Podcast Aviva Nuestros Corazones

Tiempo de celebrar

Annamarie Sauter: Si te has arrepentido de tu pecado y has depositado tu fe en Dios, ¡tienes razones para celebrar!

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por sus circunstancias? Y les preguntamos: «¿Qué están haciendo ahí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?» Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro Libertador!

Annamarie:  El libro de Eclesiastés nos dice que hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír. ¿Tienes este balance en tu vida? Lloramos por los que aún no conocen a Dios y están perdidos, y también por nuestros propios pecados. Al mismo tiempo, necesitamos celebrar con gozo el perdón y la bondad de Dios. Vemos una clara ilustración de esto en el libro de Ester; Mardoqueo y el pueblo judío tuvieron razones para lamentar, así como razones para celebrar.

Hoy Nancy quiere hacerte una invitación. Ella continúa en la serie «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios». Ella inicia con algo de historia.

Nancy: Si has leído reportes acerca del fin de la Segunda Guerra Mundial, recordarás que las noticias corrieron rápido. El 7 de mayo del 1945, Alemania oficialmente se rindió ante los Aliados, y el 8 de Mayo, el siguiente día fue declarado, «Día de victoria en Europa».

Ese anuncio causó celebraciones desenfrenadas alrededor del mundo, la gente cantaba, bailaba, festejaba; había fiestas en las calles. Algunas 500 mil personas llenaron las calles de la ciudad de Nueva York. Quizás has visto esas fotos de Times Square, todo este gran derramamiento de emoción.

Era «Día de victoria en Europa». Pero la guerra aún no terminaba al otro lado del Pacífico. Japón no se rindió hasta tres meses después. Pero la gente sabía que la victoria estaba asegurada. Y así fue que la noticia corrió rápidamente y las celebraciones prorrumpieron.

En Europa, cuando el primer ministro Winston Churchill anunció el fin de la guerra en Inglaterra, por primera vez desde que la guerra empezó, las campanas de las iglesias resonaron en toda Europa. Había celebración por todas partes.

Esas fueron las imágenes que vinieron a mi mente al leer el capítulo 8 del libro de Ester. Vemos lo que sucede ahora que Amán ha sido ahorcado. El hombre equivocado es sacado del palacio…y Mardoqueo está dentro del palacio.

El viejo edicto de aniquilar a los judíos no puede ser revocado, pero el rey ha dado permiso a Mardoqueo para promulgar un nuevo edicto, el cual decía que los judíos podían unirse para defenderse en aquella fecha destinada como su día de destrucción. Ahora podrían defenderse a sí mismos.

Aunque la batalla aún no había terminado, la gente estaba emocionada. Están emocionados porque saben que su victoria está a la mano. Saben que hay esperanza.

Y así, vemos en Ester capítulo 8 versículo 15 que:

«Entonces Mardoqueo salió de la presencia del rey (apenas habiendo recibido permiso para promulgar este nuevo edicto) en vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y púrpura.»

Por cierto, este es un contraste total de cómo vimos a Mardoqueo vestido al principio del capítulo 4, donde él estaba vestido de cilicio y de cenizas; él no podía ni acercarse a la puerta del palacio del rey. Ahora él está vestido de ropas reales.

Amán había conspirado y había tramado para obtener estas cosas. Recuerda que él trató de conseguirlas cuando pensó que él sería el hombre que el rey quería honrar. «Permite que alguien vista las ropas del rey». Él nunca consiguió lo que él quiso, pero Mardoqueo, quien nunca buscó obtener estas cosas, las recibió como un regalo inesperado. De nuevo, esto es solo un recordatorio de que Dios humilla al altivo y Él exalta al humilde.

Mientras Mardoqueo salió de la presencia del rey (continúa diciendo el versículo 15), «la ciudad de Susa dio vivas y se regocijó».

Vimos a la ciudad de Susa antes en un estado de confusión, en pánico y alboroto. Pero ahora la ciudad está alegre y regocijándose. Esta es la ciudad capital del Imperio persa, donde vivían quizás hasta medio millón de judíos.

«Para los judíos fue día de luz y alegría, de gozo y gloria. En cada provincia, en cada ciudad y en todo lugar adonde llegaba el mandato del rey y su decreto había alegría y gozo para los judíos, banquete y día festivo» (vv. 16-17).

