Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Haciendo un inventario

Annamarie Sauter: ¿Organizas tu agenda en base a las prioridades de Dios para ti?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Pienso que es importante que permitamos que nuestras prioridades definan nuestra agenda, de lo contrario, nuestra agenda determinará nuestras prioridades. Entonces al final del día o al final de la semana o del año o de toda una vida, diremos, «he hecho muchas cosas buenas pero no cumplí el propósito para el cual Dios me puso en esta tierra».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana nos encontramos en la serie titulada, Primero lo primero. Si te perdiste alguno de los dos episodios anteriores, encuéntralo en avivanuestroscorazones.com. Aquí está Nancy con la continuación.

Nancy: Hemos estado hablando toda esta semana sobre algo en que todas necesitamos ayuda, y es el asunto de nuestras prioridades. ¿Cómo establecemos y vivimos las prioridades de Dios para nuestras vidas? ¿Cómo ordenamos nuestras vidas de acuerdo a esas prioridades?

Estamos revisando cada una de las letras de la palabra prioridades en inglés. Empezamos hace un par de días a hablar de la letra P, perseverando en la oración, orar; pedir a Dios sabiduría. Luego la letra R, revisar las prioridades de Dios para nuestras vidas basándonos en la Palabra de Dios.

Hoy veremos la letra I. La palabra de hoy es Inventario. Hacer inventario. Esto requiere que nos detengamos y pensemos cuáles son realmente nuestras prioridades y cómo luce en realidad nuestra agenda.

Hicimos algunas preguntas difíciles de responder:

¿Estoy viviendo fuera de las prioridades de Dios para mi vida?

¿Estoy llenando las prioridades de Dios para mi vida?

¿Hay prioridades o responsabilidades que estoy descuidando?

Sobre este punto, permítanme sugerir dos ejercicios prácticos que me han resultado útiles en diferentes etapas de mi vida.

Número uno: Haz una lista de tus responsabilidades actuales. Incluye todas las actividades en las que estás envuelta en esta etapa de tu vida –todo lo que se encuentre en tu lista de cosas por hacer.

Y otro ejercicio pequeño que será útil para hacer el inventario es mantener un registro de cómo usas el tiempo durante una semana específica. Lleva un registro de cómo estás usando realmente tu tiempo –por períodos de 15 a 30 minutos como máximo. Bueno, si eres madre, quizás puedes utilizar períodos de tres minutos porque podrían variar así de rápido. Lleva un registro durante una semana, usando medidas cortas de tiempo, de modo que refleje lo que realmente estás haciendo con tu tiempo.

Lo que encontrarás puede sorprenderte. Puedes estar pensando que usas la mayor parte de tu tiempo en ciertas áreas de responsabilidad, y encontrar que realmente estás invirtiendo más tiempo de lo que pensabas en áreas en que no te habías ni percatado.

A medida que haces estos ejercicios, y cuando tengas esta lista de tus responsabilidades –de cosas por hacer– frente a ti, así como la manera como estás usando tu tiempo realmente, entonces podrás empezar a evaluar. Estarás haciendo inventario, estarás evaluando. Si nos basamos en cómo estás usando tu tiempo, ¿cuáles son tus verdaderas prioridades? ¿Son las correctas? ¿Crees que necesitas hacer algunos ajustes? 

Aquí es donde empiezas a hacerte algunas preguntas difíciles sobre las actividades que están consumiendo tu tiempo, así como las actividades que están consumiendo el tiempo de tus hijos, pues eso también carga mucho tu propio tiempo.

En la medida en que miras tu lista pregúntate: ¿cómo está cada una de estas actividades contribuyendo o ayudándome a cumplir las prioridades que Dios ha establecido para mi vida y la vida de mi familia? 

Hablamos acerca de las prioridades, de nuestra relación con Dios, con el esposo, con los hijos, así como del cuidado de tu hogar. ¿Cómo está cada una de estas responsabilidades, de estas tareas de mi lista de cosas por hacer, ayudándome a llenar esas prioridades en esta etapa de mi vida?

