Aviva Nuestros Corazones Podcast

Asombro sin fin

Carmen Espaillat: ¿En qué estás enfocada hoy?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Pasamos tanto tiempo enfocadas en nuestros problemas, mirando nuestras circunstancias, mirando nuestros desafíos, que a nuestros ojos comienzan a verse inmensos. Y luego, opacan nuestra visión de Dios, y Dios parece tan pequeño… ¡si acaso podemos verlo!

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy continúa con el mensaje al que dio inicio ayer sobre el Salmo 27. Esta breve serie se titula, «Una cosa he pedido». Para escuchar o leer la primera parte de este mensaje visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy: Ayer comenzamos una serie de dos programas, muy corta, solo dos días, sobre el Salmo 27, versículo 4. En ocasiones me gusta hacer estas series cortas solo para tener la oportunidad de compartir con ustedes algo en lo que he estado meditando, algo que ha estado ministrando mi propio corazón durante mi tiempo de devoción con el Señor. Este es uno de esos pasajes.

El Salmo 27:1, es el versículo favorito de mi esposo—Salmo 27:1 y el versículo 4 (los leeremos en un momento), no sé si sea el mio, pero es uno al que he ido muchas veces, probablemente más que a ningún otro.

De hecho, el primer libro que escribí en el año 2000, fue un libro acerca del devocional personal, del devocional diario, titulado, El Lugar Apacible. Es acerca de cultivar intimidad con Dios a través de una vida de devocionales diarios. Con frecuencia les he dicho a otras mujeres que si pudiera escribir solo un libro o dar solo un mensaje, sería ese mensaje de aprender a estar en la presencia de Dios a diario, vivir en Su presencia, contemplar Su hermosura y aprender de Él, como vamos a ver hoy en este salmo.

Cuando las personas vienen y me piden que autografíe uno de estos libros, este es el versículo que siempre utilizo, el Salmo 27:4. Es un versículo tan valioso para mí, y espero que también lo sea para ti después de estos días.

Entonces, permíteme leer los primeros cuatro versículos del Salmo 27, y luego nos enfocaremos en el versículo 4. Dice así la Palabra de Dios:

«El Señor es mi luz y mi salvación…» Recordemos que este salmo fue escrito por David, y vimos que él se encontraba en una situación bien difícil. Pero en medio de la dificultad y el miedo, David comienza este salmo enfocado en quién es el Señor.

El Señor es mi luz en mi oscuridad. ¡Él es mi salvación y mi refugio cuando los enemigos me persiguen como locos!

«El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza (el refugio) de mi vida; (mi escondedero, mi lugar seguro); ¿de quién tendré temor?

Cuando los malhechores vinieron sobre mí para devorar mis carnes, ellos, mis adversarios y mis enemigos, tropezaron y cayeron.

Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, estaré confiado.

Una cosa he pedido al Señor, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo» (vv. 2-4).

Aquí tenemos a un hombre en medio de circunstancias aterradoras, pero no tiene temor; tiene confianza. Luego, en el versículo 4, nos dice su parecer, el paradigma, la dirección de su vida, y creo que eso explica el por qué ese podría ser el caso.

En el versículo 4 él dice: «Una cosa (¡una cosa!) he pedido al Señor, y ésa buscaré…» Había muchas cosas que él pudo haber pedido, muchas cosas que pudo estar buscando, muchas necesidades que pudo haber dicho que tenía, Pero él dijo: «Una cosa… Si tengo que reducirlo a una cosa que pediría al Señor, que voy a buscar, sería esta: «Que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida».

Como dijimos ayer, eso no suena como una estrategia muy práctica para lidiar con toda esta oposición. Pero no hay mejor estrategia, ni más efectiva, para lidiar con lo que sea en tu vida—sean desafíos de enemigos o hijos o lugar de trabajo, o asuntos de salud o financieros.

No hay mejor estrategia que ¡habitar, morar en la casa del Señor, vivir en Su presencia cada día de tu vida, te dará la perspectiva y la posición que necesitas para lidiar con lo que sea que esté sucediendo a tu alrededor!

David continúa diciendo en este versículo que él tiene dos motivaciones o dos razones para querer habitar en la casa del Señor. La primera es, «para contemplar la hermosura del Señor, y la segunda es, inquirir «meditar en Su templo».

Así es que dice, «quiero vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida. Quiero ver la hermosura del Señor, quiero aprender de Él. Quiero inquirir, meditar en Su templo». Así que vamos a tomar estas dos motivaciones, estas dos razones, y solo meditar en ello un poco más durante los próximos minutos. 

