Podcast Aviva Nuestros Corazones

Un llamado a alabar

Annamarie Sauter: Cuando estás en la iglesia, ¿cómo cantas?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: «...Pon tus ojos en Dios con cada palabra que cantas. Trata de agradarlo a Él más que a ti misma o a cualquier otra criatura. Ve que tu corazón no se deje llevar solo por el sonido, sino que se ofrezca a Dios continuamente. Que tu canto sea como aquellos que el Señor aprobará aquí y recompensará cuando venga en las nubes del cielo». ¡Así que hazlo para el Señor! Eso es cantar.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En el mundo evangélico escuchas acerca de la alabanza todo el tiempo; escuchas alabanzas y también asistes a seminarios sobre alabanza y adoración. Sin embargo, aun cuando estamos rodeadas de actividades sobre el tema, descuidamos la alabanza genuina en nuestros corazones.

Esta semana, Nancy nos mostrará cómo un corazón agradecido se derrama en alabanza verdadera, de modo que podemos disfrutar del Señor de maneras frescas.

Nancy: ¡Bueno, no sé qué significa para ti esta semana, pero en algunos lugares es una semana especial. Puede ser que hacia el final de la semana tengas algunos días libres del trabajo. . .o de la escuela. Puede significar que viajes, pases tiempo con la familia, con amigos.

Supongo que ¡habrá algo de comida por ahí!, y para muchas de ustedes, quizás para mí también, ¡algo de fútbol! Pero para el pueblo de Dios –y eso es lo que somos, ¿no?– Acción de Gracias es mucho más que eso, sea en la semana enque estemos. Entonces, en medio de lo que sea que esté sucediendo esta semana, quiero aprovechar este tiempo para que veamos un gran salmo de acción de gracias.

Si tienes tu Biblia, déjame invitarte a que vayas al Salmo 95. Déjame decirte que si estás escuchando Aviva Nuestros Corazones mientras conduces, entonces te animo a que solo escuches; pero si estás en un lugar donde puedes detenerte y abrir tu Biblia, o quizás ir a tu Biblia en tu teléfono o tableta, quiero animarte a que lo hagas. No quiero hacer yo sola todo el trabajo pesado aquí; ¡quiero que pienses, que leas por ti misma!

Alguien me dijo después de una sesión reciente: «¡He leído ese pasaje tantas veces y nunca saqué de él lo que tú has sacado!» Y ambas dijimos: «Esto es lo que sucede cuando meditas en la Palabra de Dios». Te empapas en ella, te saturas en ella, la saboreas. Vives con ella. Y eso es lo he estado haciendo durante semanas con el Salmo 95.

Y ciertamente no he visto todo lo que se puede ver en este salmo, pero quiero que tengas tu Biblia abierta para que puedas leerla, y el Espíritu Santo te muestre cosas de la Palabra de Dios que quizás no hayas visto antes. Será para nuestro beneficio si estamos juntas en la Palabra de Dios. ¡Así es como crecemos!

Entonces, quiero que nosotras, en esta semana, con todo el bullicio y todo lo que está sucediendo, ¡elevemos nuestros ojos y anclemos nuestros corazones en una perspectiva que sea mayor que nosotras! Hay más en este mundo. Este mundo no se trata de ti, no se trata de mí, no se trata de lo que estamos haciendo esta semana.

Quiero que recordemos en este salmo, quiénes somos realmente, ¡y por qué existimos! Entonces, veamos los versículos 1 y 2, que es lo que veremos hoy. Ahí tenemos un llamado a la adoración. Permíteme leer los dos versículos y luego hablaremos de ellos.

«Venid, cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Vengamos ante su presencia con acción de gracias; aclamémosle con salmos». Ahora, vamos a detenernos ahí, y en los próximos días veremos el resto del salmo. 

Esas dos primeras palabras: «Venid, cantemos…» y luego en el versículo 2: «Vengamos…» A lo largo de gran parte de la historia de la iglesia, la primera parte de este salmo, estos dos versículos, se conocen como el «venite». Esta palabra proviene del latín «ven». «Vengamos».

