Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

La belleza del perdón, día 2

Annamarie Sauter: Dannah Gresh te recuerda que necesitas ayuda para perdonar.

Dannah Gresh: Verás, el perdón no es natural, es sobrenatural.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Dannah, ayer escuchamos la primera parte de un mensaje que diste en una de las conferencias para mujeres de Revive Our Hearts en Pretoria, Sudáfrica. Hablaste sobre… bueno, fue un tema fuerte, el tema del perdón. Pero en realidad, este tema es tan importante para cualquiera que quiera liberarse de la carga pesada que llevamos cuando lidiamos con este problema del perdón…

Dannah: Sí, y me di cuenta que no es muy frecuente que digamos: «¡Oye! ¡Quiero perdonar! ¡Quiero perdonar!» Pero a menudo decimos: «Quiero libertad».

Nancy: Sí.

Dannah: Y por lo general, cuando queremos desesperadamente libertad, llegamos a un punto en el que estamos dispuestas a hacer lo que Dios nos manda en cuanto a perdonar a los demás.

Nancy: Y eso puede ser un trabajo duro. No es necesariamente fácil, pero es muy liberador.

A propósito, si ayer te perdiste Aviva Nuestros Corazones, puedes ir fácilmente a AvivaNuestrosCorazones.com para ponerte al día con la primera parte de este mensaje.

Hace unos años escribí un libro llamado Escoja perdonar. Escucha el subtítulo —es justo de lo que estabas hablando, Dannah— Su camino a la libertad. Y realmente existe una fuerte correlación entre la libertad y el perdón. Y lo opuesto también es cierto.

Dannah: Sí. Existe una fuerte correlación entre la falta de perdón y permanecer en la esclavitud o llevando una fuerte carga.

Nancy: Y tal vez mientras Dannah está diciendo estas palabras, tú lo estás sintiendo. Tal vez tu pulso se acelera y tu presión arterial aumenta cuando miras hacia adelante y anticipas esos tiempos familiares, y te das cuenta y piensas, «¡oh, es cierto! ¡Voy a tener que pasar tiempo con esa persona!»

La amargura realmente nos hace miserables, ¿no es cierto?

Dannah: Sí. Y no tienes que pasar las vacaciones y ese día festivo sintiéndote miserable. Puedes ser libre.

Nancy: Eso es exactamente lo que le explicaste a un grupo de mujeres en esta conferencia en Sudáfrica, y hoy vamos a escuchar la segunda parte de este mensaje.

Hablaste de una serie de puntos que responden a la pregunta, ¿qué es el perdón?

Y en primer lugar, el perdón es una oportunidad para obedecer a Dios, y en segundo lugar, el perdón implica tratar de limpiar la conciencia. Y ahora, aquí está Dannah Gresh con el número 3.

Dannah: Perdonar es cancelar una deuda que se te debía. Tal vez tu jefe te engañó con tu pago. Tal vez tu madre te abandonó, y eso estuvo mal. Tal vez tu esposo te fue infiel. Tal vez una amiga te robó y está en deuda contigo.

Pero la Biblia nos presenta una imagen en Mateo 18: 21–35, de lo que es ser alguien a quien Cristo le ha perdonado mucho y que luego camina con falta de perdón en su corazón. Cuenta la historia de un criado que le debe el salario de veinte años a su amo, y el amo le dice: «Esta es una deuda que nunca podrás pagar, así que te perdono».

Y justo ese mismo día, ese criado se encuentra con alguien que le debe, y bueno, Nancy menciona en su libro Escoja perdonar, que le debía cien días de salario –no tanto como el salario de veinte años– pero este hombre no lo perdona, y arroja en la cárcel a esa persona que tenía esa pequeña deuda con él.

Y la Biblia dice que el amo se enfurece cuando escucha la noticia. Así que regresa y le dice: «Yo te perdoné el salario de veinte años, ¿y tú lo metes a la cárcel por el salario de cien días? ¿Eso es lo que vas a hacer con el perdón que te di en lugar de transmitirlo?»

