Podcast Aviva Nuestros Corazones

Recursos del Episodio

Serie, «Sanando de la amargura»
Serie, «El clamor de los cautivos (Salmo 126)»

Carmen Espaillat: Nancy Rach te invita a ser honesta con tu dolor.

Nancy Rach: Creo que muchas de nosotras en las iglesias... tenemos la idea de que si somos cristianas, no debemos sentir emociones negativas... pero vemos en la Biblia tantos ejemplos de personas que se lamentaban por lo que estaba pasando en sus vidas, clamaron, lloraron, y lucharon con el Señor.

Carmen: Una oyente que se hallaba en una situación como esa nos contactó. Nancy DeMoss nos lee lo que ella dijo.

Nancy: Ella escribió:

«… El reto para nosotras es dejar a un lado nuestro ego para poder escuchar (la dirección de Dios) Su dirección y obedecerlo…

«En un mundo donde yo sobreviví a base de ser una rebelde, se me está invitando a someterme a Dios y a confiar. Tengo 36 años y mi vida estaba yendo hacia una prosperidad profesional increíble, pero a la vez, también la crianza de mis hijos se venía abajo, incluso mi matrimonio; y sumando que estoy sufriendo la enfermedad de LYME, mi vida prácticamente se derrumbó.Y ahora, estoy sometiéndome a lo que Dios quiere que yo haga, a Su voluntad.

Esto ahora sí que es una batalla en la que Él me ha situado para conquistar nuevas tierras para Su gloria. Es difícil tener una visión cuando hay una discapacidad física, más la visión seguro la tiene Dios para mí».

Y hablando de la serie que estaba escuchando en ese momento ella dijo,

« ...me ayuda a levantarme todos los días y a ser fuerte y a luchar en esta batalla CON, PARA y EN Cristo… Por lo pronto, la FE es mi mejor armamento y Su Palabra. Gracias por este hermoso ministerio. Sin duda ha salvado mi vida terrenal con esta gran batalla para poder tomar la batuta y seguir la dirección que Dios tiene para mí y mi generación».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Testimonios como el que compartí contigo son posibles gracias a oyentes como tú, que abrazan la misión de Aviva Nuestros Corazones y son movidos a apoyarla. Tu donación hace posible que continuemos desarrollando alcances y aprovechando oportunidades de ministerio, sirviendo a más y más mujeres cada año. Este mes de mayo tu apoyo es muy importante para nosotros, ya que cerramos el año fiscal. Si así Dios lo pone en tu corazón, únete a nosotros con tu donación a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

¡Gracias por tu participación en la obra que Dios está haciendo a través de este ministerio!

Carmen: En el día de hoy estarás escuchando de una invitada especial. Este programa es la primera parte de una serie de dos días, titulada, «Sanando de las heridas de la vida».

Aquí está Nancy para introducir a nuestra invitada.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Recientemente, en mi iglesia local fuimos bendecidos al escuchar de una pareja de misioneros que nuestra iglesia ha apoyado durante varios años. Había oído sus nombres, y conocía a los padres de Nancy a lo largo de los años, pero no los conocía a ellos personalmente.

Fui muy conmovida al escuchar a Tom y a Nancy Rach compartir sobre el ministerio que Dios les ha dado en México. Mis oídos estaban atentos y se afinaron notablemente cuando Nancy empezó a compartir acerca del ministerio particular que está teniendo con las mujeres en México. Así que fui directo hacia ella justo después del servicio y le dije: «No sé cuánto tiempo estarás en la ciudad, pero ¿podrías venir a nuestro estudio esta semana y compartir esa historia con nuestras oyentes?»

Ella fue muy amable al decir que sí, que lo haría, así que aquí estamos. Nancy, muchas gracias por venir prácticamente sin previo aviso y estar dispuesta a compartir sobre tu ministerio y la forma en la que Dios te está usando para ser de bendición en la vida de otros.

Nancy R: Gracias por invitarme. Realmente lo aprecio.

Nancy D: Así que tú y tu esposo han sido misioneros en Chiapas, México...

Nancy R: ... durante diecisiete años.

