Aviva Nuestros Corazones Podcast

Gracia para corazones cansados y desanimados

Annamarie Sauter: Un domingo, Nancy DeMoss de Wolgemuth llegó a la iglesia y … notó que algo andaba mal.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Durante el tiempo de adoración, me di cuenta de que estaba teniendo dificultad para respirar y que no podía dejar de llorar. Finalmente tuve que salir del servicio. Fuí a mi carro, había venido junto con otras personas ese día así que pensé que no podía irme. Me senté en mi auto y sollocé incontrolablemente durante probablemente quince minutos o más. Hacía ya mucho tiempo que no había llorado tan fuertemente. Pensé: ¿Qué me está pasando?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cómo puedes obtener una perspectiva correcta en momentos como el que describió Nancy? Para ayudarte a responder esta pregunta, ella da inicio a un estudio del Salmo 34 titulado, «El ABC para manejar una crisis».

Nancy: Bueno, en un par de semanas se acerca el día de Acción de Gracias y luego vienen los días festivos de Navidad, y esas dos celebraciones como que se juntan ¿no te parece?, una fiesta tras otra. Se supone que esos son momentos de celebración, felicidad, alegría, reuniones familiares y toda cosa buena. Pero, he notado recientemente en una serie de conversaciones que he tenido con amistades y en algunos correos electrónicos que he recibido de las oyentes, que hay algo que tienen en común que he estado percibiendo. Tal vez sea solo yo. No sé si tú has percibido eso también.

Me asombra la cantidad de gente a mi alrededor que se siente melancólica en lo que se supone sea una temporada feliz del año. He percibido un cansancio mayor de lo normal en muchas conversaciones que he tenido con personas, un sentido de desesperanza, las mujeres se sienten desalentadas, abrumadas, con un sentido de desesperación. Algunas de ustedes están escuchando y pensando, «me estaba sintiendo bastante bien hasta que empezaste a hablar de cómo todo el mundo está deprimido». Tal vez esa no es la forma cómo se sienten las personas que te rodean en este momento, pero probablemente has tenido momentos en los que parecería que todo el mundo a tu alrededor está luchando con muchas cosas.

Un amiga me dijo el otro día: «Me pregunto si el enemigo no está lanzando un ataque mayor sobre las emociones y las mentes de las personas». Creo que eso podría ser parte de todo esto. Hay una variedad de razones, una variedad de circunstancias, que traen esos sentimientos. Decir: «Solo quiero acurrucarme e irme a dormir y no despertar de nuevo», resume más o menos la forma de pensar que he percibido.

Pueden ser razones tan simples como, para aquellos que viven en Michigan, a finales de septiembre, principios de octubre, en esa temporada del año en la que se va el sol y no lo vuelves a ver hasta mayo. Por lo menos así es como se siente. No es tan malo. Tenemos muchos días grises. Pasamos por muchos días sin poder ver el sol. Existe lo que denominan trastorno afectivo estacional. Eso se produce porque no recibes la suficiente luz del sol. Podemos encontrar muchas cosas que culpar cuando nos sentimos desanimadas o tristes. En el caso de Michigan, así es el clima en Michigan.

Para algunas con las que he hablado, tiene que ver con estar en una nueva etapa de la vida. Tengo un amiga que acaba de tener su segundo hijo, y los niños nacieron muy cerca el uno del otro. En las semanas siguientes a tener este segundo hijo, ella ha estado haciendo bastantes ajustes. Estaba tan a la espera de la llegada de este bebé, y lo veía como un regalo de Dios. Luego tuvo el bebé y se dio cuenta de que hay enormes ajustes que no se esperaba. Ella me dijo: «A veces son las cinco de la tarde, y todavía ni siquiera he encontrado la manera de darme un baño». ¿Cómo manejar a estos dos pequeños? Hay una tristeza y un desaliento que ella está enfrentando en esa nueva etapa de la vida.

