Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Grandes pecadores restaurados (La historia de «Lucía»), día 2

Patricia de Saladín: Porque vivimos en un mundo caído, enfrentamos situaciones dolorosas; y podemos reaccionar a estas aferrándonos a la verdad de Dios o pensando como aquellos que no conocen a Dios.

Lucía: Mi mamá me sentaba y me decía, «vamos a salir adelante. Tiene que estudiar porque usted no le puede pedir más adelante a un hombre para una toalla higiénica, para una blusa, para un pantalón, para unos zapatos. Los hombres le dan una patada por la espalda. 

De manera más estructurada, en la universidad te muestran el feminismo como, «esta es la causa por la que toda mujer debe luchar. Esto nos compete a todas».

Patricia: Y tú, ¿te has visto pensando de esta manera? 

Aún cuando hemos tocado fondo, debemos recordar que en Dios tenemos esperanza.

Lucía: Era claramente el vivo reflejo de la mujer de Proverbios 7, que iba la iglesia pero que salía a hacer lo indebido, para convertirme lentamente –y no creo que lo sea en este momento, pero por lo menos me lleva en el camino a la mujer de Proverbios 31. 

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Aquí está Patricia.

Patricia: Si tienes niños pequeños cerca, es mejor que distraigas su atención. Hoy continuamos con la historia de una mujer a la que hemos llamado Lucía, titulada Grandes pecadores restaurados. Si te perdiste la primera parte, encuéntrala en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Ayer escuchamos acerca del pecado en la vida de Lucía y en la vida de su esposo, y cómo Dios comenzó a restaurarlos individualmente en medio del caos provocado por el adulterio y el legalismo. Dios usó el libro En busca de Dios, escrito por Nancy DeMoss Wolgemuth y Tim Grisom, para restaurar también su matrimonio; y esto a través de una amiga que también se vio confrontada al hacer el estudio.

Amiga: Para mí, el darme cuenta, tener al lado a mi amiga con un problema de adulterio, me sentía más adúltera que ella a pesar que yo no lo había hecho físicamente. Pero mi corazón era tan adúltero o peor que el de ella. Entonces, el darme cuenta de mi pecado, de esos pecados que uno cree que no son lo suficientemente grandes, el darme cuenta que mi pecado de orgullo, de hacer checklist, «okay, la mamá perfecta, la esposa perfecta, la casa súper arreglada», el darme cuenta que ese sentimiento estaba en mi vida –el sentimiento de tomar el lugar de Dios– me hizo dar cuenta que era peor de pecadora que mi amiga.

Yo creo que ese libro, yo le decía ella, que le daba muchas gracias a Dios por el pecado que usó en ella, porque ese pecado fue el que me lo reveló a mí. Y creo que la vida de las dos empezó a cambiar. Desde ese día, no ha pasado un día en que yo no oiga Aviva Nuestros Corazones.

Patricia: Lucía nos cuenta el efecto que buscar a Dios tuvo en su vida.

Lucía: Entendí, cuando vimos el capítulo de la obediencia, Juan 14:15: «Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos». Yo no guardé Tus mandamientos, por ende mentirosa yo. Yo no te amaba y me creía la mentira de que «sí, yo soy buena persona, y sí, yo voy a la iglesia». No hay pecado grande, y no hay pecado pequeño para el Señor. El pecado es pecado delante del Señor, pecaste y te fuiste en contra de Su ley.

Y el evangelio aquí se hizo claro para mí, porque lo había escuchado pero no lo había vivido. Entendí el valor del sacrificio de Jesús en esa cruz; entendí que lo hizo por mí, por ese pecado que cometí y por los tantos que iba a cometer. Empecé el proceso de leer sin saciarme de la Palabra, de necesitar la Palabra. Y cuando leía la Palabra eran –al principio– como latigazos. Estaba muy claro. Y claro, cuando tú pecas, sí, el Señor te puede restaurar. El Señor te levanta. Pero eso no quiere decir que tú no pasas por la cruda realidad de la consecuencia del pecado. El pecado trae su consecuencia y si es un acto como el que yo cometí, wow, iba a ser duro; pero no imposible para el Señor.

Patricia: Por otro lado, Dios también estaba obrando en el corazón de su esposo.

