Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 7

Annamarie Sauter: ¿Crees que tus problemas son más grandes que Dios?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Yo pienso que una de las formas en que podemos definir mucho de las Escrituras, son estas simples palabras: El cielo gobierna. El cielo gobierna. ¿Y sabes qué? Mientras más pronto lo entendamos, más felices serán nuestras vidas. El cielo gobierna. Él gobierna. Él es más grande. Él es más alto. Él es mayor que todo problema e imposibilidad que puedas estar enfrentando en tu vida hoy.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Dios está en el cielo. Esto es algo que parecería que todo el mundo sabe, pero no todos actúan como si lo creyeran. La verdad es que no siempre vivimos u oramos como si lo creyéramos. Hoy Nancy nos explicará por qué este concepto es tan importante, al continuar con la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Nancy: Hemos llegado al séptimo programa de esta serie acerca del Padre Nuestro, y solo hemos hablado acerca de las primeras dos palabras, «Padre nuestro». Hoy vamos a enfocarnos en las siguientes palabras, «que estás en los cielos».

Yo quisiera animarte a que hagas esta clase de estudio también. Alguien se preguntará: «¿Cómo lo hago?» No hay ningún gran secreto, ni hay atajos. Te diré algo. Por una necesidad que tenía en mi propia vida, yo empecé hace meses a meditar en el Padre Nuestro en mi tiempo devocional.

Yo escribo en mi diario; escribo mientras leo la Palabra de Dios. Medito mucho tiempo en ella. Paso meses yendo palabra por palabra, frase por frase, en mi tiempo con el Señor, pidiéndole que abra mis ojos, pidiéndole al Espíritu Santo que me instruya, tratando de ver cómo las palabras en este pasaje se relacionan con otros pasajes en las Escrituras, comparando referencias cruzadas. Y así es como enseño. 

Después de que Dios ha pasado un tiempo trabajando en mi propio corazón con el pasaje, y abriéndose camino hasta donde yo sé cómo hacerlo real en mi propia vida, entonces comienzo a ver lo que otras personas han escrito al respecto, pero recordando que esas personas solo escribieron lo que escribieron, y lograron esas conclusiones haciendo lo mismo, que es meditar en la Palabra de Dios y haciéndola realidad en sus propias vidas.

Al llegar a una serie como esta, me gustaría pasar a otros algo de lo que Dios me ha estado enseñando a mí en este pasaje, y trato de arrojar luz en las palabras, en la exposición de las Escrituras, sacarlo a la luz y sostenerlo.

Recientemente alguien me preguntó: «¿Cómo meditas?» y yo le contesté: «Solo tienes que sostenerlo como si fuera un diamante precioso o una pieza de joyería; y lo miras desde todos los ángulos posibles cómo luce diferente. Lo miras fijamente y lo contemplas, y luego lo volteas y lo miras de otra manera. Y luego lo miras nuevamente».

A veces me asombra que luego de hacer un estudio como este por dos o tres meses, comienzan a salir cosas a la superficie que nunca antes había notado. También hay otras herramientas que pueden ayudarte a hacer eso.

Así que solo trato de compartir con ustedes lo que Dios me ha estado enseñando, y siempre me hago la pregunta importante, que es donde muchas de las enseñanzas de hoy se quedan fuera, y la pregunta es: «muy bien, esto es lo que dice la Palabra. ¿Y entonces qué? ¿Cuáles son sus implicaciones para nuestras vidas? ¿Cómo debe esto afectar la manera en que pienso y en que vivo?

Siempre trato, de ser posible, en cada sesión, de tomarlo para mí. A veces en mis notas escribo en negritas «TPM», «tomándolo para mí».

Hoy llegamos a esas palabras, «Padre nuestro que estás en los cielos». La mayoría de ustedes sabe que en las Escrituras se usa la palabra cielo en tres sentidos diferentes, refiriéndose a tres cielos. El primero sería la atmósfera terrestre. Es lo que podemos ver, el cielo y las nubes sobre nosotros, la atmósfera. A esto se refiere la Escritura en un sentido cuando utiliza la palabra cielo.

