Aviva Nuestros Corazones Podcast

La reina de Sabá, día 3

Annamarie Sauter: ¡Al conocer al Rey de reyes, Él derrama de Sus riquezas sobre ti!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Escucha, si tú eres hija de Dios, ¡eres rica! Todo lo que tu alma necesita, todo lo que tu alma anhela que representa algún bien o sea de algún valor para ti, lo que tu alma necesita, Jesús te lo ha dado por Su muerte en la cruz.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy continúa con la serie, «La reina de Sabá».

Nancy: Con el programa de hoy terminamos la serie de la reina de Sabá, y hablamos en los programas anteriores de todos los regalos que la reina trajo al rey, regalos que venían de Sabá a Israel, y mientras han existido naciones (¡lo cual ha sido durante mucho, mucho tiempo!), los líderes mundiales que visitan otros países y se reúnen con los jefes de estado han traído consigo regalos para sus anfitriones. Todo es parte de lo que se conoce como la diplomacia, el tratar de fomentar las buenas relaciones internacionales (a veces cabildeando una nota de prensa o ciertos acuerdos comerciales favorables).

Con los años se han intercambiado algunos regalos interesantes entre los jefes de estado. Déjame leer algunos que te pueden interesar:

  • El héroe de guerra, general y revolucionario francés, el Marqués de Lafayette, le dio a John Quincy Adams, un caimán que el presidente guardó en la tina del baño en el ala este de la Casa Blanca para mostrarlo a los visitantes.
  • Teddy Roosevelt recibió una cebra y un león de Etiopía.
  • Richard Nixon recibió un oso panda de la China.
  • ¡A George W. Bush le dieron trescientas libras de cordero crudo de Argentina! No sé lo que hizo con todo ese cordero, ¡pero fue un regalo interesante!
  • Durante una visita oficial a la nación Africana de Mali en 2013, el presidente de Francia (entonces, Francois Hollande) recibió un camello.

Bueno, el presidente aún no estaba listo para regresar a Francia, por lo que dejó el camello con una familia en Tombuctú para que lo cuidaran. Pero ellos malinterpretaron lo que estaba sucediendo, y rápidamente mataron al camello y lo cocinaron en un guiso que era popular en esa región. Asi quedo el regalo a Francia.

Bueno, las Escrituras nos dicen que los líderes de muchas naciones trajeron regalos para Salomón. De hecho, leemos en 1 Reyes 10: 23-25 una descripción de cómo esos otros jefes de estado y naciones interactuaron con Salomón. Dice:

«Así el rey Salomón llegó a ser más grande que todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría. Y toda la tierra procuraba ver a Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. Cada uno de ellos traía su presente: objetos de plata y objetos de oro, vestidos, armas, especias, caballos y mulos; y así año tras año…. El rey hizo la plata tan común en Jerusalén como las piedras, e hizo los cedros tan abundantes como los sicómoros que están en el llano» (vv. 23–25, 27).

Esto fue debido a todos los regalos. Salomón ya era fabulosamente rico, y su riqueza se incrementó debido a todos los emisarios, embajadores de otras naciones que llegaron trayendo regalos. En los últimos días, hemos estado hablando sobre la reina de Sabá.

Espero que este estudio haya sido interesante para ti. Sé que yo he aprendido mucho mientras he estudiado todo esto, y aún hay más que quiero aprender. Acabamos de hablar, antes de esta sesión, sobre algunas de las cosas que hemos observado en su vida que tienen aplicación para nosotras. Así que si no pudiste escuchar los últimos programas, permíteme animarte a que vayas y los escuches en AvivaNuestrosCorazones.com. Como dije al principio del programa, hoy llegamos al final de esta breve serie.

La reina de Sabá, cuando fue a Jerusalén a visitar a Salomón (había oído hablar de su fama pero ella quería ver por sí misma: «¿Será cierto de este hombre todo lo que he escuchado en los informes?») Sabía que ella no podría traer algún obsequio escuálido y mísero a un rey tan famoso y tan rico. Su regalo sería proporcional al valor que ella le daba al rey.

