Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: Hoy nos acompaña, Henry Blackaby.

Henry Blackaby: Considero que para el momento en que tengamos que dar cuentas a Dios por todo lo que hemos hecho en nuestra vida, la gran tragedia sería que Dios nos dijese: «Déjame mostrarte lo que pudiste haber hecho. Déjame mostrarte lo que hubieses sido si hubieses estado a mi lado, si hubieses recibido Mi gracia en tu vida, si no te hubieses alejado de Mi gracia. Tú sabes que el poder de la resurrección puede hacerte libre, pero viviste en esclavitud por diez años. Permíteme decirte qué hubiese pasado durante esos diez años si hubieses creído en Mí.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Reyes capítulos 16 al 18.

A través de esta serie de programas titulada, «En busca de Dios», Nancy nos ha estado guiando en el proceso de descubrir el gozo de un avivamiento personal. Tomamos una semana para hablar acerca de lo que es y lo que no es un avivamiento, y luego comenzamos a hablar acerca de características de un avivamiento genuino. Ya vimos la humildad y la honestidad, y esta semana estamos viendo otro elemento importante: el arrepentimiento.

Aquí está Nancy para introducir el mensaje de hoy.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Como seguimos en el proceso de «buscar a Dios», esta semana traemos lo que pienso es uno de los conceptos más importantes y todavía uno de los más descuidados en la iglesia hoy día, y es el tema del arrepentimiento.

Uno de los mensajes más poderosos que he escuchado acerca del arrepentimiento fue impartido por mi amigo, el Dr. Henry Blackaby, en 1995. Hoy queremos compartir contigo fragmentos de este mensaje, el cual concluiremos mañana. Pero primero déjame darte un poco del contexto de este especial mensaje.

Aproximadamente 4,000 servidores cristianos de amplio ministerio internacional se habían reunido para la capacitación semestral de su equipo. El liderazgo de ese ministerio había sentido un gran llamado de parte de Dios de avivar a su propio equipo, por lo que me llamaron para compartir mi parecer con el equipo durante esa semana. Después que yo terminé de hablar esa mañana, por las siguientes doce horas o más, vino un miembro tras otro del equipo hacia el micrófono en ese enorme auditorio, a compartir cómo Dios les había confrontado con aspectos de sus vidas que ellos necesitaban corregir delante de Dios. 

En la providencia de Dios, el ministerio había invitado al Doctor Blackaby a hablarles a las personas al día siguiente. Todavía recuerdo cómo el Doctor Blackaby vino y, sentado entre la audiencia la noche antes de su participación, escuchaba cómo una persona tras otra, abrían sus corazones con estas confesiones que les pesaban tanto. Fue muy tierno para mí sentarme al día siguiente y escuchar cómo el Doctor Blackaby expuso, de pie ante el auditorio, y de modo muy pastoral, habló a todas aquellas personas con la Palabra de Dios sobre el proceso de arrepentimiento.

Él los exhortó pidiéndoles que le permitieran a Dios llevar esa obra de arrepentimiento en sus corazones, tan profundamente como fuese necesario. Quiero animarles a escuchar cuidadosamente el mensaje del Doctor Blackaby acerca del arrepentimiento, y pedir a Dios que te ayude a ver tu pecado como Él lo ve, de manera que puedas venir a Dios con un corazón quebrantado y contrito. 

Doctor Henry Blackaby: ¿Podría sugerir que para algunos de ustedes el pecado en sus vidas ha estado allí durante un prolongado período de tiempo? ¿Ha afectado tu carácter el hecho de que el pecado se haya enraizado en tu vida durante un profundo periodo de tiempo? Dios puede perdonar tu pecado de inmediato, pero Dios requiere de tiempo para reconstruir tu carácter. Algunos de ustedes van a descubrir que el tener un encuentro con Dios, donde Él les perdona, es el comienzo de un proceso de arrepentimiento

A Dios le tomó 40 años reestructurar el carácter de Moisés, hasta que estuvo debidamente preparado por Dios para dirigir a su pueblo. Él mostró cierto defecto de carácter, y el carácter toma más tiempo en desarrollarse. 

Hay algunas cosas que han pasado en tu vida de pecado que permanecerán allí el resto de tu vida. Tendrás que tomar lo que el pecado ha hecho, y tendrás que experimentar la gracia de Dios para que te ayude a lidiar con ello por el resto de tu vida. Él no lo quita. Él te perdona, pero el pecado a menudo tiene tal dimensión, especialmente cuando es cometido por líderes, que las consecuencias no serán quitadas de tu vida. Tendrás que vivir con ellas y dejar que la gracia de Dios te dirija a tener la victoria por el resto de tu vida.

Es muy, muy crucial que entiendas lo importante que es el arrepentimiento para Dios. Seguro estás consciente de que la primera predicación de Jesús fue:

«Arrepentíos, que el reino de cielos está cerca». La primera predicación de Juan el Bautista era, «arrepentíos».

