Podcast Aviva Nuestros Corazones

La bendición de las espinas, día 4

Carmen Espaillat: Todas tenemos situaciones que nos preocupan.

Marian: En mi caso se trata de un hijo no salvo quien está en incursionando en enseñanzas de la Nueva Era…

Una Madre: En mi caso, mi hijo estuvo en las drogas por cinco años.

Marian: Y esto ha estado sucediendo por veinticinco años…

Dorothy: Mi nieta quien vivió con nosotros por un tiempo, realmente se reveló contra Dios y he llorado baldes de lágrimas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín

Es fácil que pasemos algunos mandatos bíblicos por alto, como, «Dad gracias en todo». Nancy nos ha estado mostrando por qué este mandato es tan importante, en esta serie llamada, «La bendición de las espinas».

Estaremos escuchando de ella en algunos minutos, pero primero algunas oyentes que han estado con nosotras durante esta serie compartirán lo que representan las espinas para ellas.

Marian: En mi caso, se trata de un hijo no salvo que ha incursionado en las enseñanzas de la Nueva Era y esto ha estado sucediendo por 25 años. Lo que estoy tratando de aprender de esto es dejar que Dios lleve mi carga, porque no puedo liberar la espina hasta que no vea el progreso de mi hijo. Y aún no lo veo.

Así que estoy aprendiendo a dejar que la circunstancia sea asumida por Dios y conseguir un poco de paz solo de saber que Él sabe. Mientras, espero para ver lo que Él hace con ello.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Marian está ilustrando el hecho de que Dios no siempre remueve la espina, que puede ser crónica, recurrente, implacable y no desaparece. Eso es lo que hace la espina espinosa. Eso es lo que la hace difícil. No son dos meses. Estamos hablando de 25 años.

Ella está orando por su hijo. Sé que ella no va a parar de orar. Pero Dios le dice a ella, «Si yo nunca remuevo la espina, Mi gracia es suficiente para ti para esta situación».

Y Marian ha tenido que llegar al lugar, igual que todas nosotras, donde decimos, «Recibiré lo que Dios tenga para mí, aunque no pueda entenderlo; no pueda ver el final de todo esto; aunque no lo pueda averiguar; aunque no lo pueda cambiar».

Las mujeres somos estupendas tratando de cambiar nuestras espinas, intentando arreglarlas, aunque para eso tengamos que manipular a todo el mundo alrededor de nosotras y colocarlos donde pensamos que deberían estar. Pero Dios nos pone algunas veces, en lugares donde no podemos cambiar la persona. No podemos cambiar la situación. Y Él te dice «Déjame darte Mi gracia que será suficiente para que puedas soportar y gloriarte en esta cruz» (2 Cor. 12:9, parafraseado).

Dios tiene propósitos que son más grandes que Marian, más grandes que su hijo, propósitos redentores para sus vidas, para los demás y para este mundo, y Él está trabajando, cumpliendo esos propósitos, aún cuando no lo podemos ver.

Cuando parece que Dios te ha abandonado, cuando parece que Él te ha dejado, Dios sí ve. Él sí sabe. A Él le importa. Él nunca te dejará y Su gracia siempre, siempre, siempre será suficiente para esa espina.

¿Alguien más?

Dorothy: Mi nombre es Dorothy, y tengo una espina similar. Mi nieta quien vivía con nosotros por un tiempo, realmente se rebeló contra Dios y he llorado baldes de lágrimas.

Finalmente he llegado al lugar donde oré y dije: Señor Tú puedes salvarla...» Y Él me ha dado la gracia de creer que incluso después de mi muerte, llegará el día en que Él va a responder a esa oración, y he sido capaz de comunicárselo a Él. Eso no quiere decir que no son tiempos que todavía no lloro. Pero sin embargo, todavía siento que Dios me ha asegurado que está trabajando y trabajará, y eso me da la verdadera paz.

Nancy: Dios está trabajando y trabajará. Eso no significa que en cada situación va a cambiar nuestras circunstancias. Pero significa que está trabajando y seguirá trabajando. Y Él va a dar Su paz y Su gracia.

