Podcast Aviva Nuestros Corazones

Involucrado con la multitud

Annamarie Sauter: ¿Alguna vez has sentido que todos los que te rodean necesitan algo de ti?

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Las personas están desesperadas por tener una familia. Están desesperadas por conectarse con otras personas. Están desesperadas por pertenecer. Y Jesús vino a redimir a las personas alienadas y aisladas, y a ponerlas en familias.

Annamarie: Jesús sabe lo que es estar rodeado de personas en necesidad de tiempo y atención; así que, estás en buena compañía.

Nancy habló a un grupo de líderes de ministerios de damas. Ella enseñó acerca de la forma en que Jesús interactuó con las multitudes. Espero, que después de escuchar este programa puedas crecer en compasión por aquellos que el Señor te ha llamado a servir.

Nancy: Hoy vamos a ver el versículo 21 de Marcos 5, y solamente vamos a tocar la superficie del pasaje. Más adelante, si ustedes desean, pueden estudiarlo con más detalle. Dice así el versículo 21:

«Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud» (RVR 1960).

A propósito, algunas veces, las personas me preguntan: «¿Qué método usas para estudiar la Biblia?» permítanme decirles, que nunca he estudiado en un seminario. No sé griego, no sé hebreo; he aprendido a usar algunos recursos que son muy útiles para personas como yo, que no sabemos estos idiomas originales. Pero mi método es realmente, muy sencillo.

Es básicamente detenerme en el pasaje. Lo lees una vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez, y así lo vas entendiendo mejor. Lo memorizo y claro, medito en él. Y lo miro desde todos los ángulos posibles. Una de las primeras cosas que hago es buscar las palabras y las frases que se repiten, porque eso me dice, «ahí hay algo importante».

Bueno, algo que debemos notar en este pasaje, son las referencias repetidas que hay  a la multitud. De hecho, he resaltado esas referencias en el Evangelio de Marcos, porque hay muchas  de ellas. Y como he mencionado anteriormente, soy básicamente una persona introvertida. Las multitudes me drenan, me cansan. Y digo: «Señor envíame a las regiones inhabitadas de la tierra, y allí podría ser realmente efectiva en el ministerio»

Y no quiero, bajo ninguna circunstancia, que piensen que no me caen bien; pero es que me agoto. Es increíble, como a menudo Dios pone personas introvertidas entre  multitudes. ¿No es así? Así que aquí veo a Jesús y me pregunto: ¿Cómo lo hizo Él? Y y aprendí que, tú obtienes tu vida de tu Padre celestial, y luego das a los demás de lo que Él te ha dado.

Pero fíjate en esta multitud, porque todo esto ocurre en medio de una gran multitud.

«...se reunió una gran multitud alrededor de Él; así que Él se quedó junto al mar. Y vino uno de los oficiales de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle se postró a sus pies» (v. 21-22)

Ahora, vamos a ver en este pasaje dos personajes que no podrían ser más diferentes el uno del otro. Conocemos el nombre del primer personaje que aparece, Jairo. El segundo personaje es una mujer, y de ella no conocemos su nombre. Así que tenemos en el pasaje un hombre y una mujer. Conocemos el nombre del hombre, pero no conocemos el de la mujer. Este hombre tenía una gran posición, de mucha responsabilidad y autoridad. Era como el señor importante. Él es uno de los principales de la sinagoga. Y esta mujer era una marginada social.

Vamos a ver aquí el contraste entre estas dos personas tan diferentes, y la actitud de siervo que Jesús demostró para con los dos. Ten esto en cuenta, cuando estés sirviendo a las mujeres de tu iglesia; que son de diferentes trasfondos y diferentes necesidades, diferentes personalidades, diferentes costumbres. Tenemos la tendencia a querer gravitar alrededor de personas que son más como nosotras, pero vemos a Jesús aquí, amando a la gente sin importar de dónde vienen. Y dice en el versículo 22:

«Y vino uno de los oficiales de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle se postró a sus pies.»