Luego pregúntate, a medida que estudias la lista, pregúntate sobre todo lo que encuentras en esa lista: ¿Es esto algo que Dios quiere que mi familia y yo hagamos en esta etapa de la vida? Pudiera ser algo que estaría bien en una etapa diferente de la vida, pero quizás no sea algo apropiado, ni mejor, ni necesario durante esta etapa de tu vida.

Pregúntate cuando estudies tu lista: ¿Estoy actualmente involucrada en actividades que no están en la agenda de Dios para mí en esta etapa de mi vida? ¿He aceptado responsabilidades a las que simplemente he dicho sin preguntar primero al Señor? ¿He ido a Él para descubrir si realmente quiere que haga esto?

Puede que en mi lista se encuentren tareas que son buenas, pero que Dios ha diseñado que las haga otra persona. Sobre este punto, si estás llenando la descripción de puesto de alguien más o haciendo el trabajo de otra persona, no solo estarás frustrada, sino que además impedirás que esa otra persona llene el propósito para el cual Dios la creó.

Pregúntate además: ¿Estoy haciendo esto por los motivos correctos? ¿Por qué hago estas actividades? ¿Cuáles son mis motivaciones? ¿Lo estoy haciendo por culpa?¿Lo estoy haciendo por presión de grupo porque quizás hay una que otra madre que dice, «esto es lo que estás supuesta a hacer con tus hijos»?

¿Será por desempeño –tratando de ganar el favor de Dios, tratando de impresionar a alguien o tratando de complacer a la gente antes que a Dios? ¿Será por compararme con los demás?

Durante Su vida terrenal Jesús rendía cuentas a una sola persona: a Su Padre celestial. Su única motivación era agradar a Dios. Pudo vivir con malos entendidos y ser rechazado por otros porque todo lo que a Él le importaba era: ¿Está Dios complacido?

Cuando sabes que Dios está complacido con lo que estás haciendo, con tus prioridades y con tu agenda, entonces puedes relacionarte con personas que quizás no lo entiendan como tú. Puede ser que tu madre no entienda algunas prioridades de las cosas que estás haciendo con tus hijos. Ahora, escucha su consejo, pero recuerda que en última instancia a quien rendirás cuentas es al Señor.

Permítanme volver atrás de nuevo y repetir en una forma un poco diferente algo que dije en el programa anterior, y es que una de las razones mayores de la tensión y la presión en la vida de las mujeres hoy en día es que son esposas y madres que están tratando de hacer malabares con una carrera o con un trabajo fuera de sus hogares.

Yo sé que tan pronto digo esto, algunas sentirán que las estoy atacando, pero en realidad mi deseo no es atacar a nadie. Amo a las mujeres que Dios ha traído a mi vida, Él me ha dado el privilegio de ministrar a muchas mujeres.

Pero me parece poder escuchar a estas mujeres; escuchar el grito de sus corazones, escuchar sus historias, y me doy cuenta de que una de las mayores razones por las que tantas esposas y madres están tensas, es debido a que están llenando algunas responsabilidades que Dios no ha diseñado para ellas. 

En primer lugar, el plan de Dios es que sea el hombre el principal proveedor de su familia. Algunas mujeres podrán decir, «pero mi esposo no provee para la familia». Reconocemos que hay situaciones en las cuales el esposo no puede proveer para la familia. Dios te dará la gracia para sobrellevar esa situación. Pero en otras situaciones pienso en mujeres que quizás no han descubierto todo lo que Dios podría hacer motivando a sus esposos a proveerles si la esposa no estuviera adelantándose a él para llenar el vacío.

Hay tiempos en que no vemos lo que Dios podría hacer, porque no actuamos en fe y no le damos la oportunidad de probar cuán grande es Él. Hemos comprado la mentira de que podemos hacerlo todo. La verdad es que Dios no nos creó para hacer todas las cosas que hay que hacer. Y Él nos da gracia para hacer aquello que Él nos ha llamado a hacer. 