Y entonces, trajo consigo una gran variedad de regalos. Estamos en 1 Reyes capítulo 10, y estamos retomando en el versículo 10:

«Entonces ella dio al rey ciento veinte talentos de oro, y gran cantidad de especias aromáticas y piedras preciosas. Nunca más entró tanta abundancia de especias aromáticas como las que la reina de Sabá dio al rey Salomón.

Ahora, ciento veinte talentos de oro, los talentos de oro no son una medida que usemos en el dia de hoy. Los comentaristas creen que eso representa aproximadamente cuatro toneladas y media de oro. ¡Eso es mucho oro! y ella trajo este regalo en camellos (anteriormente en el pasaje lo vimos).

Hay un estimado de que un camello podría transportar unas doscientas libras de oro en un largo viaje, lo que significa que habría tomado cuarenta y cinco camellos para llevar solo el oro. Ahora, imagina la entrada en Jerusalén, de esta reina, una reina rica, que entra con estos cuarenta y cinco camellos, y quién sabe cuántas cosas más, llevando regalos para el rey de Israel.

Pero con este regalo extravagante, ella rindió homenaje a Salomón y ella reconoció que él era su superior. Ella reconoció que él valía todo eso y más.

Mientras meditaba sobre este pasaje me vino a la mente otro regalo traído desde lejos, en el Nuevo Testamento: el oro, el incienso y la mirra que otros dignatarios trajeron a otro Rey casi mil años después.

Leemos de los sabios que vinieron de Oriente para rendir homenaje al Salvador recién nacido en Belén. Es posible que una parte de estas especias que trajo la reina incluyera incienso y mirra (ciertamente ella trajo oro).

Salomón, de ninguna manera necesitaba este espléndido regalo de la reina de Sabá. Ella no estaba diciendo con esto, «oh, este pobre rey necesita ayuda. Le traeré algo de ayuda». Esto no era beneficencia; esto no era un préstamo de otro país. Ella estaba trayendo este regalo a una nación y a un rey que ya eran fabulosamente ricos.

Él era el hombre más rico del mundo, pero amablemente aceptó este regalo de ella. Esto me recuerda que nuestro Rey Jesús, el Único mayor que Salomón, no necesita ningún regalo que podamos traerle. No podemos hacerlo más rico de lo que ya es. Si le diéramos todo lo que tenemos, no podríamos hacerlo más rico. Pero con mucho gusto recibe los regalos que le traemos como una expresión de nuestra gratitud, nuestra adoración y nuestro amor.

Ahora, vamos a omitir los versículos 11 y 12. Están entre paréntesis, y se trata de un extenso intercambio entre Hiram y Salomón, simplemente más evidencia de la grandeza y la fama de Salomón.

Este pasaje sobre la reina de Sabá termina en el versículo 13. Y dice: «Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo cuanto ella quiso pedirle», lo que sea que ella le pidiera. El versículo 10 nos habla sobre el regalo que ella le dio; y ahora el versículo 13 menciona los regalos que él le dio.

Ella no tenía ninguna necesidad, ningún deseo que estuviera más allá de la capacidad que tenía Salomón de satisfacerle. Él le dio todo lo que ella deseaba, todo lo que ella quiso pedirle. Jesús lo dice de esta manera en Mateo 7: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis"» (v. 7).

Aquí hay una mujer que vino a hacer preguntas, buscando, pidiendo, aparentemente, algunas cosas de su país. No sabemos específicamente lo que ella pidió, lo que ella deseaba, pero el rey Salomón le dio todo lo que deseaba, lo que sea que ella le haya pedido. Y así es con aquél que es mayor que Salomón, nuestro Rey celestial.