Estas dos personas cayeron a los pies de Jesús. Y si tú quieres que las personas reciban ayuda, es ahi donde debes llevarlas. Ahí es donde Dios, el Espíritu de Dios quiere atraerlos, hasta que ellos caigan a los pies de Jesús. Allí es donde ellos van a obtener lo que necesitan. Y dice el versículo 23:

«Y le rogaba con insistencia, diciendo: Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane y viva.»

Ahora, el relato de Lucas nos dice que esta niña tenía, ¿cuántos años? Doce años de edad. Esto es importante, por lo que vemos acerca de la mujer que venía detrás. Así que este hombre tenía una necesidad urgente, crítica.

Y dice el versículo 24:

«Jesús fue con él; y una gran multitud le seguía y le oprimía.»

Tú tienes que poder ponerte en esa situación e imaginarte la tensión en el ambiente.  Todos tenían alguna necesidad, pero Jesús fue particularmente sensible e interactúo con aquellos que el Padre celestial quería conectar con Él. Supongo que había muchas otras personas en la multitud ese día que estaban pidiendo y queriendo cosas de Jesús. Y no sé si Él simplemente las ignoró o les dijo: «Vengan más tarde». No sé cómo Él manejó toda esta situación, pero sé que Él puso toda su atención en este hombre y luego en esta mujer de la cual vamos a leer a continuación. Versículos 24 y 25:

«...y una gran multitud le seguía y le oprimía. Y una mujer que había tenido flujo de sangre...»

Ella es todo lo opuesto de Jairo. Jairo es el principal de la sinagoga. Él tiene una posición alta. Pero esta mujer padecía de flujo de sangre desde hacía doce años.

He estado leyendo el libro de Levítico durante las últimas semanas, y hay ley, tras ley, tras ley, tras ley, sobre todas las formas en que una persona puede ser ceremonialmente impura. Una gran parte de todo esto, tiene que ver con tocar algo o alguien que es impuro. Y si una mujer como esta, y si una mujer tiene un flujo de sangre (este tema está en Levítico capítulo 15, versículos 19 en adelante), es ceremonialmente impura, y nadie puede tocarla o la persona que la toque queda impura. Entonces se levanta en nosotras una pregunta. ¿Cómo es que Jesús sí pudo tocarla?

La razón por la cual Jesús permitió que ella lo tocara, y no quedó impuro, fue porque no había nada impuro en Él que se pegara a la impureza de ella. Él era santo, puro. Y esta mujer que era impura, podía tocarlo, y no manchar para nada la pureza del Señor Jesús. Así que Jesús permitió que ella lo tocara.

Pero piensa en esta mujer que por doce años, nadie podía tocar. Había sido una marginada social por doce años, esta mujer impura. El hecho de que ella tuvo el valor para acercarse a la multitud, me sorprende, pero ella lo hizo. Y no sé si la gente sabía quién era ella, y tal vez ellos retrocedieron, o tal vez ellos no sabían. Pero ella se abrió paso entre la multitud y llegó hasta Jesús, y dijo . . .(me estoy adelantando), versículo 25:

«...había tenido flujo de sangre por doce años, y había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía»

Ahora, ella no tenía nada más. Si hubiera habido otro doctor, ella lo habría buscado, pero ya no tenía más recursos para intentar nada más o nadie más. Y para colmo, ella ya había visitado muchos doctores, y había gastado todo lo que tenía. Y para empeorar la situacion, ella había empeorado (v. 26). Mejor dicho, la depresión, la desesperación, el dolor crónico, las condiciones médicas crónicas y todos estos factores emocionales, relacionales y financieros que todo esto traía consigo. Así que aquí tenemos una mujer que no tenía ninguna esperanza. Había gastado todo su dinero. Ya no tenía esperanza.

¿Conoces algunas mujeres como esta en tu iglesia? Ahora, lo difícil con algunas de estas mujeres es que ellas podrían ser lo que yo llamo MAM. Algunas de ustedes ya me han oído hablar de esto, mujeres de alto mantenimiento. Algunas veces es difícil estar con ellas. Pues algunas ya tienen ese patrón de comportamiento. Están acostumbradas a ser la parte herida y algunas veces parecen no salir de ese círculo vicioso.

