Podcast Aviva Nuestros Corazones

Sanando las heridas de la vida

Recursos del Episodio

Serie, «Sanando de la amargura»
Serie, «El clamor de los cautivos (Salmo 126)»

Carmen Espaillat: Nancy Rach dice que cuando atraviesas circunstancias de mucho dolor, necesitas recordar la verdad.

Nancy Rach: Muchas veces dudo del Señor. Tengo que luchar con Él y decir, «Señor, sé que me dices que soy tu hija, y que soy amada y escogida, y me estoy aferrando a eso, pero a veces, no lo siento así. Pero tengo que tomar Tu Palabra tal cual es, y Tú has dicho que soy valiosa».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dios toma el dolor, la aflicción y las heridas de nuestro pasado y nos capacita para ser un medio de gracia, de sanidad y restauración en la vida de otros. Tu historia tiene un propósito. Es algo que Dios quiere usar.

Carmen: Quizás has pensado que Dios no puede usar tu historia. Nancy DeMoss nos lee lo que una oyente nos escribió. Ella, en medio de sus fracasos, ha sido animada a buscar y a amar a Dios.

Nancy: «Oh mis hermanas, ¡cuán grande amor de Dios! Él nos ha dejado Su Palabra para guiarnos, y por Su gracia nos ha regalado este ministerio tan maravilloso que Él ha levantado para alentarnos y conocerle cada vez mejor.

Mis hermanas, las palabras no alcanzan para expresar toda la gratitud que siento hacia ustedes. No puedo contar las veces en que he sido quebrantada, animada, en que han corrido lágrimas por mi rostro al escuchar los programas.

Tengo ya casi 19 años de conocer al Señor pero debo decirles que mi vida como creyente se partió en dos cuando conocí el ministerio de Aviva Nuestros Corazones; porque encontré en ustedes la mentoría que nunca había recibido, sobre todo para ser una esposa y madre que honra al Señor. He fracasado tantas veces en seguir la voluntad de Dios… muchísimas, pero cuánto aliento he recibido para seguir buscándole, amándole y creyéndole a través de las enseñanzas que se transmiten diariamente…»

(Ella compartió más acerca de cómo la serie que estaba escuchando le había ministrado, y luego nos dice,)

«El ministerio de Aviva Nuestros corazones lo recomiendo a todas las mujeres que conozco y ellas a su vez lo han recomendado a otras. Es hermoso escuchar sus testimonios de cómo el Señor ha obrado en sus vidas a través de este ministerio. Mis amadas hermanas si no alcanzo a conocerlas aquí de seguro que en el cielo llegaré a cada una de ustedes para darles un fuerte pero muy fuerte abrazo y decirles con lágrimas en mi rostro GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!!»

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Continuamente escuchamos historias que nos dejan asombradas de lo que Dios está haciendo en las vidas de tantas mujeres alrededor del mundo, y quisiera contarte muchas historias más. Cada una de estas es posible gracias al apoyo de las personas que se han comprometido a apoyarnos financieramente. Tú haces posible que continuemos produciendo estos programas, llevando a cabo conferencias y desarrollando alcances. Este mes de mayo tu apoyo es muy importante para Aviva Nuestros Corazones, ya que cerramos el año fiscal. Si así Dios lo pone en tu corazón, haz tu donación a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

¡Gracias por tu participación en la obra que Dios está haciendo a través de este ministerio!

Carmen: Gracias Nancy.

Y en el programa de hoy continuamos con una conversación que inició ayer. Esta breve serie se titula, «Sanando de las heridas de la vida». Con nosotras se encuentra Nancy Rach. Nancy DeMoss nos cuenta más acerca de ella.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ella y su esposo Tom han sido misioneros en Chiapas, México en los últimos diecisiete años. Hace poco, en la iglesia en la que me congrego, tuve el privilegio de escuchar el testimonio de Tom y Nancy acerca de su ministerio, y me sentí muy agradecida de que ella aceptara venir a compartir su trayectoria con nuestras oyentes.

Si no pudiste escuchar la primera parte de esta conversación, necesitas ir a AvivaNuestrosCorazones.com y leer la transcripción o escuchar el audio del programa de ayer. Nancy compartió con nosotros el camino por donde el Señor la ha traído para tratar primero con el abuso en su pasado, un incidente que le sucedió con un miembro de su familia, masculino, cuando ella era aún una niña, y cómo el Señor le ha provisto la oportunidad para ministrar ahora a otras mujeres, y a la vez ha provisto un viaje de restauración para ella.