Y esa palabra, si regresas al hebreo, en realidad significa: «¡Vamos! ¡Camina, levántate, vamos! ¡Vamos!» «Ven, cantemos al Señor». Luego tienes la palabra «ven» nuevamente en el versículo 2, «Vengamos». En realidad, es un verbo diferente en el idioma original que el que se usa en el versículo 1.

Es una palabra aquí que significa «encontrarnos», reunirnos con Él, encontrarnos con Él. Y «vengamos ante Su presencia», es literalmente, «¡vengamos ante Su rostro!» ¡Encontrémonos en Su rostro, levantémonos en Su rostro! ¿Sabes? Como lo haces con ese pequeño con el que quieres hablar en serio. . .y deseas acercarte, y simplemente levantas la cara de ese niño hasta la tuya, y le dices, «te amo!» 

O dices otras cosas... que necesitas decirle a la cara de ese niño, pero, «¡mira mi cara!» «¡Vengan a Su rostro!» ¡Con agradecimiento! Encontremos Su rostro. Me pregunto cómo sería nuestra adoración diferente si fuéramos conscientes de que venimos a Su presencia... ¡que venimos ante Su rostro!

Pensaba en eso cuando estaba revisando mis notas esta mañana, ¡y casi me da escalofríos! ¡No es que tenga una imagen del rostro de Dios, sino solo el pensamiento de estar cerca de Su rostro, en Su presencia! Ahí es donde vivimos: «coram deo» (en latín), «delante del rostro de Dios». Vivimos allí, caminamos allí, oramos allí... 

¡No solo en nuestros tiempos de adoración sino todo el tiempo, viviendo ante la presencia, ante el rostro de Dios! Si viviéramos de esta manera no estaríamos tan conscientes de nosotras mismas, no estaríamos tan enfocadas en lo que otros piensan de nosotras. Piensa en nuestros tiempos de adoración en la iglesia... donde podemos estar tan conscientes de nosotras mismas o sentirnos solas porque estamos sentadas solas...

O quizás estar pensando en lo que las otras personas están vistiendo... o todas las cosas... Sabes, si pudiéramos proyectar en pantalla, ahí donde ponen todas esas canciones, si pudiéramos proyectar lo que todos estamos pensando, seria terrible, ¡qué mal! ¡Qué desastre! Pero si reconocemos que estamos frente a Él, que ¡estamos en Su presencia!, estaríamos ocupadas con Él, no con nosotras mismas, no con los demás.

¡Estaríamos asombradas de Su majestad, Su santidad, Su belleza, Su misericordia, Su gracia, Su amor! «¡Venid!» ¡Encontrémonos con Su rostro! ¡Ven ante Su presencia!

Ahora, otra observación acerca de estos dos primeros versículos –de los que estamos hablando aquí sobre el culto público y la adoración corporativa– es la palabra «nosotros», «nuestro», –estos pronombres están en plural– se usan diez veces en los primeros siete versículos de este salmo: «cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo». La adoración no es un deporte para espectadores. Adoramos en comunidad con otros que lo aman y lo adoran. 

Por supuesto, podemos adorar a solas, y también deberíamos hacerlo, pero creo que el recordatorio de este salmo es que es importante y necesario que el pueblo de Dios se una para adorarle, ¡que se reúna ante Su rostro, juntos! 

Y entonces dice: «Cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la Roca de nuestra salvación, aclamémosle con salmos». La adoración es «a Él», es para Él, se trata de Él. Mientras piensas en lo que experimentaste el fin de semana pasado en el culto de la iglesia, la reunión congregacional, lo que sucede domingo tras domingo en nuestros servicios. . . 

El propósito no es entretenernos mutuamente. No es para hacernos sentir mejor. ¡Es para traer nuestra adoración a Él! ¡Él es el objeto de nuestra alabanza, de nuestra acción de gracias, de nuestra adoración y nuestro canto! Y luego recibimos algunas sugerencias en este salmo sobre cómo adorar. Vemos en este salmo una variedad de expresiones. Vamos a hablar sobre algunas de ellas.

