Aviva Nuestros Corazones Podcast

Habitando en la casa del Señor

Carmen Espaillat: En medio del ajetreo, ¿puedes mantener las prioridades en orden?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dices en tu corazón: «Una cosa he pedido al Señor y esta buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida»?

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si pudieras pedirle una sola cosa a Dios, ¿cuál sería? La Biblia nos dice que en una ocasión en la que el rey David estaba rodeado de poderosos enemigos, le pidió una sola cosa a Dios—y no fue que lo librara de sus enemigos. Nancy va a explorar esto y más, en una breve serie basada en el Salmo 27. Esta se titula, «Una cosa he pedido».

Nancy: ¿Cuántas de ustedes recuerdan el nombre de Keith Green? Bueno, Keith Green vivió desde 1953 hasta 1982, fue un cantante y compositor que perdió su vida en un trágico accidente aéreo a los veintiocho años de edad. Unos años antes de su muerte, él atravesóun periodo de frialdad espiritual. Él estaba sirviendo al Señor, haciendo lo que él sabía hacer, pero sentía que no estaba tan cerca de Dios como lo había estado una vez.

Él cuenta la historia de que tarde una noche clamó al Señor y solamente le dijo, «yo quiero que Tú refresques mi corazón. Quiero que me des un corazón nuevo y tierno». Y esa medianoche, escribió una canción que cantó por primera vez en una reunión la siguiente semana. La letra dice: 

«Precioso eres Señor, mi anhelo es ver tu faz

y al tu rostro contemplar, tu gracia abunda en mí».

Ahora, esa canción está inspirada en el Salmo 27, así que quiero invitarlas a que vayamos allí. Vamos a detenernos de manera especial en un versículo durante estos próximos días, pero quiero que tengan el contexto de este versículo. El versículo es el 4, del Salmo 27, voy a empezar a leer desde el versículo 1.

«El Señor es mi luz y mi salvación: ¿A quién temeré? El Señor es la fortaleza (el refugio) de mi vida; ¿de quién tendré temor? Cuando los malhechores vinieron sobre mí para devorar mis carnes, ellos mis adversarios y mis enemigos, tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, yo estaré confiado» (vv.1-3). 

Ahora, permíteme detenerme aquí antes de continuar con el versículo 4. El salmo nos dice que fue escrito por David –en el título del salmo. Antes de decir Salmo 27, dice «Salmo de David». David lo escribió. No siempre sabemos quién escribió los salmos, pero en este caso nosotras sabemos que fue escrito por David.

No sabemos cuándo lo escribió. No sabemos las circunstancias que estaba atravesando en esos momentos. A veces el salmo sí nos lo dice, «esto fue escrito cuando tal y tal cosa estaba sucediendo en la vida de David». Pero sabemos que David atravesó muchos momentos de dificultad. Y este pudo haber sido uno de ellos.

Él se encuentra en serios problemas, y mira la descripción aquí:

  • Hay enemigos acechándolo, tratando de devorarlo.
  • Él habla acerca de sus adversarios y enemigos.
  • Él habla de un ejército acampando en su contra.
  • Él habla sobre la guerra que se levanta contra él. 

Y entonces en el versículo 12, no lo leímos, pero él dice, «porque testigos falsos se han levantado contra mí, y los que respiran violencia». 

Entonces, ¿tienes una idea de lo que está sucediendo aquí? ¿Alguna vez has estado en un lugar parecido? ¿Que se sienta un poco así? Tal vez no en un sentido literal de guerra, pero las habladurías y las actitudes de las personas que te rodean son destructivas. Estamos hablando de un gran desastre. En ese momento David no podía ver el resultado final. No sabía lo que Dios estaba haciendo ni a dónde iba a terminar todo esto.

Pero al mismo tiempo, ¿qué vemos en los tres primeros versículos? Se repite tres veces: David no tuvo miedo. Versículo uno: «¿A quién temeré? ¿De quién tendré temor?» Versículo 3: «¡no temerá mi corazón!»

Ahora, lo que él acaba de describir produce en mí bastante temor. Parecen circunstancias terribles y aterradoras. Pero algo en David hace que él diga: «Mi corazón no tiene miedo». De hecho, él dice que está confiado. Al final del versículo 3, él dice: «aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, estaré confiado...» Independientemente de lo que estaba sucediendo a su alrededor, David no tenía miedo, y estaba confiado.

¿Cómo puede ser esto? ¿Por qué fue eso? Bueno, porque sus ojos estaban fijos... ¿dónde? En el Señor. Él no comienza este pasaje, este salmo, hablando de los enemigos y los malhechores, los adversarios. Él sí habla de ellos. Son muy reales. 