Así que, Nancy, bienvenida de nuevo a Aviva Nuestros Corazones, y muchas gracias por compartir con nuestras oyentes. Sé que esto que has compartido realmente está hablando a la vida de muchas mujeres.

Nancy R: Gracias. En México también este tema ha hablado a los corazones de muchas mujeres. Creo que este es un tema importante al que la iglesia necesita poner atención, porque hay muchas personas andando por la vida lastimadas.

Comenzamos a aplicar esto con el grupo de damas de nuestra iglesia. Cada dos meses tenemos una noche especial donde hago esto, y ha ayudado a que las mujeres se acerquen unas a otras, porque entienden por lo que las otras han pasado. Quizás no entendían por qué tal o cual hermana no abrazaba o no se acercaba a otras hermanas, o ni siquiera les daba un saludo.

No era culpa suya. Lo que sucedía es que ella no sentía que merecía que alguien le diera el saludo. Imagina lo grande que había sido el trauma en su vida. No podía ni siquiera aceptar que se le estrechara la mano o se le diera un abrazo. Simplemente sentía que no lo valía nada. Y eso está sucediendo dentro de nuestras iglesias.

Nancy D: Wow, y esto supera los límites geográficos o nacionales; aún las culturas.

Nancy R: Correcto.

Nancy D: Es verdad en México. Es verdad en los Estados Unidos. Y es verdad en cada país del mundo.

Nancy R: Correcto. Las personas están lastimadas. Y mientras más abras las oportunidades para compartir tu corazón con su corazón, y cuando ellas entienden que lo que comparten es confidencial, que será entre ustedes, entonces ellas se pueden sentir libres para comenzar a compartir sus heridas.

Nancy D: Y por esa razón, voy a pedirte que nos cuentes algunas historias. Pero por razones de confidencialidad, siéntete en la libertad de hablar de manera general, o de cambiar algunos detalles de las historias para evitar que se les identifique.

Estoy pensando en lo que nos contaste acerca de la señora que tenía una librería cristiana y vino y te dijo, «Nancy, hay mujeres acudiendo a mí con el dolor de su pasado. Necesitan ayuda». Te preguntó si las podrías ayudar. Ella, por supuesto no conocía tu historia, ¿correcto?

Nancy R: No, no la sabía.

Nancy D: Cuando te preguntó, inicialmente, ¿sospechaste que para poder ayudar a estas mujeres, sería necesario trabajar primero con tu propio corazón?

Nancy R: Desafortunadamente uno de los problemas que puedes tener cuando sufres abuso, es que resulta fácil desvincularte de tu propia historia. Por ejemplo, cuando estuve en la República Dominicana, para la conferencia…

Nancy D: Espera un momento, solo para aquellas que no nos escucharon ayer, acudiste a esta conferencia en la República Dominicana para…

Nancy R: Para capacitarme, supuestamente, y estaba abriendo la puerta para que el Señor pudiera trabajar en mi propio corazón. A lo largo de toda esa semana derramé muchas lágrimas por las historias de otras personas; pero el día que tuve que contar mi propia historia, no hubo emoción. Podía decir mi historia sin llorar.

Nancy D: Y eso lo atribuyes a que…

Nancy R: Simplemente te desvinculas. Es como decir: puedo hablarlo, y realmente no tengo que sentirlo. Como si mis sentimientos, en ocasiones, hubieran estado desconectados de esa situación.

Entonces, cuando esta hermana vino a verme, dije, «sí, podemos hacer algo por ellas». Y le conté un poco de mi historia, y comenzamos un grupo de mujeres. Al principio teníamos diez mujeres.

Nancy D: ¿Estas eran mujeres con quienes te había conectado la dueña de la librería?

Nancy R: Correcto. De hecho, yo solamente conocía a dos personas en el grupo. Comenzamos a hacer algunas cosas porque la gente necesita aprender a interactuar. Hicimos cosas como, «¿cuánto espacio personal necesita una persona a diferencia de otra?» Y mirando a las personas a los ojos.