Para algunas es la etapa del nido vacío. Eso puede crear algunos de los mismos sentimientos de pesadez y tristeza. Nuestro ministerio recibió un correo electrónico recientemente de una mujer que decía:

«Estoy luchando en un valle como ningún otro. Me encuentro en un territorio extraño y nuevo a la vez. Por casi ya veinte años he servido en varios ministerios. Ahora que mis hijos son cada vez mayores y abandonan el nido, encuentro que ya no me necesitan en esas áreas donde he sido voluntaria. No creo que haya ninguna conexión entre estas dos cosas, pero ambas están ocurriendo al mismo tiempo. Es como si alguien estuviera quitando la alfombra de debajo de mí, donde yo quiero servir. Nunca me he sentido tan sola. Nunca me he sentido tan poco apreciada o tan poco necesitada.

Nos escribe a nosotras, a personas totalmente desconocidas, derramando su corazón, deseando encontrar aliento.

En algunos casos la depresión y el desánimo que la gente está sintiendo tiene que ver con el bajón natural después de un gran evento o de una tarea de enormes proporciones. Recuerdo que justo después de la conferencia True Woman '08 se llevaron a cabo las elecciones nacionales pocas semanas después. Había tanta anticipación con relación a estos dos eventos, el de nuestro ministerio y el de nuestra nación. Después de que todo estuvo dicho y hecho, vi a un buen número de personas que estuvieron conectadas con estos eventos que se sentían agotadas.

Tal vez se acaban de casar dos de tus hijos en la misma temporada. Es bueno. Es genial. Pero ahora te enfrentas a ese bajón después del evento.

Para mucha gente en este país y en este mundo, hay una gran cantidad de incertidumbre y temor al ver la escena nacional y al ver la escena internacional. Hemos visto eventos ocurrir; hay crisis en la política y en la economía, hay guerras alrededor del mundo, el aumento continuo del islamofascismo y del terrorismo. Hay tanta crisis que difícilmente puedes soportarlo. Quizás digas: «Bueno, yo no estoy involucrada directamente en todo eso». Pero escuchar las noticias puede hacer que tu presión sanguínea suba y cause esa sensación de desaliento y desánimo, esa incertidumbre y ese miedo.

Hablando de la economía, tenemos la presión financiera que está afectando a mucha gente, y a muchos ministerios también. Nosotros hemos sentido eso. Otros ministerios lo han sentido también. He oído acerca de personas que han perdido sus casas, sus puestos de trabajo. Llegaron ese día al trabajo y se enteraron que ya no tenían su puesto. Eso está sucediendo a nuestro alrededor. Recibimos un correo electrónico recientemente de una oyente que nos dijo:

«Nuestras cuentas están totalmente fuera de control y estamos literalmente viviendo estirando el sueldo. Casi nunca hay suficiente para la comida o para la gasolina al final de la semana a pesar de que a mi esposo le acaban de pagar. A veces, cuando veo nuestras facturas pendientes de pago y nos cortan la luz, el gas y el agua en nuestra casa y los avisos de la ejecución de la hipotecaria llegan, literalmente me desplomo. Estoy confundida».

Puedes estar confundida acerca de lo que va a suceder. Confundida acerca de dónde está Dios en medio de todo esto. Hay una sensación de miedo, de desesperación, de crisis a través del tiempo. La adrenalina solo puede ayudarte hasta cierto punto, pero si estás viviendo con miedo o incertidumbre o crisis de día a día durante un período prolongado de tiempo, eso empieza a tener consecuencias, a pasar factura sobre tus emociones, tu mente y tu cuerpo. Creo que esto es parte de lo que algunas personas que me rodean han estado experimentando.

