Aviva Nuestros Corazones Podcast

La belleza de la santidad

Carmen Espaillat: Si trataramos de medir el valor de Dios, ¿cuál sería?

Con nosotras, el pastor John Piper.

John Piper: Dios es infinitamente valioso. Todo otro valor tiene su valor en proporción a como se refleja en comparación al infinito valor de Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Cuándo fue la última vez que al contemplar la belleza de la santidad de Dios quedaste en total asombro? Ahora bien, sé que la santidad no es un tema muy popular en el día de hoy. Y pienso que en parte es así, porque la imagen de esa palabra para algunos conlleva la idea de que Dios está buscando arruinar la diversión de todos. Pero algunos años atrás, al escuchar un mensaje del pastor John Piper sobre la santidad de Dios, quedé en total asombro y admiración. Ese es el mensaje que hoy vamos a compartir.

El pastor Piper ofreció esta charla en la Conferencia de Mujeres de la Coalición por el Evangelio en el 2012, en la cual tuve la oportunidad también de ser una charlista. Ahora las sesiones plenarias de esta conferencia están en un libro titulado, He aquí nuestro Dios (Here is Our God; disponible solo en inglés). El Dr. Piper tiene un capítulo en ese libro, al igual que las otras conferencistas entre las que estoy incluida.

Ahora, escuchemos al pastor John Piper.

John Piper: El 1 de junio de 1973 Chuck Colson escuchó el evangelio por primera vez por medio de Tom Phillips. Mientras tanto, el problema de Watergate estaba explotando. Él era el Consejero Especial del Presidente Richard Nixon. Esa noche, él nos relata, «yo clamé a Dios y me vi irresistiblemente sumergido en Sus brazos. Esa fue la noche en que entregué mi vida a Jesucristo y empezó la mayor aventura de mi vida».

Unos años más tardes Chuck Colson se arrepintió de haber tenido una visión de Dios inadecuada. Él dice que era una época muy árida en su vida y un amigo le sugirió que viera un video de la serie de R.C.Sproul llamada, La santidad de Dios. A continuación les relato lo que él escribió:

«Para el final de la sexta lección yo ya estaba de rodillas en profunda oración, en total asombro ante la absoluta santidad de Dios. Fue una experiencia que cambió mi vida en la medida en que adquirí un entendimiento del Dios santo en quien creo y a quien adoro».

Ahora bien, eso les ha sucedido a muchas personas –un entendimiento completamente nuevo de Dios– a pesar de ser personas ya salvadas, pero con una visión inadecuada de Dios. 

Eso le sucedió a Job. Ustedes recuerdan cómo empieza el libro: «Un hombre perfecto y recto, que temía a Dios y vivía apartado del mal». (Job 1:1) O sea, ¿qué más se puede pedir? Él era el mejor hombre de toda la tierra. Y entonces, porque Dios es misericordioso, de acuerdo a la interpretación en Santiago de Job, luego que el sufrimiento cubrió su vida como una ola gigante, él luchó con Dios durante capítulos y capítulos hasta que Dios decide hablarle:

«¿Anularás realmente mi juicio? ¿Me condenarás para justificarte tú? ¿Acaso tienes tú un brazo como el de Dios, y truenas con una voz como la suya? Adórnate ahora de majestad y dignidad, y vístete de gloria y de esplendor. Derrama los torrentes de tu ira y mira a todo soberbio y humíllalo, y pisotea a los impíos donde están» (Job 40:8-10, 12).

Job al igual que Chuck Colson adquiere una comprensión de Dios de una manera completamente nueva, y entonces él dice,

 «Por tanto, yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que no sabía. He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven; por eso me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42: 3, 5-6).

Le sucedió a Job y le sucedió a Isaías.

Luego de la visión, en los versículos del 1 al 4, y les invito que abran sus biblias en Isaías 6, si no lo han hecho ya. Luego de la visión, en los versículos del 1 al 4, leamos en el verso 5:

 «Entonces dije: ¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y habito en medio de un pueblo que tiene labios inmundos porque han visto mis ojos al Rey, el Señor (Yahweh) de los ejércitos»

Me sucedió a mí entre los 22 y los 25 años de edad, en Pasadena, California. Tuve una nueva comprensión de Dios. Fui salvo cuando tenía seis años. Pero no fue sino hasta ese momento que tuve una percepción sin igual de la majestad de Dios que nunca se ha desvanecido de mi mente y no existía antes de esa misma forma. Y es mi oración de que Dios haga eso mismo con ustedes a medida que estudiamos juntos esta visión. Y yo oro que Él les de esa misma percepción por Su majestad.

