Podcast Aviva Nuestros Corazones

La bendición de las espinas, día 3

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth para hablar de lo que sucede cuando realmente confiamos en Dios.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Le entregamos nuestra debilidad. Le entregamos nuestro dolor. Le entregamos nuestro sufrimiento. Le entregamos nuestras espinas y nuestra aflicción. Y Dios dice, «a cambio, Yo te daré Mi fuerza, Mi poder, Mi gracia para soportar y para exaltar, para abrazar la cruz, para gloriarte en la cruz».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si te pidiera que escogieras un problema, para eliminarlo de tu vida en este instante, ¿cuál sería? Bueno, ¿por qué Dios, sencillamente, no lo elimina? Nancy te ayudará a pensar en esta pregunta, al continuar en la serie llamada «La bendición de las espinas».

Nancy: Cuando estamos pasando por espinas y aflicciones en nuestras vidas, tendemos a pensar que nosotras sabemos lo que sería bueno, y lo que usualmente pensamos que sería bueno es que Dios eliminará el problema, pero Dios sabe lo que es mejor. Su idea de lo que es mejor y de lo que es bueno es usualmente diferente a nuestra idea de esas dos cosas. Dios sabe lo que realmente necesitamos.

Pienso en ese pasaje en Juan capítulo 11 cuando el querido amigo de Jesús, Lázaro, estaba enfermo y moribundo y finalmente muere. Sus hermanas pensaron que lo que sería bueno, lo que sería mejor en su criterio, era que Jesús hubiera venido y hubiera curado a su hermano para que no muriera.

Pero Jesús tenía algo en mente que en última instancia traería mayor gloria a Dios que simplemente sanar a Lázaro y evitar que muriera; y era resucitarlo de entre los muertos después de su muerte, algo que las hermanas no podían haber imaginado en medio de sus lágrimas mientras estaban en la tumba de su hermano.

Cuando hablamos del aguijón en la carne de Pablo que hemos estado viendo en 2 Corintios capítulo 12, versículo 9, vemos que Dios tenía algo mejor para Pablo que la liberación de su dolor. Dios le dijo a Pablo después de que él le rogó al Señor, que le suplicó que le quitase ese aguijón (y dijimos en la última sesión que está bien pedirle a Dios que quite la espina, que elimine la aflicción), pero en este caso Dios le dijo a Pablo, «Te basta mi gracia». «Tengo algo mejor para ti, algo que me traerá mayor gloria, porque no es problema para mí eliminar esa espina, pero es algo que servirá para tu bien, y ese bien será que recibas Mi gracia mientras tengas esa espina». «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (12:9, RV60).

Por lo tanto, Dios estaba diciendo, «Yo no voy a quitarte la espina. No voy a eliminar este problema, pero te daré la gracia para soportarlo».

La gracia de Dios, el poder de Dios impartido a Pablo a cambio de su debilidad; ¿no es ese uno de los caminos de Dios? Le entregamos nuestra debilidad. Le entregamos nuestro dolor. Le entregamos nuestro sufrimiento. Le entregamos nuestras espinas y nuestra aflicción. Y Dios nos dice, «a cambio, Yo te daré Mi fuerza, Mi poder, Mi gracia para soportar y para exaltar, para abrazar la cruz, para gloriarte en la cruz».

Lo maravilloso de la gracia de Dios que podemos ver en este pasaje y a través de toda la Escritura es que nunca se agota. Nunca hay una escasez de la gracia de Dios.

Primera de Pedro 5 nos dice que Él es el «Dios de toda gracia» (v. 10). Hebreos 4 nos dice que Su trono es un «trono de gracia» (v. 16).

Santiago 4 nos dice que Dios da más gracia, que Él derrama Su gracia sobre aquellos que se humillan y reconocen su necesidad (v. 6).

¿Qué es la gracia de Dios? La gracia de Dios son los recursos de Dios: Su fuerza, Su poder, Su bondad, Su luz, todo lo que Él es. Son sus recursos disponibles para nosotras. Son sus recursos que son suficientes para cada problema y cada una de las situaciones que cada hijo de Dios alguna vez enfrente. Nunca hay carencia, nunca escasez.

Me encanta ese versículo en 2 Corintios capítulo 9, versículo 8, y me acordé de él estando en mi devocional esta mañana. Es uno de esos versículos que «abarca todo» en las Escrituras. En Segunda de Corintios 9, en el versículo 8, dice que «poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia (no solo en Pablo, sino en ti, en tus espinas, en tu situación), a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra» (RVR1960).

