Aviva Nuestros Corazones Podcast

Grande es tu fidelidad

Temporada: Estad quietas

Annamarie Sauter: En una ocasión, el profeta Jeremías dijo:

«Ha entesado su arco y me ha puesto como blanco de la flecha. Hizo que penetraran en mis entrañas las flechas de su aljaba».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Alguna vez te has sentido como si Dios te estuviera usando como práctica de tiro al blanco? Si has vivido lo suficiente, llegará el día en el que probablemente te sientas de esa manera.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

«Grande es tu fidelidad». ¿Te suena familiar este título? Hoy Nancy compartirá con nosotras el rico trasfondo de este himno, como continuación de la serie, «Estad quietas».

Nancy: Bueno, espero que hayas disfrutado al igual que yo este pequeño viaje que hemos hecho a través de algunos himnos clásicos y canciones evangélicas a lo largo de estos últimos siete días. Esto no es frecuente en Aviva Nuestros Corazones. Usualmente enseño de algún texto, pero me encantan estos grandes himnos porque están arraigados en las Escrituras.

Espero que hayas sido estimulada al oír los detalles del trasfondo de estos himnos. Son parte de una colección de reflexiones instrumentales que se titula «Be Still».

Este CD estará disponible a través de nuestro ministerio.

Ha sido muy dulce ver cómo el Señor ha estado usando este nuevo CD para ministrar gracia y ánimo a muchos corazones.

Tengo una amiga que me escribió diciéndome:

«He estado cuidando a mi querido padre, cuyo último aliento está muy cerca. Esto es agridulce. Quiero que se acabe el sufrimiento y que cese la lucha. Pronto él entrará a la gloriosa presencia de Dios, y al estar consumida con la adoración, te doy las gracias por guiarme al trono de la gracia esta noche».

Ella acaba de recibir una copia del CD y lo está escuchando y cantando en su corazón al Señor con himnos que ella había escuchado cantar a su padre hace muchos años. Ahora, ella me dijo que el CD le ministró gracia en su corazón, en esos momentos en que su padre estaba por partir hacia la presencia del Señor.

Este CD no es solo para aquellas que están en angustia y sufrimiento, aunque he visto a Dios realmente usarlo para ministrar a algunas personas que sufren, sino que también es una gran forma de afirmar las verdades de la palabra de Dios cuando pensamos, no solo sobre las hermosas melodías, sino en las letras, en los textos, en las palabras que van con estos himnos. Si obtienes el CD tendrás todas las letras dentro del mismo para tu conveniencia.

Quiero terminar esta serie compartiendo un poco del trasfondo de un himno que creo que es muy famoso y conocido para la mayoría de nosotras es, «Grande es Tu fidelidad».

El título original de este CD, cuando teníamos planeado hacerlo, era Fiel. Y fue porque estaba celebrando mis cincuenta años de haber conocido a Cristo, yo quería darle las gracias al Señor —aún lo hago— por Su fidelidad a lo largo de todos estos años. También quería expresar mi oración y mi deseo para que Él me diera la gracia para serle fiel en la carrera hasta la meta final.

Me encanta ese himno, «Grande es Tu fidelidad», y hoy quiero que nosotras reflexionemos sobre su trasfondo y significado.

Thomas Chisholm vivió desde 1866 hasta 1960. (Haz la cuenta. Él vivió hasta más o menos sus noventa años.) Nació en una cabaña en Kentucky y debido a problemas de salud a lo largo de toda su vida, luchó a través de todos esos años por ganarse la vida. Tenía que ir de un trabajo a otro porque estaba limitado a lo que podía hacer por su salud. Pero durante el curso de su vida, escribió alrededor de mil doscientos poemas, muchos de los cuales se han convertido en prominentes textos para himnos.

Ahora, algunos de los himnos de los que hemos hablado en esta serie, muchos de ellos, fueron escritos como resultado de una experiencia dramática. Si piensas en «Es tan dulce confiar en Cristo»… Y como Louisa Stead miraba a su esposo ahogarse tratando de salvar a un joven que se estaba ahogando, y luego viendo cómo Dios proveyó para sus necesidades ella siendo viuda y con una niña pequeña, ella escribió, «Es tan dulce confiar en Cristo».