¡No seas así! Si Tú, oh Señor, mantuvieras un registro de los pecados, ¿quién podría soportarlo? Pero en ti hay perdón. Pasa el perdón. Pásalo.

Existen las deudas, pero las puedes cancelar a través del perdón. Perdonar es reconocer esa justicia, la retribución es trabajo de Dios, no mío. Cuando elijo perdonar, digo: «Dios, no es que esa persona ya no deba nada, sino que eres Tú quien decide el valor de la deuda. Ese ya no es mi trabajo».

Déjame decirte cuál es tu trabajo, y está en Romanos 12:17–19. Allí dice: «Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres».

Di: «La paz es mi trabajo»

Y luego dice: «La venganza le pertenece al Señor». ¡No te confundas! Tu trabajo no es la venganza, ese es trabajo de Dios. El perdón reconoce el trabajo de Dios. Deja que Él haga su trabajo. La descripción de su puesto de trabajo es mucho mejor de lo que la tuya jamás será. 

El perdón (para las mujeres casadas esto es importante) es aceptar que la persona que te lastimó no tiene la capacidad de sanarte. Hermanas, volvemos locos a nuestros esposos cuando les pedimos que sean nuestros sanadores.

¿Sabes lo que me pasé haciendo el primer año de matrimonio? (¿Mencioné que fuimos una pareja de muchos conflictos?) Bueno, también somos una pareja muy divertida, una pareja muy amorosa, muy aventurera. Todo es de a mucho. Recuerdo ese primer año… Sabes, es así como cuando tienes una pelea con tu esposo y lo dejas en la habitación, en la oscuridad, para que se sienta miserable.

Entras en la otra habitación y permaneces despierta, esperando que él suba en su caballo blanco, como un héroe. ¡Oh, tú también lo has hecho! Pero, él no lo hace. Esperas quince minutos. Esperas treinta minutos. Esperas cuarenta y cinco minutos. Esperas una hora.

Y luego piensas: Bueno, iré a la habitación y lo ayudaré. Si estoy allí, él dirá: «Lo siento mucho, cariño». Y entras a la habitación con el melodioso sonido de los ronquidos. ¿Verdad?

Un día empecé a madurar, y… en lugar de caminar hacia la otra habitación, dije: «Jesús, en este momento estoy herida. No creo que mi esposo esté supuesto a ser mi sanador, pero ¿puedes ayudarnos a sanar? ¿Serías Tú nuestro Sanador?»

Soy la perdonadora de mi esposo. Él es mi perdonador. Pero yo no soy su sanadora, y él no es el mío.

Parte de perdonar es aceptar que debes lidiar con el daño que se te ha causado.

Okay, ¿ves esas puertas allá atrás, en la parte trasera del edificio? Digamos que estás de pie, del otro lado de la puerta. Y yo estoy tan entusiasmada con lo que Dios está haciendo aquí que quiero salir corriendo y gritar y contarles a todos.

Así que cierro la puerta de un golpe, y tu hermoso rostro está allí para encontrarse con el metal. Tu nariz está sangrando. Tu ojo está llorando. Y te veías tan linda justo antes de que te golpeara. Y me disculpo, «lo siento mucho, lo siento mucho»; y me perdonas.

¿Te sigue sangrando la nariz? ¿Todavía te llora el ojo y mañana tal vez esté negro y azul? ¿Tal vez tu nariz está rota? No puedo ir al hospital por ti. Por mucho que lo sienta, el daño –aunque me sienta realmente mal por ello– eres tú quien tendrá que lidiar con esa herida.

La persona que necesitas perdonar no puede reparar el daño en tu corazón. ¿Quién puede? ¿Quién puede?

Isaías 53:5, «Por sus heridas somos sanados. Por sus llagas fuimos curados».