Por lo tanto, necesito hacer inventario y decir, «¿son mis actividades, mis decisiones, las que Dios tiene para mí en esta etapa de mi vida?» Las mujeres que inconscientemente creen que necesitan hacer malabares con todos estos trabajos, todos estos roles, terminarán exhaustas, abrumadas y frustradas debido a todas estas demandas.

Ninguna mujer puede colocarse todos estos sombreros de manera efectiva. ¡Y lo mejor es que no tienes que hacerlo! Dios no te creó para usar todos estos sombreros.

Esas no son palabras sencillas para ser escuchadas por mujeres que están viviendo bajo tensión pero que tienen miedo de hacer los ajustes necesarios. 

Recientemente recibí una nota de una mujer que decía: «Este mes es una locura para mí. Tengo un hijo de dos años y otro de un año. Estoy haciendo un postgrado y me siento abrumada. No estoy haciendo nada bien. Por favor ayúdenme a volver a encaminarme».

Lo más útil que pude decirle a esta mujer a quien no conocía –lo tengo aquí en una nota y es: «Haz un inventario. Pregúntale a Dios, ¿debo hacer un postgrado cuando tengo un niño de dos años y otro de un año en mi casa?»

Ahora, yo no puedo responder esa pregunta por ella, pero creo que sé cómo Dios la respondería. Haz inventario y hazte la misma pregunta: «¿Estoy viviendo las prioridades y la agenda que Dios tiene para mí en esta etapa de mi vida?»

Algunas personas podrían estar diciendo, «bueno, quiero regresar a la casa. No quiero estar fuera en el mercado laboral. Quiero estar en mi casa con mi familia, pero mi esposo no está de acuerdo. ¿Qué hago? Simplemente le digo, empieza con la letra P, persevera en oración.

Somete tu petición al Señor. Cuéntale al Señor lo que hay en tu corazón.

Pídele a Dios que mueva el corazón de tu esposo. Pídele a Dios que te muestre algunas formas creativas de apelar a tu esposo sin que sea de una forma molesta ni insistente.

Pídele a Dios que te muestre formas creativas de cómo ese ingreso que estás haciendo fuera del hogar pudiera recuperarse si decides quedarte en la casa.

Como mujer, hay recursos que te ayudarán a pensar cómo puedes volver a tu hogar. Si es que tu esposo no quiere que permanezcas en la casa, entonces preséntaselo al Señor y espera que Dios actúe. Confía en que mientras tanto Dios te dará la gracia hasta que cambie el corazón de tu esposo.

Reconozco que vivimos en un mundo caído, y existen algunas situaciones donde el ideal no es posible por múltiples decisiones equivocadas. Puede que se hayan tomado decisiones equivocadas. Una de las razones por las cuales hay muchas familias con dos ingresos en estos tiempos es debido a las deudas. Estas pueden haber sido producto de decisiones equivocadas del pasado que han forzado a una mujer a salir al mercado de trabajo.

La realidad de esas situaciones extremas y la prevalencia del divorcio y de madres que trabajan y de madres solteras, no debe hacernos abandonar el ideal de Dios. Esto lo que debe hacer es concientizarnos de cuán deseable es el plan y el ideal de Dios. Lo que debemos hacer es resistirnos a ceder ante la cultura.

Sé que es un tema que nos puede poner a la defensiva. Solo te estoy diciendo, llévalo al Señor. Dile, «Señor, cuáles son tus prioridades». Debes estar dispuesta a dar un paso de fe en la medida en que haces el inventario. Dile, «Señor, estoy dispuesta a caminar por fe a través de esto que no tiene sentido para mí. No puedo imaginar cómo podremos subsistir con un solo ingreso en esta etapa de nuestras vidas, pero si esto es Tu voluntad, sé que me darás la gracia para vivir estas prioridades».