Él dice, «quiero contemplar la hermosura del Señor», (quiero mirar la hermosura del Señor). Esa palabra, «contemplar» significa, «mirar, ver con placer, tener un vislumbre, una visión de». Él dice, «quiero quedar cautivado con la visión de Dios—no una visión de mis enemigos, sino una visión de Dios. Quiero estar cerca de Él. Quiero estar tan cerca de Él que pueda mirarlo y ver la belleza y lo asombroso que es Él. ¡Quiero disfrutar Su belleza!»

Pero, otra vez quiero recordar lo que vimos en los primeros tres versículos donde él habla de las cosas terribles que están sucediendo a su alrededor. ¿Por qué se preocupa David en este momento por contemplar la hermosura del Señor?

Porque cuando «pones tus ojos en Cristo, tan lleno de gracia y amor, lo terrenal sin valor será a la luz del glorioso Señor».

Este es el problema: Pasamos tanto tiempo enfocadas en nuestros problemas, mirando nuestras circunstancias, mirando nuestros desafíos, que a nuestros ojos comienzan a verse inmensos. Y luego, opacan nuestra visión de Dios, y Dios parece verse tan pequeño… ¡si es que lo podemos ver!

Y David está diciendo, «voy a cambiar esto. En lugar de contemplar a mis enemigos, de mirar mis problemas y enfocarme en los desafíos, ¡voy a contemplar al Señor! Voy a poner mis ojos en Cristo, a voltear mi mirada hacia Jesús; quiero ver su maravilloso rostro completamente. Voy a contemplar Su belleza con deleite, con placer».

Cuando tienes una gran visión de Dios, entonces todas esas cosas de la tierra… lo terrenal, no es que ya no exista, que no esté ahí, no es que no sea real, ¡sino que lo pones en la perspectiva correcta!

Me encanta la cita (y voy a apartarme de mis notas, así que espero que pueda recordar esta cita) de G. Campbell Morgan, un maestro de la Biblia del siglo pasado que dijo: 

«La necesidad suprema en cada hora de dificultad y angustia es una nueva visión de Dios, una visión fresca de Dios. Al verlo, todo lo demás adquiere una perspectiva y proporción adecuadas».

De eso es de lo que David está hablando aquí. «¡Quiero contemplar la hermosura del Señor!» David está diciendo, «quiero ver la belleza del Señor».

Sabemos que Dios es recto. Él es santo, es poderoso, es soberano, es verdadero, es todopoderoso. Pero quiero recordarte que Él también es hermoso. ¡Hermoso! Él es bello, es deseable, es bueno! Entonces, cuando lo contemplas, Él no es un Dios severo que está listo para atacarte si no estás a la altura de sus expectativas.

Y esa visión, la visión de un Dios severo, es la visión que tienen algunas de ustedes. No sé de dónde la sacaste, pero creo que tienes que cambiarla. ¡Tienes que ir a la Palabra de Dios para tener una visión real de quien es Dios!, en lugar de ver a hombres que puedas haber conocido –que tal vez no fueron buenos hombres o alguna manera en que fuiste enseñada– adquiere una visión de Dios que no solamente es recta y santa, sino que todo Él es hermoso, pero ¡Él es hermoso! ¡Él es adorable! ¡Él es deseable!

Mientras meditaba en la belleza de Cristo, me vino a la mente otro pasaje del profeta Isaías, donde habla del Mesías, en el capítulo 53:2 (te va a parecer conocido), hablando del Mesías:

«...no tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos…y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos» (vv. 2-3).

¿Cómo podemos conjugar estos dos pasajes? Por un lado, se supone que debemos contemplar Su hermosura, pero Isaías dice que «no tiene aspecto hermoso; los hombres esconden de él su rostro». Bueno, Isaías está hablando del Cristo encarnado –Dios en la carne– quien dejó de lado Su gloria, Su majestad, y Su belleza y tomó la forma de un siervo y fue hecho semejante a los hombres, esa es la encarnación.

Como un hombre, Jesús tomó lo ordinario (lo común) y las limitaciones de nuestra humanidad. Humanamente hablando, no había nada extraordinario acerca de Él. Y de hecho, en Su crucifixión y en Su muerte las Escrituras nos dicen que hombres pecadores dañaron tanto Su apariencia física que no se le podía reconocer.

Era difícil mirarlo. Esta es una imagen de la crucifixión, de la muerte del Mesías. Los hombres escondieron de Él su rostro.