Mujer casada, libera a tu esposo. No lo hagas tu sanador. No hagas que repare tu daño. Él puede ser parte de esto en el momento adecuado, pero a menos que inicies con Jesús, nunca funcionará.

Déjame decirte algo importante—¿estás lista? Hermanas que tienen algún problema con una amiga en la iglesia, el perdón no exige que quienes me lastiman deban ser odiados por aquellos que están de mi lado o a mi favor. (Adelante. Escríbelo. Yo sé. Alguien me dijo eso una vez. Lo estoy transmitiendo).

El perdón promete nunca volver a mencionar ese pecado para controlar o lastimar a esa persona. (¿Tengo que decir eso otra vez? Bien, lo haré). El perdón promete nunca volver a mencionar ese pecado para controlar o lastimar a esa persona.

En su libro Escoja Perdonar, Nancy llama a esto «presionar el botón de eliminar».

Cuando finalmente tuve el valor de confesarle mi pasado a mi esposo, esperaba su rechazo. Esperaba más vergüenza. Pero descubrí que es cierto lo que dice Santiago 5:15, «confiesen sus pecados unos a otros, y serán sanados». En sus brazos me sentí perdonada por primera vez. Sentí el perdón de Dios. Él fue los brazos y la voz de Jesús al afirmar mi perdón. Y en treinta años de matrimonio, ni una sola vez ha usado mi pecado como un arma contra mí. Él es un gran perdonador.

Hoy estoy ante ustedes, en parte porque mi esposo es un gran perdonador que Dios utilizó para darme el valor de ser transparente. Qué cosa tan hermosa darle ese regalo a alguien. ¿Qué pasaría si le dieras ese regalo a tu ofensor? ¿Cómo sería su vida?

Esto es el perdón. Ahora, ¿qué no es el perdón?

Perdonar no es minimizar o hacer pequeña la ofensa de la deuda que estás cancelando. De hecho, en todo caso, no es perdón si no reconocemos lo que realmente es. No podemos minimizarlo.

Mientras oro con mujeres, uno de los casos en los que somos más tentadas a minimizar el perdón es cuando oramos por perdón, por el daño que nuestros padres nos han causado. Decimos cosas como:

«Ellos hicieron lo mejor que pudieron»

«Ellos tenían peores padres que yo»

«Hicieron según lo que sabían en ese momento»

¿Sabes a qué animo a las mujeres cuando oro con ellas a través del perdón, sin importar de quién se trate? Les digo –y esta es la palabra que uso– «chica, tenemos que vomitarlo todo».

Esa no es una imagen muy bonita, ¿verdad? No muy de una dama así como yo que estoy aquí parada con mi vestido. Pero tiene que salir de ti. Perdonar es sacarlo de ti. Si vas a cancelar la deuda, debes sacarla.

Y entonces digo: «Escucha, solo quiero que te tomes un minuto, y vas a decir, «elijo perdonar a ____ (y pones el nombre)». Y luego, lo que sea que el Espíritu de Dios, cualquier recuerdo que el Espíritu de Dios traiga a tu mente, solo dilo en voz alta: «Los perdono por haberme abandonado. Los perdono por avergonzarme. Los perdono por esa noche de mayo del 2006, cuando esperaba que vinieran a buscarme y que me recogieran después de la escuela, y no vinieron durante tres horas porque me olvidaron». Y que seas tan real como puedas ser.

Y me siento allí, como si estuviera sosteniendo espiritualmente un recipiente para ellas mientras lo vierten todo. Y luego digo: «Muy bien, dulce niña, ¡eso fue bueno! Estoy sacando la basura. El trabajo está hecho».

Pero no puedes minimizar el dolor. Tienes que usar las palabras reales.

Perdonar no es olvidar. No sé tú, pero yo no tengo un mar de olvidos como lo tiene Dios. ¿Tú tienes uno?