Ella le trajo unas cuatro toneladas y media de oro, así como grandes cantidades de especias y piedras preciosas. Pero a pesar de los grandes tesoros que trajo a Salomón, la reina no podía igualar de ninguna manera los regalos que él tenía para ella.

2 Crónicas 9 es un pasaje paralelo a este en 1 Reyes 10, y así es como se lee en una traducción: «El rey Salomón dio a la reina de Sabá todo cuanto ella quiso pedirle, más de lo que había traído al rey» (v.12). ¡Y ella trajo un montón de cosas! Toneladas de cosas. Pero él le dio mucho más de lo que ella le dio.

Y así nosotras traemos nuestras ofrendas y nuestros dones al Salvador desde nuestros corazones en adoración, devoción y gratitud, pero Su entrega a nosotras siempre superará todo lo que podamos darle.

Mi padre solía decir siempre: «¡No puedes superar a Dios!» Dale todo lo que puedas, pero Él te dará más. . . no necesariamente en riquezas materiales. Puedes ser una fiel seguidora de Jesús y ser pobre; no hay pecado en eso.

Pero Él te dará riquezas eternas, riquezas relacionales, lo que necesites, lo que desees. Si caminas con Él, Él te dará más de lo que puedas darle.

Jesús dijo en Mateo 7:11: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?»

Y luego, Efesios 1: 3 y 7: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». . . «En él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia».

Efesios 2: 7 habla acerca de «las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús». Escucha, si eres hija de Dios, ¡eres rica! Todo lo que tu alma necesita, todo lo que anhela tu alma, cualquier tipo de bien o cualquier cosa de valor para ti, cualquier cosa que tu alma necesite, Jesús te la ha dado por Su muerte en la cruz.

Y nuestra parte es disfrutarlo, recibirlo, experimentarlo, agradecerle por ello. Entonces 1 Reyes 10 (el final del versículo 13) dice: «Después ella se volvió y regresó a su tierra con sus siervos».

Cuando llegó a casa, sin duda compartió con su gente lo que había visto, lo que había oído y lo que había experimentado. Me imagino que ella llegó simplemente emocionada, rebosando y diciendo: «¿Puedes creer? ¡Había escuchado esto, pero esto es lo que era realmente cierto. . . !»

Ella estaba compartiendo de forma entusiasta y feliz, de corazón el informe de lo que ella había experimentado allí en Jerusalén. Pero esto no se trataba solo de difundir la fama de Salomón. Esta historia está en nuestra Biblia como parte de un plan eterno para extender la gloria del Dios de Salomón más allá de Israel al mundo entero.

Ese siempre ha sido el plan de Dios; ese siempre ha sido Su objetivo; ese siempre ha sido Su deseo y Su intención. Sí, Él se reveló a Sí mismo y a Su gloria primero a Israel, pero luego Él dijo, «¡Tú debes ser luz para las naciones!» La gloria de Dios está destinada a cubrir la tierra como las aguas cubren el mar.

Dios atrae a esta reina del reino de Sabá, en la parte sur de la Península Arábiga, a 2,414 km de Jerusalén. Ahora, ella no sabía que era Dios quien la estaba inquietando. Solo sabía que había escuchado estos informes y que quería ir, pero era Dios quien la estaba atrayendo.

Nadie viene a Cristo a menos que Dios atraiga su corazón. Dios la atrajo, y luego Dios la envió de regreso para difundir la fama de la gloria del Dios de Salomón, ¡para ser luz para las naciones! Dios te habla, te atrae hacia Jesús y te muestra las maravillas de las inmensurables riquezas de la gracia que tenemos en Cristo Jesús. Entonces Dios te envía de regreso a tu hogar, a tu lugar de trabajo, a tu vecindario, a tu comunidad, para atestiguar las maravillas de quién es Cristo, ¡a brillar para la gloria de tu gran Dios!

