Aviva Nuestros Corazones Podcast

Sequía y ahogamiento

Annamarie Sauter: ¿Te sientes desesperada o abrumada? Quizás es ahí donde Dios quiere encontrarse contigo.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Nunca podrás experimentar todo lo que se puede conocer de Dios hasta que te encuentres en un lugar de sequía, en un lugar de desesperación, en un lugar donde piensas que te estás ahogando. Y en medio de esas circunstancias desesperantes, tú serás llevada…en ese pequeño bote tuyo, en ese mar abrumador, serás llevada al lugar donde encontrarás tu verdadera esperanza y eso es en Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura en el Reto Mujer Verdadera 365 para hoy es Ezequiel capítulos 9 al 12.

Nancy: ¿Alguna vez te has sentido como si estuvieras en un mar muy tempestuoso, y estás tratando de llegar a la orilla pero las olas solo siguen cayendo sobre ti y sobre ti y sobre ti, y sientes que en tu vida las olas son tan grandes y la corriente es tan fuerte, que simplemente no puedes llegar a la orilla? Yo vivo cerca del lago Michigan y tenemos corrientes muy fuertes allí y días tempestuosos. Cada año hay muertes en el lago Michigan, personas que no pueden luchar contra la tormenta o las olas.

Hay días en la vida cuando nos sentimos como si ese mar, ese lago, ese océano, nos fuera a abrumar. Y estoy tan agradecida de que la Escritura nos da historias de personas que se identifican con lo que es sentirse casi devoradas por la vida.

Yo hablo con muchas mujeres y leo muchos correos electrónicos. Recibo mucha correspondencia y correos de voz, escucho historias y miro los ojos de mujeres que se sienten abrumadas por la vida. Quizás la razón por la que las reconozco cuando las veo, es porque yo he estado ahí muchas veces, sintiéndome…con cosas buenas, porque no siempre son cosas malas que están pasando, pero a veces solamente con lo mucho que está pasando en la vida, es demasiado y me siento abrumada.

Afortunadamente, la Escritura nos da una perspectiva de cómo caminar a través de esas temporadas de la vida, cómo caminar a través de la tormenta y salir al otro lado. También estoy agradecida porque la Escritura es realmente honesta con nosotras acerca de los grandes hombres y mujeres de Dios –hombres que admiramos y respetamos como héroes cristianos de nuestra fe. Pero también nos deja saber que tuvieron momentos de verdadera lucha, no estaban en un pedestal como si no fueran personas reales.

Se nos dice por ejemplo que Elías, quien fue ese gran profeta de Dios, era un hombre como nosotras. Es decir, era una persona de carne y hueso. Él tuvo que aprender lo que era orar a través de las circunstancias de la vida, y tener momentos donde miraba a su alrededor y no podía entender lo que Dios estaba haciendo. De todas maneras él tuvo que confiar. Santos, como Isaías y Jeremías, que caminaron a través de momentos de gran oscuridad en su cultura y en sus propios corazones, y no podían entender lo que Dios estaba haciendo. Job con un sufrimiento increíble, insoportable. En el honesto relato de esas historias, se nos da luz, esperanza y entendimiento de cómo podemos caminar a través de esos momentos oscuros y tormentosos de nuestras vidas.

Hay un pasaje particular en la Escritura que ha sido de mucho ánimo para mí en momentos así, y lo ha sido para un sinnúmero de personas por miles de años en la historia de la fe. Quiero pedirte que vayas ahí hoy. Está en los salmos. En realidad son un par de salmos, Salmos 42 y 43. Estos salmos probablemente eran originalmente un solo salmo. Los manuscritos hebreos antiguos los tienen, en su mayoría, como un salmo. Los manuscritos hebreos antiguos los tienen en su mayoría como un solo salmo. Te darás cuenta que este pasaje –los dos salmos– se dividen en tres estrofas y cada una tiene un coro o un estribillo. Vemos en el versículo 5 del capítulo 42, la primera vez que ese estribillo aparece.

