra seca;
Cruzaron el río a pie;
Regocijémonos allí en Él.
Él domina con Su poder para siempre; (eso es soberania)
Sus ojos velan sobre las naciones;
No se analtezcan los rebeldes» (vv. 5-7).
Eso es soberanía.
Por cierto, antes de que llegue la crisis, asegúrate de que tu teología esté bien fundamentada. Asegúrate de conocer a Dios, porque si no lo conoces cuando venga la crisis, cuando llegue el fuego, cuando vengan las aguas, y de eso vamos a leer en un momento, no tendrás dónde afirmarte.
Así que asegúrate de conocer a Dios, de saber quién es Él realmente. Cada día tú y yo necesitamos abrir este Libro y decir: «Dios, muéstrame quién eres. Muéstrame cómo eres. Enséñame Tus caminos». Esa es una oración que hago casi todas las mañanas. Escucha lo que dice el Salmo 25, versículo 4:
«Señor, muéstrame Tus caminos,
Enséñame Tus sendas.
Guíame en Tu verdad y enséñame,
Porque Tú eres el Dios de mi salvación;
En ti espero todo el día.
Acuérdate, oh Señor, de Tu compasión y de Tus misericordias,
Que son eternas».
Y Salmo 66, versículo 7:
«Él domina con Su poder para siempre;
Sus ojos velan sobre las naciones;
[Eso es sabiduría; Dios lo sabe todo]
No se enaltezcan los rebeldes.
V.8 Bendigan, oh pueblos, a nuestro Dios,
Y hagan oír la voz de Su alabanza.
Él es quien nos guarda con vida,
Y no permite que nuestros pies resbalen.
[Él es nuestro protector. Él nos sostiene. Él nos preserva.
Mira el Versículo 10:]
Porque Tú nos has probado, oh Dios; Este amoroso Dios nos prueba
Nos has refinado como se refina la plata» (vv. 7-10)
¿Cómo se refina la plata? ¡Con fuego! Las impurezas tienen que ser quemadas. Hay dolor en el fuego; hay destrucción en el fuego, la destrucción de la carne, de las impurezas, de todo aquello que impide que mi vida refleje el carácter y el corazón de Jesús.
Es Dios quien hace esto. Es Dios quien nos prueba. Dice el salmista: «Nos refinaste como se refina la plata». Y el siguiente versículo no encaja muy bien con parte de nuestra teología, pero necesita formar parte de ella. En el versículo 11 del Salmo 66 dice:
«Tu Dios,
Nos metiste en la red;
Carga pesada pusiste sobre nuestros lomos».
No nos gusta esa faceta de Dios. No nos sentimos cómodas pensando en Él en esos términos.
Así que cuando vienen las dificultades, la adversidad y la aflicción, las trampas, las redes, somos rápidas para culpar a Satanás, a nuestros padres, a nuestros vecinos, a nuestro pastor, al líder de jóvenes o a cualquier otra persona. Pero no nos sentimos cómodas con la idea de que Dios pueda estar detrás de esto. Y si llegamos a esa conclusión, el siguiente pensamiento lógico sería: «No estoy segura de que me guste ese tipo de Dios».
Eso suena blasfemo, y de hecho lo es. Y la mayoría no lo diríamos en voz alta, pero muchas lo hemos pensado. Si Dios es tan grande, tan poderoso, tan amoroso, tan soberano y tan sabio, ¿por qué un Dios así nos metería en una red y pondría aflicción sobre nuestros lomos? Precisamente porque es soberano, sabio y amoroso. Él está preparando, moldeando y equipándonos para algo más allá de este momento.
Me vienen a la mente muchos ejemplos de las Escrituras. Piensa en los israelitas durante cuatrocientos años en Egipto; ¡eso sí que fue aflicción sobre sus espaldas bajo la mano de Faraón! Faraón era la fuente inmediata y visible de esa opresión, pero en última instancia, ¿quién puso esa carga sobre el pueblo?
Fue Dios. Porque tenía un propósito y un plan mucho más grande de lo que ellos podían ver en ese momento. Él estaba refinando; estaba purificando; estaba santificando; estaba limpiando; estaba llevando a cabo el plan de redención; estaba preparando a Su pueblo para que fuera verdaderamente Suyo, para que aprendiera a someterse a Él y a adorarlo.
Él quería llevarlos a un punto en el que estuvieran listos para quitarse el antiguo yugo, para desear dejar el mundo, representado por Egipto, y seguir a Dios hacia el desierto, donde no podían ver hacia dónde iban ni qué les esperaba, y donde tendrían que confiar en Dios para su pan de cada día. ¡Y Dios tenía planes más grandes aún!
Dios tenía un plan para traer al Redentor a este mundo. Y, en realidad, la historia no se está escribiendo ahora mismo; Dios la escribió desde la eternidad pasada. Lo que estamos haciendo hoy es vivir la historia que Él ya había determinado desde antes del principio.
Él tiene un plan. Tiene un propósito. Y Él tiene un final. Y ese final es Su triunfo sobre toda la creación, sobre todas las cosas. Toda rodilla se doblará, y todos lo adorarán y lo amarán. Para eso fue creado todo lo que existe. Dios usa la aflicción. Usa el dolor. Usa ese proceso de fuego purificador, incluso esos momentos en los que estamos atrapadas en una red.
Hace un tiempo, leí algunas de las tarjetas de oración de una conferencia que tuvimos. Mi corazón se rompió al leer las peticiones que tantas mujeres compartieron con nosotros.
Muchas de ellas están en una red. Están rodeadas de circunstancias que las aprisionan, situaciones de las que no pueden salir por sí mismas. Y si tan solo pudiéramos ver que, a veces, es Dios quien nos introduce en esa red porque tiene propósitos para nuestro bien y para Su gloria. ¿Cómo obtenemos paz? A través de la rendición, a través de la aceptación.
«Nos metiste en la red; carga pesada pusiste sobre nuestros lomos». Versículo 12 del Salmo 66:
«Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Pero [y alabado sea Dios por ese “pero”] Tú nos sacaste… a un lugar de abundancia».
Dios tiene un final en mente. Tiene un propósito. Recuerda esto: esa tormenta, ese fuego, esas aguas no durarán ni un minuto más, ni serán un grado más intensos de lo que Dios sabe que es absolutamente necesario para cumplir Sus propósitos en tu vida en este mundo.
Así que cuando estés en medio del fuego, cuando estés en medio de la inundación, cuando sientas que te estás ahogando… Yo he estado ahí este año varias veces, cuando emocionalmente he sentido: «No voy a sobrevivir. Esto es una inundación. Me voy a ahogar. No voy a salir a la superficie».
Y aun así, en medio de la inundación, poder decir: «Oh Dios, Tú eres soberano. Tú eres sabio. Tú eres amoroso». Y confiar en que, en Su tiempo y a Su manera, Él nos sacará y nos llevará a un lugar de abundancia y plenitud.
Débora: Esa fue Nancy DeMoss Wolgemuth animándote a ver la tormenta como una oportunidad para glorificar a Dios. Si te perdiste alguno de los episodios de esta semana de la serie «Refugio en la tormenta», puedes encontrarlos en AvivaNuestrosCorazones.com o en la aplicación de Aviva Nuestros Corazones.
Mañana escucharemos el testimonio que Kathy Helvey grabó un tiempo antes de ir a estar con el Señor sobre la presencia de Dios en medio de sus propias dificultades. Te esperamos mañana aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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