A veces adoramos a Dios en silencio en nuestros corazones; nuestros corazones están llenos de gratitud, alabanza y adoración, y eso es algo bueno. Pero este salmo sugiere que a veces nuestra adoración debe expresarse de manera más pública y más exuberante: con una alabanza entusiasta, una adoración expresiva. La adoración no es sombría.

Un comentarista dijo del Salmo 95: «¡Dios debe ser honrado con un corazón feliz y entusiasta!» Y luego vemos estas dos frases, estas dos directrices en estos dos primeros versículos: «Cantemos» y «aclamémosle». Desafortunadamente, la traducción al español aquí, no comunica adecuadamente la fuerza de estas palabras.

Hablemos primero de la palabra «cantar». Esa palabra «cantar», «cantemos», es una palabra que en hebreo significa «gritar, gritar de alegría, gritar». Significa celebrar con gritos, hacer un ruido alegre. ¡La palabra aquí es la de un grito de guerra o un grito de alarma! 

¡Es poderoso, es un canto contundente! Y cuando todos lo hacemos juntos, este tipo de adoración, el sonido debería ser ensordecedor... ¡en Su rostro! Y yo te pregunto, ¿es así como cantan en tu iglesia? No estoy siendo crítica. ¿Es así como cantas en la iglesia? 

¡Mira a tu alrededor! Ahora, sé que en las diferentes iglesias cantan de diferentes maneras, por lo que lo que diga acerca de una iglesia probablemente no será cierto acerca de otras. . . pero, no es cierto que no importa qué tan fuerte sea la música, qué tan animada sea, cuánta energía tienen las personas en el escenario. Si miras a tu alrededor, verás a mucha gente cantando a medias. . . ¡y verás a mucha gente que no canta en lo absoluto! 

Y a veces soy una de esas personas, porque a veces no conozco la melodía, no conozco la letra de la canción. Es nueva para mí, así que trato de aprenderla. Pero a veces la energía, la alabanza y la adoración se llevan a cabo principalmente en el escenario, por lo que solo somos simples observadores, estamos como viendo un espectáculo, estamos viendo una actuación. Estamos frente a ellos, pero no estamos juntos ante el rostro de Dios. Somos espectadores.

John Wesley fue un evangelista de la década de 1700, y la música y el canto de himnos, fueron gran parte de los elementos en el avivamiento metodista. Y Wesley compiló un himnario para esos primeros metodistas. Ese himnario se publicó por primera vez en 1761. Muchos de los himnos que contiene son familiares para nosotras… Tal vez no para las más jóvenes de hoy…pero si creciste en las iglesias que yo crecí, muchos de estos himnos te son familiares.

Hoy los llamaríamos «adoración tradicional»; pero en la época de Wesley, ¡estos himnos eran casi todos nuevos! Quiero decir, si lo piensas… ¡Sublime Gracia ni siquiera había sido escrito todavía! Ese fue John Newton quien lo escribió. ¡John Wesley y su hermano Charles (en ese entonces) seguían escribiendo himnos nuevos cada semana! Y compilaron algunos de ellos en este himnario. 

Ellos no tenían himnarios, no tenían la letra en PowerPoint o en las pantallas. De hecho, ni siquiera se reunían en las iglesias. Habían sido expulsados de las iglesias, por lo que en su mayoría se reunían al exterior. Así que muchas veces, la persona que dirigía el himno cantaba la primera línea, y luego los demás la cantaban.

Luego el director cantaba la siguiente línea, y luego tú la cantabas con él. Pero este himnario permitía que las personas se unieran para cantar juntas. Incluía un apéndice llamado, Instrucciones para cantar (¡cómo cantar!), y estas instrucciones enfatizaban la importancia de que todos participaran en la adoración...no solo los músicos y no solo los líderes.