¿Recuerdas lo que Jesús dijo cuándo se estaba preparando para ir a la cruz en el aposento alto, en Juan 14, 15 y 16? Él prometió que habría muchas aflicciones, muchos problemas (Juan 16:33). Pero Él dijo que daría mucha paz porque Su presencia nunca se iría. «Nunca te dejaré. Voy a estar allí» (Juan 14:18, parafraseado).

Así que habrá muchos problemas. Pero en medio de eso allí puede haber una gran paz porque Él nunca nos dejará ni nos desamparará.

¿Alguien más?

Shirley: Mi nombre es Shirley. Mientras he estado sentada escuchando, he hecho memoria de muchas, muchas cosas que han sucedido en mi vida que y supongo que se podrían considerar como espinas.

Pero, al igual que Nancy lo estaba, en muchas ocasiones me he sentado y he mirado atrás a lo largo de mi vida y he pensado en diferentes situaciones que pudieron haberme quebrantado. Pero en cambio, Dios ha usado esas cosas para fortalecerme.

Yo nunca he sido de las que dicen «Dios ¿por qué a mí?» He llegado a comprender que hay una razón por la que tenemos que pasar por las cosas que pasamos. Y eso es para que nosotros realmente podamos ser de bendición para los demás.

A causa de muchas de las cosas que han ocurrido en mi vida, Dios me ha preparado para ser capaz de ministrar a otras mujeres jóvenes alrededor de mí. Es difícil para alguien que nunca ha tenido la experiencia decirte que Dios está contigo, que lo vas lograr y que todo va a salir bien.

Pero puedo asegurar que es diferente cuando puedes ministrar a alguien con tus propias experiencias y tus propias heridas y puedes decirle: «Yo sé y estoy segura de que Él es capaz».

Una Madre: Al escuchar a las madres y el dolor que han tenido con sus hijos, me doy cuenta de que probablemente es el área de nuestras vidas en que las espinas son más agudas. Lo es para mí.

Tengo un hijo que fue adoptado, y sufría de alergias y problemas de aprendizaje. Nunca encajó en la escuela y no pudo terminar sus estudios. Además, estuvo en las drogas durante cinco años y no podía conservar un trabajo por mucho tiempo.

Como mamá, siempre estaba buscando nuevas formas para ayudarle. Invertí tiempo, energía, dinero y oración y, finalmente, me convertí en una madre desesperada porque no veía cambios. Me cansé de orar, porque no sabía qué más pedir. Oré por tantas cosas, por tanto tiempo y sin ver ningún resultado.

Dios solo me guió un día a decir cada día: «Señor, solo te doy gracias porque él está en Tus manos». Eso era lo único que podía orar. Y me di por vencida.

Entonces Dios en Su increíble poder liberó por completo a mi hijo y lo cambió. Es una persona nueva.

Quiero alentar a las madres, muchas veces tenemos que dejar ir y estar dispuestas a que nuestros hijos mueran realmente y dejarlos en manos de Dios. No sé cómo poner fin a esta historia porque no hay fin en la misma. Esta sigue, sigue y sigue. Y veo a mi hijo amando a Jesús cada día más. Es una gran bendición para nuestras vidas.

Lo que aprendí de esto fue la humildad. Como padres cristianos creemos que nuestros hijos deben hacer todo bien, verse bien y hacernos lucir bien. Pero la humildad nos libera de toda esta presión.

Sé que mis espinas no son como las de Pablo, que venían del exterior. Mis espinas vinieron de mis fracasos y de mis propios pecados. Estoy agradecida por el perdón de Dios y por su restauración. Mi historia no se trata de cómo actué correctamente ante la prueba, sino de cómo se mueve Dios y nos rescata.

Nancy: De eso se trata la gracia de Dios, de hacer todas las cosas nuevas. Acabamos de ver un poco de la historia aquí y ahora. Si pudiéramos verlo desde el punto de vista de Dios... Me has escuchado decir esto antes, y me encanta esta cita, y no es original mía, «la voluntad de Dios es exactamente lo que haríamos y elegiríamos si supiéramos lo que Dios sabe».

Y un día lo veremos. Lo sabremos. Y diremos: «Señor, Tú lo hiciste bien. Fue bueno. Ahora veo todo el panorama. Solo pude ver mi pequeñita parte». Pero cuando veamos el panorama completo de lo que Dios está logrando y haciendo con este mundo caído, restaurando personas y restaurando el planeta para ser como Él quiso que fuera, entonces veremos cómo las espinas son una parte de todo esto.

