Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Grandes pecadores restaurados (La historia de «Lucía»), día 1

Patricia de Saladín: Hoy estarás escuchando una historia de restauración.

Lucía: Nací en la ciudad de Cali, Colombia. Pasé una niñez, hasta mis 5 años, en lo poco que logro acordarme, feliz; papá, mamá…

Patricia: Pero no todo sería color de rosas…

Lucía: Mi madre enviudó muy temprano, tenía 21 años. Mi mamá quedó embarazada de mí cuando tenía 14 años. Entonces, digamos que desde allá ya no veníamos del todo bien.

Patricia: Esta es una mujer a la que llamaremos Lucía

Lucía: «Si me amáis, guardad mis mandamientos». Yo no te amaba y me creía la mentira de que «sí, yo soy buena persona y si yo voy a la iglesia…» Pecado es pecado delante del Señor, y el evangelio se hizo claro para mí. 

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Aquí está Patricia con nosotras.

Patricia: Grandes pecadores restaurados, así se titula la historia de una mujer y su esposo, quienes han visto su gran pecado pero también han disfrutado de la abundante misericordia de Dios. Pero antes de continuar, si tienes niños pequeños cerca, es bueno que los entretengas con algo mientras escuchas este programa.

Lucía inicia contándonos un poco más acerca de su dura niñez y juventud.

Lucía: Bueno, a mis seis años…es una época compleja por el tema del narcotráfico. Mi papá se involucra en el narcotráfico, y esos negocios son así…llegó el momento en que, como consecuencia de su pecado, tristemente asesinan a mi papá. Yo estaba enfrente de él, y él quizás no quería hacerme daño, pero el pecado daña a los que están a tu alrededor; y pues me veo yo afectada con todo esto.

Voy creciendo, mi mamá atraviesa situaciones bien complejas en su vida. Lo pierde todo. Lo teníamos todo, y pasó mi mamá de tenerlo todo a no tener nada; ni una casa, ni para comprar un mercado, nada. Empieza a rebuscar, y ¿cuál fue su forma? Hombre, un hombre. Entonces empiezo yo a tener el ejemplo de «un hombre…ah, no le fue bien con él, otro hombre; ay, no le fue bien con él, otro hombre…» Y esto de por sí, ya corrompe un poco tu percepción sobre la familia, sobre las mujeres, sobre los hombres, sobre el matrimonio.

Ya aquí las cosas no no iban bien en mí. Entonces era una vida muy inestable. «Me voy este fin de semana, entonces te quedas con tu abuela». Entonces mi abuela formó un papel importante en cuanto a que fue la persona que me que me brindó amor. Quiso acercarme en algún momento al Señor de manera equivocada, pero como lo hacemos todos cuando estamos sin Cristo, con nuestras fuerzas, como agarrándonos de donde podemos.

Crezco un poco más, a mis 14 años empiezo a consumir marihuana todo el tiempo. Mantenía fumando marihuana y empiezo a oler perico. Estaba en el colegio trabada siempre. Mantenía mal. Empieza mi vida sexual desde muy temprano con el deseo de…no sé… amor, deseo de que alguien me tuviera, me quisiera. Mi mamá no me quiere, soy un estorbo para para las personas que se supone que no debería ser un estorbo. Empecé a buscar en hombres llenar ese vacío que más adelante entendí que sólo Cristo podía llenar, y que llenó para la gloria de Su nombre.

Patricia: Su esposo nos cuenta un poco acerca de él y de sus primeros años como creyente.

Esposo: Soy un hombre criado en una familia cristiana desde niño, pero realmente fui salvo a los 19 años. Soy odontólogo y el Señor ha permitido que tenga éxito y sea reconocido en mi profesión. Pero realmente desde los 19 años, que conocí al Señor, mi pasión ha sido la predicación, el estudio del evangelio, el estudio de la Palabra. Y bueno, debo decir que aunque el Señor fue muy bueno conmigo en Su multiforme gracia donde me salvó…realmente conocí un evangelio incompleto, humanista, tergiversado, que ha estado de moda realmente hoy en el mundo.