Las instrucciones de Wesley para el canto ofrecían ayuda práctica para adorar juntos. Y él comienza diciendo el propósito de cantar: «Para que esta parte de la adoración divina sea más aceptable a Dios, así como también más provechosa para ti y para los demás». Él decía: «Esto es bueno para ti…y es aprobado por Dios, cuando cantas de esta manera».

Así que él daba varias instrucciones. Déjame leerte tres de ellas. Él decía: «Canten todos, asegúrate de que te unes a la congregación tan frecuentemente como puedas. No permitas que un ligero grado de debilidad o cansancio te obstaculice. Si (cantar) es una cruz para ti, ¡tómala y encontrarás una bendición!» «¿No tienes ganas de cantar? Canta hasta que tengas ganas de cantar», es lo que dice él. «¡Todos canten!»

Y luego, esta es la cuarta, pero es la segunda que quiero compartir hoy. Él decía: «¡Canta vigorosamente y con buen ánimo!» En otras palabras, «¡canta!» Él decía: «Cuidado con cantar como si estuvieras medio muerto o medio dormido, ¡por el contrario levanta tu voz con fuerza! ¡Canten todos y canten! ¡Canta vigorosamente!

¡Mi mamá, la primera Nancy DeMoss, tenía una voz increíble, hermosa, espléndida y profesionalmente entrenada! ¡Mi papá, no tanto, y tengo sus genes en cuanto a esto! ¡Mi padre no podía mantener el tono, pero cantaba con entusiasmo! ¡Y no sabía que no podía mantenerlo! ¡No sabía que sonaba horrible!

Así que en la iglesia él cantaba, ya sabes (y ella aplaudía al ritmo). Él estaría cantando sobre la sangre de Jesús, o cual fuera la canción del evangelio o el himno, y simplemente cantaba, ¡porque nunca dejó de sorprenderse ante la gracia de Dios! ¡Y entonces él cantaba!

Almorzamos la semana pasada con nuestra amiga Nora Duncan y su familia, y estuvimos hablando sobre el Salmo 95 y sobre cantar en voz alta al Señor. Ella está involucrada en ayudar a dirigir la adoración de los jovencitos en la escuela de su iglesia. Y me estaba diciendo: «¡Me encanta el canto con estos chicos de la escuela!, porque son lo suficientemente jóvenes como para que sigan siendo desinhibidos, expresivos y no conscientes de ellos mismos y, ¡simplemente cantan!»

Pero cuando llegan a cualquiera que sea el grado después de secundaria, están muy concentrados en: «¿Quién está a mi lado? ¿Quien me está mirando? ¿Qué aspecto tengo? ¿Cómo me escucho?» Están tan conscientes de ellos mismos… Entonces, tal vez el punto aquí es que todos necesitamos cantar más como esos jovencitos. 

Me encanta escuchar el cántico del Tabernáculo de Brooklyn, ¡es uno de mis favoritos! Quizás has oído hablar de los Brooklyn Tab Singers, ¡son fabulosos! ¡Pero lo que realmente amo es cuando toda la congregación canta! Y te digo, ¡suena como un tren de carga, como si fueras a ser atropellado! ¡Es un canto de corazón, y a todo pulmón.

He escuchado esto en algunos países del tercer mundo. Personas pobres, pero personas que saben lo que es –como lo hacen en Brooklyn Tab– ser rescatados del pecado y del yo y salir de la adicción a las drogas y de los hábitos pecaminosos… ¡Ellos saben que Dios los ha rescatado! ¡Así que cuando cantan, es con lágrimas, maravilla y asombro!

Y ¿sabes? Puedes pensar, «¡son demasiado expresivos! ¡Necesitan calmarse un poco! «Bueno, ¿sabes qué? Si permanecen a tu lado por mucho tiempo, ¡terminarán cantando como tú!, como una estatua y con un corazón dividido. Esperemos que aquellas de nosotras que somos mayorcitas no nos impongamos… ¡Que no contagiemos a otros con nuestra falta de devoción y pasión al cantar!

