Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: Con nosotras Henry Blackaby.

Henry Blackaby: …cuando Dios dice: «Henry, no hables de tu pecado desde tu perspectiva. Lo vas a justificar. No vas a hacer nada al respecto. No va a ser tan malo si lo ves desde tu punto de vista. Henry, quiero que lo veas desde Mi punto de vista».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Reyes capítulos 19 y 20.

Nos encontramos en la serie de programas titulada, «En busca de Dios». Esta semana hemos estado hablando acerca del tema del arrepentimiento. Ayer escuchamos la primera parte de un mensaje del Dr. Henry Blackaby, y hoy Nancy nos introducirá a la segunda parte. Si te perdiste el programa anterior o cualquier otro, encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy: Sospecho que en este punto probablemente algunas oyentes estarán pensando que estamos en un tema realmente pesado. ¿Cuándo llegaremos a algo más refrescante? ¿Algo más fácil de escuchar que todo esto sobre la humildad y el quebrantamiento y la sinceridad y el arrepentimiento?

Bueno, dentro de unos pocos programas estaremos hablando sobre la asombrosa e increíble gracia de Dios, pero ustedes saben que todo el concepto de la gracia de Dios es aún más rico y precioso para nosotros, cuando vemos la gracia contra el telón de nuestro propio pecado y necesidad. El corazón que nunca ha visto su pecado por lo que es y que no se ha arrepentido verdaderamente, no puede experimentar y disfrutar a fondo de la plenitud de la gracia de Dios.

De modo que hoy queremos compartir la segunda mitad de un mensaje que fue predicado en 1995 por mi amigo, el Dr. Henry Blackaby. Le hablaba a un grupo de unos 4,000 servidores cristianos que estaban experimentando una obra profunda del Espíritu de Dios. Habían pasado horas confesando sus pecados y el Dr. Blackaby los retó a ver el pecado como Dios lo ve.

Oh Padre, te pido que mientras escuchamos estas palabras, abras nuestros corazones, que nos des corazones tiernos y receptivos. Danos un arrepentimiento profundo y sincero, y danos quebrantamiento por nuestro pecado. Danos el don del arrepentimiento, que tu gracia fluya de nuevas formas y a través de nuestras vidas. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Escuchemos ahora al Dr. Henry Blackaby.

Dr. Blackaby: Abran sus Biblias nuevamente en 2 Samuel, capítulo 12. Empezando en el versículo 7 de 2 Samuel 12. «Entonces Natán dijo a David: Tú eres aquel hombre. Así dice el SEÑOR, Dios de Israel». Y luego Dios le dice… Permítanme decirlo con mi traducción como he tratado de interpretarlo, y luego lo leo.

Dios dice: «David, tu pecado fue cometido en medio de mi gracia. David, de haber ignorado lo que Yo había hecho, tu pecado hubiera sido muy diferente. Pero David, pecaste contra mi gracia hacia ti. Déjame darte el contexto de tu pecado. David, yo te ungí rey sobre Israel, tú eras un pequeño pastor. Yo te hice rey, y pecaste en medio de esa gracia».

Luego dice: «Te libré de la mano de Saúl. Yo también entregué a tu cuidado la casa de tu señor y las mujeres de tu señor, y te di la casa de Israel y de Judá; y si eso hubiera sido poco, te hubiera añadido muchas cosas como estas» (v. 8).

«David, tu pecado fue contra el despliegue de mi bondad y mi gracia. Esto hace que tu pecado sea aún más grave, David. Hice por ti lo que no he hecho por otros, y tú pecaste contra eso. He hecho más por ti».

Por eso es que el pecado de un líder es mucho más grave para Dios que el de alguien que nunca ha pasado por el proceso de la gracia de Dios, permitiéndonos hacer cosas maravillosas y asombrosas, tomándonos cuando éramos nadie, salvándonos y luego dándonos un lugar en el ministerio y dándonos responsabilidad y confiándonos al pueblo de Dios. Que nosotros pequemos es mucho más grave para Dios.

De hecho, de momento esto les va a sorprender, si es que todavía no están familiarizados con esto. Dios dijo: «David, que tú pecaras contra el telón de fondo de mi amor significa que desprecias mi ley y que desprecias mi Palabra y que me desprecias a mí».

«Oh Señor, yo no te desprecié. Solo caí en pecado». Dios dijo: «Una persona no cae en pecado. Una persona escoge pecar. No hay tal cosa como caer en pecado. El pecado es una decisión, y David, tomaste la decisión teniendo toda la información que te he dado».

Eso pone mi pecado en una categoría totalmente diferente. No es un desliz. No es un desvío personal. Es una ofensa en la que he despreciado la bondad del Señor y la Palabra del Señor. Él dice: «David, me despreciaste cuando cometiste tu pecado».