Nancy D: El Señor los ha usado a ti y a Tom de diferentes maneras. Tom ha sido profesor de seminario. Ahora está involucrado en otro tipo de ministerio, un ministerio que han llamado «manos a la obra». Tú has hecho algunas otras cosas también.

Nancy R: Así es. Cuando el Señor te envía a algún lugar, Él no siempre te dice lo que vas a hacer. Cuando nuestros hijos eran pequeños era evidente que se necesitaban personas para ayudar en el ministerio de los niños, para que los niños tuvieran una buena enseñanza, y también por lo que trabajé bastante en la escuela dominical y con los jóvenes de la iglesia. Luego empezamos clubes para niños en los barrios.

En México, la mayoría de las personas que asisten a la iglesia son niños o jóvenes menores de dieciocho años, y en ese entonces nadie estaba haciendo nada con ellos, a excepción de las escuelas bíblicas de verano en ocasiones. Así que tuvimos la idea de abrir un club infantil y lo hicimos un día a la semana y tuvimos una gran respuesta. A los niños les encantó.

Usualmente lo teníamos en el medio de la calle, y así todos los padres observaban y veían lo que estaba pasando, y eso nos daba la oportunidad de ministrar a toda la familia.

Nancy D: Así que aprendieron español...

Nancy R: Oh, sí, tuve que aprender español. Tomé español durante tres años en la escuela secundaria, pero eso no funciona cuando vas a México. Nadie allí habla inglés, así que, sí, nuestro idioma principal ahora es el español.

Nancy D: Entonces estuviste involucrada en el ministerio de niños primero.

Nancy R: Y a medida que van pasando los años, el Señor cambia tus responsabilidades. La primera palabra que aprendes como misionero es «flexibilidad». El Señor siempre está cambiando las cosas y la vida cambia.

Nancy D: Flexibilidad, esa es una buena palabra que todo cristiano debe aprender.

Nancy R: Lo es, realmente lo es. No es nuestra voluntad, debe ser Su voluntad. Las cosas cambian, dónde Él te necesita y dónde Él quiere usarte. Así que hemos sido muy flexibles. Este año, cuando regresemos a casa, vamos a tener el nido vacío. Esta será la primera vez que vamos a estar sin nuestros dos hijos.

Nancy D: Y cuando dices «a casa», quieres decir a México.

Nancy R: Tengo un pie aquí y uno allá. Tenemos dos hogares. Uno de ellos es aquí en el suroeste de Michigan, y otro en México. Realmente a veces sientes como si te estuvieran halando en ambas direcciones.

Nancy D: Cuando fuiste por primera vez a México hace diecisiete años, alguna vez soñaste que tendrías el tipo de ministerio en la vida de las mujeres que estás teniendo hoy en día?

Nancy R: No, nunca pasó por mi mente.

Nancy D: Entonces, cuéntanos un poco acerca de cómo el Señor abrió esta puerta, y cómo entraron por ella. Ahora, permíteme decir que el punto aquí es que trabajas con mujeres que han sido abusadas o traumatizadas de diversas maneras.

Nancy R: Así es. Hace aproximadamente dos años, antes de comenzar el Ministerio del hogar, una amiga que es dueña de una librería cristiana se me acercó y me dijo: «Nancy, necesito ayuda. Tengo mujeres que vienen a mí con estas historias terribles de abuso y cosas que suceden en sus vidas. Siento que el Señor quiere que les ministre a ellas, pero no sé qué decirles».

Su pastor se oponía a que trabajara con ellas. Él pensaba que solo debía llevarlas a la iglesia y la iglesia llenaría sus necesidades. Pero el grupo de señoras de la iglesia no había sido instruido para este tipo de preguntas y problemas. Estas mujeres mexicanas se acercaban a ella, y le contaban sus historias de vida y su dolor para que las ayudara.

Le dije: «Claro, yo te puedo a ayudar, pero déjame pensar en cómo vamos a hacer esto». En esa época fuimos a Estados Unidos. Mientras estábamos allí visitando iglesias, visitamos una iglesia completamente nueva, no habíamos estado allí antes. En su boletín noté una pequeña reseña acerca de un tipo especial de grupo que estaría empezando en el otoño.

