Podcast Aviva Nuestros Corazones

La impecabilidad de Cristo

Leslie Basham: Como una verdadera maestra de la Biblia para mujeres, Nancy Leigh DeMoss a menudo pasa horas a solas enfocada en el estudio. ¿No suena como si este fuera un ambiente seguro para alejarse del mundo y evitar el pecado?

Nancy Leigh DeMoss: Pero Dios, Él conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos. 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Hemos estado preparando nuestros corazones para la temporada de Pascua, siguiendo a Nancy, en una serie llamada, El Cristo incomparable.

Nancy: Quiero hablar hoy de otra manera obvia en la que Cristo es incomparable. Si estás siguiendo junto a nosotras el libro de Oswald Sanders, estamos en el capítulo 13, que se llama la "La impecabilidad de Cristo".  Creo  que impecabilidad es una palabra con la que no estamos muy familiarizadas. Eso es parte de lo que hace único a Cristo y lo hace incomparable.

Mientras me preparaba para esta serie y llegué a este capítulo,  pensé: "Seguramente todos los que están escuchando este programa estarían de acuerdo en que Jesús no tenía pecado, de manera que ¿necesitamos realmente un programa completo sobre la impecabilidad de Cristo?" Pero resulta, que mientras he estudiado este tema,  me di cuenta que no necesariamente todo el mundo está de acuerdo en que Jesús era sin pecado.

De hecho, descubrí algunas estadísticas sorprendentes en una encuesta de investigación de Barna, que dice que hay casi igualdad de opiniones entre los adultos estadounidenses sobre este tema: 42% de los estadounidenses encuestados creen que Jesús pecó; solo el 40% cree que no lo hizo. Piensas, que si en esta encuesta le preguntas al público estadounidense en general y que gran cantidad de estas personas no crea en Cristo no te sorprenderías.

Pero entonces hicieron un estudio por denominaciones, con las personas que asisten a las diferentes denominaciones de creyentes. Te voy a decir que la mejor denominación para este conteo fue la Bautista. Pero escucha esto antes  de que digas un rápido "amén". A esto solo el 55% de los bautistas está en desacuerdo en que Jesús pecó cuando estuvo aquí en la tierra —y se encontraban en el tope del grupo encuestado.

Eso significa que ¡casi la mitad de los bautistas encuestados piensa que Jesús podría haber pecado o que pecó! Como alguien me dijo mientras discutíamos este tema el otro día: "¡Si Cristo es nuestra justicia, es bastante malo pensar que El pudo haber pecado!".

Vamos a hablar de todo este tema del pecado, de donde vino, y el concepto del pecado original.  Es un concepto muy doctrinal pero muy importante. En Génesis capítulo 3 encontramos—ya conoces la historia —cómo Adán y Eva, creados sin una naturaleza pecaminosa, desobedecieron la ley de Dios. Siguieron sus propios caminos de manera independiente, y pecaron.

Desde ese momento, cada ser humano nacido ha llegado a esta carrera con una naturaleza pecaminosa, excepto uno. Eso es lo que se conoce como la doctrina del pecado original o heredado. Adán nos representó a todos nosotros. Estábamos en él, y en él todos hemos nacido en este mundo como pecadores.

Ahora, eso no necesariamente quiere decir que los bebés están haciendo cosas pecaminosas. Pero pecamos porque somos pecadores. Hemos heredado esa naturaleza pecaminosa. La tenemos de nuestros padres, que a su vez la recibieron de sus padres (y madres también)…

Leemos en Romanos capítulo 5, por ejemplo que, "Por la desobediencia de un hombre  (¿quien fue ese hombre? (Adán) los muchos (o sea todos nosotros) fueron constituidos pecadores" (v. 19). "El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron" (v. 12).
Las Escrituras son muy claras al respecto. "No hay justo, ni aun uno… Todos se desviaron. . . no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno" (Romanos 3:10-12). "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23).