Pero su punto de partida es el Señor. «El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es la fortaleza (el refugio) de mi vida». Él se da cuenta de que el carácter de Dios, las promesas de Dios, la presencia de Dios, son mayores y más poderosas que todos sus enemigos juntos.

Ahora, él podía ver sus enemigos. No podía ver a Dios. ¿Y no es la tentación el andar por vista en lugar de por fe? ¿El sentir temor por lo que podemos ver en lugar de estar confiados en lo que no podemos ver? 

Así es que él dice: «El Señor es mi luz en la oscuridad. El Señor es mi salvación y mi libertador. El Senor es mi refugio y mi lugar seguro».

Y luego, habiendo establecido eso, su corazón está reposado. Pienso que el versículo 4 y el siguiente, nos dan una pista de cómo David pudo llegar a ese lugar. Vamos a enfocarnos principalmente en el versículo 4, pero yo quiero leer los versículos del 4 al 6, del Salmo 27.

«Una cosa he pedido al Señor y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo. Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo, en lo secreto de su tienda me ocultará, sobre una roca me pondrá en alto. Entonces será levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan; y en Su tienda ofreceré sacrificios con voces de júbilo; cantaré, sí, cantaré alabanzas del Señor».

Ahora, si solamente lees esos tres versículos, y piensas en todas las cosas que estaban en su contra, pensarías, ¿y cómo es que puede estar cantando? ¿Cómo puede decir que ofrecerá voces de júbilo?

Bueno, es por lo que leemos en el versículo 4: «Una cosa he pedido yo al Señor, y esta buscaré». Vamos a hacer una pausa aquí.

David es el rey, es el director general de la nación. Él es el comandante en jefe de las fuerzas militares de Israel. Pero se encuentra en una posición desesperada. A su alrededor hay poderosos enemigos y toda esta oposición.

Y en ese lugar desesperado, David levanta su mirada al Señor. Él no le habla a sus enemigos. Él le habla al Señor. Y dice: «Una cosa he demandado al Señor, y esta buscaré…» Yo creo que la NVI dice ahí, «y es lo único que persigo». Una sola cosa, «y es lo único que persigo». David tenía solo una petición que requerir del Señor.

Y piensa en él: es un hombre poderoso. Tiene muchos contactos. Conoce muchas personas. Tiene muchos recursos a su disposición. Y si solo tiene una petición, ¿qué crees que pediría? ¿Victoria sobre sus enemigos? ¿Una estrategia efectiva para enfrentarlos? ¿Que el Señor hiciera desaparecer sus problemas? ¿La salida de sus problemas? ¿Qué hubieses tú pedido si hubieses estado en la posición descrita en los versículos del 1 al 3?

David dice:

«Una cosa he pedido al Señor, y esa solo perseguiré: (¿Qué cosa?) Que yo habite en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para inquirir en Su templo». 

Bueno, yo no sé tú, pero si tienes enemigos a tu alrededor, eso que él pidió no suena como un buen plan práctico de batalla o un plan de supervivencia. ¿No te parece? Quiero decir, suena como que él está un poco contemplativo aquí. Él va a vivir la vida encerrado? Él tiene enemigos a su alrededor. ¿De qué le sirve?

Él dice, «esta es la prioridad número uno en mi vida. Una cosa he pedido al Señor, y esta voy a perseguir». Esta es la cosa que seriamente buscaré y perseguiré, aquella en la cual él va a enfocar sus esfuerzos y su atención. Esencialmente está diciendo, «Señor, si no me das nada más, por favor dame esta única cosa».

Esta es la «sola cosa» que pide David en medio de la crisis: «Que yo habite en la casa del Señor todos los días de mi vida, (¿por qué? Para poder) contemplar la hermosura del Señor y para (poder) inquirir en Su templo».

David dice tres cosas:

Una: «Yo quiero vivir en la presencia del Señor»

Dos: «Yo quiero contemplar Su hermosura»

Tres: «Yo quiero aprender de Él»

Ahora, esta sola cosa que él pide es vivir en la presencia del Señor. Y la razón por la cual él quiere hacerlo es para poder ver Su hermosura y poder aprender de Él, «meditar en Su templo». 

Hoy nos vamos a enfocar en esa sola cosa: «Que yo habite en la casa del Señor todos los días de mi vida». Ahí es donde yo quiero vivir. Y luego mañana hablaremos de contemplar y aprender—contemplar Su hermosura y aprender de Él a medida que vivimos en Su casa. 

Esta es la «sola cosa» que David pide y anhela por encima de cualquier otra cosa: «Que yo habite en la casa del Señor todos los días de mi vida».

