Podcast Aviva Nuestros Corazones

Gracia para hoy

Carmen Espaillat: ¿Sabes?, no tienes que tratar de impresionar a Dios.

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss De Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuál es la clase de corazón que Dios recibe?

Nancy: Corazones rotos, contritos y humillados. David dijo: «Señor, si pensara que las aceptarías, te daría todas las ofrendas. Pero eso no es lo que buscas».

Carmen: Durante las últimas dos semanas Nancy nos ha estado contando la increíble historia de una prostituta llamada Rahab. Leemos su historia en el libro de Josué, en el capítulo 2. Cuando el pueblo de Dios atacó la ciudad donde ella vivía, ella expermientó el perdón y la misericordia de Dios, y halló esperanza. Ha sido muy alentador para mí escuchar lo que Dios hizo en su vida.

También me ha sido de mucho aliento leer los comentarios de nuestras radioescuchas. Permítanme compartir algunos con ustedes. Una mujer escribió:

«¡Waoo que belleza, que hermoso, no tengo palabras para expresar lo que Dios ha hecho por mí! Perdonar mis maldades, tomar mi lugar, salvarme, es un regalo grande que no se explica. ¡Nunca podré entender la grandeza de Su amor! ¡Alabado seas amado JESÚS POR TU SANGRE, HE SIDO PERDONADA Y AMADA UNA Y OTRA VEZ! Su compasión me llevo de las tinieblas a su luz admirable».

Otra dijo,

«Qué gran testimonio este legado de Rahab. Me llena de esperanza y alegría saber que Dios busca la escoria del mundo, como yo, para hacerlos sus hijos, y ponerlos en el linaje de Rey. ¡Gloria a un Dios extraordinario! Sublime gracia que a un infeliz salvó, fui ciega mas hoy miro yo, perdida y Él me halló.»

¡Gracias hermanas por escribirnos! Verdaderamente esta serie, y leer sus comentarios,  ha sido de mucha bendición para mi vida.

Escucharemos a Nancy en un momento, pero antes, escucha a otras oyentes reflexionar sobre sus propias historias de perdón.

Mujer 1: Estando en la universidad, no vivía para el Señor. Crecí en un hogar cristiano, pero durante esos años no lo conocía realmente. Recibí la invitación de una iglesia para asistir a un retiro y fui. Durante todo ese fin de semana, tuvimos que cargar con un palito de madera en el que estábamos supuestos a escribir el pecado más grande de nuestras vidas.

Durante ese retiro se compartió de las Escrituras. Me di cuenta de que mi mayor pecado era que no tenía a Cristo en mi vida. Al final de dicho retiro, teníamos los palitos y nos dieron la oportunidad de tirarlos en una fogata. Recuerdo haberle dicho al Señor, «Padre, te entrego mi vida, mi vieja vida y este palito la representa. Lo estoy tirando en el fuego ahora mismo y te lo entrego para que Tú me des una vida nueva». Dios me concedió una nueva vida y la sigue transformando todos los días.

Mujer 2: Me encanta la historia de Rahab porque me ha dado una perspectiva fresca de quién soy y cuán maravilloso es el Dios a quien sirvo. Tengo un año sin usar metanfetaminas. Busqué sentirme plena en lugares equivocados y con la gente equivocada.

Dios me ha dado la oportunidad de establecer una nueva relación con Él. Es increíble escuchar cómo Dios le dio a Rahab una nueva identidad y cómo ha hecho lo mismo en mi vida.

Ahora tengo fe en Jesucristo. Siento un gozo y una paz indescriptible, es algo que sobrepasa el efecto de cualquier narcótico o relación. Es, simplemente, maravilloso.

Mujer 3: Temprano, en nuestro matrimonio, oculté ciertos pecados a mi esposo. Estaba en un punto muy bajo y me carcomía por dentro. Lo oculté por mucho tiempo y sabía que tenía que ir y pedirle perdón, pero no sabía cómo hacerlo.