Ha permeado muchos países en la actualidad, y ese tipo de evangelio incompleto, esta predicación light moderna, contribuye y contribuyó en mi vida, a un equivocado entendimiento bíblico, lo que me llevó a una mala práctica. Fui realmente muy legalista, tuve muy bajo compromiso con mi santificación, con apariencia de piedad creyéndome merecedor de la gracia de Dios –al menos en algún porcentaje– y teniéndole a Dios más como un servidor y no como a mi Señor.

Qué equivocado estaba. No supe apreciar el don de la presencia de Dios, la cual disfruté esa noche que Él decidió rescatarme y salvarme. Pensé que esa presencia poderosa y preciosa, cálida, estaría a mi disposición cuando se me antojara. Pero poco a poco la fui apagando, hasta que realmente se apagó. Quienes entienden esta situación saben que el avivamiento del primer amor, a veces parece irrecuperable una vez que lo has malgastado.

Patricia: Lucía nos habla un poco más sobre su trasfondo.

Lucía: A medida que pasan los años empiezo a conocer el mundo –que me atrapó por mucho tiempo– drogas, sexo, todo de manera desenfrenada, rumba…las amistades que tuve fueron complejas. Tuve amistades que se dedicaban a cometer asesinatos, sicarios. Entonces empecé a salir con un muchacho que me llamaba la atención, era como esa imagen que tienen las mujeres de estar con el malo, con el fuerte, con el… Es absurdo; Satanás cómo daña nuestra mente.

Esta persona casi me involucra en el mundo delincuencial, ilegal. En algún momento me propuso un trabajo. Que lo acompañara, «no tú solo tienes que cargar un maletín, yo te llevo en una moto y no más». ¿Qué hubiera pasado si –sea lo que sea– que llevara ese maletín, la policía nos para y me ven con droga, con plata, con qué sé yo…? No estaría en este momento contando esto. Estaría en una cárcel. Probablemente hubiese entrado a una correccional de menores. El Señor –aún siendo tan rebelde, tan desobediente, tan testaruda– aún así me guardó de cosas mucho peores. Mi mamá para este momento, cuando Satanás estaba logrando su objetivo de atraparme totalmente, de tenerme en su dominio absoluto, mi mamá dice, «nos vamos a vivir a otra ciudad».

Fui tan consciente de lo mal que iba, que acepté. Yo, «listo, vámonos, no importa lo que deje, no importa, vámonos». Fue el Señor que puso algo de entendimiento, algo de sensatez en mí, para tomar una decisión y decir, «sí, tengo que salir de acá corriendo». En esta ciudad ya experimenté otra vida, que fue vivir con el esposo de mi mamá. Un hombre alcohólico que la maltrataba. Entonces, peleas, él llegaba borracho, y mi mamá lo único que me decía era, «llame a la policía, mientras ella se escondía.

Entonces él llegaba a azotar puertas, a dañar todo –pues es un comportamiento de una persona alcohólica. Y eso era como mal tras mal, tras mal; y eso es lo que te trae el mundo. Quizás si mi mamá hubiese conocido al Señor antes, yo no hubiese tenido que sufrir muchas otras cosas. Pero bueno, eso era parte del proceso que el Señor tenía para mí, y quizás para darle más valor a lo que el Señor iba a hacer conmigo.

Entonces tuvimos episodios bastante dolorosos, celos, descontento, alcohol…era un sinfín de situaciones y cosas que un niño no debe vivir. Pero esto es Satanás, este es el mundo caído, esto es lo normal que pasa en un mundo caído

Patricia: Ellos comparten cómo se conocieron y cómo se desarrollaría su matrimonio y las dificultades que atravesaría.

Lucía: Me voy de la casa pronto porque me fui a otra ciudad, a una capital a estudiar en la universidad. Para este momento es que conozco a quien iba a ser mi esposo. Mi esposo, un hombre creyente, pero no sabía la situación compleja que iba a vivir conociéndome a mí.

Esposo: Y fue en este contexto de haber apagado la presencia del Espíritu de Dios en mi vida, cuando conozco a quien es mi esposa hoy en día. Una joven de hermosa apariencia, que aunque la conocí en un contexto de creyentes, no era una verdadera creyente. Pero simpatizaba con la fe y se comenzaba a congregar. Creo que me autoengañé, porque me gustó mucho.