Entonces, ¿en qué se ha convertido Dios para mí? Se ha convertido en algo con lo cual apenas puedo lidiar. Hay ocasiones en las que sufro y me la paso llorando cuando Dios dice: «Henry, no hables sobre tu pecado desde tu perspectiva. Lo vas a justificar. No vas a hacer nada al respecto. No va a estar tan mal si lo ves desde tu punto de vista. Pero Henry, quiero que lo veas desde mi punto de vista».

Quiero que lo leas conmigo. No hay nada que haya causado más dolor a mi corazón por mi pecado que cuando leo lo que Él le dice a David. Escúchame mientras lo leo.

Él dice: «En verdad, tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto delante de todo Israel, y a plena luz del sol. Entonces David dijo a Natán: He pecado contra el SEÑOR. Y Natán dijo a David: El SEÑOR ha quitado tu pecado; no morirás» (vv. 12-13).

Ahora, ¿pudiera yo sugerirles que en el gran obrar de Dios quizás entre ustedes haya algunos cuyo pecado ha tenido grandes implicaciones, y quizás necesiten del consejo y la ayuda de personas piadosas para saber cómo Dios puede darles gracia y fortaleza para llevar las consecuencias de su pecado? Y Él lo hará y la victoria será aún más sorprendente para el mundo que los está observando.

Pero escuchen esta declaración muy, muy dolorosa del corazón de Dios. Dice que ustedes no morirán. «Sin embargo, por cuanto con este hecho has dado ocasión de blasfemar a los enemigos del Señor, ciertamente morirá el niño que te ha nacido» (v. 14).

He dicho: «Señor, si soy un líder entre tu pueblo y peco, les doy gran ocasión a los enemigos de mi Señor para blasfemarlo». Dije: «Señor, no quiero que eso suceda». Él dijo: «Entonces deja de pecar».

Hay enemigos de Dios que darían lo que fuera en el mundo para que yo peque porque quieren blasfemar a mi Señor. Una cosa es decir: «Señor, te amo con todo mi corazón». Pero otra cosa es decir: «Oh Dios, guárdame de pecar no sea que dé lugar a tus enemigos para que blasfemen tu santo nombre».

¿Ven? David lo veía desde una perspectiva. Dios dice: «¿Sabes lo que has hecho, David? Mis enemigos estaban esperando para blasfemar mi nombre y tú les diste la ocasión para hacerlo. Por esa razón, David, ese pequeño bebé no vivirá».

El corazón de David se describe como un corazón conforme al de Dios, David sabía que Dios era un Dios de misericordia. Había escuchado la voz de Dios decir que el pequeño no viviría. David procedió con una práctica algo fuera de lo corriente. Inmediatamente se vistió de cilicio y puso ceniza en su cabeza. Rasgó sus vestidos y lloró. Ayunó y ayunó y ayunó, y oró todo el tiempo mientras el niño estuvo vivo.

Luego verán que le dicen: «David, mientras el niño vivía actuaste de una forma inusual con arrepentimiento y quebrantamiento. Ahora que el niño ha muerto, pensamos que sería mayor tu luto, pero ahora te has desprendido de todo eso. David, ¿por qué lo hiciste?

Él dijo: «Oh, déjenme decirles por qué. Porque sé que mi Dios está lleno de misericordia y pensé, aunque sabía cuál sería el juicio, que tal vez, tal vez mi Dios de misericordia escucharía mi clamor y libraría al niño. Ahora que sé que el niño murió, ahora puedo levantarme y servir a mi Señor».

Ahora entiendo lo que él dijo: «David, no hables más sobre eso. Tu pecado es tan grave como te digo que es». Nunca lo tomes a la ligera. Todo pecado es contra ti, y solo contra ti, oh Señor, y mi pecado da lugar para que tus enemigos blasfemen a tu Hijo y blasfemen Tu nombre. Oh Señor, dame un odio santo por el pecado. Dame quebrantamiento por mi pecado.

Me vi a mí mismo cuando leí esto y me di cuenta de lo que estaba haciendo; dije: «Oh Dios, ¿qué le he hecho a mi Señor? ¿Quieres decir que cuando peco, esto tiene implicaciones de largo alcance en tus propósitos para mi vida, así como también en los enemigos de Dios?» «Oh, sí», dijo Dios. «Es así de grave. Henry, ¿es que no entiendes lo que costó perdonar tu pecado? ¿Lo has tomado a la ligera? No debe tomarse a la ligera».