Si querías ser parte de ese grupo, iba a ser un lugar seguro donde podrías compartir las heridas de tu corazón. Así que no recuerdo si llamé o envié un correo electrónico a la hermana que estaba a cargo del grupo, y ella me dio un contacto en México para el mismo tipo de grupo. Me las arreglé para ir a uno de sus entrenamientos en la República Dominicana, y eso abrió mis ojos.

No solamente me abrió los ojos para el ministerio que podía tener con otras mujeres, sino que también estaba abriendo mis ojos al dolor en mi corazón que había enterrado por años. A pesar de que la mayoría de las personas no se dan cuenta, hay muchas formas de abuso.

En mi caso, tuve un pariente, varón que cuando yo estaba más o menos en séptimo grado y justo a esa edad de cambios, me tocó de forma inapropiada. En ese momento no me di cuenta del daño que me hizo como persona. Luché con estas cosas durante años, y nunca entendí por qué. Pensé que fue algo que sucedió solo una vez.

En el momento en que sucedió, pasé por todos los ciclos de abuso y no me di cuenta. Estaba avergonzada, no iba a contarle eso a mis padres. ¿Qué iban a decir cuando vieran a esta persona? ¿Van a creerle a él, o van a creerme a mi?

Eres solo una niña. Esto no se supone que te pase.

Nancy D: Cuando dices que enterraste eso...   es algo en lo que has pensado mucho, o simplemente lo empujaste fuera de tu mente?

Nancy R: Bueno, en primer lugar, cada vez que veíamos a ese familiar, yo no quería tener nada que ver con él. Si estábamos en el mismo lugar, yo trataba de estar lo más alejada posible, en el otro extremo de la habitación. Me encargué de construir un muro, pero hablé con una de mis hermanas mayores que yo.

Varios años después, él murió. Y mientras regresábamos a casa, el Señor me movió a contarle a ella, «no lloré en su funeral por lo que me había pasado». Ella fue la primera persona a quien se lo conté. Yo tenía unos quince años.

Nancy D: Así que todavía estabas en tu adolescencia.

Nancy R: Sí. Una de las cosas que aprendí trabajando con el grupo de estas mujeres fue que cuando sufres abuso, sobre todo siendo niña, intentas controlarlo de la única forma que puedes. Como niña, construyes este muro a tu alrededor. A medida que creces, tienes que dejar las cosas de tu infancia atrás.

Tienes que aprender nuevas maneras de manejar las cosas, de como llevarlo al Señor. Siempre había sido muy franca con el Señor acerca de las cosas, pero todavía tenía este muro invisible que no iba a dejar que nadie penetrara. Los jóvenes estaban bien si eran mis amigos, pero en el momento que querían algo más que amistad la pared subía.

No iba a dejar que nadie me lastimara de nuevo. Pero entonces, se crearon nuevos problemas. Más tarde, cuando me casé, eso causó otros problemas. Así que estaba luchando con mis propios problemas internos que yo ni siquiera había reconocido hasta que fui a este seminario.

Nancy D: ¿Le contaste a tu marido acerca de toda esta situación antes de casarte?

Nancy R: Sí, yo hablé con él sobre ello. Tenía todas estas ideas idealistas sobre cómo serían las cosas porque «él ha escuchado mi historia, él me entiende». Pero su comprensión era diferente. . . es una cosa completamente diferente.

Nancy D: ¿Así que te encontraste a ti misma, incluso en el matrimonio, levantando algunas de estas paredes?

Nancy R: Así es... o abandonando emocionalmente a mi marido a veces. Al regresar de la República Dominicana tuve que arrepentirme de eso, y llorar en su hombro y decirle: «Lo siento, porque sinceramente te he abandonado».

Nancy D: ¿Qué fue lo que escuchaste en ese entrenamiento que te ayudó a ver eso?