El pasado de ella era bastante triste. Huérfana por parte de su padre, a raíz de la violencia y el narcotráfico de mi país, y por parte de su mamá, muy desprotegida por parte de una mujer que había sido golpeada, era inexperta, desubicada, por las tragedias que había tenido que vivir.

Lucía: Él ya había nacido de nuevo pero tristemente yo no. Lo hago caer a él en su sexualidad, un hombre que se cuidó. Mi esposo conoció del Señor a los 19 años. Todos esos años –cuando nos conocimos– mi esposo tenía 31 años, había procurado guardarse y cayó conmigo en el área sexual y quedamos en embarazo. Pues en nuestra ignorancia y sin saber lo que el Señor iba a hacer, «pues, casémonos. ¿qué es lo más correcto ahora? Casarnos. Listo, casémonos entonces».

Yo no entendía el peso del pacto matrimonial, el amor bíblico. Él lo tenía quizás un poco más claro, pero yo no.

Esposo: Ambos, mi esposa y yo, con un historial turbio y dañado en el área emocional y sexual, nos casamos sin nada de claridad del amor bíblico, ni nada de claridad del pacto bíblico; guiados únicamente por las emociones y motivados por un embarazo no buscado en el noviazgo. En los primeros años de nuestro matrimonio fui un juez implacable con mi esposa, a quien menosprecié, no amé, no la afirmé como ella lo necesitaba, pero si me encargué de dejarle claro que yo era mejor que ella, y que ella era una privilegiada de estar conmigo.

Realmente yo pensaba, y tenía argumentos, para que ella sintiera y valorara que yo era mejor que ella. Ella tenía un gran hombre a su lado –pensaba yo– exitoso, piadoso, fiel, trabajador, responsable, admirado, alabado por otros, de buen parecer… –eso eso me habían dicho, no sé– pero creo que tenía un alto concepto de mí mismo tan equivocado… Mejor dicho, mi esposa se había ganado la lotería.

Para mí, ella no era más que una cara bonita. En resumidas palabras, como en algún momento se lo manifesté, y con vergüenza lo confieso, le dije que era un parásito.

Lucía: Empiezo a estudiar en la universidad ya estando casada y con una hijita, y mi esposo quizá por estar metido en cosas del ministerio… sí, yo era como un checklist en su vida. Él decía, «¿qué me falta? Ya soy exitoso laboralmente. ¿Casarme? Falta esto». Entonces quedo embarazada, «no, pues echemos mano de esto y ya». Así fue.

Entonces él y yo no empezamos bien por ningún lado. Él concentrado en su trabajo, en su éxito profesional. En cierto modo, él me daba a entender, «yo te hice un favor a ti. Mira, el profesional exitoso se fijó en ti». Yo decidí vivir una vida acomodada a lo que él creía que estaba bien. Íbamos a la iglesia, empecé a conocer de la Biblia, leía la Biblia, conocía la Biblia, servía, íbamos al grupo de parejas… Sí, éramos superficialmente, y en lo que las personas lograban ver desde afuera, «es una pareja cristiana joven, qué chévere».

No, todo estaba deshecho. Yo no sabía quién era Dios; «de oídas te había oído» No sabía que mis ojos lo iban a ver. 

Esposo: Claramente no era la mujer de Proverbios 31, ni era su interés serlo. Pero yo no le estaba ayudando para nada a serlo. Por el contrario, la estaba alejando de querer serlo. Fue así cómo llegó alguien que supo hacer su trabajo, y arrastró a mi esposa a una relación adúltera. 

Lucía: Estando yo en la universidad y él enfocado en su trabajo, empiezo a conocer una persona que me afirma, que me habla bonito, que me apoya, que apoya mis ideas, súper feminista, además porque estudié periodismo, entonces estaba metida en todo lo de periodismo y me encantaba el acoso. Tenía un movimiento estudiantil en contra del acoso sexual de parte de los profesores y me muevo fuerte en esto. Todos me conocían. 

A los profesores y a las profesoras, y a la decana de la facultad les encantaba como yo hablaba, como me expresaba, como me movía, todo les encantaba. Los profesores directores de canales prestigiosos de mi país empezaron, «okay, cuando vayas a hacer prácticas, ya sabes, te queremos acá y te queremos presentando. Y uno como, «todos luchan por a llegar a presentar y yo no movía ni un solo dedo y se me estaba dando».