Ahora, él no está hablando aquí de físicamente residir en el templo, que ni siquiera había sido edificado todavía. Ni tampoco está hablando aquí de descuidar todas sus otras responsabilidades terrenales para vivir una vida recluido. David tenía obligaciones. Él tenía mucho trabajo—así como tú. Él tenía familia, así como tú y yo tenemos. Tenía todas las cosas que suceden día tras día, para mantener la vida en marcha.

Quizás estás sentada escuchando este programa, y eres madre de 3, 4, 6 o hasta 10 niños. Tú tienes cosas que hacer. No te puedes quedar sentada oyendo todos los programas que quisieras o en la iglesia todo el día pensando en Jesús. Eso no suena muy práctico, ¿no es así?

Pero David dice, «yo quiero vivir mi vida, donde sea que esté, lo que sea que esté haciendo en el momento, constantemente consciente de la presencia de Dios, pensando en Él, en comunión con Él, viviendo con Él».

Tenemos a Cristo en nosotras, la esperanza de gloria. Tenemos Su Espíritu Santo que vive en nosotras. Él dice, «yo quiero estar consciente de que estoy en la presencia de Dios y que estoy en la casa de Dios, que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo. Yo quiero vivir con Él. Yo no quiero tener una parte de mi vida para la iglesia, otra parte para mi vida espiritual, y otra para todo el resto de mi vida. No, yo quiero que todo sea vivir en comunión y en relación con Él».

¿Recuerdas lo que está sucediendo mientras él dice estas cosas? Él tiene estos enemigos a su alrededor, respirando amenazas. Pero ¿cuál es su foco de su atención? «Dios yo quiero estar contigo, yo quiero estar en tu casa».

¿Es ese tu deseo? ¿No solo los domingos sino de lunes a sábado, ya sea en casa, en el trabajo, en la iglesia, en el supermercado, viajando, sentada en reuniones, limpiando la cocina, haciendo ejercicio, comiendo con amistades? Lo que sea que hagas durante el curso de esta semana, ¿estás diciendo, «una cosa quiero, vivir en la casa y la presencia del Señor todos los días de mi vida?»

Matthew Henry nos dice sobre este versículo: 

Todos los hijos de Dios desean morar en la casa de su Padre. No para permanecer allí de manera transitoria, o para quedarse solo una noche, o morar allí solo por un tiempo como el siervo que no permanece para siempre en la casa de su amo; sino para habitar allí todos los días de su vida, como los hijos con su padre.

Nota, esta es una relación de familia, la que David tiene con el Señor. Él dice, «yo quiero estar contigo todos los días de mi vida».

Bueno, y en un sentido más enriquecedor y dulce del que posiblemente David pudo comprender antes del calvario, nosotras hoy somos parte de la familia de la fe. Somos parte de Su familia. Y es el deseo de nuestros corazones, si somos sus hijas, vivir en Su casa, vivir en Su presencia. No solo en su vecindad. No solamente cerca de donde Dios vive, sino bajo el mismo techo con Él.

«Yo quiero estar con Él. Yo quiero estar cerca de Él. No quiero solo entrar y salir de la casa de Dios ocasionalmente, durante el curso de la semana o quizás en los fines de semana. Yo quiero permanecer con Él, en Su casa, bajo el mismo techo, todo el tiempo».

Y estuve meditando en ese versículo recientemente, y eso fue lo que hizo que naciera esta serie, el pensar en la casa de Dios.

La casa de Dios es santa. Así es que decir, «yo quiero habitar en la casa con el Señor», es decir, «yo quiero vivir en un ambiente de santidad. Yo no quiero disfrutar el pecado. Yo no quiero tolerar el pecado porque en la casa de Dios no hay pecado».

Nos dice el Salmo 16 que en Su presencia hay plenitud de gozo, en la presencia de Dios. Y decir que queremos vivir en la casa o en la presencia de Dios es querer ser creyentes gozosos. No con una cara triste, decaída o desanimada. Si a Su lado hay plenitud de gozo, queremos estar en Su presencia. Eso quiere decir que queremos ser creyentes gozosas aun cuando nos sucedan situaciones duras. 

Dios da la bienvenida a otros a Su casa. Nosolamente a nosotras.También a otros— a las personas pobres, necesitadas, pecadoras.Eso significa que si vamos a estar en la casa de Dios todos los días de nuestras vidas, debemos estar dispuestas a recibir personas pobres, enfermas, necesitadas y pecadoras en nuestras vidas.