Permíteme comenzar leyendo el coro aunque normalmente no es ahí donde comenzamos a cantar, pero al entrar en este salmo, quiero que comencemos leyendo el coro. Versículo 5 del Salmo 42:

«¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia».

Y luego llegas al versículo 11 del capítulo 42 –el último versículo de ese capítulo– y ves el coro repetirse. «¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser y mi Dios!»

Y luego en el versículo 5 del Salmo 43, se repite una vez más: «¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios!» ¿Qué sucede en esas estrofas, que lleva al salmista a orar ese coro tres veces, con prácticamente las mismas palabras?

A través de los próximos días, quiero que examinemos estos salmos. Primero vamos a ver la condición en la que se encontraba el salmista. Luego veremos las circunstancias que crearon esa condición. ¿Por qué estaba en esa condición? ¿Qué estaba pasando a su alrededor? Finalmente veremos las decisiones que él tomó cuando fue confrontado con esas circunstancias y se encontró en esa condición.

Ahora, para descubrir la condición en la que se encontraba el salmista, su estado emocional y mental cuando escribió estos salmos, podemos ver dos retratos a través de palabras en este pasaje. En vez de leer estos salmos completos de una vez, quiero escoger algunos versículos que nos ayudan a entender lo que él estaba pensando.

Hay dos imágenes que vemos. La primera la encontrarás en los versículos 1 y 2 del Salmo 42, y la segunda la encontrarás en el versículo 7. Hay dos palabras que yo pondría con estas imágenes. La primera palabra es «sequía» y la segunda palabra es «ahogamiento». Es lo que el salmista está sintiendo en esta temporada de la vida. Primero es un tiempo de sequía. Y luego la metáfora cambia y él dice, «lo que realmente estoy sintiendo es que me estoy ahogando, estoy en ese lago Michigan o en ese océano tempestuoso».

Primero miremos la imagen que nos da la palabra sequía en los dos primeros versículos. Aquí está un hombre que tiene sed. Está anhelante; está desesperado por Dios y él siente como que está viviendo en el desierto, como que no tiene la satisfacción que anhela en su espíritu. Y él dice en los versículos 1 y 2:

«Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?»

Algunas traducciones pueden tener esa última frase como: «¿Cuándo vendré y veré la cara de Dios?» Él está sediento. Él está anhelando. Está desesperado. Y se da cuenta de que el ciervo no puede vivir sin agua y él dice, tampoco mi alma puede vivir sin Dios. Lo que él realmente está anhelando es comunión con Dios.

Y uno de los grandes descubrimientos que alguna vez harás, es que la sed interna que está en todos nuestros corazones, no es realmente una sed por personas o cosas o porque todo te vaya bien en la vida. Nosotras pensamos que es eso, pero al final, es una sed por Dios. Es un anhelo por Dios. Y es un anhelo que no puede ser satisfecho aparte de Dios.

Su sed es de Dios –no por una experiencia religiosa, no por servicios en la iglesia, no por cualquier cosa que Dios pueda proveer, sino por Dios mismo. Él no quiere nada más y nada menos. Lo que Él está diciendo es «no puedo estar satisfecho con ninguna persona o con ninguna cosa que no sea Dios».

A propósito, ¿me permites recordarte que ese tipo de sed es una evidencia de que eres hija de Dios? Es una evidencia de verdadera conversión, el tener un corazón y tener hambre por Dios. Si no tienes ningún anhelo interno en tu espíritu por Dios nunca, lo más probable, es porque no eres hija de Dios. Tienes buenas razones para cuestionarte si realmente eres hija de Dios si no tienes hambre por Dios. El salmista está diciendo que sin la presencia de Dios, nuestros corazones están sedientos. Estoy en esta sequía.

Y es una imagen que describe la condición. Estoy añorando algo. Estoy desesperada. Estoy sedienta por Dios y lo necesito. No puedo continuar sin Él.