Y esta persona apoyaba todo esto. Caí en adulterio varios meses. Mi esposo me descubre y se me viene el mundo encima.

Esposo: Por meses fui engañado, y el hogar ya tenía una niña de tres años, estaba roto sin darme cuenta. Pese al maltrato, al irrespeto, la irritabilidad de ella, contestaciones altaneras, negativas sexuales, descuido del hogar, rechazo y frialdad de mi esposa, donde yo sabía que las cosas no estaban bien, no creí que estaban tan mal. Nos congregábamos, leíamos la Palabra, leíamos libros de matrimonio, íbamos a grupos de parejas, orábamos juntos, cantábamos, nos comportábamos en lo exterior como un matrimonio cristiano normal.

Creí que a punta bibliazos yo podría moldear a mi esposa poco a poco conforme a mis expectativas. No pensaba mucho en las expectativas de Cristo, qué tonto fui realmente.

Lucía: Cuando mi esposo me descubre en adulterio, por conversaciones, fotografías, correos en mi celular, pues se le viene el mundo encima y alista todo y se va.

Esposo: El mundo se me vino encima. Quedé destruido súbitamente, sentí un balde de agua encima, quería que la tierra me tragara, realmente deseé morirme en ese momento y en los días venideros después de enterarme de la noticia. Y en segundos se me destruyó la vida. Recibí el golpe más fuerte de toda mi vida.

Lucía: Duramos separados un buen tiempo. 

Esposo: Ese mismo día salí de mi casa, dejé mi hogar, dejé a mi hija que solo tenía 3 años. Ella no entendía nada de lo que estaba pasando, simplemente veía que su papá estaba muy alterado y salía apresuradamente de su casa con maletas. Me refugié en la casa de unos maravillosos amigos, de mis socios, para que mi familia no se enterara de la situación porque me causaba demasiada vergüenza lo que había sucedido. En ese lugar de refugio, en la casa de mis grandiosos amigos, recibí asesoría jurídica donde me aconsejaban la pronta y obvia separación. Pero no solo por parte de la asesoría jurídica era lógica la separación, sino también de líderes creyentes que me animaban al divorcio como una opción aprobada por Dios en tal situación.

Y aunque el divorcio era mi determinación, el Señor hizo que esperara, que no tomara decisiones en medio del impacto emocional y mental. Durante unos meses, el Señor me guardó, me protegió, y me guiaba a buscarle día y noche en Su Palabra, en buenas predicaciones a través de YouTube; siempre tuve el deseo de congregarme, aunque llegaba a rastras a congregarme, casi sobre mis rodillas. También fue muy bueno escuchar a mis mejores amigos, una pareja de esposos creyentes verdaderos que han bendecido grandemente mi vida. (En su casa conocí a mi esposa).

Recuerdo que mi amigo –en medio de la crisis de la situación que estaba viviendo de haberme enterado del adulterio de mi esposa– mi amigo me decía, «hay un camino más excelente que el divorcio, no se trata de nosotros se trata del Señor». Y en su momento yo decía, «sí, yo ya sé eso», pero la verdad es que era una frase que se quedaba en mi mente, «hay un camino más excelente».

Y «tal vez tenía la licencia bíblica para divorciarme», pero la frase «había un camino más excelente» estaba en mi mente.

Lucía: Y empieza el periodo más duro de mi vida, pero sin duda, el periodo en el que el Señor se presentó a mí. En Su infinita misericordia fue y me visitó a lo más profundo del lodo. Y una gran amiga para mí en ese momento, que en este momento es mi gran amiga, en su desespero empezó a preguntar, «oye, tengo una amiga que está pasando por una situación bastante compleja, ¿qué hago? Dime qué puedo hacer con ella». Y esta amiga le dice, «oye, ¿has escuchado del Ministerio Aviva Nuestros Corazones?» Y ella dijo, «no, pero dime». «Cómprate el libro En busca de Dios, y hazlo con ella a ver qué pasa».

Esposo: Y había cobijado a mi esposa en esa situación, discipulándola con material de Aviva, especialmente un libro con el que empezaron, En búsqueda de Dios, pero la parte más loca era que mi amiga me mandaba enlaces de predicaciones de Aviva, predicaciones que eran para mujeres, me las mandaba y yo decía, «ella por qué me manda cosas de mujeres, por qué me está mandando eso».