Luego está el siguiente nivel de cielo que es el espacio exterior, refiriéndose a la estratósfera y la ionósfera, y todas esas palabras grandes que no sé bien lo que significan. Pero se trata del sol, la luna, las estrellas, y el cielo. La Palabra dice en el Salmo 19:1 que «los cielos cuentan la gloria de Dios». Es todo ese mundo del espacio exterior que está más allá de lo que podemos ver o imaginar, pero que sabemos que está ahí.

Luego las Escrituras hablan sobre algo que a veces llama como tercer cielo. Segunda a los Corintios 12, hace referencia a este tercer cielo. Es el lugar donde vive Dios. No sabemos dónde está, y estamos muy limitadas en nuestra habilidad para definirlo o describirlo, pero es el lugar donde está la presencia de Dios. Por supuesto, Dios al ser omnipresente, vive en todos esos cielos, pero hay un sentido distintivo en el que Su presencia habita en ese cielo.

Así que cuando oramos, «Padre nuestro que estás en los cielos», reconocemos que la presencia de Dios está en todos los cielos. Vemos que Dios es alto y exaltado cuando decimos, «Dios está en el cielo», reconocemos que Él está separado de los pecadores. Nosotros estamos en la tierra y Él está en el cielo. Reconocemos que Él está por encima de todas las realidades y poderes terrenales, que Él es soberano, Él reina y gobierna.

Así que no estamos orando a un padre terrenal; estamos orando al Padre celestial, el cual es infinitamente más alto que cualquier otro padre o poder terrenal.

«Padre nuestro que estás en los cielos». El poner esas dos frases juntas, me dice algo sobre la cercanía de Dios nuestro Padre. Este es un término tierno y personal, un Dios al cual nos podemos acercar. Pero cuando decimos, «Padre nuestro que estás en los cielos», hablamos de que Él es único. No solo su cercanía, sino su singularidad, Él es grande y majestuoso.

Él no solo es tierno y personal, Él es asombroso y magnífico. No solo podemos acercarnos a Él, pero el hecho de que Él es nuestro Padre que está en los cielos significa que Él merece respeto y reverencia.

Quiero hablar un poco sobre las implicaciones del hecho de que nuestro Padre está en el cielo. Quiero mirar primero a Su posición y luego a Su persona. El hecho de que esté en el cielo, ¿qué nos dice acerca de Su posición y sobre su persona?

Veamos primero Su posición, Su lugar, el cielo. Nuestro Padre está en el cielo. El cielo es conocido en las Escrituras como el lugar de toda autoridad, poder y grandeza. Apocalipsis 4:2 dice, «y vi un trono colocado en el cielo, y a uno sentado en el trono». Esto habla de la majestad de Dios y su posición exaltada como Dios. Un trono en el cielo es un lugar de autoridad, dominio y poder.

El Salmo 123:1 dice: «A ti levanto mis ojos, ¡oh tú que reinas en los cielos!» Dios está entronado en los cielos. Es un lugar, una posición de autoridad, de poder y grandeza. Así que cuando oramos, «Padre nuestro que estás en los cielos», estamos orando a un Padre que es exaltado. Él está en una dimensión propia, muy por encima del clamor, la confusión, el ruido de todo lo que sucede aquí abajo en este planeta; Él está sobre todas las guerras, las hambrunas, los conflictos, los problemas, la muerte, y el sufrimiento.

Eso no significa que no le importa nada de eso. No significa que no se involucre. De hecho, Él vino a la tierra a lidiar con esos problemas. Él se ha identificado con nosotros en nuestro sufrimiento, pero Él existe en una dimensión propia, muy por encima de todo eso.

Yo pienso que una de las formas en que podemos definir mucho de las Escrituras son estas simples palabras: El cielo gobierna. «Es el cielo el que gobierna» (Dan. 4:26). ¿Y sabes qué? Mientras más pronto lo entendamos, más felices serán nuestras vidas. El cielo gobierna. Él gobierna. Él es más grande.Él es más alto. Él es mayor que todo problema e imposibilidad que puedas estar enfrentando en tu vida hoy.