Ahora, hay otro retrato que aparece en el versículo 7 del capítulo 42, y es la palabra ahogamiento. El salmista se siente abrumado. Él dice en el versículo 7:

«Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas; (algunas versiones dicen torrentes) todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí».

Hay una imagen aquí, de este hombre en el lago Michigan o en el océano, y está en un mar turbulento y se está sintiendo abrumado. Él se está ahogando. «Se escucha el ruido de tus cascadas, y tus ondas y tus olas han pasado sobre mí».

Ahora, al desmenuzar este versículo, ves que las cascadas…él dice que hay un ruido, un ruido fuerte de tus cascadas, y yo pienso que es una imagen de –en un sentido literal– un aguacero torrencial cayendo del cielo. Es como si el salmista se estuviera imaginando a sí mismo en un pequeño barco, quizás un bote de remos, en este mar donde los cielos se han abierto y hay este aguacero del cielo. Se está empapando y está haciendo que su barco se agite y de vueltas.

Él dice que no solo está cayendo agua de arriba, pero luego Él dice: «Todas tus olas y tus ondas han pasado sobre mí». Y esa es una imagen del mar tumultuoso, tempestuoso. La tormenta está furiosa. Él está en esta pequeña embarcación o quizás sin embarcación, solo allí nadando en el agua, y torrentes de agua están cayendo de arriba. Las olas se levantan alrededor de él. Él está en una gran tormenta.

Y él usa este retrato para describir esta temporada de su vida donde los problemas y las presiones vienen de todas las direcciones. Siente como si se estuviera ahogando. Casi no puede respirar. Él está tratando de mantener su cabeza a flote sobre el agua.

¿Alguna vez has estado ahí? Algunas de ustedes están ahí en este momento y están pensando, «no creo que vaya a lograrlo».

Pienso en algunas temporadas de mi vida cuando sentía estar en ese pequeño bote en un mar muy turbulento, simplemente abrumada por la vida. Pienso en un tiempo cuando un amigo muy cercano y fundador de nuestro ministerio, se fue a casa a estar con el Señor como resultado de un tumor cerebral, estando en sus cuarenta años. Yo caminé y serví junto con esta familia por muchos años en el ministerio. Caminamos a través de los meses de esa enfermedad que al final le quitó la vida.

Y muy temprano en la mañana del día en el que él finalmente murió, yo estaba con unos amigos (otros empleados del ministerio). Y recuerdo que mientras íbamos manejando de regreso a casa del hospital, nos sentamos en el carro (finalmente estacionado), y sentados en el carro juntos simplemente…sentí una ola de dolor tras otra que me abrumó. Y puedo recordar solo sollozar. Es decir, sollozar incontrolablemente, sentir las olas que habían sido meses de esperar y no saber qué iba a suceder. Estábamos física y emocionalmente cansados, pero estaba este sentimiento de que el mar estaba entrando en mi barca y la estaba hundiendo.

Ahora, quiero que veamos hoy estos salmos y cómo David respondió a ese sentimiento de sequía y ahogamiento. Hay dos respuestas naturales que vamos a ver hoy, y luego en esta serie veremos las respuestas sobrenaturales y las decisiones que David tomó para responder a la manera de Dios. Pero hubo dos respuestas naturales que todas tenemos en temporadas de sequía o ahogamiento o cuando pensamos que nos estamos ahogando. Estas respuestas son naturales no solo para el salmista, sino para nosotras también.

Primero, vemos que la respuesta es de depresión. Depresión. Su alma está abatida. Y puedes ver eso en el versículo 5, en el versículo 6, en el versículo 11, y luego en el último versículo del capítulo 43 también, donde él dice, «mi alma está abatida». La lectura al margen en mi biblia dice, «literalmente postrado». Puedes ver a un hombre que está llevando el peso del mundo en sus hombros o por lo menos así lo piensa.

