Aviva Nuestros Corazones Podcast

Adoración centrada en Dios

Annamarie Sauter: Después de cruzar el Mar Rojo, los hijos de Israel fueron testigos de la destrucción de sus enemigos. Luego cantaron y adoraron a Dios.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Él se ha engrandecido. No es la obra de nuestras manos. No se trata de nuestros esfuerzos. No se trata de nuestros planes. Es el poder de Dios y solo Dios, el responsable de juzgar a Sus enemigos y de redimir a Su pueblo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Miriam es un personaje bíblico que usualmente no recibe mucha atención, pero su vida tiene mucho que enseñarnos a ti y a mí acerca de la confianza y la adoración. Descubre más acerca de esto hoy, al Nancy continuar con la serie titulada, «Recordando a Miriam».

Nancy: En 1869 hubo un evento que se celebró durante cinco días en Boston, que se llamó, El jubileo nacional de paz. En realidad, fue una conmemoración ocurrida cuatro años después del final de la Guerra Civil. Esto fue un gran espectáculo musical, y originó el surgimiento de un músico en particular, un director de música. Reunió un coro de diez mil voces que estuvo acompañado por una orquesta integrada de mil músicos.

El evento de cinco días se inauguró con una estridente interpretación del himno de Martín Lutero, «Castillo fuerte es nuestro Dios». El punto culminante de cada día de los cinco días de la convención fue la actuación del Anvil chorus de Verdi, el cual contó con un centenar de bomberos de Boston con martillos de herrero, los cuales azotaban en unos yunques que estaban en el escenario, creando mucho ruido y lluvias de chispas, mientras que la orquesta de mil miembros tocaba y el coro de diez mil miembros cantaba. Y agregado a esto, le sumaron las campanadas de todas las torres de las iglesias en Boston. Había cañones fuera del edificio que eran disparados al ritmo de la música al presionar un botón al lado del atril del director de música.

Fue todo un acontecimiento. Un reportaje sobre este evento, dijo: «El público emocionado de cuarenta mil personas saltaba de arriba abajo vigorosamente, ondeando los programas, banderas, abanicos, pañuelos». Algunos declararon más tarde que ellos habían pensado que se habían ido al cielo. «El efecto fue sumamente poderoso», citó el artículo. Un hombre salió corriendo de la audiencia y le envió un mensaje por el telégrafo a su esposa: «Ven inmediatamente. Sacrificaré cualquier cosa para tenerte aquí. Es algo que se ve solo una vez en la vida».1

Hoy veremos otra celebración musical que tuvo lugar muchos años antes, y los que estaban ahí decían: «Esto solo se ve una vez en la vida».

Permítanme regresar allí y explicarles el contexto. Estamos viendo en esta serie la vida de Miriam, aunque hemos estado tomando algunos desvíos para ver algunas incidencias relacionadas con otros personajes alrededor y en la vida de esta mujer. Vimos en las últimas sesiones los acontecimientos relacionados al nacimiento de Moisés en Éxodo 1 y 2, y nos dimos cuenta que Miriam fue una de las cinco mujeres que arriesgaron sus vidas al desafiar el edicto del rey de destruir a todos los bebés varones. Y recuerden que la vida de Moisés fue salvada como resultado de la intrepidez y la valentía de estas mujeres.

Él luego fue adoptado por la hija de Faraón, y vimos toda aquella escena en Éxodo 1 y 2; es la primera de tres escenas principales que tenemos en las Escrituras que hacen referencia a la vida de Miriam. Esa primera escena ocurre cuando ella era una niña en el tiempo del nacimiento de su pequeño hermano Moisés.

En los siguientes días estaremos viendo la segunda escena en la vida de Miriam, y se lleva a cabo en Éxodo capítulo 15. Si tienes tu Biblia, te animo a ir a Éxodo 15, pero antes de sumergirnos en ese pasaje, quiero hoy darte algo de historia y de trasfondo acerca de esta escena. Para hacer esto, quiero darte una visión general, rápida de lo que pasa entre Éxodo 2, donde nos quedamos la última vez, y Éxodo 15, donde estamos retomando en esta ocasión.

Recuerda que Moisés crece en el palacio del Faraón de Egipto, y a la edad de cuarenta años, él se ve obligado a huir de la tierra de Egipto, por haber matado a un egipcio que había maltratado a uno de sus hermanos hebreos. Él huye a Madián donde pasa otros cuarenta años en el desierto, pastoreando los rebaños de su suegro.