Él sabía que algo me molestaba, pero no sabía lo que era. Finalmente, un día estaba sentada en el sofá, la televisión no estaba encendida y era más que obvio que había sido un día difícil para mí. Él se acercó y me dijo «solo necesitas hablar. Dime lo que te pasa. Lo que necesitas decirme, solo dímelo». Y dije, «tengo que pedirte perdón». Él respondió, «está bien». Él me tenía abrazada por detrás, de espaldas hacia él, porque no quería verle la cara y estaba en llantos y sin poder decir palabra.

Le dije, «no puedo decirte». Él dijo, «No hay nada que me puedas decir que cambie mi amor por ti». Por lo que se lo dije. Él solo dijo, «te perdono». No me dio un discurso. No hubo un, «quiero que sepas esto, esto y aquello». Y todo lo que decía era «yo te perdono». En ese instante, me percaté de lo mucho que Cristo nos ama. No importa lo que hagamos o dónde estemos, Él no nos abandona nunca. Todo lo que te dice es, «te perdono».

Nancy: No todo el mundo se va a sentir cómodo si una mujer entra a un lugar diciendo, «Hola, mi nombre es Rahab la prostituta» o, «mi nombre es Nancy lo que sea». Eso puede incomodar a algunas personas, especialmente si se están escondiendo, si no han experimentado la maravillosa gracia de Dios o si piensan que de alguna manera lo merecen, por muchas razones, pero ¿sabes qué? Como quiera necesitan escucharlo.

Ellas ven tu honestidad, tu vida. No tienes que huir de tu pasado. Es lo que es. Fue lo que fue, pero Dios te ha dado libertad para que no huyas de tu pasado. No estás haciendo alarde de tu pasado, es lo que es. Yo soy lo que soy, pero no lo que fui. Yo ahora estoy en Cristo y soy una nueva persona. ¡Alabado sea Dios! ¡Aleluya! Piensa lo que quieras. Di lo que quieras. Rechaza lo que sea. No tienes que vivir esclavizada porque tienes la gracia de Cristo en tu vida.

Venimos de diferentes trasfondos, culturas y estilos de vida. Algunas de nosotras no hemos conocido otra cosa que no sea el estar rodeadas de las cosas de Dios, el amarlo y caminar con Cristo, pero otras han pasado por caminos muy distintos y ahora están en el proceso de conocer al Señor, venir a la fe y ser transformadas por Él.

Espero que nuestro estudio de Rahab, haya motivado sus corazones, así como Corrie Ten Boom solía decir: «No hay un pozo tan profundo que Dios no nos pueda alcanzar». Porque la gracia de Dios es mayor que todos nuestros pecados.

Independientemente del punto en el que te encuentres ahora, al lidiar con tu culpa y vergüenza, has escuchado el evangelio y sabes que la gracia de Cristo te brinda una nueva vida. Algunas de ustedes están recién empezando y quiero darles la bienvenida con un: «Bienvenidas a la familia». Lo que Dios tenga reservado para ti, solo Él lo sabe, pero Él quiere usarte y que seas parte del linaje de Cristo y que disfrutes de todos los derechos y bendiciones que la ciudadanía en el reino de Dios tiene para ti, sin importar lo que hayas hecho. Espero que ese sea el mensaje que has escuchado y que aliente tu corazón.

Ahora, quiero decirles a aquellas que vienen desde el estilo de vida opuesto, y eso me incluye a mí, porque yo sé lo que es tener un corazón fariseo, que crecimos conociendo las Escrituras, conociendo los caminos de Dios, haciendo lo mejor de acuerdo a nuestras habilidades, queriendo complacer a Dios y todo el tiempo alimentando un corazón lleno de auto justicia, que se considera diferente a otros pecadores, pero que cuando voy a los evangelios y leo sobre los fariseos, Dios le habla a mi corazón.

Dios me ha hablado al corazón a través de Rahab, pero no porque mi pasado se parezca al de ella en términos de conducta. Lo que ha hecho es abrirme los ojos ya que, sin importar mi comportamiento o mi pasado, necesito  la gracia de Dios al igual que cualquier Rahab. No soy mejor candidata para Su gracia y no soy capaz de salvarme a mi misma, al igual que Rahab.