Pero en su humanidad resucitada y ascendida a la diestra del Padre donde se sienta hoy y hace intercesión por nosotros como nuestro Abogado, Él es glorioso, Él es radiante, ¡Él es bello!

Él todavía tiene Su cuerpo humano, no lo ha desechado. Y Filipenses nos dice que un día tendremos un cuerpo glorioso como el suyo. ¡Pero Él es glorioso y hermoso! El Salmo 96:6 dice: «Gloria y majestad están delante de Él; poder y hermosura en su santuario».

He experimentado gran gozo al ver las maravillas de la creación natural. ¡Somos muy bendecidos al vivir en un lugar tan hermoso del país (al menos parte del año!). Me encanta el Lago Michigan. A Robert y a mí nos encantan las puestas del sol. A él le gustan más los amaneceres; y a mí me gustan más las puestas de sol. 

«¡Oh y ah!» salen de nuestras bocas al contemplarlos. Todas las noches saco mi cámara y probablemente tengo miles de esas fotos, y cada vez expresamos un «oh, wow». Decimos, «¡qué esplendoroso!» Nunca nos cansamos de contemplarlos. Amamos las flores silvestres, amamos esa hora dorada cuando el sol está lanzando destellos sobre el lago o el río donde vivimos y la brisa sopla sobre los árboles. 

Todas esas cosas son hermosas, ¡inspiran el asombro en nuestros corazones! Pero todo ello apunta a la belleza de nuestro Salvador. El asombro más verdadero, más profundo, se encuentra en Él y en Su incomparable belleza que es revelada a los ojos de la fe en Su Palabra y por Su Espíritu.

No podemos verle físicamente, pero a través de los ojos de la fe miramos al Rey en Su hermosura y anticipamos el día cuando le veremos tal cual Él es. Y de hecho, esta visión de Cristo es una visión transformadora.

Dicen que llegas a parecerte a las personas con las que pasas tiempo. Ves a algunas de estas parejas que han estado casados por cuarenta, cincuenta, sesenta años, y en verdad comienzan a verse parecidos, ¿no les parece que es así en muchos casos? (¡A algunas de ustedes esto les puede producir un poco de miedo!)

Pero esta es una visión transformadora. Al contemplar Su hermosura, al pasar tiempo viviendo en Su presencia y contemplando Su hermosura, estamos –lenta pero verdaderamente– siendo transformadas a Su imagen. Nos volvemos como aquello en lo que hemos fijado nuestra atención.

Encuentro que con frecuencia estoy mucho más ocupada con mi propia apariencia o imagen o belleza o con otras cosas que considero atractivas o deseables. Y al contemplar esas cosas, o incluso cosas negativas; si me enfoco en cosas que son negativas, que no satisfacen las especificaciones de Filipenses 4:8 (no son puras ni santas ni buenas ni verdaderas), si fijo mi atención en esas cosas, voy a volverme más como aquellas cosas en las que pienso.

Pero si quiero ser más como Jesús, tengo que contemplar Su belleza y ser llenada con la visión de Su hermosura. David dice en este Salmo 27:4, «quiero contemplar la hermosura del Señor», quiero fijar mi atención en eso. Colosenses 3, dice: «Fija tu mirada, tu atención en las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (v.1, parafraseado).

Contemplar es mirar resuelta y firmemente. No es mirar a Jesús como de pasada, como cuando hago un recorrido espiritual rápido antes de iniciar el día –donde rápidamente leo un proverbio o un salmo. Escucha, no vas a parecerte a Jesús haciéndolo de esa manera… Y yo lo he hecho así ¡demasiados días!

Pero si quieres parecerte a Jesús, tienes que contemplar Su hermosura. He estado contemplando Su hermosura en este salmo, el Señor quien es mi luz, mi salvación, mi fortaleza, mi precioso Salvador, ¡el Dios de la creación! Al contemplarlo, al meditar en quién es Él, al fijar nuestra atención en Él… ¡Esa es una visión transformadora!

¿Qué dice 2 Corintios 3:18?

«Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria».

Eso me dice que es un proceso; no sucede de la noche a la mañana. Me gustaría que esta semejanza ya hubiera sucedido, ¡como a la edad de cuatro años cuando conocí al Señor!

Porque en ocasiones me miro y pienso, oh Señor, ¿cómo es que me aguantas? Esto que hay en mi corazón es tan feo, ¡no se parece a Jesús! ¿Qué puedes hacer? Continúa mirando a Jesús, mantente contemplándolo –pero no en la autocontemplación, no fijando tus ojos en ti misma.