Moisés se fue por cuarenta años y mientras tanto, en Egipto, los hebreos ya habían sido esclavos, no solamente por esos cuarenta años, sino durante cuatrocientos años, y ellos estaban siendo horriblemente maltratados. Finalmente, llegan al punto de desesperación, y las Escrituras nos dicen que ellos clamaron por ayuda. Después vemos que Dios escucha sus gemidos, y Él recuerda Su pacto con Abraham, Isaac, y Jacob; y Dios dice: «Yo voy hacer algo acerca de la desesperación de mi pueblo. Yo los voy a liberar».

Así que Dios, el Dios de la providencia, para el cual la geografía no es un problema, después de haber visto la desesperación de su pueblo en Egipto, se aparece a Moisés en el desierto de Madián en una zarza ardiente. Y después de un difícil intercambio, Dios le dice a Moisés: «Te voy a enviar a Egipto, y tú vas a confrontar a Faraón, y tú vas a liberar a mi pueblo de Egipto».

Moisés regresa a Egipto. Él confronta a Faraón y le dice: «Deja ir a mi pueblo». Faraón se enoja y las cosas se ponen peor para los hebreos. Tenemos toda esta serie de las diez plagas que culminó con la muerte de los primogénitos de Egipto en la Pascua. Dios pasa por alto las casas de Su pueblo que tienen la sangre rociada fuera de sus hogares, y Dios no mata a sus primogénitos.

Los hijos de Israel son liberados. Faraón les dice: «Fuera de aquí». Ellos lo hacen. Ellos escapan, ahí viene el éxodo; de ahí proviene el libro de Éxodo. Los hijos salen de Egipto, donde habían sido esclavos por cuatrocientos años. Ellos son libres, finalmente, excepto que en un periodo muy corto de tiempo, llegan al Mar Rojo, y esto nos lleva a Éxodo, capítulo 14.

Ellos llegan al Mar Rojo. El Mar Rojo está frente a ellos, y ellos miran hacia atrás y se dan cuenta que los egipcios habían cambiado de opinión, y que el ejército egipcio, el cual leí que sumaba alrededor de doscientos cincuenta mil soldados, ya casi estaba encima de ellos para atraparlos, así que estaban acorralados.

Hemos escuchado la historia tantas veces, pero espero que nunca nos cansemos de escuchar las historias de los actos redentores de Dios.

Así que las personas están atrapadas aquí. Ellos están aterrorizados. Ellos tienen pánico. Ellos saben que no tienen ninguna posibilidad. No hay ningún lugar a dónde ir. Ustedes conocen la historia de cómo Dios le dice a Moisés: «Levanta tu vara». Dios divide las aguas. El aparta las aguas para que formen un gran muro a cada lado, a la derecha y a la izquierda, y las divide de tal forma que dos millones de judíos pudieron caminar por el Mar Rojo sobre tierra seca.

Después que los israelitas cruzan, los egipcios los siguen por el Mar Rojo, pisándoles los talones a los israelitas, pero Dios sembró confusión entre los egipcios; ustedes han oído la historia antes. Él hizo que las ruedas de los carros se estancaran, algunas traducciones inclusive dicen que las ruedas de los carros se cayeron. Lo que sea que haya pasado, ellos terminaron muy confundidos, y fue claro que Dios era el que estaba haciendo esto. Después en Éxodo 14, versículos 26-27, dice:

«Entonces el Señor dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y su caballería. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, regresó el mar a su estado normal, y los egipcios al huir se encontraban con él; así derribó el Señor a los egipcios en medio del mar. Y las aguas volvieron y cubrieron los carros y la caballería, a todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó ni uno de ellos. Mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Cuando Israel vio el gran poder que el Señor había usado contra los egipcios, el pueblo temió al Señor, y creyeron en el Señor y en Moisés, su siervo» (vv. 26-31).

Este fue un evento muy importante en la historia de Israel. La combinación del éxodo de Egipto y el cruce del Mar Rojo son historias a las cuales se hace referencia una y otra vez en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Una generación le contaba a la otra. Ellos se mantuvieron remontándose a lo que Dios había hecho para redimir, rescatar y liberar a Su pueblo.

Ahora llegamos al capítulo 15, acabando de leer esta increíble, extraordinaria historia de la demostración del poder de Dios sobre sus enemigos. Tienen a dos millones de israelitas de pie en el otro lado del Mar Rojo, mirando hacia atrás lo que acababa de suceder. ¿Qué hacen? ¿Cómo responden? ¿Cómo superas esto? ¿Qué se hace después?