¡El día de la victoria! Ahora bien, la guerra no había terminado. Aún no habían librado la batalla en contra de sus opresores. Pero ahora que este nuevo edicto había sido promulgado, sabían que había esperanza. Así que de esa esperanza brotó gozo y alegría y celebración. Una celebración exuberante irrumpió y cubrió el vasto imperio.

Hasta este punto ha habido poca razón para celebrar. Pero ahora hay una gran causa de alegría, de gozo y de regocijo.

Si recuerdas bien, el capítulo 8 empezó con Ester lamentándose, yendo frente al rey, suplicándole de parte de su pueblo. «¿Cómo podría yo ver la calamidad que caería sobre mi pueblo? ¿Cómo podría yo ver la destrucción de mi gente?» Ella está lamentándose frente al rey.

Como hemos dicho, la torta se ha volteado. Los judíos se regocijan y celebran.

Hay un salmo que viene a mi mente mientras leo este pasaje. Déjame leerte del Salmo 30.

«Te ensalzaré, Oh SEÑOR, porque me has elevado, y no has permitido que mis enemigos se rían de mí. Oh SEÑOR, Dios mío, a ti pedí auxilio y me sanaste. Oh SEÑOR, has sacado mi alma del Seol; me has guardado con vida, para que no descienda al sepulcro» (vv. 1-3).

Fue como si hubieran resucitado a nueva vida. O sea, sus vidas habían terminado, se habían acabado, hasta que Dios les trajo esta nueva esperanza.

«Cantad alabanzas al SEÑOR, vosotros sus santos y alabad su santo nombre. Porque su ira es solo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría» (v. 4).

Y luego los versículos 11-12 del Salmo 30:

«Tú has cambiado mi lamento (mi aflicción, mi dolor) en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría, para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. ¡Oh SEÑOR, Dios mío te alabaré por siempre!»

¿Puedes ver el avance? Esto fue cierto, no solo para los judíos, sino que también es cierto para el pueblo de Dios. Aquí vemos el poder transformador del evangelio, el evangelio de Jesucristo que cambia al pobre en príncipe. Aquellos que habían recibido una sentencia de muerte ahora han sido liberados de la prisión. Aquellos que habían sido condenados ahora son exaltados.

El lamento ha sido cambiado en danza, el ayuno en festejo, la confusión en regocijo, la oscuridad en luz, el cilicio en ropas reales. ¿No es eso lo que el evangelio hace por nosotras?

Sobre nosotras pesaba una condena de muerte. Éramos prisioneras. No teníamos esperanza. Estábamos sin Dios, sin ninguna esperanza en el mundo. Y luego Dios a Su tiempo, en la plenitud del tiempo, mandó a Jesucristo a este mundo, quien se entregó a sí mismo como un sacrificio, como una ofrenda por nuestros pecados, y ahora nos ha resucitado a una nueva vida en Cristo.

¿Cuál debe ser la consecuencia de esto, el resultado?

¡Canto! ¡Deleite! ¡Alegría! ¡Gozo! No, la batalla no ha terminado. Todavía vivimos en esta carne. Todavía tenemos pecado morando en nosotras. Todavía tenemos que tratar con eso. Pero conocemos el resultado. Tenemos esperanza. Tenemos los medios para obtener la victoria.

El gozo y la alegría en este punto en la historia de Ester son una expresión de fe. El decreto de Amán todavía está en efecto. Pero ahora los judíos saben que tienen una salida. ¡Que tienen esperanza!

No puedo evitar el preguntarme mientras leo esta historia y leo el Salmo 30 y veo el gozo que viene, el agradecimiento, la alabanza, la celebración de los prisioneros cuando son liberados. Tengo que preguntar, «¿dónde está el gozo? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde están los gritos? ¿Dónde está el regocijo? ¿Dónde está la celebración? ¿Dónde está el festejo del pueblo de Dios hoy?»

En lugar de esto, si ves a tu alrededor...y si recibieras los correos que yo recibo, si leyeras las cartas que yo leo, y hablaras con muchas de las personas con las que yo hablo, lo que encuentras muy seguido entre los creyentes es depresión, desánimo, ataduras, temor, tristeza y perdición.