El mensaje del cielo para el pueblo de Dios es «arrepentíos». Ese mensaje no fue dado primero al mundo. Fue un mensaje dirigido al pueblo de Dios; como va el pueblo de Dios, así va el resto del mundo. El propósito redentor de Dios descansa en su pueblo, por lo que cada vez que escucho el nombre de Jesús, yo digo: «Oh Dios, ¿examinarías mi corazón y tratarías conmigo? 

Siempre que escucho el nombre Jesús, sé que el nombre fue dado para librarme de mi pecado. Como soy librado mi pecado, Dios usa mi vida como una vía para llevar la Palabra al resto del mundo. Celebramos el nombre Jesús.

Todos nosotros hemos sentido ese estremecimiento: «Oh Dios, búscame y pruébame y ve si hay algo en mí, porque el nombre de Jesús fue para librarnos de nuestros pecados de modo que Tú tengas un pueblo limpio y santo a través del cual puedas tocar el resto del mundo. Oro para que cada vez que invoques el nombre Jesús, haya un continuo proceso de arrepentimiento en tu corazón, que el nombre de Jesús te guarde en una relación diaria con Él y que puedas ser usado por Dios.

Hablando otra vez a su pueblo, la seriedad del arrepentimiento es presentada en Lucas 13, cuando su pueblo estaba hablando con Él acerca de una tragedia que había sucedido, y Jesús los miró solemnemente diciéndoles: «Quiero que sepan que si no se arrepienten, ustedes también perecerán» (v. 3, parafraseado). Esto no era algo ligero para él, tendrían que arrepentirse o morir.

¿Podría sugerirte que este es el caso en la vida de cada uno de nosotros? No estamos hablando –si somos cristianos– acerca de la condenación eterna. Pero puedo asegurarte que si no nos arrepentimos regular y sistemáticamente, esto ocasionaría inmediatamente el juicio de Dios. El juicio de Dios no espera. Comienza en el momento que pecamos y va cobrando ímpetu.

Habiéndoles escuchado a algunos de ustedes, han descrito de una manera encolerizada y amarga, cómo las cosas han ido de mal en peor y peor. Me dije a mí mismo: «Eso es exactamente por lo que Jesús nos llama a un arrepentimiento inmediato». Si no cambias tu mente, tu corazón, tu alma, tu vida, y tu estilo de vida, llevándola lejos de lo que Dios llama pecado, el pecado empezará a destruirte. Empezará a destruir tu ministerio y tu familia. Te separará de tus hijos.

El pecado es algo horrible para Dios. Jesús dijo: «A menos que se arrepientan, de seguro perecerán». En el capítulo 19 de Lucas, Él pronunció esa maldición sobre Jerusalén y sobre Judea porque ellos no se arrepentirían, y eso les costó sus vidas.

Nuestro Señor Jesús dice que el arrepentimiento es absolutamente crucial. Quiero referirme al apóstol Pablo por un momento en la segunda carta a los Corintios 5:9. Luego nos iremos al clásico texto de las Escrituras para el entender del arrepentimiento, y es el Salmo 51. En el Salmo 51, vemos el pecado desde la perspectiva de David, pero debe referirse al texto de 2 Samuel 12, para ver ese mismo pecado desde la perspectiva de Dios. Eso es lo que quiero compartir con ustedes.

Solo quiero que ustedes sientan el corazón del apóstol Pablo en lo referente al pecado. En 2 Corintios 5:9, dice: «Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables».

La mayor parte de la carga que escuchamos ayer tenía que ver con relaciones rotas (con nuestros padres, compañeros de trabajo, entre otras personas), pero la mayor tragedia de todo esto es lo que sucede con nosotros y nuestro Dios. David tuvo razón cuando dice: «Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos» (Sal. 51:4).

El arrepentimiento es siempre delante de Dios; el apóstol Pablo nos dice: «Oh, hago esto determinado, en todo momento, bajo todas las condiciones, para complacerlo a Él». Ahora bien, él ofrece dos razones y quisiera mencionarlas brevemente, luego lo ilustraremos con la vida de David.

Él dijo: «La razón por la que escojo una opción, por sobre cualquier otra opción en mi vida, sea lo que fuere que estuviese sucediendo en mi vida, la cosa que más deseo es complacer a mi Señor». «Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» (2 Cor. 5:9-10). Entonces, en la mayor parte de nuestro pensamiento, nosotros cambiaríamos la siguiente oración como vemos a continuación:

Nosotros tendríamos una tendencia a decir: Conociendo por lo tanto la gracia de Dios, conociendo también del amor de Dios, pero ese no es el corazón de Pablo. Él dijo, «Conociendo, pues, el temor del Señor» (2 Cor. 5:11). Si alguna vez usted pierde el temor de Dios, usted nunca se arrepentirá adecuadamente.