Hemos oído algunas historias dramáticas detrás de algunos de estos himnos, pero este himno es diferente. Fue escrito simplemente del hecho de que Thomas Chisholm se dio cuenta de la fidelidad de Dios diariamente en su vida, «cada mañana la veo en mí», las nuevas misericordias de Dios.

Chisholm escribió este texto y después se lo mandó a un amigo que era profesor de música en el Instituto Bíblico Moody. Este profesor lo leyó; le encantaron las palabras, y escribió la música que conocemos, la melodía con la que hemos cantado este himno a través de los años.

Y aún así este himno permaneció relativamente desconocido hasta que fue hecho famoso por un cantante llamado George Beverly Shea, quien lo cantó en las cruzadas evangelísticas de Billy Graham alrededor del mundo. Y fue así como «Grande es Tu fidelidad» se convirtió en un himno bien conocido.

Poco antes de su muerte en 1960 a la edad de noventa y cuatro años, Chisholm escribió esto.

Mi ingreso nunca ha sido abundante debido al deterioro de salud desde mi niñez hasta el día de hoy. Pero no puedo dejar de recordar la constante fidelidad de un Dios que guarda Su pacto y que me ha dado maravillosas evidencias de Su cuidado que me ha llenado de una asombrosa gratitud.

Eso fue escrito por un hombre a punto de ver al Señor después de haber vivido noventa y cuatro años aquí en la tierra, y dice, «Tengo que contarte sobre la constante fidelidad del Dios de pacto». Eso es lo que está reflejado en estas palabras con las que estás familiarizada:

Oh Dios eterno tu misericordia, ni una sombra de duda tendrá. Tu compasión y bondad nunca fallan y por los siglos el mismo serás. Oh Tu fidelidad, oh Tu fidelidad, cada momento la veo en mí. Nada me falta pues todo provees, grande Señor es tu fidelidad.

Ahora, probablemente estés consciente de que este himno, al menos el coro, está inspirado en dos versículos muy familiares que se encuentran en el libro de Lamentaciones en el capítulo 3. Tú quizás no sabías dónde se encontraban, pero los has escuchado antes. Permíteme leértelos:

«Las misericordias del SEÑOR jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es Tu fidelidad!»

Probablemente reconociste esos versículos porque los habías escuchado en «Grande es Tu fidelidad», y son los versículos 22 y 23 de Lamentaciones capítulo 3.

Pero ¿alguna vez te has detenido a leer el capítulo entero? ¿Te has preguntado de qué tratan los versículos del 1 al 21 de ese capítulo? Acabamos de leer en el versículo 22 sobre las interminables misericordias del Señor. ¿Estás familiarizada con el contexto de esos versículos sobre la fidelidad, las misericordias y la compasión del Señor? Si ves esos versículos en su contexto más amplio, los hacen aún más significativos.

Ahora, en el contexto del libro completo de Lamentaciones, estamos leyendo sobre un individuo y también sobre la nación de Israel, está lo personal y lo corporativo reflejado aquí. Están quienes están sufriendo adversidad y prueba, y sucede que están bajo la mano castigadora de Dios.

Lamentaciones, ya de por sí el nombre de este libro es «un lamento», es triste. Entonces ¿cómo obtienes estos hermosos versículos sobre el perfecto amor de Dios y Sus misericordias que nunca terminan, y que son nuevas cada mañana, y grande es Tu fidelidad? ¿Cómo encuentras esa perla en estos versículos, en un libro llamado Lamentaciones?

Quiero leerte los primeros veintiún versículos de Lamentaciones capítulo 3. Si tienes tu Biblia, te invito a ir ahí. Lamentaciones viene justo después de Jeremías. Fue escrito por Jeremías, quien era conocido como el profeta llorón. Él lloraba porque tenía que darle un mensaje al pueblo de Dios, que era un mensaje de juicio y de castigo por sus pecados. Él les rogaba que se volvieran de sus malos caminos, pero no lo hicieron. Y así terminaron yendo a la cautividad.

Entonces Jeremías escribió el libro de lamentaciones. Es un libro de duelo por la condición de apostasía del pueblo de Dios. Permíteme leer el versículo 1 de Lamentaciones capítulo 3:

«Yo soy el hombre que ha visto la aflicción bajo la vara de su furor. Él me ha llevado y me ha hecho andar en tinieblas y no en luz. Ciertamente contra mí ha vuelto y revuelto su mano todo el día.