Y algunas veces por alguna razón, encuentro que es para mí más fácil ser dura (en mi corazón) con este tipo de mujeres, hasta que encuentro que en mi propia vida muchas veces puedo ser una MAM, mujer de alto mantenimiento. Y ahora que estoy envejeciendo, y veo mi propias debilidades y fragilidades, siento que me estoy volviendo un poco más compasiva. Y no es que yo pueda decir que tengo el don de la misericordia y de la compasión, pero espero que a medida que amo a Cristo y conozco más de Él, se desarrolle más de de Su misericordia en mi vida.

Asi que aqui tenemos a esta mujer, que no tenía esperanza, pero en el versículo 27dice que «cuando oyó hablar de Jesús» ¿Qué fue lo que ella oyó? Que Él estaba sanando a la gente. Él amaba a la gente. Él se preocupaba. Él podía hacer cosas que otros doctores no podían hacer.  Él era un carpintero, no era ni siquiera doctor. Ella había oído los reportes acerca de Jesús.

¿No piensas que una pequeña semilla de fe y esperanza, se plantó en su corazón cuando ella empezó a oír esos reportes? O tal vez, pensó: «No ya he estado ahí, ya he hecho eso, ya he visitado todos esos doctores. No, no voy a pasar por eso otra vez». Pero ella sigue escuchando esos reportes y en un momento, ella se llena de valor y dice: «Miren, voy a salir de mi apartamento, y voy a ir hasta donde está Jesús, y voy a ver si puedo acercarme a Él».

Ella tuvo que tener fe para hacer esto. Y esto es lo que debemos pedirle al Señor: que ponga fe en los corazones de las mujeres que servimos, algunas han estado luchando con dificultades por años. Ellas han ido donde el terapeuta, el siquiatra, el consejero, los doctores, con quien sea. Han tomado medicinas, han pagado dinero. Y algunas de ellas, no han mejorado, al contrario, han empeorado. Debemos pedirle al Señor que ponga en sus corazones, o tal vez en tu corazón, (tal vez, tú eres esa mujer ) una semilla de fe y esperanza, para ser esa mujer que dice: «Si pudiera llegar hasta Jesús, algo podría cambiar». Versículo 27:

«...(ella) llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó su manto. Porque decía: Si tan solo toco sus ropas, sanaré.»

Se necesita valor para hacer eso, audacia para que esta mujer que era ceremonialmente impura hiciera eso.

Versículo 29: «Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción.»

¡Es un milagro! Y nosotros como que leemos estas historias con un velo sobre nuestros ojos, y pensamos: Eso era antes, no ahora. ¿Tú crees que Jesús todavía hace milagros? Es decir, nosotras sabemos esto en nuestras cabezas, en nuestras mentes; de una manera intelectual, pero lo que quiero decir es esto: los milagros no son típicamente la manera como Jesús obra hoy en día. Él nos ha dado Su Santo Espíritu y su Palabra y la santificación y la edificación y el tratar con patrones de pecado y asuntos y heridas pasadas y todas esas cosas. Usualmente no es algo que se supera, se vence en un instante. Es todo un proceso y requiere edificación y santificación y tratar con estos asuntos.

Y pienso que uno de los peligros con cierto tipo de escuelas teológicas, es este pensamiento de que es tan solo cuestión de, «decláralo y reclámalo», y que todo se resuelve sin ningún esfuerzo, sin ninguna batalla espiritual. Tenemos que tener un balance aquí, donde hay un punto, y luego un proceso.

Pero,  pienso que el caso de muchas de nosotras es que estamos tan entrenadas teológicamente que somos un poco escépticas, al hecho de que tal vez Jesús, podría en un momento, liberar a alguien de una adicción o de un patrón de pecado. Él no lo hace usualmente de esa manera hoy en día, pero me gustaría resaltar que Él puede. ¿Y por qué no pedirle esto a Él? Y también estar preparadas, para estar ahí, cuando esto no suceda inmediatamente, y decir: «Vamos a ir a través de todo esto. Creo que hay poder, hay un poder sanador cuando tocamos a Jesús y nos acercamos a Él, y logramos que hable a nuestras vidas».