El capítulo 15 nos dice lo que hicieron después, y este es un capítulo en que queremos pasar los próximos días observándolo desde diferentes ángulos, pero empezaremos por leer el pasaje, Éxodo 15, versículo 1: «Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor». Lo siguiente que hacen después de todo este relato que acabamos de leer es que ellos cantan una canción. Ellos estallan en una canción de júbilo espontánea, una alabanza exuberante, sincera, y la mayor parte del capítulo nos dice lo que ellos cantaban. Nos da la letra de esta canción.

Yo estaba pensando en esto antes de venir al estudio esta mañana y pensaba, «¿no habría sido genial haber visto cómo sonaban?» Quiero decir, ¿estaban todos cantando? Se dice que Moisés y los hijos de Israel cantaron una canción. ¿Cómo supieron qué canción cantar, o será que cada uno inventó su propia melodía y cantaron? No lo sé.

¿Habría sido un sonido caótico? ¿O un sonido desordenado? ¿Habría sido organizado? Probablemente no estaban cantando en la armonía de cuatro voces como algunas de nosotras crecimos cantando, ¿pero, cómo se oía? Fuera lo que fuese, fue algo magnífico, porque esta canción fue derramada de corazones redimidos, de corazones agradecidos, de corazones adoradores. No es un servicio formal de adoración. Esto fue una celebración exuberante, apasionada.

En los versículos 1 al 12 de esta canción, ellos miran hacia atrás lo que acaba de suceder, y cuentan cómo Dios destruyó a sus enemigos. Se dan cuenta de que es Dios quien ha hecho esto. Nadie más puede darse el crédito, incluyendo a Moisés. Humanamente hablando, la tentación sería decir: «Moisés, qué líder tan increíble eres. Hombre, tú levantaste tu vara encima del mar, y las aguas se dividieron».

Hoy en día estaríamos tentados a dar explicaciones naturales y humanas de lo que había sucedido, pero ellos estaban ahí. Ellos sabían que no había una explicación natural para lo que había sucedido. No hubo ninguna explicación, sino Dios. Así que en los versículos del 1 al 12, ellos miran hacia atrás y ellos están celebrando la derrota de sus enemigos. Vamos a leerlo:

«Canto al Señor porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete ha arrojado al mar. Mi fortaleza y mi canción es el Señor, y ha sido para mí salvación; este es mi Dios, y le glorificaré, el Dios de mi padre, y le ensalzaré. El Señor es fuerte guerrero; el Señor es su nombre» (Éx.15:1-3).

De hecho, esto es contrario a lo que Faraón había dicho: «¿Quién es el Señor, y cuál es Su nombre?» Faraón no sabía quién era Dios, pero estas personas sabían quién era Dios.

«Los carros de Faraón y su ejército arrojó al mar, y los mejores de sus oficiales se ahogaron en el Mar Rojo. Los abismos los cubren; descendieron a las profundidades como una piedra. Tu diestra, oh Señor, es majestuosa en poder; tu diestra, oh Señor, destroza al enemigo. En la grandeza de tu excelencia derribas a los que se levantan contra ti; envías tu furor, y los consumes como paja.

Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas. (El soplo de tu aliento. Me pregunto, ¿cuánta energía podría tener un soplo?... excepto, claro, ¡si es el de Dios!) Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas, se juntaron las corrientes como en un montón; se cuajaron los abismos en el corazón del mar. El enemigo dijo: “Perseguiré, alcanzaré, repartiré el despojo; se cumplirá mi deseo contra ellos; sacaré mi espada, los destruirá mi mano”» (Éx.15:4-9)

Esto es lo que el enemigo dijo. Esto es lo que los egipcios dijeron. Ellos eran orgullosos. Ellos estaban confiados. Ellos estaban seguros de que iban a ganar, pero ellos no estaban a la altura de Dios. ¿Amén?

«Soplaste con tu viento. (Dios sopló, el aliento de su nariz y de su boca). Soplaste con tu viento, los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las aguas poderosas. (Él simplemente sopló, y ellos fueron vencidos por el mar).

¿Quién como tú entre los dioses, oh Señor? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, temible en las alabanzas, haciendo maravillas?» (vv. 10-11).