Una de las actividades o dinámicas más importantes que tuvimos fue aprender a decir palabras poderosas y positivas a otros. De manera que sentamos a alguien en medio y todas las demás tendrían que decir algo agradable acerca de esa persona o a esa persona. Y te das cuenta de lo difícil que es hacerlo, especialmente si se trata de personas que no conoces muy bien. Pero siempre hay algo. Por lo menos puedes decir, «me encanta el color de tus ojos», o «me encanta cómo te arreglaste hoy el cabello». Esas afirmaciones cortas significan mucho.

Pero cuando has sido víctima del maltrato y eres la persona en esa silla, es muy difícil recibir esos cumplidos.

Nancy D: Creo que es difícil para cualquier persona.

Nancy R: Así es. Así que lloramos mucho, incluso caminando en círculo edificándonos unas a otras.

Nancy D: Hablaste ayer sobre muros o paredes que levantaste. ¿Fue algo como derribar esas paredes?

Nancy R: Sí. Así fue. Porque estás recibiendo palabras amables. Tengo que ser honesta, cuando alguien dice, «oh, Nancy, me gusta tanto esto y esto de ti», o «creo que eres una hermosa persona», pienso, ¿dónde dejaste tus anteojos? Eso es parte de mi lucha contra el abuso. Me resulta muy difícil creer cuando alguien me dice cosas agradables. Dudo de la veracidad de ellas.

Muchas veces dudo del Señor. Tengo que luchar con Él y decir, «Señor, sé que me dices que soy tu hija, y que soy amada y escogida, y me estoy aferrando a eso, pero a veces, no lo siento así. Pero tengo que tomar Tu Palabra tal cual es, y tú has dicho que soy valiosa».

Nancy D: Lo que acabas de decir es grandioso, porque tenemos la tendencia a creer en nuestros sentimientos, en nuestras emociones, en lugar de creer la verdad. Caminamos más por vista que por fe. Y ese es un mensaje que enfatizamos una y otra vez.

Nancy R: Y no importa si eres cristiana o no. Tú luchas contra eso. Hay muchas personas que dicen, «¡ah no! si eres cristiana no vas a luchar con eso». No, eres cristiana, y debes ser honesta respecto a tu lucha con eso. El Señor conoce nuestro batallar.

Nancy D: Y parte de este peregrinaje es aprender a aconsejar nuestros corazones con la verdad en lugar de hacerlo con lo que mis emociones dictan.

Nancy R: Cierto. Necesitamos oírlo unas de la otras, y aquí es donde nuestro grupo es tan importante. El propósito no es aconsejarnos unas a otras. Es reflejarnos unas a otras. Y entonces puedo decirte, «Nancy, ¿por qué haces eso cuando llegan las personas? ¿Por qué estás sentada a la mesa y como que te encoges cuando te llega tu turno?» Y pienso, ¿por qué hago esto? Y ellas comienzan a reflexionar. Es como un momento de autodescubrimiento.

Permitimos que el Espíritu Santo haga el trabajo. Solo estamos haciendo preguntas unas a otras. «¿Por qué haces esto?» O lloramos la una con la otra y decimos, «lo que te sucedió no es culpa tuya».

Nancy D: ¿Resulta muy difícil para algunas de estas mujeres contar su historia a las demás en el grupo?»

Nancy R: Sí. Hay distintos niveles para compartir. Habrá algunas personas que no están listas para abrirse. Dirán, «todo está bien. No, realmente no tengo nada que quiera compartir».

Nancy D: Entonces, ¿por qué acuden al grupo?

Nancy R: Bueno, por ejemplo, si es el grupo de damas de la iglesia, será porque están acostumbradas a acudir a la reunión de damas, y no se dieron cuenta que íbamos a tratar con cosas realmente profundas.

Nancy D: Pero estamos hablando de un grupo especial, para mujeres que han sido maltratadas o traumatizadas.

Nancy R: Asi es.

Nancy D: ¿Están listas para recibir ayuda y sanidad?

Nancy R: Bueno, cada una se encuentra en un nivel diferente en su camino, y están ahí para recibir algún tipo de ayuda, pero es posible que no conozcan ellas mismas qué tan profundo quieren que llegue la ayuda, porque estás lidiando con problemas muy profundos, personales y delicados.

Por ejemplo, un caso de abuso. Puede ser que tenga que ver con cómo fueron educadas lo que determinó todo, debido a que ellas buscaban a alguien que fuese esa figura paterna que nunca tuvieron, y en lugar de ello terminan siendo maltratadas.

