Aviva Nuestros Corazones Podcast

¿Dónde está Dios?

Annamarie Sauter: ¿Debe Dios responder todas nuestras preguntas?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Creo que a veces tenemos esta noción errónea de que cuando lleguemos al cielo, Dios va a sacar una presentación en Power Point y va desenrollar una pantalla y va a poner todas las respuestas en esa pantalla, de todas las preguntas que hemos tenido acerca de cualquier cosa que nos haya pasado en esta vida.

Realmente yo no creo que esto vaya a ser así porque cuando veamos al Rey, Él nos será respuesta suficiente.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura en el Reto Mujer Verdadera 365 para hoy es Ezequiel capítulos 13 al 15.

Hoy Nancy continúa con la segunda parte de la serie, «Lidiando con la depresión y la duda».

Nancy: Esta semana estamos viendo un par de salmos, el Salmo 42 y el Salmo 43, que pienso que realmente nos dan aliento a aquellas de nosotras que sabemos lo que es pasar por situaciones desesperantes de gran dificultad, situaciones bien estresantes.

Hemos visto que el salmista, probablemente David, siente que él está en una época de sequía, de sequedad, de desierto; y también que él está en una etapa de la vida en la que siente como si se estuviera ahogando. Está abrumado por las circunstancias de la vida.

Y ayer empezamos a ver cuáles de esas circunstancias le causaron esta depresión. Le habían hecho dudar. Dudar de Dios, dudar de sí mismo, dudar de las cosas que pensaba y sabía que eran ciertas.

Hemos dicho que se encontraba en un momento de su vida en el que fue cortado de la comunión con las personas que había conocido y que habían caminado con Dios y que además tendría que vivir lejos de Jerusalén. Tuvo que mudarse, por alguna razón, hasta el norte de Palestina y no le fue posible ir a la casa de Dios para adorar al Señor, y él sentía profundamente la pérdida de esa comunión íntima con Dios y con los demás.

Él estaba en un lugar en su vida donde tuvo que enfrentarse al hecho de estar sin medios visibles de apoyo para su fe.

Y hemos dicho que Dios a veces nos permite, incluso, puedo ponerlo de esta manera, Él nos pone a veces en lugares donde Él sabe que no nos vamos a poder apoyar en las cosas que se han convertido en símbolos de nuestra fe, sino en Dios mismo.

Dios quiere mover al salmista y movernos a nosotras hacia un lugar donde nuestra esperanza esté totalmente fundamentada en quién es Dios y no en ninguna evidencia visible de la presencia de Dios en nuestras vidas.

Ahora, hoy queremos ver algunas otras razones por las que David se sentía deprimido, y por qué él estaba atravesando por todas estas dudas. Los tres primeros días de esta serie, en realidad pueden parecer bastante negativos. No me gusta cuando terminamos cada día de la manera en que estamos terminando, pero es porque gran parte de este salmo es el salmista clamando por sus circunstancias angustiosas.

¿Estás diciendo que vamos a pasar tres días en la parte negativa del salmo, pero no es la vida de esa manera? Me gusta tener los problemas durante dos minutos y luego lograr resolverlos para el final del programa. Esa es la forma en la que sucede en la televisión, pero en la vida real no es así.

Los salmos no son de esa manera. Las Escrituras no nos prometen que las circunstancias que han sido penosas para nosotras van a desaparecer a corto plazo. De hecho, algunas de estas circunstancias no pueden desaparecer de este lado del cielo.

Vas a tener que elegir, ¿voy a vivir el resto de mi vida deprimida y con dudas? ¿O hay algunas decisiones que puedo tomar, que me permitirán, en medio de las circunstancias angustiantes de mi vida, caminar por fe?

Ahora, vamos a ver más adelante en esta serie que hay algunas decisiones que podemos tomar, pero quiero que en este momento nos enfoquemos un poco más en las circunstancias que el salmista está enfrentando.

Déjame leerte de nuevo comenzando con el versículo 1 del Salmo 42:

«Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?»

O como dice una traducción: «¿Cuándo veré el rostro de Dios?» Eso es lo que realmente quiero.

«Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?» (vv.1-3).

Ahora esto nos da una pista de algunas de las circunstancias que el salmista está enfrentando. Él estaba rodeado de incrédulos. Se están burlando, e insisten en que Dios lo ha abandonado, repetidas veces, de manera continua, quiero decir que esto no es solo en una oportunidad. Es todo el tiempo, continuamente, están burlándose de él. «¿Dónde está tu Dios?» Mira hacia abajo en el versículo 9:

«A Dios, mi roca, diré: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo? Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?» (vv. 9-10).

