Podcast Aviva Nuestros Corazones

La bendición de las espinas, día 1

Carmen Espaillat: Hoy en Aviva Nuestros Corazones...

Bárbara: Oh, están grandiosas. Están perfectas….

Mujer 1: Pero...¿No les falta algo?

Bárbara: No.

Mujer 1: Pero no hay ninguna flor, ¡son solo son tallos!

Bárbara: Bueno, es cierto, pero supongo que eso hace lo especial tan especial. ¡Feliz día de Acción de Gracias!

Mujer 1: ¡Pero… ella se fue sin una sola flor!

Vendedora: Están así querida, porque yo las corté todas. Lo he llamado el ramo de espinas para el Día de Acción de Gracias.

Mujer 1: ¡¿Alguien realmente pagaría por esto?!

Vendedora: Alguien que realmente quiere ser agradecido.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos escuchado que debemos detenernos a oler las rosas, o tenemos un instinto para hacerlo, pero ¿alguna vez se te ha dicho que te detengas para apreciar las espinas?

Bueno, durante esta semana, muchas pensamos en el Día de Acción de Gracias, y creo que esta serie que comenzamos hoy nos ayudará a tener una perspectiva muy útil sobre la gratitud.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Estoy de acuerdo, Carmen. Hoy escucharemos algo un poco diferente. Es una historia que ilustra ese pasaje en 1 de Tesalonicenses 5 que dice: «Estad siempre gozosos… dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tes 5:16-18).

Esta es la historia de alguien que verdaderamente decidió que realmente iba a dar gracias en todo. Recuerdo que esta historia me conmovió mucho la primera vez que la leí y pienso que será de gran aliento para muchas mujeres que hoy se encuentran abrumadas por las circunstancias de la vida.

Carmen: Escuchemos «Un ramo de espinas».

(Suena el teléfono)

Mujer 1: Hola.

El esposo de la Mujer 1: Hola, ¿cómo estás?

Mujer 1: Tan bien como puede esperarse. ¿Cómo te fue en la reunión?

Esposo 1: Bueno, parece que hay muchas posibilidades de que nos mudemos otra vez.

Mujer 1: Pero, ¿Cómo así? ¿Estás bromeando? O sea, ¡esta será como la tercera vez que nos mudamos en cuatro años ¡como si yo necesitara algo más de que preocuparme en este día!

Esposo 1: ¿Te pasó algo malo hoy?

Mujer 1: Te cuento que llamó mamá diciendo que no podrá venir a la cena de Acción de Gracias.

Esposo 1: Que pena, lo lamento. Bueno, supongo que seremos solo nosotros dos.

Mujer 1: Bueno, yo pienso que deberíamos olvidar esta celebración.

Esposo 1: Has estado pensando mucho en… ¿tú sabes?

Mujer 1: Claro, ¿te acuerdas que día es hoy, verdad?

Esposo 1: ¿Hoy hubiera nacido?

Mujer 1: Sí.

Esposo 1: Lo siento.

Mujer 1: Por lo visto no lo sientes lo suficiente como para haberlo recordado. No eres mejor que Kim.

Esposo 1: ¿Qué hizo ella?

Mujer 1: Ella me dijo que quizás Dios permitió el accidente y la pérdida para que yo pudiera sentir compasión por otras personas que puedan estar pasando por lo mismo. ¿Tú lo crees así?

Esposo 1: Bueno.

Mujer 1: Tengo que irme, estoy en la floristería, trataré de alegrarme el día aunque sea un poquito.

Esposo 1: Ok, nos vemos luego.

Mujer 1: Adiós.

Vendedora: Oh, ¿hace frío afuera?

Mujer 1: Está helado.

Vendedora: ¿Qué puedo hacer por ti?

Mujer 1: Solo quiero un ramo para llevarlo a la casa.

Vendedora: Bueno, tenemos algunos ramos de flores sencillos, pero para los clientes más arriesgados tenemos el especial de Acción de Gracias.

Mujer 1: Este año no estoy de ánimos para celebrar ese día.

Vendedora: ¿Y por qué?

Mujer 1: Bueno, parecería que todo lo que podía salir mal en el día de hoy, ha salido mal. 

