Podcast Aviva Nuestros Corazones

Reparando una fuga lenta

Annamarie Sauter: ¿Estás muy ocupada haciendo cosas para el Señor? Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth con una advertencia para ti.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Alguna vez te has encontrado a tí misma justificando pequeñas concesiones que van en aumento? No las cosas grandes, pero cosas que antes de estar tan ocupada, nunca habrías pensado que estaban bien, pero ahora las dejas pasar  porque no tienes tiempo para ocuparte de ellas?

Es una señal de perder tu primer amor. Estamos trabajando más duro para proteger nuestra imagen pública que para proteger nuestro carácter interior.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, autora del libro «En la quietud de Su presencia», en la voz de Patricia de Saladín.

«Propenso a vagar, Señor, lo siento, Propenso a dejar al Dios que amo». Sé que todas podríamos cantar estas líneas del himno lema de Aviva Nuestros Corazones. Cuando estamos llenas de ocupaciones solemos desviarnos de una relación cercana con el Señor.

Nancy, aprecio la apertura con la que hablas acerca de las luchas que tenemos en esta área, y el aliento que nos das. ¿Podrías describirnos un poco el contexto en el que diste el mensaje que estamos a punto de escuchar?

Nancy: La Asociación Nacional de Locutores Religiosos celebra una convención anual a la que usualmente asisto, junto con otros de nuestro equipo de Aviva Nuestros Corazones. En una de esas convenciones en particular, me pidieron que hablara, en el almuerzo de las mujeres.

La mayoría de las mujeres que asisten a ese almuerzo especial están involucradas en diversos tipos de ministerios en los medios de comunicación, y yo sabía que mucha de las personas a las que les estaría hablando ese día eran mujeres muy capaces que viven vidas muy ocupadas.

En los meses previos a la convención, el Señor había estado haciendo una obra fresca y muy necesaria en mi propio corazón llamándome a un nivel más profundo de intimidad con Él, en medio de mi muy ocupada vida.

Al acercarse esta oportunidad de hablar, me sentí impulsada por el Señor a compartir de manera muy clara y transparente acerca de mi propia vida, y de cómo el Señor había estado tratando conmigo.

Mientras comparto contigo el mensaje que di en ese almuerzo ese día, quiero aclararte que estos pensamientos son no sólo para mujeres que se dedican al ministerio. Todas nosotras pasamos por tiempos secos en nuestro caminar con el Señor, y necesitamos tener esos momentos cuando nos detenemos, pasamos balance de dónde están nuestros corazones, y nos reconectamos espiritualmente con el Señor.

Comencé ese mensaje compartiendo una experiencia que había tenido solo unos días antes del almuerzo.

Annamarie: Gracias Nancy. Escuchemos.

Nancy (hablando en el almuerzo): Vi un vídeo increíble hace unos días, de un servicio que tuvo lugar el pasado Domingo por la mañana en una iglesia, aquí en el la zona metropolitana, a unos diez kilómetros de aquí.

Este video era de una mujer en particular, que era miembro de esa iglesia, y que estaba bajo una convicción profunda de que tenía que deshacerse de toda pretensión, de toda apariencia, de todas las posturas que había asumido en su vida, y sintió que tenía que ser honesta, realista y transparente con el Señor.

Estaba muy quebrantada por la forma en cómo Dios había estado hablándole y bajo esta convicción, se puso de pie y confesó esto a su familia de la iglesia.

Luego, en un gesto muy dramático y simbólico, ella levantó la mano, se quitó su larga peluca, y expuso su cabeza calva para que todos la vieran.

Ella tiró la peluca al suelo, y dijo: «Soy libre! Soy libre!» Para ella era evidente que no se trataba de la peluca, ese no era su punto. El punto era: «No quiero nada entre mi alma y el Salvador, y quiero vivir esta vida de manera honesta, real y transparente».

Mientras oraba esta mañana acerca de nuestro tiempo juntas en el día de hoy, este pensamiento cruzó mi corazón: «Creo que hay algunas pelucas que necesitan caerse hoy, y tal vez empezando por la mía».

Les puedo asegurar que todo este pelo gris me pertenece. Pero he sentido mientras me preparaba durante estas semanas, que el Señor quería que yo compartiera con ustedes  algunas de las cosas que ha estado haciendo en mi propio corazón, especialmente algunas de las cosas que Él ha estado exponiendo en mi vida en el último año.

No puedo evitar pensar que en esta audiencia hay otras mujeres como yo, a quienes Dios desea ayudar a deshacerse de la peluca y venir delante de Él y de las demás como realmente somos, para ser mujeres verdaderas.

