Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 8

Temporada:  El Padre Nuestro

Annamarie Sauter: El estudiar la oración del Padre Nuestro ha puesto a Nancy a pensar…

Nancy DeMoss de Wolgemuth:  Al prepararme para este estudio, Dios me ha traído convicción de cómo mi respuesta ante la presión, le da al mundo una perspectiva de Dios. Cuando me quejo, cuando me dejo abrumar por mis circunstancias en lugar de ser llena con la visión y la perspectiva de Dios, estoy profanando el nombre de Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

«Santificado sea tu nombre». Puede que hayas dicho esto como parte de la oración, «El Padre Nuestro». No sé qué tanto uses la palabra santificado pero, ¿sabes lo que significa? Como estamos apunto de descubrir, esta tiene un gran significado. Nancy continúa en la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Nancy: ¿Cuántas de ustedes mantienen algún tipo de lista de oración? Sé que muchas de ustedes la tienen. Si yo pudiera ver tu lista de oración, ¿cuál sería la primera petición? ¿Cuáles serían tus primeras oraciones? Si Dios ofreciera contestar una de tus oraciones hoy, ¿cuál te gustaría que fuera?

Si tú pudieras decir, «Señor, si tan solo pudiera tener una oración contestada, esto es lo que resalta en el tope de mi lista». ¿Qué sería? Puede ser que para algunas sea un problema de salud, eso sería lo principal en su mente. Quizás la conversión de un hijo o hija que no está caminando con el Señor, algo que está rompiendo tu corazón. Quizás la necesidad de sanidad en un matrimonio roto.

Esas son algunas peticiones que si no están en nuestra lista de peticiones personales, seguramente las tenemos en otra lista para orarlas y para interceder por seres queridos y amistades, cuyos nombres vienen a nuestra mente y por eso están ahí incluidos en esa lista de asuntos que consideramos serios.

Mientras continuamos viendo la oración del Padre Nuestro, Jesús nos dice qué debe encabezar nuestra lista de peticiones en nuestra lista de oración. Todas estas cosas que hemos mencionado son cosas que le importan a Él. Son cosas que debemos pedirle, cosas que tienen un lugar importante en nuestra lista de oración.

Cada día y cada vez que contemplamos el Padre Nuestro, Jesús nos dice que es así como debemos orar. Nos manda, no solo a orar una pequeña oración rutinaria, sino que nos da un patrón de cómo debemos orar. Este es un patrón para tú oración. Vimos que el comienzo de Su oración es, «Padre nuestro que estás en los cielos».

Ahora venimos a la primera petición, y tú pensaste que nunca llegaríamos allí; la primera petición en el Padre Nuestro. Pienso que cuando Jesús nos enseñó a orar de esta manera, nos estaba diciendo que esta debe ser en todo tiempo tú preocupación principal, la carga número uno en tú corazón, tú petición número uno. En el corazón de cada petición que le hacemos al Señor, este debe ser el tema central de todas nuestras oraciones.

«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre» (Mat. 6:9). Eso es lo primero que Jesús dice que debe estar cuando oramos. «Santificado sea tu nombre».

Quizás no sea un lenguaje con el que muchas de nosotras estamos familiarizadas. Es un adjetivo poco común, «santificado». Para algunos, si te pones a pensar, podría evocar imágenes de monjes en vestiduras largas en un monasterio, con velas, cantando cánticos. Somos tentadas a pasar esta frase por alto. La decimos cuando decimos la oración del Padre Nuestro, pero no nos detenemos a contemplarla, somos tentadas más bien a pasarla por alto. Pero yo sugeriría que como Jesús la puso en primer lugar, como la primera petición, que es de suma importancia y una que no podemos darnos el lujo de pasar por alto.

«Santificado sea tu nombre». ¿Qué quiere decir eso? Bueno, la versión de la Biblia, Palabra de Dios para todos, lo expresa así: «Padre nuestro que estás en los cielos; que siempre se dé honra a tu santo nombre». Quiere decir: «Que Tu nombre sea sagrado». Oramos a Dios, que Su nombre sea santificado o sagrado. «Que Tu nombre sea tratado con reverencia».

Ahora, esto es a la vez una declaración y una petición. Tú nombre es santificado. Estamos declarando eso. Pero también estamos haciendo una petición. Que Tu nombre sea reverenciado; que sea santificado.