Hemos estado escuchando de nuestras oyentes, y esto no es nuevo, pero parece ser más de lo normal recientemente, que están luchando con lo que significa cumplir con su llamado como mujeres de Dios, y se sienten abrumadas y derrotadas. Permítanme leerles un par de correos electrónicos. Voy a leer esto, no para señalar a estas personas, sino porque pienso que es endémico en algunas formas entre las mujeres. Se supone que debemos ser mujeres cristianas. Creemos en la Biblia y nos encanta ser mujeres de Dios. Pero a veces es difícil ser una mujer de Dios y cumplir lo que Él nos llama a ser. Una mujer escribió:

«Me encuentro en un lugar desesperante. Siento que no hay esperanza. Crecí pensando que iba a ser la esposa y madre perfecta. Supongo que es probable que todas pensemos eso. He defraudado a Dios, a mi marido y a mí misma.

Aunque sí tengo algunos problemas físicos que me hacen estar cansada con frecuencia, trato de no culparlos a ellos. Mi hogar es un lugar que mi esposo y yo tratamos evitar. Parece que no puedo motivarme a hacer las tareas de la casa. Apenas y lavo la ropa. Lavo los platos más o menos cada dos o tres semanas, lo cual es por lo general cuando nos quedamos sin platos limpios. No he limpiado mi refrigerador en cuatro a seis meses. No sé por dónde empezar o cómo motivarme».

Simplemente desanimada.

Otra mujer dijo,

«A mí no me enseñaron a amar el hogar o cómo ser un ama de casa. Tengo treinta y ocho años de edad y soy madre soltera de dos hijos. Después de un matrimonio abusivo, por fin estoy aprendiendo a ser la mujer que siempre ha estado en mi corazón, pero que me enseñaron a no ser. Deseo tanto tener una casa que sea un refugio centrado en Cristo, pero lucho con el trabajo y con estar involucrada en las actividades de los niños y con no matarme a mí misma por agotamiento.

Yo no tengo amigas, familiares o miembros de la iglesia en este momento para ayudarme o enseñarme. Las mujeres cristianas que conozco no ejemplifican el tipo de mujer de la que tú estás hablando. (Había una serie sobre la feminidad bíblica en la radio en ese momento). No estoy segura de dónde encontrar mujeres como estas. Supongo que estoy pidiendo oración para encontrar paz en mi caos».

Paz en mi caos. Creo que eso es lo que muchas personas quieren. Ella dijo, «Estoy cansada y sola». Luego tienes los retos asociados con la temporada de las festividades, el ajetreo, los viajes, las familias que se supone que se deben amar y visitar y que quieres ir a ver pero tienes las relaciones rotas.

Es algo de mal gusto o desalentador o produce temor, el pensar en hacer ese viaje que es obligatorio en algunos casos. Para mucha gente el asunto de la familia es doloroso. Está esa sensación de cansancio, soledad, caos y frustración.

Permítanme decir que no se trata solo de otras personas. Yo tengo mis días. De hecho, no hace mucho tiempo después de una tarea muy importante, algo en esa categoría de las cosas que hemos hablado, estaba más agotada física y emocionalmente de lo que creía. Me encontré en un periodo de unos cuantos días teniendo un par, de lo que yo considero colapsos bastante grandes. En una ocasión, esto no ha sucedido en ocho años, pero tenía un par de horas para una sesión, no una sesión de enseñanza regular, sino donde trabajamos sobre algunos aspectos de la grabación, y yo no podía decir ni una oración completa y tuve que salir de la sesión y volver a casa e ir a la cama. Yo no pude llevarla a cabo, y tuve que decir: «No puedo».

Como dos días después, fui a la iglesia y estaba sentada, estoy un poco indecisa de si compartir esto o no, porque probablemente voy a recibir algunas cartas de personas diagnosticando cuáles son mis problemas y qué hacer al respecto. Estoy abierta a esto, pero el Señor sabe lo que verdaderamente se necesita. El caso es que estaba sentada en la segunda fila y mientras caminaba hacia mi asiento, un par de personas me preguntaron cómo iban las cosas, y me encontré estallando en lágrimas y en llanto con cada persona con la que hablaba. Esto me sorprendió. Me di cuenta de que no tenía la capacidad de llevar a cabo conversaciones normales y me senté en mi asiento.