No creo que haya un versículo en la Biblia que tenga más superlativos que este versículo. «Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra».

Así que piensa en tu espina ______(llena el espacio en blanco. ¿Cuál es?), luego aplícale este versículo. Este versículo se aplica. Esa gracia de Dios, esa gracia suficiente de Dios se aplica a la mujer soltera a sus 30 años, llegando a los 40, que se enfrenta a la posibilidad de que el anhelo de su corazón de ser esposa y madre, nunca se cumpla. La gracia de Dios es suficiente para la mamá de 45 años de edad que me escribió hace poco, después de que su marido murió repentinamente, dejándola con diez hijos con edades entre los 3 y 22 años; y pensé en mi madre que quedó viuda a la edad de 40 años, con siete hijos de edades de 21 años hacia abajo. La gracia de Dios es suficiente para esa mujer.

Pienso en mi amiga, quien ha estado pasando por una horrible situación con un esposo con una adicción de tipo sexual que dice que la ama, pero se ha negado a renunciar a su novia. Ella ha hallado la gracia de Dios suficiente para esto, algo que ella nunca había soñado, un guión que ella nunca habría escrito. Pero ella y todas aquellas que yo sé que están pasando por caminos espinosos, ahora se están dando cuenta de que la gracia de Dios posibilita a sus hijos para soportarlo, y que esa misma gracia de Dios nos ayuda a convertir nuestras espinas en algo valioso.

No hace  mucho tiempo leí la historia de Annie Johnson Flint. Es posible que no estés familiarizada con ella. Ella fue una poeta, una compositora que vivió a finales del siglo XIX y principios del XX. Su madre murió cuando ella tenía seis años, y su padre murió poco tiempo después. Ella y su hermana fueron adoptadas por una pareja piadosa, los Flint, y poco después de que Annie se graduara de la escuela secundaria, sus padres adoptivos murieron con unos pocos meses de diferencia el uno del otro. Cerca de ese tiempo, Annie desarrolló artritis reumatoide como adolescente, en sus últimos años de su adolescencia, y al paso de tres años, ella quedó inválida, indefensa y por la mayor parte del resto de su vida no fue capaz de levantarse de la cama.

En el transcurso de los años, Annie batalló para suplir sus necesidades y las de su hermana menor, quien también tenía problemas de salud y era muy frágil. Por más de 40 años prácticamente no pasaba un día en que ella no sufriera dolor. Ella se volvía cada vez más indefensa, pero comenzó a usar sus largas horas de sufrimiento para ministrar a otros escribiendo poemas. Ella sostenía la pluma entre sus retorcidos y doblados dedos, con sus inflamadas, rígidas articulaciones y un enorme dolor, y en medio de ese dolor ella hacía tarjetas escritas a mano y libros de regalo para otras personas que estuvieran sufriendo. La aflicción tuvo un grave efecto. Ella finalmente desarrolló graves úlceras de decúbito y más adelante sufrió los estragos del cáncer.

Ella creía que Dios la había apartado con un propósito, aunque ella no siempre podía ver ese propósito. Ella creía que Dios tenía una misión para su vida, que Él tenía trabajo para que ella realizara. Escribió poemas en el crisol de su sufrimiento que hasta el dia de hoy ministran gracia y paz a otras personas en medio de su sufrimiento.

No creo que Annie Flint pudiera haber imaginado cómo sólo uno de sus poemas. al que más tarde se le puso música, ministrara tan profundamente a tantos creyentes en sufrimiento que se encontraban en la necesidad de la gracia de Dios. Así dice su poema:

Dios da más gracia cuando aumentan las cargas;
Él
da más fortaleza cuando la labor es mayor.
En la aflicción añadida, Él añade su misericordia;
En las pruebas multiplicadas, multiplica Su paz.

Cuando hemos agotado nuestro poder de resistencia;
Cuando nuestra fuerza ha fallado estando el día sin terminar.
Cuando hemos llegado al final de nuestros recursos acumulados,
La entrega completa de nuestro Padre sólo ha comenzado.