Esposo: Fue un día en la iglesia, en medio de la adoración, que estaba quebrantado cuestionando a Dios por lo que yo estaba viviendo. Les repito, tenía un alto concepto de mí mismo, y no entendía por qué Dios había permitido lo que había permitido, si yo después de todo le había servido durante tantos años. Pero mi esposa procuraba rescatar el hogar. Ella insistía en que recuperáramos el hogar.

Lucía: Empiezo a buscar a mi esposo, a suplicarle perdón, y él por su lado –por supuesto y con toda razón– cortante, pero también buscando al Señor. Sí, herido, lastimado, cuestionado, pero buscando del Señor. 

Patricia: Dios abre los ojos de su esposo, de modo que pudiera verla y verse a sí mismo conforme a la verdad. Y también Dios abriría los ojos de Lucía, para tomar algunas decisiones importantes. 

Esposo: Así que entendí el acto redentor y la gracia derramada en esa cruz hacia mi esposa. Y el evangelio fue más claro para mí ese día. No fue que entendí el evangelio, ese día lo sentí. 

Y pensé, «si Cristo me perdonó toda mi porquería, toda mi suciedad, me limpió toda mi suciedad porque eligió amarme y no desecharme por mi pecado, ¿por qué yo no podía hacerlo con ella? Si Cristo me perdonó una deuda tan grande, ¿por qué yo no podía perdonar una deuda mucho más pequeña? Y no solamente ella era una pecadora urgida de la misericordia de Dios, ese día entendí que yo también era un pecador urgido de la misericordia de Dios.

Yo estaba más urgido que ella, mi condición era peor. Supe y entendí ese día lo fariseo e hipócrita que había sido. Tenía un más alto concepto de mí mismo, tenía una autojustificación en la supuesta buena conducta y una piedad mentirosa. Y aunque entendía el concepto de gracia, realmente había un pequeño porcentaje en el que yo decía, «yo ahí tengo parte; en un pequeño porcentaje yo merezco algo de la gracia».

Ese día vino a mi mente el pasaje de Efesios 5: «Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella». Y pensé, «por Su gracia Él me amó. Él se entregó por mí. Él ha sido fiel y yo he sido infiel a Él. No le he amado, le he menospreciado y he menospreciado Su presencia. No valoré Su presencia, le he rechazado cuando mis deseos se interponen. He sido rebelde, he sido traidor, y aún así Él eligió amarme y entregarse por mí.

¿Por qué? ¿Por qué Él elige amar a quien no le ama, entregarse por alguien que no está interesado por Él y permanecer fiel a alguien que no le es fiel? Y aunque realmente no logré llegar al fondo de las respuestas o no logré encontrar la respuesta a esas preguntas, si tenía claro que Él me estaba pidiendo que hiciera lo mismo que Él hizo conmigo, con mi esposa, para mostrar Su glorioso evangelio. Decidí recuperar mi matrimonio y restaurarlo. Llamé a mi esposa, le dije que quería restaurar el matrimonio y que necesitaba hablar con ella. Le pedí perdón por todo el mal que había hecho, pero más aún por todo el bien que dejé de hacer.

Igualmente, ella se tiró en mis pies y abrazando mis pies me suplicaba perdón. Yo no quería que ella estuviera ahí en el suelo, quería que se levantara y me sentía muy mal de ver su humillación. Pero realmente tenía un corazón humillado.

Lucía: Cuando él me busca, me cuenta lo que pasó y empezamos el duro proceso de restaurar. Y bueno, no fue nada fácil. Ya hemos avanzado varios años, y el Señor ha restaurado milagrosamente este matrimonio, del que no había nada, nada rescatable, y por mi parte me hizo abandonar las ideas mentirosas que Satanás me había puesto; ideas de éxito allá afuera; «tienes una hija, tienes un esposo, pero no importa, trabajas y te comes el mundo». Y el Señor derrumbó estas ideas, me mostró y me hizo confiar en Él de estar en casa. «Vas a estar en casa cuidando de tu familia como lo debe hacer una mujer».

