Podcast Aviva Nuestros Corazones

Annamarie Sauter: Hay un tiempo para cada cosa.

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Luchamos contra el pecado, luchamos con el mundo, luchamos con el diablo. Nuestras batallas espirituales deberían estar seguidas por tiempos de gozo y celebración. Es bueno detenerse y prestar atención a lo que Dios ha hecho y regocijarse. Pero no podrás estar gozosa y disfrutar de la celebración hasta que primero hayas librado la batalla.

Annamarie: Muchas veces celebramos con el propósito de olvidar. Deseamos dejar atrás el trabajo, nuestros problemas y simplemente entretenernos, pasar un buen rato. Sin embargo, existe una manera más gratificante de celebrar.

A través de la Biblia, Dios llama a Su pueblo a celebrar, no para olvidar, sino para recordar. Aquí está Nancy para hablarnos más acerca de esto, como parte de nuestra serie actual, «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios».

Nancy: Se dice que lo que hace un gran argumento en literatura es la existencia de tensión y un gran suspiro de alivio. Hoy estaremos discutiendo la parte de alivio de esta historia.

En la historia de Ester nos hemos encontrado con mucha tensión, para nosotras tensión, pero ¡imagínate si hubieras estado en la posición de los judíos! Durante todos esos meses han visto escalar la tirantez entre Amán y Mardoqueo, entre los judíos y sus adversarios. Han tenido que esperar casi un año para tener la oportunidad de vencer a sus enemigos.

Ha sido un trayecto largo. El tiempo de espera ha sido difícil. Ha habido mucha emoción, mucha tensión, y hoy nos encontramos con el gran suspiro de alivio. ¿Qué sucede después de la batalla?

Ester capítulo 9 de los versículos 17-19;

«Esto sucedió el día trece del mes de Adar (esto nos remonta al final de la batalla en la cual los judíos derrotaron a sus enemigos), y el día catorce descansaron, y lo proclamaron día de banquete y de regocijo.

Pero los judíos que se hallaban en Susa se reunieron el trece y el catorce del mismo mes (si recuerdan nuestra última sesión, ellos tuvieron dos días de batalla), y descansaron el día quince y lo proclamaron día de banquete y de regocijo (vemos que lo que siguió a la batalla fue el descanso, el festejo y la alegría).

Por eso los judíos de las áreas rurales, que habitan en las ciudades abiertas, proclaman el día catorce del mes de Adar día festivo para regocijarse, hacer banquetes y enviarse porciones de comida unos a otros.»

Después que la batalla terminó, ellos descansaron. La palabra descanso significa estar callados o libres de ansiedad.

De hecho, desde el principio no existía una causa real por la cual estar ansiosos pues Dios, en Su providencia, estaba orquestando los acontecimientos que conducían hasta este final. Pero mientras ellos esperaban el desenlace todavía tenían estos sentimientos de desasosiego.

Nosotras también tenemos sentimientos y tiempos de ansiedad. Pero al pasar la situación y darnos cuenta de lo que Dios ha hecho es importante detenernos, reposar y celebrar la victoria.

Este era un tiempo de festejo de alegría en el cual intercambiaban regalos entre ellos y también le hicieron donativos a los pobres. Fue una celebración espontánea. Nadie tenía que recordárselo, simplemente no podían evitarlo; les resultaba como algo natural.

Seguramente has pasado por esta experiencia. Cuando has visto a Dios traer de vuelta a un hijo pródigo por el cual has orado durante años, ¿qué dice el padre del hijo pródigo? ¡Mata el becerro más gordo, vamos a festejar! ¡Vamos a celebrar!

¿Qué dice la mujer que ha perdido una moneda y la encuentra después de buscarla arduamente? Ha pasado por mucha tensión, por la ansiedad de haberla perdido. Pero al encontrarla, ¿qué hace? Lo mismo que pasa cuando el pastor encuentra a su oveja perdida. Hace una fiesta, lo celebra. El cielo lo celebra, y nosotras también nos unimos a esa celebración (ver Lucas 15).

Proverbios capítulo 11, versículo 10 nos dice:

Con el bien de los justos, se regocija la ciudad, y cuando perecen los impíos, hay gritos de alegría.

¿No te parece ésta una buena descripción de lo que está ocurriendo aquí en Ester? Lo que debió ser un día de mortandad para los judíos, resultó ser un día de gran celebración. Lo que debió ser un día destrucción se convirtió en el día de su liberación.