Así que ellos celebraron el poder de Dios al destruir sus enemigos. Ellos sabían quién había ganado esta batalla, y ellos adoraron al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob no solo por ejercer juicio sobre los enemigos de los israelitas, sino que se gozaron por el juicio de Dios sobre Sus enemigos.

Ahora, en los versículos del 13 al 18, tenemos la segunda estrofa, por así decirlo, de este gran himno. No solo había Dios destruido al ejército egipcio, sino que Dios había liberado y redimido a Su pueblo de las manos de sus enemigos. En esta estrofa, leemos que Dios había guiado a Su pueblo hasta ese momento, y ellos estaban confiados que Él continuaría guiándolos en los días venideros. Permítanme que les lea, comenzando en el versículo 13:

«En tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido; con tu poder los has guiado a tu santa morada».

Ahora, a medida que avanza el versículo 14, ellos se dan cuenta que todavía hay algunos enemigos a los que aún no se han enfrentado, los egipcios no eran los únicos enemigos que tendrían que enfrentar antes de llegar a la tierra prometida; pero después de haber visto lo que vieron, ahora ellos estaban seguros de que estos otros enemigos tampoco podrían competir con Dios. De hecho, vean los versículos 14-16:

«Lo han oído los pueblos y tiemblan; el pavor se ha apoderado de los habitantes de Filistea. Entonces se turbaron los príncipes de Edom; los valientes de Moab se sobrecogieron de temblor; se acobardaron todos los habitantes de Canaán. Terror y espanto cae sobre ellos».

Recuerden que esto fue cierto cuando los dos espías entraron a la tierra prometida, en Canaán, y se encontraron con  Rahab y ella les dijo, «hemos escuchado las historias que Dios hizo en el Mar Rojo años anteriores». Esto fue verdad. Las noticias se esparcieron, y las otras naciones paganas se llenaron de miedo de lo que este Dios, este Dios invisible, podía hacer al liberar a Su pueblo y al juzgar a Sus enemigos.

«Terror y espanto cae sobre ellos; por la grandeza de tu brazo quedan inmóviles, como piedra, hasta que tu pueblo pasa, oh Señor, hasta que pasa el pueblo que tú has comprado».

Estas son las dos designaciones especiales dadas al pueblo de Dios en esta estrofa: Tu pueblo, al cual Tú has redimido, y Tu pueblo el cual Tú has comprado. Ellos están diciendo: «Dios, te pertenecemos, y Tú has defendido Tu propiedad. Tú has rescatado, Tú has preservado Tu propiedad. Somos tuyos, y Tú nos has salvado de la mano del enemigo».

Después en el versículo 17, ellos miran hacia adelante, y esperan con confianza el día cuando ellos estén seguros en su hogar en la tierra prometida. Versículo 17:

«Tú los traerás y los plantarás en el monte de tu heredad, el lugar que has hecho para tu morada, oh Señor, el santuario, oh Señor, que tus manos han establecido».

Y aquí está el resultado final de todo esto, el versículo 18: «El Señor reinará para siempre jamás».

El Señor reina. Ese es el tema de este himno. A medida que leemos este gran himno de fe, vemos que Dios es el héroe. No es Moisés. No son los israelitas. Es Dios. Hay por lo menos cuarenta y cinco referencias de Dios en estos dieciocho versículos. Se ha engrandecido. No es la obra de nuestras manos. No se trata de nuestros esfuerzos. No se trata de nuestros planes. Es el poder de Dios y solo de Dios, el responsable de juzgar a Sus enemigos y de redimir a Su pueblo. La atención se centra en las obras de Dios, en Su poder, Su redención; no en nosotros, ni en nuestras acciones, ni en nuestros sentimientos, ni aún en cómo esto realmente nos afecta. Todo está centrado en Dios.

Creo que necesitamos preguntarnos a nosotras mismas acerca de nuestra adoración. ¿Es nuestra adoración lo suficientemente centrada en Dios? A medida que se piensa en las cosas que decimos y cantamos en nuestra adoración privada y en nuestra adoración corporativa, y es claro que este fue un servicio de adoración pública, ¿están nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras canciones centradas en Dios, o tienden a ser más centradas en nosotras, centradas en mí?

Observen los pronombres la próxima vez que estén en un servicio de adoración, y los coros. No es que haya algo malo en cantar canciones como, te amo Señor  y canciones que tengan «yo», «mí» y «nos». Pero si hay más de estos que los que, «Tú, Señor», entonces tal vez nuestra alabanza no está completamente equilibrada.