Entonces Wesley decía: «Canta todo. ¡Canta vigorosamente!» Y luego, «¡por encima de todo, canta espiritualmente! Pon tus ojos en Dios con cada palabra que cantes. Trata de complacerlo a Él más que a ti misma o a cualquier otra criatura. Ve que tu corazón no se deje llevar solo por el sonido, sino que se ofrezca a Dios continuamente. Que tu canto sea como aquellos que el Señor aprueba aquí en la tierra, y recompensará cuando venga en las nubes del cielo». ¡Así que hazlo para el Señor! Eso es cantar.

Ahora, el siguiente verbo que se usa aquí en el salmo es «aclamémosle». De nuevo, esa es una palabra que incluye mucho más de lo que pensamos. Creo que muchas de nuestras traducciones hacen un mejor trabajo aquí cuando dice: «¡Griten con alegría al Señor!» «¡Griten con alegría!». Es una palabra que significa «¡griten con voz alta!», ¡como para dejarnos sordas con el sonido!

No soy de las personas que les gusta la música alta. Mi esposo puede confirmarlo. Mantengo los decibeles muy muy bajos. No sé por qué, pero me gusta la música realmente suave. ¡A veces para dormir escucho canciones de cuna tranquilas! Simplemente me gusta la música suave; no me gusta la música alta. No sé por qué.

Pero, ¿sabes qué? Si vamos a escuchar el salmo aquí, habrá música que nos va a tener que gustar, y creo que habrá algo de esta música en el cielo. Así que tal vez deberíamos acostumbrarnos aquí abajo a ese sonido que nos aturde. Porque ¡habla de un «grito de triunfo alegre!» ¡Canta! ¡Haz un ruido alegre! ¡Clama alegremente al Señor! No sé por qué perdemos esto tanto de vista, porque lo vemos en la Escritura. El Salmo 66: 1, dice: «Aclamad con júbilo a Dios, toda la tierra…» El Salmo 100:1, dice: «Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra».

1 Crónicas 15:16: «David habló a los jefes de los levitas para que designaran a sus parientes los cantores, con instrumentos de música, arpas, liras y címbalos muy resonantes, alzando la voz con alegría». El Salmo 98: 4-6, que es solo unos cuantos salmos antes del salmo que estamos viendo: «Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra; prorrumpid y cantad con gozo, cantad alabanzas…»

«Cantad alabanzas al Señor con la lira…al son de la melodía...con trompetas...y sonido de cuerno, dad voces ante el Rey, el Señor». Y luego, mira esto al final del Salmo 98: ¡Toda la creación se une en esta adoración ruidosa y alegre! «Ruja el mar y cuanto contiene…el mundo y los que en él habitan. Batan palmas los ríos…» (vv.7-8) 

Robert y yo vivimos cerca del lago Michigan y estuvimos allí no hace mucho, ¡cuando se produjo una gran tormenta! Había olas con espuma en el lago Michigan. ¡Parecía el océano, y hubo un trueno ensordecedor! 

Ahora cuando veo este pasaje me doy cuenta de que «¡estaban alabando al Señor!» Las olas adoraban al Señor, como se les ordenó hacer. «Batan palmas los ríos; a una canten jubilosos los montes».

Esdras capítulo 3, versículos 10-13: «Cuando los albañiles terminaron de echar los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes en sus vestiduras, con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar al Señor…Y cantaban, alabando y dando gracias al Señor…»

«Y todo el pueblo aclamaba a gran voz alabando al Señor. Versículo 13: «...y se oía el clamor desde lejos». Cantamos sobre algunas cosas asombrosas y maravillosas en nuestras iglesias cuando nos reunimos. Si estamos cantando la verdad…si estamos cantando canciones basadas en la Biblia, entonces, ¿por qué tantos de nuestros servicios de adoración se sienten tan mustios? 