Es interesante notar cómo, al abrir el micrófono, las mujeres para quienes les ha sido fácil compartir sus experiencias de vida, han sido las que vienen de un pasado como el de Rahab. Y no tan sólo aquí. Quizás lo hayas visto en tu propia congregación o en las vidas de otros creyentes.

He observado que hay algo acerca de aquellas que se saben pecadoras, y están conscientes de que los demás lo saben, incluso han cumplido una condena en la cárcel que lo evidencia. No hay dónde ocultarse. Sus pecados están ahí para consumo público. Hay transparencia, libertad, apertura y un quebrantamiento que Cristo ama y que proviene de algunas de esas mujeres con ese tipo de pasado.

Y es por ese motivo que, en el Nuevo Testamento, vemos a Jesús acercarse a la mujer adúltera, a la mujer pecadora que encontramos en Lucas capítulo 7. Ni siquiera sabemos qué tan larga era su lista de pecados, pero sí sabemos que tenía la reputación de tener un pasado de pecado sexual, igual que la mujer en el pozo.

Ese era el tipo de personas con las que Jesús andaba. ¿Sabes por qué? Porque ellas sabían que lo necesitaban. Porque eran abiertas y no tenían nada que esconder y aparentar frente a los demás. Ellas sabían que necesitaban un Salvador y es por ello que Jesús las atraía como imanes. Ellas necesitaban la gracia de Dios.

¿Y quiénes se la pasaban criticando a Jesús? Los fariseos, los escribas, los líderes religiosos. Eran las personas que tenían su doctrina establecida, los que nunca habían cumplido otra condena que no fuese el estar en el templo. Ellos eran los que miraban a los «pecadores» con ojos altivos y a quienes les daba trabajo aceptar a Cristo. ¿Sabes por qué? Porque ellos no pensaban que lo necesitaban como el resto de las personas.

¿A quiénes habló Jesús con mayor severidad? ¿A quiénes les dijo, «ay, de vosotros»? ¿Se lo dijo a la mujer adúltera? ¿Se lo dijo a la mujer del pozo, a la samaritana? ¿Se lo dijo a la mujer de Lucas, capítulo 7? ¿No les dijo, «ay, de ustedes»? A ellas les dijo: Nadie más les condena, o les arroja una piedra, tampoco yo. Vayan y no pequen más. Su fe las ha salvado». «Aquí tienen el agua de vida». Él se ofreció a si mismo y todo lo que tenía porque conocía la necesidad de ellas. Pero a los fariseos, Jesús les dijo: «Ay, de ustedes». Las prostitutas entrarán al cielo antes que ustedes porque ustedes no ven la necesidad de un Salvador».

A las personas con corazones fariseos les da trabajo abrirse con honestidad y transparencia. Entras a una habitación y les pides que compartan lo que Dios está haciendo en sus vidas y salen con alguna doctrina que han aprendido; te dan una lección bíblica, pero les da trabajo enfrentar la realidad de los asuntos en sus corazones.

En algunos casos, sus pecados no son visibles. Las Escrituras hablan de pecados de la carne y de pecados del espíritu. Los fariseos se sentían justificados porque sus pecados no eran de la carne. Nunca se habían escapado con la mujer de otro. Nunca habían consumido drogas. Nunca habían hecho nada que los llevara a prisión.

De ellos son los pecados del espíritu: orgullo, autosuficiencia, codicia, egocentrismo, celos, ambición, egoísmo. Puedes tener todas esas cosas en el corazón y todo el mundo piensa que eres un ejemplo de cristiano. Creo que lo que el Señor trata de decirnos (a aquellas de nosotras que no venimos de un pasado licencioso) es que identifiquemos la clase de corazón que Él recibe: corazones rotos, contritos y humillados. David dijo, «Señor, si pensara que las aceptarías, te daría todas las ofrendas, pero eso no es lo que buscas».