Durante las últimas semanas, he estado meditando sobre un versículo en el libro de Jeremías que recoge las cosas que quiero compartir hoy sobre el viaje en el que Dios me ha llevado durante este último año.

Permíteme darte un poco del contexto de este versículo. En Jeremías capítulo 1, Dios llama a Jeremías. Él le ordena que sea un profeta, y Jeremías, que es un sacerdote que vivía en un pequeño pueblo, siente que no está a la altura de este desafío.

Dios le ha dicho: «Te estoy haciendo un profeta para todas las naciones». Jeremías le dice: «Dios, yo ni siquiera sé cómo hablar. Soy tan joven. No estoy a la altura de esta tarea!»

Pero Dios le dice que no tenga temor. «Tú hablarás lo que yo te diga que hables, y Yo pondré Mis palabras en tu boca».

Entonces llegamos al capítulo 2, y nos encontramos con las primeras palabras que Dios da a Jeremías para hablar a su pueblo en ese día. Ahora, sabemos que Jeremías es un libro largo. Hay un montón de aflicciones; hay un montón de lamentos; hay un montón de juicios, pero ¿cuáles fueron las primeras palabras que Dios puso en la boca de Jeremías para hablarle a la nación, para hablarle a Su pueblo?

Capítulo 2, versículo 1 de Jeremías: «Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Ve y proclama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice el Señor», y aquí están las primeras palabras del mensaje de Dios: «Así dice el Señor: De ti recuerdo el cariño de tu juventud, el amor de tu desposorio.» (Recuerdo que ansiosa estabas por complacerme cuando eras una joven recién casada. (NTV))

Hace un año para este mismo tiempo, muchas de nosotras asistimos a un almuerzo de la Asociación Nacional de Radiodifusores Religiosos y escuchamos a Beth Moore mientras hablaba. Varias cosas que Beth dijo realmente penetraron mi corazón.

Ella dijo:

«Para algunas de nosotras, el ritmo del ministerio ha superado el ritmo de la intimidad en nuestras vidas».

Y sentada allí pensé: «Es verdad. El ritmo del ministerio en mi vida ha superado el ritmo de la intimidad con Cristo».

Varias semanas antes, a inicios del 2005, el Señor había comenzado una obra fresca y dulce en mi corazón mientras había estado meditando en 2 Pedro capítulo 1. Sentí al Señor llamándome a un énfasis renovado en mi propia vida cultivando, persiguiendo y salvaguardando la intimidad con Cristo, en mi propia vida.

El mensaje de Beth fue otra semilla que Dios plantó en mi corazón y ha regado durante este último año. Esto hizo que me detuviera para hacer un balance y evaluar, no lo que el público ve y sabe, sino lo que Dios sabe que está pasando dentro de mi propio, muy ocupado corazón, en cuanto a mi relación con Cristo.

Dios dice: «De ti recuerdo el cariño de tu juventud, el amor de tu desposorio» (Jer. 2: 1b). He tenido una imagen vívida de eso en los últimos meses. Una pareja de recién casados ha estado viviendo en mi casa y tan pronto como regresaron de su luna de miel, se trasladaron al sótano de mi casa. Han estado allí durante varios meses, y he observado a esta pareja en los últimos meses.

He visto a esta novia recién casada, he visto algunas cosas que realmente ilustran el frescor, el primer amor y la devoción de una novia. Quiero decir, esta pareja no se cansa uno del otro. Ellos realmente disfrutan estar juntos! No les gusta estar separados.

Hay una devoción dulce, simple, pura e incondicional que tienen el uno para el otro. Es un amor extravagante, no es egoísta y está centrado en el otro; y siempre están tratando de servirse el uno al otro.

Ella lo llama, «el amor de mi vida». Es tan dulce. Si ella va a la cocina, dice: «Amor de mi vida, ¿podrías...» lo que sea. Uno espera que seis años o setenta años a partir de ahora, todavía se estén hablando así, porque es realmente precioso, «amor de mi vida». Y veo este maravilloso brillo en los ojos de ella, y digo, «eso es devoción». Ese es el amor de una novia, y Dios está diciendo aquí: «Recuerdo la devoción de tu juventud, tu amor como novia».

Lo que Dios está diciendo en esencia es, «recuerdo como era en los primeros días de nuestra relación. Eras como una novia joven, una joven enamorada. Estabas totalmente dedicada a Mí, no había rivales, no había competidores. Me seguías, confiabas en Mí, respondías a mis iniciativas, eras atenta conmigo». Dios dice: «Recuerdo tu devoción».