Ha hecho que se consuman mi carne y mi piel, ha quebrado mis huesos. Me ha sitiado y rodeado de amargura y de fatiga. En lugares tenebrosos me ha hecho morar, como los que han muerto hace tiempo.

Con un muro me ha cercado y no puedo salir, ha hecho pesadas mis cadenas. Aun cuando clamo y pido auxilio, Él cierra el paso a mi oración» (vv. 1-8).

Y mientras leo esto, sé que hay algunas de ustedes que están escuchando estas palabras, que dirían, «eso describe un poco donde me encuentro ahora mismo». O quizás describe dónde has estado en algún momento en el pasado, tal vez no en esa intensidad o en este grado, pero quizás te puedes identificar con esos días cuando te sientes que llamas y clamas a Dios por ayuda pero Dios parece que cierra el paso de tu oración. Te puedes identificar con algunas de estas frases. Creo que todas en algún momento nos podemos identificar por lo menos con algunas de ellas.

Él continúa diciendo:

«Ha cerrado mis caminos con piedra labrada, ha hecho tortuosos mis senderos. Él es para mí como oso en acecho, como león en lugares ocultos. Ha desviado mis caminos y me ha destrozado, me ha dejado desolado. Ha entesado su arco y me ha puesto como blanco de la flecha» (vv.9-12).

¿Alguna vez te has sentido como si Dios te estuviera usando como práctica de tiro al blanco? Si has vivido lo suficiente, llegará el día en el que probablemente te sientas de esa manera.

«Hizo que penetraran en mis entrañas (en mis partes más íntimas) las flechas de su aljaba. He venido a ser objeto de burla de todo mi pueblo, su copla todo el día. Él me ha llenado de amargura, me ha embriagado con ajenjo.

Ha quebrado con guijarro mis dientes, ha hecho que me revuelque en el polvo. Y mi alma ha sido privada de la paz, he olvidado la felicidad. Digo, pues: Ha perecido mi vigor, (no puedo seguir adelante, no tengo fuerzas) y mi esperanza que venía del Señor» (vv. 13-18).

¿Podría haber alguna otra súplica más desesperada que la oración en este capítulo? Esta es una descripción de un santo luchando, una persona en lucha que dice, «no tengo más fuerzas, y he perdido toda mi esperanza. No tengo más esperanza. Estoy desesperado».

Y luego él dice en el versículo 19:

«Acuérdate de mi aflicción y de mi vagar, del ajenjo y de la amargura. Ciertamente lo recuerda y se abate mi alma dentro de mí».

Pero (en el versículo 21 viene el momento crucial) y dice: «Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza».

Aquí tenemos a una persona que dice, «no tengo esperanza». No tengo más fuerzas. No puedo continuar. No puedo seguir. Dios me está usando como tiro al blanco. Con muro me ha cercado, no puedo salir; no puedo encontrar el camino para salir de este desastre. Estoy deprimida. Mi vida es amargura y aflicción, y todas las cosas de las cuales hemos leído, pero esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza.

Entonces ¿cuál es la fuente de esperanza en este momento crucial de este capítulo? ¿Es algún cambio en las circunstancias de este hombre? Es como si de repente las nubes se hubieran levantado y todo se volviera color de rosa y alegría. ¿De repente se siente feliz y se deleita y todo va bien, él se ganó la lotería, su esposa y sus hijos regresaron?

¿Es algún cambio en sus circunstancias? No. Lo que sucede en este momento crucial es que lo que le da esperanza es el carácter inmutable de Dios. Versículo 22, leímos este versículo anteriormente, pero ahora vamos a leerlo a la luz del contexto de lo que acabamos de leer:

«Las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades».

El amor misericordioso es la palabra en hebreo «hesed» que significa «un pacto de misericordia». El pacto de amor de Dios. Dios quien nos ama y guarda Sus promesas, aun cuando no lo merecemos.