Lo que estoy haciendo aquí hoy es motivo de gran gozo para mí, enseñar la Palabra. Me encanta hacerlo. Pero ¿te digo dónde sucede la vida real y el ministerio para mí? Es cuando estoy en casa en mi estudio y el teléfono suena, o cuando recibo un texto o un correo electrónico de alguien que tiene una necesidad, alguien que tiene una lucha, alguien que necesita oración y ánimo o un consejo en particular. Y me detengo en ese momento y digo, «esta es la casa de Dios, y aquí le damos la bienvenida a las personas pobres, pecadoras, y necesitadas. Entra en mi casa. Entra en mi corazón. Entra en mi agenda».

Ahora, eso no es fácil para mí porque yo soy del tipo de persona que quiere ir del punto A al punto B y llegar de la manera más directa posible. Y esas interrupciones….madres, ¿ustedes saben a lo que me refiero? Tienes tu vida planificada, pero tus hijos no operan en tu horario o tus planes. El estar en la casa de Dios es estar dispuestas a darle la bienvenida a otros en necesidad en nuestras vidas en cualquier momento. 

Dios vive en una comunidad de pacto con toda Su familia, y eso significa que como personas que vivimos en la casa de Dios, no vamos a ser llaneros solitarios. La forma de pensar de, «yo amo a Jesús, pero no necesito Su iglesia», no es lo que David tiene en mente aquí. 

«Yo quiero vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida». Eso quiere decir, con todas las demás personas que también son parte de la familia de Dios. «Yo quiero estar con ellas». Escogeremos y valoraremos un estilo de vida relacional con el pueblo de Dios—aun con aquellos que todavía no lo tienen bien y claro (que serían todos, incluyéndonos a nosotras). Y significa que no vamos a estar ni irritadas ni resentidas cuando las personas que necesitan a Jesús «se metan» en nuestras vidas. Dios les da la bienvenida.

Dios no vive aislado. Él vive en comunidad aún consigo mismo –Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él es un Dios relacional, y nosotras vamos a relacionarnos con Él y con otros si queremos vivir en Su casa todos los días de nuestras vidas.

Él es la Cabeza de Su casa. Y eso significa, si queremos vivir en Su casa, que nosotras tenemosque estar dispuestas a vivir según las reglas de Su casa, bajo Su autoridad y Su sabiduría. Significa que nosotras no somos independientes, ni estamos a cargo. Significa que Él lo está. Nosotras lo adoramos, nos inclinamos ante Él, nos rendimos a Él, y decimos, «sí Señor, Tú eres el Señor de esta casa». Si quieres vivir en la casa de Dios todos los días de tu vida, en la presencia de Dios, eso quiere decir que estás dispuesta a decirle, «sí Señor».

Y luego, Él es el Protector y el Proveedor de Su hogar, lo que significa que como aquellos que viven en Su casa, recibiremos con agradecimiento Su protección y Su provisión. No vamos a depender de nuestros propios recursos o de nuestra propia capacidad para satisfacer nuestras necesidades.

Pienso en mi esposo cuando pienso en Dios de esta manera. A él le encanta anticipar mis necesidades, aun muchos de mis deseos. Y no puedo estornudar sin que él tenga un kleenex ya preparado. ¿No es eso algo dulce? ¡Él es precioso para mí!

A Robert le encanta protegerme. Le encanta proveer. Ahora, él no es un esposo perfecto, como tampoco yo soy la esposa perfecta. Y lo digo porque alescucharme decir esto, puedes pensar: Oh, si yo solo tuviera un esposo diferente, mi vida sería más fácil.

Y muchas de ustedes que están casadas, saben lo que es tener un esposo que se preocupa por el cuidado de ustedes. No perfectamente, no tan perfectamente como lo hace Dios, pero nos lo deja entrever. Hombres buenos que son buenos padres y esposos y eso nos da un destello de nuestro Padre celestial quien es nuestro Protector y nuestro Proveedor.

Una de las cosas que Robert me dijo cuando éramos novios y que no he olvidado, es que dijo: «Me encanta que me necesiten».

A Dios le encanta que lo necesitemos. Él ama que lo necesitemos, y no decir como un niño de dos años: «Lo hago yo solito. Yo lo hago, yo solo». Esto es difícil para una madre, ¿no es así? Porque en realidad tú quieres ayudar al niño y sabes que hay cosas que un niño de dos años no puede hacer. Y aun así, Dios quiere ser nuestro Protector, nuestro Proveedor, y que le invitemos a ayudarnos, que le digamos: «Señor, te necesito». Le encanta escucharnos decir eso.