Durante el tiempo de adoración, me di cuenta de que estaba teniendo dificultad para respirar y no podía dejar de llorar. Finalmente tuve que salir del servicio. Fuí hacia mi carro. Había venido junto con otras personas ese día así que pensé que no podía solo irme. Me senté en mi auto y sollocé incontrolablemente durante probablemente quince minutos o más. Hacía ya mucho tiempo que no había llorado tan fuertemente. Pensé: ¿Qué me está pasando? Era inusual. Yo no hubiera dicho que me sentía deprimida, pero había un agotamiento. Había cansancio y pesadez.

Quiero asegurarte que la mayoría de los días no son así para mí. Probablemente la mayoría de los días no son así para ti tampoco. Pero necesitamos ayuda para nuestras almas cansadas, hambrientas, sedientas y necesitadas en momentos en los que no tenemos las reservas de lo que se necesita para seguir adelante. Mientras me preparaba para esta sesión de grabación, me dirigía hacia una dirección totalmente diferente. Estaba pensando en la gente con la que había estado recientemente, incluyéndome a mí, que estaban teniendo estas crisis. He estado pensando en qué pasaje de la Palabra de Dios podía ministrar gracia y aliento, especialmente al acercarnos a esta temporada de Acción de Gracias y de Navidad, y el Señor trajo a mi mente el Salmo 34.

Qué pasaje tan maravilloso es este. Le habla tan maravillosamente a los corazones cansados, preocupados y desalentados. Hoy quiero leer el pasaje, hacer algunos comentarios y luego en las próximas sesiones quiero que vayamos por partes de este salmo con más detalle. El título del salmo, y hablaremos más sobre eso en la próxima sesión, dice que es Salmo de David, cuando se fingió loco delante de Abimelec, quien lo echó, y él se fue.

Si le pudiéramos poner un título a este salmo, o a esta serie, yo le pondría, «El ABC para manejar una crisis». La razón por la que digo abc es porque este salmo es un acróstico. Con un par de excepciones, cada versículo comienza con una letra del alfabeto hebreo. Así que aquí tenemos el abecedario para manejar una crisis. Permítanme leer el salmo.

Señor, te pido que al leer este salmo, laves nuestros corazones y nuestras mentes con Tu Palabra, el agua de Tu Palabra. La Escritura dice que enviaste Tu Palabra y los sanaste. Tu Palabra es más poderosa que cualquier cosa de la que pueda hablar. Así que incluso en solo estos veintidós versículos, ¿ministrarías gracia, esperanza, ánimo, y sanidad a nuestras almas cansadas y necesitadas? Porque a Ti es a quien necesitamos. Así que háblanos, te ruego, por medio de Tu Palabra. En el nombre de Jesús, Amén.

Salmo 34:

«Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca. En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán.

Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor , y Él me respondió, y me libró de todos mis temores.

Los que a Él miraron, fueron iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados. Este pobre clamó, y el Señor le oyó, y lo salvó de todas sus angustias.

El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los rescata.

Probad y ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!

Temed al Señor , vosotros sus santos, pues nada les falta a aquellos que le temen.

Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno.

Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Señor. ¿Quién es el hombre que desea vida y quiere muchos días para ver el bien?

Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien, busca la paz y síguela. Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor. El rostro del Señor está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra su memoria.

Claman los justos, y el Señor los oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor.

Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos es quebrantado. La maldad dará muerte al impío, y los que aborrecen al justo serán condenados. El Señor redime el alma de sus siervos; y no será condenado ninguno de los que en Él se refugian» (vv. 1–22).

Ahora, este salmo tan familiar, de muchas maneras maravillosas nos pone en perspectiva. Le podríamos llamar un salmo de acción de gracias. En realidad, es un salmo que es bueno para cualquier momento del año. Pero es especialmente significativo cuando entiendes el contexto en el que David se encontraba y las circunstancias a que se enfrentaba cuando lo escribió. Fue escrito en lo que probablemente fue el punto más bajo de su vida hasta el momento.