Esa es la palabra hebrea hesed, la palabra que es difícil de traducir al español, porque significa, «pacto, amor fiel, que guarda el pacto, o bondad».

Dios le dice: «Tú me eras fiel». Él le dice: «Recuerdo tu amor como una novia. Es una palabra apasionada en el hebreo. Significa «desear, deleitarse con». Dios le dice: «Te deleitabas en Mí. Eras apasionada en tu amor por Mí. Me devolvías el afecto tierno y la bondad que te mostré. Tú eras Mi amiga, Mi compañera. Tú eras Mi amante».

Supongo que Dios estaba pensando en volver a los días en que los hijos de Israel cantaban alabanzas en el Mar Rojo. Luego estuvieron al pie del Monte Sinaí, y dijeron: «Todo lo que Tú digas lo haremos». Luego siguieron la columna de nube y la columna de fuego en el desierto. Ellos confiaron en Dios para guiarlos y para proveer para ellos.

Dios dice en Jeremías 2: «Recuerdo. De ti recuerdo el cariño de tu juventud, el amor de tu desposorio (amor de novia), de cuando me seguías en el desierto» (v. 2).

Pero algo había cambiado. Ahora Dios dice: «Donde una vez me seguiste. . .» Y si tan solo pudiera extraer algunas frases de Jeremías capítulo 2, Dios dice: Ahora, (Mi pueblo) me ha abandonado a mí, fuente de aguas vivas». (v. 13)

«¿Se olvida una novia de su vestido, su vestido de novia? ¿Puede ella mostrarse en su boda sin sus joyas o su vestido?» Es impensable, pero Dios dice: «Pues mi pueblo me ha olvidado por innumerables días» (Jer. 02:32).

Peor aún, Dios dice: «Mi pueblo ha caído en los brazos de otros amantes. Tú dijiste: “He amado extranjeros. Detrás de ellos, iré”. Ellos, dice Dios, Me dieron la espalda y no sus rostros. Han jugado a la mujerzuela (o la ramera), con muchos amantes» (Jer. 2:33, parafraseado).

Lo que Dios dice es: «Yo no he cambiado. Mi amor por ti no ha disminuido. He sido fiel a ti. He guardado mi pacto. Pero en algún momento, al pasar el tiempo, tu corazón hacia mí cambió. No me amas de la manera que lo hiciste una vez. Me has abandonado. Me has olvidado. Has ido tras otros amantes. No me has sido fiel. Has estado ausente».

Todo esto no es poca cosa para Dios. Seis veces en el capítulo 3, Dios dice que Su pueblo lo ha traicionado. Seis veces en el capítulo 3, Él dice: «Mi novia ha sido desleal, infiel, como una esposa traidora deja a su esposo, así me has traicionado, oh casa de Israel» (Jer. 03:20).

Dios dice que Él es un amante celoso; que esto es terrible para Él. Él está desconsolado por la infidelidad de Su esposa, y utiliza este lenguaje tan gráfico de las rameras y las prostitutas y cosas que ni siquiera nos gusta poner como nuestras palabras cuando estamos en buena compañía.

Sin embargo, a pesar de toda la evidencia, el pueblo de Dios no lo entiende. Dios dice: «A pesar de todas estas cosas, tú dices: Soy inocente. Soy inocente. Ni siquiera reconoces lo que has hecho», dice Dios (Jer. 2:35, parafraseado).

«Actúas como si todo estuviera bien entre nosotros». Tú dices: «¿Quién, yo? Otras personas pueden ser infieles, pero nosotros somos inocentes». Y Dios dice: «Me quieres, y quieres a tus otros amantes al mismo tiempo, y no lo puedes tener».

Por cierto, no se trata solo de los israelitas. El apóstol Pablo dijo: «Tengo un celo divino, pues os desposé a un esposo para presentaros como virgen pura a Cristo. Pero me temo que así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, tus pensamientos sean desviados de la sencillez y la pureza de la devoción a Cristo» (2 Cor. 11: 2-3, parafraseando).

Algunas de ustedes conocen el tema musical de Aviva Nuestros Corazones, y lo han escuchado, es, «Fuente de la Vida Eterna». Las palabras que más resuenan en mi mente de este viejo himno son: «Propensa a vagar, Señor, lo siento. Propensa a dejar al Dios que amo».