Ten en mente, y vimos esto antes en la serie, la prioridad, la secuencia, el orden de estas peticiones. Cuando comenzamos a darle nuestras peticiones a Dios, recuerda que no comienzan con nosotros y nuestras necesidades y nuestras preocupaciones y nuestras peticiones. Probablemente diré esto unas cuantas veces más antes que termine esta serie porque esto ha desafiado mi propia forma de orar y la forma como pienso acerca de la oración.

Recordemos de nuevo que la oración del Padre Nuestro no solo nos está enseñando cómo orar. Nos está enseñando cómo vivir toda la vida y cómo pensar acerca de toda la vida. Cuando tú oras y cuando vives y piensas, lo que debería venir a tu mente primero no es, «¿cuáles son mis preocupaciones inmediatas y mis problemas y necesidades inmediatas?» Debería ser el nombre de Dios. Dios. Sus preocupaciones. Su agenda.

Recuerda que las primeras tres peticiones: santificado sea Tu nombre, venga Tu reino, hágase Tu voluntad ¡Nada acerca de nosotros está allí! Después y solo después es que viene la palabra nosotros. «Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdónanos nuestras deudas. No nos metas en tentación. Líbranos del mal».

Yo diría que mientras estamos orando, sin importar cuan desesperadas estemos, qué tan grande sea nuestra necesidad, crisis financiera, crisis familiar, desastres naturales, guerra, lo que sea; nuestra primera preocupación siempre debe ser honrar y dar gloria a Dios. Eso es de extrema importancia. Es el centro de toda oración. «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre».

De nuevo, déjame señalar el contraste entre decir Padre nuestro y decir santificado sea Tu nombre. Cuando decimos Padre nuestro, hablamos de cómo eso nos recuerda la cercanía de Dios. Él es quien provee alimento para nosotros. A Él le importa cada una de nuestras necesidades. Cada cabello en nuestra cabeza está contado. A Él le importamos como un padre personal.

Hay una palabra que los teólogos usan, y es la palabra inmanencia. I-N-M-A-N-E-N-C-I-A. Significa el Dios que está cerca de Su creación. Es una palabra que se enfoca en la intimidad que Dios tiene con Su creación y Su relación personal con criaturas que son creadas a Su imagen. La frase, «Padre nuestro» trae a la mente esa cercanía o la inmanencia de Dios.

Pero cuando decimos santificado sea Tu nombre, trae a la mente la singularidad de Dios, la trascendencia de Dios; que Él es por sobre todas las cosas y superior o supremo a todo lo que Él ha hecho, un Dios que es exaltado por encima de todo, y que es distinto al resto del universo. 

Un escritor lo dijo de esta manera: «Dios a la vez está cerca y lejos. Él habita dentro de los creyentes (nuestro Padre), pero está separado de ellos (santificado sea Tu nombre). Él impregna el universo, sin embargo, Él está por encima de este; es independiente de este». Así que vemos ese balance en nuestra oración.

Pienso que en el mundo cristiano tendemos a ir a uno de dos extremos. Tendemos a enfocarnos tanto en la cercanía de Dios y hacemos tanto énfasis en eso que Dios se convierte en un colega, amigo, camarada y podemos hablar de Él irrespetuosamente o casualmente. No hay respeto ni reverencia. Simplemente está muy, muy cerca. Bueno, sí está cerca, pero también es el Dios del cielo cuyo nombre debe ser reverenciado. Así que debemos acercarnos a Él pero con temor reverente.

Luego, tienes personas que tienen tanto miedo de Dios que no hay capacidad de acercarse a Dios. La oración del Padre Nuestro nos invita a hacer ambas cosas. Nos exhorta a acercarnos con temor reverente.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado desempacando el significado de la frase, «santificado sea tu nombre», de la oración «El Padre Nuestro». Hace ya más de dos años el nombre de Nancy tuvo un gran cambio, al contraer matrimonio con Robert Wolgemuth.

Al escuchar la siguiente sección de este programa, te será te ayuda saber que fue grabada antes de ese cambio. Escuchemos.

Nancy: Cuando oramos santificado sea Tu nombre, surge la pregunta: ¿Qué hay en un nombre? ¿Qué representa un nombre? Tu nombre es lo que te distingue y te separa de otras personas. Puede haber otras personas que se parezcan a ti, pero tú nombre te marca de manera distintiva.