  • Dios no quiere tu religión.
  • Él no quiere tu conocimiento teológico.
  • Él no quiere todas las cosas maravillosas que has hecho para Él. Él no necesita nada de eso.

Lo que quiere es que tú y yo nos pongamos en el lugar de Rahab, y verla a ella en nosotras y a nosotras en ella, y que digamos: «No es mi hermano, no es mi hermana, no es la prostituta de la esquina, no es el drogadicto del otro lado de la ciudad, no es el individuo en prisión; soy yo, oh Dios, de pie ante Tí y en necesidad de oración».

Hasta que tú y yo no tengamos esa clase de quebrantamiento real, ese corazón arrepentido ante Dios, no podremos ser candidatas o receptoras de Su gracia. Mientras pensemos que estamos bien y pensemos, «ya soy cristiana y he llegado a ese punto de quebrantamiento», debemos hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿Vives apercibida de tu necesidad desesperada por Cristo?
  • ¿Continúas viviendo como una persona quebrantada y humilde?
  • ¿Continúas pensando, «¿sabes qué? si no fuera porque la gracia de Dios me ha preservado, estaría en el mismo lugar que Rahab. Fue Dios quien orquestó algunas circunstancias que preservaron mi vida de esa conducta y de ese tipo de actividades».

Pero Dios mira los corazones y pienso que son los corazones de mujeres como Rahab, los que Dios mira. ¡Imagínate! ¡Era una mujer de Canaán! Solo con eso tenía suficiente. Ella conocía tan poco. Hizo tantas cosas mal hechas y tan pocas bien hechas, pero sin embargo, Dios vio su corazón y la salvó.

Y luego tienes al pueblo de Israel, y a las personas que han crecido en la iglesia toda su vida y han hecho todo bien, pero cuyos corazones no están bien con Dios. ¿Quiénes están en mejor posición?

Quiero decirte que si tu trasfondo ha sido el de una farisea o si tu tendencia es hacia esa dirección, lo único que necesitas hacer es lo que yo misma hago periódicamente y con regularidad, decirle a Dios : «Señor, enséñame quién soy apartada de Cristo y dame un sentido fresco de lo horroroso de mi pecado».

Pídele a Dios que te muestre lo perdida y desesperanzada que estarías lejos de Cristo. Entonces, vas a poder, junto a Rahab, la prostituta, a John Newton, el infiel que tenía trata de esclavos, a Chuck Colson, el «hombre hacha» de la Casa Blanca, y junto a otras grandes personalidades del reino de Dios, podrás decir y cantar:

Sublime gracia del Señor, que a un infeliz salvó. Fui ciego, más hoy miro yo, perdido y Él me halló.

Todo, todo, todo, se trata de la gracia de Dios.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth ayudándonos a contemplar la belleza del evangelio.

«No hay un pozo tan profundo en el que Dios no nos pueda alcanzar».

Estas palabras de Corrie Ten Boom han traído aliento a mi corazón. Si eres como yo, aunque entiendas intelectualmente el concepto de la gracia, quizás no eres consciente de que la gracia de Dios es mayor que todos tus pecados, o de que necesitas un Salvador. Ciertamente son cosas que necesitamos recordarnos a nosotras mismas constantemente.

El programa de hoy concluye la serie, «Rahab y el hilo de la redención». Si te has perdido cualquiera de los programas de esta serie, te invitamos a visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com para escucharlo, leer la transcripción o compartirlo. Te animamos a compartirlo con algunas personas que necesiten conocer el evangelio y la asombrosa gracia de Dios en Jesucristo.