Versículo 30: «Y enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Él, volviéndose entre la gente (la multitud), dijo: ¿Quién ha tocado mi ropa?»

Ahora, Jesús obviamente sabía, quién había tocado su manto, porque Él es Dios. Entonces, ¿por qué hacer la pregunta y por qué le importó? Él iba de camino  respondiendo a una situación de emergencia, la hija de Jairo se estaba muriendo.  Ahora, yo me conozco. Si me estoy dirigiendo del punto A al punto B, no me interrumpan. He pasado por alto a muchas personas, sin querer. Voy a ser honesta, ocasionalmente lo hago a propósito. Pero a veces es sin querer, estoy tan enfocada en, «¿qué es lo que sigue?» que algunas veces, he pasado de largo, sin darme cuenta, justo al lado de la mujer con el flujo de sangre. Especialmente ahora que ella ha sido sanada. Jesús sabía esto. Y «bueno una menos, ahora vamos a ayudar a Jairo». ¿No es asi? ¿Entonces por qué Él se detiene? Porque Él va en una misión muy importante.

Ten en cuenta que la historia de Jairo también está siendo escrita aquí, y que esta niña, tenía que morir para que el poder de Jesús pudiera ser visto como la resurrección y la vida. Así que esto era parte de la ecuación, pero la otra parte tiene que ver con esta mujer, y con aquellas de nosotras, que leeríamos su historia años más tarde.

Jesús no quería que esta mujer, se quedara como un miembro anónimo de la multitud.  Él no quería que ella se escondiera más entre la multitud, lo cual era algo que ella probablemente, había estado haciendo por doce años, queriendo ser invisible y siendo invisible para mucha gente.

Aquí tenemos una mujer, que ha sido privada de relaciones. Nadie podía tocar esta persona ceremonialmente impura. Y pienso que Jesús sabe que la sanidad que ella necesita, no es solo física; sanándola del flujo de sangre. Ella tenía asuntos más importantes que necesitaban atención, y Él no quiere que ella se vaya sin una completa sanidad. Él sabe que ella está en una bancarrota emocional en este momento, y Él la creó para que ella tuviera una relación con Él, y Él no quiere que ella se vaya sin experimentar eso.

Pero Él también sabe, que ella necesita salir a la luz pública. Ella necesita ser vista por la comunidad del pacto, la comunidad judía, como alguien que es bienvenida en el reino de Dios. Por su bien, por el bien de ellos, y por el bien de todo el mundo, Él tenía que sacarla a la luz de entre la multitud.

«¿Quién ha tocado mi ropa? Y sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te oprime, y dices: “¿Quién me ha tocado?” Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que le había tocado» (vv. 30-32).

La sola palabra «quién», el hecho de a Jesús le importa quién, la gente. El ministerio no son deberes o tareas. Ahora, hay muchas cosas que hacer en el ministerio. Y te digo esto, si tú eres madre, tu ministerio se puede convertir en las cosas que tienes que hacer y te olvidas de quién. ¿Quién es ese niño que te está tocando? ¿Quién es ese adolescente que quiere hablar contigo? Ellos no van a querer ser lo suficientemente abiertos hasta que sean 11:30 de la noche, y tú estás exhausta, y quieres dormir un poco, y es ahí cuando ellos quieren abrir su corazón, y tú les dices: «¡Vete  a dormir!»

¿Quién es, quién está ahí? Ahora, esto no quiere decir, que ahora tienes que estar disponible en todo momento, para todo el mundo. Porque las Escrituras hacen un balance en estas verdades. Pero me encanta que Jesús ama a quién? A la gente. ¡Y me estoy predicando a mí misma otra vez!

Él miró alrededor para ver quién lo había tocado. «Entonces la mujer temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad» (v. 33).

Ella contó su historia. Aquí hay transparencia, me imagino. Aquí está esta mujer, que por años, quería protegerse de que la gente supiera toda la verdad sobre ella, porque cada vez que alguien conocía su historia, eso significaba que tendría un amigo menos. ¿Sabes? una persona menos con quien relacionarse. Y en este momento ella tuvo que salir y contar su historia. Transparencia. Honestidad.