Ahora, quiero cerrar esta serie mirando un versículo en el Nuevo Testamento que arroja un poco de luz adicional en toda esta historia de la reina de Sabá. Vamos al Evangelio de Mateo 12:42.

Déjame darte un poco de contexto aquí, los líderes religiosos judíos, los escribas, los fariseos, no creían en Jesús. Lo rechazaban. Siempre trataban de hacerlo tropezar, de ponerlo a prueba, de superarlo.

Ellos estaban celosos de Él; estaban inseguros, porque pensaban que Él los iba a desplazar y a tomar la posición que ellos tenían con los romanos. Entonces, en este punto, exigen que Jesús les muestre algún tipo de señal sensacionalista para probar que Él era quien decía que era. Ahora, a pesar de que ya habían visto muchos milagros, todavía se negaban a creer que Él era el Mesías prometido. Entonces, en este párrafo, en el capítulo 12 de Mateo, Jesús les da la señal de Jonás.

No entraremos en eso aquí porque podríamos hacer toda una sesión sobre este tema. Es una imagen de la resurrección de Cristo; tres días enterrado y luego resucitado de entre los muertos. Esa fue una señal que se le había dado al pueblo de Dios para que entendiera.

Entonces Jesús les habla de una mujer gentil que había vivido mil años antes. Él usa su ejemplo para desafiar y advertir a aquellos que habían escuchado Sus enseñanzas y habían visto Sus obras.

En Mateo 12:42, Jesús les dice a estos líderes, a estos líderes religiosos, a estos teólogos, a estos pastores, a estos doctores y maestros en divinidad; Él les dice:

«La Reina del Sur (otro término para referirse a la reina de Sabá) se levantará con esta generación en el juicio y la condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y mirad, algo más grande que Salomón está aquí».

Ahora, el significado de esas palabras tuvo que golpear a sus oyentes con gran impacto. Jesús afirmaba ser más grande que el rey más rico y sabio que alguna vez gobernó en Israel. Si eso que Él declaraba no era cierto, habría sido la afirmación audaz de alguien que era un engañador o un demente.

¡Pero era verdad! Alguien más grande que Salomón estaba aquí, se había levantado. Entonces, mientras he estado reflexionando sobre este pasaje, me he estado preguntando: «¿Cómo es Jesús más grande que Salomón?» Permíteme darte algunos puntos relevantes para empezar.

  • Salomón fue admirado y aplaudido por los reyes terrenales, pero Jesús fue adorado por los ángeles.
  • La riqueza de Salomón y sus propiedades eran vastas, sin embargo eran limitadas, pero toda la riqueza del universo -el cielo y la tierra- le pertenecen a Jesús.
  • Salomón fue sabio, pero su sabiduría era finita. No hay límite para la sabiduría de Jesús. Él es la sabiduría de Dios.
  • Las riquezas de Salomón y sus esposas finalmente lo llevaron a tomar decisiones necias y pecaminosas, pero Jesús nunca ha dejado de ser sabio. Él nunca ha sido otra cosa que sin mancha.
  • Salomón era el hijo de David, el rey de Israel. Sabes que «el Hijo de David» fue uno de los títulos mesiánicos para Jesús que se usa con mayor frecuencia en los evangelios. Bueno, Jesús era, por mucho, el más grande Hijo de David (con «H» mayúscula). . . el Hijo de David, el mayor Hijo de David.
  • Salomón era un simple mortal, sin embargo Jesús es Dios.

Entonces vemos Uno más grande que Salomón. Todo esto sobre la reina de Sabá en 1 Reyes y 2 Crónicas tiene la intención de apuntarnos a Jesús, Uno mayor que Salomón. Pero la otra comparación que se ve en este pasaje de Mateo 12, es la comparación entre la Reina del Sur (la reina de Sabá) y «esta generación», la generación a la que Jesús le estaba hablando. Y creo que la misma comparación podría aplicarse para nuestra generación.