Esa es la condición humana —caída, pecaminosa. Es cierto que tú, yo, tus hijos, tus nietos —a pesar de lo dulce que puedan ser —son pecadores con necesidad de un salvador. Estamos separados de Dios. Con una excepción, y es Jesús quien vivió una vida sin pecado. Él hizo lo que el primer Adán no pudo hacer. Él cumplió perfectamente la ley de Dios. Las Escrituras son muy claras en esto. "Él no conoció pecado" (2 Corintios 5:21). "Él fue tentado pero no pecó" (Hebreos 4:15).

Ahora la pregunta es ¿cómo pudo Él haber nacido sin una naturaleza pecaminosa, como cualquier otro ser humano en la historia del mundo desde Adán y Eva? La vida humana comienza en el momento de la concepción. En el momento en que el ADN del hombre y la mujer se combinan. Pero con Jesús no ocurrió así. ¿Recuerdas? Hemos hablado anteriormente en esta serie de que Él existió antes de la creación del mundo. Él no vino a la existencia la noche que nació en Belén. Él había existido por toda la eternidad pasada.

El cuerpo físico de Jesús que nació en Belén fue una creación especial de Dios, colocado en el útero de una adolescente llamada María. Eso es lo que llamamos el milagro del nacimiento virginal.

Si estás familiarizada con las Escrituras, en Mateo capítulo 1 versículo 18 dice, "El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera. Su madre, María, estaba desposada con José, antes de que llegaran a estar juntos se halló concibiendo del Espíritu Santo".

No me pidas que lo explique. No puedo —es sobrenatural— pero es verdadero. Lucas capítulo 1 lo dice de esta manera: "Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Vas a tener un hijo, pero Su padre va a ser Dios. Entonces María le dijo al ángel: [pregunta comprensible aquí], “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”

No puedo quedar embarazada. No puedo tener un hijo. Nunca he conocido a un hombre. La respuesta de los ángeles es realmente importante. El ángel le respondió "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado-Hijo de Dios "(Lucas 1:31 - 35).

Jesús no fue el producto de la unión física de un hombre y una mujer, sino que fue sobrenaturalmente concebido en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo. Esto nunca ha sucedido antes y nunca ha ocurrido desde entonces. Dios hizo esto específicamente en ese momento, en ese tiempo de la historia envió a Jesucristo como hombre a este mundo.

Se trata de una trama que ninguna de nosotras podríamos haber ideado. No podríamos haberla diseñado. No podíamos haber pensado en ella. Y si lo hubiéramos pensado, no podríamos haber hecho que esto ocurriera. Solo Dios podía hacerlo. Como resultado de que la vida de Cristo fue colocada en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo, no le fue trasmitido el pecado de María o de José. El nacimiento virginal —que es de lo que estamos hablando aquí —es de vital importancia. Esto hizo que fuera posible que Cristo compartiera nuestra humanidad —hemos visto lo importante que esto es —el nacer de una mujer, sin compartir nuestra naturaleza pecaminosa al mismo tiempo, porque fue concebido por el Espíritu Santo.

Así que aprendemos en las Escrituras que Él fue absolutamente puro y sin mancha de pecado —desde el día en que nació, hasta el día en que murió. La impecabilidad de Cristo.

Entonces surge la pregunta: "¿Pero si no pecó, era Él en realidad totalmente humano?" Quiero recordarles que la naturaleza pecaminosa no era parte de nuestra naturaleza original. Adán y Eva eran verdaderamente humanos antes de pecar. El pecado ha sido y es una perversión de nuestra verdadera humanidad. Cristo vino  —sin pecado Dios / hombre —para restaurar nuestra humanidad completa sin pecado.

"Tú le pondrás por nombre Jesús". ¿Por qué? "Porque Él salvará a su pueblo —¿de qué?— de sus pecados" (Mateo 1:21). Este es el asombroso plan de Dios. No hay nada igual en toda la historia del universo. Él envió a Jesús a este mundo—el Dios / hombre sin pecado —concebido por el Espíritu Santo, colocado en el vientre de la virgen María. ¿Por qué? ¿Cuál era el punto? El punto es que Él vino a restaurar nuestra humanidad completa sin pecado, para rescatarnos de nuestros pecados.