El fundador de nuestro ministerio solía decir –no sé si la frase era suya, pero se me ha quedado–, en el cielo no hay pánico, solo planes». Dios, nuestro Padre, está en el cielo. No hay pánico, sino planes. Él es nuestro amoroso Padre celestial, sabio, todopoderoso, y lleno de gracia, quien asombrosa y milagrosamente no es insensible a nuestras necesidades y luchas.

Él no está sentado en el cielo diciendo: «Ustedes resuelvan allá abajo». Él no está desconectado de la vida en este planeta, pero sí está por encima de ella. Él es otra cosa, y por eso podemos volvernos a Él para que nos ayude y nos muestre Su gracia en nuestra debilidad y necesidad. Él sabe, Él se interesa. Él tiene las respuestas si nos volvemos a Él, y dirigirá nuestros pasos.

Su posición y Su lugar. Isaías 57 se refiere a Él como aquél que es Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: «Habito en lo alto y santo, (aquí viene lo asombroso) y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos» (v.15).

Nuestro Padre que está en los cielos se humilla al visitarnos a nosotros aquí en la tierra, y al ocuparse de lo que sucede en nuestras vidas, en este pequeño punto en el universo llamado planeta tierra. Así que estamos en la tierra. El hecho es que Él está en el cielo y nosotros en la tierra, y eso significa que miramos hacia Él. Dependemos de Él. La posición alta y exaltada es suya.

Su persona, el hecho de que Él es nuestro Padre que está en los cielos, ¿qué nos comunica sobre Su persona? Permíteme escoger solo algunos atributos de Dios que creo vienen a raíz de que Él está en los cielos.

Por ejemplo, tú sabes que Él es omnisciente. Él lo sabe todo. Omni: toda ciencia, conocimiento; Él tiene todo conocimiento. Él es omnisciente.

Él conoce todo acerca de todo. No hay límites para Su conocimiento. Él tiene una perspectiva de este planeta. Él puede verlo todo. Nosotros solo podemos ver una pequeñita parte de él y de nuestras vidas. Él ve el cuadro completo –no solo lo que está ocurriendo ahora en este planeta, sino por todo el tiempo y la eternidad.

Él tiene una perspectiva omnisciente. Desde su ventajoso punto de vista, Él tiene una perspectiva que nosotros aquí en la tierra no podemos tener. Él ve cómo todas las cosas encajan –geografía, historia, el futuro, nuestros propios corazones. Él lo ve todo y lo sabe todo.

El Salmo 33:13-14 dice: «El SEÑOR mira desde los cielos; Él ve a todos los hijos de los hombres. Desde el lugar de su morada Él observa a todos los habitantes de la tierra».

Ese Dios conoce tanto mi corazón. Él conoce mis problemas. Él conoce mis luchas. Y Él conoce cómo todo encaja en su plan grandioso, cósmico y redentor. Él es omnisciente.

Él no solo lo sabe todo, sino que Él lo puede hacer todo. Él es omnipotente, todopoderoso, un Padre para quien nada es imposible. Si tratas de entenderlo te va a dar un cortocircuito, pero Él realmente es omnipotente.

El Salmo 57:2-3 dice: «Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que todo lo hace para mí. Él enviará desde los cielos y me salvará».

Porque Él es nuestro Padre que está en los cielos, Él tiene el poder de ayudarnos cuando oramos y de hacer algo acerca de nuestras necesidades. El Salmo 68:5 dice: «Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada».

Y el Salmo 135:6 dice: «Todo cuanto el SEÑOR quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos».

Él es todopoderoso, no hay nada demasiado difícil para Él; Él es omnipresente, Él está en todas partes, lo sabe todo y puede hacerlo todo.

Mi padre no era un padre ausente. Él estaba muy involucrado en nuestra familia. Estaba en casa para el desayuno y la cena cada vez que estaba en la ciudad. Pero también recuerdo ocasiones cuando estaba fuera. Él hacía muchos viajes de negocios. A veces salía por días seguidos, y siempre puedo recordar esa sensación de tristeza cuando él se iba.