¿Cuáles son esas comparaciones? Bueno, primero, esta reina había hecho un viaje de ida y vuelta de aproximadamente cinco mil kilómetros desde un país extranjero, para obtener la sabiduría de Salomón. Ahora, el gran Hijo de David estuvo aquí (Jesús dijo que Él está aquí), en su propio patio, pero los compatriotas de Jesús se negaron a escucharlo. ¡Él estuvo allí! No tenían que ir a ningún lugar para escucharlo.

Nosotras tampoco tenemos que ir a ningún lugar para escucharlo. Tenemos este Libro, la Biblia, en nuestras manos, en nuestras casas. La Palabra está cerca de ti, incluso cerca de tu boca, dice la Escritura. Pero los compatriotas de Jesús, y a veces nosotras somos iguales, no estaban interesados en escuchar lo que ella recorrió millas y millas de distancia para escuchar.

Antes de visitar a Salomón, esta mujer no sabía casi nada sobre el Dios vivo y verdadero. Ella había escuchado algunos informes desde lejos. Pero estas personas en los días de Jesús tenían la ventaja de saber mucho acerca de Dios. Él se había revelado al pueblo judío, y ellos habían tenido Su Palabra por siglos.

Esta mujer, esta reina pagana, no había presenciado ningún milagro, pero en su momento, estos judíos habían visto muchas señales y maravillas realizadas por Jesús, el que es mayor que Salomón. Es solo un recordatorio de que si las personas están decididas a no creer en Cristo, ninguna señal milagrosa va a cambiar su duro corazón. Porque no se trata de convencerse realmente; se trata de estar dispuesta a creer, dispuesta a arrepentirse, dispuesta a ser humilde.

Por lo que sabemos, la reina de Sabá no había sido invitada a visitar a Salomón, pero ella vino de todos modos. Esta gente en los días de Jesús fue invitada una y otra vez a venir a Cristo, pero rechazaron Su invitación. La reina no tenía la seguridad de que Salomón la recibiría cuando llegara con todos esos camellos, luego de viajar toda esa distancia, y traer todos esos regalos. ¿Qué habría pasado si él hubiera dicho: «No puede entrar». Ella no tenía ninguna seguridad de que Él la recibiría, pero Cristo ha prometido recibir y dar la bienvenida a todos los que acuden a Él con fe.

La reina reconoció la sabiduría de Dios en Salomón, pero esas personas en los días de Jesús, y muchos en nuestros días, que han tenido tantas ventajas de conocer la Palabra de Dios, rechazan a Aquel que es la sabiduría de Dios. Lo consideran un tonto.

La reina honró a Salomón. Ella le hizo regalos lujosos. Estos líderes religiosos en los días de Jesús, y muchas personas en nuestros días, deshonraron a Cristo; no le dieron nada. De hecho, todo lo contrario, planearon quitarle la vida.

Esta mujer pagana y gentil, que no era estimada en esa cultura del Medio Oriente, había honrado al rey Salomón y había reconocido que él había sido establecido y designado por Dios para ser el rey de Israel.

Pero estos estimados líderes judíos habían rechazado a Cristo y se negaron a creer que fue enviado por Dios para reinar y gobernar. ¡Y su negativa a creer en Cristo sería la base de su juicio eterno!

Ahora, permíteme leer este versículo nuevamente, de Mateo 12:42, es un versículo muy importante. Y luego quiero darte algunas enseñanzas para nuestros propios corazones. Jesús dijo: «La Reina del Sur se levantará con esta generación en el juicio y la condenará. . . porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y mirad, algo más grande que Salomón está aquí». Ese versículo nos dice, en primer lugar, que viene un juicio final.

Jesús no dijo: «Podría haber un juicio». Él dijo con seguridad: «Habrá un juicio». Y cadageneración, incluyendo a cada hombre o mujer que haya vivido, tendrá que comparecer ante un Dios santo y dar cuenta de cómo respondió a Cristo. En cada parte del mundo, cada generación, cada época, cada persona tendrá que comparecer ante Dios en el juicio y dar cuenta de cómo respondió a Cristo.