¿Qué dijo Cristo a la iglesia de Éfeso en Apocalipsis, capítulo 2: «El que camina en medio de los siete candelabros de oro». Él dijo: «Yo conozco tus obras. Conozco tu arduo trabajo. Sé de tu paciente resistencia. Yo sé que no puedes soportar a los malos» (v. 2, paráfrasis). «Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor» (v. 4).

Dios le dice: «Recuerdo la devoción de tu juventud, tu amor como novia» (Jer. 2: 1).

¿Qué nos hace desviarnos, apartarnos de esa sincera y pura devoción a Cristo? ¿Qué nos hace abandonar o dejar nuestro primer amor? Para mí, y tal vez para la mayoría de nosotras, no son, por lo general, las grandes y enormes explosiones.

Es una fuga, un escape lento. Son las pequeñas zorras. Las mismas cosas, tal vez, que roban la intimidad en el matrimonio. Cosas como las muchas ocupaciones, ir en diferentes direcciones, la familiaridad que reproduce, no necesariamente desprecio, tal vez solo descuido, abandono, la falta de ser intencional en preservar la intimidad, ya sea en el matrimonio o en nuestra relación matrimonial con Cristo.

¿Cuáles son las señales de advertencia? ¿Cómo podemos saber? ¿Cuáles son las evidencias de que «el ritmo del ministerio en nuestras vidas ha sobrepasado el ritmo de nuestra intimidad con Cristo»?

Bueno, yo no puedo hablar por ti, pero me miro en el espejo un montón de veces, y puedo ver las señales. La falta de gozo, de alegría, me encuentro a veces empezando a resentir las mismas personas que el Señor me ha llamado a servir.

Tal vez tú has estado allí. Me encuentro cada vez más ansiosa, tensa, controlando, exigiendo, en lugar de tener un espíritu manso, afable y apacible.
Hay momentos, y tal vez sólo Dios y nosotras somos las únicas que sabemos, pero hay esa brecha entre lo que somos en público, cuando todo el mundo nos observa, y estamos firmando libros, y estamos como el centro de atención; y lo que somos cuando recostamos la cabeza, y solo estamos con nuestros amigos y familiares más cercanos.

¿Alguna vez te encontraste justificando concesiones pequeñas que van en aumento? No cosas grandes, pero cosas que antes de estar tan ocupada, nunca hubieras pensado que estaban bien? Ahora las dejas pasar porque tú no tienes tiempo para ocuparte de ellas? Es una señal de que has perdido ese primer amor.

Cuando estamos trabajando más duro en proteger nuestra imagen pública que en proteger nuestro carácter personal privado, es una señal de que hemos abandonado nuestro primer amor.

La falta de oración, cuando perdemos el sentido de nuestra necesidad desesperada de Dios.

Aquí hay otra señal: empezamos a medir el éxito en términos de popularidad, de ventas, de asistencia y de donaciones, en lugar de la forma en que Dios mide el éxito.

Y entonces justificamos descuidar prioridades bíblicas, violamos las prioridades bíblicas de nuestra relación con Dios, de nuestra relación con nuestra familia. Me rompe el corazón, tengo que decir, ver a tantas mujeres que están trabajando tan duro para tener éxito en el ministerio, en el mercado del ministerio, cuando están descuidando su propio matrimonio, sus propios hijos, y su propia relación con Dios.

Cuando llegamos al punto de dejar nuestro primer amor, el ministerio se convierte en un mecanismo para mantener, una imagen que debemos proteger; como una caminadora en la que tenemos que permanecer para evitar desesperadamente caernos de ella.

A veces, cuando estás sola, ¿alguna vez  abres tu corazón y te preguntas: «Qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Para qué es todo esto?»

El Ministerio se ha convertido en una máquina en lugar de una pasión por una persona, Jesucristo. Dios dice: «De ti recuerdo el cariño de tu juventud, el amor de tu desposorio» (Jer 2: 1).

Dios presenta Su caso contra su novia. Él dice: «Algo espantoso ha sucedido». Dios habla como un amante abandonado, traicionado, pero siempre amándola.

Vemos en este pasaje de Jeremías, y te animo a ir y profundizar en este pasaje por tí misma. He estado aprendiendo en las últimas semanas que Dios es un Dios reconciliador y redentor, que nunca deja de amar, nunca deja de perseguir Su novia rebelde.

Sorprendentemente, en este pasaje Él le suplica a su pueblo que vuelva, que regrese, a pesar de lo mucho que lo han abandonado, olvidado, e ido detrás de otros amantes. Dios quiere que la relación sea restaurada.