Estos son momentos cruciales y creo que Dios está a punto de traer el más grande avivamiento que el mundo haya conocido. Estoy tan convencido de que estamos en el umbral de que esto suceda, y que lo que estamos experimentando aquí es la invitación de Dios no solo para empezar este proceso, sino para completarlo. Si Él te convence de tu pecado, ese es el primer paso en el proceso de lidiar con ese pecado.

Ahora, necesitas tomar la gracia de Dios y aplicarla. Ahora necesitas que ese poder de resurrección te mantenga lejos del pecado. Ahora necesitas que el Cristo reinante reine en ti.

Ahora necesitas poner a esos que Dios puso alrededor tuyo así como Jesús los tenía a su alrededor para ayudarte a sobrepasar los tiempos difíciles. Cuando la carga es pesada, cuando Jesús se acercaba al final de su vida, tomó a tres amigos y dijo: «Tengo que tenerlos conmigo ahora porque voy a la cruz donde Dios va a traer redención».

¿Podría sugerirles a aquellos de ustedes que tienen en sus corazones una carga por avivamiento que mientras más nos acerquemos al momento en que Dios pueda traer avivamiento, la carga será tan pesada que necesitarán tener cerca de ustedes a varias personas que digan apartémonos y vayamos a ese pequeño lugar apartado en la cima de esa colina y derramemos nuestro corazón a Dios para que Él nos hable de esa gran liberación que vendrá, así como le habló a Jesús en el monte de la transfiguración.

Les digo que nunca vendrá avivamiento hasta que muchos de nosotros vengamos a nuestro Getsemaní. Muchos de nosotros no queremos Getsemaní. Queremos que todo el dolor sea removido y a la primera señal de dolor nos quejamos delante Dios y decimos: «Oh Dios, quita este dolor. No lo quiero». Y Él dijo: «Entonces no me sirves de nada. Deja que mi Hijo te lleve a tu Getsemaní porque de Getsemaní salió la redención del mundo».

Si Dios está a punto de traer gran avivamiento, este viene al mundo en dolores de parto y alguien tiene que sufrir los dolores de parto hasta que venga el avivamiento. Tenemos la tendencia de decir que vamos a celebrar el avivamiento que está por venir, y Dios dice que no habrá avivamiento. Un niño no nace sino hasta que se hayan completado los dolores de parto. No vendrá ningún avivamiento a no ser que alguien lleve el dolor que lo da a luz.

Oro por algunos de ustedes líderes para que el Señor ponga una carga en sus corazones por sus campus, y que cuando otros estén mirando los partidos fútbol americano y de béisbol y basquetbol, ustedes estén en su pequeño lugar aparte clamándole al Señor: Oh Dios, dame este campus o muero. Oh Dios, están saliendo hacia la eternidad. Oh Dios, déjame quedarme aquí hasta que me hables sobre el éxodo, sobre la gran liberación que estás por traer».

Aquellos que han pagado el precio han vivido para levantarse en medio de su campus y el poder de Dios es conocido y los infieles y ateístas claman a Dios por el perdón de sus pecados. Los que blasfeman caen sobre sus rostros bajo la asombrosa presencia de un Dios santo. Esto se repite una y otra vez en la historia.

Edmund Orr, quien escribió Campus en llamas, un libro que se ha convertido casi en parte de mi vida desde que lo leí, dijo: «Oh Dios, en tu bondad, ¿podrías intervenir en nuestra nación y tocar nuestros campus universitarios una vez más?»

¿Será que Dios ha orquestado este mismo momento para decir: «Vine a los míos y los míos no me recibieron, y a aquellos que creyeron en mí, les di poder y autoridad para actuar como mis hijos, he obrado a través de ellos y me di a conocer desde donde nace el sol hasta donde se pone»?

Así que vengo simplemente a compartir con todo mi corazón que Dios nos tocó ayer y expuso nuestro pecado. Ahora nos está diciendo: Deja que esa convicción de pecado continúe hacia el arrepentimiento. Les quiero decir que a no ser que la confesión sea seguida por el arrepentimiento, solo le añades a tu pecado. La confesión no es arrepentimiento. La confesión es el primer paso hacia el arrepentimiento.

Pablo dice que la tristeza que proviene de Dios conduce al arrepentimiento. Por eso es que cuando alguien está sintiendo por ese pecado esa tristeza que proviene de Dios, nunca, nunca le doy consuelo. Nunca le doy consuelo a una persona en cuya vida el Espíritu de Dios está trayendo convicción de su pecado. Dejo que esa tristeza por el pecado traiga arrepentimiento pleno porque es en arrepentimiento pleno que viene el perdón. Cuando viene el perdón, viene la libertad. Gozo y poder en el Señor.