Lamento que muchas de ustedes hayan crecido en hogares no creyentes, hogares nominales, y de las que van a la iglesia, algunas asistan a lugares en donde las cosas son tan superficiales y ligeras. Lamento esto tanto. Yo quisiera que sus vidas cuenten para cambiar estas tonterías. Así es que hay un sentido de asombro y fascinación que es la seriedad más feliz en el mundo.

 «En el año que murió del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria. Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba y la casa se llenó de humo» (Isa. 6:1- 4). 

Siete destellos de Dios en estos cuatro versículos. 

Primer destello de Dios: Dios está vivo.

«En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor». El rey está muerto; Dios no. Desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Dios. El Dios Vivo. Él estuvo vivo desde siempre aun desde que este universo estalló en existencia. Él estaba vivo cuando Sócrates tomó la cicuta. Él estaba vivo cuando William Bradford gobernaba sobre la Colonia de Plymouth. Él estaba vivo en el 1966 cuando Thomas Altizer dijo, «Dios está muerto», y la revista Times de manera absolutamente absurda lo publicó en primera página.

Y Él estará vivo aún en diez trillones de años cuando todos los que hayan alzado sus voces en contra de Él sean borrados en el fondo del Océano Pacífico. Él está vivo, y estará vivo para siempre.

Todos los soberanos que están en sus pequeños tronos hoy, en cincuenta años no estarán ya más en esos oficios. La totalidad de los siete billones de personas que habitan en la tierra hoy en día, no existirán dentro de ciento veinte años. Y Dios aún vivo. Él está vivo. Piénsalo, para siempre. Nunca empezó su existencia, nunca dejará de existir. Nuestro Dios está vivo. Este fue el destello número uno.

Destello número dos: Dios tiene autoridad.

«Yo vi al Señor sentado en un trono». Nunca hemos tenido una visión de Dios en el cielo arando un terreno, cortando Su hierba, brillando sus zapatos, llenando informes, o cargando un camión, y el cielo no se está cayendo a pedazos por falta de atención. Él está sentado en completa compostura en Su trono. Dios nunca está perdido sin saber lo que está sucediendo en Su ambiente celestial. Él está sentado y tiene la autoridad completa.

El trono significa que Él tiene el derecho de gobernar el mundo. Tú no le das a Dios autoridad en tu vida. Él la tiene, totalmente. Tú podrás pretender que Él no la tiene y perecer, o puedes apropiarte de esto con gozo. Dios tiene autoridad absoluta en el universo.

Dios tiene la soberanía, y nosotros nos gozamos en eso. Con esto no se debe jugar. Nosotros no lo cuestionamos a Él. Nosotros no lo criticamos. Nosotros no lo llamamos para discutir o levantar nuestro puño en contra de Él. Nosotros podremos gemir en total perplejidad si Él nos quita a nuestro hijo o quebranta a nuestro esposo, pero nosotros no nos rebelamos en Su contra, en contra de nuestro Rey.

Pocas cosas son más humillantes. Pocas cosas nos dan un sentido de la majestad de Dios como el hecho de que Él tiene completa autoridad. Él es el juez supremo del universo, el legislador, el más alto poder ejecutivo. Después de Él, no hay apelación.

Destello número tres: Dios es omnipotente.

El trono de Su autoridad no es uno entre muchos. Es alto. «Yo vi al Señor sentado en un trono, alto y sublime». Significando que está sobre todos los tronos y por lo tanto es superior en poder, superior en autoridad, superior en regir y controlar por encima de cualquier otro trono. «Es alto y sublime». No es simplemente una autoridad. Es una autoridad con reglamentos supremos, con supremacía del control y del poder.

«Mi consejo prevalecerá y cumpliré TODO lo que me he propuesto», dice en Isaías 46:10. (Énfasis añadido).
«Él hace de acuerdo a su voluntad en el ejército de los cielos entre los habitantes de la tierra, nadie puede detener su mano o decirle: “¿Qué haces?”» (Daniel 4:35). 