Ahora, eso no quiere decir que no hay nadie más en el planeta que tenga tu nombre y apellido. Soy conocida por el nombre de Nancy Leigh DeMoss y una de las razones es que Nancy es el nombre de mi mamá.

Así que cuando yo era niña me llamaban pequeña Nancy o Nancita. Pero al ir creciendo, me llamaban Nancy Leigh. Dentro de nuestra familia y personas que nos conocen a las dos, cuando decimos Nancy Leigh, es claro que estamos hablando de la hija y no de la mamá. Hay algo acerca de mi nombre que me distingue de mi mamá quien tiene un nombre similar, pero no es exactamente el mismo.

Más que eso, el nombre Nancy Leigh DeMoss —digo esto teóricamente, porque pudiera existir otra Nancy Leigh DeMoss— representa quien yo soy. No solo te dice mi apellido o mi apodo.

Cuando dices el nombre Nancy Leigh DeMoss o cuando yo oigo tú nombre, Kim Wagner o Mary Ann o Holly Elliff o lo que sea, estoy pensando en quien tú eres; en la persona detrás de ese nombre. Tú nombre representa quien tú eres. Así que si yo demuestro respeto por tú nombre, demuestro respeto por ti.

Cuando tus hijos demuestran respeto por el nombre de la familia, demuestran respeto por la familia y por lo que representa. Así que cuando decimos santificado sea Tu nombre, el nombre de Dios significa Dios mismo. «Que Tu nombre sea reverenciado quiere decir que Tú seas reverenciado. Todo lo que eres; que seas tratado como santo; que Tú seas tratado de una manera que sea digna de Ti».

Los judíos en el Antiguo Testamento a veces se referían a Dios como El Nombre. Así le llamaban a Él –El Nombre– para evitar pronunciar el nombre de Jehová, porque lo trataban con tanta reverencia. El nombre de Dios representa Su carácter de manera íntegra, todos Sus atributos, quien Él es.

Puedes ver eso en el libro de Éxodo, capítulo 34. Déjame pedirte que vayas allí y te enseñaré cómo el nombre es representativo de quién es Dios. En este pasaje Dios está hablando con Moisés, y están teniendo este intercambio y Moisés tenía este deseo insaciable de conocer a Dios. Él quería ver la gloria de Dios. Él quería experimentar el poder y la realidad de Dios.

Él no estaba contento con solo conocer la vida aquí en la tierra. Él quería conocer a Dios. Así que le pidió a Dios que se revelara a Sí mismo a él. Éxodo 34:5, dice: «Y el Señor descendió en la nube y estuvo allí con él (con Moisés), mientras este (el Señor) invocaba el nombre del Señor». Tú dirás: «¿Entonces Dios vino para solo decirle, este es Mi nombre?»

Bueno, mira lo que pasó. Versículos 6 y 7:

«Pasó el Señor por delante de él y proclamó: El Señor, el Señor». (Luego Él pasa a describirse así mismo). Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación».

Dios dijo, te voy a decir Mi nombre. Y cuando Dios dijo, aquí está Mi nombre, ¿Qué le mostró a Moisés? «Esto es lo que Yo soy. Soy misericordioso. Soy clemente. Soy lento para la ira. Abundo en misericordia y fidelidad. Perdono pecados, pero castigo la iniquidad de aquellos que se rebelan contra Mí». Dios se reveló a Sí mismo cuando reveló Su nombre.

Mira el versículo 8. «¿Cómo respondió Moisés? Y Moisés se apresuró a inclinarse a tierra y adoró».

«Santificado sea Tu nombre». Oh Dios, ¡eres impresionante! ¡Eres grande! ¡No eres como yo! Eres infinitamente diferente y estás por encima de todo y de todos, apartado de pecadores. Oh, Señor, ¡Amo Tu nombre! ¡Adoro Tu nombre! ¡Doy reverencia a Tu nombre! ¡Te doy reverencia Dios, por todo lo que eres Tú! Pues Tu nombre representa todos Tus atributos. Es quien eres Tú. ¡Te doy reverencia! Eres santo. Te adoro».