Vendedora: Entonces, definitivamente puedes usar este ramo especial.

(Se abre la puerta)

Bárbara: Hola señoras.

Vendedora: Oh, de hecho, Bárbara también pidió el especial esta mañana.

Bárbara: Es el tercer año de seguido ¿cierto?

Vendedora: ¿Quieres verlo?

Bárbara: Oh, están grandiosas. Están perfectas.

Mujer 1: Pero...¿No les falta algo?

Bárbara: No.

Mujer 1: Pero no hay ninguna flor, ¡son solo los tallos!

Bárbara: Bueno, es cierto, pero supongo que eso hace lo especial, tan especial. ¡Feliz día de Acción de Gracias!

Mujer 1: Pero...¡Ella se fue sin una sola flor!

Vendedora: Están así porque yo las corté todas. Lo llamo el Ramo de Espinas de Acción de Gracias.

Mujer 1: ¡¿Alguien realmente pagaría por esto?!

Vendedora: Alguien que realmente quiere ser agradecido.

Mujer 1: Pero ¿Por qué?

Vendedora: Bueno, todo el tiempo las personas dan gracias por las flores, pero las flores no serían tan especiales sin las espinas. Este ramo les recuerda a las personas ser agradecidos por todo.

Mujer 1: Ok, ¿cómo se te ocurrió esta idea?

Vendedora: Bueno, hace tres años yo iba a pasar mi primer Día de Acción de Gracias sola, mi esposo había muerto y yo no tenía a nadie.

Mujer 1:  Lo siento mucho, ¿qué hiciste?

Vendedora: Bueno, oré mucho y decidí darle las gracias a Dios aun cuando no sentía ganas de hacerlo. Cuando miro hacia atrás aun me siento agradecida. Claro que extraño a mi esposo pero he aprendido a confiar más en el Señor.

Pienso que he madurado y he aprendido a ser más compasiva. La Biblia dice que nosotros recibimos el consuelo de Dios para que podamos pasarlo a otras personas.

Mujer 1: Mi amiga me estaba diciendo lo mismo esta mañana.

Vendedora: Por eso hice mi primer Ramo de Espinas para el Día de Acción de Gracias, esto me recuerda a estar siempre agradecida.

Mujer 1: No creo que pueda estar agradecida de esta forma.

(Se abre la puerta)

Vendedora: Hola, Phil.

Phil: Hola. Mi esposa me pidió que recogiera el ramo usual para el Día de Acción de Gracias, sabe cuál es, doce tallos largos con sus espinas.

Mujer 1: ¿Te molestaría si te pregunto por qué tu esposa quiere algo así?

Phil: No, de ninguna manera. De hecho, me gustaría poder decírselo a todo el que quiera escuchar. Hace cuatro años mi esposa y yo teníamos muchos problemas en nuestro matrimonio, estuvimos al borde del divorcio y sabíamos que necesitamos algunos cambios.

Ocurrió que vine a esta floristería y fue cuando supe sobre el Ramo de Espinas del Día de Acción de gracias. Me pareció algo casi perfecto para nosotros.

Sé que esto parecería una locura, sin embargo, ese día lo que hicimos fue nombrar cada tallo con uno de los problemas con los que estábamos lidiando en nuestro matrimonio. Oramos y le pedimos al Señor que utilizara cada uno de estos problemas para acercarnos a Él y para acercarnos a nosotros mismos.

Mujer 1: Bueno, esto es algo que suena muy interesante

Phil: Gracias, de hecho, te lo recomiendo.

Vendedora: ¿No es esto grandioso?

Mujer 1 (llorando): Todo esto suena muy bonito, pero ustedes no pueden entender todo lo que me ha pasado en este día.

Vendedora: Oh, cariño, toma (le pasa un kleenex). Estás en lo cierto, no lo entiendo. Pero hay alguien que sabe exactamente todo lo que estás pasando, Él llevó una corona de espinas para mostrarte cuanto te ama.

Mujer 1: (todavía llorando): Bien, en comparación con lo que Cristo pasó, lo mío no suena tan malo.