Estaremos hablando en la próxima sesión sobre cuáles eran esas circunstancias, qué fue lo que precipitó que escribiera este salmo. Pensarías que era un joven que estaba teniendo una gran vida. Pero el hecho de que se refiriera tan a menudo a las aflicciones, los problemas, y los miedos te da una idea de que estaba en medio de una circunstancia difícil cuando dijo, bendeciré al Señor en todo tiempo.

Él da muchos principios sobre qué hacer cuando estás enfrentando una crisis, y también indicaciones o prescripciones que creo que pueden ayudarnos a levantar nuestros corazones y nuestros espíritus en tiempos en que nos sentimos tristes. Pero hoy para que podamos empezar, quiero que veamos la última frase del salmo. Vamos a empezar en el final. Es la frase al final del versículo 22 que dice: «No será condenado ninguno de los que en Él se refugian».

Esa palabra condenado, la busqué anoche, significa «ser culpable». Ninguno de los que se refugian en Él será encontrado culpable. Está implícito que no es solamente culpable, sino que significa ser castigado o perecer. Así que si eres culpable, pagas las consecuencias de tu culpa. Eso es lo que es ser condenado. Un hombre comete un delito capital, asesina, y es condenado a cadena perpetua o a la pena de muerte. Ha sido condenado. Ha sido declarado culpable, juzgado, condenado y el castigo o la pena es aplicada.

Ahora, el hecho es que cada persona en este planeta es culpable. Somos culpables de pecado contra el Dios del universo. Hemos quebrantado su ley. Todos somos infractores de la ley. Todos somos pecadores. Todos estamos separados de Dios. Todos estamos bajo la justa ira de Dios, y cada persona en este planeta merece morir y ser castigado. Ese es el hecho.

Pero de acuerdo a este versículo, hay algunos que serán librados de condenación. Es solo un grupo de personas. ¿Quiénes son los que no serán condenados? Aquellos que se refugian en Él. La Reina Valera '60 dice: «Cuantos en él confían». Esa palabra, refugiarse, significa «huir a algún lugar por protección». Tú estás en problemas. Estás en peligro y corres a un lugar seguro. Corres a un lugar donde sabes que puedes ser protegida y preservada.

Entonces, ¿a dónde debemos correr para encontrar refugio de la condena, la condena que merecemos por nuestros pecados? Solo hay un lugar a donde correr. A Él, a Cristo. Cristo en nuestro refugio. Cristo es nuestra protección de la ira de Dios. Él es el que nos puede preservar. El único que nos puede preservar de las consecuencias de nuestra culpa.

Todos somos culpables. Todos merecemos morir. No es de extrañarse que la gente en este planeta se sienta sin esperanza. Estamos bajo la condenación de Dios. Pero nuestra esperanza –¿y no es eso lo que la gente está buscando hoy en día, esperanza?– nuestra esperanza se encuentra en huir hacia Cristo por seguridad. ¿Cómo puede protegernos de la condenación? Porque cuando Él fue a la cruz y murió en esa cruz que llamamos Calvario, Él tomó sobre Sí nuestra culpa. Él llevó nuestro castigo. Él murió la muerte que nosotros merecemos por nuestro pecado.

Por eso es que el apóstol Pablo podía decirle a los romanos, «por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús» (Rom. 8:1). Él dice al final del capítulo,

«¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros» (Rom. 8:33–34).

Ninguno de aquellos que se refugien en Él será condenado. Cristo murió por nosotros. Él resucitó por nosotros. Él intercede por nosotros en el cielo.

Entonces, ¿qué tiene que ver todo eso con la crisis? Bueno, el punto de partida para hacer frente a todos los problemas de la vida, todos los tipos de cosas que enumeramos, y lo que estás experimentando que no estaba en la lista, el punto de partida es mirar a Cristo, es huir a Él. Necesitamos a diario, momento a momento, predicarnos el evangelio. Incluso en el momento que yo acabo de describirles cuando no me daba cuenta de lo cansada que estaba y estaba pasando por algunos asuntos físicos, aun así les digo que lo que necesitaba supremamente era una nueva mirada a Cristo, una nueva mirada al evangelio.