¿Alguien más?

Kathy: Mi nombre es Kathy. Tendría que decir que la constante espina en la vida de nuestra familia sería nuestra hija Stephanie que tiene autismo; ahora ya tiene 19 años. A través de los años, diferentes cosas hemos pasado con ella... un par de lecciones vinieron a mi mente esta mañana mientras hablabas.

Una de ellas, es que a lo largo de los años hemos aprendido lo que es la aceptación del autismo; que es donde la paz ha llegado. No los cientos de terapias que hemos probado y las muchas cosas que hemos hecho para tratar de arreglarla. Es la aceptación, de que viene de las manos de Dios.

Recuerdo a mi esposo y a mí, finalmente, viendo muy claramente hace un par de años que Stephanie no es autista por su causa. Ella ni siquiera sabe que es autista, realmente. Pero es autista por amor a nosotros, para hacernos mejores personas, más compasivos, más solidarios, para acercarnos más a Dios. Y eso es exactamente lo que ha hecho.

Alguien me preguntó una vez: «¿Qué pensaste la primera vez que te dieron el diagnóstico de que Stephanie era autista? ¿Qué pasó por tu mente?» Y recuerdo muy claramente que fue, «nunca voy a conocerla realmente como haré con mis otros hijos. Va a ser imposible».

Y luego pensé: «Ya sabes, tenemos una vida después de esta donde vamos a vivir para siempre. Y a la luz de ese hecho, algún día voy a ver a Stephanie como estaba destinada a ser. Y a la luz de la eternidad esta vida es un abrir y cerrar de ojos».

Así que me quedó eso. Y Nancy, a medida que hablabas esta mañana, hay un poema que escribí en esta Biblia... hace años. Es por Martha Nicholson. Voy a leerlo, y lo que ella dice es algo que estoy aprendiendo todo el tiempo, todos los días. Ella termina así,

Aprendí que Él nunca da una espina sin esta gracia añadida. Él toma la espina para poner aparte lo que sujeta el velo que oculta Su rostro.

Nancy: Hay aspectos del corazón y de los caminos de Dios, que nunca veríamos, que nunca sabríamos si no fuera por la aflicción. Hay aspectos del corazón y de los caminos de Dios, que siempre estarían velados a nosotros si nosotros no los pudiéramos ver a través de las lágrimas, a pesar del dolor, a través de la angustia.

He visto a Kathy, a Jane y a otras en esta audiencia, pasar por algunas de estas espinas. he podido ver lo que probablemente ustedes no pueden ver por ustedes mismas, y es la fragancia de la rosa que ha emanado de sus arbustos espinosos, la belleza de Cristo en algunas de ustedes mujeres que he visto tratar con sus espinas de diferentes tamaños, formas y tipos. He visto cómo Dios está usando a algunas de ustedes, para ser mujeres de gran bendición, de aliento, y medios de gracia para los demás, por lo que ustedes han estado dispuestas a aceptar, a recibir y a agradecer a Dios, por las espinas que ha traído a sus vidas.

¿Alguien más?

Kathy: Mi nombre es Kathy y dos veces en mi vida adulta he pasado por enfermedad, a través de cirugías. He tenido que ser totalmente dependiente de otra persona para todo. Fui siempre una mujer fuerte. Que podía hacer todo. Pero Dios me humilló de tal manera que no esperaba estas enfermedades que he tenido y estas cirugías. Él me llevó al lugar donde yo sabía que tenía que depender totalmente de Él.

El versículo bíblico: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece», se convirtió en una cita diaria, a cada hora para mí (Fil. 4:13); y Él me dejó con una espina física que la gente no puede ver, pero la siento cada día.

Lo que he aprendido a través de esto, fue un largo proceso; fue tratar de ayudar a otros. Lo principal que aprendí, es que no puedo sacar sus espinas por mucho que quiera eliminarlas. Tal vez Dios solo quiere que les ayude a cargar con sus espinas. Él es el único que puede quitar las espinas de sus vidas. Hubo un tiempo en que pensé que podía y Él me ha humillado hasta el punto de darme cuenta de que Él es suficiente para todas las espinas en nuestras vidas.

