Podcast Aviva Nuestros Corazones

Habla contigo misma

Carmen Espaillat: Las personas pueden pensar que eres un tanto extraña, pero aquí está Nancy Leigh DeMoss con un buen consejo.

Nancy Leigh DeMoss: Habla contigo misma. Háblate la verdad. Dios es soberano. Dios es sabio. Él no comete errores. Él no va a traer nada a tu vida que no sea para tu bien. Sigue aconsejando a tu corazón con la Palabra de Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia Saladín.

Nancy continúa esta semana con la serie: “Lidiando con la depresión y la duda”.

Nancy: Usualmente si escuchamos que alguien está hablando consigo mismo, pensamos que hay algo que anda mal. ¿Hablas contigo misma?, algunas de ustedes obviamente no. Pero tengo que confesar que algunas veces yo sí lo hago. Pero vamos a ver hoy en las Escrituras que hay momentos en que realmente es bueno hablar contigo misma.

Hemos estado viendo desde la semana anterior los Salmos 42 y 43. Y hemos visto al salmista en una circunstancia que es desesperante, depresiva, llena de duda, angustiante y asfixiante. Era realmente un tiempo difícil en su vida y se sintió realmente abrumado por las circunstancias y ayer mencionamos que en medio de la angustia, él tomó la decisión de hablar con Dios, de hablar primero con Dios.

Vimos que él le dijo a Dios sus problemas y luego le hace a Dios sus preguntas, él le pide que restaure su intimidad y su comunión con Él. Él está diciendo: “esta es mi gran meta, no es conseguir que mis problemas sean resueltos. Señor, si tengo que caminar a través de esto, quiero al menos salir de esto conociéndote de una manera que no te había conocido”.

Hoy quiero que veamos que no solo el salmista hablaba con Dios, sino que él también hablaba consigo mismo. Él aconseja su propio corazón de acuerdo a lo que él sabe que es verdad, aun en un tiempo en que sus emociones le están gritando: “¡No puede ser verdad!”.

Así que también hemos visto esta semana que hay un coro, un estribillo que se repite tres veces en este pasaje (el versículo 5 del capítulo 42, versículo 11, y luego este último versículo, el versículo 5 del capítulo 43 también). Déjame leerte este coro, y verás que ahí él realmente está hablando consigo mismo; él está consolando su corazón.

Él dice en el versículo 5: “¿por qué te abates, oh alma mía y te turbas dentro de mí?” ¿Por qué estás deprimida? Él está a la deriva, está postrado. “¿y te turbas dentro de mí?” Y esa palabra dijimos a principios de esta semana es “tumultuosa”. “¿Por qué estas preocupada, frenética y dudando? ¿Por qué?” y Él se hace esa pregunta.

Y luego él se dice a sí mismo; él se consuela a sí mismo. Y dice: “Espera en Dios”. Él no le está diciendo esto a alguien más. Ahora el tiempo vendrá cuando él se lo diga a alguien más, él se lo está diciendo a sí mismo: “Alma, espera en el Señor. Sí, yo sé que se ve como que no hay esperanza. Sí, yo sé que las circunstancias son abrumadoras. Sí, no parece haber un final a la vista de estos problemas. Sí, yo sé que no hay nadie alrededor aquí para animarte y para motivarte. Tú te sientes muy sola. Pero… aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (v.5).

Versículo 11: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”. Y la tercera vez, en el capítulo 43, versículo 5, como dice la Biblia de las Américas: “Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; pues he de alabarle otra vez, Él es la Salvación de mi ser y mi Dios”.

Ahora quizás te estás preguntando, como yo meditando en este pasaje, ¿por qué, prácticamente, dice lo mismo tres veces? ¿Sabes por qué? ¡Porque eso es lo que se necesita una y otra vez!

¿Sabes qué? Él no es el único que lo necesita una y otra vez. ¿No te has encontrado a veces que no solamente has tenido que hablar a tu corazón y consolarte a ti misma, sino que debes continuar haciéndolo? Me he encontrado en numerosas ocasiones en mí vida en las que he tenido que mantenerme yendo hacia atrás y diciéndole a mi corazón lo que sé que es verdad.

Algunas de ustedes me han escuchado compartir acerca del primer año en que fue lanzado Aviva Nuestros Corazones. En ese momento no sabía, antes de ese año, cuando hice el calendario para ese año, no sabía que comenzaría un programa diario radial. Así que ya tenía múltiples conferencias planificadas. Tenía ya un año completo agendado. Estaba escribiendo libros y el año estaba lleno.