Él está rodeado de personas que no son personas de fe. Quizás esto te recuerda el lugar donde trabajas o tal vez tu familia. Sus amigos han llegado a la conclusión de que Dios lo ha abandonado. Y eso solo se suma a su angustia y a su aflicción. Ellos tratan de sacudir su confianza en Dios.

Y esto me recuerda una amiga que es una de las pocas creyentes en una gran familia no creyente. Y cuando ella va a estar con su familia para actividades familiares o reuniones y todo lo demás, hay todo tipo de blasfemias, e inmoralidad, que solo la rodea y ellos no entienden su fe. Ellos no comparten su fe y esas son circunstancias difíciles de enfrentar.

Hace que el ir a casa para Navidad sea duro. Hace que las vacaciones sean duras. Ella sabe qué es lo que hay que hacer, pero hay una respuesta natural de depresión y de duda cuando tienes que estar rodeada por los incrédulos.

Entonces vemos en el versículo 4 del capítulo 42, que el salmista tiene recuerdos de las misericordias y de las alegrías pasadas. Él se acuerda de cómo solía ser. Y dice en el versículo 4:

«Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí; de cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias, con la muchedumbre en fiesta».

Tú dices que hubo un día en que era diferente. Hubo un día en que tuve compañerismo cristiano cálido. Pero ahora, todo parece estar en el pasado. Todo parece perdido. Todo parece haberse ido.

Y esos recuerdos que le podrían traer alegría, de hecho, se suman a su desesperación porque todo ha cambiado. Tú solo puedes sentir la desesperanza. «Nunca voy a experimentar esto otra vez». Eso tiene que ser lo que él estaba sintiendo.

Y entonces se da cuenta de que no son solo las personas que lo están oprimiendo. Se da cuenta de que las tormentas en realidad provienen de Dios. Eso, en cierto sentido, puede ser más difícil de soportar. Él dice en el versículo 7:

«Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí».

Es en este pequeño bote, como hemos dicho anteriormente esta semana. El aguacero que viene del cielo. Los cielos se acaban de abrir y dices: «Es lluvia de Dios». Dios es el que controla la lluvia.

Entonces él dice también: «Todas tus ondas y tus olas que son tempestuosas amenazan con vencerme, son ondas y olas de Dios». ¿Quién hizo el mar? ¿Quién agita la tormenta? ¿Quién envía la lluvia?

Una cosa es tener personas o circunstancias en tu vida que son abrumadoras. Son dolorosas. Son graves, pero al menos puedes verlos y decir: «Es su culpa». Uno se consuela un poco con eso.

Pero cuando das un paso atrás y te das cuenta de que nada viene a la vida de los hijos de Dios que no esté ordenado, y ordenado soberanamente por la mano de Dios mismo, que realmente no hay causas secundarias, entonces tu problema es con Dios.

Y tú dices: «Señor, estoy en este problema, en este lío y no fue directamente mi pecado que me trajo hasta aquí». Y uno mira hacia atrás y dice: «Señor, tú estás a cargo de esto». Entonces, la tentación es a enojarse, a amargarse contra Dios.

«Señor, tú formaste este niño quien tiene una discapacidad física. El médico no hizo esto. Y tú pudiste haber hecho este niño diferente».

«¿Cómo dejaste que mi marido entrara en ese hábito de adicción? Tú puedes cambiar su corazón, pero Tú no lo has hecho».

O «este hijo que no puedo controlar. Tú podrías cambiar mis circunstancias, pero no lo has hecho».

Y así empezamos a darnos cuenta de que no es solo el hombre y las circunstancias lo que nos está presionando, es en última instancia Dios que tiene su mano en esto.

Y eso puede crear una sensación de mayor desesperación hasta que das un paso atrás y miras quién es ese Dios.

Un comentarista dice acerca de este versículo:

«Debemos recordar que los sufrimientos no son el toque de una mano ajena. Lo mismo que nos trae la angustia, como vemos que es la mano de Dios que está detrás de nuestras circunstancias, es también lo que nos puede traer consuelo en medio de esas circunstancias».

Y vamos a ver esto a medida que el salmo se desarrolla. Así que en medio de esta tormenta, pareciera como si Dios se hubiera olvidado y lo hubiera abandonado. Eso es lo que él siente.

¿Pero no admitirías que ha habido momentos en tu vida en que te has sentido como si no pudieras encontrar a Dios en ningún lugar? Tú sabes en tu cabeza que no es cierto y no te atreverías a decirlo en voz alta. Pero tus emociones te lo están gritando, «Dios no está aquí. Él me ha olvidado. Él me ha abandonado».