De modo que el ayuno se transformó en una celebración. El luto se convirtió en gozo y alegría. El temor se convirtió en valentía y confianza, y la desesperación se transformó en esperanza.

Esta es una historia realmente sorprendente. Si lo piensas bien, esta oscura minoría de judíos se levantó para ocupar una posición de gran influencia en este enorme imperio. Todo fue el resultado de una serie de circunstancias orquestadas por el poder de Dios.

Permíteme sugerir que en el ámbito espiritual de nuestras vidas, nuestras batallas espirituales y de hecho las tenemos, batallamos con el pecado, batallamos con el mundo, batallamos con el diablo, nuestras batallas espirituales deben estar seguidas por un tiempo de gozo y de celebración. Como dije al principio, es algo bueno y justo el detenerse y fijarse en lo que Dios ha hecho para celebrarlo. Pero no podrás disfrutar del gozo y la celebración hasta que hayas librado la batalla.

Creo que uno de los problemas del mundo cristiano de hoy, es que deseamos que todo sea gozo, alegría y celebración. No queremos pasar por el dolor, por la agonía, la angustia, el tiempo de espera y la batalla espiritual. Simplemente deseamos festejar sin negarnos a nuestra carne, sin pelear la batalla en contra del enemigo.

Pero en realidad es imposible disfrutar del banquete y la celebración, si no has atravesado la batalla. Ambas cosas son necesarias, ambas son apropiadas, pero en el orden adecuado.

«Mardoqueo escribió estos hechos y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias cercanas y lejanas del rey Asuero, ordenándoles guardar el día 14 y 15 del mes de Adar. Debían hacerlo todos los años para celebrar aquellos días en los cuales los judíos fueron liberados de sus enemigos. En ese mes la pena se transformó en alegría y el duelo en día de fiesta; debían convertir este tiempo en días de banquete y regocijo (podrás darte cuenta que estas palabras se repiten una y otra vez), días de enviar regalos y comida unos a otros así como a los pobres» (vv. 20-22).

Así que Mardoqueo instituye un día para recordar; para hacer memoria. No sería una fiesta que se celebraría solo en una ocasión, sino que debía ser una práctica anual un tiempo para que ellos hicieran memoria de cómo su pena se transformó en alegría y su luto en un día de fiesta.

Este era un día para reconocer, celebrar y conmemorar el rescate de Dios y la liberación del pueblo. Así que en este día compartieron sus regalos unos con otros. También le enviaron presentes y comida a aquellos que eran menos afortunados que ellos.

No es la única vez que vemos esto en el Antiguo Testamento. En diferentes ocasiones, una y otra vez, después de que los hijos de Israel cruzaron el Mar Rojo, cuando llegaron a la Tierra Prometida, Dios decía: Deténganse y hagan memoria de lo que ha ocurrido. Deténganse y celebren. Deténganse y conmemoren.

La Pascua debía ser la celebración anual de la liberación del ángel de la muerte; la ocasión para conmemorar las obras de Dios. Esto no era algo primordial tan solo en los tiempos bíblicos, sino que aún para nosotras hoy es importante celebrar las liberaciones pasadas del Señor. La primera razón, es porque que al hacerlo hacemos memoria, nos acordamos.

Es fácil olvidar cómo Dios nos ha libertado. Luego cuando nos enfrentamos con otra circunstancia difícil pensamos: Oh no, y ahora ¿qué voy a hacer? Pero si hacemos un hábito de recordar las cosas que Dios ha hecho, esto nos llenará de valor para el futuro.

Además es importante decirle a la nueva generación, y a la que le sigue, el relato de lo que Dios ha hecho. ¿Celebras tu salvación? ¿Te detienes para tomar el tiempo de conmemorar el momento en que Dios te encontró, cómo te libertó de los enemigos del pecado y Satanás?

Nunca olvides de esta historia y asegúrate de que tus hijos y tus nietos tampoco lo olviden. Continúa compartiendo la historia de lo que Dios ha hecho. Esta es la razón por la cual las tradiciones y las celebraciones familiares significativas son algo bueno, para conmemorar las obras del Señor.

El Salmo 78 en el versículo 4 dice: «No lo ocultaremos a sus hijos, sino que contaremos a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, Su poder y las maravillas que hizo.»

Cuando llega la Navidad, la Semana Santa, el Día de Acción de Gracias, o cualquier otro día de fiesta que celebra eventos nacionales especiales, ¿recuerdas qué es lo que realmente se está celebrando? ¿Qué estás haciendo o qué hace tu familia para conmemorar la obra de redención de Dios en la salvación?