Y entonces agregamos la radio (la radio todos los días). Y grabamos en ese primer año, creo que unos 320 programas y apenas sabía cómo encender la radio, mucho menos cómo hacer radio. Y desde la mitad de ese año y por un periodo de quince meses, realmente, me sentí constantemente abrumada. Me sentí, la mayor parte del tiempo, como si estuviera en un inmenso océano con un tsunami, solo un maremoto cayendo sobre mí una y otra vez. Por meses, sentí como que apenas podía respirar.

Y aún así supe que Dios me había llamado a esto. Sabía que estaba ahí por el designio de Dios. No tenía ninguna duda. De verdad ni por un momento dudé de que Dios había sido el que me había llevado hacia esto. Pero honestamente tuve muchos momentos en los que pensé que no viviría para contarlo. No pensé que sobreviviría a esto. Quiero decir, fue todo tan abrumador, y me encontré repetidas veces aconsejando mí corazón de acuerdo a la verdad de la Palabra de Dios, regresando a las cosas que se que son verdad: acerca de Dios, acerca de Su llamado, acerca de Su gracia. Su gracia es suficiente para ti. Su gracia es suficiente para mí.

Pero tuve que mantenerme aconsejando mi corazón. Regresaba a las promesas de Dios, a la Palabra de Dios una y otra vez. Y fue durante ese tiempo que terminé de escribir el libro “Mentiras que las mujeres creen”. Si leíste ese libro, sabrás que el último capítulo solo es una lista de verdades que necesitamos creer, que contradicen las mentiras.

Ponemos estas verdades en un pequeño marcador de libros, y me he encontrado necesitando volver repetidas veces a sencillamente leer estas verdades en alta voz. Dios no me guiará a ningún lugar donde Él no supla Su gracia para capacitarme.

Solo leía estas verdades, las leía en voz alta, aconsejando mí corazón de acuerdo a la Palabra de Dios, diciéndole a mí corazón: “Corazón, ¿por qué estás desalentado? ¿Por qué estás abrumado? ¡Espera en Dios! No mires a la tormenta a tu alrededor. No mires las circunstancias”. Te digo, podía aconsejar mí corazón de esa manera a la primera hora de la mañana en mi tiempo de quietud y antes de las 10:00 de la mañana tenía que volver a aconsejar mi corazón con las mismas verdades una y otra vez.

El enemigo usa la decepción. Él usa las tormentas. Él usa la angustia para abrumarnos, y algunas de ustedes están viviendo en circunstancias reales en sus vidas y situaciones que no se van a ir. La mía, la parte más angustiosa duro más o menos unos quince meses, entonces Dios comenzó a levantar la nube y comencé a ver alguna esperanza y comencé a sentir alguna esperanza.

Pero alguna de ustedes están viviendo en un matrimonio o con un hijo discapacitado o en medio un problema financiero (no se va a ir en quince meses). Vas a estar viviendo con esa situación tal vez por un largo período de tiempo. Tienes que seguir aconsejando tu corazón de acuerdo a la Palabra de Dios.

Háblate a ti misma. Háblate la verdad. Repítete a ti misma lo que sabes que es verdad:

  • Dios es soberano.

  • Dios es sabio.

  • Él no comete errores.

  • Dios me ama y

  • Dios no va a traer nada a mí vida nada que no sea para mí bien.

Sigue aconsejando tu corazón de acuerdo a la Palabra de Dios. Dile a tu corazón: “Espera en Dios”.

Martyn Lloyd-Jones, en un comentario de este pasaje, (Martyn Lloyd-Jones fue un gran maestro de Biblia en generaciones pasadas) escribió:

¡Debemos hablarnos a nosotros mismos en vez de escucharnos a nosotros “mismos”!... Debes decirle a tu alma: “¿por qué te abates, oh alma mía? (¿qué asuntos tienes para estar inquieta?). Tú debes de exhortarte a ti misma, y decirte a ti misma: “espera en Dios” (en vez de murmurar de esta manera decepcionante e infeliz. Y luego debes ir recordándote a ti misma acerca de Dios, quién es Dios, qué es Dios y qué ha hecho Dios y lo que Dios mismo se ha comprometido a hacer.

Luego de hacer esto, termina con esta gran nota: desafíate a ti misma y desafía a otras personas y desafía a Satanás y a todo el mundo y di con este hombre: “Porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.