Vendedora: No. Entonces, ¿qué me dices, te envuelvo unos cuantos tallos?

Mujer 1: Bueno, esta idea me gusta cada vez más.

Vendedora: Aquí tienes la tarjeta que va con el ramo, quizás quieras leerla.

«Querido Dios, te he dado las gracias más de mil veces por mis flores pero ni una sola vez por mis espinas. Enséñame a valorar mis espinas; enséñame la gloria de la cruz que me ha tocado llevar. Muéstrame que me he acercado más a Ti a través de este camino de sufrimientos. Muéstrame que a través de mis lágrimas los colores de Tu arcoíris se ven más brillantes».

(Suena el teléfono)

Esposo 1:  Hola.

Mujer 1: Hola, estoy de camino.

Esposo 1: Ok. De verdad siento mucho haber olvidado qué día era hoy.

Mujer 1: No, no, siento mucho todo lo que ha pasado y me encantaría celebrar el Día de Acción de Gracias contigo.

Esposo 1: ¡Eso es un alivio! Tenemos que hablar sobre esto cuando llegues a casa.

Mujer 1: Ok. Tengo que contarte sobre una extraña floristería. Nunca podrás adivinar lo que estoy llevando a la casa.

Carmen: Cuando somos agradecidos esto cambia nuestra perspectiva sobre muchas cosas. Hemos estado escuchando una historia llamada, «Un ramo de espinas».

Nancy, pienso que muchas mujeres se pueden relacionar con el personaje central de esta historia, esta mujer se encontraba abrumada por las cosas de la vida.

Nancy: Carmen, nosotros recibimos cantidad de cartas y correos electrónicos sobre mujeres que están pasando por situaciones increíblemente duras.

Ahora, me gustaría tomar un momento para orar por aquellas personas que hoy se están enfrentado a situaciones en las cuales les parecería imposible dar gracias. Por favor, oren conmigo:

Señor, pienso en algunos de los correos electrónicos que he recibido últimamente de algunas personas que nos escuchan y que están atravesando por situaciones monumentales en sus vidas.

Gracias porque Tú no siempre remueves las espinas. Algunas veces permites que las soportemos y que caminemos por esos valles difíciles y oscuros en nuestras vidas. Sin embargo, te damos las gracias porque Tú puedes, en medio de esas espinas, darnos la perspectiva, la paz, el consuelo y la gracia, hecha a nuestra medida, exactamente como la necesitamos en medio de esa situación.

Señor, muchas de nosotras te hemos dado gracias por las rosas; te hemos dado las gracias por las cosas buenas. Sin embargo, nunca te hemos dado las gracias por las espinas, por las cosas difíciles. Gracias Señor, porque Tú puedes tornar nuestras espinas en una bendición.

Oh, Señor, oro para que todas aquellas personas que nos escuchan en el día de hoy que están luchando con espinas en sus vidas estén dispuestas, en un acto de fe, a decir, «Señor, gracias, te bendigo aun por las espinas».

Y es mi oración que cuando ellas hagan esto, Tú Te reveles a Ti mismo; que les des Tu gracia y Tu paz. Oro en nombre de Jesús, amén.

Carmen: El Día de Acción de Gracias no es un día más en el calendario. Es una actitud del corazón. Nancy DeMoss de Wolgemuth ha modelado esta clase de actitud para nosotras. Para escuchar nuevamente este programa visítanos en, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también podrás leer la transcripción del programa y compartirlo con tus amigas.

Espero que tu corazón haya sido movido con esta historia. Ahora, Nancy alimentará tu espíritu con la Palabra de Dios al estudiar, La Bendición de las Espinas.

Nancy: George Matheson es un nombre que a lo mejor no suene conocido para muchas de ustedes. Era un predicador escocés del siglo XIX, conocido por su himno, «Amor que no me dejará».

Cuando él se encontraba al final de su adolescencia comenzó a perder la vista y, a la edad de 20 años, quedó completamente ciego. Cuando George Matheson se encontraba en este proceso de perder la vista, entendió lo que todos tenemos que aprender:

Es muy fácil alabar a Dios cuando todo está bien, cuando disfrutas de buena salud y el sol está brillando, cuando tienes dinero en el banco y tu pareja está loca por ti, cuando tus hijos responden a tu liderazgo.