Aquellos individuos o generaciones que han tenido una mayor exposición a Cristo y a Su Palabra, de acuerdo con este versículo, tendrán una mayor responsabilidad, e incurrirán en un mayor juicio por su incredulidad y su rechazo de Cristo.

Y luego, Jesús dice en este versículo, habrá testigos de todas las edades que comparecerán ante ese tribunal en ese juicio final; personas que tuvieron muchas menos oportunidades que tú y que yo.

Ellos no tuvieron iglesias disponibles, biblias, ministerios, como la reina de Sabá. Pero sin embargo, buscaron fervientemente la sabiduría de Dios. Entre esos testigos estará la reina de Sabá. Ella se pondrá de pie en el día de la resurrección, y ella «condenará esta generación», expresará juicio y condenación hacia aquellos que se nieguen a creer.

Ella será una testigo. Ella vino de lejos para escuchar a Salomón. Nosotros no cruzaríamos ni la calle. No recibiríamos a Cristo cuyo evangelio hemos escuchado una y otra vez. Estoy pensando en algunas personas que escuchan la radio cristiana día tras día; escuchan su programa favorito. Tal vez han escuchado Aviva Nuestros Corazones durante años. Tú has escuchado y lo has asimilado todo.

Tal vez te has sentado en las sesiones de grabación y has tomado notas, pero nunca te has rendido ante Cristo y le has dicho «sí» a Cristo. Nunca has confiado en Él, nunca has puesto tu fe en Él. Has tenido todas las oportunidades y acabas siempre diciendo: «Tal vez algún otro día». Quizás piensas: «Soy demasiado joven; quiero hacer esto cuando sea mayor. Realmente no quiero que mi vida cambie ahora mismo». «O no quiero renunciar a esto o a aquello». Y cualquiera que haya sido la excusa, no has hecho a Cristo tuyo. La Escritura dice que habrá testigos, incluida la reina de Sabá; testigos que se pondrán de pie y dirán: «¡No tienes excusa!»

Nuestra generación, particularmente en Occidente, ha tenido una gran oportunidad de tener la Palabra de Dios, de ver las obras de Dios. No tendremos excusa cuando nos paremos delante Dios si no hemos creído y adorado a Aquel que es más grande que Salomón, ¡el gran Hijo de David!

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará para guiarnos en oración.

Nancy nos ha estado enseñando muchas verdades importantes y prácticas de la historia bíblica de la reina de Sabá. Si te perdiste alguno de estos programas, puedes escucharlo en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Si te has maravillado con lo que hemos visto acerca del rey Salomón, su fama, su riqueza, los grandes regalos que le hizo la reina de Sabá… ¡Te maravillarás mucho más al ver la gloria de Dios en la faz de Jesucristo! Nancy nos ha recordado que Salomón fue un hombre, un ser humano como tú, como yo, y como la reina de Sabá, y podemos aprender mucho de ellos. Pero Jesús, es el Hijo prometido de Dios, Dios encarnado que como Cordero sacrificado vino a darnos vida a ti y a mí.

¿Has escuchado hablar de Cristo? ¿Te has arrepentido de tu pecado y creído en Él para la salvación de tu alma y vida eterna con Él?

Aquí está Nancy para cerrar en oración.

Nancy: Señor, nosotras te adoramos. Gracias porque has hecho posible que vayamos a Tu presencia, para decirte todo lo que está en nuestros corazones, para hacerte preguntas difíciles, pero principalmente has hecho posible que creamos en Ti y que seamos salvas.

Y Señor, oro para que ni una sola persona que escucha el sonido de mi voz, se niegue a creer en el evangelio, a arrepentirse y confiar en Cristo, nuestro Gran Salomón, uno más grande que Salomón,en cuyo nombre te bendecimos, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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