La impecabilidad de Cristo fue bien probada. Fue probada por Sus amigos. Los discípulos vivieron con Él durante tres años, día tras día.  No tienes que vivir conmigo durante tres días para saber que soy una pecadora. Probablemente mucho menos tiempo que ese. Durante tres años, estos hombres vivieron, caminaron y hablaron con Cristo. Ellos lo vieron en todo tipo de circunstancias. Dos de los discípulos que estuvieron más cerca de Jesús, luego escribieron cartas que hablaban de Su impecabilidad.

Juan dice en 1era de Juan capítulo 3 versículo 5: “En él no hay pecado”.

Pedro dice en 1era de Pedro  capítulo 2: "Él cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca" (1 Pedro 2:22).

Solo piénsalo por un momento. Jesús nunca, nunca pecó —desde Su nacimiento hasta el día en que murió. Él nunca pecó de palabras, acciones, actitudes. Nunca fue impaciente, arrogante, grosero, egoísta, cruel. Nunca desobedeció a Sus padres, nunca eligió Su propio camino en lugar del de Dios. No solo había esta ausencia de pecado, sino que también estaba  la santidad positiva. Él dijo e hizo todo lo que el Padre le dijo que hiciera. Amó a Dios y a los demás perfectamente cada momento de Su vida.

Pienso en mi propia vida, cuando me siento en mi estudio durante horas y horas, según lo que las personas supondrían, sin cometer ningún pecado visible. No hay nadie en la habitación. Se pudiera decir, "Ella no está pecando. Ella está allí estudiando la Biblia para Aviva Nuestros Corazones". Pero Dios conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos.

Pero por el otro lado, de manera positiva, la santidad activa. Él siempre hizo lo que le agradaba al Padre. Jesús dice, tanto en el Salmo 40  versículo 8, y luego lo repite en Hebreos capítulo 10 de los versículos 5-7: "Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;tu ley está dentro de mi corazón". Eso describe a Jesús.

¡No solo no rompió la ley de Dios ni una vez, sino que la cumplió perfectamente cada momento de cada día de su vida! Pienso en ese pasaje de Miqueas capítulo 6 versículo 8 que a menudo escuchamos. “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno”.

¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti,sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia,y andar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6:8). Cristo cumplió perfectamente ese mandato.

No solo Sus amigos testificaron de Su impecabilidad, sino que Sus enemigos también daban testimonio de ella.

Pilato les dijo: "No encuentro delito en este hombre" aun cuando lo intentó varias veces (Lucas 23:4). Este hombre no ha pecado, no ha hecho nada malo. Judas dijo: "He pecado entregando sangre inocente" (Mateo 27:4). El ladrón en la cruz dijo: "recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho" (Lucas 23:41). Aun los demonios, cuando los exorcizaba, dijeron: " Yo sé quién eres: el Santo de Dios" (Lucas 4:34). Sus enemigos testificaron de Su impecabilidad.

Jesús mismo testificó que en Él no tenía pecado. Ahora bien, alguien podría decir que no tiene pecado, pero tendría que ser muy arrogante para decir eso, a menos que fuera cierto. Pero en el caso de Jesús, es cierto.

Escucha estos versículos del Evangelio de Juan. Jesús dijo: "yo siempre hago lo que le agrada [a mi Padre]" (Juan 8:29). ¿Podría cualquiera de nosotros decir esto? Él preguntó en Juan  capítulo 8: ¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? (Juan 8:46). Hagamos una pausa, mira a tu alrededor,  Quiero decir, yo no me atrevería a hacer esa pregunta en una habitación llena de gente. En el caso de Jesús, había una gran cantidad de gente que quería acabar con Él, pero nunca hubo una acusación de pecado que le pudieran demostrar o imputar.

Por cierto, la pregunta sigue sin respuesta todavía hoy. Nadie jamás ha condenado a Jesús de pecado. Jesús dijo en Juan  capítulo 15:

"Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor " (Juan 15:10).