Mientras estaba repasando estas notas anoche, tomé un himnario y comencé a revisar algunos de los himnos y coros más modernos de alabanza que cantamos acerca del nombre de Dios. Cantamos:

«Padre, te amamos, te alabamos, te adoramos. Glorifica tu nombre en toda la tierra. ¿Y qué estamos diciendo? Queremos que toda la tierra conozca cuán grande tú eres. No solo queremos que conozcan tu nombre como Dios; que puedan deletrearlo, cuatro letras. Queremos que conozcan quién es ese Dios, y queremos que te glorifiquen, te magnifiquen y exalten; que te traten con reverencia; que te estimen como exaltado y santo».

Me encanta ese himno antiguo que exalta distintos nombres o atributos de Dios:

«Santo, santo, grande, eterno Dios. Rey de reyes, grande capitán, todopoderoso guerrero. Rey de los siglos, solo eterno Dios. Veraz y justo, incomprensible, inmortal, autor de todo bien. Eres tú el Anciano de días».

Fanny Crosby escribió estas palabras hace siglos. Por eso nos lucen antiguas. Ella está diciendo que si tomas todos los nombres maravillosos de Dios en la tierra y los pones todos juntos, no son suficientes para describir lo maravilloso, lo grande que es nuestro Salvador, cuán grande es nuestro Dios.

De manera que la reacción que Moisés tuvo ante Su nombre fue absolutamente apropiada. Cuando ves a Dios por quien Él es, inclinas el rostro a tierra y adoras. No te quejas, no te molestas, no te revelas, no te ofendes, no te resistes. Te postras y lo adoras.

Y dices, «Dios, grande es Tu nombre, eres grande. Todo acerca de Ti es grandioso». Así que cuando oramos santificado sea Tu nombre, estamos pidiendo que Dios sea glorificado; que Dios sea separado y que se reconozca que Él es santo. Estamos respondiendo al carácter y al nombre de Dios en reverencia, en humildad, en adoración. Estamos diciendo, «Señor, queremos que Tu nombre sea santificado y reverenciado por nosotros, por Tu pueblo».

Uno de los primeros mandamientos de Dios para Su pueblo fue: «No tomarás el nombre del Señor tú Dios en vano». En Éxodo 20:7 se encuentra y es uno de los diez mandamientos. Lo contrario de santificar el nombre de Dios, de reverenciarlo, de levantarlo como santo, es profanarlo.

¿Qué significa profanar Su nombre? Significa tratarlo como algo común. Ahora, recuerda, no solo estamos hablando de Su nombre. Estamos diciendo que Su nombre representa Su carácter, Sus atributos, todo lo que Él es. Tratar a Dios como común u ordinario es profanar Su nombre, pasarlo por alto, faltarle el respeto, o hacer lo que alguna gente hace, y es abiertamente pisotear Su carácter.

Podemos profanar el nombre de Dios tan solo al pasar horas y horas en un día sin detenernos a pensar en Él. Al usar Su nombre o referirnos a Dios de forma irreverente o irrespetuosa o de una forma que refleje negativamente Su carácter. Lo estamos tratando como si Él fuera común u ordinario, no como trascendente o especial y diferente.

Al prepararme para este estudio, Dios me ha traído mucha convicción de que mi respuesta ante la presión le da al mundo una perspectiva de Dios. Cuando me quejo, cuando me dejo abrumar por mis circunstancias en lugar de ser llena con la visión y la perspectiva de Dios, estoy profanando el nombre de Dios.

Parte de lo que Dios ha usado en días recientes para avivar mi propio corazón es la oración del Padre Nuestro. Cuando oramos, «Señor, santificado sea Tu nombre». Estoy diciendo, «Señor, quiero que la gente vea cómo yo vivo, cómo reacciono ante la presión, y quiero que piensen, «Dios es grande y Su gracia es grande, y yo puedo confiar en Él así como ella confía en Él».

Así es como yo santifico el nombre de Dios. Eso no significa que no tenemos presiones. No significa que nunca lloramos. No significa que la vida nunca es dura. Lo es. La vida en este planeta es dura y hay lágrimas. Pero en medio de eso nuestra oración puede ser, «Señor, que Tú seas glorificado; que Tu nombre sea santificado; que Tú seas exaltado».