O puede ser alguien que se casó muy joven y tenía todo tipo de problemas con los que tuvo que lidiar conforme crecía –debido a las hormonas y todo eso- y entonces se ven envueltas en situaciones de abuso o hacia diferentes tipos de maltrato.

Nancy D: Sé que no puedes dar detalles o nombres, pero como has estado ayudando a las mujeres en este grupo y en otros lugares, ¿podrías compartir solo algunas historias de cómo Dios se está moviendo, liberando a los cautivos? Muchas de nuestras oyentes han estado ahí y están llevando toda esa carga. Quiero que tengan esperanza, que sepan que no tienen que vivir con ese dolor, con esa vergüenza privada, y mantenerlo oculto.

Nancy R: Voy a compartir algunas historias. Estas no son damas en mi grupo, porque lo que se dice en nuestro grupo, ahí se queda. Cada persona es dueña de su propia historia. Las historias que he compartido en iglesias que visitamos, cada una de esas personas me ha dado permiso para compartir su historia.

No me siento cómoda compartiendo sus historias a nivel nacional, sin su permiso, pero puedo decirte algunas otras historias sin nombres. Hemos tenido diferentes tipos de historias que simplemente te rompen el corazón.

Tuvimos una persona que al mirarla veías a una persona muy tímida. Siempre bajaba la vista. No quería hablar con nadie. Un día comenzó a abrirse y hablar sobre una amiga que tenía cáncer. Fue la primera vez que realmente compartió algo con alguien, y ella comenzó a llorar. Dijo, «me duele mucho que mi amiga esté pasando por esto, y no sé cómo ayudarla».

Y dijo, «no sé qué decirle». Me acerqué, le di un abrazo, y le dije, «sabes que siempre puedes abrazarla». Y ella solo comenzó a llorar más fuerte.

Para la próxima reunión de nuestro grupo, ella comenzó a compartir cómo de pequeña había sido maltratada, y por qué para ella, cualquier forma en que alguien la tocara era algo equivocado, debido a tanto abuso sufrido. Las historias que contó eran de abuso físico extremo, azotes y ese tipo de cosas.

Y esta es una joven que está tratando de criar dos hijos, y ella no conoce sus propios límites. Tiene temor de aplicar cualquier disciplina, porque no quiere maltratar a sus hijos como ella fue maltratada. Pero al compartir con otras hermanas y conmigo, ella ha crecido en gracia, y puedes verla saliendo de su caparazón.

Cuando conoce a alguien por primera vez, ya no es de las que se quedan mirando el piso, ahora muestra más seguridad. Poco a poco está aprendiendo a educar a sus hijos y a disciplinarlos. Ese ha sido un gran desafío para ella debido a donde estaba.

Pero antes, era muy fácil para otros el juzgarla y hacer comentarios como, «¿por qué fulanita no se ocupa de su hijo? ¿Por qué él está haciendo eso, y por qué ella no le dice, «no»?

Nancy D: En realidad no conoces la historia de los demás.

Nancy R: Su historia era diferente, y tenemos mujeres que por años han sufrido abuso físico de sus esposos.

Tuve una mujer en una de mis clases de español. Una de las cosas que el Señor nos llevó a hacer durante un año fue cisternas para agua en los barrios. Se hizo evidente que muchas mujeres no podían leer en español, y les pregunté si querían aprender a leer.

Y ellas me dijeron que «sí».

Así es que les dije que les enseñaría, y teníamos una pequeña clase de español una vez por semana.

Una de las damas no podía asistir regularmente debido a que su esposo era un borracho. Si él se enteraba que ella había asistido a la clase, la golpeaba cuando llegaba a la casa. Él no quería que ella aprendiera a leer. Así es que ella solamente venía cuando tenía oportunidad, cuando él no estaba cerca. Ella no quería que él se enterara que estaba aprendiendo a leer, porque a él no le gustaba sentir que alguien la estaba ayudando a vencer su timidez, o lo que fuese.

Ese es solo un breve ejemplo de casos de abuso que suceden en los barrios.

En una ocasión mi esposo iba a hacer una cisterna para una familia. Le preguntó a la mujer de la casa, «¿podemos tirar la cerca de su casa para depositar ahí la arena?» (Un camión iba a hacer la entrega de la arena)

Ella dijo, «no podemos hacer eso sin preguntarle a mi esposo».

Mi esposo le dijo que su esposo había dicho que estaba bien.