Él dice en el versículo 9 del capítulo 42: «A Dios, Roca mía, diré: (mi única constante, el único firme) ¿Por qué me has olvidado?» Eso es lo que sus emociones le están diciendo.

Salmo 43:2: «¿Por qué me has rechazado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del maligno?»

¿No era esa la angustia suprema que el mismo Señor Jesús pasó en la cruz? Él entró en nuestra desesperación. Él entró en nuestra tormenta. Él tomó sobre sí toda la ira de Dios contra el pecado, y llegó hasta el punto en que se sentía abandonado. De hecho, Dios el Padre tuvo que darle la espalda a Su Hijo. El salmista dice: «Esto me lleva a la desesperación. Esto me lleva a la depresión. Esto me lleva a dudar».

Entonces, los problemas son implacables. No parece, a simple vista, haber ningún fin para ellos. No van a desaparecer. El versículo 3 del Salmo 42 dice: «Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?» Versículo 10: «Mis enemigos me afrentan, me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?»

Esto no es solo un problema que se presenta en una pequeña borrasca en el mar de la vida. Se trata de una tormenta que se queda. Entonces, ¿qué hace el salmista? Él se enfrenta a algunas decisiones, algunas de las acciones que puede tomar que le ayudan a caminar con Él a través de esta angustiosa y deprimente, estación de la vida.

Y quiero que veas que primero él habla con Dios. Él habla, pero antes de hablar con nadie más, él habla con Dios. De hecho, el primer versículo dice: «Como el ciervo anhela las corrientes de las aguas, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía» (42:1).

Él vuelve su corazón, sus ojos, aunque pueden estar llenos de lágrimas, hacia Dios.

Y ¿no tendemos a ser tan propensas a querer hablar con alguien primeramente? Es decir, queremos a alguien que podamos ver. Así que llamamos a una amiga o hacemos una cita con un terapeuta o llamamos al pastor. Y gracias a Dios por los amigos; gracias a Dios por los pastores.

Pero si tú no estás hablando con el Consejero Admirable, no vas a encontrar al final la gracia que necesitas. Las personas que Dios pone a tu alrededor no podrán ser de tanta ayuda como podrían ser si estuvieras primeramente volviéndote hacia Dios. El salmista habla con Dios.

Él llama a Dios en el versículo 2, «el Dios viviente». En el versículo 6, él lo llama, «mi Dios». En el versículo 8, «el Dios de mi vida». El versículo 9, «Dios, mi Roca». Y en el versículo 2 del capítulo 43, «Dios de mi fortaleza».

En su situación deprimente, angustiosa y desalentadora, él recuerda quién es Dios. Se vuelve y habla con el Dios que él no puede sentir pero que está ahí, y que él sabe que está ahí por la fe. Y él le cuenta a Dios sus problemas.

En el versículo 1, dice: «Mi alma tiene sed de ti, oh Dios». En el versículo 3, habla de sus enemigos. «Ellos están continuamente diciéndome: ¿Dónde está tu Dios?»

En el versículo 6 dice: «¡Oh, Dios mío, mi alma está deprimida dentro de mí». Él no solo va a decirle a un amigo: «Estoy deprimido». Él se vuelve hacia Dios y le dice: «Dios, mi alma está postrada. Está cargada por lo que está pasando en mi vida». Él le dice a Dios sus problemas.

Y yo pienso en esa estrofa de ese antiguo himno que dice:

Vive el hombre desprovisto, de paz, gozo y santo amor y eso es porque no llevamos todo a Dios en oración.

(«Oh que amigo nos es Cristo» por Joseph Scriven)

Tengo un pequeño letrero en mi escritorio que dice: «¿Has orado por esto?»

¿Con cuánta frecuencia me encuentro angustiada, abrumada, hablando con otros sobre el estrés en mi vida, pero olvidándome de inclinar las rodillas y decir: «Señor, déjame hablarte de esto». El salmista le dice a Dios sus problemas.

Y le pregunta a Dios; en el versículo 9, él dice: «A Dios, mi roca, diré: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo?»

«Ya que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has rechazado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo» (43:2).

Él es honesto con Dios.

Varios años atrás, mi familia y yo enterramos a mi hermano, el número seis de siete hijos, había muerto en un accidente de auto. Nunca voy a olvidar en la celebración memorial, uno de los hombres que hablaron dijo: «No está mal preguntarle a Dios por qué», como el salmista hace aquí, «siempre y cuando no le preguntemos con un puño cerrado, sino con una búsqueda de corazón».