Queremos tener una alabanza centrada en Dios, queremos asegurarnos que nuestra adoración haga lo que hizo esta canción, y es repasar y celebrar la historia de redención. Lo que estemos cantando, lo que estemos diciendo, por lo que estamos adorando a Dios es por el hecho de que, sí, nuestros enemigos son poderosos, pero Dios es más poderoso que todos nuestros enemigos. ¿Resalta nuestra adoración los temas de la historia de la redención como lo hace esta canción?

Tenemos mucho más conocimiento de la historia redentora que lo que Moisés y los hijos de Israel tenían en aquel día. Sabemos que Dios no solo ha liberado a Su pueblo de Egipto, sino que Dios ha liberado a Su pueblo del poder del pecado y de Satanás y del yo, por el poder de la cruz.

  • Conocemos el Nuevo Testamento.
  • Conocemos acerca de las obras redentoras de Dios.
  • Sabemos acerca del triunfo de Dios sobre la muerte y sobre el pecado y sobre Satanás.
  • Sabemos acerca de la salvación de los elegidos de Dios.
  • Sabemos acerca de su intervención divina y de Su operación de rescate, salvándonos de nosotros mismos y de Satanás.

Tenemos algo que celebrar. Nuestra adoración debe resaltar, poner de manifiesto la gran historia redentora y los temas de la redención.

Los temas de la redención, básicamente, son que Dios juzga al perverso y Dios salva a los que Él hace justos, la obra redentora de Dios hacia Su pueblo, y el juicio de Dios. Más de la mitad de este himno está basado en el juicio de Dios sobre Sus enemigos. Este tal vez no sea un tema del cual nos guste cantar, pero es un tema importante porque resalta la santidad de Dios y la justicia de Dios.

Nos damos cuenta de que aquellos que son pecadores no arrepentidos, experimentarán la ira de Dios y que Satanás, quien es el principal impenitente, se ha quedado sin poder por lo que Jesucristo hizo en la cruz.

Todos estos temas de la redención son grandiosos. Es la historia de la Biblia. Miqueas 7, versículo 19, dice: «Volverá a compadecerse de nosotros, hollará nuestras iniquidades. Sí, arrojarás a las profundidades del mar sus pecados». Lo que pasó en el Mar Rojo es una imagen de cómo nuestros pecados han sido perdonados, y arrojados a las profundidades del mar.

Leemos en Colosenses capítulo 2, cómo Dios nos ha resucitado de entre los muertos con Cristo; que Él hizo que nuestros pecados fueran quitados de nosotros, para ser perdonados. Él ha cancelado el registro de la deuda contra nosotros, y después en la cruz Él despojó a los poderes y autoridades, haciendo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Cristo.

El Mar Rojo fue un simple panorama inicial de lo que sería la obra completa triunfante de la salvación de Dios, de la cual leemos a través de todas las Escrituras. Llegaremos a la tierra prometida. Llegaremos al cielo.

«La misma gracia que nos ha mantenido a salvo hasta el momento, es la gracia que nos llevará a casa».

¿Refleja tu adoración estos grandes temas de la redención?

Oh Señor, amamos la canción de los redimidos: «Redimida, ¡como me encanta proclamarlo! Redimida por la sangre del Cordero». Gracias, Señor por tu gran obra de redención; por Tu poder para rescatar a Tu pueblo y librarnos de nuestros enemigos.

Señor, aun hay enemigos que debemos enfrentar. Pero al ver lo que Tú has hecho, nuestros corazones están confiados en que Tú derrotarás a cada enemigo. Triunfarás sobre cada uno de ellos. Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para la gloria del Padre.

Así que celebramos, cantamos y nos regocijamos. Nos hiciste cruzar el Mar Rojo y te damos las gracias. En el nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth ayudándonos a evaluar nuestras canciones y nuestras vidas. ¿Reflejan estas adoración verdadera a Dios? Esta enseñanza es parte de la serie, «Recordando a Miriam».

¿Qué mensaje ha puesto Dios en tu corazón? ¿Prefieres comunicar tus ideas o las ideas de Dios? Nuestro estudio sobre la vida de Miriam nos lleva a esa segunda pregunta, y hablaremos más acerca de eso, mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Agradecidos por tu apoyo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Rufus Jarman – Big Boom in Boston -- https://www.americanheritage.com/content/big-boom-boston

Grande Es Tu Fidelidad, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Únete a la discusión