Ahora, no vamos a culpar al líder de adoración ni a los músicos en la tarima. ¿Qué tal si nos miramos a nosotras mismas y nos preguntamos: «¿Estamos cantando como si fuéramos almas que han sido salvadas por la misericordia y la gracia de Cristo?» Vamos a ver en el resto del Salmo 95, muchas razones para alabar al Señor. El clamor de este pueblo «se oía desde lejos». ¡Como si levantaran el techo con su alabanza!

Para algunas de nosotras resulta difícil este tema de gritar. ¡Seré la primera en admitirlo, es difícil para mí! Honestamente, me pongo un poco nerviosa con esto. Siempre que estoy en la iglesia y canto... ya sabes... esto va a variar de iglesia en iglesia, dependiendo de la tradición de tu iglesia. Crecí en iglesias con servicios un poco más estructurados y formales, y para nada ruidosas.

De hecho, hay un pastor y comentarista presbiteriano (ahora está con el Señor, puedo bromear un poco sobre él; no voy a decir su nombre) muy respetado que dijo lo siguiente sobre este pasaje: «La mayoría de nosotros probablemente tenemos más problemas con este asunto de gritar que con cualquier otra cosa en esta lista, y está bien si no gritamos».

Y pienso: «Pero este hombre realmente amaba la Palabra de Dios, la honraba, y ahora está con Jesús. Pero él está diciendo que este pasaje habla acerca de gritarle al Señor, pero que está bien si no lo hacemos. Y yo tengo un problema con eso. Él sigue diciendo: «Pero debemos recordar que algunas tradiciones eclesiásticas sí gritan, como las carismáticas, por ejemplo y en algunos servicios, la gente al menos dice, ¡amén!» 

Y esta era su forma de evadir un poco este tema, si sabes a lo que me refiero. Y tengo un gran respeto por ese comentarista, pero es un párrafo interesante. 

En el otro extremo, pienso en mi amiga, Jackie Hill Perry. Algunas de ustedes la han visto en alguna de las conferencias True Woman (Mujer Verdadera) o la han escuchado en Aviva Nuestros Corazones. Y cuando está en el escenario, es una joven muy expresiva. Pero, conociéndola en privado, tras bastidores, la considero una mujer reservada y tranquila.

El otro día publicó algo en Instagram que expresaba la alegría que encuentra al adorar al Señor de esta manera festiva, alegre y exuberante. Esto fue lo que ella dijo: «Crecí en la Iglesia Bautista Misionera. Después de llegar a la fe, fui miembro de la Iglesia Pentecostal Apostólica por un corto tiempo».

«¡Llevo la iglesia negra en lo más íntimo de mi ser! (Ella es una mujer afroamericana, para aquellas que no lo saben). Incluyendo los estilos de adoración y predicación, la intensidad de todo. El canto exagerado y emocionalmente expresivo…que como la mayoría de ello, nos llegó a través de personas negras cuyo mundo entero era abrumador, pero encontraron su gozo dentro de un santuario…» 

«…¡siendo allí el lugar donde recordaban que Dios todavía era bueno! Donde la audiencia te gritaría cuando dijeras algo bueno y se ponía de pie, sacudía la cabeza y arrugaba la cara para hacerte saber que estaba de acuerdo». Ella dijo: «La cultura de todo eso es algo que no experimento a menudo…» 

«…quizás porque la gente tiene miedo de ser demasiado expresiva, para no ser acusada de ser demasiado carismática, o porque nos hemos vuelto demasiado dignos como para alabar en voz alta. No estoy segura. Pero no tengo vergüenza de desmayarme, solo un recordatorio de que aquí es de dónde venimos los negros… ¡Y que Dios está en el grito y el himno!» ¡Me encanta eso! 

Ahora, no solo estamos hablando de ruido por hacer ruido. Ya hay mucho de eso en nuestro mundo. Puedes ir al Estadio de Wrigley y puedes escuchar mucho ruido en un buen día... ¡En cualquier día, en realidad, donde juegan los Cachorros! Tendrás mucho ruido. Pero estamos hablando del pueblo de Dios haciendo un tipo de ruido diferente al que hace el mundo.