Nancy R: Bueno, hicimos mucho trabajo sobre un montón de cosas diferentes. Fue un grupo intensivo de una semana. Tomábamos una historia de la Biblia, por ejemplo, la historia de Tamar. Déjame que te cuente esta historia de la manera que la diría en mi grupo:

Había una hermosa joven, cuyo padre era un hombre muy importante en la ciudad donde vivían... muy importante. Todo el mundo lo conocía y lo quería.

Ella era una de sus hijas más queridas. Él la quería tanto que le dio un vestido especial, que era similar al anillo de pureza que algunos padres hoy en dia les dan a sus hijas. Él le había dado ese vestido especial, y ella estaba muy orgullosa de ser su hija y de ser pura y de cuidarse a sí misma.

Pero ella pertenecía a una familia mixta. Un día, su medio hermano la violó. No solo la violó, sino que luego la trató como algo despreciable. Era su propio desprecio interno por lo que le había hecho a su hermana. Él la desechó y alejó y le decía: «No quiero tener nada que ver contigo. ¡Fuera de aquí. No vales nada!»

El corazón de esta chica se desgarró por dentro, y ella lloraba y lloraba, «¡no me hagas esto! ¡Esto está mal!» Ella se alejó llorando y rasgó el hermoso vestido que su padre le había dado, porque era un signo de pureza, y lloraba desconsoladamente.

Ella se encontró con uno de sus hermanos de padre y madre, y él le preguntó: «¿Qué te pasó?»

Le contó cómo su medio hermano la había violado.

Su hermano dijo: «Shhh! No digas nada. Solo ve a casa, y yo cuidaré de ti. Nadie necesita saber. Él era tu hermano, nos encargaremos de esto».

Así que se fue a casa de su hermano y nunca vuelves a oír de ella en las Escrituras. Está enterrada en el silencio. Ellos le dijeron que tenía que guardar silencio, y no sabemos cuál fue la respuesta de su padre acerca de lo que le ocurrió.

Nancy D: Su padre, que era por cierto, el rey David.

Nancy R: ¡Que era el rey David! Usualmente lo que hago con estas historias es que cuento la historia, y entonces digo, «esta historia salió de la Biblia. Este es el rey David y su hija. Esto es consecuencia de que la espada nunca se apartó de su casa; un hermano mató a otro y otro de los hermanos luchó contra su padre por el reino, y todas estas cosas sucedieron».

Pero a la mujer de la historia, ¿qué le pasó? Si lees la historia en la Biblia, se dice que fue a la casa de su hermano y su espíritu quedó destrozado. Ella tuvo que esconder todo ese dolor en su corazón. El silencio es una de esas cosas terribles que sufren las víctimas de abuso.

Nancy D: Así que, ¿ves algunos paralelismos entre la historia de Tamar y lo que te pasó a ti o por lo que otras mujeres pasan?

Nancy R: Y no son solo las mujeres. Hay una gran cantidad de hombres que han sufrido abuso, también. El grupo en el que yo estaba era mixto, de hombres y mujeres, y fue bueno también, porque recibes la otra perspectiva.

Nancy D: ¿Crees que la historia de Tamar, y en cierta medida la tuya, una historia de silencio, es bastante típica?

Nancy R: Sí, así es. Creo que es muy común.

Nancy D: ¿Así que simplemente como que lo entierras? ¿Qué haría que una mujer guarde silencio en lugar de hablar? Tal vez la respuesta es obvia, pero quiero oírte decirlo.

Nancy R: Satanás quiere que creamos que es nuestra culpa y que no debemos decir nada porque todo el mundo va a pensar mal de nosotras. Hablamos mucho sobre lo que es la vergüenza, y lo que es la culpa. La culpa es algo muy claro, haz violado la ley de Dios, y puedes ir y arrepentirte y ser perdonada.

La vergüenza no es algo blanco o negro. Se basa en modelos en lugar de la moral. Tú tienes una idea en tu mente de lo que es una buena familia o lo que es un buen cristiano o lo que es ser una buena chica. Y esto es lo que estás tratando de lograr, y en cualquier momento que te quedes corta y no llenes la medida de lo que entiendes que es lo correcto, te castigas a ti misma.