Mientras preparaba esta serie, me encontré con algo que me había olvidado que tenía en mi computadora portátil. Hace algunos años, al cumplir 35 años de haber nacido de nuevo, cada año que pasa, celebro el 14 de mayo del 1963; es el día que vine a Cristo así que es un día muy especial para mí. Le envié tarjetas de invitación a amigos, colegas de trabajo, y personas en mi área. La tarjeta decía: Les invito a compartir una celebración de redención.

Luego le agregué la fecha, la hora y el lugar, lo hice en mi casa. El versículo que tenía la invitación era Éxodo 13:3 que dice,

«Y Moisés dijo al pueblo: Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la casa de esclavitud, pues el SEÑOR os ha sacado de este lugar con mano poderosa.»

La invitación también decía: En ocasión de mis 35 años en el Señor, deseo invitar a mis amigos a unirse a mí para celebrar el gran regalo de la salvación que es nuestra en Cristo Jesús. Este será un tiempo informal de alabanza, adoración y testimonios.

Y esto es justo lo que hicimos. Celebramos la obra de redención, y ahora hago memoria de ello. Tuvimos la oportunidad de que las personas compartieran sus testimonios de cómo vinieron a la fe en Cristo.

Al final de la invitación escribí: Trae un postre o merienda para compartir. Los niños son bienvenidos.

Cuando la leí pensé: Se parece mucho al libro de Ester. Tenían comida. Estaban festejando. Los niños eran bienvenidos. Los niños eran parte de la celebración y fue una tarde especial.

Es importante no hacerlo solamente una vez, sino sacar tiempo como persona, como familia y como pueblo de Dios para conmemorar sus obras. A medida que lo hacemos, siempre estaremos imaginando y anticipando esa celebración por venir, cuando la batalla haya terminado por completo, cuando Dios triunfe sobre todos sus enemigos, y entremos en un gozo, regocijo y celebración eternos.

Lo que hacemos ahora es tan solo vislumbrar, es tan solo saborear, es tan solo un aperitivo, un retrato de lo que estaremos haciendo por la eternidad; celebrando, honrando al Rey de reyes y al Señor de señores, celebrando Su gran triunfo redentor en este mundo.

Annamarie: ¿Cuándo fue la última vez que hiciste memoria de la liberación que Dios ha traído a tu vida?

Las celebraciones pueden servir como marcas o puntos de referencia importantes en tu travesía espiritual. Nancy te ha estado explicando por qué es tan importante tener estos marcadores, como parte de la serie, «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios».

En programas pasados hemos visto algunas tensiones en la historia de Ester, y hoy Nancy nos ayudado a ver parte del alivio en esta historia. Hemos visto que hay tiempo para luchar y tiempo para celebrar.

Para escuchar nuevamente cualquiera de los programas de esta serie o para compartirlos con algunas de tus amigas, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Cuando nos visites asegúrate de entrar a los diferentes blogs que tenemos disponibles y compártelos con mujeres en tu círculo de influencia.

«No te preocupes». Este puede ser uno de los clichés más difíciles de poner en práctica. Algunas oyentes que nos han seguido a lo largo de esta serie han estado aprendiendo cosas importantes acerca de la preocupación y la confianza. Algunas de ellas están aquí con nosotras para compartir su experiencia. Escuchemos,

Testimonio 1: Amadas hermanas al escuchar la serie de Ester que hablaba de cómo una situación de gran tensión y angustia para el pueblo judío, se había tornado en una gran alegría y tiempo de celebración, pude recordar una situación en la que me encontré en el año 1981 hasta el año 1982. Yo tenía ya tres hijos, no estaba buscando otro en ese preciso momento, pero sí anhelaba otro hijo en un futuro; cuando de repente comienzo a tener todos los síntomas de estar embarazada. Luego de haber esperado un tiempo prudente, decido ir al médico el cual me ordena la prueba de embarazo y sale negativa pero yo continúo esperando y teniendo los mismos síntomas. Vuelvo al médico y me repiten de nuevo la prueba de embarazo. Increíblemente, de nuevo, la prueba da negativa.

Comprendí entonces que era necesario ir por una segunda opinión. Increíblemente, de nuevo, al enviarme a hacer las pruebas de embarazo vuelve a ser negativa. Con tristeza tuve que admitirlo, recuerdo que oraba: «Padre y si estoy embarazada protege mi bebé, nunca pensé que esto me estuviera ocurriendo a mí».