Aun cuando estamos alejadas o nos descarriamos, las misericordias del Señor jamás terminan; aun cuando Él castiga a Sus hijos, aun cuando nos disciplina, aun cuando Él hace difícil nuestras circunstancias para presionarnos a buscarlo a Él, Su amor jamás termina, Sus misericordias no tienen fin. A pesar de lo que parezca, o de cómo se sienta, la verdad es que las misericordias de Dios para Sus hijos nunca terminan.

Y no solo eso, sino que son nuevas cada mañana. Nunca se agotan. Nunca se gastan, no se terminan. Es que todas las mañanas hay nuevas misericordias.

Grande es Tu fidelidad aun cuando somos infieles; aun cuando somos propensas a alejarnos de Él, como vimos anteriormente en esta serie, grande es Su fidelidad.

Y continúas leyendo estas palabras de la fidelidad, del amor de pacto de Dios y Sus misericordias. En el contexto de una persona que está sufriendo grandemente, qué buen recordatorio de cómo Él es nuestra esperanza, nuestra fuente de consuelo, nuestra fuente de ánimo, nuestra habilidad de seguir adelante en las circunstancias difíciles de la vida.

Algunas veces estas circunstancias difíciles pueden ser una disciplina de Dios. Otras es solo la vida en este mundo caído. Otras veces es Dios queriendo hacer algo hermoso en las vidas de otros y nos está usando a nosotras como instrumento para hacer esa obra.

Verás, es inexplicable; es un misterio. No lo podemos ver. No entendemos completamente por qué Dios hace estas cosas, pero en medio de todo eso, nuestra esperanza, coraje, gracia y firmeza no es que somos fieles, sino que Él es fiel. Nos apoyamos y confiamos en su inmutable gracia.

El profeta continúa diciendo en el versículo 24:

«El Señor es mi porción, dice mi alma por eso en Él espero»

Esta es la tercera vez que vemos esa palabra en este pasaje. Primero no tengo esperanza, luego sí tengo esperanza, y ahora mi esperanza está en el Señor.

«Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que le busca» (v.25).

El Señor es bueno y esa fidelidad de Dios sobre la que Thomas Chisholm escribió, habiendo pasado por altas y bajas y los rigores de la vida, luchando para ganar su sustento y tratando con su salud frágil, esa fidelidad de Dios es vista de formas distintas, a través de distintos lentes, si tan solo miráramos alrededor y viéramos.

En la segunda estrofa de este himno podemos ver esa fidelidad de Dios en la naturaleza.

La noche oscura, el sol y la luna, las estaciones del año también, unen su canto cual fieles criaturas, porque eres bueno por siempre eres fiel.

Como saben, el invierno aquí en Michigan es más o menos como Narnia antes de que Aslan llegara. Durante meses y meses tenemos cielos grises, mucho frío y unos palos en la tierra a lo que llaman árboles, pero estos solo parecen palos en esta estación del año porque es oscuro, triste, frío y húmedo.

Pero aún así, cada año sabemos que vendrá la primavera. Sabemos que habrá nueva vida y anticipamos eso. ¿Por qué? Porque Dios es fiel en las estaciones del año, verano, invierno, primavera, otoño, el sol, la luna y las estrellas. El sol se oculta al anochecer, pero sabemos que vendrá en la mañana. Lo sabemos. Aunque haya un atardecer, habrá un amanecer día tras día.

¿Quién crees que mantiene el curso de todo esto? ¿Cómo crees que sucede? Hay un fiel Creador que no solo hizo que este mundo existiera por el poder de Su Palabra. Lo mantiene existiendo por el poder de Su Palabra. Él es un Dios, fiel, fiel, fiel, y toda la naturaleza a nuestro alrededor testifica de Su gran fidelidad, misericordia y amor.

¿Cómo es posible que alguien pueda mirar todo esto y no creer en un fiel Creador? Hay que ser muy rebelde. Es rechazar la luz que nos ha sido dada. Día a día, noche tras noche, año tras año, estación tras estación, Dios es fiel.

Tenemos evidencias visibles de la fidelidad de Dios. Están a nuestro alrededor, pero aún hay más. Verás, en la próxima estrofa del himno, el autor está alabando a Dios por Su fidelidad, por nuestra salvación y también por otras bendiciones espirituales intangibles. Él nombra algunas.

Tú me perdonas, me impartes el gozo, tierno me guías por sendas de paz; eres mi fuerza, mi fe mi reposo y por los siglos mi Padre serás.