Pero no es solo sobre sus hombros. Una cosa es cargar una carga pesada en tu espalda. Y otra cosa es sentir que tu alma está cargando una carga muy grande. Pienso que una de las cosas más comunes que siento entre las mujeres en el día de hoy es que sus almas están abatidas. Sus espíritus cargados. Ellas están postradas, están agobiadas.

Y aquí está un hombre desanimado, deprimido. Y puedes ver en estos salmos un sinnúmero de síntomas de la depresión. Él está emocionalmente angustiado. No puede dormir en la noche. Hay pérdida del apetito y la nube no se va. Algunas de ustedes saben exactamente lo que es eso. Puedes identificarte cuando el salmista dice en el versículo 3: «Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche». «No puedo parar de llorar. Es decir, la vida simplemente es muy pesada; me está halando hacia abajo».

En realidad su sufrimiento es por la pérdida de comunión y de relación íntima con Dios. Hay mucho que está sucediendo en su vida. En la sesión de mañana veremos cuáles son algunas de esas cosas que estaban pasando en su vida, pero fundamentalmente lo que realmente él está extrañando profundamente en su corazón es esa conexión con Dios, intimidad, comunión con Dios. Así que aquí está la depresión.

Pero luego hay una lucha con la duda. Y esa es otra respuesta natural a tiempos de sequía y cuando nos sentimos que nos estamos ahogando. Y es dudar –dudar de nosotras mismas, dudar de Dios, dudar de otros, dudar de todo lo que quizás estábamos seguras. Puedo recordar después de una temporada de gran pérdida y de aflicción en mi propia vida, que hubo un período donde, honestamente, dudé de casi todo de lo que yo había estado tan segura en relación a mi fe desde que era una niña. De repente, sentía como que todo estaba en el aire, todo estaba en juego.

Y el salmista se dice a sí mismo en el versículo 5: «¿Por qué te abates alma mía?» Eso es depresión. Pero luego él dice, «¿por qué te turbas dentro de mí?» Y él le habla a su alma, «¿por qué te turbas dentro de mí?» Esa es la duda. Esa palabra turbar… Un comentarista dice que puedes decir que esa palabra es «tumultuosa». Ahora esa no es una palabra que usamos a diario, pero tienes una idea. «¿Por qué estás tumultuosa dentro de mí?» Da la imagen de agotamiento, el agitar de este mar tempestuoso y las olas encrespadas, no solo fuera de su vida, sino aún más fuerte dentro de su corazón.

¿Sabes a qué me refiero cuando hablo acerca del agitar del mar en tu corazón? ¿Ese sentimiento de estar turbada? ¿Ese sentimiento de que la tormenta no solo está furiosa fuera de mí, sino que está furiosa dentro de mi corazón? Comienzas a dudar con estas emociones que suben y bajan en medio de este mar tempestuoso. Está lleno de preguntas, de dudas.

Y entre estos dos salmos –el Salmo 42 y el Salmo 43– hay trece preguntas. Diez de estas preguntas son, «¿por qué?» Él se pregunta a sí mismo; le pregunta a Dios. ¿Por qué? Hay muchas preguntas sin resolver en su mente, cosas que no tienen sentido. ¿Sabes por qué? Porque él está abajo en este pequeño océano, en este pequeño bote y no puede ver el panorama.

Lo único que él ve son las olas y el agua arropando su bote. No puede ver lo que Dios ve, y así es como él va a poder animar y aconsejar su corazón al entrar en este salmo –al salir de su propia perspectiva y adentrarse un poquito en la perspectiva de Dios.

Aparte de la perspectiva que viene de Dios, él está experimentando depresión y duda. Ahora, humanamente hablando, este hombre tiene buenas razones para estar deprimido y dudar. Hay mucho pasando a su alrededor que es tempestuoso y preocupante. Humanamente hablando, algunas de ustedes tienen mucha razón, ya sea ahora o en una temporada pasada en sus vidas, de sentirse abrumadas, deprimidas, de dudar.