Nancy: Amén. Eso es Kathy. He visto a Kathy pasar por algunas espinas con gracia, con muchísima gracia, en estos últimos dos años.

¿Alguien más?

Karen: Mi nombre es Karen. Nancy, has dicho que los problemas no son meramente para soportarlos, sino para agradecerlos. Siempre he sido una persona muy fuerte, autosuficiente, muy controladora. A veces Dios solo tiene una manera de llevarnos hasta el final de nosotros mismos y me siento que allí es donde estoy ahora mismo.

Esta última semana ha habido un descenso en mi salud. Fui al médico y me diagnosticaron lupus, que es una enfermedad crónica. Realmente no hay cura para esta enfermedad y hay diferentes niveles que se pueden tener en esta enfermedad que van a determinar la forma en que me afecta.

Me di cuenta hoy que Dios me trajo aquí para preparar mi corazón para la espina. Tu pregunta fue: «¿Estamos dispuestos a tener esa espina permanentemente para que podamos ser más dependientes de Dios?» Mi oración en los últimos seis meses ha sido que mi propósito determinado sería conocerlo, para que pueda estar cada vez más profunda e íntimamente familiarizada con Él, percibiendo, reconociendo y entendiendo las maravillas de Su persona. Y si así es como lo tengo que conocer, estoy dispuesta.

Leah: Tengo un hijo que está profundamente atado al pecado y mi corazón se apena. También tengo dos nietas que están afectadas por el divorcio, por su elección de no seguir a Dios, y por elegir en su dolor, ignorar a Dios. Eso es tremendo.

Pero en la etapa de mi vida ahora y en el transcurso de muchas lágrimas, baldes y baldes de lágrimas, lo he dejado en manos de Dios y veo que Dios está bendiciendo a mis nietas. Una recibió a Cristo el año pasado y fue bautizada. Y volamos hasta Kansas City para su bautismo.

Pero la espina... y esto es tan inusual, realmente, este es tu tema, porque esto es algo que sigo pidiendo a Dios. Tengo un defecto, y yo no sé si eso podría ser una espina. Pero yo lo veo como un defecto horrible en mi corazón, en mi vida y en mi carácter, y ruego a Dios que quite eso.

Estos defectos son de años de abuso sexual en la infancia y varias otras cosas; no sentirme cuidada, aprobada o valorada por mi familia. Sin embargo, llegar a conocer lo mucho que Jesús me ama, año tras año, siento como que no debería tener estos defectos que todavía tengo. Lo que quiero, es ser una mujer piadosa, una mujer de la que mis nietas siempre digan, «mi abuela fue una mujer piadosa».

Pero todavía tengo estos defectos de carácter que me afligen. Y eso es lo que veo como la espina, porque me duele. Me aprieta porque creo que he herido a otras personas cuando he dicho cosas o he hecho algo que fue tan carnal.

Así que mi espina, realmente la mayor espina que veo es que tengo demasiada carnalidad y no lo suficiente de Cristo. Y lo que deseo ser y me gustaría que eso apareciera en mi lápida, «mujer virtuosa»; pero me temo que digan: «Ella era una anciana temperamental» o algo así. Y yo no quiero ser temperamental. Quiero ser una mujer piadosa y espero que nada vaya a impedir eso.

Pero he visto que esto podría ser una bendición. He visto a personas, algunas mujeres en particular (ni siquiera pretendo entender a los hombres, he criado dos hijos y todavía no los conozco tan bien), pero he visto a algunas mujeres actuar tal y como yo lo he hecho en el pasado, y sigue siendo en este momento de mi vida.

He sido capaz de tratar de animarlas. «Yo sé que te molestó. Te molestó que fueras ignorada»; o «te molestó que no te dieran esa silla especial del comité que sentías que ibas a liderar» y una variedad de otros problemas que pueden surgir.

Las he visto heridas y aplastadas por eso e incluso enojadas. He visto que tienen la actitud de, «me rindo, renuncio. Servir a Dios es demasiado difícil». He estado allí, también he hecho eso, como ellas dicen. Pero no me gusta esa cualidad en mí.