Escucha, nunca hay demasiado de contar toda la historia, de contar toda la verdad en nuestros ministerios de mujeres. Dejamos a tantas mujeres pensando que deben dejar una buena impresión, que todo está bien. Y nos ven a nosotras y piensan que somos un grupo de personas con todo resuelto en la vida. Nadie en esta iglesia va a querer relacionarse conmigo. Pero cuando decimos la verdad de nuestra historia , y animamos a otras a decir la verdad de su historia, hay puertas que se abren para ministrar y oportunidades de relaciones en comunidad que no sucederían de otra manera.

Jesús no tenía la intención de que viviéramos, como residentes anónimos en la multitud. Él quiere sacar a la gente de entre la multitud, y que dentro de la multitud haya personas que realmente se preocupen por los demás y los vean con ojos bondadosos.  Muchas de nosotras vivimos en grandes ciudades, y ¿cuántas veces, caminamos hacia nuestros carros y nunca vemos a una persona? Algunas de ustedes van a iglesias grandes, y otras a iglesias pequeñas, pero ¿cuántas veces pasamos justo al lado de la gente, los domingos, y no la vemos?

Mi ministerio, en mi iglesia local es lo que yo llamo «ministerio de pasillo». Es en los pasillos de la iglesia, antes y después del servicio, interactuando con otros. El domingo pasado, hablé con un hombre de 109 años de edad, y un niño de once años estaba empujando su silla de ruedas. También con una mujer, cuyo esposo tuvo que ser internado en un hospicio porque se está muriendo. Todo esto ocurrió en pocos minutos, después del servicio. Y son personas a las que puedo mostrarles amor y hablarles gracia, y por supuesto, Dios también me otorga gracia a medida que hago esto. Es la gente lo que importa.

Y soy muy propensa, a que tan pronto termina el servicio, me dirijo directo a la puerta.  Esa es mi tendencia natural, y es mucho más difícil para mí ir hacia las personas que no conozco y presentarme. Necesito a Jesús en mí para hacer eso. Y tú necesitas a Jesús en ti para hacer esto.

Jesús hizo eso por esta mujer. Ella viene y le dice a Él toda la verdad, y Él le dice a ella: «Hija» (v. 34). Yo no sé qué clase de relaciones familiares tenía esta mujer, pero no creo que hayan sido muy sanas debido a su condición. Ella era una marginada social.

Las personas están desesperadas por tener una familia. Están desesperadas por conectar con otras personas. Están desesperadas por pertenecer. Hay muchas personas, que aunque parezca que todo está bien, se sienten como que no encajan, marginadas. Y sabes, todas nos sentimos así hasta cierto punto. Puede ser debido al color de la piel, a la apariencia física, o a la historia que tenemos. Hay todo tipo de dificultades. Muchas razones por las cuales, nos sentimos que no pertenecemos y que a nadie realmente le importa.

Y aunque tengas una gran familia, hay partes en nuestros corazones, que se sienten desconectadas. Es la alienación que el pecado ha traído al mundo. Pero Jesús vino para redimir a los alienados y los aislados y a ponerlos en familias, en comunidad, primero con Él mismo, y luego con los demás.

Annamarie: Esta gran verdad que Nancy nos ha recordado trae mucho aliento a mi corazón. Ella regresará en breve.

«Quién» y «transparencia», son dos palabras que te ayudarán a recordar la enseñanza de hoy. «Quién», el hecho de que a Jesús le importa la gente; pues el ministerio no es acerca de deberes o tareas.

Y, «transparencia». A la mayoría de nosotras nos da temor ser transparentes. A veces hasta idealizamos a algunas personas, y cuando estas son transparentes, reaccionamos de manera incorrecta. Pero la transparencia, serlo y valorarlo, es un buen terreno para la redención.

¿Has pensado últimamente acerca de dónde está tu fe? Aquí está Nancy de regreso con nosotras.

Nancy: «Hija», me encanta esa palabra. ¿Cuándo fue la última vez que alguien la llamó hija? es una palabra de afecto, de compasión. «Hija, tu fe te ha sanado» (v.34).