Esposo: Realmente, Dios había estado obrando en la vida de mi esposa a través de diferentes medios y personas, pero de manera especial a través de la Palabra y de Aviva Nuestros Corazones, mi esposa había estado renovando su mente. En poco tiempo se había convertido milagrosamente en una mujer verdadera, que había renunciado a la agenda del mundo, al éxito que le prometía una carrera profesional en el periodismo donde ya estaba siendo asediada en buenos trabajos, y había determinado renunciar a su sueño y dedicarse a su casa; había determinado buscar ser esa mujer de Proverbios 31.

Soy testigo de esa transformación. Veo en ella una mujer esforzada en ser apacible, entregada, sumisa, sabia, responsable, respetuosa, dulce, piadosa, servicial, noble, ama de casa, quién me apoya, cuida y atiende. Realmente estoy aterrado de la mujer que hoy en día tengo a mi lado, y doy gloria y gracias al Señor. Sé que somos humanos y seguimos aún en medio de mucha necesidad de la santificación de nuestro Señor en nuestra vida, pero puedo decir que la mujer que tengo a mi lado es la mujer con la que siempre quise estar. Y pensé que nunca iba a llegar.

Lucía: Vale la pena caminar, atravesar las crisis que serán inevitables por el pecado. El pecado tiene consecuencias y lastimosamente esas consecuencias fueron ocasionadas por nosotros. Entonces, en todo este caminar, con mi deseo de un hijo más, mi esposo escucha el episodio De muerte a vida…

Patricia: Esta es una serie de programas que transmitimos acerca del poder redentor de Dios en un matrimonio…

Annamarie: Con nosotras Laura y Fausto González.

Fausto: Antes que correr a un aborto, corre a la Palabra de Dios, corre al consejo de Dios y no hagas lo que te dicen los que no conocen a Dios, o los que dicen conocerlo pero que no viven conforme a Su revelación.

Laura: Nosotros retamos a los jóvenes a que busquen la voluntad de Dios en la Palabra y no en la cultura, no en las conveniencias de los deseos o en la comodidad.

Fausto: La realidad es que no se trata de nosotros, se trata de Dios, se trata de Su gloria, de conocer Su voluntad aunque no la entendamos, y que aunque vaya en contra de nuestras opiniones y nuestros deseos egoístas, debe prevalecer. Si decimos ser cristianos, debe prevalecer lo que Dios ha dicho.

Lucía: Sin mentir, escuché la serie –que para mí fue muy corta– cuatro veces; y mi hija me dice, «mamá, pero por qué tantas veces escuchamos esto». Wow, esto estaba siendo para mí…aparte que me escudriñó, porque en mi promiscuidad temprana, adolescente, tomé pastillas de postday, y entendí con este programa, «tú, probablemente abortaste también». Entonces, claro, fue un arrodillarme una vez más y decirle al Señor, «no puede ser que todos los pecados, todos los pecados, en todos estoy yo ahí metida. Unos por unas cosas pero yo estoy en todos. Señor esto me hace depender de ti, necesito más de ti». Y como dice la Palabra en primera de Corintios 1 27 al 31: «Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios. Pero por obra Suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención, para que, tal como está escrito: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”». 

Me glorío en el Señor, sí, de los pecadores ahí estoy de primera. Soy la peor, pero el Señor me ha dado una nueva identidad. 

Miró atrás y digo, «por supuesto, en mí no hay nada rescatable, pero miren a Cristo. Él es el que nos rescata, a mí me sacó de lo más profundo, de donde yo jamás pensé que alguien podría sacarme». 

Esposo: También debo decirles que la intervención sabía de pastores que tengan buenos fundamentos bíblicos, es fundamental en circunstancias como estas. Porque su intervención fue crucial en la reconciliación y la restauración de mi matrimonio. Así que les animo a buscar hombres sabios y mujeres sabías, que les guíen conforme a la Palabra de Dios, en situaciones tan difíciles, cuando carecemos de sabiduría.

Patricia: Lucía nos cuenta más sobre cómo sus pensamientos distorsionados acerca de la feminidad fueron cambiando a la luz de la verdad de Dios. 