Cuando estaba meditando en este pasaje esta mañana: “Espera en Dios porque aún he de alabarle” o “porque he de alabarle todavía” (Salmo 42:5) mis pensamientos se fueron a tantas otras cosas que buscamos como esperanza y como ayuda y a cuán propensas somos a buscar soluciones temporales o terrenales para poner lo que puede llamarse una curita pero que a la larga realmente no va a ser nuestra liberación.

Esperanza en tus amigos. Esperanza en tu esposo. Esperanza en tu salud. Esperanza en medicamentos como el Prozac, porque aún estaré contenta con la ayuda de mi psicoterapeuta. Quiero decir, ¿no es esta la manera en la que muchas de nosotras, como mujeres, estamos viviendo hoy en día? Y no intento ridiculizar a nadie o burlarme de nadie. Solo estoy diciendo, que en última instancia, si tu esperanza no es nada ni nadie más que Dios mismo, te estás preparando para una desilusión.

Y esto no quiere decir que los amigos están mal. Esto no quiere decir que pueda haber una situación en la vida donde alguna medicación ayude con algún síntoma físico. Te digo, los problemas por los que estaba pasando el salmista en este pasaje, problemas de depresión y de ansiedad, a fin de cuentas son problemas del espíritu, del alma. No hay amigo, no hay pareja, no hay circunstancia, no hay medicamento, no hay consejero en esta tierra que pueda ser para ti y hacer por ti lo que Dios quiere hacer.

Ahora, Dios te da regalos y medios de gracia y medios de estímulo y ayuda, así que no desprecies aquellos que son parte del proceso que Dios trae a tu vida, pero si tu esperanza está en esas cosas, vas a terminar sin esperanza. Esas cosas quizás te hagan sentir mejor. Quiero decir, ir de compras puede hacerlo. El chocolate puede hacerlo.

Muchas cosas en las cuales ponemos nuestra esperanza pueden temporalmente aliviar algunos síntomas físicos o emocionales, pero en lo más profundo de tu espíritu, si tu esperanza no está en Dios, no obtendrás ayuda. Su faz, su rostro, es lo que en realidad es en última instancia tu esperanza y tu ayuda.

Ahora quiero que veamos algo más en este pasaje que el salmista hace, que realmente es crucial para vivir la vida cristiana. Y no solo él lo necesita, sino que tú y yo lo necesitamos cada día. Él contrarresta la vista, eso que es lo que él puede ver, lo que él siente que es verdad, lo que parece ser verdad, él lo contrasta con la fe.

Sus sentidos le dicen una cosa pero su vista le dice otra cosa. Las aparentes circunstancias le dicen a él una cosa y si él cree lo que sus ojos ven y lo que sus sentidos le dicen, él va a vivir una vida abrumadora. Así que él contrasta la vista con la fe. Tienes este constante diálogo, esta continua conversación entre lo que él ve y la fe. La vista dice, pero la fe dice, pero la vista dice, pero la fe dice y él siempre aterriza en la fe.

Y veremos algunos de esos puntos a través del capítulo a medida de cómo la vista y la fe son alternadas. Desde la perspectiva de la vista, él ve quejas y las circunstancias que son visibles, pero luego la fe responde, entonces él ve los consuelos en el Señor. Él ve las realidades eternas que solo puedes ver con los ojos de la fe.

A veces tus sentidos y tú vista y tú percepción inmediata solo te dicen las cosas que son realmente deprimentes y negativas porque estás en una temporada de la vida en que la tormenta es muy severa y si te fijas en lo que se puede ver, vas a estar deprimida.

Pero si levantas tus ojos y ves las cosas que no puedes ver, las realidades eternas, que son más verdad que la misma tormenta, encontrarás consuelo en tú corazón. Y ahí es donde debemos decir: “Señor, aunque no te puedo ver, aunque no te puedo sentir, puedo creer que Tú eres más real, Tú eres más verdad, Tú eres más grande, que cualquier circunstancia o situación que estoy enfrentando en este día.

Por ejemplo, miremos los versículos 1 y 2, la fe dice: “Hay un Dios”. Ahora no puede ver a ese Dios. Se siente abandonada por Dios, pero la fe dice: “Hay un Dios”. Y la fe dice: “Mi corazón busca comunión e intimidad con Él”. Así que él habla con Dios, aunque no sienta que Dios está ahí. Él dice: “Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía” (Sal.42:1). Así que la fe dice: “Hay un Dios y mi alma lo está anhelando”.