«Sé que tendré que presentarme frente al Señor y darle cuentas por mi vida». De todas formas, conociendo el temor de Dios, nosotros persuadimos a otros, especialmente al pueblo de Dios y somos bien conocidos por Dios» (2 Corintios 5, 10-11, paráfrasis).

Supongo que no hay nada que haya conmovido mi corazón delante Dios más profundamente, que el entender la perspectiva de Pablo aquí.

Considero que en el momento que tengamos que dar cuentas a Dios por todo lo sucedido en nuestras vidas, la mayor tragedia sería escuchar a Dios decirnos: «Permíteme mostrarte lo que pudo haber sido. Permíteme mostrarte lo que hubiese sido si te hubieses mantenido a mi lado, si hubieses tenido Mi gracia en tu vida, si no te hubieses apartado de Mi gracia. Tú sabes que mi cruz te hubiese perdonado pero te alejaste y trataste de hacer las cosas por tu cuenta. Sabes que el poder de la resurrección te podía hacer libre, pero viviste en esclavitud por diez años. Déjame mostrarte lo que pudo haber sido en esos diez años si tan solo me hubieses creído.

Si conoces a Dios, ya no tienes que vivir más en pecado. Él nos dice que al momento en que confiesas tu pecado, Él lidiará con él. No permitas que el pecado reine en tu cuerpo, porque en ese momento Dios intenta hacer cosas increíbles en tu vida y es importante hacerlo en el tiempo de Dios.

El tiempo de Dios no espera por tu arrepentimiento. Yo vivo con un sentido increíble: «Oh Espíritu de Dios, cuando me convenzas de mi pecado, ayúdame a saber que hay algo más horrible aún que perder mi zona de comodidad. Señor, no es solamente que yo quiero vivir una vida placentera. Hay una enorme dimensión del trabajo del reino que descansa sobre mi arrepentimiento. Como dice el apóstol Pablo: «Quiero complacer a mi Señor, y sé que todos tendremos que comparecer delante del trono de Cristo para dar cuentas, habiendo conocido el temor de Dios». Y luego él podría decir, «y a Dios le es manifiesto lo que yo soy».

Ahora quiero que hagamos referencia a un momento de la vida de David, pero quiero que lo veas desde dos perspectivas: primero desde la perspectiva de David y luego desde la perspectiva de Dios. Notarás una diferencia en cómo David ve su pecado y cómo lo ve Dios.

Vayamos al Salmo 51. Sentimos mucha simpatía por David. ¿Podría sugerirles en este momento, amigos, que tenemos sentimientos de empatía hacia David, y no hacia Dios? Con corazón quebrantado te digo que deberíamos tener una mayor simpatía por el corazón de Dios que la que sentimos en este momento.

Dios mira nuestro pecado de una forma más seria que la que nosotros lo vemos. Ahora bien, el lenguaje humano puede no haber descrito la agonía del pecado de la vida de David, y podría decir a cada uno de ustedes que cualquiera pudo haber caído de la misma manera que David cayó. Yo oro para que tanto su arrepentimiento y la profundidad de su dolor vayan mucho más allá que la de David. Observen a David. Él nos dio cierta instrucción para que podamos tener la perspectiva correcta.

Primeramente, él clama por misericordia. Misericordia significa que Dios retiene lo que tú justamente mereces. ¿Te podría decir que Dios no tiene ninguna obligación de perdonarte? Él no está obligado a retener el juicio por tu pecado. Cuando pecamos, la justicia de Dios requiere que Él trate con ello, y Él no está obligado a perdonarnos. Él lo hace por Su misericordia para con nosotros.

Dios rechaza lo que justamente merecemos para así darnos lo que no meceremos. Por tanto, el arrepentimiento es crucial en este proceso. Entonces él dice: «Ten compasión de mí». Lo primero por lo que David clama, cuando él reconoce que ha pecado, es por la misericordia de Dios para con él, «y haz conforme a tu misericordia. Borra mis transgresiones, lávame profundamente. Límpiame. Reconozco mis transgresiones contra Ti y mi pecado siempre está delante de mí» (Salmo 51, paráfrasis).

Luego viene este hecho increíble: «Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos» (Sal. 51:4). ¿Sabía usted que siempre que un cristiano peca, los ojos de Dios le están observando? Usted nunca podrá pecar fuera de la mirada de Dios.

Todo pecado es cometido a la vista de Dios. Es cometido en la presencia de Dios. Es cometido en la presencia del Espíritu de Dios y en la presencia del Cristo vivo que está dentro de nosotros y el Padre quien tiene el propósito de rescatarnos, de redimirnos.