Lucía: Hace un año largo, leí una publicación del blog de Mujer Verdadera que hablaba sobre el feminismo. Me encantó y me llamó la atención algo que decía, y es: «el feminismo es una forma de hacernos a nosotras mismas un ídolo». ¡Es increíble! Es una forma de levantar ídolos delante de nosotras. La sujeción, me sujeto hoy en día por la misericordia y la gracia del Señor. Me sujeto alegre a mi esposo. Pero no era fácil para mí…«ay, usted por qué sí puede y yo no puedo, por qué sí puede trabajar y yo no, qué le da miedo…» 

No, entendí que no era eso. Es el orden del Señor. Mi esposo el Señor lo puso para proveer nuestro hogar y gloria al Señor yo puedo estar en casa con mis hijas. Esto es inimaginable. El Señor ha hecho algo milagroso en mí, en mi matrimonio. Esto ha sido un caminar de altos y bajos, de ir y venir, de avanzar dos pasos y retroceder uno, pero vamos viviendo al día. Cada día trae su afán, pero sin duda, el Señor nos restauró. Hoy yo soy una pecadora perdonada, redimida, y restaurada. Entiendo perfectamente cuál es mi rol, lo abrazo, lo recibo con gozo, con gratitud. Sé que el mundo me puede ofrecer muchas otras cosas, pero mi tesoro está escondido con Cristo.

Hay algunos versículos de la Biblia que entendí en los momentos de dificultad, y ya después siendo consciente de lo pecadora que soy, y que necesitaba de un Salvador para una vida eterna. Colosenses 3:1-3, dice: «Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios».

Yo morí, morí totalmente a mí, sin importar qué. No importa en este momento si tengo amigas de la universidad que salen en televisión presentando –quizá lo que pude haber hecho– no importa, yo tengo un tesoro mayor.

Patricia: Dios nos llama a cada una de nosotras a fijar nuestros ojos en Él, y esto lucirá diferente según la etapa de vida en que nos encontremos

Una vez restaurado su matrimonio, ahora, restaurando su maternidad.

Lucía: Nace nuestra segunda bebé…

Esposo: Una vez nos reconciliamos, el Señor nos regaló otra bebé que se llama Celeste, tiene 8 meses, y junto a su hermana María Paz, que ya tiene casi 5 años, hoy en día disfrutan de un hogar unido, rescatado por la gracia de nuestro Señor Jesucristo con Su poderoso evangelio.

Lucía: Ha sido un gran regalo. Mi esposo en este momento también se cierra un poco a la posibilidad de más hijos. Increíble, el Señor, incluso con esto, me lavó, me limpió totalmente. Yo era, «cero hijos». Mi mamá, después, devolviéndome un poco, después de que se casó tuvo más hijos y yo fui la niñera de todos estos hijos. Entonces mi visión frente a los hijos era, «no voy a tener más hijos, no voy a tener nunca hijos, no. Estudio, trabajo, gano plata…¿hijos? Sería lo último en lo que yo pudiera pensar».

Para este momento de mi vida, ya con mis dos hijas, pidiéndole suplicándole al Señor que cambie la mentalidad de mi esposo. Yo quiero otro hijo. «Si este fue el ministerio que Tú me diste, si voy a trabajar en mi casa por el resto de mi vida, okay, ocupémonos y ocupémonos bien. Con mis hijas…o hijos». 

Y hace unas cuantas semanas sale un programa –todo este lapso de tiempo Aviva Nuestros Corazones fue un trabajar diario, tanto en mi esposo como en mí. En programas en los que mujeres habían ocasionado el mismo daño que yo ocasioné a mi esposo, a mi esposo le llegaban los mensajes y decía, «no entiendo por qué estoy escuchando cosas para mujeres. Lo que él no sabía era que eso era para él, y aunque se estuviera dirigiendo a mujeres, olvídese, el evangelio es uno para todos.

Patricia: Dios, en Su misericordia, también obró en el corazón de la madre de Lucía, y juntas dejarían un legado en las vidas de sus hijas.

Lucía: Y bueno, mi mamá está en su proceso con el Señor, con el deseo de que podamos dejar este legado a las generaciones que vienen. Estamos criando a nuestras hijas en el temor y amonestación del Señor en la Palabra, no dándoles a nuestras hijas consejo del ser humano sino el consejo bíblico, que en un futuro ellas puedan recordar, «porque, de tal manera amó Dios al mundo que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda…» Que mi hija pueda pensar en un futuro, «ahí está Jesucristo», enseñándole el evangelio, no el evangelio de la prosperidad que te enseñan hoy, no. Eres pecador. Confrontarlas con su pecado y entender, las amo, amo a mis hijas, amamos a nuestras hijas, pero ellas son unas pecadorcitas y futuras pecadoras en potencia si es que el Señor no las rescata. 