Mientras miraba las notas de Nancy acerca de esto, ella escribió lo más dulce, y me encanta. Ella escribió:

«Si olvidamos todos los errores cometidos contra nosotras y todo el dolor que hemos experimentado, no seríamos misericordiosas ni empáticas con aquellos que también están experimentando ese dolor. Verás, no tenemos que olvidar. Y recordar, si el recuerdo está cubierto y vestido con perdón, nos da misericordia y empatía para ayudar a aquellos que todavía están trabajando con el perdón».

¿No es hermoso?

Otra cosa que el perdón no es, es esto: un evento de un momento, ojalá lo fuera. Desearía poder decir: «Elijo perdonar a ____ (completa el espacio en blanco)», y ya está hecho. Pero la mayoría de las veces, he descubierto que el enemigo dice: «Eh, no tú no… en realidad no lo hiciste, ¿verdad? ¿Por qué lo harías? ¡Mira lo que hicieron hoy!» Y él siembra cizaña. . .

Entonces, lo que elijo hacer es recordar. Elegí el perdón, y lo estoy eligiendo ahora mismo. Puede que aún no lo sienta, pero lo haré un día en el futuro, ¡y se sentirá genial!

El Señor me recordó, mientras preparaba estas notas para ustedes, el hecho de que recientemente he estado luchando (no recientemente, recientemente, como hoy, pero no hace mucho) con amargura en mi matrimonio. Y ni siquiera sabía, realmente, que era amargura. No lo entendía. Solo sabía que había una parte de mí que dolía por algo pasado que no se había solucionado.

Esa palabra amargura seguía corriendo por mi mente. Y pensé, no creo que sea una persona amargada. Eso suena tan horrible. Por favor, dime, Señor, que no estoy amargada. Pero tenía mi oído sintonizado con esa palabra para que el Señor me enseñara…

Escuché un mensaje de un pastor que dijo: «Déjenme decirles cómo se muestra la amargura: se muestra como una falta de compasión y amabilidad».

Y me di cuenta que cuando se trata de las cosas grandes, soy buena para perdonar. Pero cuando se trata de que mi esposo deje sus calcetines en medio del piso de la sala, no tengo compasión. Me enojo y soy muy cruel. Y el Señor me estaba mostrando que estaba cubierta de amargura.

He aquí la ironía, es lo que quedó de un período de tiempo doloroso por el que atravesamos, donde ambos necesitábamos extendernos mucho perdón el uno al otro. Durante ese período de tiempo caminé con un pequeño fichero con versículos bíblicos, mientras el Señor me daba instrucciones sobre cómo responder a mi esposo y cómo orar por él; y mientras el Señor estaba trabajando en él, estaba trabajando en mí también.

El primer versículo de la Biblia en esa pila fue Hebreos 12:15. Estaba orando por Bob porque él era tan pecador y todo… Dice: «Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados».

Imagina mi sorpresa cuando el Señor me dijo: «¡Mujer, no orabas por él! ¡Estabas orando por ti! Eras tú quien Yo no quería que dejara de alcanzar Mi gracia. Eras tú quien Yo no quería que cayera en la amargura. ¡Y aquí estás! ¿Qué vas a hacer al respecto?»

¿Sabes qué le dije? Le dije en voz alta: «Elegí el perdón, y lo estoy volviendo a elegir ahora mismo. No sé cómo funciona, pero, Señor, enséñame».

El perdón es un evento seguido de muchos otros eventos a medida que trabajas en él. Date gracia. Cuando te encuentres a ti misma diciendo esos discursos en tu cabeza, ve al Salmo 7. Léelo y repite: «Este es un evento y un proceso continuo».

Y aquí está la cuarta cosa que quiero decirte acerca del perdón: el perdón es realmente difícil. Sé que esto es súper teológico, y probablemente apenas puedas entender lo que dije. Así que déjenme decirlo nuevamente: el perdón es realmente difícil. ¿Cuántas de ustedes están de acuerdo en que eso es cierto? Es difícil.