Y ahora hablemos acerca de cuáles son algunas de esas razones que salen a la superficie en este salmo. La primera es que él se encuentra en un lugar donde él ha sido removido del lugar de adoración y del pueblo de Dios. Él está lejos del lugar al que él está acostumbrado a adorar y de la gente con la que él ha estado disfrutando comunión en el pasado.

El salmista (probablemente David), está muy lejos del lugar donde él siempre iba a adorar a Dios: Jerusalén. Ahora él está viviendo, de acuerdo al versículo 6, en el norte de Palestina. Y hay algunas referencias ahí. Él dice, «me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán, y desde las cumbres del Hermón, desde el monte de Mizar».

Son lugares que están en el norte de Palestina. Ahora, ¿dónde está Jerusalén? Jerusalén está en el sur de Palestina ¿no es cierto? Por alguna razón, él tuvo que irse y no puede hacer el peregrinaje hacia la casa del Señor. Él ha sido forzado a dejar el lugar donde él acostumbraba reunirse con Dios y no puede estar en la compañía de otros creyentes que adoran a Dios.

Si el salmista es David, sabemos que esto pudo haber sido en una temporada de su vida cuando fue llevado de su casa, sea por las persecuciones del rey Saúl o por la rebelión de su hijo Absalón, cuando él tuvo que irse del palacio en Jerusalén. Como resultado, él está desconectado de la adoración. Él está alejado de la casa de Dios. Está extrañando el Arca del Pacto, el símbolo de la presencia de Dios.

Y él está luchando con cómo mantener una relación íntima con Dios cuando no hay medios visibles de apoyo. Cómo podría caminar cerca de Dios cuando estaba desconectado de los medios visibles de comunión y de aliento espiritual que él recibía estando en la casa del Señor en tiempos pasados.

Mi amiga misionera dice: «Aquí estoy en el campo misionero. Sé que estoy aquí porque Dios me puso aquí, pero me siento sola». Esta mujer viene de una iglesia evangélica fuerte donde hay mucho compañerismo y gran enseñanza de la Palabra, y ahora está en un lugar donde hay muy poco de eso.

Estamos acostumbradas a tener nuestra iglesia, nuestra comunión, nuestros grupos pequeños y a veces me pregunto si no los damos por sentado– el privilegio que es para la mayoría de nosotras tener a nuestro alrededor medios de apoyo para nuestra fe. Pero también llegamos a experimentar momentos cuando esto es quitado, y entonces somos desafiadas en nuestra fe.

Quizás trabajas en un lugar que realmente es un ambiente poco piadoso; y cuando estás ahí, te sientes como que estás totalmente separada de todos los medios de la gracia. Y piensas, ¿cómo puedo mantenerme conectada con Dios en este ambiente donde la gente maldice, donde hay lenguaje sucio, donde simplemente no hay temor de Dios? Y es difícil.

Quizás vienes de una familia que no es salva y no hay creyentes en tu familia y vas a reuniones familiares y te sientes tan desconectada de las cosas de Dios. Y tú piensas, «¿cómo puedo pasar los días festivos con esta familia que no tiene concepto alguno de las cosas espirituales y todavía tratar de mantener una relación cercana con el Señor?» Quizás estás en la temporada de la vida dónde estás en casa con muchos niños pequeños y te sientes aislada. Hay días cuando piensas si tan solo pudiera hablar con un adulto –tener una conversación significativa. Para ti hay una temporada de la vida donde no hay mucho de eso.

Puede ser debido a una condición física. Quizás has tenido una temporada donde has estado hospitalizada o estás confinada a tu hogar. No ha habido muchos medios de apoyo espiritual disponibles para ti en este tiempo.

Puede que seas nueva en esta área, como yo lo fui no hace mucho tiempo. Me he encontrado en ocasiones sintiéndome seca. Yo sabía que Dios me había puesto aquí. Dios permitió que rápidamente me conectara a una iglesia que ha sido de mucha bendición. Pero hubo momentos cuando sentí como que, «no conozco a nadie. Me siento sola». No me había conectado, ni había establecido relaciones todavía. En ese momento así me sentía.