Mi matrimonio, mi vida de madre, mi percepción como mujer, fue un antes y un después de que el Señor en Su misericordia y en Su gracia, pusiera este ministerio en mi camino. La gloria para el señor Jesucristo. Gloria, honra, alabanza, honor al Rey de reyes, al que volverá y al cual nosotros esperaremos y podremos ver cara a cara. Hay esa esperanza, nuestra recompensa está arriba, no acá en este mundo caído, está escondida con Cristo.

Esposo: Es una mujer transformada, es una mujer que…admiro tanto su madurez, cómo ahora ha asumido la vida, su rol de mamá, su rol de esposa día a día aquí en la casa, y yo sé que cada día ella se alimenta a través de este ministerio y ha sido una bendición para mi familia y para mi hogar. No tengo como agradecerles. Alabo y agradezco a mi Señor Jesucristo quién ha tenido tanta paciencia conmigo y me ha regalado el hogar que siempre quise tener y que a pesar de la adversidad y los momentos tan difíciles que tuve que vivir, Él los usó para bien. Porque Él es fiel a Su Palabra y a Sus promesas.

Seguimos siendo una familia, y el evangelio salvó nuestro matrimonio.

Lucía: El Señor es increíble, es asombroso. Él Señor es tanto que nuestro entendimiento jamás podrá comprender todo lo que nuestro Señor Dios poderoso puede llegar a hacer. Mi vida fue un antes y un después de la obediencia que el Señor puso en mí y tener respeto por el Dios que creó los cielos y la tierra. Dios no puede ser burlado. Ya no vivo yo, ahora Cristo vive en mí. No me interesa ser yo porque destruyo siendo yo. Que el Señor siga siendo.

Patricia: Has estado escuchando la historia de la misericordia de Dios en las vidas de dos grandes pecadores, como tú y como yo. Ciertamente en el evangelio de Jesús hay poder para salvar y para restaurar. Y tú, en medio de las circunstancias particulares en que te encuentras, ¿estás buscando a Dios? ¿Abrazas Su verdad revelada en la Escritura? 

Me gustaría, al concluir este programa, que escuches sobre el impacto que la lectura de la Biblia ha tenido en la vida de la amiga de Lucía.

Amiga: Ha sido un reto para mí leer la Biblia. Les voy a confesar, soy cristiana desde hace un tiempo, nacida de nuevo, pero me enfriaba en el deseo de leer la Palabra. Cuando sacan la Biblia Mujer Verdadera y hacen el estudio de Mujer Verdadera 365…ha cambiado mi vida y la de mi esposo, porque juntos lo hacemos diariamente. Para nosotros ha sido maravilloso. Libros que, aunque yo era cristiana, pasaba por alto, eran duros para mí… Llegar a Éxodo, a Levítico, eran libros densos. Y yo decía, «no, yo quiero el Nuevo Testamento, quiero Romanos, quiero a Cristo…pero esta Biblia me ha llevado a ver a Cristo en el Antiguo Testamento. Nunca había pasado eso en mi vida. Para mí ha sido maravilloso. Levantarme con hambre de la Palabra. Levantarme a leer la porción que tienen como explicación, de verdad ha sido maravilloso. Ha sido un tiempo que no cambiaría por nada, y ahí es donde digo que el Señor usa el pecado para mostrar Su gracia. Entre más grande el pecado más sobreabunda Su gracia.

Patricia: Encuentra más información acerca del Reto Mujer Verdadera 365, en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. De hecho la lectura bíblica para hoy es Nehemías capítulos 11 al 13. Y asegúrate de visitar nuestra tienda en línea allí en AvivaNuestrosCorazones.com, y encuentra el libro, En busca de Dios y la Biblia Mujer Verdadera.

Bueno, quizás al escuchar la historia de hoy te alegras al ver el poder de Dios para avivar corazones. Pero tu corazón que una vez ardía por el Señor se encuentra tibio. Acompáñanos mañana para reflexionar juntas acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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