Decido ir a los Estados Unidos a buscar otra opinión. Fui a mi doctor y acabando de llegar, me confirma, luego de las pruebas, la buena noticia; lo que siempre sabía en mi corazón, estaba embarazada. Cuál no fue mi angustia al decirles que había tomado ese medicamento de hormonas… Lo que tanto temía me aconteció, ellos me comunicaron que debía someterme a un aborto, pero ya yo era creyente, aunque una bebé realmente en el evangelio. De repente todo mi mundo se había derrumbando, no podía estar escuchando esto; pero una cosa sé no iba a abortar a mi hijo, esta mujer débil dependiente, necesitada del consejo de los demás, había tomado una decisión, el Señor de los cielos me llenó de su discernimiento de su fortaleza para enfrentarme a todos los resultados médicos y tomar la decisión correcta y decir, «quiero mi hijo no me importa como nazca».

Se esperaba que podía nacer sin brazos o sin piernas por la cantidad de hormonas tan alta que me habían suministrado. Ahí, entre lágrimas, le pedí al doctor que quería confirmarlo. Entonces me enviaron a una universidad, al hospital de la universidad de Miami, muy reconocida en esa área; y luego de haber clamado al Dios omnipotente, al Dios altísimo que me diera alguna esperanza, partí para hacerme las pruebas. Cuando llegamos nos dieron la terrible noticia que confirmaba que debíamos abortar. Entre sollozos, entra el jefe del departamento y confirma lo mismo; sin embargo él insiste en saber por qué yo me negaba a abortar. Le expliqué que yo era cristiana y que tenía un Padre en los cielos que es Todopoderoso, a lo que él tornándose le dijo a mi esposo, yo soy judío, yo no creo lo que ella cree, pero si fuera mi esposa yo la apoyara para que no hiciera el aborto.

Eso me llenó de fortaleza para pedir a las iglesias que oraran por mi hijo. Fue así que llegué a término y mi familia al llegar el momento solicitó que entraran dos pediatras, un cardiólogo, un médico general, dos anestesiólogos. Pero cuán grande es nuestro Dios, eso no era para mi hijo. Dios utilizó mi aflicción de muchas maneras, pude ver cómo Él orquestó todas las circunstancias de mi vida para salvar la vida de otro bebé y la vida de otra mamá, porque mi bebé nació bello y perfecto, pero en dos salas de parto diferentes nació un niño con espina bífida y en la otra había una madre que estaba teniendo un ataque de preeclampsia, por lo que los médicos que se suponía que yo usara y no necesité por la misericordia de nuestro Padre, fueron los que les salvaron la vida a ellos dos.

Amadas hermanas, ¿pueden ver la poderosa mano de nuestro Dios orquestando todas las situaciones para mostrar Su poder y dar gloria a Su Santo Nombre? Este evento transformó mi vida y me hizo regocijarme en Él y comprender que ninguna de nuestras pruebas llegan a nuestra vida sin que el propósito de nuestro gran Dios sea para bendición de nosotros. El Señor les bendiga.

Nancy: Gloria a Dios, gracias por tu testimonio.

Testimonio 2: Ciertamente el ejemplo de valentía y coraje de Ester ha sido de gran estímulo pero a la vez de gran amonestación para mí. Dios le dio la gracia para no dejarse dominar por sus emociones y temores ni permitir que las circunstancias difíciles que estaba enfrentando junto a su pueblo opacaran sus pensamientos, ni su seguridad de saber que el Dios Soberano reinaba y que Él tenía el control del corazón de cada una de las personas envueltas en esta historia.

Son muchas las veces en que me encuentro llena de ansiedad en mi corazón, en medio de aflicciones y circunstancias que escapan de mi control. Es ahí cuando a diferencia de Ester, pierdo el enfoque y la perspectiva de que mi Dios es quien va delante de mí peleando cada batalla en mi caminar en esta tierra. Gloria a Dios y gracias infinitas le doy a Él porque nos deja en Su Palabra ejemplos de fe y de obediencia como el de Ester, para animarnos a que con valentía podamos darle gloria y honra a Su Santo Nombre en cada una de las batallas que Él tenga preparadas para nosotras.

Nancy: Gracias por compartir eso.

Testimonio 3: He sido enriquecida y animada con el estudio de Ester. Ella es un ejemplo de una mujer que en momentos de dificultad escogió obrar a la manera de Dios, no conformándose al patrón de las mujeres del mundo de su época en circunstancias presionantes.