Ahora, su fe no la hubiera sanado, si no hubiera puesto su fe en el objeto correcto, en Jesús. Ella había tenido antes fe en otros doctores, pero eso no la había sanado. Fue el hecho de haber puesto su fe en Jesús, lo que la sanó.

Y ya sabes, si has estudiado esto; que la palabra «salvado, sanado», es sozo en griego. Esta es la palabra que se usa para salvación, una y otra vez. De hecho, algunas  traducciones podrían decir: «Tu fe te ha salvado». Y el misterio aquí, claro, es que esto fue antes de la cruz. Así que la historia va haciéndose más clara a medida que se va desarrollando. Pero esta mujer experimentó libertad espiritual y sanación, pero pienso que también experimentó salvación espiritual eterna y sanación, por la fe que Dios había puesto en su corazón y ella obró conforme a eso.

«Y Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz y queda sana de tu aflicción.»

Ahora, recuerda, ella ya había sido sanada. Él tuvo este encuentro muy personal con ella porque, escucha, la finalidad de lo que nosotras hacemos, no es solo lograr que la gente ya no se deprima más, o que su matrimonio sea mejor, o que su hijo pródigo vuelva en sí. Todas estas cosas pueden suceder; pero si no vienen a los pies de Jesús durante el proceso, ¿entonces qué hemos logrado?

Y  pienso que tenemos una imagen de que no es solo hacer que la gente se sienta bien, que se sane. Lo importante es lograr que tengan una relación con Jesús. Es lo que nosotras también debemos lograr, en la medida en que hablamos de las mujeres a las cuales estamos ministrando, porque somos como esa mujer, en muchos sentidos.  Es fe en Él, acercarnos a Él, tocarlo a Él, lo que nos dará plenitud y salud en cuerpo, alma, y espíritu.

Ahora, parte de esa sanidad no la vamos a notar completamente de este lado del cielo. Y así, a medida que servimos a otras mujeres, y ministramos donde quiera que Dios nos haya puesto, yo espero que este pasaje, y lo poco que hemos visto de él, y cualquier otra cosa que Dios te muestre cuando lo estudies, te dé un sentido de perspectiva, esperanza y valor; y un sentido de lo que se trata este ministerio. Es para toda clase de personas, para las personas en la multitud.

Y, a propósito, tú no puedes amar a Jesús y no amar a la gente. Yo quiero aclarar esto. Porque estoy bromeando cuando digo que no me gusta la gente, y quiero estar segura de que entiendas que no creo que esa sea una característica que refleje a Cristo. Yo aspiro, anhelo amar a las personas. Y ¿sabes qué? Dios me ha puesto en situaciones donde estoy rodeada de gente porque Él quiere que yo sea más como Jesús.

Así que hay veces, en las que tú quisieras retírate a tu oficina, a tu habitación, a la casa, al computador, a algún lugar seguro, lejos de la gente. Y hay veces, cuando está bien alejarse de la gente, pero Dios sabe si nos estamos escondiendo y evitando estar con ella. Y Dios te pondrá en situaciones donde, si tú lo permites, vas a necesitar estar con la multitud, pero también será de gran bendición, si tú le pides a Él que abra tus ojos para ver a esa mujer que tiene una gran necesidad y hablarle a su vida palabras de gracia, esperanza y salvación, en nombre de Jesús.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth trayéndonos enseñanza práctica de la Palabra de Dios. Este mensaje fue grabado mientras Nancy enseñaba a un grupo de mujeres líderes de ministerio en Chicago.

¿Conoces tú alguna mujer en necesidad? ¿Eres tú esa mujer? Nancy nos ha estado ayudando a adoptar una visión de servicio a otros con un corazón amoroso. Aún cuando la necesidad que percibes es abrumadora.

Estar en el ministerio trae consigo gozo y bendición, pero también, te hace vulnerable a presiones y dificultades particulares. Mañana Nancy identificará peligros que, a aquellos que sirven al Señor, les pueden debilitar o causar el ser relegados. Ella también proveerá consejos bíblicos y prácticos para mantenerte fiel hasta la meta. 

Corriendo la carrera de la fe juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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