Así que juntos hemos dicho: Señor, has traído convicción de pecado a mi vida. Lo he reconocido y confesado ante los hombres. Pero, «oh Dios, ¿podrías poner la certeza en mi corazón de que eso que empezaste dará su fruto a plenitud en mi vida, que el fruto de mi arrepentimiento será perdón absoluto y limpieza y luego el fruto de tu presencia será conocido y leído por todos los hombres?».

Ahora, creo que necesitamos ayudarnos unos a otros. Creo que es importante que cuando veamos a alguno de nuestros amigos cercanos bajo gran convicción a causa de su pecado y que ahora tienes la mayordomía de su vida en tus manos, es algo grandioso que un amigo te diga que Dios lo está convenciendo de su pecado. Es una terrible responsabilidad.

¿Qué harías ahora? ¿Lo consolarás solamente, diciéndole que todo está bien? ¿O le dirías: Déjame quedarme contigo hasta que toda tu agonía sea presentada en el trono de Dios y escuches de Dios, no de mí, diciéndote: «Tus pecados te son perdonados. Levántate y sirve». Me quedaré contigo hasta que sepas que la victoria ha sido ganada. No puedo ganar la victoria por ti, pero puedo hacer lo que Jesús les pidió a sus tres amigos que hicieran. «¿Te quedarías aquí a vigilar conmigo y orar para que Dios pueda traer victoria en mí y a través de mí para que el mundo sepa?»

Oh, qué afortunado eres si alguno de tus amigos te ha confiado la obra de convicción de pecado de Dios. Pienso que la gran arma de Satanás es aislarnos y llevarnos a servir por cuenta propia. Derrotémosle y digamos que no dejaremos que nuestro hermano camine solo. No dejaremos que nuestra querida hermana que está tratando de servir a su Señor, camine sola.

Ahora decimos: Oh Dios, no dejes ningún vestigio de pecado en mi vida. Vengo en mi mente y en mi corazón con el conocimiento de la verdad, y renuncio a mi pecado y te pido que trates con él y me limpies y lo quites de mí y restaures en mí el gozo de Tu salvación para que mi vida sea una vía en la cual los pecadores puedan convertirse y los injustos puedan ser instruidos. Señor, eso es lo que deseo.

Padre, es asombroso conocerte. La mayor parte del mundo nunca se ha encontrado contigo como nosotros lo hemos hecho. La mayor parte de nuestro mundo nunca ha conocido la maravillosa gracia que has dado a través de Jesús tu Hijo. Muchos nunca han oído que hubo una cruz donde en amor cargaste el pecado del mundo sobre Tu Hijo. Muchos nunca han oído del Espíritu Santo que nos ha convencido de pecado, que nos muestra Tu justicia y nos libera del juicio.

Oh Dios. Oh Dios. Tenemos tanto. Ahora, Señor, con Tu gracia y Tu bondad como telón de fondo, con la cruz y la resurrección como telón de fondo, con Tu reino y constante intercesión por nosotros como telón de fondo, y con el derramamiento de Tu Espíritu en pentecostés para capacitarnos como telón de fondo, Señor, venimos ante ti y reconocemos nuestro pecado y pedimos perdón y restauración para que podamos ser tu pueblo en estos días maravillosos.

Nancy: Bueno, me siento tan agradecida del ministerio del Dr. Henry Blackaby, y cómo él nos ha llamado a un nivel más profundo de verdadero arrepentimiento por nuestro pecado. Yo creo que tu corazón ha sido retado al igual que el mío para decir: Oh, Señor, no dejes ningún vestigio de pecado en mi vida.

Esa oración es la que abrirá la puerta a la misericordia y a la gracia de Jesucristo en nuestras vidas. Así es como experimentamos el poder de Su sangre limpiadora en nuestras vidas y luego experimentaremos la plenitud de Su Espíritu Santo morando en nosotros. Si el pueblo de Dios empieza a demostrar el significado del verdadero arrepentimiento, creo que tendrá un enorme impacto en el mundo perdido a nuestro alrededor.

Annamarie: Esta semana de programas es parte del estudio de doce semanas titulado, «En busca de Dios». No te pierdas la oportunidad de seguir este estudio. Puedes hacerlo a tu propio paso (individualmente o en grupo) haciendo uso de los audios de cada uno de estos programas, las transcripciones de los mismos y del libro en el que se basan, también titulado, «En busca de Dios». Encuentra todo esto por su título haciendo uso del buscador en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com

Y más importante aún, haz de todas estas enseñanzas parte de tu vida.

Sabes, hay una gran diferencia entre sentirnos tristes por algo que hemos hecho mal, y arrepentirnos por el pecado. Mañana hablaremos más acerca de esta diferencia como continuación de nuestro tema de esta semana, ¡te esperamos! 

Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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