Pero él aprendió que es más fácil alabar a Dios cuando las cosas están bien que cuando las cosas están mal. En la medida que él perdía la vista luchó con eso por algunos meses (así como te puedes imaginar que lo haría cualquiera de nosotras); pero finalmente llegó al punto donde pudo orar esta oración que ha sido de tanta bendición y de tanta ayuda para muchos creyentes a través de los años. Él dijo: 

«Querido Dios, nunca te he dado las gracias por mis espinas. Te he dado gracias mil veces por mis rosas, pero nunca por mis espinas. Muéstrame la gloria de la cruz que me ha tocado llevar. Enséñame a valorar mis espinas».

En esta serie quiero hablar sobre una forma radicalmente diferente de ver la vida, una forma de pensar y de vivir radicalmente diferente. Cuando estaba preparando esta serie me di cuenta de que difícilmente podía pensar en alguien conocido, incluyéndome a mí misma, de que viva consistentemente con esta forma radical de ver la vida.

Pensé en Joni Ereckson Tada quien, a través de grandes sufrimientos y espinas, ha llegado a tener un espíritu agradecido. He estado con ella en numerosas ocasiones y la he escuchado irrumpir en himnos de adoración y de alabanza.

Pensé en el Dr. Bill Bright, fundador de Cruzada Estudiantil para Cristo, quien adoró al Señor hasta su último aliento.

Pensé en algunas personas, pero no pude pensar en muchas que consistentemente agradecieran al Señor por sus espinas; personas que tomaron la decisión de mostrar gozo en medio de la aflicción.

Es fácil agradecer a Dios por sus bondades, por sus bendiciones obvias. Pero no tan fácilmente, o de forma natural, tendemos a agradecer a Dios por nuestros problemas, nuestras angustias, tristezas y nuestras pruebas.

Quiero retarte, así como Dios me ha estado retando a mi en la medida en que trabajo en esta serie, a que comiences a ver las espinas, las aflicciones, los dolores de cabeza, las angustias, los problemas, bajo una perspectiva totalmente diferente, desde la perspectiva de Dios, desde una perspectiva eterna. Entonces comenzarás a darle las gracias a Dios por ellas; a considerar esas espinas como bendiciones y a ver el propósito y la mano de Dios al traerlas a nuestras vidas.

Ahora volvamos atrás, al comienzo de nuestra historia, porque estas espinas no estaban en el plan original de Dios para Su creación. Debemos ir atrás al libro de Génesis, para que veamos como las espinas vinieron a la existencia.

Estas fueron introducidas cuando el pecado entró al mundo. Cuando Dios creó la tierra, cuando creó al hombre y a la mujer no existían espinas. No había aflicción, no había decepción, ni angustias, ni sufrimientos.

Es entonces cuando llegamos a Génesis 3. Después de que el hombre y la mujer desobedecieron la voz Dios y escogieron su propio camino, Dios viene a ellos y les dice: «Voy a tener misericordia de ustedes, voy a extenderles mi gracia. Todavía hay esperanza. Existe un plan de redención disponible. Pero habrá consecuencias por las decisiones que han tomado».

Leemos en Génesis 3:17: «Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa, con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida».

Dios ya le había hablado a la mujer diciéndole: «Multiplicaré tu dolor en el parto (v. 16). ¡Todas las madres saben que esto es verdad!

Al hombre le dijo: «con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra» (vv 17-19).

A medida que el libro de Génesis se nos revela, vemos el dolor, la tristeza, la aflicción, los conflictos y las espinas; literalmente, espinas y abrojos en la tierra. Así también como relaciones dolorosas, problemas espinosos, situaciones que nos hieren; estas son las consecuencias inevitables del pecado.

Todos tenemos que lidiar con ello. Dios nos dice que así serán todos los días de nuestra vida. Nadie puede evadir las espinas, seas creyente o no.

Las espinas y las aflicciones no son solamente para aquellas personas que no conocen a Dios. También son para los creyentes. Todo el que vive en esta tierra tiene que afrontar adversidades, pruebas y aflicciones.