¿No te hace esto feliz? Una y otra vez, Dios dice en el capítulo 3, «Regresa. Regresa, infiel Israel. No te miraré con ira, porque soy misericordioso. Solo reconoce tu iniquidad» (v. 12). Acepta la verdad. Quítate la peluca. Sé honesta. «Volved, hijos infieles. Volved. Yo perdonaré tu infidelidad» (Jer. 3:14, parafraseado).

Ese es el evangelio. Esas son buenas noticias. Ese es el evangelio para personas salvadas, y ¿sabes qué? Lo necesitamos. Necesito predicarme el evangelio a mí misma todos los días de mi vida. Tengo que creer en el evangelio todos los días de mi vida.

«Vuelve, y perdonaré tu infidelidad». Mientras meditaba sobre todo ese concepto de Dios llamando a su pueblo a regresar, ayer por la mañana, estaba pensando en todas las veces que en todos estos, años de caminar con el Señor, mi amor se ha enfriado y mi corazón se ha endurecido y mi corazón ha estado lejos de Dios.

Y Dios, una y otra vez, ha perseguido mi corazón y me ha traido a Él de nuevo y me ha cortejado de regreso a Él y ha dicho: «Vuelve! Vuelve! Vuelve!»

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha identificado algunas tentaciones que enfrentamos cuando estamos muy ocupadas. Puede que te encuentres involucrada en actividades buenas, pero te has dado cuenta de que en tu vida hay algunas de las fugas de las que Nancy ha estado hablando. Es bueno que tomes un tiempo para orar y hablar con el Señor acerca de lo que has escuchado.

Para leer, escuchar o compartir este programa visítanos en nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com. También puedes escuchar o compartir el programa a través de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones.

Bien, si tú eres tu una oyente habitual de Aviva Nuestros Corazones y estas enseñanzas han afectado tu vida y tus decisiones, Nancy tiene una exhortación para ti.

Nancy: Hay periodos donde estoy tan agradecida al ver cómo Dios mueve los corazones de muchas oyentes para ayudarnos a sobrepasar nuestros retos económicos. Al mismo tiempo, en ocasiones nos vemos en la necesidad de suspender algunos alcances.

Mientras las ofrendas generosas de fin de año nos ayudan a cerrar una brecha presupuestaria, nuestros gastos de mes a mes continúan. Si tú eres una de nuestras oyentes regulares y has sido bendecida por este ministerio, ¿considerarías convertirte en una colaboradora mensual? En muchos sentidos, aquellas que nos apoyan constantemente son el alma de este ministerio.

Ellas proporcionan una fuente estable de ingresos mensuales, mientras que otras donaciones pueden variar. Se comprometen a hacer una donación mensual y también se comprometen a orar por Aviva Nuestros Corazones, y comparten el mensaje con otras mujeres.

Cuando dices: «Sí, quiero hacer este ministerio posible», te damos las «gracias» enviándote un acceso para descargar el CD instrumental «Come, Adore» / «Venid, adorad».

Annamarie: Así es Nancy, estamos muy agradecidas por las formas en las que Dios provee y cómo nuestras oyentes son parte de esa bendición, tanto las que nos apoyan financieramente como aquellas que oran por el ministerio y comparten los recursos.

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Casi todas nosotras diríamos rápidamente, «¡Estoy ocupada!» Bueno, el peligro de las muchas ocupaciones es que amenazan la relación más importante que tenemos.

Nancy: Tu caminar con Dios, es tu carta de presentación. Si pierdes eso, tu no tienes un ministerio. Ahora, si pierdo eso, voy a tener una organización, pero no voy a tener un ministerio.

Le he dicho a nuestro equipo repetidamente a través de los años, si no puedo mantener intimidad con Cristo, una relación y un caminar con Él, mientras mantengo las exigencias de este ministerio, entonces el ministerio tiene que irse. No puedo vender mi alma a la organización. No puedo hacerlo.

La tentación está ahí todos los días de mi vida para hacerlo, y está ahí en la tuya también.

Annamarie: Escucha la segunda parte de la enseñanza de hoy en la continuación de esta serie, «Redescubriendo la intimidad con Dios». Aunque estés muy ocupada, te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones con un mensaje importante.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

God Rest Ye Merry, Gentlemen, Nancy DeMoss Wolgemuth, Come Adore ℗ 2014 Revive Our Hearts

Sólo en Jesús, Steve Green, Sólo en Jesús ℗ 2009 Steve Green Ministries

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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