Lo que no te das cuenta es que es idolatría. Estás poniendo lo que otra persona puede pensar de ti, como la norma y están teniendo el control de lo que deberías ser, y no es lo que Dios quería para ti. Yo no le dije a nadie lo que me pasó, porque podían pensar mal de mí. Así que cargas con todo ese dolor.

Es como si tuvieras una maleta. Estás en un viaje, y empiezas a poner cosas en tu maleta. Me gusta usar imágenes visuales con las mujeres para ayudarles a entender las cosas que escondemos en nuestros corazones. Tal vez has visto en las tiendas de plantas unas bolitas diminutas que venden y parecen unas perlitas. Si las colocas en un frasco de vidrio y agregas agua, después de doce horas se hidratan y lucen como canicas en el agua.

La mayoría de la gente las usa hidratadas con sus plantas. Las puedes ver en el jarrón o florero y sabes que están ahí. Bueno, lo que yo hago es que las pongo en un frasco, y las aprieto bien dentro del frasco después de que se han hidratado. Coloco la tapa después de haber puesto un poco más de agua, y no las puedes ver. Es porque el agua llena los espacios que hay alrededor de todas las pequeñas bolitas, de las canicas, y la luz se refleja de la misma manera como se refleja en el agua.

Así que cuando te fijas en el envase, se ve claro, transparente, porque lo que ves es el agua. Si te concentras muy bien, puedes ver las perlas, pero tienes que hacer el esfuerzo por notarlas. La mayoría de la gente simplemente mira el recipiente y piensan, Nancy tiene un frasco lleno de agua, pero realmente está lleno de otra cosa.

Y les digo, somos como ese recipiente de vidrio. La gente nos ve externamente y dice: «Sé exactamente quién es Nancy. Mira, ella es esta clase de persona, y así es como es». Pero esa es realmente la máscara que le muestro al mundo, porque en mi interior, cuando quito la tapa, tengo todas estas cosas que he estado metiendo en este frasco toda mi vida y no he lidiado con ellas.

Pero el Señor mira el corazón. Cuando quito la tapa, estas perlas o estas canicas, son libres; continúan absorbiendo agua y empiezan a salir fuera de la jarra porque ya no hay espacio. Hay tantas allí. Las personas de repente puede ver que no había agua en la jarra en absoluto, en realidad, eran estas perlas hidrogel que se ven como canicas.

Nancy D: Supongo que probablemente todas tenemos ese tipo de cosas en nuestro corazón.

Nancy R: Así es. Una de las mujeres me dijo: «Nancy, esa ilustración se ha quedado clavada en mí. Ellas simplemente empiezan a salir después que quitas la tapa, porque hay tantas ahí, presionando una contra la otra. Ellas continúan absorbiendo líquido cuando se quita la tapa, y van cayendo sobre la mesa».

Ese es mi corazón. Tengo todas estas cosas que he estado escondiendo y con las cuales no he tratado.

Nancy D: Entonces la pregunta es, «¿qué hay en tu frasco de vidrio que tiene que salir? Tienes que quitar la tapa».

Nancy R: Eso es correcto.

Nancy D: Cuando hablaste en nuestra iglesia, y dijiste estas cosas, hubo mucho silencio en ese salón. Hablaste solo durante unos minutos, pero sentí corazones traspasados. Dijiste, «hay gente en esta iglesia que ha enterrado cosas en sus corazones».

Nancy R: Hay tantas personas que andan como «heridos ambulantes», y no te das cuenta. Tal vez nadie se da cuenta. A veces la persona no se da cuenta de lo herida que está hasta que empieza a tratar con ello. En nuestros grupos lloramos mucho, porque las lágrimas curan.

Si hay una pena y un dolor en tu corazón, la única manera de sacarla es lamentarte y llorar. Creo que mucha gente en las iglesias hoy en día tiene la idea de que para ser cristianas, se supone que no sientan emociones negativas.

Nancy D: O se supone que ya pasaste por eso, «ya supéralo».

Nancy R: Creo que están equivocadas. Vemos todas las veces en la Biblia que muchos se lamentaron por lo que estaba pasando en sus vidas; y clamaron, y lloraron, y lucharon con el Señor. Jacob luchó con el Señor, rogándole que lo bendijera.