Escucha de una mujer que conoció esta gracia. Aunque nació en un hogar cristiano, ella no conocía a Dios,

Andrea: Mi nombre es Andrea Riquelme, y bueno, yo puedo decir que en realidad, de Dios he escuchado toda mi vida. Nací en un hogar cristiano, de hecho, mis padres eran pastores. Creo que por mucho tiempo estuve conociendo, o escuchando, más bien, de Dios pero sin conocerlo, hasta mi adolescencia donde entregué mi vida a Dios. Sin embargo ciertas cosas de la vida hicieron que me alejara de Dios. Hasta que me casé y estuvimos asistiendo un tiempo con mi esposo; nuevamente de regreso él se convirtió cuando nos casamos...y después otras cosas, mi padre falleció y salimos de nuestra iglesia original y eso nos mantuvo alejados de Dios, alrededor de diez años.

También por estas cosas que solo Dios sabe hacer, terminé siendo vecina de alguien que estaba en el proceso de conocer a Dios que es Yerca. Ella sabía que nosotros estabamos alejados y sin ella conocer a Dios, nos invitó a la iglesia en la que estaba participando. Accedimos a ir y la verdad es que sentimos inmediatamente que era lo que necesitábamos. Sin embargo tampoco nuestra entrega a Dios fue inmediata, estabamos muy dolidos...

Carmen: Andrea conoció Aviva Nuestros Corazones por medio de una amiga, y animada por sus amigas asistió a nuestra conferencia Mujer Verdadera ‘17. Allí Dios la buscó...

Andrea: Yo vine a este seminario, la verdad sin saber a qué venía, porque yo no había escuchado, sabía de Aviva Nuestros Corazones por Dacmar y por Yerca, pero nunca había escuchado los programas...una sola vez estuve en casa de Dacmar de vacaciones. Nos invitó ella un par de días a estar con ella y ahí escuché mientras estábamos haciendo las cosas del día. Dos días escuché el programa y me pareció lindo, pero la verdad es que nunca me di el tiempo para escucharlo después de eso. Me pidieron que viniera al seminario, que ellas creían que me iba a hacer bien. Fue complejo porque yo no venía inicialmente tampoco, y decidí a último momento venir. Les contaba a ellas ayer que siento que ayer renací de nuevo. Tuve mi reencuentro con Dios verdadero. Dios fue muy bueno con mi vida porque a pesar de estar tan lejos en mi relación con Él, siempre sentí que Él nunca me abandonó. Nunca, siempre estuvo ahí cuidándome y cada cierto tiempo me lo hacia saber, aún estando tan lejos, tan lejos de Él. No debo ir a ningún otro lugar, ni a ninguna otra persona para poder sentir la satisfacción plena que solo Él puede dar.

Carmen: ¡Qué gozo nos da escuchar testimonios de la gracia de Dios! Gracias Andrea por compartir tu historia con nosotros.

No hay lugar en el que, en Su gracia, Él no nos pueda alcanzar.

Te has preguntado alguna vez, «¿Cuál es la fuente de mi satisfacción? ¿Es verdaderamente Cristo mi Fuente de vida eterna o vivo bajo el peso de mi culpa?»

Un predicador de antaño, Charles Spurgeon, nos ayuda a ver con claridad la obra redentora de Cristo en la cruz. En su sermón, «Redención particular», él nos da una poderosa imagen de la magnitud de nuestro pecado y de la gracia de Dios, y de lo que fue la agonía del Salvador en la cruz. Escuchemos,

Charles Spurgeon: La doctrina de la redención es una de las doctrinas más importantes del sistema de la fe. Un error en este punto inevitablemente llevará al error a lo largo de todo el sistema de nuestra fe.

Cuando Cristo murió, tenía un objetivo en mente, y ese objetivo será cumplido con absoluta seguridad, más allá de toda duda. Cristo vino a este mundo con la intención de salvar «a una gran multitud, la cual nadie podía contar», y creemos que como resultado de esto, cada persona por quien Él murió, sin ninguna sombra de duda, será limpiada

de pecado, y estará lavada en Su sangre, ante el trono del Padre.