Y eso me ayudó a saber que Dios puede manejar mis preguntas. Ahora, yo no creo que sea correcto que sacudamos el puño en el rostro de Dios. Hay momentos en que queremos; hay momentos en que nuestras emociones se sienten de esa manera, pero Dios es siempre Dios. Él siempre es soberano, y siempre estamos bajo Su autoridad. Somos su creación.

Pero creo que Dios puede manejar nuestras preguntas; Él puede manejar nuestras dudas. He ido delante del Señor muchas veces y de muchas maneras diferentes y le he dicho: «Es que no lo entiendo. ¿Puedes ayudarme a entender?»

De hecho, una de las cosas que oro casi todas las mañanas antes de abrir la Palabra y de tener mi lectura en mi tiempo de quietud, es el Salmo 25: «Muéstrame tus caminos, Señor». Lo que realmente estoy diciendo es, «Señor, quiero entender cualquier cosa de ti que pueda ser entendida... Yo sé que tú eres demasiado grande para ser entendido, pero ¿me podrías mostrar tus caminos?»

No estoy pidiéndole a Dios que responda todas mis preguntas, pero hago las preguntas dándome cuenta de que algunas de esas preguntas Dios no se complace en responderlas de este lado de la eternidad, dándome cuenta de que Dios no tiene que responder mis preguntas.

Creo que a veces tenemos esta noción errónea de que cuando lleguemos al cielo Dios va a sacar una presentación en Power Point y va desenrollar una pantalla y va a poner todas las respuestas en esa pantalla, de todas las preguntas que hemos tenido acerca de cualquier cosa que nos haya pasado en esta vida.

Realmente yo no creo que esto vaya a ser así porque cuando veamos al Rey, Él nos será respuesta suficiente. No vamos a tener más preguntas. Nosotras sabremos que: «Señor, has hecho bien todas las cosas».

Así que ahora andamos por fe. Lo que ahora aceptamos por fe, entonces lo sabremos por vista. Pero en esta vida le hacemos las preguntas a Dios. Y le decimos: «Señor, yo no entiendo. Por favor, ayúdame a entender tus caminos. Si hay algo que tú estás queriendo revelarme sobre tu corazón y tus caminos, por favor muéstramelo». No es incorrecto preguntarle a Dios por qué, mientras lo hagas con un corazón que busca genuinamente.

Luego, cuando David está hablando con Dios, le pide a Dios que restaure la comunión y la intimidad que ha desaparecido. La comunión con Dios es su objetivo supremo.

Y él dice en el versículo uno del Salmo 43: «Hazme justicia, oh Dios, y defiende mi causa contra una nación impía. Oh, líbrame del hombre engañoso e injusto».

Y luego él dice en el versículo 3 del capítulo 43: «Oh, ¡envía tu luz y tu verdad! Que ellas me guíen». En efecto él le está pidiendo a Dios, que envíe un equipo de búsqueda y de rescate. «Envía tu palabra; envía tu luz; que ellas me guíen».

Él está diciendo: «He perdido el camino; estoy confundido. No sé qué camino tomar; no sé por donde doblar. Llévame a casa».

De hecho, eso es lo que dice en los versículos 3 y 4:

«Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen, que me lleven a tu santo monte y a tus moradas. Entonces llegaré al altar de Dios, a Dios, mi supremo gozo; y al son de la lira te alabaré, oh Dios, Dios mío».

¿Puedes ver la progresión aquí? En primer lugar, voy a ir a Jerusalén, yo voy a estar más cerca de ti, Señor, voy a ir al lugar donde Tú vives. Y quiero estar más cerca aún. Quiero llegar a tu altar. Y entonces lo que realmente he anhelado por mucho tiempo y dice, eres Tú, Tú mismo. «Llévame a ti, Dios, de mi gran alegría».

Puedo recordar una época en mi vida cuando yo estaba orando por una decisión importante con relación al ministerio, y oraba por dirección y a qué ministerio debía pertenecer. Busqué al Señor fervientemente en oración durante cinco meses sobre esta decisión.

Y esto habría implicado un movimiento, un cambio importante del ministerio. Sentí que no podía tomar cualquier dirección. No tenía idea de lo que Dios quería que hiciera. Y oré al respecto. Busqué consejo piadoso. Pero finalmente, no sentía paz para hacer ningún cambio, así que simplemente dije, «creo que esto quiere decir que Dios quiere que me quede donde estoy».