Tengo una amiga con la que he estado trabajando durante dos años que fue abusada profundamente por dos miembros de su familia— emocional, física y sexualmente. He estado tratando de orar por ella durante el proceso de sanidad, pero ella sigue atascada con el perdón. Y entiendo, porque es difícil. Pero esto es lo que sé.

Tienes que perdonar incluso a la persona que abusó de ti. No porque él o ella lo merezcan, sino porque quiero, amiga mía, que seas libre del control que esto ejerce sobre ti. Quiero que ella sea libre. Ese abusador no merece controlar su vida, y ella merece libertad.

Y estoy emocionada porque nos estamos acercando. Ha sido duro. ¡Ha sido un trabajo duro, pero ya casi llegamos! Está a punto de abrirse paso. Y cuando ella elija el perdón, la sanidad va a brotar en su vida. El perdón es difícil.

Y quiero resaltar aquí que todo esto no es natural. Es natural para mí querer ser libre. No es natural en mí perdonar a las personas que contribuyeron a mi falta de libertad, mi dolor y mi esclavitud.

Ayer conocí a una mujer que se llama Crystal. Entró en mi habitación de hotel para ayudarme a prepararme para el evento, y la alegría explotó por todas partes. Es una persona muy feliz.

Mientras me ayudaba, comenzó a contarme más sobre su historia. Me sorprendió descubrir lo dolorosa que era. ¿Cómo podría tal gozo venir de una mujer que ha experimentado tanto dolor?

Me dijo que a los doce años de su matrimonio ella conducía junto a su esposo, y unos desconocidos le dispararon. Ella, por supuesto, se recuperó. Su esposo recibió un disparo, y ella usó estas palabras: «Le dispararon a muerte». Ella perdió a su esposo después de doce años de matrimonio. A sus dos niños pequeños, de seis y ocho años, también les dispararon. Uno de ellos tiene una condición de por vida como resultado.

Y mientras escuchaba esta tragedia, dije: «¿Cómo tienes tanto gozo?»

Y ella dijo cosas como: «Tuve doce hermosos años de matrimonio». Y simplemente continuó explicando cuán maravilloso fue su esposo, cuán maravilloso fue su matrimonio, qué regalo fueron esos doce años.

Y luego continuó diciendo: «Tengo tanta empatía por las personas que sufren».

Y luego, con la voz más dulce, como si me estuviera diciendo: «Hoy brilla el sol», dijo, «esa es la belleza en esto, ¿no?»

Dije una vez más: «Necesito entender algo, ¿cómo puedes tener tanto gozo?»

Ella dijo: «Los perdoné, los perdoné. El gozo surgió de mi decisión de perdonarlos. Esa es la belleza de esto».

Me pregunto si hoy podríamos encontrar la belleza del perdón. Creo que si ella lo hizo, bueno, mis batallas no son tan difíciles como las que ella enfrentó. Mi dolor no ha sido tan profundo. Mi pérdida no es tan grande. Y si ella puede caminar en la belleza del perdón y sentir gozo y obedecer a Dios en esa tarea, tú y yo también podemos.

¿Sabes cuál es el secreto? Ella dijo: «No podía hacerlo, así que le pedí a Jesús que lo hiciera a través de mí».

Verás, el perdón no es natural. Es sobrenatural. Si no confías en el Espíritu Santo para hacerlo a través de ti, nunca podrás hacerlo.

Entonces, ¿qué tal si tomamos un tiempo hoy y le pedimos ayuda y encontramos la belleza del perdón?

Nancy: Has estado escuchando un mensaje de Dannah Gresh. Ella lo enseñó en la primera conferencia de Revive Our Hearts para Sudáfrica.

Y Dannah, en ese punto de la conferencia tomamos un tiempo adicional para guiar a las mujeres a través de un proceso de: «¿Cómo perdonas? ¿Cómo trabajas con las heridas de tu pasado?»