Este Dios omnipotente, con autoridad absoluta, soberano y supremo, es un refugio para las mujeres santas que esperan en Él y están experimentando un tsunami de aflicciones. Yo amo las que están en mi iglesia. Me he maravillado al verlas durante treinta y dos años. Pocas cosas le dan mayor placer a un pastor que ver a su pueblo firme en el sufrimiento debido a que tienen un punto de apoyo inquebrantable, un Dios santo, soberano, con autoridad y bueno, que nos deja perplejos.

Muchas me han dicho a través de los años: «Si no hubiera escuchado el evangelio habría perdido la razón».

Destello número cuatro: Dios es resplandeciente.

«Yo vi al Señor sentado en un trono alto y sublime, y sus faldas cubrían todo el templo». Así es que Él tiene una vestimenta y una túnica que cubre el templo.

Ustedes han visto a las novias, ustedes han sido novias. Algunas ya hace algunos años. Supongo que antes las colas de los vestidos de novia eran increíblemente largas, de manera que cuando el fotógrafo tomaba las fotos, se demoraban media hora en arreglarlas para bajar por las escaleras desde la plataforma. Todos hemos presenciado esto.

Bueno, pues háganse la idea de esta cola bajando por los pasillos, cubriendo los bancos de la iglesia, yendo hasta donde canta el coro, cayendo por encima del balcón.

Predicando sobre Isaías 6 hace alrededor de veinte, treinta años, miré por la ventana desde donde estaba parado y sobre los rascacielos del centro de Minneapolis y dije, «los reto a que alguien me haga una pintura, a que alguien haga un trabajo en tela, en costura representando el trono de Dios sobre Minneapolis con sus faldas y cola cubriendo la ciudad». Y Julie Morgan lo hizo. Lo coloqué en la pared durante años y años; su trabajo hecho a mano, donde tenía el horizonte de Minneapolis y la base del trono –se puede ver todo– las piernas de Aquel sentado en el trono, Sus faldas cubriendo la ciudad. Eso es lo que debemos sentir, que Él resplandece.

Ahora, hay alrededor de mil tipos diferentes de peces lumínicos en el fondo del océano. Unos tienen unas lamparitas colgando delante con una luz al final de la lámpara para atraer comida a la boca. Y otros tienen una barbilla iluminada. Otros tienen un rayo de luz debajo de los ojos del cual salen pequeños rayitos de luz. Y uno se pregunta: ¿De dónde se conectan? ¿Cómo se puede producir luz en el fondo del océano sin ninguna batería? ¿Y por qué el Señor no hizo solamente uno sino miles?

Porque Él es espléndido en Su belleza, espléndido en Su creatividad, es espléndido en Su grandeza. Él es resplandeciente.

Destello número cinco: Dios es venerado.

«Por encima de Él estaban los serafines, cada uno tenía seis alas: Con dos se cubrían la cara, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban». Nadie sabe quiénes son esos seres. No se vuelven a mencionar en la biblia bajo este nombre, pero debemos ser muy cuidadosos en cómo los concebimos porque Rafael (el pintor), probablemente no nos ha ayudado con esas representaciones de angelitos gordos, como pequeños bebés revoloteando alrededor de la cara de Dios. No es así.

Y yo sé que no son así, porque cuando uno de ellos habló, el fundamento del universo tembló. Tremenda voz esa, no creo que haya venido de la boca de uno de esos cupidos. Caminamos a tientas, tratando de imaginarnos lo que significa para Dios el tener en Su presencia seres que cuando hablan los cielos tiemblan. Pero yo recuerdo siendo niño, (le pregunté a Noel anoche si aún vuelan); no sabemos si aún existe el equipo de cuatro jets llamado, «Ángeles Azules» que volaban en formación.

Yo los vi en persona solo una vez. Tú sabes que van aparecer, pero no sabes dónde están, y de repente los ves. Seguro han roto la barrera del sonido delante de nosotros, pero se sentía que solo estaban a algunas cien yardas de distancia, y el que iba delante llevaba una velocidad de 600 a 700 millas por hora y pasaba pshhhhhh derecho hacia arriba, en posición vertical. Les digo, derechito hacia arriba, y los demás le seguían de la misma manera como si hubiesen roto la barrera. Y yo pensé, bueno quizás los querubines también lo hacían así.

Pero el punto es que estas magníficas criaturas no pueden ver directamente a Dios. Ellas toman sus alas y se cubren sus caras y su vergüenza. Estas criaturas son sin pecado. Ellas nunca han caído. Y están avergonzadas de sus pies ante este Dios. Así es que no pueden mirarlo a Él directamente, y se tienen que cubrir sus pies, y se mantienen moviéndose a Su alrededor.