Dios es celoso de Su nombre. Dios es celoso de Su carácter, y Él considera una ofensa muy seria que nosotros lo abaratemos de cualquier forma o permitamos que cualquier cosa opaque Su gloria. Cuando mis quejas o murmuraciones o disputas o resentimientos o pecados opacan la gloria de Dios de cualquier manera, he causado que Su nombre sea profanado en lugar de santificado. Dios toma eso en serio.

Así que cuando hacemos la oración del Padre Nuestro, «Santificado sea Tu nombre», estamos orando, «Señor, quiero que Tu vida sea glorificada en mí, en nosotras, en Tu pueblo». Los hijos de Dios se preocupan por la reputación del nombre de la familia; se preocupan de que el nombre de Su Padre sea estimado. Si nosotras, a quienes se nos ha dado Su nombre de familia, no lo tratamos con reverencia, si no lo consideramos santo, si no lo glorificamos, ¿cómo podemos esperar que el mundo le dé reverencia y santifique Su nombre?

Pienso que uno de los versículos más trágicos de toda la Palabra de Dios está en Romanos capítulo 2:24, donde dice: «El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles a causa de vosotros», el pueblo de Dios. ¡Uf! ¿Hasta qué medida somos responsables como creyentes, de la perspectiva pobre o errada que el mundo tenga de Dios cuando no estamos santificando Su nombre, cuando no lo estamos tratando con reverencia? ¿Lo exaltamos y lo glorificamos como el Dios grande y trascendente que Él es?

Así que oramos que el nombre de Dios sea reverenciado y santificado en nosotros como Su pueblo, y luego oramos que el nombre de Dios sea reverenciado y santificado en este mundo, a lo largo de todo el mundo. ¿Te entristeces cuando miras a tu alrededor, y miras la televisión, miras las películas, miras las noticias, y ves que el nombre de Dios no es santificado; que el nombre de Dios no es reverenciado?

¿Te entristece oír que el nombre de Dios es usado en vano, oírlo profanado? Porque cuando la gente usa el nombre de Dios de una manera profana, cuando dicen palabras profanas y usan el nombre de Dios en vano, no solo están profanando el nombre, están profanando a Dios. Están blasfemando contra Dios.

¿Te entretienes viendo y disfrutando películas, DVDs, o música que usa el nombre de Dios en vano? ¿O sientes que algo se aflige en tu corazón? ¿Te perturba pensar que billones de personas en este planeta no conocen nada de Su nombre, que no les importa nada de Su nombre?

Quizás no están blasfemando Su nombre abiertamente. No están marchando en las calles, levantando sus puños hacia Dios, pero no le dan reverencia. No le dan honor. No lo adoran. Ni siquiera lo conocen. 

Así que cuando oramos, «Señor, que Tú nombre sea santificado, que sea reverenciado», estamos diciendo, «Señor, queremos que todas las naciones y que toda la gente del mundo, todos los grupos de personas Te conozcan, Te glorifiquen, Te amen, Te adoren. Engrandece al Señor conmigo y exaltemos a una Su nombre».

No hay manera de agregar a la grandeza de Dios, pero podemos buscar exaltar Su grandeza en otros. El salmista ora en el Salmo 72: «Sea su nombre para siempre; que su nombre se engrandezca mientras dure el sol… bendito sea su glorioso nombre para siempre, sea llena de su gloria toda la tierra. Amén y Amén» (vv. 17 y 19).

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado mostrándote el significado de la frase, «santificado sea tu nombre». Nos encontramos en el día ocho de la serie, «El Padre nuestro». Para escuchar, descargar o compartir este o cualquiera de los programas anteriores, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

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Aquellos que te observan hoy, ¿verían el nombre de Dios ser santificado a través de tu vida? El lunes, Nancy te explicará cómo la oración, «El Padre Nuestro» afecta tu comportamiento hacia otras personas. Ahora ella regresa para concluir este programa en oración.

Nancy: Oh Padre santo, es nuestra oración que Tu nombre; que Tú seas tratado con respeto, que seas reverenciado, adorado, alabado, tratado como santo, exaltado, apartado de cualquier otro nombre, levantado en alto, altamente apreciado. Que Tú no seas profanado o tratado ligeramente o como una cosa común.

Que no seas ignorado; que Tu nombre, Tu carácter, que se te dé el lugar que mereces; todo te lo debemos a ti, nosotros tus hijos alrededor del mundo. En el nombre de Jesús, oramos ese altísimo y santo nombre, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.