La versión en inglés literalmente dice en esta última línea: Bendiciones todas mías, y diez mil más a su lado.

Me gusta cantar eso diciendo diez millones al lado, o diez mil millones, millones, millones al lado. Lo que quiero decir es ¿cuántas bendiciones? Incontables bendiciones. Entre ellas: perdón de pecado, paz, la presencia de Dios que nos anima y nos guía. Él nos da la fuerza para hoy cuando somos débiles. Él nos da esperanza para mañana cuando sentimos que no hay. Lo vimos en Lamentaciones capítulo 3. ¡Bendiciones todas mías, con diez millones al lado!

Oh tu fidelidad, oh tu fidelidad, cada momento la veo en mí. Nada me falta pues todo provees, grande Señor es tu fidelidad.

Permíteme animarte a hacer un hábito, cuando pienses en eso, escribe acerca de la fidelidad de Dios, para poder mirar atrás y ver cuál ha sido su curso, regístrala. Haz una lista. Ponla en tu laptop, ponla en tu teléfono. Sigue el rastro de lo que Dios está haciendo. Pídele que te de ojos para ver Su fidelidad. La experimentamos todo el tiempo, pero muchas veces no prestamos atención y no nos damos cuenta. No nos damos cuenta que eso es lo que es.

Cuando ves el atardecer, agradécele a Dios Su fidelidad. De he hecho, tengo un hábito y estoy un poco dudosa si deba contarles, porque no me gustaría que nadie oyera esto, pero veo más atardeceres que amaneceres. Pero cuando veo amaneceres a lo largo de los años, mi hábito ha sido cantar ese himno, «Grande es Tu fidelidad». A veces estoy con más personas y puedo cantar con ellas mientras vamos de camino a alguna conferencia temprano en la mañana del sábado o cuando sea.

Grande es Tu fidelidad. Pídele a Dios que te dé ojos para ver Su fidelidad y después repasa Su fidelidad. Y vuelve a recordarla una y otra vez. ¿Cómo Dios ha sido fiel contigo en el pasado? Cuando el presente se parece a ese principio de Lamentaciones capítulo 3, pregúntate: «¿Dejará Dios de serme fiel ahora? ¿Seré la primera persona en la historia a la que Dios le sea infiel?» ¡No lo creo! Por eso necesitamos ejercitarnos recordando, repasando la fidelidad de Dios.

Luego recuerda que Jesús es la completa expresión de la fidelidad de Dios. Él fue el fiel Sumo Sacerdote. Él es el fiel Sumo Sacerdote. Él nunca cambia. Apocalipsis capítulo 1 lo llama, «el testigo fiel». Apocalipsis capítulo 19, habla de cuando ese hombre en el caballo blanco viene a tomar el mundo entero y dice: «Y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero». No es nadie más que Jesús.

Y recuerda cuando sientas que no te puedes aferrar a Él por más tiempo, ha habido momentos en los que me he sentido así, «Señor, si dependiera de mí ser fiel…» recuerda que no es tu fidelidad. Es la suya.

«Y aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría. Al único Dios nuestro salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos. Amén» (Judas 24-25).

Él es un Dios fiel. Te mantendrá fiel.

Así que mi oración por ti es esa bendición de 1 Tesalonicenses capítulo 5:

«Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará» (vv.23-24).

Annamarie: La música que escuchas es un instrumental a piano del himno, «Grande es tu fidelidad». Lo puedes encontrar en el CD que Nancy DeMoss de Wolgemuth grabó, titulado, «Be Still» («Estad quietas»).

Puedes obtener este CD a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Los hermosos arreglos de los himnos están diseñados para guiarte a la paz de Jesucristo, y las melodías te ayudarán a recordar las preciosas verdades bíblicas contenidas en sus letras. Adquiérelo hoy, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que la vida no necesariamente se pone más fácil en la medida en que pasan los años. Pero ella te dirá por qué puedes confiar en Dios todos los días de tu vida. Esto será mañana, en una próxima serie de Aviva Nuestros Corazones, ¡te esperamos!

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Great Is Thy Faithfulness, Nancy Leigh DeMoss, Be Still ℗ 2013 Revive Our Hearts. Cación usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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