La vista responde en los versículos 3 y 4 diciendo: “Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?”. Eso es lo que la vista le responde. “Tú estás angustiado. Tú estás deprimido. Tú eres un miserable. Todos te han abandonado, y las personas que no te han abandonado te están atacando. Ellos continuamente me están diciendo…” esto es lo que la vista dice.

Y no estoy diciendo que la vista no es real. La vista es muy real. Tus circunstancias son muy reales. Pero lo que estoy diciendo es que esa no es la realidad final. La fe contrarresta la vista. Así que en el versículo 5, la fe contrarresta la vista diciendo: “Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia”. (Salmo 42:5).

Pero luego en los versículos 6 y 7, la vista vuelve, y le dice: “Dios mío, mi alma está deprimida” “todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”.

Y después la fe habla nuevamente en el versículo 8 y dice: “De día mandará el Señor Su misericordia”, Su hessed que es la palabra hebrea, Su amor de pacto, su amor fiel. “De día mandará el Señor Su misericordia, y de noche Su cántico estará conmigo; elevaré una oración al Dios de mi vida”. Eso es lo que la fe le responde.

Él no puede ver el amor misericordioso de Dios. Él no puede sentir el amor misericordioso de Dios. Él no puede escuchar la canción de Dios con sus oídos, pero él dice por fe: “esto es lo que sé que es verdad”.

Y luego en el verso 9 la vista vuelve a aparecer nuevamente. En el versículo 9 la vista le dice: “A Dios, mi roca, diré: ¿por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo? Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?” (Salmo 42:9-10). La vista le dice: “Dios parece que se ha olvidado de mí. Mis enemigos me reprochan todo el día”.

¿Pero pudiste notar lo que dice el versículo 9? “A Dios”, ¿mi qué? “mi roca”. La fe dice: “mi roca”. La experiencia dice, la vista dice: “Me has olvidado”. Y como dice un comentarista: “Todo depende a qué voz hayas prestado atención”. ¿A cuál de estas voces vas a escuchar: ¿la fe o la vista? La vista dice: “me has olvidado”. La fe dice: “Dios es mi roca”. ¿A cuál de estas voces vas a escuchar?

Y luego la fe regresa y habla nuevamente en el versículo 11: “Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser y mi Dios!”. La fe reconoce que Dios tiene un suministro que es suficiente para mi necesidad.

La vista no me dice eso. La vista dice: “No hay suministro para tu necesidad. No hay nada que va a suplir tu necesidad. Estás acabado. No tienes recursos”.

Pero la fe dice: “Dios va a suplir lo que es suficiente para proveer toda mi necesidad”. Mira cómo esto funciona en este pasaje. En el versículo 3 del capítulo 42, tenemos a la vista hablando sobre las lágrimas siendo mi alimento de día y noche y en el versículo 10: “mis adversarios me afrentan todo el día” la necesidad es constante. La necesidad es de día y de noche, todo el día, continúa una y otra vez.

¿Pero qué ofrece la fe? Mira el versículo 8, “De día mandará el Señor su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo”. Así que día y noche hay problemas y presiones y adversidades, ¿pero qué más hay de día y de noche? Está la provisión de Dios, Su misericordioso amor, Su canción.

Así que sin importar qué tan a menudo, tan extendida y prolongada sean mis circunstancias, hay suficiente misericordia y gracia, hay más que suficiente. Todo el día Dios te dará Su amor misericordioso y toda la noche Su canto estará contigo.

Y me encanta esa frase: “y de noche su cántico estará conmigo”. Sabes, las Escrituras enseñan que Dios canta sobre nosotros y nosotros le cantamos a Dios. Ahora, nosotras pensamos siempre sobre cantarle a Dios, pero quizás no hayas pensado sobre Dios cantando sobre nosotros.

Piensa en ese pasaje en Sofonías capítulo 3, versículo 17, que dice:

“El SEÑOR tu Dios está en medio de ti, guerrero victorioso; se gozará en ti con alegría, en su amor guardará silencio, se regocijará por ti con cantos de júbilo”.

¡Dios cantando sobre nosotras! Yo nunca, con mis oídos físicos, he escuchado a Dios audiblemente cantar sobre mí, pero sabes, mi fe me dice que Él lo hace. Cuando la vista dice: “todo el ruido a mi alrededor realmente me está volviendo loca”, la fe dice: “Dios está cantando sobre ti”. Durante la noche Dios está cantando sobre ti.