Uno de los más grandes siervos de Dios en la historia de la iglesia cristiana es un hombre cuyo nombre sí reconocerás, Charles Haddon Spurgeon, muy usado por Dios como predicador y autor. Él empezó muchas instituciones cristianas, organizaciones, pastoreó una iglesia durante muchos años, pero a lo largo de su vida adulta, Charles Spurgeon soportó un increíble sufrimiento. Por más de la mitad de su ministerio, él experimentó un implacable dolor físico. A la edad de 35 años sufrió de gota, que es un dolor agudo e inflamación del sistema fibroso y de los ligamentos de las articulaciones. Él tenía reumatismo, inflamación en los riñones, y también tuvo que soportar grandes sufrimientos mentales como resultado de una calamidad que tuvo lugar mientras él estaba predicando a la edad de 22 años.

Esta calamidad ocurrió en el  auditorio Royal Surry Gardens en Londres un auditorio con una capacidad de 10,000 asientos; alguien gritó: «fuego», y se generó un pánico, donde siete personas murieron. No hubo ningún fuego, pero sí hubo un enorme pánico. Siete personas murieron y decenas más resultaron heridas. Al día siguiente, su esposa dio a luz a dos hijos gemelos, y ella nunca pudo tener más hijos. Así que a partir de los 22 años de edad, el pasó a través de una serie de experiencias que lo marcaron de por vida.

Cuando los niños tenían nueve años, su esposa Susana se volvió inválida, y por los últimos 27 años de la vida de su esposo, ella rara vez pudo oírlo predicar. Durante todo el tiempo de ese fructífero ministerio él fue objeto de problemas físicos y fue atormentado por lo que había sucedido en aquél auditorio. Donde hay algo bueno sucediendo para Dios, también hay oposición del maligno. Él fue objeto de una gran cantidad de escarnio público y calumnia viciosa.

En 1857, cuando tenía 23 años, escribió, «A menudo he caído de rodillas, con un sudor en aumento en mi frente bajo el peso de una nueva calumnia lanzada contra mí; en una agonía de dolor, mi corazón ha estado a punto de ser quebrantado».

Probablemente como resultado de todo lo mencionado, Spurgeon tuvo una lucha de por vida con una profunda depresión recurrente. Él tuvo su primer episodio cuando tenía 24 años de edad, y en ese tiempo dijo: «Mi espíritu estaba sumido en tal depresión que podía llorar como un niño por horas, y sin embargo, no sabía por qué lloraba. Yo solo lloraba, lloraba y lloraba como un bebé, y no tenía ni idea de la razón por la que estaba llorando»; ataques de depresión profunda.

Spurgeon no habría elegido esas dolorosas aflicciones y espinas si él fuera el que estuviera escribiendo el guión, pero llegó a ver las espinas como bendiciones, como regalos de un Dios infinitamente sabio, bueno y amoroso. Él le dijo a sus estudiantes ministeriales: «Me atrevo a decir que la mayor bendición terrenal que Dios nos puede dar a cualquiera de nosotros, es la salud, con la excepción de la enfermedad». Él llegó a ver la enfermedad, dentro de la economía de Dios, como una mayor bendición que la salud física.

Y luego él hizo esta declaración, «Me temo que toda la gracia que he recibido en mis tiempos de comodidad y tranquilidad, puede caber perfectamente en una moneda de un centavo. Pero el bien que he recibido de mis aflicciones, mis dolores y mis penas, es totalmente incalculable».

Quiero que veamos varios propósitos por los cuales Dios usa las tribulaciones y las espinas en nuestras vidas.

El primero de ellos es algo que vemos a través de todas las Escrituras, y es que Dios usa las espinas para disciplinarnos, para restaurarnos cuando nos hemos alejado de la obediencia, para regresarnos a un lugar de obediencia a la Palabra de Dios. Creo que uno de los pasajes que dice esto más claramente es el Salmo 119, versículos 67 y 71, donde David dice, «Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo tu Palabra». Añadió, «bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos».

Entonces Dios usa espinas; Dios usa la aflicción para corregirnos cuando estamos en el camino equivocado. Cuando nos hemos extraviado, Dios utiliza espinas para traernos de vuelta a un lugar de obediencia y de sumisión a Su Palabra.

Luego en la medida en que nos acercamos a las epístolas de Pablo, hemos estado viendo al apóstol Pablo en esta serie, que tenía muchas espinas y tribulaciones que soportó en su vida y ministerio. En sus epístolas, Pablo habla regularmente de lo bueno que recibió de sus aflicciones y de los propósitos de Dios al permitir que esas aflicciones llegaran a su vida. Por ejemplo, él dice en 2 Corintios capítulo 1, versículo 9, que sus aflicciones lo hicieron más dependiente de Dios. Dijo que Dios envía estas calamidades para hacernos confiar, no en nosotras mismas, sino en Dios, para hacernos más dependientes de Su fuerza que se perfecciona en nuestra debilidad.