Yo sé que todavía no estamos en el cielo. No ha llegado todavía la hora de la celebración final. No será ahora. Será después. Y todavía vivimos en un mundo caído. Todavía tenemos que lidiar con nuestra carne. Todavía tenemos que lidiar con los enemigos; con Satanás y con este mundo. Estas son cosas serias. Todavía no todo momento es para festejar y celebrar.

Pero, ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por las circunstancias? Y nos preguntamos: «¿Qué estás haciendo allí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?

Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador! Él ha escrito y firmado y sellado un decreto que dice que puedes tener victoria sobre la ley del pecado, victoria sobre la muerte. Él ha promulgado un decreto que anuncia nuestra libertad.

¿No crees que deba haber algo de gozo? ¿No debe haber algo de alegría? Nuestras iglesias… ¿no deberían ser lugares donde hay gozo y alegría?

Vemos a la iglesia promedio de hoy, y yo hablo mucho frente a la gente, así que veo las caras de las personas…las personas lucen como que iban rumbo a la morgue y se perdieron en el camino, viniendo a dar a la iglesia. Sus caras lucen como si estuvieran tomando puro jugo de limón.

Ves a algunos cristianos y piensas, «no le desearía lo que ellos tienen ni a mi peor enemigo».

No estoy hablando aquí de poner una sonrisa superficial en tu cara o de siempre andar frívolamente. Todavía vivimos en un mundo muy turbado, y hay muchas cosas por las cuales estamos afligidas. Mi corazón frecuentemente se siente oprimido sobre las circunstancias de este mundo y por la condición de la iglesia y la necesidad de avivamiento que hay hoy en día.

Pero no debemos vivir atadas a la depresión ni al desánimo ni al temor. Cristo, nuestro Mardoqueo, nos ha dado razón para celebrar, razón para tener gozo y alegría.

Compara lo que está sucediendo ahora en el capítulo 8 de Ester con el primer edicto que fue promulgado. El primer edicto trajo confusión y consternación. Ahora la noticia de que la justicia ha prevalecido trae gran gozo y celebración.

Y te diré también qué otra cosa trajo. Trajo la conversión de muchos extranjeros que estaban dominados por el miedo por lo que habían visto.

El versículo 17 nos dice, «Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hicieron judíos, porque había caído sobre ellos el temor de los judíos.»

Así que las cosas han dado un giro de 180 grados, algo asombroso. Y hoy venimos al capítulo 9, que de acuerdo a la manera que han calculado los historiadores y los eruditos de la Biblia, toma lugar el 7 de marzo del año 473 a.C.

Ester capítulo 9, versículo 1:

«En el mes doce es decir, el mes de Adar, el día trece cuando estaban para ejecutarse el mandato y el edicto del rey.»

¿Qué mandato y qué edicto es ese? Es el edicto de Amán. Es el que dice que los judíos serían destruidos y aniquilados.

En ese mismo día.

¿Cómo llegaron a ese día? ¿Te acuerdas? Habían echado suertes. Amán había echado suertes. Él era supersticioso. Él pensó que era cosa de casualidad. Él consultó con sus amigos astrólogos y ellos dijeron, «este es el día más propicio».

Habían echado suertes once meses antes. Pero la Escritura dice que el Señor determina el resultado de las suertes. De hecho, eso fue lo que pasó.

De modo que ahora llegó el día. Estamos llegando al momento culminante. ¿Qué pasará?

De nuevo, a veces no vemos a las Escrituras con suficiente asombro porque hemos leído estas historias una y otra vez. Las hemos escuchado desde que éramos niñas. Se nos olvida cómo pudo haber sido el estar viviendo estas historias.

Pero al leer historias como estas, nos recordamos que con nuestras propias historias, cuando no sabemos lo que va a pasar, Dios sí lo sabe; Él es quien lo está orquestando. Y al final tendrá un buen resultado.

Ahora es el duodécimo mes, el mes de Adar, el día decimotercero. El edicto del rey de destruir a los judíos está a punto de ser ejecutado.