Pero por curiosidad y por amor a mi amiga, yo escuchaba las predicaciones que me mandaba. Y terminaba realmente quebrantado al escuchar situaciones similares y aún peores, algunas eran de mujeres víctimas de adulterio, pero también escuché de hombres, y eso impactó mucho mi vida. De cómo algunos hombres pudieron sobrepasar –para la gloria del Señor Jesucristo– lo que parece a un hombre imposible de superar. 

Patricia: Dios usó a esa amiga de la que nos han estado hablando para traer a Lucía a la fe en Jesucristo. Escucha lo que ella nos dijo.

Amiga: Mi amiga estaba con un problema marital bastante grande. Ella llegó a mí y me contó su pecado. Me acuerdo mucho que yo le dije que –nunca se me va olvidar– que era lo peor que había hecho en su vida. Le dije, «pero a pesar de que ha sido lo peor que has hecho en tu vida, el Señor va a tener control de esto si tú te arrepientes y crees en Él, el Señor va a hacer algo en tu vida, te lo aseguro. Ella desesperada no sabía qué hacer, a quién acudir. Igual, yo decía,«bueno, yo necesito ayuda porque necesito ayudarla, guiarla a que reciba al Señor y se sienta libre en Él». 

Y ahí fue donde busqué la ayuda de una amiga y le dije, «bueno, recomiéndame un libro. Necesito seguir una guía con mi amiga, necesito ser esa mentora que ella necesita tener en este momento a su lado. En este momento ella ve su pecado como lo más grande que ha hecho, ve su pecado más grande que a un Dios que perdona y necesito que me ayudes»; y me recomendó el libro En busca de Dios, de Nancy.

Le he dicho a mucha gente que ese libro partió mi vida en dos, porque lo hice con mi amiga y llegué a la conclusión que yo era tan pecadora como ella.

Lucía: Mi amiga llegó a mi casa al otro día, porque eso fue de una, o sea, «qué hay que hacer», fue muy diligente. Gloria al Señor por estas personas que el Señor envía como salvavidas a decir, «no estás sola, vas a pasar el proceso pero no estás sola». Dijo, «vamos a hacer este libro, nos vamos a reunir», y empezamos a realizar el libro y nos encontramos con obediencia, pureza sexual…¡wow, qué es esto! Mi amiga me decía, ¡no puedo creerlo, estoy mal con el Señor! Pensaba que estaba muy bien.

Y por mi parte, yo caí de rodillas delante del Señor y le dije, «perdóname, ahora soy consciente –no solamente de ese pecado, sino de lo pecadora que soy. Y me rescata el Señor. Empieza a hacer Su proceso y empiezo a buscar a mi esposo para ver si podía restaurar mi hogar. Fue muy difícil, especialmente para un hombre, porque uno está acostumbrado a que el hombre es el que comete este tipo de fallas.

Empiezo yo a buscarlo, y en oración, en llanto, en desespero, –les recuerdo que yo no no había terminado de estudiar, yo no tenía ingresos económicos– entonces fue un tiempo en el que no sé hasta este momento cómo me sostuve sola. Claramente la universidad fue descartada, y el Señor, en medio de la soledad, de la tristeza…sé que no provino de Él la culpa, pero de mi culpa, de lo que Satanás hace contigo después de que te aprueba y te muestra que es algo atractivo, después te hace sentir culpable, te señala y te dice, «ay, tan sola, está sola, no se merecía un esposo, un hogar así, no. Mire todo lo que tenía y ahora no tiene nada». Es experto en acusar. Y fue en estos momentos más duros, más complejos, más tristes, en los que la gracia del Señor me abrazó. 

Patricia: Has estado escuchando la primera parte de la historia titulada, Grandes pecadores restaurados. Y tú, ¿han sido tus ojos abiertos a la verdad del evangelio de Jesucristo? ¿Has visto Su abundante misericordia en tu vida a pesar de tu pecado? 

Te animo a reflexionar acerca de esto, y mañana acompáñanos para escuchar cómo Dios continuó obrando en medio del caos para lograr Sus propósitos en las vidas de Lucía y de su esposo. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Y recuerda que la lectura bíblica para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 es Nehemías capítulos 8 al 10.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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