Todos tenemos algo diferente. Lo que es una espina para mí puede que para ti no lo sea. Lo que se te clava como una espina, puede que para mí no sea ningún problema.

Estas espinas, aflicciones y pruebas, a veces son solo una pequeña astillita, como las espinas. Y las astillas, aunque sean pequeñas, pueden causar una gran irritación.

Pequeños contratiempos que nos llegan en el transcurso del día: como cuando el sol decide no salir por toda una semana. Si vives en Michigan, como yo, esto no es algo inusual.

Una gotera en la casa. Tropezaste y te rompiste el tobillo. No puedes conectarte al internet. Nada de eso es el fin del mundo, pero son contratiempos.

Pero algunas veces estas aflicciones son mayores: un dolor físico crónico, una debilidad o una limitación. Pienso en algunas de las mujeres que nos escriben y nos cuentan de las vicisitudes que pasan con sus esposos inconversos, el dolor y el problema que esto es.

Puede que tengas un niño con necesidades especiales. Los problemas no van a desaparecer. Por años, y años, y años tendrás que vivir con esta espina.

Tienes un hijo adulto que no está caminando con el Señor y está tomando decisiones erradas. Esta es una gran espina.

O nuestro cónyuge tiene adicción a la pornografía. Puede ser un esposo que no trabaja y tu familia está bajo una presión crónica y estrés. Problemas y pérdidas financieros. Estas son espinas mayores.

Pues bien, ya sean pequeñas astillas, o grandes aguijones, estaremos hablando de circunstancias que son crónicas, recurrentes y prolongadas. ¿Cómo pueden ser bendición estas cosas que nos hieren; que nos causan dolor; que nos oprimen?

Hay dos palabras griegas en el Nuevo Testamento que son traducidas como aflicción, persecución o tribulación. Estas palabras están relacionadas entre sí y son utilizadas 55 veces en el Nuevo Testamento.

La palabra thlipsis es una de estas. Parecería que se escapa de nuestros labios. Significa «aflicciones, persecuciones». Esta palabra significa «exprimir algo», como lo hacemos con las uvas para extraer el jugo.

Esta palabra nos habla de «de oprimir algo con fuerza». Es una palabra que se refiere a «un camino comprimido o difícil, un camino estrecho, lleno de presión, de aflicción y angustia». Esta angustia puede ser causada por circunstancias externas.

Algunas veces esta palabra thlipsis, aflicción, espina, presión, es utilizada en lenguaje figurado para referirse a un estado mental o espiritual. Una aflicción en el sentido espiritual, relacionada a las cosas internas del alma. Ni siquiera puedes explicarla, es como un peso que oprime tu corazón, pero lo sientes.

Ya sean circunstancias externas o cosas que vienen desde lo profundo de nuestro corazón, debemos ver estas espinas y aflicciones desde la perspectiva de Dios y descubrir Sus propósitos.

Y lo que quiero decirte es esto: Él tiene un propósito en las espinas. Como puedes ver, tenemos un Dios redentor quien está en el proceso de hacer todas las cosas nuevas. Él está redimiendo este planeta caído. Dios está redimiendo hombres y mujeres que se encuentran bajo los efectos de la maldición de la caída. Dios está haciendo todas las cosas nuevas.

El hecho de que Dios esté haciendo esto no nos exime de tener que experimentar las aflicciones, pero esto si nos da esperanza.  Nos da algo a qué mirar en el futuro, porque Dios nos ha prometido que un día habrá un mundo sin espinas. 

Si mantenemos nuestros ojos puestos en la meta, nos daremos cuenta de que tenemos algo por lo cual vale la pena esperar. Esto nos da las fuerzas para continuar en ese día donde nuestra vida parecería ser solo tribulaciones; el darnos cuenta de que al final del camino, en un lugar y a una hora que no podemos ver excepto por la fe, allí seremos libres de todas esas espinas y de todas nuestras aflicciones.

Nos daremos cuenta de que algún día podremos mirar hacia atrás y ver que las peores aflicciones que hayamos pasado aquí en la tierra habrán sido realmente lo que Pablo llama «una leve aflicción momentánea».