«El mismo día que los enemigos de los judíos esperaban obtener dominio sobre ellos, sucedió lo contrario». (v. 1)

¡Solo Dios! El nombre de Dios no estará en el libro de Ester, pero Su huella está por todos lados. Sucedió lo contrario. Los judíos obtuvieron el dominio sobre los que los odiaban.

Esto era una imposibilidad absoluta, pero Dios lo había hecho posible. Con Dios todas las cosas son posibles.

Así que, aunque Amán estaba muerto, todavía había mucha gente que quería hacerle daño a los judíos. Este siempre ha sido el caso en la historia del mundo desde los días de Abraham. Siempre ha habido aquellos que han querido atacar al pueblo de Dios.

Mientras estábamos en el receso alguien me preguntó, «¿Por qué? ¿Por qué a la gente le gustará hacer eso? ¿Por qué le tienen tanto odio al pueblo de Dios?»

Básicamente pienso que la respuesta es porque la gente odia a Dios.

No quieren que Dios gobierne sobre ellos.

Ellos quieren ser Dios.

Ellos quieren ser su propio Dios.

Ellos quieren dirigir sus propias vidas.

Ellos quieren gobernar la tierra por ellos mismos.

Ellos no quieren doblegarse ante Dios.

Así que, con el propósito de atacar a Dios, ellos siempre tratan de llegarle a la niña de Sus ojos. El pueblo escogido de Dios, los judíos y el pueblo de Dios, los que son creyentes en Jesucristo siempre serán objeto de odio, de rencor y de ataque.

Así que cuando suceda, entiende que es parte de vivir en un mundo caído. Hay aquellos que quieren tener dominio sobre el pueblo de Dios. Pero ahora ha habido un giro. Los judíos han ganado dominio sobre sus enemigos, sobre aquellos quienes pudieron haberlos destruido.

Los judíos, recuerda, son una minoría. Pudieron haber sido tantos como unos 15 millones de personas, pero se encontraban dispersos por todo el Imperio persa, el cual era un imperio inmenso que iba desde lo que hoy es Pakistán, hasta el norte de la península del Sinaí, esto es, Etiopía, Sudán y Egipto. Quince millones de judíos dispersos por todo este imperio que tenía una población aproximada de 100 millones de personas.

Esta fue una intervención a favor de ellos. Dios estaba peleando por Su pueblo. Y Dios pelea por ti. No siempre Dios gana las batallas de las formas en que a nosotras nos gustaría que lo hiciera, pero al final Él es victorioso.

Así que el versículo 2 dice:

«Se reunieron los judíos en sus ciudades por todas las provincias del rey Asuero para echar mano a los que buscaban su daño.»

Al leer este capítulo, fíjate cómo los atacantes son descritos. Son descritos como los enemigos de los judíos. Son descritos, aquí en el versículo 2, como aquellos que buscaban su daño.

«Y nadie podía oponérseles, porque el temor a ellos había caído sobre todos los pueblos. Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los que manejaban los negocios del rey ayudaron a los judíos, porque el temor a Mardoqueo había caído sobre ellos» (vv. 2-3).

¿Es este un cambio de circunstancias o qué? Mardoqueo no había temido a nadie más que a Dios, pero ahora otros le tenían miedo.

Pensé en lo diferente que es esto a las formas del mundo cristiano hoy en día. Muchos cristianos de hoy viven atemorizados de la cultura, con miedo de ser conquistados por ella. Debería ser al revés.

Debería haber tal evidencia de la presencia y del poder de Dios en medio de Su pueblo que la cultura tema a Dios y tenga miedo de nosotros; no porque seamos crueles o malos o vengativos, sino porque ven el poder de Dios en nuestro medio.

¿Acaso no es eso lo que Pablo describe en 1 Corintios capítulo, 14 versículo 25? Donde dice que cuando un incrédulo entra a tu iglesia, si esta está funcionando de la manera adecuada, como debe funcionar una iglesia del Nuevo Testamento, él dice que, «él se postrará de cara al piso y dirá: “en verdad Dios está en este lugar”» (parafraseado).

¿Qué tan frecuente vemos eso pasar en nuestras iglesias? En cambio pasamos el tiempo encogiéndonos de miedo por los ataques de un mundo perdido. En última instancia estamos en el lado ganador. Nuestra victoria es segura, y debemos andar con esa convicción.