Nancy D: Así que el primer paso es simplemente reconocer, al igual que tuviste que hacerlo tú, que esto ha pasado en tu vida.

Nancy R: Sí, el primer paso es reconocer que estás en un viaje y que tu viaje es diferente al de todos los demás, y no debes estar comparando tu viaje al de otros. «Este es mi viaje, por lo que he pasado, me podría tomar más tiempo en sanar que lo que le tomaría a otra persona, o puede ser que me tome menos tiempo».

Lo que es constante en la historia es el Sanador.

Nancy D: No es ni siquiera que las lágrimas sanen por sí solas, sino que son parte del proceso de lamento del duelo, de que algo se ha quebrado y que algo está mal.

Nancy R: Así es.

Nancy D: Creo que el Salmo 10 es un pasaje sorprendente. Dice: «¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejado, y te escondes en tiempos de tribulación?» (v.1) Sigue hablando de cómo los malvados persiguen a los pobres, cómo los afligen, y sin embargo esos malvados parecen prosperar. Y el impío «ha dicho en su corazón» Dios nunca verá nada, pero el salmista dice: (Dios, tú sí lo has visto), tú «has contemplado la malicia y la vejación, para hacer justicia con tu mano; a ti se acoge el desvalido tú has sido amparo del huérfano» (v. 14).

Hay esta conciencia de que Dios no solo sabe lo que sucedió en ese lugar secreto, silencioso...

Nancy R: Él no aprueba ni se complace en lo que sucedió cuando fui abusada. Lo odia...

Nancy D: ¡Lo odia! La Escritura dice: «En toda angustia de ellos, Él fue angustiado».

Nancy R: Dios estuvo conmigo en ese momento, a pesar de que yo no lo sentía.

«Dios, ¿dónde estás y por qué me está pasando esto a mí?» Él estaba conmigo, pero yo no me daba cuenta. Tú tienes que pasar por ese proceso de duelo, no solo sobre lo que ha pasado, sino también sobre lo que se ha perdido en tu vida... la inocencia que se ha perdido.

Es difícil porque creo que la gente tiene miedo de las emociones cada vez más. Y cada vez es peor, mientras más tecnología tenemos en nuestras vidas. Tengo un ejemplo de una de nuestras mujeres en México. Ella era muy, muy cercana a su suegra, más que a su propia familia.

En el momento en que su suegra murió, mi amiga estaba embarazada. Todos en su familia le dijeron: «¡No puedes llorar. Eso le hará daño al bebé!» Así que ella estaba aterrorizada de que ella iba a hacerle daño al bebé si ella lloraba, si hacía duelo por la pérdida de su mejor amiga.

Nancy D: Así que, «mantén siempre una buena cara»

Nancy R: Así es. Así que un día fui a su casa. La abracé, y ella se puso a llorar. La abracé con más fuerza, y ella empezó a llorar más fuerte. Le dije: «¿Sabes qué? Necesitas llorar. Guardarlo no te va a ayudar. Es necesario llorar y dejarlo salir. ¿Pero sabes que? Tu marido tiene que hacer duelo también porque era su madre. Abrácense muy fuerte, y simplemente lloren juntos». Este es el primer paso en la curación, simplemente llorar.

Nancy D: Sé que tenemos algunas mujeres escuchando esta conversación que deben estar pensando: «Esa es mi historia». Tal vez fue hace años, tal vez pasó hace décadas. Hubo abuso de tipo sexual, emocional o físico, y han estado viviendo con vergüenza, cubriéndola, enterrándola.

Hay esperanza en tu historia del poder de Cristo para liberar a una persona cautiva de esos años. Así que en estos últimos minutos, cuéntanos cómo funcionó ese proceso de Dios liberándote durante ese tiempo intenso que estuviste en la República Dominicana.

Nancy R: Qué fue lo que me ayudó? La semana en la República Dominicana fue importante. En primer lugar, me alejé de todo a lo que estaba acostumbrada, y yo estaba en un lugar completamente diferente. Así que no tenía gente llamándome por teléfono e interrumpiéndome. Solo podía estar a solas con el Señor.