Y luego, cuando cantamos a Dios, ¡qué dúo santo! Levantamos nuestra canción a Él. Unimos nuestras voces con Él. Él canta sobre nosotras. Nosotras le cantamos a Él. Job capítulo 35 habla sobre “Dios mi hacedor, que inspira cánticos en la noche” (v.10).

Alguna de ustedes me han escuchado compartir esto antes, pero durante ese difícil año comenzando Aviva Nuestros Corazones y ahora en el presente, Dios ha hecho algo muy precioso por mí y suena un poco extraño, así que estoy un poco dudosa de compartirlo, pero ha sido tan real. Me he encontrado en los últimos meses, casi todas las mañanas, sin importar a qué hora me levanto, me levanto con una frase, con una frase musical, que pasa por mi mente. Y son las notas y las palabras de esa sola frase que dice “Si, Cristo me ama”, “Jesús me ama”. La frase dice: “Ellos son débiles, pero Él es fuerte”.

Mañana tras mañana Dios me está despertando con ese cántico y he estado consciente de que Su canción ha estado conmigo durante la noche, no solo las horas literales de la noche, sino también en los tiempos espirituales que son oscuros. Su canto ha estado conmigo. El Dios de mi vida me da Su canción en la noche.

En el siglo diecisiete, durante los treinta años de guerra, hubo un pastor de Alemania llamado Paul Gerhardt. El pastor Gerhardt y su familia fueron forzados a huir de su hogar y atravesaron un tiempo muy desalentador. Una noche estaban en un pequeño hotel. Estaban desamparados. Tenían miedo y la Sra. Gerhardt acababa de derramarse en lágrimas de desesperación.

El pastor trató de consolarla y él le recordó sobre las promesas de Dios acerca de Su provisión y Su cuidado y luego él salió afuera y cuando estaba solo, él también se derrumbó y comenzó a llorar, tan desalentado y tan triste de corazón. Esta fue, para él, su hora más oscura.

Pero no mucho después de esto, Dios comenzó a levantar la carga y él se sintió renovado con el sentir de la presencia de Dios, con el recordatorio del hessed misericordioso, amor de Dios, amor de pacto. Tomó su pluma, y escribió un himno que ha traído consuelo a muchas más personas desde entonces.

Y aquí les traigo una de las estrofas de ese himno:

Da a los vientos tus miedos. Espera y no desmayes. Dios escucha tus suspiros y cuenta tus lágrimas. Dios levantará tu cabeza. A través de las olas, las nubes y las tormentas, Él suavemente aclara el camino. Espera Su tiempo. Para que la noche pronto termine en día de júbilo.

Dios nos da canciones en la noche, así que la vista dice: “Sí, está oscuro adentro. Sí, mis enemigos están alrededor de mí. Sí, parece ser que Dios se ha olvidado de mí”.

Esto es lo que la vista me dice, pero la fe dice: “Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez”. Todo lo que Él me ha dado es suficiente y su provisión es suficiente para toda mi necesidad. Así que canta cuando la vista está diciendo que todo se está derrumbando. Ejercítate en la fe y canta a Dios quien es tu esperanza.

Carmen: Esa es Nancy. La música es una manera poderosa de mantener tu mente en la verdad, aun cuando no lo sientas así.

Queremos animarte a obtener el CD instrumental en piano de Nancy, Be Still (Estad quietos). Cuando tu corazón esté atormentado, este CD podrá ayudarte a restablecer la paz, no solo por la hermosa musicalización, sino por los himnos familiares que te ayudarán a enfocar tu mente en la verdad.

Puedes ordenar el CD llamando al 1–800–569–5959 si estas en los E.E.U.U. o Canadá o visita AvivaNuestrosCorazones.com para ordenarlo por internet. ¿Realmente puedes elegir tener gozo si no lo sientes?

Nancy: Dios es mi fuente de gozo. No es la ausencia de tormentas lo que determina el nivel de mi gozo, sino la presencia de Dios. Él es mi gozo supremo, y por eso me regocijaré en Él.

Carmen: Nancy volverá mañana para hablar de las emociones y el gozo. Espero que puedas acompañarnos, aquí de vuelta en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Martyn Lloyd Jones, Depresión espiritual: Sus causas y su cura (Grand Rapids: Eerdmans 1986) 20-21

Nuestro pan diario: Mayo 7, 1992.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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