¿Quién fue el autor que hace muchas generaciones dijo, «por cada mirada que le eches a ti y a tu pecado, mantén la mirada en Cristo tu Salvador diez veces más»? Si lo contemplas entonces te mostrará lo que necesitas ver. En Su luz vemos la luz. Él nos mostrará lo que necesitamos cambiar. Nos arrepentimos, confesamos, nos rendimos. Y vamos siendo transformadas, poco a poco, en la misma imagen, ¡de gloria en gloria!

1 Juan 3:2, lo dice un poco diferente pero es la misma idea:

«Sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es».

Solo piensa en esto: Entre amigas y entre nosotras nos sentimos a gusto unas con otras—nos comportamos bien, en especial en público. Pero todas nosotras tenemos lugares en nuestro corazón que son verdaderamente repugnantes, y formas de hablar feas, groseras, y cosas que decimos que no son apropiadas, actitudes y valores muy feos ¿no es así?

Hablamos de ser mujeres verdaderas de Dios, pero el hecho es que la mayor parte del tiempo no estamos actuando o pensando o sintiendo o exhibiendo actitudes de una mujer verdadera de Dios. Así es que, ¿cómo logras ser esa mujer de Dios?

Miras al verdadero Hijo de Dios, el Hombre verdadero, el Único Hombre verdadero. Contemplas Su belleza, y un día cuando le veamos cara a cara, el proceso quedará completado, ¡y seremos como Jesús! ¿Eso te da esperanza? ¿Eso te da una visión? Eso te da un propósito para contemplar, para tomar tiempo y para pasarlo en la presencia del Señor.

Bueno, y continuando en el Salmo 27:4, David continúa diciendo: «Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida (para vivir ahí), para contemplar la hermosura del Señor (para mirarlo, y luego una cosa más) para meditar (inquirir) en su templo». Para aprender de Él, considerar, buscar diligentemente. 

David no quería solamente contemplar la belleza del Señor, quería aprender más de Su carácter y Sus caminos. Quería buscar sabiduría y dirección del Señor. Él ora así con frecuencia en los salmos. Tan solo unos salmos anteriores a este, en el Salmo 25:4-5, él dice:

«Señor, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas... Guíame en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti espero todo el día».

 Y una y otra vez a lo largo de las Escrituras, ves a David buscando al Señor antes de avanzar, antes de actuar. Hay tantas cosas sobre las que necesitamos inquirir al Señor. Él nos invita a traer delante de Él lo que nos deja perplejas, los desafíos, ¡los dilemas que estamos enfrentando! Traigamos delante de Él nuestras preguntas sin contestar, nuestra necesidad de dirección, ese hijo para el cual no se ha escrito un libro de texto, o trae delante de Él esa pregunta: Señor, ¿cómo educo a este hijo? ¡No puedo con esto!»

Cuando meditamos en el SEÑOR, vivimos en Su presencia. Contemplamos Su belleza, y luego meditas en Su templo pidiéndole sabiduría para los lugares difíciles por los que estamos atravesando, por las relaciones difíciles.

Él es la fuente de toda la sabiduría. El Señor Jesús es la sabiduría de Dios, y Él es un Buen Pastor, y Él sabe cómo dirigir a Su pueblo en caminos de justicia por amor de Su nombre.

Hay muchos lugares hacia donde nos volvemos para recibir luz y dirección, ¿verdad? Las amigas (texteas, llamas, marcas a una amiga), los libros, los podcasts, la cultura actual, o nuestra propia experiencia, nuestras propias opiniones. Pero aún el alcance que puedan tener, si no están fundamentados y anclados en Cristo, tarde o temprano, resultarán insuficientes.

Así es que acude a Su presencia, habita en Él, busca Su rostro y Su voluntad y haz de esto una forma de vida. Esto es lo que David dice. Y recuerda, esta no era una etapa fácil en la vida de David; pero él no está solo apartándose para recluirse en el templo. Él está viviendo la vida real, con enemigos reales y con batallas reales y circunstancias reales. En medio de eso, él dice, «¡Este es el tipo de vida que quiero tener!»

Y tú, ¿sobre qué estás inquiriendo al SEÑOR? Sé que yo estoy orando y necesitándole y buscándole para tener sabiduría y gracia en algunas relaciones específicas, por dirección para varios desafíos y asuntos en nuestro ministerio… inquiriendo al Señor. ¿Pero con qué frecuencia corremos hacia alguien más, en lugar de pedir delante de Él?

David mantuvo esto como prioridad en todo tiempo. Él era intencional. Él tenía determinado no estar ni demasiado ocupado, ni demasiado distraído ni demasiado agobiado para vivir en la presencia de Dios, contemplar Su hermosura, y aprender de Él.