«Bueno, pues no podemos hacerlo mientras él no esté en casa». Contestó ella.

Mi esposo estaba comenzando a sentirse frustrado. Si el esposo había dicho que podíamos hacerlo, ¿porqué entonces no podíamos tirar la cerca? El hermano que estaba trabajando con él le dijo, «Tom, no hagas nada. Espera hasta que el esposo venga, porque tú no sabes cuánto abuso ha sufrido esta mujer a manos de su esposo».

Nancy D: O sea que ella tenía miedo.

Nancy R: Ella tenía miedo. A pesar de que él ya había dicho que estaba bien que se hiciera, ella no quería, porque muchos de los que abusan lo hacen dando explicaciones irracionales. No puedes saber cuándo van a estar violentos.

Nancy D: Entonces, ¿qué es lo que hace que una mujer como las dos que acabas de describir, den un paso hacia una nueva manera de pensar?

Nancy R: Realmente es el Espíritu Santo. El Espíritu hace su trabajo en el interior de las personas y las lleva a buscar ayuda.

Nancy D: Y si tú eres la ayuda en esa situación, y esa mujer cruza tu camino, vas a mirarla a los ojos y vas a tener compasión. ¿Qué vas a decirle?

Nancy R: Bueno, primero que nada, que ella es valiosa, que es preciosa.

Nancy D: Eso es algo grande en este contexto, ¿verdad?

Nancy R: Eso es algo muy grande, y probablemente no te va a creer. Depende de cuánto tiempo lleva en esa situación soportando el abuso. Muchas veces, si es una madre que tiene hijos, aunque quizás no se vaya debido a sus hijos, quizás tampoco ha aceptado que lo que está sufriendo se llama abuso, y que ella no lo merece.

Entonces si tu tratas de decirle, «tú no mereces este trato», puede que no te crea. Ella quizás continúe su camino, soportándolo, porque es lo único que ha conocido. Lo más probable (especialmente en Chiapas) es que también su padre la haya maltratado. Así es como ella pasó de una situación de maltrato a otra.

Nancy D: ¿Cómo es que esa mujer comienza el camino de la sanidad y de la restauración, aún cuando sus circunstancias puedan no cambiar, al menos en un principio?

Nancy R: Honestamente, creo que si el Señor trae a alguien a su vida, como una vecina que es su amiga y comienza a mostrarle cariño, y a decirle, «eres valiosa a los ojos de Dios. Dios no te hizo para ser maltratada. Y honestamente, tampoco hizo a tu esposo para ser un abusador».

Nancy D: Así es. Esa es también una violación al diseño y a la imagen de Dios en él.

Nancy R: Correcto. «Dios tiene un plan mejor para tu esposo, y puedes creer que Dios lleve a cabo Su voluntad para él». Cuando permitimos que nuestros esposos nos agredan, también estamos conformándonos con algo que no es plan de Dios en la vida de nuestros esposos. Y eso pone algo de responsabilidad sobre nosotras, aunque ellos siguen siendo responsables de sus actos.

Pero muchas veces lo que hemos visto con las damas con quienes hemos trabajado, es que ellas dicen, «ya soporté suficiente, no más». Y están firmes en esa posición y si tienen que hacerlo, irse de su casa, y el esposo comienza a retroceder, entonces les dice, «¡oh, ¿es así?!»

Nancy D: Les cambia la jugada.

Nancy R: Así es. Les cambia la jugada. «¿Y existía una línea? Yo no sabía que estaba pasándome de la raya».

Nancy D: Lo que me encanta, Nancy, acerca de tu historia (bueno, ahí hay muchas cosas que me encantan), pero lo que me encanta es la gracia de Dios, el poder de Dios para sanar, renovar y transformar, como lo ha estado haciendo en tu vida. Dios toma el dolor, la aflicción y las heridas de nuestro pasado y nos capacita para ser un medio de gracia, de sanidad y de restauración en la vida de otros. Tu historia tiene un propósito. Es algo que Dios quiere usar.

Nancy R: Así es. Hemos hablado de eso con varias mujeres. No diré en qué grupo, pero una de las damas, había sido maltratada por cuarenta años. Decimos que ella anduvo en el desierto por cuarenta años. Muchas veces son esos desiertos que parecen alargarse en nuestra vida donde justamente se nos ha despojado de otras cosas que nos mantenían alejadas del Señor, y ahora Él finalmente, dice, «el lugar que estás pisando es santo. Quítate las sandalias y hablemos».