«Pues Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama se había extendido por todas la provincias, porque Mardoqueo se hacía más y más grande» (v. 4).

Pensé en esto como si fuera un retrato de Cristo en el Antiguo Testamento, no que Cristo crezca más y más poderoso sino que Su fama continúa extendiéndose. Él será amado y reverenciado y adorado. Un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor.

«Y los judíos hirieron a todos sus enemigos a filo de espada, con matanza y destrucción; e hicieron lo que quisieron con los que los odiaban» (v. 5).

Esto era una defensa. Esta no era una guerra agresiva. No era vengativa o una vendetta privada. De forma controlada se estaban defendiendo de aquellos que buscaban destruirlos.

«En la fortaleza de Susa los judíos mataron y destruyeron a 500 hombres, también a Parsandata, Dalfón, Aspata, Porata, Adalía, Aridata, Parmasta, Arisai, Aridai, y Vaizata» (vv. 6-9).

Dirás, «¿quiénes son, y por qué están todos esos nombres allí?» Mira el versículo 10.

«…los diez hijos de Amán, hijo de Hamedata, enemigo de los judíos.»

En el texto hebreo, los nombres de los diez hijos de Amán están escritos en orden y de forma tal que visualmente representan una horca (no puedes ver esto en la Biblia en español). Es una ilustración que lo que le sucedió a ellos.

En la fiesta de Purim, de la que hablaremos en la próxima sesión, los judíos celebran su victoria sobre sus enemigos los persas, ellos leen el libro de Ester de principio a fin. El lector lee los diez nombres de los hijos de Amán de un tirón, sin tomar aliento, como lo acabo de hacer yo, simbolizando que los diez hijos de Amán murieron juntos.

Al destruir los diez hijos de Amán, los judíos finalmente llevaron a cabo las órdenes que Dios había dado a Saúl cientos de años antes. Ellos cumplieron las intenciones claramente reveladas acerca de la destrucción de los amalecitas.

«Aquel mismo día comunicaron al rey el número de los que fueron muertos en la fortaleza de Susa. Y el rey dijo a la reina Ester: En la fortaleza de Susa los judíos han matado y exterminado a 500 hombres y a los diez hijos de Amán. ¡Qué habrán hecho en las demás provincias de rey! ¿Cuál es tu petición ahora? Pues te será concedida. ¿Qué más quieres? También te será hecho. Entonces Ester dijo: Si le place al rey, que mañana también se conceda a los judíos que están en Susa hacer conforme al edicto de hoy» (vv. 11-13).

En otras palabras, «Dános un día más para terminar el trabajo. Todavía hay enemigos que quieren destruir al pueblo judío.»

«Y que los diez hijos de Amán sean colgados en la horca.»

«El rey ordenó que así se hiciera; y un edicto fue promulgado en Susa, y los diez hijos de Amán fueron colgados. Los judíos que se hallaban en Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron a trescientos hombres en Susa, pero no echaron mano a los bienes» (vv. 13-15).

Vemos esto tres veces en el texto. Fueron autorizados a tomar los despojos, echar mano a los bienes, al igual que Saúl, cien años antes, cuando luchó contra los amalecitas, y retuvo un poco de los despojos. Pero esta no era una guerra agresiva. Esta guerra era en defensa propia en contra de sus enemigos, así que no echaron mano a esos bienes. Ellos no estaban tratando de hacerse ricos a costa de sus enemigos.

«Y los demás judíos que se hallaban en las provincias del rey se reunieron para defender sus vidas y librarse de sus enemigos; y mataron a setenta y cinco mil de los que los odiaban, pero no echaron mano a los bienes» (v. 16).

Así que la matanza fue limitada a un día en todas las provincias, dos días en la capital, y luego pararon. Solo mataron hombres; mientras que el edicto en contra de ellos había autorizado a sus enemigos a matar hombres y mujeres y niños y jóvenes y viejos.

Se alinearon con Dios en contra de Sus enemigos. Y se nos recuerda que tenemos algunos enemigos, la carne, el mundo, el diablo, y estamos combatiendo en una batalla. Dios nos llama en el nombre de Jesucristo a hacer batalla, a hacer guerra, sabiendo que el día llegará cuando el triunfo de Cristo será completado sobre todos Sus enemigos.