Puede que hayas escuchado esta historia. La recibí por correo electrónico hace poco y dice así:

«Un día un hombre llegó de su trabajo para encontrar un caos en su casa. Sus tres hijos estaban afuera, aún en sus pijamas, jugando en el lodo con cajas de alimentos vacías y envolturas, todas desparramadas en el frente de la casa. La puerta del carro de su esposa estaba abierta, así como la puerta delantera de la casa.

Continuando hacia la entrada, encontró un desorden aún mayor. Había una lámpara tirada y una alfombra amontonada contra la pared. En la habitación del frente, una televisión estruendosamente mostraba un canal de tiras cómicas, y la sala de estar tenía juguetes esparcidos y varias prendas de vestir.

En la cocina, los platos llenaban el fregadero, había alimentos del desayuno sobre la meseta, el alimento para el perro estaba desparramado en el suelo, había un vaso roto debajo de la mesa, y una pequeña pila de arena estaba desplegada en la puerta trasera…(¿captas la idea?)

Rápidamente él se dirigió a las escaleras, pisando sobre los juguetes y más pilas de ropa, buscando a su esposa. Estaba preocupado de que ella estuviera enferma o de que algo serio le hubiera ocurrido.

La encontró holgazaneando en su habitación, aún en su cama leyendo una novela. Ella lo miró, sonrió, y preguntó cómo había sido su día. Él la miró, desconcertado y le preguntó, “¿qué pasó hoy aquí?”

De nuevo ella sonrió y le respondió, “tú sabes, cada día cuando llegas a la casa de tu trabajo me preguntas qué hice durante el día…”

“Sí”, fue su respuesta incrédula.

Ella respondió, “bien, hoy decidí no hacerlo”».

Estamos hablando sobre prioridades y sobre cómo ordenar nuestros días –cómo ordenar nuestro tiempo– según la descripción de funciones que Dios ha diseñado para nuestras vidas. Una vez que descubres tu descripción de trabajo, tu descripción de puesto, entonces necesitamos asegurar que, de hecho, eso es lo que estamos haciendo.

Ahora vamos a la letra O; P-R-I-O. Queremos aprender a ordenar nuestra agenda y nuestras actividades de acuerdo a las prioridades de Dios para nuestras vidas. Las prioridades de Dios para una determinada etapa de nuestras vidas. Ordenar nuestra agenda de acuerdo a las prioridades que hemos descubierto en la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios no te dirá específicamente lo que tienes que hacer en un día determinado. Te dirá cuáles son tus prioridades. Entonces necesitas que Dios te dé sabiduría para ordenar tu agenda de acuerdo a esas prioridades.

Determina qué es realmente lo importante y luego vive de acuerdo a esto. Elige tus prioridades de acuerdo a la Palabra de Dios y luego vive por ellas.

Pienso que es importante que permitamos que nuestras prioridades definan nuestra agenda, pues, de lo contrario, nuestra agenda determinará nuestras prioridades. Entonces al final del día o al final de la semana o del año o de toda una vida, diremos, «he hecho muchas cosas buenas pero no cumplí el propósito para el cual Dios me puso en esta tierra».

La frustración en nuestras vidas será el resultado de tratar de cumplir responsabilidades que Dios no tenía en Sus planes que lleváramos a cabo. 

Y me encanta la oración del versículo 133 del Salmo 119, donde el salmista dice: «Ordena mis pasos con Tu Palabra». No solamente necesito que Dios ordene los asuntos mayores en mi vida –aquellos que son mis prioridades más importantes– sino que necesito que Él ordene mis pasos cada día, mi agenda diaria.

Cuando se trata de nuestra agenda –nuestra agenda diaria, semanal, las actividades de nuestras vidas– necesitamos siempre tratar de poner primero lo primero.

Hemos hablado de cuáles son esas prioridades: Nuestra relación con Dios. Si estás casada, la relación con tu esposo es la próxima prioridad. Luego viene la responsabilidad como madre, el cuidado del hogar. Luego el ministerio, en actos de misericordia donde Dios pueda colocarte para ayudar a los pobres y necesitados. Esas son tus prioridades. Pon las primeras cosas primero.