Así que dices, "¿Por qué insistir en esto?" Jesús tenía que ser sin pecado, a fin de ser un sacrificio satisfactorio por nuestros pecados. Déjame llevarte por un momento de vuelta al sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los fieles que querían estar bien con Dios, que sabían que habían pecado, iban al tabernáculo o al templo, se presentaban ante el sacerdote, y  traían un cordero. O bien, si eran pobres, ellos traían algo menos costoso, pero algún tipo de animal debía ser sacrificado para expiar sus pecados.

Ahora el animal no expiaría sus pecados. Pero el animal sería asesinado y su sangre sería derramada. El animal moría como sustituto en lugar del pecador. Por supuesto, estos animales eran solo un tipo que apuntaba al Cristo que habría venir.

Los corderos —y lees esta frase muchas veces en el Antiguo Testamento —tenían que ser "sin mancha". No podías entregarle a Dios el más  pequeño de la camada. No podías entregarle a Dios los corderos que nadie más quería. Tenía que ser un cordero sin mancha.

Entonces, una vez al año en la Pascua, cada familia podía tomar un cordero. Éxodo dice: " El cordero será un macho sin defecto, de un año" (Éxodo 12:5). Ellos debían matar el cordero, poner la sangre en los postes,  el dintel, y Dios vería la sangre y pasaría de largo. Su juicio no caería en esa casa.

Durante cientos de años, día tras día, los fieles adoradores judíos trajeron estos sacrificios. Los corderos fueron asesinados —corderos sangrando, corderos muriendo, sangre por todas partes. Ser sacerdote en esos días era un negocio sangriento. Y año tras año, la Pascua se celebraba, los corderos se sacrificaban y la sangre se derramaba día tras día, año tras año por cientos de años —corderos muriendo,  corderos muriendo, corderos muriendo.

Imagínate cuando Jesús se acercó al río Jordán, donde Juan estaba bautizando, y el pueblo escucho a Juan decir: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

Pedro lo dice de esta manera: "Fuisteis redimidos con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha" (1 Pedro1:18-19).  Ves "la paga del pecado es muerte"—eso es lo que la palabra de Dios dice (Romanos 6:23). Pero Jesús no había pecado, por lo que no merecía morir. Él murió una muerte que nosotras merecíamos. Él era inocente. Fue acusado falsamente. Nosotras, por el contrario, somos culpables.

A nosotros se nos acusa con razón.

Un antiguo escritor de himnos lo expresó de la siguiente manera,

Nosotros, Culpables, viles y desamparados,
Él, Cordero de Dios sin mancha.1

Él fue el sacrificio perfecto—el único sacrificio —que podía de forma permanente, y de una vez por todas expiar, pagar por nuestros pecados. A causa de Su muerte sustitutiva en nuestro lugar por nuestros pecados, podemos ser declarados justos y sin pecado, justificados, relacionarnos con Dios, porque Él murió en nuestro lugar.

Romanos  capítulo 5 dice: "Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno ¿y de quién fue la obediencia? De Jesús] los muchos serán constituidos justos" (v. 19).

Primera de Pedro capítulo 3 lo dice de la siguiente manera: "Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (v. 18). Tenía que ser sin pecado por la redención que se llevaría a cabo. Cristo no solo cumplió con el tipo de cordero del sacrificio, sino que también es la imagen del sacerdote que sacrificaba el cordero.

Escucha lo que dice Hebreos capítulo 7: "Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos." ¿De quién es que se habla? De Jesús: santo, inocente, sin mancha. Sin pecado. Entonces continua diciendo ¿Por qué es importante? Porque "Él no necesita, como aquellos sumos sacerdotes [del Antiguo Testamento],  ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo " (vv. 26-27).

Escucha, los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían que seguir ofreciendo sacrificios, y cuando lo hacían era primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Entonces, porque pecaban de nuevo, tenían que ofrecer más sacrificios. Hebreos 7 dice que Jesús no tenía que seguir haciendo esto, porque lo hizo una vez y  para siempre, ofreciéndose a Sí mismo a morir. Él no tenía pecados propios por los cuales morir. Podría morir de una vez por todas, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

Y solo como recordatorio, Su sacrificio como el Cordero de Dios sin pecado fue con el propósito de limpiarnos de nuestros pecados. Efesios  capítulo 5 dice:

"Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella,  para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra,  a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. " (vv. 25-27).