Nancy D: Y cuando fuiste a la República Dominicana, la razón principal era que tú querías iniciar un estudio para otras mujeres, pero ¿sabías tú que cuando viajaste allí ibas a tener que lidiar con tu propio dolor?

Nancy R: Creo que sí, y estaba lista. Estaba en ese punto. De hecho, una de las señoras que estaba a cargo me dijo: «Estoy sorprendida. Para alguien que no habla español como lengua materna, cuánto has aprovechado esto».

Y dije: «Debido a que el Señor sabía que lo necesitaba». Esta puerta no era solo para poder ayudar a otras personas, sino también para poder ayudarme a mí primero.

Nancy D: Y ayudarte a ti misma con el fin de que pudieras ayudar a otras a largo plazo.

Nancy R: Así es. Hay mucho de verdad en eso, en ser un líder herido. Jacob, después que luchó con el Señor, cojeó por el resto de su vida. Él fue bendecido, pero cojeaba. Así es como podemos ser nosotras. Es posible que tengamos que luchar duro con el Señor sobre cosas en nosotras mismas o sobre asuntos que no queremos dejar ir. Luchamos porque necesitamos tener el control. Es la única cosa segura en mi vida, controlar todos los detalles.

Nancy D: Para ti, esto fue como una especie de liberación instantánea y de quitarte todo ese equipaje.

Nancy R: No, no fue instantáneo. Yo le digo a las personas que somos como la cebolla. Nos quitamos la primera capa, y hay más que hay que seguir quitando, capa tras capa.

Nancy D: Así que regresaste a tu casa y hablaste con tu esposo?

Nancy R: Me fui a casa y hablé con mi marido. Me disculpé por las cosas que tenía que disculparme con él. No voy a decir que las cosas fueron perfectas porque no erradicas de un dia para otro malos hábitos y patrones pecaminosos, y tenía que volver de nuevo una y otra vez a lo que ahora sabía que debía hacer. Eso es parte de ser una hija de Dios; que puedes decir, «metí la pata de nuevo hoy. No reaccioné de la forma en la que debí reaccionar».

Nancy D: Vamos a seguir esta conversación mañana, porque hay mucho más, y quiero que compartas cómo Dios está usando estas verdades para liberar a otras mujeres. Pero quiero que nos detengamos por un momento y oremos.

Señor, sé que hay mujeres escuchando en este momento, tal vez hombres también, que están experimentando una conmoción profunda dentro de ellos. Están diciendo: «necesito ser liberado. Tengo este problema de mi pasado, esta herida, este dolor que ha sido enterrado. Tengo vergüenza».

Tal vez la esperanza ha brotado en sus corazones en este momento, mientras escuchaban la historia de Nancy, y oro para que infundas esperanza, e infundas la posibilidad de caminar en libertad y gracia; que haya personas escuchando en este momento que estén dispuestas a salir de su escondite y no enterrar más el dolor, sino a correr y enfrentarlo. Ruego que encuentren a alguien con quien hablar, que se den cuenta de que pueden encontrar gracia y que puedan liberarse de la esclavitud del dolor oculto, secreto y basado en la vergüenza del pasado.

Señor, oro que hoy, y mientras escuchamos el resto de esta historia mañana, Tú estés liberando a los cautivos. Gracias por tu corazón para aquellos que han sido oprimidos, aquellos que han sido heridos. Gracias por Jesús, que es el sanador de las heridas, el cual por haber recibido el abuso que no merecía, se ha convertido en el medio de sanación para gente quebrantada y herida.

Por favor acércate con Tu mano ayudadora y sanadora a muchas, muchas vidas en este momento, por Tu gracia y por el poder de Tu Espíritu Santo. Yo oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado hablando con Nancy Rach. Ellas han conversado sobre temas como el abuso y el perdón; y te han hablado de la esperanza que puedes experimentar en Jesucristo.

Nancy Rach regresará con nosotras mañana. Ella compartirá con nosotras algunas medidas prácticas que han ayudado a mujeres que han sufrido algún tipo de abuso. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Agradecidos por tu participación en este ministerio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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