Yo sé que no parecen muy leves en el momento que estamos pasando por ellas, pero algún día podremos ver hacia atrás y diremos «Dios estaba en lo correcto, fueron pasajeras a la luz de la eternidad». Ellas fueron «una aflicción leve y pasajera» (2 Cor. 4:17), como dice Pablo, «no son dignas de ser comparadas con la Gloria que nos ha de ser revelada». (Rom. 8:18).

¡Tenemos una esperanza futura! ¿Qué debemos hacer ahora?

Confiar en que Dios todo lo puede, aún aquí y ahora, Él puede transformar nuestras aflicciones en algo valioso, provechoso y bueno. Lo que Satanás quiere utilizar para nuestro mal, Dios es poderoso para utilizarlo para nuestro bien, en nuestras vidas y en las vidas de aquellos que le aman y son parte de Su gran plan.

No solo Dios puede transformar nuestras espinas, sino que Dios es poderoso para transformarnos a nosotras a través de ellas. Estas son el medio y el instrumento para prepararnos para una eternidad sin espinas.

De hecho, es imposible que seamos transformadas a la semejanza de Cristo si no estamos dispuestas a llevar las espinas como las llevó nuestro Salvador, quien aceptó llevar una corona de espinas presionada sobre Su frente.

Quisiera leerles otra vez la oración que George Matheson escribió cuando se enfrentó a la pérdida de su visión. Si Dios ha estado trabajando en tu corazón, te exhorto a que hagas de esta oración tu oración personal. Él dijo:

«Querido Dios, nunca te he dado las gracias por mis espinas. Te he dado las gracias mil veces por mis rosas, pero nunca por mis espinas. Muéstrame la gloria de la cruz que me ha tocado llevar. Enséñame a valorar mis espinas. Muéstrame que me he acercado más a Ti a través de este camino de dolor. Muéstrame cómo a través de las lágrimas los colores de tu arco iris se ven mucho más brillantes».

Carmen: El Día de acción de gracias puede ser un día difícil. No me refiero al reto de cocinar un pavo, sino al hecho de mantener una actitud de gratitud en nuestro corazón, aun cuando las circunstancias en que te encuentras parecería casi imposible. Necesitamos la ayuda directa del Espíritu de Dios, y no solo para ser agradecidas en los tiempos difíciles, o en noviembre, sino para tener esta actitud constantemente.

Una oyente que ha experimentado varias espinas en su vida nos escribió,

«Quiero compartirles un hermoso testimonio, hace un mes el Señor comenzó a probar nuestro corazón en mi familia; mi mamá estaba pasando por una situación de enfermedad muy delicada, de principio fueron días de desesperación, de angustia, preguntando el porqué de la situación? Pero luego recordé que he estado orando por un avivamiento personal en mi, creo que era el momento de probar si era cierto mi sentir. El Espíritu Santo trajo consuelo y palabras de ánimo por medio de la Biblia. Estoy siguiendo los programas de radio fielmente todos los días y no tienen idea de lo que Dios ha trabajado conmigo en tantos aspectos de mi vida.
Hoy Dios hizo un milagro en la vida de mi mamá, ¡¡¡ha sanado!!! Su voluntad fue que así fuera y si así no hubiera sido, aún creo que Dios es Soberano y tiene el control de todo.
Otra bendición es que una de mis primas que estaba totalmente renuente a Dios, ha entregado su vida a Cristo y uno de sus apoyos espirituales además de la Biblia son ustedes. ¡¡Me gozo en el Señor!!
Muchas gracias por acercarme más a mi Padre Celestial, desde que les conocí hace más de un año mi vida cristiana ha sido fructífera.
Quiero contar de ustedes por doquier. ¡¡¡Les amo en el Señor!!! ¡¡¡A Él sea toda la honra y toda la gloria!!!»

¡Qué bueno es ver el obrar de Dios en el corazón!

Bueno, quizás tú estás en medio de una situación difícil y aún no ves la luz al final del túnel. Mañana, Nancy te ayudará a entender cómo obedecer el mandato bíblico de estar gozosa. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Cultivando una actitud de gratitud juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.