Él era santo y sin mancha, pero Él murió para hacernos santas y sin mancha. Entonces, ¿cómo podemos irreflexivamente, sin cuidado, de forma deliberada, voluntariamente, después de haber sido limpiadas ir escupir en el rostro de Cristo—por así decirlo— pisotear Su sangre y salir y pecar como si no importara? Sí importa. Porque Él lo hizo para limpiarnos y hacernos santas.

Permíteme recordarte que Jesús no cometió pecado, no porque se escudó en el poder sobrenatural de Su propia naturaleza divina o porque Su naturaleza divina venció Su naturaleza humana para guardarlo de pecar, sino porque Él utilizó todos los recursos que se le dieron en Su humanidad. Lo he dicho antes en esta serie, pero creo que vale la pena repetirlo. Tenemos que recordar esto.

¿Cómo lo hizo? ¿Cómo permaneció sin pecado? Él amaba y meditaba en la Palabra de Dios. Él oró a Su Padre. Él confiaba en la sabiduría, la rectitud y la Palabra de Su Padre. Se hizo dependiente del poder sobrenatural del Espíritu sobre Él, para que lo fortaleciera para poder hacer, todo lo que estaba llamado a hacer.

Entonces, ¿cómo podemos nosotras mantenernos libres de pecado? Por el poder de Cristo, el inmaculado que mora en nosotras. Somos entonces capaces de vivir una vida santa, con la fuerza del Espíritu Santo que mora en nosotras. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: "ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí " (Gálatas 2:20).

Creo que hay mucha gente en nuestras iglesias hoy en día, de diferentes denominaciones  y jerarquías, que saben todo esto pero que nunca han puesto de manera personal su confianza en Jesucristo para que los salve de sus pecados. Son religiosos, pero nunca han sido hechos justos. Yo me pregunto incluso si entre aquellas que nos escuchan hoy, podría haber varias así.

Y dices: "Sabes, he escuchado esto antes. Pero hoy Dios se está haciendo más real en mi corazón. Ahora quiero poner mi fe en Cristo, arrepentirme de mis pecados,  arrepentirme de andar a mi manera, haciendo mis cosas. Reconozco que soy una pecadora, y que no puedo salvarme a mí misma. Pero elevo mis ojos y mi fe a Jesucristo, el inmaculado, el cordero de Dios sin mancha,  sin defecto, y recibo el regalo de lo que Él hizo por mí en la cruz  al morir en mi lugar por mis pecados ".

Las Escrituras dicen que en la medida en que pones tu fe en Él, hay una increíble transformación que ocurre. Cristo toma sobre Sí mismo, todos tus pecados. Pero  en la medida en que confíes en Él como tu Salvador, Dios imputa o acredita a tu cuenta toda la justicia de Cristo. Su perfecta vida de obediencia se convierte en la tuya.

Tal vez eso ya ocurrió contigo y solo necesitas refrescarlo hoy para adorarlo y darle las gracias por eso. O, tal vez hoy es la primera vez que confías en Él como tu sacrificio perfecto, tu salvador. Luego te gozas en que Él haya llevado a cabo la transacción en la que Su justicia se te imputa. ¡Oh, gracias, gracias, Santo Cordero de Dios! Te adoramos, te amamos. En el nombre de Jesús,  Amén.

Leslie: La impecabilidad de Cristo es fundamental para tu salvación. Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos el porqué. Este importante tema tiene un significado especial a medida que nos acercamos a la temporada de Pascua. Cuando te enfocas en Cristo, se opera un cambio en tu vida. Por ese motivo estamos presentando la serie de Nancy, llamada El Cristo incomparable, en estas semanas previas al Domingo de Resurrección.

Espero que pases más tiempo meditando acerca de lo que Cristo hizo por ti en la cruz.

Bien, los evangelios hablan de un incidente en una montaña. La vestidura de Jesús comenzó a brillar y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan importante? La respuesta ofrece una gran esperanza y la escucharás en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. "Varón de dolores".

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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