Él era un buen padre. Se involucraba, pero no siempre podía estar ahí. Él no podía estar en la universidad, ni fue conmigo a California cuando estuve en la universidad. Él no estaba ahí cuando surgían los problemas. Su presencia era limitada.

Cuando era una joven adulta y terminaba con un novio, mi padre no estaba ahí en ese momento. Él estaba a la distancia de una llamada telefónica. Él se interesaba, pero no podía estar a mi lado en ese momento.

Llegó entonces el día cuando él murió. Pero tengo un Padre celestial quien es omnipresente, siempre ahí, nuestro pronto auxilio en tiempo de angustia. Él está aquí no solo en sentido teológico general –Dios está en todas partes– sino que mi Padre celestial está aquí en mi mundo, en mi hogar, en mi situación, viendo mis lágrimas, conociendo mis luchas, conociendo los problemas que enfrento. Él es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Así que, el hecho de que Él sea nuestro Padre en los cielos nos recuerda nuestra posición, que nosotros estamos en la tierra y Él está en el cielo. Pienso que cuando oramos es importante hacer una pausa. No es simplemente comenzar el listado y empezar a arrojar tus oraciones. Debes detenerte y pensar a quién le estás hablando, quién es Él, y dónde está.

Eso fortalecerá tu fe y tu confianza cuando entres en la presencia de Dios, sabiendo que esos problemas que han envuelto tu vida son enormes, son inexplicables e imposibles de manejar. Vemos los callejones sin salida en nuestras vidas, y los laberintos, la confusión y la frustración. No podemos solucionarlos.

Pero cuando vamos a orar nos detenemos y decimos, «Padre nuestro que estás en los cielos», eso me da todo un sentido de amplitud y confianza en el poder de Dios, Su presencia, Su habilidad de resolver esas situaciones que mi mente pequeña no puede resolver.

Él está en el cielo, en una posición exaltada, todo poderoso. Nosotros estamos en la tierra. Somos insignificantes comparados con Dios. Asómbrate de Él.

Entonces vemos Su dominio, y el hecho de que Él está en el cielo. El Salmo 115:3 dice: «Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place». Que Él esté en el cielo significa que Él es un Dios que reina y gobierna.

Daniel 4 dice nuevamente, y me encantan estas tres palabras: «El cielo gobierna». Así es. Ya volveremos aquí cuando veamos la frase, «venga tu reino». Pero entendemos que querámoslo o no, nos sometamos o no, le adoremos o no, el cielo aún gobierna. Dios está en control. Él tiene el dominio.

En su comentario sobre el Padre Nuestro, Juan Calvino dice: «Por esta palabra aprendemos que todas las cosas están bajo Su dominio». Tu esposo, tu jefe, tus hijos, tu vida, tus circunstancias, tu futuro; al final todo está bajo su dominio.

Nuestro Padre está en los cielos. Él hace todo lo que le place. Él siempre está trabajando, ejerciendo Su autoridad, y nunca se queda dormido en Su trono. Nosotros podemos dormir en la noche. Yo espero que tú duermas bien porque Dios está en Su trono en los cielos. No tiene sentido que nos quedemos los dos despiertos toda la noche pensando en esas cosas. Él puede manejarlas solo.

Así que cuando decimos: «Padre nuestro que estás en los cielos», reconocemos Su grandeza, Su majestad, trascendencia, soberanía, santidad, omnisciencia, omnipotencia, autoridad y distinción, reinado y supremacía.

¿Y entonces qué?

Hay un pasaje sobrio y que invita a la reflexión en Eclesiastés capítulo 5, donde nos habla del, «¿Y entonces qué?» ¿Debería el hecho de que Dios está en los cielos afectar la forma en la que oramos? Escucha Eclesiastés 5:1-2:

«Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque estos no saben que hacen el mal. No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra; por tanto sean pocas tus palabras».