Nunca conocerás la fuerza y los recursos que Dios tiene disponibles para ti, si nunca tienes una necesidad. Tú nunca vas a sacar dinero de tu cuenta bancaria si nunca necesitas dinero y no serás obligada a sacar de los recursos de Dios, su fuerza, su gracia de su cuenta bancaria celestial, si no vienes al lugar donde no lo puedes hacer por ti misma. Si tú nunca llegas al final de tus propios recursos, de tu propia fuerza, de tus propias habilidades, siempre confiarás en ti misma. Pablo dijo que Dios quería que nosotras confiáramos, no en nosotras mismas, sino en Él.

Así que un propósito de Dios en el sufrimiento y en la aflicción es que esas espinas nos hagan más dependientes de Él.

Hay un tercer propósito, y es que esas espinas nos mantengan humildes. Pablo dice en 2 Corintios capítulo 12, versículo 7, «Dios me dio esta espina, este mensajero de Satanás, para que no me enaltezca» (parafraseado). Pablo había recibido estas grandes revelaciones, había tenido grandes experiencias con Dios, había tenido una vida y un ministerio fructífero, y dijo: «Dios quería evitar que me volviera orgulloso, porque Dios no puede usar siervos orgullosos».

Por lo tanto el aguijón de Pablo era en realidad una protección contra el orgullo, y se dio cuenta de que era mejor tener esa aflicción recurrente e intensa, o cualquier tipo de aflicción que fuera, en vez de que su alma fuera destruida por la enfermedad mortal del orgullo; por lo que él lo escribió. Él dijo, «Dios tenía un propósito. Su propósito era el librarme de convertirme en un soberbio».

Dios usa espinas y aflicciones para mantenernos humildes.

Luego vemos que Dios usa espinas y aflicciones para hacer de nosotras una bendición para otros y para equiparnos y que la gracia de Dios fluya hacia otros en su momento de necesidad.

Pablo dice en 2 Corintios capítulo 1, versículo 4, que Dios nos permite pasar por estas tribulaciones, «para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios». Así que lo que Pablo está diciendo es: «Hemos sufrido, hemos pasado por aflicción, Dios nos consoló con su gracia, y ahora Dios nos permite ser canales de consuelo, de bendición y de aliento para otros cuando están en medio de la aflicción».

¿Te imaginas si David nunca hubiera pasado por sus sufrimientos y aflicciones? No tendríamos los salmos. David pasó a través de sus aflicciones, recibió consuelo de Dios, escribió sobre ello, de modo que hoy podemos leer acerca de esto y recibir consuelo de Dios. ¡Cuántos creyentes han sido consolados por los salmos a través de la historia!

Alguien me dijo recientemente acerca de un pequeño libro de Amy Carmichael, que yo no conocía , llamado La Rosa del Arbusto (Rose from Brier), y este es todo un libro de cartas que Amy Carmichael escribió durante la última década de su vida, en la que se encontraba en cama por su enfermedad sin poderse levantar. Ella escribió estas cartas desde su lecho de enfermedad a otras personas que a su vez estaban enfermas.

Ella dice al principio: «Hay algo que resulta irritante acerca de las personas que se encuentran bien de salud y te dicen que cobres aliento en tu enfermedad. Es por eso que escribí estas cartas, no después de que me mejorara (lo cual nunca sucedió), sino estando enferma»; por lo que ella podía consolar a otros con el mismo consuelo que Dios le estaba dando a ella.

El título de ese libro viene de una pequeña parte de un verso que dice: «De tu arbusto florecerá una rosa para los demás». De tus espinas, de tu parcela de arbustos, va a llegar una rosa, una bendición para otros.

Y luego las aflicciones y las espinas resultan en la expansión del evangelio. Pablo dice en Filipenses capítulo 1, versículo 12, mientras escribía esto desde una prisión romana. Él dijo, «Las circunstancias en que me he visto, han redundado en el mayor progreso del evangelio».