Y entonces, lo que sucede, como en el caso de Moisés, Dios dice, «ahora tengo un trabajo para ti. Vas a ir, y vas a liberar a otras de su dolor».

«¡Espera Dios! No estoy lista para hacer esto. No puedo hacerlo».

Dios te dice, «no te preocupes, cuando venga el tiempo, estaré ahí contigo».

Nancy D: Esto suena algo parecido a lo que tú le has dicho al Señor. «No estoy lista para hacer esto».

Nancy R: Sí, así ha sido. Puedo identificarme con Moisés en el desierto. «Señor, esto es demasiado». Él me dice, «no te preocupes».

Nancy D: Y tú le dices, «llama a alguien más».

Nancy R: Sí. Y en ocasiones cuando me parece que solamente vamos a hacer algo sencillo en un grupo… quizás ni siquiera sea en mi grupo de damas, sino que será en algún otro lugar que estemos haciendo algo sencillo, y de pronto alguien comparte una historia que es espantosa, y que tú no anticipabas, es porque el Espíritu Santo ha estado trabajando en su vida, y ellas han estado esperando por ese momento en que pudieran compartirlo con alguien.

Y así, cuando tú menos lo esperas, el Señor continúa obrando. Puede ser que tú no lo veas. Le digo a la gente, «nosotras solo estamos plantando la semilla o eliminando la cizaña, pero el Señor sabe cuando la siega está lista. Nosotras no». Por eso es que tienes que estar disponible.

Nancy D: Y Nancy, estoy segura que hay muchas mujeres que han estado escuchando esta conversación, quienes tienen su propia historia y dolor ocultos –con una vida basada en la vergüenza– algunas de ellas por décadas. No hay soluciones instantáneas. No existen curitas, o soluciones fáciles como hablaste anteriormente. Pero tenemos un Dios de toda gracia que ha venido a llevar sobre Él, nuestras iniquidades y nuestra vergüenza en la cruz, y que ofrece un camino de sanidad, gracia y restauración para aquellas que quieran tomarlo.

Hay mucho más de lo que podríamos hablar, pero sé que Dios ha hablado a muchas de nuestras oyentes. ¿Podrías orar por ellas y pedirle a Dios que las ponga en ese camino, que las envíe a ese lugar, a esa persona, que las dirija hacia los recursos que puedan ayudarles a tomar el siguiente paso –que podría ser justo este momento– reconociendo, «tengo una necesidad. Necesito buscar ayuda». Levantando su mano en alto y diciendo, «estoy lista para dar un paso adelante en todo esto»?

Aquí en Aviva Nuestros Corazones tenemos algunos recursos disponibles, pero será el Señor quien te muestre hacia dónde ir para obtener lo que necesitas. La oración es lo primero, y ese es el lugar de inicio. Ahí es donde llevamos a las personas, al trono de la gracia.

Cualquiera que sea tu situación, déjame animarte a llevarla al Señor en oración. Él te conoce y conoce a tu esposo mejor que nadie. Él nos anima a venir confiadamente ante Su trono de gracia para pedirle gracia y misericordia en tiempos de necesidad. Creo que al clamar a Dios, Él te dará la sabiduría y la gracia que necesitas en tu matrimonio. Déjame también animarte a acercarte a una mujer mayor y madura en la fe, alguien en tu iglesia local con quien puedas hablar acerca de tu situación. Permite que te animen «vida a vida», de una manera en que nosotros no podemos a través de esta transmisión.

Nancy, Permíteme entonces pedirte en este momento, que ores por aquellas que nos están escuchando.

Nancy R: Claro. Oremos.

Padre, Tú tienes un plan para cada corazón y cada vida. Ni siquiera un piedra que aparezca en nuestro camino es por accidente. Tú sabes lo que está sucediendo. Tú conoces cada necesidad. Tú conoces cada corazón y su obstinación. Tú sabes cómo alcanzar cada herida.

Padre Dios, constantemente somos culpables de tratar de vivir la vida en nuestras propias fuerzas y manejar todo aquello que está más allá de nuestro control. Batallamos con nuestro perfeccionismo para estar en control y para evitar ser lastimadas, cuando en realidad solo debemos aferrarnos a ti y clamar por el dolor de nuestro corazón y permitirte sanarnos.