Hoy en día uno puede escuchar a la gente culpando a Dios por multitud de cosas, muchos de ellos levantando sus puños hacia Dios. ¿Cómo un Dios bueno pudo…? ¿Cómo un Dios bueno permite…? ¿Dónde estaba Dios cuando…? La gente sermonea y mueve los puños y dice palabras descompuestas a Dios, a veces.

Quizás, nosotras no lo diríamos de esa manera. Pero, ¿con cuánta frecuencia nuestros corazones están batallando contra Dios, descontentos, luchando con Sus decisiones? ¿Dios, cómo pudiste…? ¿Por qué no…?

La Escritura dice, «Dios está en el cielo y tú en la tierra». Reconoce la diferencia. Que tus palabras sean pocas. Adórale, póstrate ante Él, póstrate ante el misterio que no puedes entender. Háblale, pero no seas áspero. No digas cosas que no dirías si te dieras cuenta con quién estás hablando y dónde Él está. Dios está en el cielo. Tú estás en la tierra.

Como digo eso, debo decir también que nuestro Padre celestial también vive en nuestros corazones, no solo en un lugar remoto que no podemos sondear. Yo pienso que eso significa que deberíamos experimentar algo del cielo en la tierra por Su presencia en nuestras vidas. Experimentamos ahora un pequeño anticipo de la eternidad en el cielo, porque es allí, en el cielo, donde Dios vive.

Si Dios vive en mi corazón y le permito reinar y gobernar en mi vida, entonces no importa cuáles circunstancias puedan rodearme, no importa cuán caóticas puedan ser –mi pareja, mis hijos, mis compañeros de trabajo, la gente en la iglesia, la gente en el mundo, los terroristas, todo eso. No importa lo que esté sucediendo, yo puedo tener un poquito del cielo en la tierra en mi corazón porque Dios vive ahí, y Él es nuestro Padre celestial.

Annamarie: ¡Qué importante es orar a nuestro Padre en el cielo! Este es uno de los puntos que Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado compartiendo con nosotras, como parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro». Nancy regresará para orar con nosotras.

Al ver los titulares de las noticias, puede que seas arrastrada por la ansiedad y la preocupación. El mensaje de hoy nos recuerda que sin importar cuán lúgubre luzca el mundo, el cielo gobierna. Y es precisamente porque el mundo luce lúgubre que te invitamos a unirte al grupo de mujeres que oran continuamente por este ministerio.

Como lo hace esta oyente. Escucha lo que nos dice,

«Hola mis estimadas hermanas quiero decirles que el programa que ustedes transmiten es una bendición para mi vida. Yo entiendo mejor a través de ustedes lo que el Señor me quiere decir.

Por ahora no puedo contribuir monetariamente, pero déjenme decirles que he separado un tiempo todos los días sábados para orar por ustedes; que nuestro Señor les siga bendiciendo, y muchas gracias por ser hermanas que buscan la edificación del cuerpo de Cristo».

Queremos que las mujeres descubran, abracen, y se deleiten en Cristo, y no podemos hacerlo sin el apoyo en oración de nuestras oyentes. También puedes ser parte de aquellas que comparten los programas, artículos y videos con otras mujeres. Encuentra estos y otros recursos en AvivaNuestrosCorazones.com. Haz uso de ellos y compártelos con otras mujeres en tu círculo de influencia. Ayúdanos llevar el mensaje del evangelio, la feminidad bíblica y el avivamiento a toda mujer de habla hispana.

¿Has profanado alguna vez el nombre de Dios? Hacer esto es más fácil de lo que piensas. Mañana veremos exactamente lo que significa, aquí en Aviva Nuestros Corazones. Aquí está Nancy para cerrar en oración.

Nancy: Enséñanos, Padre, a exaltarte de una forma que sea digna de Ti, a decir pocas palabras, pero que sean palabras sinceras, que reconozcan que Tú eres grande, que Tú eres alto y exaltado. Nosotros estamos en la tierra, y te agradecemos que Tú seas nuestro Padre celestial. Así te adoramos en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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