El versículo 14 de Filipenses 1, «La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor». Así que lo que Pablo está diciendo es que lo que Satanás pretendía para mal, para obstaculizar el avance del evangelio al meterlo en la cárcel, no prosperó porque Dios frustró sus intentos en esto, como Él siempre hace. Dios siempre tiene la última palabra, y Dios usó esas aflicciones, el encarcelamiento de Pablo, Dios lo utilizó para extender más su reino.

Así que a medida que hemos estado viendo los propósitos de Dios al traer espinas y aflicciones a nuestras vidas, quiero preguntarte:

  1. ¿Estarías dispuesta, estás dispuesta, a que esa espina permanezca, si al hacerlo te protegiera del pecado?
  2. ¿Si te mantuviera humilde?
  3. ¿Si te hiciera más dependiente de Dios?
  4. ¿Si te santificara?
  5. ¿Si te hiciera espiritualmente más fructífera?
  6. ¿Si supieras que fomentaría la difusión del evangelio?
  7. ¿Si supieras que por tu disposición a soportar esa espina, serías de mayor bendición para otros?
  8. ¿Estarías dispuesta a decir, «está bien Señor, voy a aceptar tu gracia para soportarlo, incluso si tú nunca decides quitarla»?

En realidad todo se reduce a ¿nos preocupamos más por la comodidad o por desarrollar un carácter como el de Cristo? ¿Nos preocupamos más por tener una existencia libre de dolor o por ver cumplirse los propósitos de Dios en nuestras vidas y en el mundo?

  1. Si la comodidad es lo que más te importa, entonces cuando las espinas entren a tu vida, las resentirás, las resistirás y huirás de ellas. Vas a demandar que Dios te las quite.
  2. Pero si lo que más te interesa es ser como Jesús y ser Su instrumento de bendición y expansión de Su reino en este mundo, entonces dirás: «Dios, yo no habría elegido esto; yo no habría escrito el guión de esta manera, pero creo que tu gracia es suficiente para mí y te doy gracias por la bendición de estas espinas».

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando lo que la verdadera gratitud significa. El programa de hoy es parte de una serie llamada La bendición de las espinas.

Estamos agradecidas por todo lo que Dios ha estado haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones desde que comenzamos hace 5 años, incluyendo el que nos permita expandirnos en nuevas emisoras y localidades. Él ha permitido que el mensaje del evangelio y del diseño de Dios para la mujer, en este mundo tan lleno de confusión, llegue a muchas partes del mundo. Y gracias a todas aquellas que con sus oraciones, trabajo voluntario y donaciones hacen este ministerio posible. ¡Sin tu apoyo no sería posible!

Una oyente, que ha sido bendecida gracias a tu apoyo, nos escribió,

«No quería escuchar el programa... No me parecía atractivo el título, no pensé que era lo que necesitaba para este momento de mi vida. Días después decidí escucharlo y he sido confrontada por el Señor. ¡Esto es justo lo que necesitaba! Estoy deseosa de escuchar cada programa y compartirlo con otras. Que Dios les bendiga en esta labor tan importante que les ha dado».

Te animo a unirte a esta hermana y compartir los recursos que tenemos disponibles en nuestra página web. Ayúdanos a llamar a más mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

Bien, es fácil para mí encender un micrófono y decir frases como, «Camina con alegría a través de las espinas de tu vida»; pero vivirlo es muy diferente.  Mañana, únete a nosotras para escuchar el testimonio de mujeres que lo han vivido.

Aquí está Nancy para concluir nuestro tiempo en oración,

Nancy: Padre, sé que tú tienes muchos, muchos propósitos para las espinas que ni siquiera hemos tocado. Pienso en lo que escuché a John Piper decir que en todo lo que sucede en nuestras vidas, tú siempre estás haciendo mil cosas que nosotros no podemos ver y que no sabemos. A veces nos permites vislumbrar un poco de lo que estás haciendo y de lo que son tus propósitos, pero, oh Señor, tus caminos son tan grandes, y hay mucho más.

Así que con lo poco que podemos ver, y lo mucho que no podemos ver, te decimos: «Gracias, Señor. Tú sí tienes propósitos. Nuestras espinas no son inútiles, y pedimos que utilices las espinas en nuestras vidas para cumplir tus santos y eternos propósitos, y que en medio de todo, podamos darte las gracias». Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Cultivando una actitud de gratitud juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Su Gracia es Mayor, Mauricio Vázquez, Himnos, ℗ 2017 Mauricio Vázquez

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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