Cuando sabes que has sido liberada de la condenación, de la condenación eterna, tú tienes la respuesta al problema más grande de la vida. Y en comparación a eso, independientemente de lo sean tus otros problemas, nada de lo demás importa mucho.

Esa última frase del Salmo 34 pone todo en perspectiva. «No será condenado ninguno de los que en Él se refugian». Cuando resuelves esa parte, puedes navegar por el resto de tu vida con la cabeza en alto. Puedes hacerle frente a lo que la vida te lance porque has huido hacia Cristo en busca de refugio, y sabes que ya no hay condenación. El problema más grande de la vida está resuelto.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella estará de regreso con un último pensamiento y para orar con nosotras.

Cuando te das cuenta de lo mucho que Cristo ha hecho por ti, tu actitud cambiará de la desesperación a la gratitud. Esta enseñanza es parte de un estudio del Salmo 34 titulado, «El ABC para manejar una crisis».

Cada día recibimos preguntas sobre diversas pruebas o circunstancias en la vida de una mujer, así que nuestro equipo de corresponsales bíblicas preparó un recurso con las preguntas más frecuentes sobre las diversas situaciones que atraviesan las mujeres en las diferentes etapas de la vida. Al visitar nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com, te invitamos a echarle un vistazo a la sección de preguntas frecuentes. De seguro serás animada y edificada.

¿A dónde vas cuando tienes temor? En nuestro próximo programa Nancy te ayudará a responder esta pregunta con confianza. Ahora ella regresa para concluir nuestro tiempo juntas.

Nancy: Me encantan las palabras de Charles Wesley en ese himno que dice:

Maravilloso es el gran amor que Cristo el Salvador derramó en mí

Siendo rebelde y pecador yo de su muerte causa fui

Grande, sublime, inmensurable amor, por mí murió el Salvador

Oh maravilla de su amor, por mí murió el Salvador

Él su celeste hogar abandonó, dejando posición, gloria y honor

De todo ello se despojó por rescatar al pecador

Misericordia inmensa Él mostró, su gran amor me alcanzó

Grande misterio, Dios el inmortal muriendo en la cruz entregó su ser

Ni mente humana ni angelical jamás lo puede comprender

Inexplicable es el infinito amor que demostró mi salvador

En vil prisión mi alma padeció, atada en pecado y oscuridad

Pronto en mi celda resplandeció la clara luz de su verdad

Cristo las férreas cadenas destruyó, quedé ya libre

¡Gloria a Dios!

Hoy ya no temo la condenación, Jesús es mi Señor y yo suyo soy

Vivo en Él que es mi salvación, vestido en su justicia voy

Libre acceso al Padre gozo ya, y entrada al trono celestial

Oh maravilla de su amor, por mí murió el Salvador.

(«Maravilloso es el gran amor», por Charles Wesley.)

Y oh Padre, levanto hoy a ti a mis hermanas y a algunos hermanos que también pueden estar escuchando que se enfrentan a tiempos difíciles; están desalentados, oprimidos, deprimidos y cansados de la batalla; ya sea a causa de los cielos grises o algo más grande que eso. Gracias Señor, que cuando se trata de las cosas más grandes en la vida, para los que están en Cristo el problema está resuelto, ya no hay condenación.

Así que ayúdanos Señor, no solo con nuestra salvación, sino que en todas las áreas de nuestra vida, vayamos a Cristo en busca de refugio, encontremos en Él protección, seguridad, confianza, gozo y alegría; que podamos darnos cuenta de cuán vivas estamos, aún en medio de circunstancias difíciles porque hemos huido hacia Cristo en busca de refugio.

Te pedimos todo esto en Su nombre maravilloso. Amén.

Annamarie: Corriendo la carrera de la fe, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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