Pero, en realidad yo estaba un poco...no solo un poco, yo estaba muy desilusionada. Cuando reflexionaba sobre esto, durante estos cinco meses, me preguntaba, por qué cuando yo estaba buscando con tanto ahínco, ¿por qué Dios no me daba una respuesta clara?

De hecho, oré este versículo del Salmo 43, el versículo 3, muchas veces durante el proceso en esos cinco meses. «Envía tu luz y tu verdad. Que me guíen».

En realidad el conocimiento de Su voluntad llegó meses después de que Dios había respondido a esta oración. Él no me guió diciendo: «Tú debes estar en este ministerio o en ese ministerio. Tú debes vivir en este estado o en aquel estado». Lo que había hecho era responder a la verdadera oración de mi corazón que era encontrar la presencia de Dios.

En esos meses me había visto obligada a buscar a Dios, Su corazón y Su rostro de una manera mucho más intensa de lo que nunca lo había hecho hasta este punto. Me di cuenta de Su voluntad y el propósito de Dios para esa temporada de mi vida y no era, «¿Dónde debo vivir o en qué ministerio debería servir?» Estas eran cuestiones secundarias.

El objetivo real de Dios para mí era llevarme hacia Sí mismo y esto se había logrado. Me di cuenta meses después de que Dios había respondido a esta oración. Él había enviado Su verdad; Él había enviado Su luz. Me había guiado, Él me había guiado a Sí mismo, mi supremo gozo.

Ese es el objetivo al hablar con Dios; entrar en Su presencia. Cuéntale a Él tus problemas, hazle tus preguntas. Luego pídele que satisfaga tus necesidades. Pídele que restaure la comunión y la intimidad que te hace falta.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará con unas últimas palabras. Espero que a lo largo del día puedas recordar esto que ella nos dijo: «Dios quiere mover al salmista y movernos a nosotras hacia un lugar donde nuestra esperanza esté totalmente fundamentada en quién es Dios y no en ninguna evidencia visible de la presencia de Dios en nuestras vidas». ¿Qué decisiones tomarás hoy para—en medio de tus circunstancias—caminar por fe? 

Luego de escuchar una serie de programas como esta, una oyente nos escribió diciendo: 

«Comparto cada día el enlace de Aviva Nuestros Corazones a todas las mujeres que conozco vía chat. De verdad anhelo tanto que las mujeres cristianas reciban estas enseñanzas, porque hay mucha necesidad en el pueblo de Dios de ver mujeres conforme al modelo de Dios. Escucho este programa desde hace unos años, cuando una amiga lo compartió. Desde entonces puedo decir que estoy de pie como hija de Dios, como esposa y como madre, por el alimento que Dios me ha dado a través de las enseñanzas de Nancy y su equipo. He atravesado por momentos muy difíciles… Gracias por permanecer. Gracias por decirle sí a Dios. Gracias por ser mi maestra de cada día. GRACIAS. Les bendigo desde República Dominicana con mucho cariño».

Gracias hermana por escribirnos y gracias a cada una de las personas que hacen estos programas posibles. ¡Juntas continuemos llamando a muchas más mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo!

Bueno, ahora Nancy regresa con unas últimas palabras para concluir el segundo programa en la serie que hemos titulado, «Lidiando con la depresión y la duda».

Nancy: Date cuenta de que en la medida en que tú le pides a Él que te guíe, en realidad le estás diciendo: «Señor… No solo sácame de mis problemas». Tú no estás diciendo: «Señor, resuelve mis problemas». No estás diciendo: «Señor, arregla mi situación o cambia mi situación». Estás diciendo en última instancia, «Señor, llévame a una relación más íntima y a una mayor comunión contigo».

«Si experimentar ese tipo de unión y comunión contigo, significa que me mantendrás justo en la tormenta, entonces lo acepto. Sí, puede doler. Sí, puedo llorar, pero oh Dios, Tú eres mi supremo gozo. Mi objetivo en la vida no son tus regalos. Mi meta en la vida no es facilitar la comodidad de una vida de conveniencia. Mi meta en la vida eres Tú Dios, mi sumo gozo».

Padre, te ruego que en cada una de nuestras vidas Tú envíes tu luz y tu verdad y que nos guíes. Guíanos a ti mismo, porque Tú eres Dios, nuestro sumo gozo. Tú eres nuestra esperanza. Tú eres nuestro refugio, nuestra fortaleza, nuestro libertador, Dios nuestra Roca. Te alabo, en el nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Trayéndote enseñanza práctica de la Palabra de Dios, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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