«Venid, cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Vengamos ante su presencia con acción de gracias; aclamémosle con salmos». Habla de acción de gracias, alabanza, adoración mientras nos adentramos en este salmo.

Y hay un lugar en la vida cristiana, un lugar importante para los salmos y las canciones de tristeza y de lamento. ¡Pero la fe cristiana también es motivo de gran gozo, incluso en medio del dolor! Y vi la combinación de estas dos cosas bellamente expresadas no hace mucho en nuestra iglesia.

Una pareja de esposos lideraba la adoración en el escenario ese domingo en particular. Lo que muy pocos sabían esa mañana, era que estaban en medio de una crisis con uno de sus hijos adultos, ¡y era realmente muy difícil! Pero mirándolos, nunca lo hubieras sabido. ¡Estaban radiantes! Estaban felices mientras cantaban por fe, al Señor, mientras daban gracias.

Y mientras cantaban esta canción que vamos a citar, aconsejaban sus propios corazones con la verdad. Es una canción llamada, Regocíjate de Stuart Townend: 

«Ven y delante de tu creador lleno de asombro, lleno de temor, ven a contemplar su poder y su gloria, pero también acércate con confianza, porque el que sostiene los cielos y manda a las estrellas de arriba es el Dios que se inclina para bendecirnos con un amor inquebrantable».

Ahora, yo sabía lo que estaba pasando en su familia ese día, conocía la situación. Sabía que estaba saliendo a la luz de una manera horrible. Pero los veía con gozo, con las manos levantadas al Señor mientras cantaban esa segunda estrofa: «Toda nuestra enfermedad, todas nuestras penas que Jesús llevó a la colina. Él ha caminado este camino delante de nosotros, Él todavía está caminando con nosotros...»

Y el coro dice: «Regocíjate! Ven y levanta las manos y levanta la voz; Él es digno de toda alabanza, ¡Regocíjate! Canta las misericordias de tu Rey, y con estremecimiento, regocíjate».

La próxima vez que llegues al culto congregacional, tal vez el próximo domingo, tal vez tus ojos estén llenos de lágrimas. ¡Puedes sentir que todo el infierno se está desatando a tu alrededor! Pero ven a Su presencia, delante de Su rostro, con acción de gracias. Ven, canta al Señor, haz un ruido gozoso. Aconseja tu corazón con la verdad y por la fe levanta la voz, levanta las manos si quieres, ¡y regocíjate! ¡Amén! 

Annamarie: Espero que recuerdes esta enseñanza de Nancy DeMoss de Wolgemuth la próxima vez que te reunas a alabar a Dios junto a tus hermanos en Cristo. Nancy nos ha estado llevando al corazón de la adoración en una serie titulada, «¡Ven! Alabanza y advertencia en el Salmo 95». 

Y es que es tan fácil quedar atrapadas en las ocupaciones, que olvidamos alabar a nuestro Salvador. Espero que aproveches cada oportunidad–en tu vehículo, mientras haces algo en casa, y aún el próximo día de Acción de Gracias– que aproveches estas oportunidades para hacer precisamente eso: Alabar a Dios con gratitud.

Y pensando en esto me pregunto: ¿Hay un estilo de alabanza que sea mejor que otro? Bueno, Nancy nos ayudará a responder esta pregunta, mañana. Ahora, ella regresa para orar con nosotras. 

Nancy: Venimos ante Tu rostro, oh, Señor, para darte las gracias, para decir que Tú eres Dios. ¡Eres bueno, eres grande y eres digno de toda nuestra alabanza! Así que ayúdanos cuando nos juntamos a cantar, dar gracias, hacer un sonido gozoso y alabar ¡como si estuviéramos verdaderamente creyendo lo que estamos diciendo! En el nombre de Jesús, amén.

Trayéndote enseñanza práctica de la Palabra de Dios, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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