Cuando estaba rodeado de adversarios, oposición, obstáculos, desafíos, él sabía que cualquier cosa que necesitara en ese momento, y en cualquier momento por toda la eternidad, la encontraría en la presencia de Dios.

Probablemente ahora te estés preguntando: ¿Cómo resultó todo para David? O sea, cuando estaba ahí buscando al Señor, ¿los enemigos llegaron y lo aplastaron? Porque solemos pensar, mira, si yo no me cuido, si yo no peleo estas batallas, ¡voy a perder!

Bueno, lees todo este salmo y encontrarás en los primeros tres versículos que David pudo tener libertad del temor aún en medio de circunstancias aterradoras. En el versículo 5, ves que él encuentra protección en el día de dificultad. Él encuentra seguridad y protección. No estaba prometiendo que no habría dificultades, sino que tendría seguridad aún en medio de los problemas.

Al principio del versículo 6, puedes leer que tuvo victoria sobre sus enemigos. En la segunda parte del versículo 6, hay gratitud y gozo. Dice: «...en su tienda ofreceré sacrificios con voces de júbilo; cantaré, sí, cantaré alabanzas al Señor». Ese es el fruto, el resultado de vivir de esta manera—esta forma de vida de «una cosa». 

En el versículo 13, ves que él alcanza fe y esperanza y valor. Permítanme leer los últimos dos versículos de este salmo: «¡Creo que he de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes!» He aquí a David ¡asediado por sus enemigos! Pero con esperanza en el futuro!

Él dice: «Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor» (v.14). David no pidió por ninguno de estos resultados (libertad del temor, protección, victoria, acción de gracias, gozo, fe, esperanza, valor), él solo pidió más de Dios.

Pero cuando tuvo más de Dios, él obtuvo todo esto y más—no solo en esta vida, sino para siempre. Apenas algunos salmos antes, él dice: «En la casa del Señor moraré por largos días» (Sal. 23:6). ¡Por siempre! ¿Te das cuenta? Así que yo te animo, escoge ahora ese estilo de vida de morar, de habitar en la casa del Señor, porque es lo que vamos a estar haciendo por toda la eternidad—contemplar Su hermosura, aprender de ese asombro sin fin, aprender de sus maravillas, de los descubrimientos interminables que estaremos haciendo por toda la eternidad, ¡de Su hermosura, Su sabiduría y Su gracia! ¡Y por toda la eternidad esto es lo que estaremos haciendo en la casa del Señor!

Lo que David está diciendo –y es también mi oración por ti y por mí– es, «hagamos eso ahora». Comencemos este viaje de una vez: ¡vivir en la casa del Señor! Una sola cosa buscaré. 

Quiero animarte a que permitas que el Señor te inunde y te anime a hacer esa sola cosa que David escogió, y que sea también lo que tú escojas.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado animando a buscar una sola cosa: ¡A buscar al Señor mismo!

Aviva Nuestros Corazones tiene como objetivo guiarte a una sola cosa, y esta es a permanecer conectada al Señor por medio de Su Palabra—cada día. Es por eso que producimos este podcast diario y otros recursos como el podcast para jóvenes, titulado, «Joven Verdadera». 

También, en la sección de blogs, encontrarás uno dirigido a mujeres adultas («Mujer Verdadera»), otro para equipar a líderes de ministerios de mujeres («Maestra Verdadera»), y otro blog que nos permite caminar junto a las jóvenes, («Joven Verdadera»). 

Nancy: Constantemente estamos evaluando nuestro contenido, prestamos oído a nuestras lectoras acerca de lo que quieren que escribamos y estamos filtrando eso a través de nuestra red como equipo, y también intentamos abordar tanto temas culturales como del corazón, ¡en tiempos reales!

¡Y qué tiempos estamos viviendo, y las autoras del equipo de Aviva Nuestros Corazones pueden compartir verdades bíblicas alrededor del mundo a través de estos blogs! Podemos tomar esta oportunidad y compartir la verdad con mujeres en diferentes etapas de la vida y en diferentes partes del mundo.

Carmen: Gracias Nancy. Encuentra tanto los podcasts como los blogs, videos y muchos otros recursos, en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

En nuestro próximo programa, Nancy enseñará una serie sobre el Salmo 95. Es un salmo que nos llama a adorar a la Roca de nuestra salvación y a escuchar su voz. Acompáñanos en esta próxima serie de Aviva Nuestros Corazones.

Carmen: Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

Lee más

Únete a la conversación