Pero he sido capaz de llegar a alguien y darle un abrazo. Y digo: «Yo sé que duele. Pero solo trata de dárselo al Señor y conoce que le puedes servir tal vez en otra capacidad. Tal vez lo que tu corazón deseaba no estaba en esa área. Solo tienes que dárselo a Dios».

No sé si ha bendecido a alguien porque seguro no lo ha hecho conmigo. Pero eso es realmente una espina que a veces siento, con la cual Satanás me abofetea. Y siento el dolor. Y a veces reacciono de una manera tan poco cristiana que me decepciono a mí.

Esa es mi espina. No veo cómo podría ser una bendición para cualquier persona, excepto que yo entienda y no condene a nadie que actúe de manera temperamental hacia mí. Veo que es una especie de dolor allí que nunca ha sido totalmente curado o entregado a Dios.

Nancy: Me imagino que muchas nos sentimos identificadas con lo que acabas de compartir, Leah; porque aunque yo no lo veo como una espina, es verdad en mi vida que una de las mayores cargas que debo soportar al estar en el ministerio público de enseñar la Palabra a otros es esa sensación de fracaso que siento cuando no estoy a la altura de lo que estoy enseñando, sobre todo en series como esta, en la que estamos hablando de responder con alegría a las espinas, y veo que no lo hago.

Todo el mundo igual que cada una de nosotras tiene que ir de nuevo a la cruz, a Aquel que llevó esas espinas por nosotros para que pudiéramos ser sanados. Y donde abundó el pecado, y no queremos atribuir el pecado a Dios,  pero «cuando el pecado abunda, mucho más abunda la gracia» (Rom. 5:20, parafraseado).

Estoy tan agradecida de que día tras día tras día, Dios tenga misericordia y nos enseñe estas cosas que son verdaderas, porque entonces veo mis fallas en esas áreas y Él me da la gracia para humillarme, para arrepentirme, para levantarme de nuevo y seguir adelante con Su gracia, recordando que algún día no habrá más maldición, no habrá más espinas, no habrá más dolor, no habrá más llanto, lágrimas, muerte, todo se desvanecerá, no habrá más oscuridad, no habrá más noche, sino que habrá un día despejado sin espinas, en Su presencia.

Carmen: Creo que esta serie de enseñanzas de Nancy DeMoss de Wolgemuth nos será muy útil para crecer en una actitud de gratitud.

También, para ayudarte a continuar meditando en esto de la gratitud, nuestro equipo ha preparado un recurso titulado «La gratitud». Este te ayudará a meditar en lo que dice la Palabra de Dios con respecto a este tema, y te guiará para dar algunos pasos prácticos.

Permíteme darte una muestra de lo que contiene este pequeño libro, «La gratitud», dice:

«Un espíritu agradecido es el que permite a quienes lo poseen responder a las circunstancias difíciles con una acción de gracias. Como alguien dijo una vez: “Algunas personas se quejan porque Dios puso espinas en las rosas, y otras alaban al Señor por haber puesto rosas entre las espinas”. De nuevo hago énfasis en lo que nos enseñan sobre esta materia algunos creyentes del pasado. Matthew Henry, el bien conocido comentarista del siglo XIX, al ser atacado por ladrones hizo la siguiente anotación en su diario refiriéndose a dicha experiencia: “Como primera medida quiero dar gracias puesto que esta es la primera vez que me roban; como segunda medida quiero dar gracias pues, aunque se llevaron mi cartera, no me quitaron la vida; como tercera medida agradezco el hecho de que aunque me quitaron todo, no era mucho; y por último agradezco el que yo haya sido la víctima del robo y no quien lo perpetró.”»

Puedes obtener un enlace para descargar el pequeño libro «La gratitud» por tu donación de cualquier monto, a través de nuestra página web avivanuestroscorazones.com. Gracias por hacer este ministerio posible.

No te pierdas el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Que tengas un buen fin de semana y día del Señor.

Cultivando una actitud de gratitud juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Firme Amor (feat. Karen Garza), Majo Solís, Colección Acústica, ℗ 2016 Majo Solís

Allí en la Cruz (Bonus Track), Sovereign Grace Music, El Dios que Adoramos, © 2010 Sovereign Grace Music (BMI)

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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