Tú has estado ahí. ¿Quién está aquí para apoyar mi fe? ¿Quién está aquí para animarme en mi caminar con el Señor? Quizás has estado ahí por mucho tiempo pero algunas de las amistades en las que buscas aliento espiritual se han ido, o se han muerto o no existe la cercanía que alguna vez tuviste.

Matthew Henry dice:

«A veces Dios nos enseña con efectividad a conocer el valor de las misericordias por la falta de ellas y Él despierta nuestro apetito por medios de gracia al cortarnos de estos medios».

Somos más propensas a aborrecer ese maná cuando tenemos mucho de ello, en cambio sería precioso para nosotras si alguna vez conociéramos la escasez de éste. Sabes, en realidad es una misericordia de Dios –tal vez una misericordia severa– que Él permite que entremos en momentos donde se nos quitan los medios visibles de apoyo de nuestra fe porque, una vez más, puede ser el momento y el lugar donde descubrimos la cercanía y la presencia y la realidad de nuestro Padre celestial, de una manera que no nos daríamos cuenta a ese mismo grado si tenemos muchos otros apoyos y muletas y ayudas a nuestro alrededor.

Así que si te encuentras en ese tipo de situación, sintiéndote que estás sola, que no hay apoyo para tu fe, o no tanto como quisieras, debes saber que Dios está queriendo hacer una obra de gracia en tu corazón. Y una vez más, regresamos al estribillo de este pasaje: «Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Es la salvación de mi ser y mi Dios!»

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará para orar. Ella nos ha animado a esperar en Dios en momentos donde nos sentimos abrumadas o desesperadas. Todas pasamos por tiempos así, y meditar en los Salmos 42 y 43, nos ayuda a saber cómo manejar esos momentos. Este mensaje es el primero en la serie titulada, «Lidiando con la depresión y la duda».

Algo que te puede ayudar a encontrar paz en medio de la sequía o cuando sientes que te ahogas, es escuchar el CD instrumental titulado, «Be still» (Estad quietas). Este contiene una serie de himnos tocados a piano por Nancy que puedes usar durante tus tiempos de oración—o simplemente para aquietar tu alma ante la verdad de Su Palabra. Encuentra este CD «Be Still» (Estad quietas) en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy regresa con nosotras para orar.

Nancy: Oremos juntas: Gracias Padre, por amarnos lo suficiente para empujarnos de nuestro nido; empujarnos fuera a esos mares tempestuosos y ponernos en lugares donde estamos más conscientes de qué tan vacías estamos fuera de Ti y cuán grande es nuestra necesidad de Ti.

Señor, solo quiero darte gracias porque en cada temporada de mi vida –cuando me he sentido angustiada, deprimida, con dudas, como si me estuviera ahogando…miro hacia atrás a cincuenta años de caminar contigo en algunas temporadas y puedo ver que cada vez Tú te revelaste a Ti mismo y Tu corazón a mí, en una manera preciosa, que me dio vida y me cambió la vida.

Entonces, ¿qué tengo que temer? ¿Por qué me da miedo estar en ese mar, sintiéndome tan sola a veces? Oh Señor, el acercarme a Ti es el bien. Te damos gracias que Tu presencia es muy real –aún cuando otros medios de apoyo visibles nos sean quitados. Tú eres Dios. Tú estás cerca. Esperamos en Ti. Y por fe decimos que te adoraremos por la salvación de Tu presencia. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Así como hay momentos en los que sentimos a Dios cerca, hay otros en los que sentimos que está lejos. ¿Qué hacemos en esos momentos? Nancy nos hablará acerca de esto en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Trayéndote enseñanza práctica de la Palabra de Dios, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Be Still, My Soul, Nancy Leigh DeMoss, Be Still ℗ 2014 Revive Our Hearts.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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