Padre Dios, Tú eres el Gran Sanador, y conoces cada corazón que está escuchando hoy, que necesita el poder de Tu Santo Espíritu. Oramos Dios Padre, que pongas esperanza en el corazón que está desesperado, y fe en el corazón que está batallando para encontrar fe. Reafirma en cada corazón la promesa de que Tú estás ahí, que no les has abandonado, que si te buscan de todo corazón, Tú estás ahí, y les conducirás y les guiarás.

Te rogamos que pongas en su camino diferentes personas para que sean Tus manos y Tus brazos, y les abracen, y se acerquen y les permitan llorar las lágrimas que necesitan llorar y oír las palabras de afirmación que tienes para ellas. Ellas no son responsables de esta situación que pasó en su corazón y en sus vidas. Te rogamos que comiences el proceso de restauración, Padre, y te suplicamos que comiences a edificar en sus vidas muros y los límites que Tú quieres, y les ayudes a destruir las paredes que ellas han construido por sí mismas.

Oramos, Dios Padre, que Tú seas glorificado en todas nuestras palabras y nuestras acciones, y que seas glorificado en los corazones que son redimidos, en el nombre de Jesús te pedimos estas cosas, amén.

Nancy D: Amén.

Al tener esta conversación hay un pasaje que viene a mi corazón. Aquí en Aviva Nuestros Corazones lo leo o lo cito con frecuencia, porque aplica a tantas circunstancias de la vida. Es una imagen de lo que Jesús quiere hacer en los corazones de aquellos que han sido maltratados o traumatizados, o que están en diversas áreas de esclavitud.

Es un pasaje profético del Antiguo Testamento que habla de la venida de Jesús, el Mesías. Habla del ministerio que Él iba a tener. De hecho, en los evangelios Jesús lee este pasaje, y dice, «está hablando de Mí». Por eso sabemos que es así.

Se encuentra en Isaías capítulo 61 y dice:

«El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el SEÑOR para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; para proclamar el año favorable del SEÑOR, (y yo me pregunto si este no será el comienzo del año favorable del SEÑOR en la vida de alguna oyente ) y el día de venganza de nuestro Dios» (vv. 1-2).

También Dios, en su tiempo y a su manera, dará el pago a aquellos que han maltratado y no se han arrepentido de ello.

Y luego Él sigue diciendo,

«…consolará a aquellos que lloran en Sion; para concederles una hermosa diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido; para que sean llamados (se refiere a aquellos que estaban en prisión, desconsolados, lastimados, en cenizas, y que ahora ellos serían llamados) robles de justicia, plantío del SEÑOR, (¿con qué objetivo?) para que Él sea glorificado» (v.3).

Y pienso en esa mujer con la mirada baja, esa mujer que apenas puede hablar o recibir una palabra de aliento, de afirmación, o que se siente humillada con la vergüenza, con el dolor –y probablemente no le ha dicho a nadie. Y pienso que esto que hemos leído de la palabra de Dios, es la palabra de lo que Cristo ha venido a hacer, lo que Él quiere hacer. Él quiere tomar aquellas cenizas y en lugar de eso, dar a esas mujeres una preciosa diadema, quiere tomar su dolor, su desconsuelo, su espíritu abatido y en lugar de eso darles un manto de alabanza y un espíritu de alegría, para hacer de ellas un plantío del Señor, una obra del Señor, vital, dinámica. Él quiere que sean instrumentos en las vidas de otros.

El Espíritu del Señor está sobre ti, Nancy, y Él te ha ungido. Dios nos quiere usar para proclamar las buenas nuevas a otros, y para liberar a los cautivos. Jesús ahora está obrando en y a través de ti, en la vida de otras mujeres, y esa es una hermosa historia de redención. Es una historia, estoy convencida, que Él quiere llevar a cabo también en la vida de muchas otras.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth y Nancy Rach han estado hablando de la sanidad que Jesús ha provisto para tu dolor. Esta breve serie se titula, «Sanando de las heridas de la vida».

Si te perdiste la primera parte de esta conversación, puedes escucharla en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Sabes que tienes un credo? Todas las personas viven en base a un conjunto de creencias. Y aún si crees que esto no es algo importante, estas creencias son las que guían tus acciones día a día. En nuestra próxima serie, Nancy te hablará de un fundamento sólido sobre el que puedes construir tu vida.

Agradecidos por tu participación en este ministerio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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