Nuestro pecado nunca se comete en secreto. Nuestro pecado nunca es secreto. Siempre se comete a la vista de Dios y David dice: «Pequé contra Ti y solo contra Ti».

Si cuando la gente te ha hecho daño, respondes con amargura y enojo, entonces tu problema no es lo que ellos te han hecho, sino la manera en que has respondido. Dios dice: «¿No has visto como te perdoné? ¿No has visto? ¿No recuerdas el calvario? ¿No recuerdas la cruz?

¿No te dije que recibirías muchas cosas? ¿Por qué respondes contrario a lo que yo te he dicho que debes hacer? Tú no necesitas responder de forma airada o amargada. Podrías haber respondido con Mi amor dentro de ti. Pudiste haber cubierto todo eso con el amor que sientes por ellos». Descubrí que si la amargura empieza a asomarse en mi corazón, resulta en una ofensa hacia Dios.

La amargura en el corazón del cristiano cancela el trabajo de salvación que Dios ha mostrado en su vida. Esto trae vergüenza al corazón de Dios, entonces digo, «oh Dios, mi mente diría que soy perfectamente justificado, pero no puedo mirar en Tu corazón y recibir Tu perdón y Tu gracia en mi vida y no devolver exactamente lo mismo».

Como podemos observar en David, él habla de su pecado siendo contra Dios. Entonces él presenta una palabra sorprendente. No voy a examinar el salmo completo, pero él dice, «yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo Señor, no he sido honesto en lo íntimo, y tampoco he sido honesto por fuera. Oh Dios, quiero que tanto mi interior como mi exterior sean genuinos hacia Ti…en lo secreto me has enseñado sabiduría». Salmo 51:6: «Tú deseas la verdad en lo íntimo, y allí me harás conocer sabiduría». David llora, y con mucha razón, por el trabajo que Dios ha hecho.

Nancy: Bien, estas han sido las palabras del Dr. Henry Blackaby. En nuestro próximo programa escucharemos el resto del mensaje del Dr. Blackaby, pero no quiero que pasemos por alto la convicción que el Espíritu de Dios quizás esté trayendo a nuestros corazones en este preciso momento. ¿Está tu corazón como el de David, pidiendo a gritos que Dios obre grandemente en tu vida? Si la respuesta es sí, acompáñame en esta oración:

Señor, reconozco que Tú deseas la verdad en el interior de nuestras vidas. ¡Oh Dios! Oro para que tú escudriñes mi propio corazón y que me ayudes a ver mi pecado como Tú lo ves y tomar esto tan seriamente como Tú lo tomas. Te pido que me concedas el gran regalo de un arrepentimiento profundo, sentido, y que realmente cambie mi vida.

Señor, de qué manera tan enorme necesitamos Tu misericordia, ya que hemos trivializado el pecado. Ayúdanos a vernos a nosotros mismos y a Ti y a nuestro pecado, como Tú quieres que nosotros lo veamos, y luego oh Dios, ¿nos lavarías y limpiarías de ese pecado? Purifica nuestros corazones. En el nombre de Jesús te lo pedimos, amén.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth acaba de orar a la luz de un mensaje que escuchamos del Dr. Henry Blackaby. Esta semana nos estamos enfocando en el tema del arrepentimiento como parte de la serie titulada, «En busca de Dios».

Nos alegra escuchar cómo mensajes como este bendicen a tantas oyentes alrededor del mundo. Recibimos un mensaje de una hermana que comparte lo siguiente:

«Buenos días mis amadas hermanas, de este maravilloso y hermoso ministerio. Soy venezolana, tengo 42 años y soy esposa de pastor. Junto a mi esposo estamos frente a una iglesia en una comunidad que nació hace tres años, en una pequeña ciudad de Venezuela. Estamos llevando adelante el ministerio para las mujeres, y encontrar sus recursos ha sido extraordinario para mí, muchas mujeres en nuestras reuniones han sido bendecidas con sus conferencias. 

Y en lo personal, Dios ha usado sus palabras para enseñarme y ayudarme en mis propios procesos. La situación que vivimos en Venezuela es muy difícil, pero he visto como nunca antes la gloria de Dios y estoy agradecida por lo que hace a través de ustedes. Las amo y las bendigo».

Nos encanta ver cómo Dios está obrando en tantos lugares, edificando su iglesia con la verdad. Te animo a que si estos programas han sido de bendición para ti, los compartas con más mujeres. Ayúdanos a continuar llamando a más mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Puedes compartir estos programas fácilmente en diversas plataformas, a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Ves el pecado desde tu punto de vista o desde el punto de vista de Dios? Mañana Henry Blackaby responderá a esta pregunta. Acompáñanos de nuevo aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Colabora con nosotras

Tenemos el privilegio de proporcionar las transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor ha usado Aviva Nuestros Corazones para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos y expander el mensaje?

Donar $5

Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

Únete a la conversación