Bueno, David dijo: «Una cosa le he pedido al Señor, y esta buscaré, que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida». No como un invitado ocasional, que se deja ver de vez en cuando. No solo en algunas temporadas. Esta no es una casa de invierno o casa de verano. Esta es una casa para el año entero, en la presencia de Dios. David dice: «Yo quiero estar constante y conscientemente en Su presencia cada día y en cada época de mi vida».

¿Es ese tu deseo? ¿Es lo que quieres como hija de Dios, el vivir en Su casa, Su hogar santo, Su casa llena de gozo, Su casa agradable, donde existe una comunidad de pacto? No vivir en aislamiento. Eso significa usar nuestros hogares y nuestras vidas para darle la bienvenida e incluir personas que necesitan más de Jesús. Estar en comunidad con ellos y que Dios sea nuestro proveedor y nuestro protector. 

Todo esto y probablemente mucho más, está incluido en lo que significa querer habitar en la casa del Señor todos los días de nuestra vida.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado recordando la única cosa que te dará paz al enfrentar un enemigo poderoso.

Una joven mujer que se enfrentaba a la inmoralidad, nos escribió sobre su lucha. Ella dijo:

«(Soy soltera y estoy) a mitad de mis treinta. Antes no conocía del Señor y cuando recién me rescató, el enemigo me engañó y caí en una relación pecaminosa utilizando una puerta no cerrada de mi vida antes de Cristo. Este pecado contristó al Espíritu que mora en mí. Me aparté unos 6 meses de la comunión con mi Señor, hasta que por un verdadero milagro Dios me volvió a rescatar de esa situación de pecado e inmoralidad. Duramente tuve que aprender que el yugo desigual no es un versículo más, sino una realidad más que tangible. Pero el Señor en Su gracia y Su misericordia sigue FIEL. A partir de ahí, mi relación con Dios ha sido totalmente satisfactoria en cada área de mi vida donde Dios me va llevando a conocer de Su perfecto amor y de Su gracia, me hace conocerle más y amarle más.

Es cierto que el deseo de tener un esposo está dentro de mi corazón, pero cuando me encuentro idolatrando esa idea, pido y ruego a Él que Jesucristo siga siendo mi primer amor, y en cada ocasión me encuentro entregándole y ofrendándole ese ídolo de matrimonio, y que casi siempre lleva nombre y apellido. 

(Ella hace referencia a una serie que grabamos acerca de la soltería y continúa diciendo:) 

Sé que hay mucho por aprender en este campo de mi vida, pero lo que ha hablado Dios a mí corazón me cimienta más en Él… Él ha llenado mis vacíos, los ha transformado y los ha volcado en bendición para glorificar Su santo nombre… Gracias por el testimonio, el mensaje y el norte práctico que comparten en Aviva Nuestros Corazones. Me veo con más paz en mi corazón para seguir afrontando esta etapa de mi vida descansando en Cristo. Gracias, y gracias a Dios por estos audios».

Nancy: Le damos gracias a Dios por la vida de cada una de nuestras oyentes, y por cómo nos guía a cada una en nuestro caminar de fe. Aprender de las Escrituras lo que Dios tiene que decirnos como mujeres es esencial para caminar en libertad. 

Y oh Señor, yo oro que Tú nos des ese único deseo. Ayúdanos a buscar esa sola cosa. Cuando hay tanto pasando a nuestro alrededor, cuando tantas cosas nos atemorizan, tantas cosas en nuestro mundo que nos causan vivir en temor, pero entrar en el ojo de la tormenta, en ese lugar tranquilo, en ese dulce lugar donde Tú vives, y poderte decir: «Ahí es donde quiero vivir, y estar protegida por Ti, que Tú me proveas, que me dirijas, que me guíes, es poder experimentar Tu gozo, y estar libre de temores, estar confiada completamente en Ti». 

Yo te pido eso Señor, te lo pido para mí, y también para mis hermanas que hoy escuchan este programa. 

Oh Señor, que deseemos y anhelemos, por encima de todo, habitar en la casa del Señor para contemplar Tu hermosura, contemplar Tu belleza, y que podamos meditar en Tu casa, en Tu presencia, y obtener dirección sabia de Ti—recibir de Ti todo lo que necesitamos—que podamos vivir en Tu presencia, que miremos Tu belleza, y que podamos aprender de Ti. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Mañana Nancy continuará con su mensaje basado en el Salmo 27. Ella nos mostrará qué hacer cuando las circunstancias amenazan con aplastarnos o abrumarnos. Acompáñanos en el próximo programa deAviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. 

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Oh Lord, You're Beautiful (Keith Green) - Piano Instrumental, Nathanael ter Borg, 2017. Usado con permiso: youtube.com/watch?v=VB5t2bzCMqg.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Únete a la conversación