Mantente firme al revisar tu lista de actividades –tu lista de cosas por hacer, preguntándote, «¿satisfacen estas cosas mis primeras prioridades?» Una vez que satisfagas estas prioridades, puedes poner otras cosas en tu lista. 

Recibí un correo electrónico la semana pasada enviado por una amiga. Ella había escrito un párrafo y abruptamente terminó diciendo, «tengo que irme». No decía por qué. Al siguiente día recibí otro correo remitido por ella, donde me decía, «lamento haber tenido que finalizar el mensaje tan rápido, pero mi hija adolescente entró y necesitaba a su madre». Esa es una mujer que está aprendiendo a ordenar su día de acuerdo a sus prioridades –primero lo primero.

Algunas se estarán preguntando qué es lo que tengo sobre la mesa. Para aquellas que no se encuentran aquí y nos escuchan, tengo dos recipientes vacíos y un paquete de guisantes. Luego tengo otra bolsa con unas bolas más grandes.

Al pensar sobre este asunto de ordenar nuestra agenda, ordenar nuestros días, y tratar de hacerlo en torno a nuestras prioridades, quise demostrar dos formas de ordenar nuestra agenda.

La primera es la forma en que me encuentro durante muchos días. Voy a tomar esta bolsa de guisantes y voy a vaciarla en el envase vacío. Me levanto por la mañana y enfrento el día corriendo con todas las responsabilidades y demandas pequeñas y asuntos usuales en mi vida: llamadas telefónicas, correos electrónicos, reorganizando mi escritorio, quitando el desorden de mi escritorio.

Llegan las dos o tres de la tarde habiendo hecho todas esas cosas pequeñas todo el día, realmente son cosas buenas y las cuales en el momento entiendo que son importantes. Pero luego a las tres de la tarde, me doy cuenta de que hay varios asuntos realmente importantes que necesito hacer en ese día.

Estoy tomando las bolas más grandes ahora. Como pueden ver, los guisantes han llenado el jarrón hasta la mitad, y estoy a mitad de mi día. Me percato de que hay asuntos muy importantes tales como pasar tiempo con el Señor, leer Su Palabra, que no he hecho en este día. Así que digo, «tengo que tomar algún tiempo para cultivar mi relación con Él hoy. Después de todo, esa es mi primera prioridad: mi relación con Él».

Así que tomo esa bola que representa mi tiempo con el Señor, mi prioridad número uno de mi día, y luego pienso, «tengo programas de radio por preparar para la próxima semana y tengo que estudiar sobre el asunto de las prioridades». En ese momento, ya son las cuatro de la tarde, estoy exhausta de todas esas cosas pequeñas con las que he llenado todo mi día. Pero me digo, «tengo que hacer esto porque estamos grabando la semana próxima».

Así pongo otra bola en mi día. Y como pueden observar, ahora esa jarra de vidrio está bastante llena. Luego me doy cuenta de que hay una fecha límite de entrega para mañana. Tengo un artículo que terminar de escribir. Es otra de mis prioridades importantes en la lista de cosas que Dios me ha dado para hacer, pero ya no hay tiempo en mi día. No tengo más espacio, mi jarra está llena, se llenó de todos esos guisantes abajo y luego de estas pocas bolas grandes arriba.

Y qué tal si cuando me levanto en la mañana –pensando, como somos todas tentadas a pensar: «No hay manera de que pueda hacer todo lo que tengo que hacer en este día»– empiezo diciendo, «Señor organiza mis pasos en Tu Palabra. ¿Me mostrarías cuáles son las prioridades y me ayudarías a poner primero lo primero?»

Así que ¿cómo voy a empezar mi día? Quiero empezar mi día con mi relación con el Señor. Por eso voy a poner esta bola grande en la jarra que está vacía. Tengo un día vacío. Estoy empezando el día y lo empiezo diciendo, «Señor, necesito pasar tiempo en Tu Palabra, tiempo en Tu presencia, tiempo en oración buscándote y recibiendo Tus órdenes de marcha para mi día». Eso es primero lo primero.