Sé que algunas que han estado escuchando este mensaje hoy. están pensando, quiero que se responda esa pregunta. No estoy segura de cómo experimentar esto.

Dannah: Sí, ¿cómo lo haces? 

Bueno, si has pensado en alguien a quien necesitas perdonar, probablemente tengas trabajo que hacer y probablemente no tengas ganas de hacerlo. Probablemente sientes como que hemos presionado una herida. Pero, te prometo, cuando Dios hace esto, es para que esa herida pueda sanar.

Entonces, Nancy, te levantaste y guiaste a esas mujeres paso a paso a través de ese proceso. Y queremos poner a tu disposición algunos recursos para que tú también puedas hacer lo mismo. Así que, en nuestra tienda en línea, en AvivaNuestroscorazones.com tenemos disponible el libro Escoja perdonar.

Y también algunas series de programas que hemos transmitido y otros recursos que podrían ayudarnos a trabajar con esto del perdón.

Nancy: Sí, tenemos muchos recursos disponibles en AvivaNuestrosCorazones.com.

Y en la primera parte de este mensaje del día de ayer, Dannah les pidió a las mujeres que se pusieran de pie si había alguien a quien necesitaban perdonar. Tal vez si hubieras estado en ese lugar, habrías sido una de esas mujeres que se pusieron de pie. Y tal vez en tu corazón sabes en este momento, «hay alguien a quien necesito perdonar».

Dannah y yo solo queremos animarte, no trates de ahogar esa convicción, ese sentir del Espíritu trabajando en tu corazón en medio del ajetreo, de las cosas que tienes que hacer. Detente. Haz una pausa. Tómate el tiempo para acercarte al Señor y dile: «Señor, ¿me darías la gracia para caminar en el proceso de perdonar?», (y Él lo hará). 

Dannah, una de las cosas que he visto que el Señor hace tan bellamente una y otra vez a través de Aviva Nuestros Corazones, es ayudar a las mujeres a caminar hacia una nueva libertad –una vida completamente nueva– como resultado de estar dispuestas a extender la gracia en el perdón que ellas han recibido del Señor.

Dannah: Sí.

Nancy: Tenemos historias asombrosas y preciosas sobre el poder del perdón y de cómo Dios ha usado este mensaje para liberar a muchas mujeres.

Dannah: Realmente las hay. Sabes, Nancy, nada de esto sería posible sin el apoyo de nuestras oyentes, que ven a Dios obrar a través de este ministerio y quieren involucrarse, compartir los recursos, orar y dar.

Nancy: Sí. Estoy muy agradecida. Y le pedimos al Señor que provea para que podamos seguir ayudando a más mujeres a experimentar el poder y la libertad de Cristo en sus vidas a través de la gracia del perdón, para que podamos seguir compartiendo con mujeres de todo el mundo las verdades que dan vida, como esta acerca el perdón que realmente libera a los cautivos.

Dannah: Espero que mañana nos acompañes para el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Escogiendo perdonar juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Nancy: Y recuerda que la lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 1 Crónicas capítulos 28 y 29.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Libre En Ti, Iglesia Cristiana Oasis, El Misterio de Tu Amor, ℗ 2015 Iglesia Cristiana Oasis.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Colabora con nosotras

Tenemos el privilegio de proporcionar las transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor ha usado Aviva Nuestros Corazones para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos y expander el mensaje?

Donar $5

Sobre el maestro

Dannah Gresh

Dannah Gresh

Dannah Gresh es la autora del libro más vendido “Y la Novia Viste Blanco” y coautora con Nancy DeMoss Wolgemuth de “Mentiras que las Jovenes creen y la Verdad que las hace Libres”. Es nacionalmente buscada para dar conferencias a jóvenes y es respetada como líder en el movimiento de abstinencia basado en la fe para combatir el VIH/SIDA a nivel mundial. Ella es invitada frecuente a programas como Family Life Today, Midday Connection y The 700 Club.

Únete a la conversación