Annamarie: Qué buen recordatorio nos ha traído Nancy. Ella regresará en breve.

Las enseñanzas de esta serie titulada, «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios» nos han ayudado a seguir las huellas de Dios a lo largo del libro de Ester.

Nosotras de ser prisioneras sin esperanza hemos pasado a ser hijas que aún en medio de las batallas de la vida tienen esperanza en Cristo. Nancy nos ha invitado a preguntarnos: ¿Dónde está mi gozo? ¿Soy consciente de la victoria que Dios ha ganado para Su pueblo?

Nancy también nos ha recordado que aún no estamos en el cielo, pero ¡tenemos razones para celebrar! Digo esto con una sonrisa en el rostro, pero wao, cuánto necesito aplicar estas verdades a mi propia vida. Espero que el próximo día del Señor seamos de aquellos que se congregan con gozo, y no de aquellos que se perdieron de camino a la morgue.

Para ayudarte a aplicar estas enseñanzas en tu día a día hemos desarrollado un recurso devocional titulado, «Ester: Reina en el exilio».

Nos encantaría enviarte un acceso para descargar este folleto digital por tu donación. Es nuestra forma de expresarte nuestro agradecimiento por hacer este ministerio posible por medio de tu aporte, y más importante aún, tus oraciones.

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Si nos has escuchado por un tiempo recordarás que Nancy nos ha dicho que cuando las líderes del movimiento feminista comenzaron a  reunirse a mediados de los sesenta, fueron consideradas un grupo marginal. Muchas personas pensaron que estaban locas. Pero fueron sistemáticas, intencionales y persistentes, llevando el mensaje a mujeres jóvenes, mientras que los programas de estudios se abrían para todas las mujeres en las universidades de Estados Unidos. Incluso distribuyeron su mensaje a través de muchos recursos impresos.

Esto llevó a Nancy a hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué podría Dios hacer con un grupo comprometido con un nuevo movimiento, una revolución contracultura de mujeres verdaderas de Dios? ¿Cómo podría expandirse ese mensaje?

Aquí, en Aviva Nuestros Corazones, estamos pidiéndole al Señor que expanda el alcance de este ministerio de varias formas clave, y nos gustaría que tú seas parte de esto. Recuerda que por tu donación hoy, podrás recibir un acceso para descargar el recurso, «Ester: Reina en el exilio».

Bien, Nancy nos ha estado enseñando que Dios nos ha llamado a enfrentar las batallas a la luz del triunfo de Cristo. Ella regresa para concluir este programa con otras porciones de la Escritura donde podemos ver esto.

Nancy: Si quieres leer acerca de esto, lee el libro de Apocalipsis. Hay dos temas principales en el libro de Apocalipsis. Uno es adoración, pero el otro es guerra. Hay guerra en contra de los enemigos de Dios. Los que se oponen, se declaran enemigos de Dios, Dios mismo hará guerra contra ellos.

Nos unimos en Su nombre, no a ser belicosos, no para atacar a las personas que no están de acuerdo con nosotras, sino para hacer batalla en contra de nuestra carne pecaminosa,  hacer batalla en el reino espiritual en contra de Satanás en el nombre de Jesús, y  resistir este sistema mundano que se opone a Dios.

Eso es parte de la vida cristiana, el ser una guerrera, un soldado, estar involucrada en el nombre de Jesús, no en odiar a la gente, no en ser despiadadas, no en saquear a la gente, no en ser groseras, no en ofender a las personas. Pero el decir, «en el nombre de Jesucristo y en el nombre de Su cruz, queremos verlo victorioso.»

«Y Él estará sobre todos Sus enemigos en la eternidad. Toda rodilla se doblará; toda lengua confesará que Jesucristo es Señor» (Fil. 2:10-11, parafraseado).

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana, sino a tener una vida fructífera en Cristo.

Muchas veces celebramos para olvidar, nos entretenemos para olvidar nuestros problemas. Mañana veremos qué tan provechoso puede ser el celebrar para recordar. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Todo lo que Respira, La IBI & Sovereign Grace Music, La Salvación es del Señor, ℗ 2014 Sovereign Grace Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.