Luego digo, «tengo programas de radio para preparar la semana próxima, por eso debo poner primero lo primero». Pongo otra bola que es bien fuerte en mi día –el tiempo de estudio, las horas que eso requiere.

Entonces puede que haya otros asuntos grandes en mi vida. Alguien en mi familia que tiene una necesidad. Necesito tomar tiempo para cultivar esa relación, para ministrarles. Al mismo tiempo hacía una llamada a mi madre, ya que habían transcurrido varios días desde que habíamos hablado por última vez. Esa es otra de las grandes cosas en mi vida: cultivar nuestra relación, honrar a mi madre. Pongo esa bola en mi día, primero lo primero.

Luego puede que haya otras cosas grandes en mi día: una carta que necesito escribir y que he estado postergando pero necesito hacerlo. Ahora, en esta otra jarra solamente pude poner dos bolas grandes. Pero para este día ya hay cuatro de las grandes. ¿Cómo podría ajustar todas esas otras cosas pequeñas en este día?

Bueno, tomaré este paquete de guisantes representando todas las otras cosas que requieren mi atención. No son lo primero, pero son cosas buenas. Son cosas que entran dentro de las prioridades de mi vida, aunque no son las más importantes. Empiezo a verterlas en mi día. Observen cómo encajan en el envase que ya tenía las bolas adentro, las cuatro más grandes. Y todavía queda espacio, para colocar todas esas cosas pequeñas que necesitan estar en mi día.

¿Qué está sucediendo? Están acomodándose alrededor de las cosas mayores. Están acomodándose alrededor de las cosas grandes.

Poner primero lo primero. «Señor, ordena mis pasos conforme a Tu Palabra».

Annamarie: Amén. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha dado una muy buena ilustración para ayudarte a hacer inventario y ordenar tu agenda según lo que es prioridad en esta etapa de tu vida.

Y hablando de poner primero lo primero, quiero recordarte que aunque no estamos llevando el Reto Mujer Verdadera 365 este año, sí te animamos a continuar leyendo la Biblia cada día. Asegúrate de buscar un plan de lectura, o de terminar uno que hayas comenzado, y también, asegúrate de visitarnos en avivanuestroscorazones.com. Allí tenemos disponibles para ti todos los recursos que produjimos relacionados al reto de lectura de la Biblia. Encuéntralos haciendo uso del buscador escribiendo, Mujer Verdadera 365.

¿Qué cosas se interponen entre tú y tus prioridades? Llamadas, correos electrónicos, diversas tareas, distracciones… Mañana Nancy te hablará sobre cómo tener victoria sobre la tiranía de lo urgente.

Nancy: Reconocerás esta frase del pequeño libro escrito por un hombre llamado Charles Hummel. Ha sido de mucha ayuda para mí, es algo que encuentro que tengo que volver y volver a leer otra vez periódicamente. En ese libro, que es un clásico, Hummel dice que el problema no es tanto la falta de tiempo, aunque a veces desearíamos que nuestros días tuvieran 30 horas.

Él alega que si tu día tuviera 30 horas, de todas formas tendrías los mismos problemas. Porque él dice que el problema no está en que no tenemos suficiente tiempo; el problema es realmente un problema de prioridades. En su libro él habla de la tensión existente entre las cosas que son urgentes y las cosas que son importantes.

Él dice, «las tareas importantes rara vez deben ser hechas hoy o aún esta semana; pero las tareas urgentes requieren atención instantánea. De modo que desde el momento en que me levanto en la mañana hay cosas urgentes que me presionan y llaman mi atención. Sin embargo, lo que sucede es que frecuentemente, en el proceso de atender las tareas urgentes, voy ignorando las tareas que realmente son importantes. Cosas que no son para esta semana pero si no comienzo a trabajar en ellas, no las realizaré a tiempo.

Annamarie: Asegúrate de acompañarnos, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Viviendo en libertad juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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