Para entender la magnitud y la belleza de este gran sacrificio, primero tiene que calcularse qué tan grande es nuestra culpa. ¡Oh, pecados de la humanidad! Ustedes sobrepasan cualquier cálculo. ¡Oh, elevadas montañas! ¡El hogar de la tempestad, el lugar de nacimiento de la tormenta! El hombre puede alcanzar sus cimas y pararse asombrado sobre sus nieves perpetuas; pero, ¡oh, montes del pecado! Ustedes se elevan por encima de nuestros pensamientos; ¡oh, abismos de transgresiones! Ustedes son mucho más profundos de lo que nuestra imaginación se atreve a bucear.

Sin embargo, en un instante de fe, un momento triunfante de confianza en Cristo, la gran redención quita la culpa de numerosos años. Así como el diluvio de Noé sobrepasó los picos de las montañas más elevadas de la tierra, así el diluvio de la redención de Cristo sobrepasa las cimas de las montañas de nuestros pecados. En los atrios del cielo hay hombres hoy que una vez fueron asesinos, y ladrones, y borrachos, y fornicarios, blasfemos y perseguidores; pero ellos fueron lavados, fueron santificados. Pregúntenles de dónde proviene el brillo de sus vestidos, y dónde obtuvieron su pureza, y ellos, al unísono, les dirán que ellos lavaron sus vestidos y los blanquearon en la sangre del Cordero.

¡Hijas de Jerusalén! Él desfallece en sus calles. Lo levantan, colocan Su cruz sobre los hombros de otro hombre, y lo empujan, tal vez a punta de lanza, hasta que al fin llega al monte del castigo. Rudos soldados lo agarran y lo colocan de espaldas; la madera en forma de cruz es colocada abajo, Sus brazos son extendidos hasta alcanzar la distancia necesaria, preparan los clavos; cuatro martillos clavan cuatro clavos simultáneamente, atravesando las partes más tiernas de Su cuerpo, y allí está en el lugar de Su ejecución, muriendo sobre Su cruz.                                 

Pero vean los miembros del cuerpo del Salvador, ¡cómo tiemblan! Cada hueso ha sido dislocado cuando levantaron la cruz. ¡Cómo llora! ¡Cómo suspira! ¡Cómo solloza! Y más aún, escuchen cómo grita en agonía: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» ¡Allí está la cruz, allí está clavado mi Dios que sangra! ¡Escucha Su clamor de muerte! ¡Míralo morir! ¡Oh, sol, no me sorprende que hayas cerrado tu ojo, para no ver más un hecho tan cruel! ¡Oh, rocas! ¡No me maravilla que ustedes se hayan derretido, rompiendo sus corazones con simpatía, cuando su Creador murió! Ningún hombre ha sufrido como sufrió este Hombre. Aun la muerte misma cedió pues muchos de los que estaban en sus tumbas se levantaron y vinieron a la ciudad. Esto, sin embargo, es lo externo.

Créanme, hermanos míos, que lo interno fue peor aún. Lo que nuestro Salvador sufrió en Su cuerpo no fue nada comparado con lo que soportó en Su alma. ¿Puedes ahora imaginar, puedes tener una idea de la grandiosa redención de nuestro Señor Jesucristo?

Si has podido entender lo maravilloso de este sacrificio, si te sientes miserable, consciente de tu culpa, y estás listo para aceptar a Cristo como tu único Salvador, no solamente te puedo decir que puedes ser salvo, sino mejor aún, serás salvo.

Carmen: Esta porción del sermón, «Redención particular», de Charles Spurgeon, fue leída por Felix Monegro.

¡Gloria a Dios por Su salvación! ¡No hay palabras para expresar la gloria de la cruz y lo inmensurable que es la gracia de Dios.

¿Estás practicando el amor genuino en medio de las situaciones difíciles de tu vida? Mañana daremos inicio a una serie en la que Nancy nos llevará a lo largo del capítulo 13 de la primera carta a los Corintios. Nos enseñará cómo responder ante personas que nos es difícil amar con amor ágape. No te pierdas esta serie, comenzando mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Corriendo la carrera de la fe, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Fue Tu Gracia, Sovereign Grace Music, Eres Dios, ℗ 2012 Sovereign Grace Music. Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.