Hoy en día al igual que en el tiempo de Ester la apariencia externa es algo muy importante. Los medios de comunicación y la publicidad nos llevan a pensar que la mujer debe llamar la atención por su belleza en todo tiempo. A veces me he sentido tentada a dejarme arrastrar por esta corriente, preocupándome por cómo me ven los demás. Con este estudio una vez más Dios me ha recordado que Él quiere vernos verdaderamente bellas, pero ¿cuál es el concepto de Dios de la verdadera belleza en una mujer?

¿Qué es lo que Dios valora? He aprendido que Dios claramente nos lo enseña en 1 de Pedro 3:3-5 «que vuestro atavío sea el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, es decir tierno y sereno que es de gran estima delante de Dios, porque así se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios», y este es un atavío que pasa la prueba del tiempo, permanece para siempre. En 1 de Timoteo 2:9 nos dice, «con ropa decorosa, con modestia, con buenas obras como corresponde a mujeres que profesan la piedad».

Es por eso que cuando me paro ante el espejo cada mañana para maquillarme y ver como luce mi ropa le hablo a mi corazón y me digo: «Por la gracia de Dios hoy quiero vestirme de Cristo, quiero lucir como Él; que vean en mí su humildad, su mansedumbre; quiero reflejar su belleza en mi hablar con dulzura con una sonrisa mostrando ternura y cuidado por los demás, manejándome con serenidad en medio de las circunstancias presionantes de cada día». Para esto necesito preparar mi corazón cada mañana con la meditación en su Palabra y la oración. Quiero ser hermosa a los ojos de Dios y mostrar a los demás los efectos de su obra redentora en mí.

Nancy: Gracias por tu testimonio. Si no existiera la providencia, tendríamos toda la razón de estar sobrecogidas ya que este mundo estaría fuera de control y deberíamos estar atemorizadas hasta la muerte. Pero si existe un Dios que es el Creador, lo suficientemente sabio, lo suficientemente inteligente, lo suficientemente amoroso, lo suficientemente bueno y capaz para controlar cada aspecto y átomo de Su creación, entonces ¿por qué hemos de temer?

Creo que cuando tememos, es una evidencia de que no estamos confiando en que Dios es soberano. O no conocemos Su soberanía, o no creemos en ella, o se nos ha olvidado, pero el temor no puede coexistir con la fe.

La fe erradica el temor y esta no está basada en un sentimiento que tenemos, sino en la realidad de lo que Dios es, en Sus promesas, en Su carácter, en Su soberanía. Ahora, ¿significa esto que si estamos confiando en la soberanía y en la providencia de Dios podemos simplemente marchar hacia el rey sintiéndonos valientes y sin ningún tipo de aprehensión?

Creo que probablemente Ester se sintió ansiosa y aprehensiva, pero tan solo en cuanto a que no sabía lo que Dios iba a hacer. Cualquier aprensión que tengamos, si supiéramos lo que Dios sabe, no tendríamos lugar para el temor. Si realmente conociéramos a Dios y supiéramos lo que Él va a hacer… Mientras más conocemos acerca de Dios, menos será el temor.

Como resultado de pasar semanas en el libro de Ester, hoy estoy más firme que antes en los caminos de Dios. Encuentro que estoy respondiendo a las circunstancias de la vida con mucho más confianza en Dios, con mucha más estabilidad, y pensando menos en cosas como: oh, y ahora, ¿qué vamos a hacer? Mientras más crecemos, mientras más conocemos a Dios, más estables y enraizadas estaremos y menos temerosas seremos.

Debemos pasar por un proceso. La persona que acaba de conocer a Dios, que no tiene una experiencia con Dios, que no ha visto a Dios demostrar Su providencia una y otra vez, esa persona, aunque sea un creyente comprometido que ama a Dios, puede tener muchos temores todavía. Pero mientras más creces, mientras más lo conoces, más confías en Él. El Salmo 9 versículo 10 dice: «En ti pondrán su confianza los que conocen tu Nombre, porque tú, oh SEÑOR, no abandonas a los que te buscan».

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo.

¿Qué tan clara ves la realidad de quién Dios es? Tus temores o tu fe son buenos indicadores que te ayudarán a responder esta pregunta.

Nancy nos ha hablado de Aquél que nos puede librar de la preocupación, así que si conoces a alguien que esté luchando con la preocupación, espero que tomes un minuto para compartirle este programa. Puedes hacerlo fácilmente a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Es difícil imaginar la eternidad, pero tenerla en mente puede afectar dramáticamente tu visión de la preocupación y la confianza. Nancy nos estará hablando más acerca de esto en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.