Dios es reverenciado. Él siempre es reverenciado. Aunque miremos a este mundo y nos lamentemos de cuántos millones no le rinden nada de reverencia. Dios mismo se encarga, Él siempre será reverenciado por estos «Ángeles Azules» de serafines que día y noche hacen lo que uno debe de hacer siempre en esta vida.

Nancy: El pastor John Piper nos ha venido mostrando algunas de las facetas de la belleza de la santidad de Dios. 

Yo estuve entre la audiencia cuando él impartió este mensaje en la Coalición por el Evangelio Conferencia de Mujeres 2012. Ese mensaje y otras enseñanzas de las sesiones plenarias de esa conferencia, han sido compiladas en el libro con el título, He aquí nuestro Dios: La revelación en la Escrituras de Dios mismo.

A mí se me solicitó contribuir con un capítulo para este libro con el mensaje sobre la transfiguración de Cristo. También leerán capítulos por el Pastor Tim Keller, Paige Brown, Kathleen Nielson, Dr. D.A. Carson, y otros. Todos ellos te ayudarán a pensar mejor acerca de quién es Dios. Y a medida que tu entendimiento de Dios crece, afectará la manera en que le adoras, confías en Él, y sigues Sus caminos.

Carmen: Si el mensaje que has escuchado hoy del pastor John Piper ha sido de bendición para ti, te animo a compartirlo con otras mujeres. Puedes hacerlo fácilmente a través de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones, o a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Cada uno de los ya más de mil programas que hemos transmitido, y los recursos a los que puedes acceder a través de nuestra página web, son posibles gracias al apoyo de nuestras oyentes. Nancy,

Nancy: Nosotros podemos continuar como ministerio porque Dios mueve a personas como tú a ofrendar.

Queremos expresar nuestra gratitud a Dios por los hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a las vidas de personas que la necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-800-569-5959, desde EEUU y Canadá. Tu participación en este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes, o puedes simplemente dar una ofrenda.

Pero más que nada necesitamos tus oraciones.

Así que si Dios ha inclinado tu corazón con este mensaje, con este ministerio, quiero pedirte que ores al Señor, cómo quiere Él que contribuyas para apoyarnos en las diversas necesidades que tenemos.

Carmen: Gracias, Nancy.

Constantemente recibimos testimonios de cómo Dios usa estos programas, las conferencias Mujer Verdadera, libros y publicaciones para ministrar las vidas de tantas mujeres. Y queremos que escuches una pequeña muestra de lo que tu apoyo hace posible.

Patricia: Mi nombre es Claudia Patricia, soy colombiana, llevo con Aviva Nuestros Corazones seis años aproximadamente. Fue donde aprendí a crecer, por medio de Aviva Nuestros Corazones. El programa me ha nutrido muchísimo porque por medio de este programa he conocido a Dios que es lo más importante. Con el ministerio le pedí tanto a Dios que me mostrara dónde tenía que llevarme para poderme congregar, y gracias a mi Señor abrí el celular y estaban pasando el programa de Aviva Nuestros Corazones, estaban dando la conferencia que fue en México, y ahí Dios me habló y me puso a la hermana Consuelo y fue cuando llegué a este lugar. Me siento muy feliz y muy agradecida con este ministerio, no tanto a mí, sino que ha ayudado a muchísimas mujeres porque yo vengo de una hermana de Santo Domingo y ella fue la que me dio opciones para escanear este programa y de ahí he crecido mucho. El programa que más me impactó fue el de Proverbios 31, o sea es el que escucho y lo grabé porque es el que me ha impactado más. Todos son muy buenos, pero ese es el que me ha ayudado a mí como mujer, pues yo ya soy mamá, tengo un hijo y eso me ha ayudado mucho a crecer espiritualmente.

Carmen: ¡Gracias hermana por compartir tu testimonio con nosotros!

Bien, mañana escucharemos la segunda parte del mensaje de John Piper. Será otra oportunidad de ser impactadas con la belleza de la santidad de Dios. Regresa a tu programa Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Santo, Santo, Santo, Dámaris Carbaugh, Alabanzas: Tus Himnos Favoritos, ℗ 2002 Damaris Music.  Canción usada con permiso.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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